EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Herranz, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Tomé.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



jueves, 16 de agosto de 2018

DESCENSO



El Granada en una colección de cromos 1944-45

 
Faltó un punto
A falta de jugarse la jornada 26 y última de la liga 44-45, las victorias caseras ante Español y Valencia y el empate en Coruña de las tres jornadas anteriores habían hecho resucitar a un Granada dado por condenado desde un mes antes, cuando faltaban por jugarse cuatro partidos, permitiéndole salvarse matemáticamente del descenso directo aunque no de la promoción por la permanencia. En ese último compromiso liguero un empate hubiera significado la permanencia definitiva sin necesidad de jugárselo a una carta en promoción. Incluso una derrota podía haber valido también para no tener que promocionar, pero para eso tendría que haber ganado el Coruña al Sabadell en Riazor (perdió 1-2) y de esa forma darse un triple empate entre Murcia (perdió en Sarriá), Granada y Coruña que beneficiaba al Granada, porque los criterios para deshacer los empates de más de dos eran distintos por entonces y se atendía preferentemente al menor cociente de goles a favor y en contra, que era favorable a los rojiblancos.
                Lo malo era que ese último partido de la liga del Granada era en San Mamés y aquel gran At. Bilbao destrozó a los rojiblancos por 4-1 con goles de Venancio, Panizo de penalti y dos de Zarra (Nicola hizo el del honor), y de esta forma el Granada, por tener el golaveraje particular perdido con el Murcia, con el que quedó empatado a 19 puntos, acabó la liga en el puesto 12º, el único que este año obligaba a intentar conservar la categoría en promoción, y como dos años antes, ésta se dirimiría a un solo partido en campo neutral. El rival era el Celta, tercer clasificado del único grupo de Segunda División, por detrás de Alcoyano y Hércules, que ascendieron automáticamente como primero y segundo. Es este final de liga otro de esos momentos en que los granadinistas pensaron en duendes y brujas maléficos conchabados en contra del equipo rojiblanco. Para más inri resulta que los dos goles del Sabadell en La Coruña los consiguió en propia puerta el defensa coruñés Bernabé, al que el Granada estuvo a punto de fichar al principio de esta temporada.
                El Celta quería jugar el domingo día 3 de junio en Madrid, dos domingos después del partido en Bilbao, pero el Granada no podía aceptar esa fecha porque todavía tenía que disputar el partido de vuelta de Copa del Generalísimo frente al Castellón, en Los Cármenes el siguiente domingo, 27 de mayo. Por otra parte, como el resultado de la ida había sido de 3-0 a favor de los levantinos, se pensaba que seguramente quedaríamos eliminados, así que la fecha que proponía el Granada era la del domingo 10 de junio, y el escenario, bien Les Corts, como cuando hacía dos años superó al Valladolid y conservó la categoría, o bien el Metropolitano. Todo supeditado a que el Granada fuera eliminado por el Castellón, de lo contrario habría que fijar una nueva fecha.

Nicola, autor del único gol granadinista en San Mamés

El Granada semifinalista de Copa
Entre ese resultado de 3-0 en contra tan difícil de remontar y entre que la afición andaba muy desanimada a pesar de la buena reacción final, muy poco público acudió al partido de vuelta de cuartos en Los Cármenes, como venía siendo la norma toda la segunda vuelta cuya mayor parte transcurrió con el Granada en puesto de descenso. Nadie daba un duro por aquel Granada y su 3-0 en contra que parecía definitivo. Pero contra pronóstico el Granada consiguió empatar la desventaja que traía del Sequiol de aquel partido de ida que parecía ya lejanísimo, jugado casi dos meses antes.
                Desde el relevo en el banquillo, se puede decir que si algo positivo consiguió el nuevo técnico, Emilio Vidal, fue insuflarle al equipo bríos y entusiasmo, que era precisamente de lo que más adolecía cuando Platko ocupaba el banquillo. Aunque su juego nunca fue brillante, con esas armas, ya lo hemos visto, se consiguió eludir un descenso directo que muchos habían dado ya por hecho, y muy poco faltó para eludir también la promoción. Y también con esas nada desdeñables armas futboleras consiguió empatar la eliminatoria derrotando a los castellonenses 4-1, 3-0 al descanso. Un fallo del meta Martí que costó el gol del Castellón obligó a tener que jugar un tercer partido de desempate en campo neutral. Rápidamente se alcanzó acuerdo para que se celebrara el jueves 31 de mayo, día del Corpus Christie y fiesta nacional, en Chamartín.
                En el desempate en Madrid el Granada se impuso 2-1 con arbitraje de Escartín, y consiguió así clasificarse por primera vez en su historia para semifinales de Copa (lo volverá a lograr en 1959, año en que además llegó a la final, y también en 1969). Muy poco público acudió al partido de Chamartín, que tuvo que competir con espectáculos simultáneos como la etapa final de la Vuelta a España y una corrida de toros con cartel de primera. A pesar del corto resultado el Granada fue muy superior, según las crónicas. Y como el siguiente rival era el Valencia y el primer partido había que disputarlo en Mestalla, hacia allí se encaminó desde Madrid la expedición rojiblanca.

 Los cuatro goles al Castellón según Patria
Muy cerca de la final
Cuando muy pocos apostaban por el equipo rojiblanco, ahí lo tenemos, clasificado para semifinales de Copa, lo que equivale a decir que en estos momentos ha alcanzado su mayor logro histórico. El Granada, con apenas catorce años de existencia, aspira incluso al título de campeón del trofeo futbolístico nacional más antiguo de cuantos se disputan en España o a quedar segundo, lo que también sería un gran triunfo. Claro que, con ser esto así, la realidad es que se avecinaba una gran desilusión, que también por cierto iba a ser la primera de su corta vida: un descenso de categoría.
                Pero en esos momentos no se intuía ningún suceso aciago y había vuelto el optimismo, y más después de jugar en Valencia y dar muy buena imagen a pesar de salir derrotados 2-0, resultado del todo injusto según las crónicas. En Valencia el Granada tuvo un comienzo de partido fulgurante en el que dispuso de dos grandes ocasiones de golear pero faltó acierto. El cansancio por el partido entre semana acabó pasando factura, eso y la lesión de Melito, que quedó inutilizado y pasó a ocupar la posición de extremo derecho como figura decorativa, que se decía, teniendo que bajar Acedo a la media.
                Otros años por estas mismas fechas el Granada llevaba dos meses inactivo o a lo más disputando partidos amistosos, como los tradicionales de las fiestas del Corpus, pero esta temporada la liga terminó bastante después de lo habitual por los numerosos parones que se dieron a lo largo del calendario. Eso unido al buen papel copero de los rojiblancos hace que a mediados de junio le queden todavía al Granada al menos dos partido oficiales que disputar. 

Formación del Granada en Les Corts, poco antes de ser derrotados 4-2 en la tercera jornada 44-45. Galvany, Trompi, Melito, Mas, Millán, García y Floro; Acedo, Sosa, González y Sierra


                El primero de ellos era la devolución de visita del Valencia. A petición de los propios futbolistas, que se sentían fuertes y capaces de superar el 2-0 en contra, el equipo quedó recluido dos días antes del partido de vuelta en un chalet de la Alhambra (según Patria) recordando que esta medida había dado buenos resultados cuando en 1941 jugábamos la liguilla de ascenso a Primera. Y de la Alhambra partieron hacia Los Cármenes la tarde del domingo 10 de junio, último día de Corpus, para disputar el partido de vuelta de semifinales de Copa, previsto para las siete de la tarde, a la misma hora que en la plaza de toros Nueva, la de Doctor Olóriz, a muy pocos metros, actuaban los novilleros Álvarez Pelayo, Ricardo Balderas y Niño de la Palma (hijo), lo que restó asistencia a Los Cármenes, que sólo alcanzó una media entrada a pesar de tratarse de una muy importante cita histórica.
                En un nuevo magnífico partido, «el más completo y brillante de su historia», según Saucedo en Patria, el Granada derrotó con un insuficiente 2-1 al gran equipo que era el Valencia. Después de una primera parte muy defensiva de los ches, mediada la segunda el Granada, con buen juego y entusiasmo, consiguió en apenas cinco minutos empatar la eliminatoria con dos golazos de Nicola y Galvany. Después siguieron los ataques rojiblancos en tromba contra la portería de Eizaguirre, pero no hubo suerte, que fue precisamente lo que le sobró a los forasteros, que ya casi se resignaban a un partido de desempate cuando un despeje largo le llegó a Gorostiza, ya muy veterano pero conservando su clase y velocidad, quien, desmarcado, se fue solo y sirvió al goleador Mundo para que éste marcara a placer el gol que les daba el pase a la final cuando apenas quedaban dos minutos por jugarse. Se puede hablar de injusticia en el resultado de esta eliminatoria de semifinales puesto que el Granada, siempre según las crónicas, fue mejor que su oponente tanto en la ida como en la vuelta y sólo le faltó suerte para haberse metido en la final. 

Cuando pintan bastos, Miranda se acuerda del recibimiento cuatro años atrás al equipo que venía de ascender a primera en Castellón    


5     Primer descenso de la historia
A pesar de la eliminación en copa, el momento de forma y de juego de los rojiblancos parece el óptimo para afrontar el último partido de la temporada, el que -no se duda- dará la permanencia en máxima categoría que, una vez eliminado en copa el Granada, se había fijado  para el domingo siguiente, 17 de junio en el Metropolitano madrileño.
                El rival, el Celta, llevaba esperando casi un mes desde que terminó la liga de segunda, en la que quedó tercero por detrás de Alcoyano y Hércules. Conservaba el bloque de su última temporada en Primera División, la 43-44, entre los que sobresalían ilustres veteranos con larga experiencia en máxima categoría: Cons, Yayo, Roig o Venancio, y también un viejo conocido de la afición rojiblanca: Esteban Arrizabalo Echeverría, aquel defensa apodado Deva que en los tiempos de la República formó una pareja terrorífica con Euskalduna (granadinista la temporada anterior) en el Sevilla. Junto a esos veteranos, otros que empezaban, como Aretio, que años después ficharía por el Barcelona, o como Pahíño (granadinista en 1956-57), el de más proyección, un ariete con mucho gol que después militará en el R. Madrid, con el que conseguirá su segundo Pichichi y la internacionalidad absoluta, y será considerado uno de los mejores delanteros centros de toda la historia del fútbol español. El míster de este equipo –curiosamente- era el húngaro Carlos (o Karoly) Platko, hermano del técnico que comenzó la temporada al frente del Granada, Esteban Platko, y también del mítico Franz Platko, portero y entrenador que lo fue del Barcelona. Para más curiosidad, este Platko era el mismo míster que dirigía al rival de la promoción de hacía dos años, el Valladolid, en 1943, cuando el Granada salvó la categoría ganando 2-0 en Les Corts.

Portada de Marca en la previa del Celta-Granada de promoción

Desde una semana antes se concentró el Celta en El Escorial para preparar el importante partido. El Granada sin embargo no estableció medidas especiales para preparar el choque y no fueron concentrados los futbolistas sino que partieron en coche cama para Madrid la noche del viernes anterior.
Toda la prensa nacional daba como favorito al Granada, por su extraordinario final de temporada que le había llevado a eludir el descenso directo y a semifinales de copa, en la que mereció la victoria. Pero la cruda realidad fue que a la hora de la verdad el Celta fue mucho mejor y puso bastante más entusiasmo en la lucha, y con un 4-1 inapelable mandó al Granada a Segunda División. A los poco más de catorce años de existencia del Granada CF y justo cuando acababa de lograr su mayor proeza futbolística hasta ese momento, semifinalista de copa, conocía la afición granadinista el amargo sabor de un descenso, el primero de su historia, porque aunque su vida era corta, hasta el momento todos los cambios de categoría que había experimentado el club lo habían sido en forma de ascenso. El buen papel copero parece que finalmente acabó volviéndose en contra de los rojiblancos y todas las crónicas coinciden en que los granadinistas salieron con aires de superioridad, de tener el partido ganado de antemano, pero se encontraron con un equipo, el Celta, que puso muchas más ganas y concentración en lo que se ventilaba. El Granada jugó pésimamente mal, «sin fútbol, sin ligazón, sin unidad, sin alma, sin codicia, sin velocidad, sin moral», concluye Saucedo en Patria, enviado especial a Madrid, y añade que el ascenso del Celta se produjo con toda justicia.

El primer descenso de la historia rojiblanca contado por Patria

Faltando poco para el descanso se adelantó el Celta con un libre directo lejano que Martí, mal situado, se tragó. El libre directo que señaló el colegiado Plácido González había nacido de un plantillazo de González sobre Pahíño, y cuentan las varias webs que contienen datos biográficos del bravo ariete gallego que fue una entrada alevosa que causó a Pahíño una fractura de peroné que sin embargo no le impidió continuar todo lo que quedaba de partido con un fuerte vendaje y así marcar el tercer tanto gallego. Podía haber cambiado el signo del partido si poco después del primero del Celta el disparo del rojiblanco Sierra en otro golpe franco hubiera entrado en lugar de estrellarse en el larguero a portero batido. Pero nada más empezar la segunda parte consiguieron los gallegos su segundo gol. Desde ese momento el Granada dejó de existir, y el tercero celeste significaba ya la sentencia. En un acceso de rabia acortó distancias Nicola, pero quedaba el cuarto con que sellar la gran superioridad gallega, a poco del final. En los instantes que quedaban se desataron las violencias y Galvany fue expulsado por agredirse con Fuentes.
                El Granada, que debutó en Primera División frente al Celta en una plomiza y ventosa tarde granadina de septiembre de 1941, fue a despedirse de la categoría también frente al Celta y en otra gris aunque calurosa tarde madrileña de junio, cuatro años después. Los últimos momentos del Granada como equipo de máxima categoría transcurrieron bajo un tremendo chaparrón que dejó literalmente helados a los pocos granadinos que viajaron a Madrid, que siempre estuvieron en inferioridad frente a los seguidores celtiñas. En el palco estaban el general Moscardó, delegado nacional de deportes junto al presidente de la Federación, Barroso, y el seleccionador nacional, Jacinto Quincoces. Como representación granadina estuvieron el gobernador civil de la provincia, José María Fontana, y el presidente de la Diputación, Robles Jiménez.

Sierra fue de los pocos que dieron la cara en el Metropolitano

La V Vuelta
La Vuelta Ciclista a España volvió a tener un final de etapa en Granada, donde no llegaba desde sus dos primeras rondas, las que se corrieron en 1935 y 1936. La Guerra Civil había suspendido la celebración de la ronda ciclista española hasta que, una vez terminada la contienda, se disputó en 1941 y 1942 para volver a suspenderse durante dos años y retomarse en este 1945, en el que llegaba a su quinta edición y la patrocinaba Editorial Católica, propietaria entre otros del diario Ideal.
                Igual que en aquellas carreras de los tiempos de la República, un  granadino, Joaquín Bailón, representaba a la excelente cantera ciclista de nuestra tierra, que de siempre ha dado importantes routiers al pelotón nacional e internacional, como el propio Bailón, Guillermo Peregrina “Tolínez”, Antonio Jiménez Quiles, los hermanos Joaquín y Manuel Galera, Antonio Miguel Díaz o Francis Cabello. Según la web 115 años de ciclismo granadino, de Enrique Moleón Espigares, era Bailón un corredor pundonoroso, valiente y leal, duro y sin desmayos.      
                La II Guerra Mundial había acabado sólo unos días antes en Europa, por lo que no se podía contar con los grandes corredores europeos, por eso en esta V Ronda sólo participaban ciclistas españoles y portugueses, y de estos últimos nada más que ocho se inscribieron del total de cincuenta y dos que tomaron la salida en Madrid una semana antes de llegar a Granada, que fue final de la sexta etapa. Además, en el transcurso de esta etapa Sevilla-Granada cuatro lusos se bajaron de la bicicleta y abandonaron, así que fue ésta una carrera eminentemente nacional, lo que no quiere decir que no valiera gran cosa porque en el pelotón figuraban nombres de la importancia del gallego Delio Rodríguez Barros, que dominó la carrera de principio a fin y lució el jersey rojo de líder desde la segunda etapa. También corrían ciclistas destacados como Julián Berrendero, que había ganado las dos últimas ediciones, en 1941 y 1942, y que fue segundo en el podio en Madrid y vencedor de la montaña, a más de media hora del anterior. También estaban otros como Miguel Gual (tercero), Joao Rebelo (portugués, que acabó 6º), Fermín Trueba o Dalmacio Langarica, quien empezaba como profesional y ganaría la Vuelta siguiente, la de 1946.


El ciclista granadino Joaquín Bailón en una imagen de 1935   

                    
               Como en las dos ediciones anteriores con final en Granada, la meta se situó en la que entonces se llamaba avenida de Calvo Sotelo, en la Cruz Blanca, o sea, en el cruce con la avenida de Madrid, donde se congregaron varios miles de espectadores, y a ese emplazamiento llegó sobre las 4,20 de la calurosa tarde del 15 de mayo, en solitario, el veterano corredor sevillano Antonio Montes, después de recorrer los 258 kilómetros desde Sevilla en 8 horas, 50 minutos y 47 segundos. Veintidós minutos después llegó el grueso del pelotón, unos treinta corredores entre los que iba el líder Delio Rodríguez y también el granadino Joaquín Bailón, que fue obsequiado con un trofeo, regalo de la peña Los Monteros. Es curioso ver en las crónicas el contraste entre lo actual y la realidad de aquellos años heroicos del ciclismo; este Montes vencedor en Granada, al ser independiente, es decir, no se encuadraba en ningún equipo y corría por libre, tenía que suministrarse de agua por sí mismo con la que iba encontrando por el camino en fuentes y manantiales o bien pedirla directamente a los paisanos apostados en las orillas para ver el paso de la carrera. Antonio Montes, como ganador de la etapa recibió una copa obsequio del gobernador civil Fontana, más un premio en metálico de 250 ptas. y un frasco de linimento Dauro, ambos regalos de esta firma comercial.
La Sevilla-Granada se había tomado con gran calma por el pelotón puesto que la prueba estaba ya prácticamente sentenciada a favor de Delio Rodríguez, con ventaja en la general sobre el segundo rondando la media hora desde la segunda etapa. Precisamente esa segunda etapa, Salamanca-Cáceres, fue la mejor del granadino Joaquín Bailón (también la mejor de todo su palmarés), del equipo Tubulares Galindo, el mismo del ganador Delio Rodríguez, con quien protagonizó una escapada que culminó entrando en segundo lugar, casi un cuarto de hora después del gallego. Bailón, un modesto en aquel pelotón de profesionales, tenía antes de la Vuelta 1945 como mayor logro en su carrera deportiva haber llegado 6º y 7º en sendas etapas de la 2ª edición, la de 1936. Tras la llegada a Granada quedó sexto en la clasificación Pirelli, por puntos, y 31º en la clasificación general, pero no llegó Bailón a completar la carrera y abandonó por enfermedad cuando iba 29º y último en la general, después de la etapa reina, la 13ª, San Sebastián-Bilbao. Para Bailón fue ésta de 1945 la última vez que disputó una gran ronda ciclista.
                Al día siguiente, a las seis de la madrugada y partiendo del mismo lugar donde se situaba la meta, salió el pelotón camino de Murcia.

Delio Rodríguez, ganador de la V Vuelta a España

Los Quero otra vez
                Los distintos historiadores que han tratado de la cuestión no se ponen de acuerdo sobre la fecha exacta del suceso. Unos dicen que ocurrió el 6 de julio y otros parecen estar más acertados al situar los hechos justo un mes antes, esto es, el miércoles 6 de junio de 1945, tres días después de la derrota del Granada en Mestalla 2-0 en el partido de ida de semifinales de Copa del Generalísimo, mientras la ciudad vivía su octavo día de fiestas del Corpus (que se prolongarían hasta el domingo), que en esa fecha ofrecía en su programa como plato fuerte la actuación en el Palacio de Carlos V de la Orquesta Filarmónica de Madrid en el primero de los dos conciertos que tenía previsto ofrecer, organizados por el Centro Artístico. Ese día los Quero volvieron a llevar a cabo una (dos, en realidad) de sus más sonadas hazañas.
                Seguramente la culpa de que los abundantes historiadores de la cosa guerrillera antifranquista no lleguen a ponerse de acuerdo sobre la fecha obedece al hecho de que las hemerotecas no aclaran nada ya que ni un solo comentario sobre lo acontecido puede extraerse de ellas. Como en otros anteriores golpes de la más famosa partida guerrillera granadina, la prensa del momento guardó absoluto silencio cumpliendo órdenes de la superioridad para evitar dar publicidad a las andanzas (sobre todo cuando éstas acababan bien para sus ejecutores) de quienes desde hacía más de cuatro años venían quitando el sueño a las autoridades franquistas. En tal día la partida de los hermanos Quero, por la mañana, secuestró al banquero Manuel Rodríguez-Acosta, y ese mismo día pero por la tarde llevó a cabo otro secuestro, ahora el del propietario y comerciante Andrés Sánchez Montes.
Una vez más los Quero derrocharon esa audacia que tan populares les había hecho a pesar de que sus golpes no los comentara la prensa (o quizá por esa misma razón) y en una nueva demostración de arrojo, asaltaron el  domicilio en el palacete de Quinta Alegre,  avenida de Cervantes, del banquero Rodríguez-Acosta al cual retuvieron en un secuestro resuelto en cuestión de horas con la entrega a los guerrilleros de 250.000 ptas. Y para seguir engordando su leyenda, esa misma tarde y en plena Gran Vía, ante testigos presenciales, se llevaron al comerciante Sánchez Montes y no lo soltaron hasta hacerse por la noche con un botín de 225.000 ptas. Total, casi medio millón en una sola jornada, una gran fortuna para la época, a las arcas de la banda con la que seguir dando dolores de cabeza a una autoridad que se veía impotente para darles caza a pesar de tener tras sus pasos a todo un ejército armado y a otro no menos numeroso de delatores y confidentes.
De los cuatro hermanos Quero que encabezaron la famosa partida ya sólo quedaban tres. José, el que era considerado cerebro de la banda, había muerto el 2 de noviembre de 1944, abatido por los disparos de una de sus víctimas a la que pretendía atracar en el asalto a un almacén de tejidos de la calle Carril del Picón. Los nombres de los guerrilleros aparecían en los papeles sólo cuando era para dar noticia de algún descalabro sufrido, pero, como se ve, a pesar de la importante pérdida, la banda seguía en plena actividad y así lo estará hasta por lo menos dos años después, y en ese tiempo seguirá aumentando su leyenda y siendo tema de conversación de no pocos corrillos en voz baja de una población que a medias les admira y les teme.

Manuel Rodríguez-Acosta y González de la Cámara, banquero granadino secuestrado por los hermanos Quero
Dimite Pérez de Haro

El descenso a segunda del Granada supuso que, junto con la máxima categoría, los jugadores perdieran las dos mil pesetas por barba de prima que prometió la directiva, más otras quinientas que daba la Compañía de Tranvías Eléctricos de Granada, ofrecidas por su director en los mismos vestuarios del Metropolitano poco antes de dar comienzo el choque, cuando todo era optimismo. Después del partido, con el descenso consumado, en ese vestuario rojiblanco lo que predominaba eran las lágrimas y algún ataque de nervios y, según informa Patria, allí mismo el presidente Juan Diego Pérez de Haro y el secretario general Paco Cristiá presentaron su dimisión al presidente de la Federación Sur, Antonio Calderón, también presente en la caseta granadinista.
No obstante, en Ideal del día siguiente, los propios directivos, recién llegados de Madrid, niegan haber dimitido. De lo que hablan es de una gran desgana de los jugadores rojiblancos, que han disputado un pésimo partido dando muy mala imagen y sin que quepa excusa alguna ni achacar el fracaso a la mala suerte o a un arbitraje adverso, y al mismo tiempo comunican que han impuesto a cada jugador, con la única excepción de Sierra, una multa de quinientas pesetas (al final se quedó en 400) por falta de entusiasmo y rendimiento. Los directivos continuaron en sus puestos, pero lo hicieron de forma provisional, mientras volvía a Granada el gobernador civil, José María Fontana, a quien tenían previsto ponerse a su disposición para que éste mediara en una posible solución y nombrara un nuevo responsable que se hiciera cargo del club. Es en esos momentos cuando salta a la prensa el nombre del que puede ser nuevo presidente del Granada, Manuel Fernández de Prada, marqués de las Torres de Orán. 
Con una situación de gran incertidumbre se cerraba el peor ejercicio del club desde su fundación puesto que por primera vez se conocía el amargor de la pérdida de categoría. Al mismo tiempo, un ciclo granadinista que se había iniciado al terminar la Guerra Civil y que tiene como nota más destacada el ascenso a división de honor y la permanencia cuatro temporadas, se cerraba así y lo hacía casi de la misma manera que se inició, es decir, con un club en bancarrota, sin dirigentes y con un descenso muy notable en el hinchismo, que fue la misma situación en que había quedado el por entonces Recreativo Granada en 1936, pocos días antes de que la locura de la Guerra Civil interrumpiera la normal convivencia en toda España. Lo mismo que en aquel julio de 1936, el futuro más inmediato del Granada CF estaba muy en el aire al llegar el mes de julio de 1945.   



Sosa y Deva en el Metropolitano

miércoles, 1 de agosto de 2018

MEJORÍA EN LA RECTA FINAL



El Granada en Chamartín. Posan, de pie: Sosa, Rey, Melito, Mas, Acedo y Martí; agachados: Trompi, González, Sierra, García y Galvany, antes de ser apalizados 6-2

Copa en Castellón
La liga 44-45 se caracterizó por la gran cantidad de veces que el desarrollo de su calendario quedó interrumpido, bien para jugar la copa o para que nuestra selección celebrara algún amistoso. Así, después del empate casero del Granada ante el Gijón en la jornada 21, cuando sólo faltaban cinco jornadas para terminar, un nuevo parón liguero al domingo siguiente, 1 de abril de 1945, se llenó con la disputa de los partidos de ida de cuartos de final de Copa del Generalísimo. El Granada viajó a Castellón, rival también de máxima categoría y donde ya habíamos sido derrotados en liga, 2-0, poco más de un mes atrás. Según las crónicas de periodistas locales, en esta segunda visita a La Plana el Granada causó bastante mejor impresión que en la anterior y dominó durante gran parte del partido pero, la ilógica del fútbol, del Sequiol sólo se trajo una nueva derrota, ahora por 3-0, un resultado que suponía casi la eliminación y así se consideró por plumillas y afición, toda la temporada instalados en el pesimismo. Sin embargo nada estaba perdido como podrá verse casi dos meses después de jugarse este partido de Castellón, una vez terminada la liga, que será cuando se dispute la vuelta de los IV de Copa, una competición en la que el Granada conseguirá un hito histórico al llegar hasta semifinales por primera vez en su historia.

A pesar de no jugar mal, el Granada cayó 3-0 en Castellón en la ida de IV

Paliza en Chamartín
Las tres últimas visitas del Granada al estadio merengue de Chamartín habían terminado con resultados favorables para los nuestros, que en ese escenario sólo habían sido derrotados en su primera comparecencia, a principios de octubre de 1941, cuando el Granada era un recién ascendido y disputaba su segundo partido en Primera División y primero de su historia a domicilio como equipo de máxima categoría, en la jornada 2 de la 41-42, ocasión en la que salió goleado 5-2. En la 42-43 y en la 43-44 se trajo sendos empates a dos goles, pero en la última comparecencia, la temporada anterior, se permitió incluso el lujo de derrotar a todo un R. Madrid en su propio feudo, con un 0-2 que daba el pase a IV de final en Copa del Generalísimo.
Hasta este momento podía decir nuestro equipo que Chamartín se le daba bien, pero en esta quinta visita, jornada 22 de liga, un domingo después de la derrota en Castellón, se rompió la racha y lo hizo con estrépito, con un escardón de 6-2. Está visto que la ausencia de Millán, lesionado desde su debut como internacional hace un mes en Lisboa, la está acusando demasiado el equipo. Así, el pesimismo que se había apoderado de la hinchada no hizo sino aumentar, sobre todo tras leer las crónicas que retratan la lamentable imagen ofrecida por los rojiblancos en Madrid, que vuelven a caer a puesto de descenso directo. Para colmo González fue expulsado por agredir al madridista Alsúa. Al menos no volvimos al farolillo rojo, que seguía siendo para el Sabadell, empatado a puntos pero con el golaveraje perdido.
                Las crónicas madrileñas subrayan que el Granada abusó de la dureza y que la expulsión de González fue justa. En la anterior visita a los merengues la expedición granadina fue despedida a pedradas por la hinchada local, pero en esta ocasión no hubo loscos pero sí coros de: ¡A segunda! ¡A segunda!, según la crónica de El Alcázar, que añade que era lo merecido por el Granada por «…el fútbol incorrecto e innoble que desplegó descaradamente toda la segunda parte». No obstante para Arriba el Granada no merece estar tan bajo en la clasificación. El árbitro de este partido, Fombona (¡otra vez!), fue sancionado por el Comité de competición con un mes de suspensión (de nevera) por «no castigar con la necesaria energía el juego violento y agresivo practicado en el partido Real Madrid-Granada C.F.».      


Ipiña y González, capitanes de Madrid y Granada, cruzan saludos en Chamartín ante la mirada
                                                         del árbitro Fombona 



Renace la esperanza
Quedan por jugarse ya sólo cuatro jornadas, pero las dos próximas son ante rivales directos (Español en Los Cármenes y Coruña a domicilio), y un resultado positivo daría de nuevo la oportunidad de abandonar puesto de descenso. Después habrá que jugárselo frente a rivales mucho menos asequibles como Valencia y Bilbao en los dos último partidos. Son cuatro finales, la primera en casa ante el Español, con el importante hándicap de tener que formar una defensa totalmente nueva ya que González ha sido sancionado con un encuentro. Para la derecha, desde la lesión de Millán viene actuando y más o menos cumpliendo en ese puesto Rey; para la izquierda se recurre a Martín Pica, que jugará así su segundo partido (y último en liga) como rojiblanco.
                La primera de esas cuatro finales arrojó una victoria rojiblanca con la que abandonamos los dos puestos de descenso directo subiendo al 12º aunque nuevamente en triple empate a 16 con Sabadell y Coruña. El Granada ganó 2-0 al Español, que quedó en el puesto inmediato superior y a sólo un punto. Ese único punto era lo que separaba al Granada de la permanencia a salvo de todo, porque esta temporada promocionaba sólo el tercero por la cola, el 12º. Más arriba, a tres puntos, el Murcia, luego nada estaba todavía perdido.
La tarde empezó con el homenaje a Pepe Millán por su internacionalidad. El presidente Pérez de Haro y el redactor de Patria Saucedo Aranda le hicieron entrega sobre el mismo césped de Los Cármenes de un reloj de oro, comprado por suscripción popular, más una pitillera y un billetero regalo del bar Los Cármenes. Los goles de Nicola y Acedo en un partido práctico hicieron renacer la esperanza de permanencia en Primera. La nota negativa fue la multa de 1.500 ptas. al club por haberse arrojado almohadillas durante el choque.

En los prolegómenos del Granada-Español, Millán recibe el homenaje de la afición por su internacionalidad

Empate en Riazor y nuevo parón liguero
En La Coruña el Granada arrancó un punto al empatar a un gol que además suponía superar en el golaveraje particular a un rival directo. Saucedo Aranda viajó con el equipo a tierras gallegas y en su crónica para Patria dice que el Granada jugó un buen partido, pleno de tesón y coraje, y que mereció ganar. De todas maneras, el empate fue un excelente resultado para los rojiblancos que así veían como más posible escapar del descenso cuando ya sólo quedaban por jugarse dos jornadas. El Granada, todo parecía indicarlo, había llegado a la recta final en el que quizá fuera su mejor estado de forma en una campaña deficiente. Lo malo es que un nuevo parón, ahora por dos semanas (para la devolución de visita de la selección portuguesa), podría cortar la buena racha. Y es que, para un equipo modesto como el Granada, no deja de ser una desventaja tanta interrupción liguera como caracterizó la 44-45.

El pesimismo preside el ambiente futbolero esta temporada. Miranda lo ve así

Para tratar de mantener la buena forma se contrataron dos amistosos con el Córdoba, que acababa de proclamarse campeón del grupo andaluz de tercera y poco después ascendería a segunda. El primero se jugó en el estadio América de la capital cordobesa, un campo de triste recuerdo para nuestro equipo pues en la temporada 39-40 allí se perdió un posible ascenso a Primera y además el granadinista Timimi resultó gravísimamente lesionado y tuvo que abandonar el fútbol. Los cordobeses ganaron 1-0, gol del ex granadinista Leal. La anécdota la protagonizaron el míster Vidal en unión de Manolo Ibáñez como masajista y los jugadores Floro, Safont, González, Rey y García, que viajaban en uno de los dos taxis con los que se hizo el desplazamiento y se quedaron tirados hasta el martes en Rute, al averiarse el vetusto vehículo que los traía.
La devolución de visita de los cordobeses a Granada coincidió, 6 de mayo de 1945, con otra devolución de visita, la de la selección portuguesa, partido que se jugó en el Riazor coruñés, que se había inaugurado sólo unos meses antes.
Casi simultáneamente llegaba la noticia de la muerte en Berlín de Adolf Hitler, que se suicidó quizá para evitar que le ocurriera lo mismo que a su socio Mussolini; sólo dos días antes del suicidio del Führer, el Duce acabó sus días de peor manera, fusilado y su cadáver linchado por una muchedumbre. La rendición de Alemania ponía fin a la guerra en Europa, pero Japón, con la que España acababa de romper relaciones diplomáticas, todavía no se había rendido.
España derrotó a los lusos 4-2 en La Coruña mientras en Los Cármenes el Granada, con arbitraje de Morales, venció sin esfuerzo 6-0 al Córdoba y se llevó una copa que estaba en juego. Lo más positivo fue constatar la plena recuperación de alguien de la importancia para el Granada como Luis Marín, que fue el mejor y que a partir de este partido volvió a la titularidad.   

Manolo Ibáñez era entonces el masajista del equipo  

La victoria sobre el Valencia evita el descenso directo

Sigue la liga tras dos semanas parada. Faltan por jugarse sólo dos partidos. El primero es en casa frente al Valencia, el vigente campeón aunque a estas alturas anda muy descolgado y tiene claro que no renovará su título. No obstante, la directiva acordó fijar el partido como día del club, y lo hizo dando a la prensa una nota oficial de tintes dramáticos en la que expone que la situación económica  es calamitosa debido al bajón de público asistente a los partidos, que ha sido la nota predominante en todo lo que va de temporada, agravado porque muchos socios se han dado de baja recientemente, lo que ha motivado que los ingresos del club se hayan reducido a la mitad de lo que era habitual, de modo que para poder realizar los últimos desplazamientos y atender las nóminas de los futbolistas no ha habido más remedio que recurrir a aportaciones de los directivos. Recordemos que la gran mayoría de hinchas que eran socios del Granada lo eran “de número”, es decir, no pagaban su abono de una vez y por toda la temporada como ahora es lo normal, sino que venían obligados a desembolsar una cantidad mensual (21 ptas. los de tribuna y 15 los de preferencia o fondos), así que cuando el equipo iba mal, como en esta 44-45, que transcurrió entera con el Granada en puestos de descenso o rondándolos, las bajas de socios eran abundantes, y esas bajas consistían de dejar de pagar las cuotas mensuales.
De cara al partido contra el Valencia nos llama la atención el acuerdo de la Comisión Municipal permanente de 27 de abril de 1945, que libró 2.000 ptas. para el Granada CF como donativo del Ayuntamiento en el Día del Club.

Nicola, Aparicio y Sosa
Frente al Valencia, en un gran partido de los rojiblancos, éstos lograron evitar el descenso directo que tan de cerca se vio a lo largo de la temporada. La victoria 2-1 sobre los ches unida a las derrotas del Sabadell y el Coruña, que descendieron a falta de una jornada, y unida a la derrota del Murcia dejó todo de cara y la posibilidad más que real de huir incluso de la promoción, porque esta temporada estaba previsto que sólo el tercero por la cola o 12º jugaría la promoción por la permanencia. El Murcia, el 11º, quedó empatado a 19 puntos con el Granada, pero con el golaveraje particular superado. Ésa fue la única nota negativa de la jornada porque obligaba al Granada a depender de terceros y a sumar al menos un punto en la última jornada, en Bilbao, y esperar que el Murcia fuera derrotado en el campo del Español. 
                El partido frente al Valencia fue dramático como es fácil imaginar. Cualquier resultado distinto de la victoria, casi con seguridad hubiera mandado a nuestro equipo a segunda de forma automática, si no en esta jornada sí en la siguiente puesto que en esa última  había que ir a jugársela nada menos que a Bilbao. Fútbol elaborado en Los Cármenes no hubo, pero sí que hubo emoción a raudales, y entusiasmo y entrega de los rojiblancos, que confirmaron el buen momento de forma en que habían llegado al final de la liga. Acedo inauguró el marcador para el Granada en la primera parte y a poco de empezar la segunda empató Gorostiza para los forasteros hasta que a falta de un cuarto de hora Galvany provocó el delirio en las gradas con el 2-1 que sería definitivo de un trallazo desde fuera del área.   

Marín, Floro, Melito y González en una colección de cromos troquelados

De las hambres…
Si por aquellos años hubieran existido las grabadoras no es descabellado aventurar que, aparte de la muy abundante literatura y testimonios de que disponemos y que nos retratan los tristes y míseros primeros años cuarenta, podríamos completar el negro cuadro escuchando una banda sonora a base de los borborigmos que a todas horas producían los intestinos del paisanaje llenos sólo de aire, continuamente en movimiento y reclamando algo que procesar. Los estómagos despoblados y las tripas yermas de la inmensa mayoría de la población lanzando al aire su lamento no debía ser algo agradable de oír, desde luego, pero ése era el “no pan” nuestro de cada día por entonces, el hambre, la gazuza calagurritana que le dicen, que es lo que más recuerdan los que tuvieron la mala suerte de sufrirla en propias carnes. Hambre…, de elefante, de diez semanas, de carpanta. Hambre que no dejaba pensar en otra cosa más que en acabar con ella como fuera.         
                Los años del hambre se denomina a esta negra etapa histórica española. La irracional política autárquica que practicó el franquismo de primera hora, que pretendía una muy imposible autosuficiencia nacional por nuestros propios medios, sin recurrir a  importaciones de mercancías ni de capitales extranjeros, todo agravado por la ruina y la devastación de industrias y campos, consecuencias directas de las guerras, desencadenaron en España un desabastecimiento y una hambruna sin precedentes. Ante la escasez se implantó en todo el territorio nacional, por decreto de mayo de 1939, el racionamiento de productos de primera necesidad y paralelamente se fijaron unos precios máximos para esos mismos productos, pero la medida de muy poco sirvió para aliviar las hambres, al contrario, su efecto inmediato fue potenciar el estraperlo al entrar en juego la proverbial picaresca hispana y desviarse hacia el mercado negro todo tipo de productos básicos para la subsistencia. Su resultado más sangrante fue agravar la ya precaria situación de las clases menos pudientes, sin capacidad para comprar alimentos de estraperlo pagando por ellos tres y cuatro veces más de lo normal.

Una cartilla de racionamiento, icono de los años del hambre

Así aparecieron las cartillas de racionamiento, que duraron hasta 1952, una para la carne y otra para el resto de alimentos. Primero fueron familiares y a partir de 1943 individuales. Consistían en una especie de álbum en cartulina en el que los cromos eran los cupones (colecciones de cupones se les llamó años después) que previamente se adquirían en las oficinas destinadas a tal efecto y que señalaban los productos racionados y la cantidad de los mismos que se podía adquirir, fijando también el precio de esos productos. Con la cartilla debidamente rellena se acudía a los comercios designados para la venta, que estampaban una marca inutilizando los cupones o directamente cortándolos. Podían ser de primera, segunda o tercera categoría, en función del poder adquisitivo de las personas, su edad, su profesión o su estado de salud; bajo el franquismo hasta entre los famélicos seguía habiendo clases ya que las distintas categorías daban derecho a mayor o menor cantidad de alimentos racionados. El color tirando a rosa de las cartillas constituye otro de los iconos más representativos de esta triste época.
Existía además otra clase de cartillas de racionamiento, también a base de cupones, pero –en teoría- eran sólo para los fumadores ya que el tabaco, de pésima calidad por cierto, también era escasísimo. Era la Tarjeta de Fumador y se expedía exclusivamente a varones mayores de 18, porque en la España nacionalcatólica sólo las no decentes fumaban. Daba derecho cada diez días más o menos a obtener uno o dos paquetes de 20 cigarrillos Caldo de Gallina o similar, o lo mismo pero en picadura poblada de estacas. A finales de abril de 1945 hay buenas noticias para los enviciados y se anuncia que las raciones van a ser aumentadas el mes siguiente. En aquellos años fumaba todo el mundo, hasta los muertos; otra vez la picaresca. Los no fumadores se apuntaban también para la obtención de la tarjeta porque el tabaco, llegado el caso, podía utilizarse como moneda de cambio o la propia tarjeta podía ser vendida (de extranjis) a terceros. Partida de nacimiento o cédula personal (el DNI de por entonces), cartilla de racionamiento, declaración jurada de ser fumador (con lo que los perjuros eran legión), certificado de buena conducta, reconocimiento de firma, certificado (en su caso) de estar exento del servicio militar, instancias y un centón de pólizas, timbres y firmas, todo eso había que presentar. La obtención de la tarjeta de fumador conllevaba tal inacabable sucesión de trámites burocráticos y documentos que es frecuente ver en la prensa reiterados y diarios anuncios de Gestión Granada, Gran Vía 34 (la primera gestoría moderna de nuestra ciudad), ofreciendo ocuparse de los papeleos.

Tarjeta de fumador con sus cupones

En Granada, como en todas las capitales españolas (en los pueblos se sufrían bastante menos las hambres) no había de casi nada que llevarse al puchero. Con el racionamiento, después de colas interminables para el pan, para las patatas, para la carne…, colas hasta para hacer cola, colas hasta para derrumbarse sobre el pavimento por estar esmallaíco vivo, cuando por fin tocaba el turno (si es que mientras tanto no se habían acabado los víveres) se podía comprar por persona un cuarto de litro de aceite, cien gramos de arroz, cien gramos de un pan negro negrísimo y, si acaso, medio kilo de patatas jubiladas o cien gramos de lentejas u otras legumbres bien pobladas de piedras y bichos. Total, ni para empezar había con tan magra cesta de la compra. La carne era un lujo asiático, y otros productos básicos como huevos, leche o azúcar casi siempre sólo era posible adquirirlos de estraperlo en plena calle y en lugares que todo el mundo conocía, también las autoridades (que hacían la vista gorda): plaza Nueva, Bib-Rambla, la Mariana, pero a unos precios que podían multiplicar hasta por veinte los fijados como oficiales por la Comisaria General de Abastecimientos y Transportes, que era el organismo competente en estas cuestiones. Después de acabar con todos los gatos del Darro y todos los perros callejeros, y de masticar hasta los jaramagos de los tejados, el resultado era que sólo los muy pudientes no sufrían el martilleante acoso de las hambres mientras que el pueblo llano, el de alpargata y vestido de andrajos, se moría literalmente de necesidad.
Esto referido al estraperlo a pequeña escala, practicado por todo el que tuviera una gallina, un queso, un jamón, una vaca suministradora de leche, un marjalillo donde criar algo con que comerciar, y que apenas daba para ir tirando. Hasta los jugadores del Granada CF, muy lejos todavía de acercarse en sus emolumentos a las cantidades que fueron normales poco después para pagarles a los futbolistas profesionales, en bastantes ocasiones aprovecharon sus desplazamientos al norte peninsular para completar sus ingresos con la venta bajo cuerda de unos pocos litros de aceite, que en esas tierras escaseaba más aún y se pagaba muy bien, tal como le contó Pepe Millán a José Luis Entrala. Nada que ver ese estraperlo de menudeo con el que se llevaba a cabo al por mayor desde despachos, muchos de ellos de la propia Administración franquista y regidos por personajes que solían vestir camisa azul orlada de condecoraciones. Éste sí que era un negocio productivo por el que determinados jefazos y jefecillos de la cosa falangista y comerciantes sin escrúpulos amasaron capitales de fábula.

Colas hasta para hacer cola con la cesta de la compra

…Y del ocio
            A finales de abril de 1945 una nueva sala de cine y teatro aumenta la oferta cultural al inaugurarse el Albayzín Cinema, el primer cine de barrio que hubo en Granada. Se anuncia como una nueva y cómoda sala de espectáculos enclavada en la albaicinera plaza de Aliatar, con 768 localidades de aforo. Sus propietarios, unos jóvenes y animosos granadinos, no han omitido en su construcción ningún detalle ni requisito para que el nuevo local llame poderosamente la atención del público y se convierta, por derecho propio, en uno de los mejores de nuestra ciudad, comenta Ideal. La empresa que lo va a gestionar es de Madrid y tiene en explotación otras salas de espectáculos por todo el país, y promete que se exhibirá cine y también teatro siempre a precios económicos.
                El nuevo cinema, proyecto del arquitecto Francisco Robles Jiménez, se estrenó el sábado 28 de abril de 1945, en funciones de 8 de la tarde y 11 de la noche, con la revista musical de varietés “Caravana”, con la máxima estrella de la canción cómica, Luisita Esteso, y con Pepe Blanco, el aristócrata de la canción española. Dos artistas de primera línea. Luisa Esteso había sido muy popular como cupletista en la España de los años 20 y 30, y autores de la talla de Jardiel Poncela y Muñoz Seca escribieron para ella alguna vez, pero ya andaba algo de capa caída; y él, Pepe Blanco, aunque ya no era un jovenzuelo todavía no había alcanzado la gran popularidad que le llegó poco tiempo después formando pareja artística con la cantante Carmen Morell. Pasados los dos días que la compañía de la Esteso tenía contratados, se estrenó la sala como cine con la proyección al precio de una peseta de la película La Blanca Paloma, con Juanita Reina, film de tres años atrás, y es que, como buen cine de barrio que era, lo que más proyectaba eran películas de reestreno.

Plaza de Aliatar en la actualidad. Todo el frontal de la izquierda lo ocupaba el Albayzín Cinema, hoy centro municipal de Actividades Comunitarias del Albaicín

             Además del local recién estrenado ya estaban de antes en Granada otros como el Salón Nacional, el popular Regio, esquina Escudo del Carmen con Piedra Santa, que cambió su nombre con el advenimiento de la República pero siguió usando su nueva denominación hasta por lo menos los años cincuenta, cuando recuperó su antiguo nombre: Regio. En este local, del que es propietario el ex presidente rojiblanco Ricardo Martín Campos, se exhibe “Vuelo de Águilas”, una bélica de la Paramount con muchos aeroplanos y con la nueva y sugestiva estrella Veronica Lake. Como aperitivo, se pasa el Nodo número 121 A, en el que sale fugazmente el gobernador civil de Granada, Fontana, como capitoste falangista, haciendo entrega de una condecoración en un acto en la ciudad de Cuenca, que celebra el sexto aniversario de su liberación, es decir, del día en que entraron las tropas de Franco. El muy joseantoniano y muy activo José María Fontana Tarrats acaba de ser nombrado presidente de la Sociedad Sierra Nevada y también acaba de ver publicado el primero de los nueve ensayos políticos que dio a imprenta en toda su carrera; se titula Destino y Constitución de España, del que dice Patria que el mismo Fontana explica que es el fruto de seis años de trabajos y que está escrito a trozos, sobre las cajas de municiones en el frente de Teruel unas veces y como descanso de una agotadora tarea política otras. No para el camarada Fontana. Hace pocos días ha publicado uno de sus artículos en la última página del diario Patria bajo el seudónimo Juan Darro, éste titulado “Alianza del orden y la justicia”, donde dice –una vez más- que toda una generación europea nació con el designio de aliar la justicia social con el orden, frente a doctrinas que queriendo elevar la antorcha de la justicia social sólo lograban encender la tea del desorden.
En el teatro Cervantes de plaza de la Mariana pasan cine de estreno, último día, la zarzuela de Ruperto Chapí llevada al cine que se titula “La Tempestad”, y también, en los prolegómenos, el Nodo 121 B. A partir del día siguiente habrá cambio y darán la película “Antes de medianoche”, protagonizada por Jean Arthur y Joel Mc Crea, una comedia americana; debe tratarse de una obra muy menor puesto que en Wikipedia no aparece esta película dentro de la filmografía de los dos actores, quizá por eso duró en cartel sólo dos días y fue sustituida por el western “Sendas siniestras”. Por su parte, en el Coliseo Olympia de Gran Vía también empiezan la función con el Nodo 121 B y a continuación ponen un reestreno, “El hombre que vendió su alma”, un melodrama. Y el más moderno, el Aliatar, de plaza de San Antón, tras el Nodo 121 A exhibe un musical, “Ciudad del Oro”.
Con el nuevo, son ya cinco cines para una población que roza los 162.000 habitantes. Granada es todavía una ciudad muy manejera y provinciana donde además hay otros actos culturales, como el que se celebra en los salones de la Agrupación Álvarez Quintero, en la calle de la Colcha, sesión infantil en la que triunfa el niño cantor Marianito Ortega. Precisamente sainetes de los Álvarez Quintero es lo que se representa por unos actores aficionados en los salones del Liceo, en el mismo edificio que el teatro Cervantes. Para los poderosos y los pocos turistas que hay en la ciudad, el Alhambra Palace anuncia que todos los días en su sala de fiestas actúa Rodri-Mur (ex galán de Conchita Piquer) y su ritmo, y se cierra el anuncio con la frase “precios de costumbre”. Simultáneamente, en la plaza del Carmen se levanta una cruz erigida por el Ayuntamiento, que está fuera de concurso y no compite por las 500 ptas. de premio que se han previsto para la que resulte la mejor entre las pocas que van a levantarse por los barrios más típicos de cara a la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, para la que faltan pocos días. Fútbol no hay este domingo porque el Granada juega en Córdoba un amistoso al estar la liga parada ya que Portugal devuelve la visita de febrero y juega contra España en el nuevo Riazor de La Coruña (ganó España 4-2), campo del que el domingo anterior se trajeron los rojiblancos un empate a un gol que les da muchas posibilidades de eludir el descenso. Sí hay toros en la plaza del Triunfo, todavía en servicio, novillada a base de Cambil Chico, Pepe Calabuig y Luis Rivas (otro Luis Rivas, claro; éste era cordobés), los dos primeros, de Granada.

Tres aspectos de la plaza de Alonso Cano, las dos primeros fotos, de antes de la reforma de Gallego Burín, y la tercera con la estatua recién instalada
Aparte y siguiendo con la crónica ciudadana, muy cerca de la puerta de la iglesia del Sagrario acaba de instalarse el monumento a Alonso Cano obra de otro Cano, el escultor Antonio Cano Correa, discípulo que fue de Navas Parejo. Las plazas de Las Pasiegas y de Alonso Cano (junto con la calle Oficios y el Zacatín), apenas dos años antes habían sido objeto de los trabajos de adecentamiento y mejora muy al gusto de Gallego Burín, y acababan así de completar el aspecto que tienen en la actualidad. El mismo 28 de abril de 1945, se colocaba esta estatua en piedra de Sierra Elvira y mármol (en cabeza y manos) que, años después, éste que suscribe, como niño que fue de ese barrio granadino céntrico, confiesa que en más de una ocasión sometió a la efigie del ilustre artista del Barroco a vejámenes tales como colocarle un gorro de esos de cotillón que se sujetan con una gomilla o pegarle una colilla en sus labios de piedra. También el pedestal de la estatua sirvió en más de una ocasión a una turbamulta de chaveas, de aquellos largos veranos sin veraneo de mi infancia, para jugar a pilla-pilla encaramados a su primer reborde.
Una Granada que hace muy pocos días ha sido visitada oficialmente por el ministro de Obras Públicas, el camarada Alfonso Peña Boeuf, que ha venido a ver cómo van las obras de prolongación del tranvía de la Sierra y que ha sido delirantemente (sic) aclamado por el vecindario de Güéjar-Sierra, Pinos-Genil y Canales, y por el de todos los puntos del recorrido. Acompañado de toda la Granada azul hizo el viaje no en el tranvía sino en automóvil hasta el Maitena, y pudo pisar el puente ya construido que salva el río del mismo nombre, y también ver que han comenzado los trabajos de explanación y los túneles que llevarán el ferrocarril hasta el Barranco de San Juan y de ahí, en una fase posterior, hasta el Guarnón, donde están las minas de la Estrella, a 1.500 metros de altitud, proyecto este último que no pasó de eso, igual que el funicular hasta los Campos de Otero que ascendería desde el Barranco de San Juan. El regreso de toda la comitiva ya si fue en el tranvía, que tuvo que enganchar dos jardineras para que pudiera viajar todo el séquito, y al llegar a la capital hubo nuevas delirantes aclamaciones del vecindario mientras la comitiva se dirigía a las instalaciones de la Real Sociedad de Tennis (todavía se escribía así), en el Violón, donde hoy se levanta el Palacio de Congresos, para un almuerzo íntimo. Con una recepción vespertina y una cena de gala en el Ayuntamiento, rematada con una fiesta andaluza en el Carmen de los Mártires terminó la visita a Granada del ministro Peña Boeuf.
Mientras, no llueve ni por casualidad y el cielo no se da por enterado de las frecuentes procesiones de rogativas por las calles granadinas. Y las hambres y la miseria siguen siendo un insufrible castigo para la población por más que en primera página de Patria haya podido leerse hace pocos días que la economía de España acaba de recuperarse por completo y ha llegado ya a los niveles anteriores a la Guerra Civil, titulares triunfalistas que están muy lejos de ser verdad pues para que los españoles recuperen el nivel de vida de 1936 tendrán que pasar todavía muchos años y muchísimos sufrimientos y calamidades. Al menos la II GM está a punto de terminar en Europa, aunque su desenlace no va a ser el que hace apenas dos años aseguraba una entusiasta prensa progermana, que aún sigue confiando en un giro de los acontecimientos a pesar de que los soviéticos están en ese momento luchando ya en las calles del mismo Berlín.