EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



sábado, 14 de junio de 2008

SOMBRAS EN UNA TEMPORADA LUMINOSA




Dando un salto en el tiempo llegamos a la temporada 1958-1959, campaña muy exitosa para el Granada C.F. pues como todos los granadinistas saben en ella alcanzó el club su mayor proeza: el subcampeonato de Copa. No obstante, pese a tan sonado triunfo en la competición del K.O., en lo tocante a la liga regular se dieron circunstancias que entran de lleno en lo que viene siendo objeto de esta “serie negra” que pretende refrescar la memoria de los aficionados amantes de la historia del club de nuestros amores narrando situaciones en que no quedó muy claro si todo había transcurrido por los cauces de la estricta deportividad.

Aquel Granada 58-59 inició la campaña con una plantilla muy renovada con respecto a la de la temporada anterior. En el banquillo repetía el chileno Scopelli. Habían causado baja hombres como Candi, Padilla, Manchón o Ben Barek y poco antes de comenzar la temporada se produce el traspaso de Navarro, al Sevilla, y de Vidal, al Murcia. Llegan en su lugar jugadores muy importantes en la historia granadinista, como Ramoní, Arsenio y Loren del Sevilla (el último cedido), Benavídez, Becerril o Vázquez. La nota predominante de estas novedades es que se trataba de jugadores bastante veteranos pero que en contrapartida dieron un excelente rendimiento. A estas incorporaciones hay que unir el fichaje bomba de aquella temporada, el guardameta internacional portugués Carlos Gomes, endiosado, polémico y conflictivo, que sólo estuvo en Granada este año. Permanecían de la anterior temporada hombres como Piris, Larrabeiti, Pellejero, Ramírez, Rius, más la repesca con la temporada avanzada de Mauri, y los canteranos Vicente, Méndez, Baena, Olalla y otros.

De la mano de Scopelli el equipo no anduvo fino y estuvo hasta la jornada veinte ocupando puestos de descenso. Tras el cese del chileno se hace cargo del equipo el húngaro Jeno Kalmar, que había dirigido sin suerte al Sevilla y que traía la fama de ser el entrenador del legendario Honved de Budapest de Puskas y Kocsis entre otros, formación magiar que maravilló a Europa a mediados de los cincuenta. Kalmar supo enseguida dar otro aire al equipo y con sus ajustes y la llegada a falta de pocas jornadas para el final de otro hombre fundamental en la historia del Granada, el argentino «Bolita» Carranza, el Granada remontó puestos en la cola de la tabla para llegar a la recta final con victoria en Gijón, que condenaba al descenso a los asturianos, y nueva victoria en la penúltima jornada en Granada frente al también descendido Celta que ponía al club en el puesto décimo de la clasificación, a dos puntos de la promoción. Todo estaba dispuesto para celebrar la permanencia. Pero había que comparecer en la última jornada en el campo del Osasuna donde incluso la derrota podía servir siempre que no ganaran sus compromisos R. Sociedad (empatado a puntos con los rojiblancos) y Sevilla (dos puntos por debajo).


Y ¿qué pasó? Pues eso, que la Real Sociedad ganó sospechosísimamente en el campo del Betis, en partido en que el míster bético Antonio Barrios fue acusado por sus dirigentes de pasotismo y cesado antes de una semana; y que el Sevilla ganó más sospechosamente si cabe con un solitario gol en el último suspiro en el campo del Celta. Mientras, el Granada caía en Pamplona 2-1. Resultado: cuando nadie lo esperaba el Granada acaba decimotercero clasificado y se ve abocado a jugarse la permanencia en la división de honor en una siempre incierta promoción que había de enfrentarle al Sabadell.

Los mengues antigranadinistas han aparecido una vez más y en esta ocasión hay muchos más motivos para la sospecha. Como dato a tener en cuenta anotar que el míster bético Barrios pasó dos temporadas después a dirigir al Sevilla. Del mismo modo los jugadores célticos Manolín (portero que andando el tiempo defendió la meta granadinista) y Juan Manuel ficharon después por el Sevilla. Pero hay más: en el libro El gran capitán, biografía del barcelonista Segarra, se recogen unas declaraciones del gran H.H., Helenio Herrera, que conocía bien la situación pues un año antes había dirigido al Sevilla con el que llegó a jugar Copa de Europa, en las que dice refiriéndose a esta temporada que el Sevilla se salvó del descenso «...por causas ajenas al deporte y no tan ajenas al dinero». El caso es que el pobre, el pobre Graná, es una vez más el perjudicado.

Antes de jugarse el todo por el todo en la promoción hay que disputar la Copa del Generalísimo. En ella los nuestros, favorecidos por el hecho de no enfrentarse a un primera hasta semifinal, arrasan y eliminan sucesivamente a Elche, Cádiz y Plus Ultra (a la sazón filial del R. Madrid) con goleadas de escándalo dentro y fuera de Granada. En semifinal toca el Valencia; 1-0 en Granada e idéntico resultado, pero en contra (con la nefasta actuación de otra bestia negra antigranadinista, el colegiado Gardeazábal que anuló un gol perfectamente legal de Carranza que hubiera evitado el tercer partido) en Valencia que da lugar a partido de desempate en Madrid. Pero aquel Granada de la mano sabia de Kalmar había llegado a la recta final de la temporada pleno de fútbol y goles y pese a la conjura en forma de un nuevo arbitraje parcial en este partido de desempate, consigue imponerse a los ches 3-1 en un encuentro calificado por los que saben como de los mejores en la historia rojiblanca y escribir así su más gloriosa página. En la final, como sabemos, el resultado fue el lógico, derrota 4-1 de los nuestros ante el todopoderoso Barcelona (que así aquel año hizo doblete) que no empaña el muy meritorio logro del subcampeonato copero.

Afortunadamente hay final feliz. El Granada no tuvo el menor problema para superar al Sabadell, rival promocionista que había tenido que esperar casi dos meses a que el Granada fuera eliminado de la Copa. Un 5-0 en Los Cármenes por 1-1 en tierras vallesanas certificaron la permanencia un año más entre los grandes, finalizando la temporada ya entrado el mes de julio de aquel 1959, «annus admirabilis granatensis» donde los haya.

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