EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



viernes, 7 de julio de 2017

MUERTE DE ALBERTY


Millán, Albety y González, una de las mejores coberturas de toda la historia


Batalla ante el Sevilla

Después de apalizar al Barcelona en Los Cármenes y conseguir la primera victoria lejos de Granada de máxima categoría, en La Coruña, continúan los resultados positivos, enlazando por única vez en el campeonato tres victorias consecutivas al vencer en la siguiente jornada en Los Cármenes 3-2 al Sevilla. Fue un partido muy bien jugado en la primera mitad por el Granada, que se retiró al descanso venciendo 3-0 con dos goles de Trompi de cabeza y uno en propia puerta del sevillista Ricardo, pero que en la segunda parte se convirtió en un continuo encontronazo de jugadores de uno y otro bando, con palos de los sevillanos (según la prensa local) a discreción para todos, y terminado en medio de una bronca monumental.

Para los plumillas granadinos, el culpable de lo mucho reprochable que se vio fue el árbitro Ocaña, sevillano y ex jugador del Sevilla, que permitió a los forasteros, especialmente a Campanal, Ricardo y Salustiano, repartir todo lo que quisieron. Para Cirre en Patria, Salustiano y Campanal patearon a modo a Alberty cuando estaba caído sobre el césped hasta dejarlo inútil, con una pierna que arrastraba por el suelo ante la complacencia del referí; y el colmo fue cuando con el tiempo cumplido señaló el árbitro un penalti en contra del Granada en una falta que debía haberse señalado justamente al revés, dice Cirre; el disparo desde los once metros de Félix, ante el que nada puso hacer un inmovilizado Alberty, supuso el segundo tanto sevillano, y ahí acabó el partido, en medio de un pita descomunal y una lluvia de todo tipo de objetos.

El Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol decidió días después imponer al Granada una multa de 5.000 ptas. «…por el comportamiento agresivo y hostil del público, que lanzó piedras y almohadillas contra el árbitro a la terminación del primer tiempo y durante la segunda parte, lo que motivó la suspensión temporal del juego; y por no haber adoptado el club las medidas necesarias para impedir el lamentable espectáculo de que el árbitro no pudiera abandonar el campo sino hasta tres horas después de finalizar el partido ante el peligro de ser nuevamente agredido. Además se pasa nota a la superioridad de la improcedente intervención de una autoridad extra-deportiva que irrumpió en el terreno de juego para formular observaciones al árbitro» (al parecer, se trataba del directivo Santiago Sánchez, delegado de campo).
 
 El Granada 3 Sevilla 2 versión Maolico Hincha
 

En cuadro para Oviedo

Después de la batalla frente al Sevilla, para viajar a Oviedo al domingo siguiente hay varios lesionados. Sierra y Liz están tocados, y el que más preocupa es Alberty, muy mermado, al que se tiene pensado someter a “corrientes” al paso por Madrid. Como no está muy claro que pueda jugar, viaja también Floro, que podría incluso actuar en Oviedo de extremo izquierdo si no se recupera Liz. Finalmente sí jugaron Alberty, Sierra y Liz, pero no pudieron evitar la derrota, 3-1, en el Buenavista ovetense.

La derrota en Oviedo fue la última de la liga, pero también fue aquel partido el último de su vida para Alberty. Pocos días después se publica que Alberty sufre fuertes fiebres, motivadas por un gran catarro, y que no jugará contra el Castellón, el siguiente rival en Los Cármenes, que vendrá dentro de dos semanas porque en medio hay un parón para que nuestra selección juegue un amistoso en Sevilla contra la Francia de Vichy.

 

Récord histórico

Para recibir a los de La Plana el club establece un suplemento de dos pesetas los socios de tribuna y una el resto para pagar la multa de 5.000 que dejó el partido frente al Sevilla. Arbitrará Escartín, por lo que la prensa aprovecha para recordar que fue el árbitro internacional el que inventó el apodo de “once fantasma” para referirse al Recreativo de 1934 en su columna semanal de la revista Campeón. Fue un mote que cayó bien en nuestra tierra y se utilizó con orgullo.
 
César soldado de Infantería y récord histórico con seis goles al Castellón
 

El partido frente al Castellón supuso otra victoria más por goleada, 7-3. Ese día, 22 de marzo de 1942, un jugador rojiblanco, César, consiguió un récord que sigue vigente en la actualidad, aunque en realidad César lo que hizo fue igualar una marca que databa de 1933 y que a día de hoy todavía no ha sido batida, la del mayor número de goles por un jugador rojiblanco en un partido: seis (Trompi hizo el otro). En esos momentos algunos se acordaron de los comentarios negativos que le dedicaron los plumillas locales en los primeros partidos del campeonato. Es un récord compartido por Carmona I y César. En 1933 Pepe Carmona marcó seis goles al Jerez (del total de 11) en el campo de las Tablas en un partido de liguilla de ascenso a Tercera División. En 1942 César hizo también seis goles del total de siete que se llevó el Castellón en la jornada 24 de la liga de Primera División, aunque en honor a la verdad hay que decir que, según Patria, fueron sólo cinco los que hizo “el pelucas”. Con sus seis goles volvió a colocarse el segundo en la tabla de goleadores, con 23, sólo superado en dos por el valencianista Mundo. Incluso su nombre sonó como posible seleccionable. Pero César ya no volvió a golear en los dos partidos que faltaban y como vicepichichi acabó la liga.

 

Empate en Bardín

La última salida en liga llevó al Granada al Bardín del Alicante (el Hércules), ocupando la plaza de descenso que quedaba libre; la otra, la de colista, ya se la había adjudicado en propiedad la R. Sociedad, descendido matemáticamente. El Granada llegó a tener una ventaja de 0-2, pero la furiosa reacción de los locales, que se jugaban la vida, determinó un empate final a dos goles. Con ese punto el Granada seguía ocupando el puesto 10º de la clasificación, cosa que no servía para dejar atrás al Oviedo, empatado a puntos con los nuestros pero con el golaveraje perdido, situado el 11º, en puesto de promoción, que era el único que todavía podía inquietarnos. Era necesario por tanto ganar en la última jornada al Español en Los Cármenes. La directiva volvió a decretar la concentración pre partido de los jugadores, esta vez en un hotel de la Alhambra, como cuando hacía ahora un año nos preparábamos para jugar liguilla de ascenso.
 
Los gnomos de la Alhambra esperando a recibir al Español, caricatura de López Sancho en Patria
 
Permanencia conseguida

Finalmente hasta la derrota hubiera valido para conservar la categoría sin más trámite ya que el Oviedo perdió su partido en La Coruña, pero un Granada que había llegado al sprint final pletórico consiguió una nueva goleada, 4-0 sobre el Español con que rematar brillantemente su primera participación en máxima categoría el domingo 5 de abril de 1942, al año justo menos un día de conseguir el ascenso a Primera en el Sequiol.

Las cosas no empezaron bien, con César pronto inutilizado al sufrir luxación de hombro y pasar del eje del ataque a un extremo, que era en aquellos tiempos sin posibles cambios de jugadores la solución más utilizada cuando alguien se lesionaba y quedaba como figura decorativa, situándosele donde menos estorbara a sus compañeros. Luis Marín, su relevo, volvió a ofrecer una magnífica actuación y como ariete consiguió dos goles (Bachiller y Liz completaron el score). Hubo fiesta en Los Cármenes y Paco Bru fue paseado a hombros entre las aclamaciones de la hinchada.
 
En Los Cármenes posan: Sosa, Trompi, Bonet, Muñoz, Cholín, Benítez y Floro; con Maside, Millán, Gárate y César
 

Muerte de Alberty

El mismo día del partido frente al Español los periódicos publicaban que Alberty estaba gravísimo, en estado desesperado, y le había sido administrado el Viático.

Desde hacía casi un mes, después del partido en Oviedo, el último de su vida (curiosamente su partido de debut rojiblanco fue también frente al Oviedo), se habían venido publicando en prensa noticias periódicas sobre el estado de salud del guardameta magiar. Primero se había dicho que lo que padecía era un fuerte catarro. Poco después conocíamos que su estado se había agravado y que existía peligro de peritonitis, y que ya no podría volver a jugar esta temporada en los dos partidos que faltaban. Todo en medio de noticias sobre ligeras mejorías y recaídas en su estado general. Así hasta que el 10 de abril nos desayunábamos con la triste noticia de que Alberty había muerto a las 6,25 de la tarde del día anterior en el hospital de la Purísima. No había resistido la congestión broncopulmonar que le sobrevino tras ser intervenido quirúrgicamente de la perforación intestinal que había sufrido. Según Patria, todo lo provocaron unas fiebres tifoideas.
 
Tumba de Alberty en el cementerio de San José, regalada a perpetuidad por Gallego Burín
 

Una enfermedad infecciosa de origen alimentario, fiebre tifoidea causada por la bacteria salmonella typhi o bacilo de Eberth, fue la causa de la muerte del guardameta Alberty. Sobre lo que no hay seguridad es sobre el agente que se la provocó. Todo parece indicar que la contrajo cuando viajó en solitario a Vigo para estar con su familia, adelantándose al resto de la expedición granadinista que tenía que jugar en La Coruña. En Vigo parece ser que consumió marisco contaminado con la bacteria y de allí se vino con la enfermedad en incubación, una enfermedad que, por otro lado, parece ser que tardó más de lo conveniente en serle diagnosticada y tratada. También hay quien dice que lo que provocó las fiebres fue el agua no clorada que se consumía en Granada antes de que la corriente llegara a toda la ciudad, como ocurría en aquellos años, un agua no potable que no afectaba a los granadinos, inmunizados, pero sí a los forasteros. A día de hoy es difícil que alguien que ha contraído la infección acabe muriéndose, pero la penicilina, que llegaría poco tiempo después, todavía no se conocía por estas tierras.

Alberty fue a morir casi sobre el mismo terreno de juego, como aquel que dice, y esto hizo que sobre las causas de su muerte se trenzaran en el imaginario popular unas cuantas leyendas que carecen de fundamento pero que sustentaron cierta imagen del magiar como una especie de héroe romántico que se ha mantenido a lo largo de los años y ha llegado hasta los tiempos actuales. La que uno escuchó de pequeño más veces es la que mantenía que lo que llevó a Alberty a la tumba fue la bestialidad del stuka Campanal en aquel partido-batalla de Los Cármenes frente al Sevilla, que ganó el Granada 3-2 y en el que hubo palos para todos, el siguiente al de La Coruña, casi un mes justo antes de su muerte; en aquel partido en el que Alberty salió cojeando, el delantero sevillista Campanal, prototipo de ariete acometedor, tuvo numerosos choques con nuestro portero, que tampoco era un tipo que se arrugara, y a la postre, esos encontronazos habrían sido los que le causaran graves heridas internas de las que habría derivado el fatal desenlace. Una variedad de esta leyenda urbana dice que fueron, sí, las heridas internas las que le causaron la muerte, pero que esas heridas las habrían motivado los cañonazos que Campanal prodigaba y que Alberty rechazó con el cuerpo en no pocas ocasiones.

Otras leyendas menos épicas atribuyen la muerte de Alberty a un mal muy de la época junto a las terribles hambres (o a causa de ellas), el tifus exantemático, muy contagioso y causado por un parásito, el piojo verde o tabardillo, que era una auténtica epidemia en unos años de escaseces de todo tipo y en los que por no haber no había ni jabón que sirviera para prevenir este tipo de enfermedad, más propia del África profunda.
 
Alberty en el Sequiol de Castellón

Y es que Alberty tiene mucha “literatura”. Son varias, como vemos, las leyendas urbanas (como ahora se conocen los mitos) que nacieron cuando su muerte. Pero es que en el caso del húngaro no se detienen en esa defunción y sus causas, porque hay varias más que se refieren a su forma de desenvolverse dentro del terreno de juego: que si era un acróbata que volaba y que se subía al larguero para desde allí lanzarse a detener los penaltis en contra, que si era capaz de regatear a medio equipo contrario y llegar con el balón a la otra portería, como años después sí que vimos hacer a Ñito, que si podía beberse el zumo de cinco kilos de las naranjas con que los hinchas le obsequiaban, y otras.

En el momento de su muerte era Alberty muy popular en Granada, no sólo entre la gente futbolera, y se puede hablar de la gran conmoción que su fallecimiento provocó en toda la ciudad, que acudió en masa al funeral de dos días después en la iglesia de San Justo y Pastor. El Ayuntamiento tiempo después regaló a perpetuidad el nicho que en el cementerio de San José sigue hoy acogiendo sus restos.

Era tanta su popularidad y significó tal mazazo su muerte que en seguida se dieron a conocer distintas iniciativas para perpetuar su memoria. Entre ellas destacó la que un aficionado granadinista hizo llegar por carta a los diarios, proponiendo que detrás de la portería de la cárcel se plantara en su recuerdo un naranjo, ya que tanto le gustaban a Alberty las naranjas y era en esa portería donde mayor número recibía de la hinchada.
 
Esquela de Alberty
 
Pilar Primo de Rivera en Granada

El año 1942 se inició con la celebración en nuestra ciudad del VI Consejo Nacional de la Sección Femenina. Para tal evento viajó el día primero de enero a Granada Pilar Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, Delegada Nacional de la Sección Femenina de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (todo eso). Las crónicas detallan cómo para recibir a la hermana de José Antonio Primo de Rivera y su séquito, el alcalde Gallego Burín se desplazó hasta la cuesta de las Cabezas y luego condujo a toda la expedición directamente a la basílica de las Angustias, donde fueron recibidas por el párroco, señor Fernández Arcoya, y allí asistieron a una salve cantada bajo la dirección del maestro Valentín Ruiz Aznar. Con una breve visita al camarín de la Virgen concluyó la bienvenida.

Al día siguiente, día de la Toma, la camarada Primo de Rivera presidió los actos solemnes conmemorativos de tan señalada fecha. Ya saben, la procesión cívica que cada año recorre la distancia entre el Ayuntamiento y la Capilla Real y tras las ceremonias religiosas ante la tumba de los Reyes Católicos, vuelta a la plaza del Carmen con la consiguiente tremolación del Pendón, pero sin disidentes que chiflen ni clac que aplauda mientras ambos grupos se cruzan insultos, que eso son cosas modernas y por entonces sólo se permitían las adhesiones inquebrantables a todo lo oficial. Ese mismo día pero ya por la tarde tuvo lugar la apertura del congreso de la Falange femenina en los salones recién habilitados del palacio de Carlos V, en esos momentos y por bastantes años más en continuas obras de reforma y restauración tras siglos de abandono.
 
Pilar Primo de Rivera en el VI Consejo de la SF
 

Este consejo o congreso de la cosa falangista en su versión femenil convocó a las delegadas de todas las provincias de España y se desarrolló durante una semana, del 2 al 9 de enero de 1942, en lo que se conocía entonces como palacio de Santo Domingo (actual colegio mayor Santa Cruz la Real) con sesiones encaminadas a hacer balance de lo conseguido en el año ido y plantear estrategias de cara al entrante en cada una de las facetas que abarcaba la organización mujeril: auxilio social, servicio social, coros y danzas, cátedras ambulantes, granjas escuela, vacunaciones, hospitales, etc. La ceremonia de clausura, presidida por el Ministro Secretario General de FE, José Luis Arrese, se llevó a cabo en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, en Andújar.

Es de destacar en el desarrollo de las jornadas la presencia como conferenciantes de algunos intelectuales y teóricos del fascismo español, como Pedro Laín Entralgo, quien habló de la revolución nacional y proletaria pendiente, una revolución que debía conciliarse con la idea católica del hombre y la vida, de lo contrario de nada habrían servido ni los muertos del 18 de julio ni los de ahora mismo en Rusia -dijo-; y también estuvo Juilán Pemartín, amigo personal que fue de José Antonio Primo de Rivera, flamencólogo, poeta y escritor (es autor del cuento “Garbancito de la Mancha”), que habló sobre el concepto falangista de jerarquía y dijo que vendría a ser algo así como el busilis de la cosa nacionalsindicalista. También estuvo e intervino en las sesiones Alfonso Lafuente Chaos, que en sus tiempos, años veinte, fue medio del Atlético de Madrid y en los cincuenta ocupó la presidencia de la Federación Española de Fútbol. Y otro interviniente fue José Luna Meléndez, encargado de pronunciar el discurso de apertura de las sesiones del Consejo, que sólo unos meses después de estos actos sería expulsado de FE por su implicación en los famosos incidentes de Begoña, en una más de las ocasiones en que falangistas y sus socios a la fuerza, los requetés, acabaron a palos porque los segundos daban gritos tal que: ¡Viva el Rey!, ¡Abajo la Falange!, ¡Abajo el socialismo de estado!, incluso ¡¡¡Muera Franco…!!!

Leyendo las crónicas de las distintas sesiones del congreso se puede extraer que casi todas ellas fueron en general de un azul mahón subido de tono. Estábamos a principios de 1942 y todavía no se intuía la derrota de los fascismos ni habían apenas empezado las grandes purgas que se llevaron a cabo poco después dentro del partido único del franquismo. La mayoría de los intervinientes, camisas viejas (bolcheviques de camisa azul, se les consideraba en las filas tradicionalistas), fueron en sus exposiciones muy joseantonianos y en sus discursos abundaron términos como revolución pendiente, proletarización y justicia social. Después los acontecimientos irán atenuando bastante las fogosas ideas, y desde el poder (o sea, Franco) se irá quitando de en medio a todo aquel que no se avenga a atemperar su discurso y su proceder, que aquí y entonces la única revolución admitida era la de la obediencia.

La hermanísima Pilar Primo de Rivera y Sáenz de Heredia también fue camisa vieja. Ocupó la dirección de la Sección Femenina cuarenta años, es decir, todos los de su existencia, desde que ésta echó a andar, en 1937, hasta su desmantelamiento en 1977 junto con todos los otros organismos que se encuadraban en lo que se llamó el Movimiento. La Sección Femenina de Falange fue la versión española de la NSF nazi y su rama juvenil BDM, y se creó en plena Guerra Civil para encuadrar a todas las mujeres que, como tales, no eran miembros de pleno derecho en FE. Y no era la SF, al menos en sus comienzos, sino una traslación carpetovetónica de la Nationalsozialistische Frauenschaft (Organización de Mujeres Nacionalsocialistas) y de la Bund Deutscher Madel (Liga de Muchachas Alemanas), eso sí, con pololos (puchos en granaíno) -nada de practicar deporte como esas nibelungas que van casi desnudas- y camisa azul, pero con prácticamente las mismas consignas y objetivos de aquéllas, o sea, las tres K con las que el nazismo resumía el papel destinado a la mujer en su concepción de la sociedad: Küche, Kirche, Kinder (cocina, iglesia y niños). Las mujeres, excluidas de cualquier ámbito militar o político, debían dedicarse exclusivamente a eso, a lo que les era propio, a cuidar de sus maridos y de los niños, y a cumplir con los preceptos de la Santa Madre Iglesia. Dos perlas de Pilar: «Nosotras atendamos solamente a lo nuestro y dejemos a los hombres que sean los llamados a resolver todas las complicaciones que en sí lleva el gobierno de la nación»; y «Las mujeres nunca descubren nada, les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles».
 
Coros y Danzas de la Sección Femenina
 

El franquismo acabó con cualquier atisbo de las libertades y los derechos civiles de la mujer que ésta había disfrutado mal que bien durante los años de la República, incluido el derecho a voto (bueno, éste fue suprimido para todo quisque), y sólo concebía a la mujer como eterna menor de edad, siempre sometida a un varón (otra perla de Pilar: «La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular, o disimular, no es más que un eterno deseo de encontrar a quién someterse»; sin embargo, ella bien soltera que se quedó toda su larga vida). En casa y con la pata quebrá, que diría un castizo, sumisa y contenta era como el régimen las quería, y la Sección Femenina cumplió su labor de adoctrinamiento de la mujer española buscando su total sumisión a través de numerosos mecanismos. Uno de ellos era el Servicio Social, la mili de las mujeres, obligatorio hasta 1978 para toda soltera entre 17 y 35 años que quisiera acceder a un puesto de trabajo, obtener un título académico, conducir o simplemente viajar al extranjero; duraba seis meses y en ellos, aparte de tener que trabajar gratuitamente en comedores sociales, hospitales, oficinas del Estado o similares, se les proporcionaba a las reclutas la formación necesaria como futuras madres de familia: labores de hogar, cuidado de los niños, atención al marido y más. En ese sentido, ya en los años cincuenta, les era repartido a las “socializantas” un folleto denominado “Guía de la buena Esposa; 11 reglas para mantener a tu marido feliz”, todo un yacimiento perlífero en el que se leen cosas como: “Si tu marido te pide prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes"; o "Si él siente la necesidad de dormir, no le presiones o estimules la intimidad"; o "Si sugiere la unión, accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar".

Desde luego, muy feminista no era la organización femenina de Falange, no al menos en el sentido actual del término. Pero no hay que perder de vista que, por grotesco que hoy pueda parecer, ese cuasi decálogo de la buena esposa pertenece a una mentalidad dominante y a unas circunstancias muy distintas a las actuales, y se podría asegurar que en aquel tiempo serían muy pocas las mujeres a las que este tipo de cosas les parecieran fuera de lugar. Por otro lado, aunque la Sección Femenina como organización pueda hoy parecer una especie de museo paleontológico y una secta destructiva que anula la libertad de las personas, tampoco habría que olvidar que, pese a ese afán típico de los totalitarismos de querer dirigir la vida de sus súbditos hasta cuando están en la intimidad, la SF desempeñó un importante papel desasnador y de auténtica utilidad social -sobre todo en sus dos primeras décadas de existencia- en una España rural analfabeta y hambrienta, en ruinas, misérrima y con una alta tasa de mortandad infantil. Y a la vez consiguió rescatar y salvar del completo olvido bastantes costumbres y usanzas, danzas y cantos, integrantes del acervo cultural español que quizás sin su labor se hubieran perdido para siempre.
 
Hernán Pérez del Pulgar, un Cid Campeador penibético
 

El Triunfo del Ave María

Las asistentes al Consejo Nacional de la Sección Femenina, como las buenas hormiguitas hacendosas que eran (según sus consignas), durante su estancia en Granada se dedicaron, claro está, principalmente a aquello que aquí las había traído, pero fuera de las maratonianas sesiones de mañana y tarde en que consistió fundamentalmente el evento, también hubo tiempo para lo social, como el reparto de más de cien canastillas a parturientas pobres que llevó a cabo la delegada nacional. Y tampoco faltaron sus ratos de ocio, con visitas a monumentos y algún sarao en forma de zambra sacromontana.

Entre sus esparcimientos estuvo, el mismo 2 de enero pero ya por la noche, la concurrencia de todo el mujerío falangista, con su jefa nacional al frente, Pilar Primo de Rivera, y toda la Granada azul empingorotada, incluidas jerarquías locales o de paso, al teatro Cervantes, adornado con tapices y numerosas banderas nacionales y del Movimiento, para asistir a la representación de El triunfo del Ave María, puesta en escena por el cuadro artístico de Educación y Descanso local en función de gala, con una banda amenizando los entreactos y con actuación de coros y danzas regionales, para terminar la velada con el cántico de himnos patrióticos. Para la ocasión se trajeron expresamente trajes de época del Teatro Nacional, de Madrid, y hasta un caballo de verdad anduvo entre los asientos del patio de butacas para darle más ambiente a la cosa.

Lo de organizar una función de teatro cada 2 de enero con El Triunfo del Ave María o la Toma de Granada (que ése es su nombre completo) como plato fuerte, era una tradición en Granada tan puntual como la de representar el Tenorio cada primero de noviembre en toda España. Todos los años, cada día de la Toma se representaba sin falta esta “Comedia Famosa de un Ingenio de la Corte”, de autor anónimo, función de moros y cristianos en verso que tiene como tema central la más sonada de las muchas hazañas del caballero Hernando del Pulgar (Hernán Pérez del Pulgar, conocido como “el de las hazañas”, un Cid Campeador penibético), quien en el asedio a la Granada nazarí de Boabdil entró con quince de los suyos de noche a la ciudad sin ser visto y siguiendo el curso del Darro llegó hasta la mezquita mayor (en el lugar en que hoy se levanta la iglesia del Sagrario) para incendiarla junto con la Alcaicería, en una acción de comando digna de Hollywood, pero al ser descubierto y no poder llevar a cabo su primer propósito, clavó con su daga en las mismísimas puertas del templo sarraceno un pergamino que traía con las palabras Ave María y una declaración por la que se proclamaba rendida Granada a la católica causa, volviendo después al campamento de Santa Fe escapando de la morisma a uña de caballo él y los que le acompañaban. También eran personajes de la representación los Reyes Católicos, Garcilaso de la Vega (no el célebre poeta sino un militar, su padre), el Conde de Cabra, el moro Tarfe (en el rol del villano que acaba derrotado y decapitado) y otros muchos.

Nunca tuve oportunidad de asistir a una de estas funciones, pero recuerdo oír hablar (y no acabar) a los mayores sobre aquellas veladas festivas en el Isabel la Católica de antes de la guerra. Muchas personas recitaban párrafos enteros de versos ripiosos pertenecientes al libreto de la obra que se sabían de memoria (…Penacho de ricas plumas / de nácar le daba al viento, / que en su cimera eran alas / y en su coraje ardimientos…), y siempre me llamó la atención una larguísima letanía de nombres que formaba parte del recitado y que terminaba tal que así: Lunas, Zúñigas, Mirandas, / Aragones y Cardonas / Palafoxes y Moncadas..., los apellidos de los nobles caballeros que participaron en el asedio. Navidad, vacaciones escolares, cercanía de Reyes. Los niños solían ocupar gran parte de las butacas del desaparecido teatro y, aunque no parece que el propósito del anónimo autor fuera componer una obra cómica, El Triunfo del Ave María o la Toma de Granada vino a ser cada año una especie de La venganza de Don Mendo a la granaína, y cuentan las crónicas que las funciones transcurrían entre las grandes risas y los comentarios en voz alta de la concurrencia, que a menudo interrumpía los parlamentos cuando apreciaba la introducción de alguna “morcilla” por los actores, porque muchos se sabían los versos de memoria y hasta se dice que algunos de esos versos se convirtieron en dichos o refranes populares granadinos castizos, hoy olvidados y en desuso, como la misma costumbre de representar esta comedia cada 2 de enero.
 
Cartelera de la función, cortesía de Eladio Fdez Nieto
 

Que el día de la Toma en algún teatro granadino se representara El Triunfo del Ave María fue una tradición muy popular y con más de un siglo de solera, en su tiempo una usanza tan granadina como la de tremolar el pendón de los Reyes Católicos o subir las mozas casaderas a tocar la campana de la Vela. Pero en 1942 era ya algo que pertenecía al pasado. No se puede decir que el contenido de la obra pudiera molestar a las nuevas autoridades, sin embargo, fue otra de las cosas que se acabaron con la Guerra Civil. Puede ser ésta la última vez que se cumplió la tradición granatensis, al menos en la forma en que se hizo en esta fecha, en el teatro principal y en función de gala. En 1935, la compañía madrileña de Carlos Díaz de Mendoza, que estaba en Granada de bolo de Pascuas, aprovechó el final de temporada para declararse en quiebra el 31 de diciembre y suspendió sus actuaciones, incluida la de la Toma de Granada que tenía anunciada, y así, por primera vez en muchísimos años, los granadinos se quedaron sin una de sus distracciones favoritas. En 1936 volvió a representarse en el teatro Isabel la Católica por la compañía del Teatro Fontalba de Madrid, en tres sesiones (5, 7 y 10,30) al precio de un duro en butaca, una peseta en general y 0,75 en paraíso. La reseña de El Defensor destaca sobre las demás la actuación del actor granadino Paquito Fuentes, en el rol del gracioso Calabaza. Después, en los tres años que duró la guerra, es de suponer que no estaba el horno para funciones de moros y cristianos, y menos cuando por las calles granadinas se veían a diario no pocos magrebíes de turbante y chilaba, pero de los de verdad, no de guardarropía, y como éstos eran amigos e, ironías de la historia, ahora se habían convertido en cruzados, imaginamos que no se consideró apropiado un espectáculo público en el que cristianos decapitan musulmanes. Después de terminada la guerra -que sepamos- hasta esta ocasión de 1942, representada por aficionados, no hubo función. Y en los años siguientes tampoco tenemos noticia de que volviera a escenificarse en Granada, al menos por actores profesionales.

Con la que cae cada año en la plaza del Carmen el 2 de enero y adyacentes sobre la fiesta de la Toma, y con ese odio maurófobo de ahora mismo que algunos se empeñan en avivar y, sobre todo, que ya no se llevan este tipo de espectáculos, no parece que pueda volver esta inocente tradición que tanto divirtió a muchas generaciones de paisanos.