EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Herranz, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Tomé.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



domingo, 15 de julio de 2018

MILLÁN INTERNACIONAL

Millán en Lisboa, 11 de marzo de 1945, luciendo la camiseta azul de la selección española absoluta


Millán preseleccionado
Tras el último parón liguero para que se jugaran los octavos de la copa, en la que el Granada casi dejó resuelto su pase a cuartos derrotando 3-0 a la R. Sociedad en el partido de ida en Los Cármenes, volvía la liga un domingo después, a mediados de febrero, jornada 18, que llevaba al Granada a Castellón, equipo de la mitad de la tabla. Se había especulado en la previa sobre la muy posible ganancia en La Plana para los nuestros habida cuenta de que el míster Emilio Vidal conocía bien a los locales ya que esta misma temporada la empezó entrenando a los blanquinegros, pero una nueva derrota, 2-0, fue el resultado con el que los rojiblancos se reafirmaban en el farolillo rojo, ahora ya a dos puntos del penúltimo, el Sabadell, y a tres de la única plaza de promoción que estaba esta temporada prevista. En La Plana, en noventa minutos de peloteo insulso (otra vez este término tan en boga en aquellos años para designar un partido aburrido) el Granada causó una muy pobre impresión y mereció las críticas negativas de la prensa castellonense, especialmente Millán, centro de todas las miradas ante los rumores de su debut en la selección española. Significativa resulta la crónica de Patria que firma un plumilla del diario castellonense Mediterráneo, en la que dice en titulares que el Granada «…se dejó vencer por un Castellón al que cualquier equipo principiante le hubiese marcado cuatro o cinco goles».
                Por lo menos no se vinieron del todo de vacío los rojiblancos de Castellón, sino que cada uno de los expedicionarios volvió con un par de flamantes zapatos Segarra bajo el brazo, regalo de sus anfitriones vallenses, porque el desplazamiento fue aprovechado para recaudar algún dinerillo y así al día siguiente al partido de Castellón, lunes 19 de febrero, el Granada disputó un amistoso en Vall de Uxó, cuyo equipo militaba en segunda regional e inauguraba un nuevo campo de fútbol. Tampoco aquí se impusieron los rojiblancos, que sólo pudieron empatar 2-2.
A pesar de que no ofreció un buen partido en Castellón y decepcionó a sus observadores, en la misma página en la que viene la reseña del encuentro se da a conocer que Millán acaba de ser convocado por el nuevo seleccionador, Jacinto Quincoces, para un partido de entrenamiento en el Metropolitano, a celebrar al día siguiente, miércoles 21 de febrero, y así ir preparando el amistoso frente a Portugal, de manera que el excelente defensa granadino marchó directamente a Madrid desde Castellón. En ese partido, celebrado a puerta cerrada frente al At. Aviación y que acabó con empate a dos tantos, Millán formó pareja con el aviacionista Aparicio, y ambos fueron destacados por la prensa.

 Acedo, delantero cedido por el Sevilla que consiguió esta temporada 14 goles entre liga y copa
   

 
Suplementos
En estos momentos, cuando se han jugado ya dieciocho jornadas y sólo faltan ocho para el final y el Granada es colista, la directiva da a conocer que ha ofrecido a los futbolistas una prima de 2.000 ptas. por cabeza si son capaces de acabar la liga fuera de los puestos de descenso y de promoción, pero como no hay un duro en caja, a partir del próximo partido y para los cuatro que quedan en Los Cármenes, todos los socios: de tribuna, de número, protectores, y también todos los que gozan de pases de favor, vendrán obligados a abonar un suplemento de una peseta para poder acceder al campo, boleto que podrán retirar en la        secretaría del club, Recogidas 4, o en el bar Jandilla, junto al Corral del Carbón. Además de tener que pagar el suplemento impuesto por la directiva, todos los asistentes están también obligados a desembolsar unos pocos céntimos para adquirir el emblema de Auxilio Social y llevarlo prendido y bien visible en la ropa, sin el cual no se puede acceder a espectáculos ni al cine o las cafeterías o restaurantes, como venía siendo habitual cada domingo desde hacía varios años.
                Ante otro rival directo y con arbitraje de Melcón, jornada 19, el Granada consiguió la quinta y más amplia victoria de la temporada, 5-0 al Sabadell, al que endosó el farolillo. Lo malo fue que los dos puntos no dieron para abandonar los puestos de descenso directo, al subir al 13º, pero sí que supuso un considerable alivio porque ya a esas alturas se habían desatado todos los pesimismos. La prensa deportiva local dijo que a pesar de la goleada no mejoró apreciablemente el juego de los rojiblancos. El triunfador fue el ariete Nicola, en vena de aciertos, que marcó cuatro de los cinco goles (Mas hizo el otro), una marca, la de que un futbolista del Granada consiga cuatro goles en un partido, que sólo se ha repetido en la historia del Granada tres veces más: en la 53-54, Rius (6-2 al Badajoz); en la 66-67, Miguel (6-2 al Zaragoza); y en la reciente 2010-11, Geijo (4-1 al Barcelona B). Otros granadinistas consiguieron cinco goles en un partido: Juanele Castillo, Luis Sosa, Nin y Morales; y hay dos más con hasta seis, récord absoluto en el palmarés granadinista: Pepe Carmona y César.
                
Clasificado para IV de Copa
Al siguiente domingo de la victoria sobre el Sabadell, ya metidos en marzo, hubo nuevo parón en la Liga y volvió la Copa, con devolución de visita a R. Sociedad. En el partido de vuelta de VIII el Granada fue derrotado 2-1 en Atocha, pero se clasificó para IV por el 3-0 de la ida. En San Sebastián los rojiblancos se adelantaron en el marcador a los veinte minutos con un nuevo gol de Nicola y el resto de partido quisieron que fuera de control en defensa y procurando el mínimo desgaste, pero los donostiarras a base de empuje pusieron cerco a la meta de Martí, quien en una de sus mejores actuaciones como granadinista impidió que los locales pudieran darle la vuelta a la eliminatoria.
Las crónicas de la prensa donostiarra resaltan que el Granada jugó ultradefensivo en Atocha, donde el medio centro Rey se incrustó entre Millán y González y fue un defensa más, al mismo tiempo que los interiores Trompi y Acedo se desenvolvían por la zona ancha. Es ni más ni menos que el esquema fundamental de la WM (que tanto se criticó en Granada a Platko por ponerla en práctica la temporada anterior) que pasados sólo unos pocos años todos los equipos españoles sin excepción utilizarán, el primero de todos precisamente la R. Sociedad, cuyo míster en esos momentos, Benito Díaz, ha quedado para la historia como el introductor en España de este posicionamiento futbolero. El diario easonense de la Prensa del Movimiento Unidad, en crónica que firma Erostarbe, dice que defensa y portero rojiblancos son excepcionales, pero que el caballo de batalla del Granada es la línea media, y añade a continuación «…bueno, mejor que caballo, un penco…». También coinciden los periodistas vascos en señalar que el centro de las miradas fue Millán, pero tal como ocurrió en Castellón,  quizá reservándose para la importante cita portuguesa, actuó en un tono menor mientras que su más famosa pareja, González, cuajó un sensacional partido.

Millán, centro de todas las miradas al saberse su convocatoria

Millán internacional absoluto
Al siguiente domingo de la cita copera en San Sebastián hubo nuevo parón liguero para que nuestra selección, con Millán de defensa derecho, disputara el amistoso contra Portugal a celebrar en Lisboa el domingo día 11. Se trata de un importantísimo hito histórico único en la vida de este modesto y todavía muy joven club. Es la primera  vez que un futbolista perteneciente a la plantilla del Granada CF se convierte en internacional. Para volver a ver a otro jugador rojiblanco vistiendo la camiseta nacional absoluta habrá que esperar casi treinta años, hasta 1972 y 1974, cuando respectivamente De la Cruz y Castellanos debuten como internacionales mientras pertenecen a la plantilla del Granada. Desde entonces hasta la fecha ningún otro granadinista ha vuelto a ser convocado para la selección española A. Y aún tiene más importancia la internacionalidad de Millán porque, aunque otros granadinos de nacimiento también vistieron la camiseta nacional absoluta, a día de hoy sigue siendo el único granadino que alcanzó esa muy honorífica distinción mientras pertenecía al Granada CF.
                La confirmación de la presencia de Millán con la azul (nada de roja) se conoció el mismo día que el Granada partía camino de San Sebastián para disputar el partido de vuelta de VIII de Copa. A la vuelta Millán se quedará en Madrid, desde donde todos los seleccionados viajarán a Lisboa en el Lusitania Exprés. Otro que va a debutar en el amistoso ante Portugal será el gran César.                   
                Eran otros tiempos, está claro. Tanto en lo que se refiere a la vida cotidiana, con una guerra civil de aperitivo y otra mundial de telón de fondo, como en lo que atañe al fútbol de competición a nivel de selecciones nacionales. El último partido con carácter oficial disputado por nuestra selección se había celebrado once años antes, en 1934, con ocasión del Mundial de Italia (de Mussolini), y para que se jugara el siguiente todavía tendrían que transcurrir otros cuatro años más, 1949, hasta la fase de clasificación para el Mundial de Brasil 1950. En todo ese periodo intermedio la selección española de fútbol sólo jugó unos pocos partidos amistosos, que no estaban aquellos belicosos tiempos para muchos esparcimientos, y además la mayoría de esos partidos internacionales de nuestra selección se habían disputado frente a países de “nuestra órbita”: el Portugal del Estado Novo, la Francia de Vichy, la Alemania nazi, la Italia fascista o la neutral Suiza. Amistoso era también este partido de Lisboa, así como la devolución de visita, prevista para dos meses después en La Coruña.
                En la previa del partido internacional se pudieron leer en la prensa opiniones acerca del papel que podían desempeñar los debutantes y, en ese sentido, abundaron los comentarios elogiosos hacia nuestro único representante, de quien todos aseguraban que no iba a defraudar. Dentro de esos comentarios merece destacarse lo que manifestaba alguien de la importancia de José Samitier, a la sazón entrenador del Barcelona, para quien Millán se ha merecido sobradamente su presencia en la selección, pero es un error que Quincoces se haya olvidado de González; para Samitier el dúo Millán-González es a día de hoy la mejor pareja defensiva de España, y de haber sido él el seleccionador tenía muy claro que los dos formarían en Lisboa.

Portada de Marca con las dos selecciones

Cita en Lisboa
                A las cuatro de la tarde, hora española (15,00 en Portugal), en el flamante Estadio Nacional de Portugal (o do Jamor), orgullo del Estado Novo y que acogía por primera vez un partido de fútbol, con presencia del jefe de estado portugués, general Carmona y todo su gobierno en pleno (Antonio de Oliveira Salazar incluido, dictador y primer ministro, que era en realidad el máximo mandamás del país vecino), y del general Moscardó (Delegado Nacional de Deportes) y el embajador en Lisboa, el hermanísimo Nicolás Franco, ambos representando al estado nacionalsindicalista español, empezó este partido en el que jugaron por España: Eizaguirre; Millán, Aparicio; Moleiro, Germán, Ipiña; Epi, Escolá, Zarra, César y Gainza (aparte de Millán y César, también debutaban como internacionales: Ignacio Eizaguirre, Aparicio, Moleiro, Gainza y Zarra). Jacinto Quincoces, en su primer partido al frente de la selección, se estrenó poniendo en práctica la WM, por entonces toda una novedad, aunque el míster granadinista Platko ya la había ensayado la temporada anterior las diez primeras jornadas (hasta que fue obligado a volver a lo tradicional por el presidente Becerra), al retrasar al medio centro Germán y hacerlo jugar entre los dos defensas, encargándose de la vigilancia del peligroso as portugués Peyroteo, y retrasando también a los interiores. Por utilizar esta gran novedad, la WM, Quincoces recibió muchas críticas, pero a Ricardo Zamora, columnista de difusión nacional, la táctica de nuestra selección le pareció maravillosa. Por Portugal jugaron: Azevedo; Cardoso, Marques; Barroso, Ferreira, Serafín; Espirito Santo, Cuaresma, Peyroteo, Cabrita y Rafael. Sesenta mil almas (y cuerpos) abarrotaban las gradas del moderno estadio al principio del choque, pero se calcula que cuando se llegó al final eran más de ochenta mil los espectadores ya que la gran muchedumbre que se encontraba en las inmediaciones fue entrando paulatinamente y se fue acomodando en la pista de ceniza que rodeaba el rectángulo.
                A los pocos minutos de iniciarse el choque, Pepe Millán, tratando de frenar al extremo Rafael resultó lesionado en su rodilla izquierda. El juego quedó detenido varios minutos para atender al granadinista, que cojeando se reincorporó. Así transcurrió el partido, con Millán mermado pero sin retirarse del terreno, hasta que mediada la segunda parte volvió a sufrir un golpe en su rodilla que acabó de dejarlo fuera de combate, pero sin que el bravo defensa abandonara el césped en ningún momento. Total, una lesión grave de la que tardó más de seis meses en recuperarse. Quienes más lo sintieron fueron los hinchas granadinistas porque a partir de este domingo ya no volverá a jugar Millán hasta la temporada siguiente. Pero eso será ya en Segunda División

El once azul en Lisboa poco antes de dar comienzo el partido. De pie: Eizaguirre, Aparicio, Zarra, Millán, Ipiña, Martorell (portero suplente) y Germán; agachados: Epi, Escolá, César, Gainza y Moleiro

                El propio Millán le contó a José Luis Entrala, en entrevista para la serie Hicieron historia en el deporte, publicada por Ideal en 1985, cómo ocurrió su lesión cuarenta años atrás: «Yo marcaba a Rafael, extremo izquierdo de Portugal, porque Quincoces, que era el seleccionador, puso tres defensas en aquel partido. Se internó Rafael y yo iba corriendo con él, hasta que ¡pum!, me tiré al suelo para darle a la pelota y echarla a falta. Rafael cayó encima de mí ¡pam!... y me partió el tendón lateral de la rodilla. Como entonces no se podía cambiar me pusieron novocaína ¡pum! ¡pum!, y seguí jugando. Por eso me dieron la medalla al Mérito Deportivo». Era un amistoso pero se había pactado que no se harían cambios, como en los partidos oficiales. La larguísima recuperación de la lesión y el descenso de categoría hicieron que ya nunca más algún seleccionador se acordara del gran Pepe Millán y esa fue su única presencia internacional en toda su carrera.            
         César, el mejor de los seleccionados, abrió el marcador para España en la primera parte y Epi hizo el 0-2 a poco de iniciarse la segunda mitad, pero los portugueses, que pusieron tanto ardor como si estuviera en juego el honor nacional (era la 15ª vez que las selecciones de España y Portugal se enfrentaban y de las catorce anteriores Portugal sólo había conseguido empatar en tres ocasiones, saliendo derrotada todas las demás), apretaron de lo lindo y faltando veinte minutos acortaron distancias para poco después establecer el empate a dos que sería definitivo, ambos goles portugueses del ariete Peyroteo. En el primero de los tantos lusos tuvo gran importancia la “invalidez” de Millán, que no pudo ni siquiera estorbar al delantero portugués, que remató a placer.
                Las crónicas coinciden en que si no hubiera sido por la lesión de Millán España hubiera derrotado una vez más a Portugal. Todas destacan el enorme pundonor del defensa para aguantar los noventa minutos a pesar de su grave lesión. José María Úbeda, de Pueblo dice: «Un jugador que hizo honor a su condición de español: Millán. Con un desgarro dolorosísimo a los cinco minutos de juego, soportó todo el partido y hubo plazos en que parecía estar fresco como una rosa de los cármenes granadinos.»
                Al finalizar el partido los veintidós contendientes subieron a la tribuna presidencial donde el general Carmona, presidente de Portugal, entregó una copa a Ipiña, como capitán de nuestra selección, y otra al equipo local. Millán tuvo que subir en brazos del seleccionador Quincoces ya que no podía por sus propios medios.

Millán en cromo de la época
                El miércoles siguiente al partido regresó en triunfo a Granada Millán en coche cama que le permitiera viajar recostado, trayendo en su equipaje varias botellas de vino de Oporto, un frasco de buen café portugués y otros recuerdos, más la camiseta azul que vistió en su debut internacional y dos mil pesetas en su cartera, mil de prima y otras tantas de dietas. Numerosos homenajes al gran Pepe Millán se celebraron. El gremio de pescaderos organizó un almuerzo en el Alhambra Palace al que podía sumarse todo aquel que quisiera previo pago de 40 ptas. y al que acudió el presidente honorario Ricardo Martín Campos. La peña Los Monteros en un acto íntimo le entregó unos gemelos y una medalla de la Virgen de las Angustias grabada con la fecha del partido de Lisboa. Un mes después, en los prolegómenos del partido Granada-Español, el presidente Pérez de Haro y el redactor de Patria Saucedo Aranda entregaron a Millán un reloj de oro adquirido por suscripción popular más una pitillera y un billetero obsequio del bar Los Cármenes.

                Al principio se creía que la lesión (esguince de rodilla, informaba la prensa) sufrida por Millán sólo le tendría apartado quince o veinte días de los terrenos, pero, para desgracia de Millán y del equipo rojiblanco, ya no pudo volver a ser utilizado hasta la temporada siguiente y sin su importantísimo concurso nos quedamos cuando más falta hacía. Fue la más seria e inoportuna lesión de su larga carrera futbolística.
                Mientras la selección empataba en Lisboa, en Los Cármenes se organizó un partido de entrenamiento con taquilla entre dos equipos del Granada, dando también entrada a varios futbolistas de los modestos locales con objeto de probarlos. Estaba previsto que actuara Manolo Almagro, que entonces despuntaba en el Alhambra, equipo al que se podía considerar filial del rojiblanco, pero finalmente no intervino en este informal partido al que acudió bastante público que pudo seguir por los altavoces instalados a propósito cómo iba desarrollándose el partido que simultáneamente jugaba España en Lisboa. Quien sí jugó en este partido después de más de dos años de ausencia de toda actividad deportiva fue Cepillo, aquel medio granadino que apuntaba grandes cualidades hasta que una gravísima lesión de rodilla ocurrida en 1940 cortó su trayectoria.

 Millán se lesionó en su partido internacional y ya no pudo jugar hasta la temporada siguiente

Derrota en Murcia y otra vez linterna
Vuelve la liga a continuación tras dos semanas sin disputarse y el Granada tiene que viajar a Murcia, partido para el que ha solicitado jueces de línea neutrales. Sólo dos días antes del importante partido ante este rival directo nos enteramos de que, a pesar del relevo en la dirección técnica del equipo, el vestuario rojiblanco está lejos de ser un balsa de aceite: hay varias camarillas enfrentadas y dos jugadores (no se citan nombres) han fingido lesiones para no viajar a Murcia.
                En tierras pimentoneras el Granada recuperó el nada honroso puesto de farolillo rojo al sumar una nueva derrota 2-0. El defensa Llano, que vino cedido del Sevilla a principio de temporada y sólo se había alineado en algún amistoso, debutó cubriendo la muy sentida ausencia de Millán y a pesar de que las crónicas lo destacan junto al meta Martí como los mejores granadinistas en La Condomina, ya no volvió más a vestir de rojiblanco.    
                No era costumbre por entonces que los plumillas deportivos locales acompañaran al equipo en sus desplazamientos, mucho más costosos e incómodos que en la actualidad, pero tenemos lo que dice la prensa murciana, la cual es unánime en resaltar el pésimo partido de los rojiblancos y lo justo y corto del resultado para lo exhibido por los nuestros. La revista Murcia Deportiva en crónica que firma Anyl se acuerda del partido de ida en Los Cármenes, donde dice que los rojiblancos dieron mucha leña y que la afición apedreó el autobús murciano y la prensa trató muy mal a los pimentoneros; y también dice que el Granada es malísimo y que de no ser por el árbitro Azón, quien ignoró ¡cinco! penaltis del Granada y además anuló mal un gol del Murcia y no vio otro en que el balón sobrepasó la línea, el partido habría terminado 8-0, que hubiera sido lo justo. Y termina la forofística crónica con el siguiente “Comentario del director de este semanario”: «…y ello nos permite en el día de hoy asegurar que, según nuestra opinión, el equipo de Granada y la afición al fútbol en dicha capital es de reciente creación y sin historial alguno, es lógico que su potencialidad sea relativa, y si el factor suerte le acompañó para su elevación a Primera División, hoy su capacidad se demuestra a lo largo de la competición al avanzar a pasos agigantados hacia la cola de la misma, en la que descenderá a la Segunda División, sitio que verdaderamente le pertenece y de donde no debió salir».

Recorte de Marca con la derrota en La Condomina

Un punto que sirve para abandonar la cola
            Una nueva oportunidad de abandonar el farolillo rojo se presentaba a la jornada siguiente con la visita de otro rival de nuestra liga, un debutante en la categoría, el Gijón, tres puntos por encima en la tabla. Como algo revolucionario se anunció en la prensa la alineación del Granada prevista para este partido, con la vuelta de Melito a la media y la inclusión en el extremo derecho de Marín, y sobre todo con la bajada del medio centro Rey a la defensa para ocupar la plaza dejada libre por Millán al lesionarse. A partir de este partido siempre se alineará Rey de 2 hasta terminar la temporada.
                Una oportunidad que también se dejó pasar ya que, con arbitraje de Escartín, un nuevo resultado negativo fue lo cosechado, un único punto de un empate sin goles en Los Cármenes en otro pésimo partido jugado bajo una descomunal granizada en sus primeros minutos y un diluvio después, en el que, según Saucedo, de Patria, en el Granada jugaron sólo cinco (Martí, Rey, González, Sosa y Melito, los cinco primeros de su formación) de los once que se alinearon, el resto (Sierra, Marín, Acedo, Nicola, Safont y Mas) vistió la camiseta roja de la segunda equipación, pero sólo eso, porque fueron auténticas nulidades. Al menos el puntillo sirvió para abandonar el último puesto de la tabla y subir al 12º, aunque empatados en el farolillo rojo con Coruña y Sabadell.
                Ideal, por primera vez desde que se puso en circulación en 1932, no incluye en su edición del martes una crónica detallada del partido del Granada y se limita a insertar un breve comentario bajo el título «El Granada en la pendiente», apenas unas pocas líneas que no recogen las alineaciones de los equipos ni incluyen un enjuiciamiento acerca de la labor del referí de turno, limitándose a decir que nuestros delanteros no hicieron nada por ganar el partido. La parquedad futbolera de este diario granadino obedecía a una razón de espacio. Y es que en aquellos años de todo tipo de escaseces, en esos momentos lo que faltaba más que de costumbre era el papel y los dos diarios locales aparecieron varios días de esta semana constando solamente de dos páginas, es decir, un único pliego de papel prensa, frente a las cuatro páginas en dos pliegos que venía siendo lo habitual.

Melito recuperó la titularidad tras varias semanas en el ostracismo

Fontana vs Gallego

                En la Granada de mediados de los cuarenta coincidieron como máximas autoridades provinciales dos personajes de mucha talla política, el gobernador civil, José María Fontana Tarrats, y el alcalde, Antonio Gallego Burín. Los dos son considerados grandes intelectuales que dejaron un considerable legado literario y una durable huella de su paso por las instituciones granadinas, y ambos vistieron camisa azul, pero prácticamente ahí se acaban las concomitancias. Un reciente trabajo titulado “Fontana Tarrats: un economista falangista en el Gobierno Civil de Granada (1943-1947)”, que firma Manuel Martín Rodríguez, pone de manifiesto que ambas figuras nunca fueron amigos y que chocaron en más de una ocasión durante los tres años y medio en que el primero habitó el palacete de los Muller en la Gran Vía. Y es que, en lo político, estaban en las antípodas el uno del otro.
Fontana ya era fascista antes del nacimiento de FE, cuando, muy joven, abrazó el jonsismo allá en su Reus natal, en los primeros años de la República. Con veintipocos, en plena Guerra Civil, abril de 1937, intervino junto a los hedillistas (anticapitalistas) frente a los legitimistas (ultra conservadores) en los llamados Sucesos de Salamanca, en aquella mini guerra civil dentro de la de verdad, con sus víctimas mortales y todo, entre dos facciones en lucha por el liderazgo vacante de FE de las JONS, y que zanjó drásticamente Franco con el Decreto de Unificación que vino a dejar claro que a partir de entonces el único ismo que se permitía en España era el suyo, el Franquismo. Fue precisamente ese decretazo de Franco el causante  de que Antonio Gallego empezara a dejarse ver vistiendo el proletario azul mahón, ¡él!, todo un señor que como regeneracionista que era siempre creyó en la revolución desde arriba y que nunca renunció al uso del cuello duro, para entonces ya demodé, pero que caracterizaba al burgués, al señorito.

Caricatura aparecida en ABC. En la parte superior están representados el arzobispo Parrado, el gobernador Fontana, el alcalde Gallego y el capitán general Lafuente

Fontana combatió en la guerra en el frente, y fue herido. Gallego, diecisiete años mayor, nunca abandonó la retaguardia aunque también prestó ayuda a la causa franquista militando en ”Defensa Armada de Granada” en la ciudad sitiada de los primeros meses de contienda, una organización paramilitar de voluntarios en la que se encuadraban personas que por su edad o profesión no podían guerrear y cuya misión era la vigilancia de los distintos barrios y la delación de personas sospechosas de colaboración con el enemigo. El Decreto de Unificación de 19 de abril de 1937 integró esta organización en el partido único nacido en ese momento, FET y de las JONS. Gallego cambió así el brazalete verde de la milicia ciudadana por la camisa azul, y consta que nunca se sintió cómodo dentro de ella.

                Fontana era un joseantoniano convencido y luchaba por que, dentro del Movimiento,  la parte de la doctrina del fascismo español que se refiere a la justicia social (con orden, eso sí) debía de primar sobre cualquier otra y, en ese sentido, no paró de promover -y conseguir- importantes mejoras sociales y económicas para la provincia en los tres años y medio en que ocupó el cargo. Gallego por el contrario, muy de derechas, monárquico y muy católico, tenía una concepción elitista de la política y una aversión enorme al sindicalismo y a la «atroz y salvaje barbarie de nuestro obrerismo», que traería sin duda, si no se le refrenaba desde arriba, la anarquía y el bolcheviquismo (sic). Fontana quería que el Ayuntamiento estuviera al servicio del partido único y que la universidad se sumara a la causa nacionalsindicalista, pero ni Gallego Burín ni Marín Ocete estaban por la labor. Tanto al alcalde como al rector magnífico la camisa azul les había llegado de rebote, cuando Franco decidió unificar bajo su mando todas las fuerzas políticas que luchaban contra la República, y ninguno de ellos estaba muy imbuido –que digamos- del espíritu revolucionario que rezumaba Fontana en todos sus actos y en todos sus escritos. Por eso, a raíz del primer discurso del catalán a poco de llegar a esta tierra, dirigido a la milicia universitaria, y de su primer artículo en la revista Norma (del SEU), comenzaron las disputas más o menos larvadas con estas dos figuras, sobre todo con Gallego. Las desavenencias del gobernador con el alcalde no aflojaron nunca, y éste veía con preocupación cómo Fontana le robaba el protagonismo político de la ciudad desde la ortodoxia falangista y con grandes realizaciones económicas, dice Manuel Martín Rodríguez en el trabajo citado más arriba. El propio Fontana decía, siguiendo al mismo autor, que su enemistad con Gallego tenía una clara raíz: «No soy un gobernador civil a quien se maneja,  y vendría provocada (la enemistad de ambos) por una actuación gubernativa que por sus frutos daña intensamente el prestigio de su cacicato personal».


                  El camarada Gallego Burín con todo el aparataje nacionalsindicalista


                Fontana Tarrats en sus años granadinos, como ya había hecho en su Tarragona natal, desde cuyo gobierno civil pasó al de Granada, publicó varios artículos en la prensa local (bajo el seudónimo de Juan Darro) poniendo el acento en la necesaria justicia social con orden, como primer objetivo nacionalsindicalista, y a la vez elevó continuamente a sus superiores informes sobre la necesidad de acometer reformas en la sociedad y economía provinciales, siendo crítico con el Movimiento e incomodando cada vez más a las altas jerarquías del partido único. Pero para entonces ya se veía que Alemania iba a ser derrotada sin remisión y eran tiempos en que el Régimen (o sea, Franco) tenía claro que había que ir desfalangelizando el régimen y apartando de la política de primera fila a los muy concienciados de nacionalsindicalismo por lo que pudiera venir cuando los aliados terminaran de aniquilar el fascismo europeo, no fuera a ser que quisieran también hacer lo propio en estos predios.

                Al final, la pequeña guerra alcalde-gobernador la ganó el primero, pero esto ocurrió ya a mediados de 1947, cuando Fontana fue relegado a un cargo burocrático. Gallego Burín continuó como alcalde hasta julio de 1951.

                Merece destacarse lo que Martín Rodríguez recoge a pie de página y que vendría a ser la biografía política de Gallego Burín descrita por el propio Fontana como pliego de descargo poco antes de ser despachado a una sinecura desde la que no importunara demasiado: «Debutante antes de la Dictadura como candidato a concejal regionalista; amigo de Fernando de los Ríos y típico representante de las juventudes de El Sol durante la Dictadura; próximo a Cambó y Ventosa durante el gobierno Berenguer para fundar el Partido Centrista Regionalista; líder y creador del Estatuto Andaluz durante la República y, en la etapa azañista, muy próximo al Partido Radical, del que intentó ser jefe en Granada pidiendo la intervención de Natalio Rivas cerca de Lerroux, sin conseguirlo; detenido por el gobernador Valdés después del triunfo del Movimiento y salvado en última instancia del fusilamiento gracias a la intervención de un policía amigo, Romero Funes, asesinado por la guerrilla; delegado de Prensa y Propaganda, alcalde de Granada y gobernador civil de la provincia después de la guerra civil, aprovechando la ingenuidad de los falangistas y de Narciso Perales, delegado extraordinario de Falange en Granada; y, cuando el Eje comenzaba a perder la guerra, de nuevo próximo a Ventosa y firmante del manifiesto de los procuradores en favor de la restauración monárquica. Por otra parte, su labor como alcalde de Granada durante siete años ha sido catastrófica, contrayendo empréstitos fabulosos, elevando las exacciones municipales desorbitadamente e invirtiéndolas en lujos y decoraciones urbanas del centro de la ciudad, con escuelas inmundas abandonadas, sin preocupación sanitaria o social, con legiones de mendigos que pululaban huérfanos de asistencia, sin apenas limpieza pública, sin servicio de incendios, sin casas de socorro, con unos mercados infectos, sin servicio de aguas potables, con unos suburbios huérfanos de toda asistencia municipal y sin una sola vivienda construida hasta que, por presión suya, había iniciado un grupo de 75 habitaciones».

  En la puerta del Ayuntamiento en un homenaje al arzobispo Parrado. A la izquierda, con chaqueta blanca, el gobernador Fontana. En primer término, también con chaqueta blanca, la oronda figura de ex presidente del Granada CF Ricardo Martín Campos

domingo, 1 de julio de 2018

UN PUNTO EN LA NIEVE

 Martes 16 de enero de 1945, el Granada que sobre la nieve se trajo un punto del Metropolitano. Forman: Sosa, Martí, Millán, Mas, Nicola, Rey, Acedo; con Safont, García, González y Sierra


Millán improvisado entrenador
En temporadas anteriores la competición de Copa del Generalísimo la habían venido jugando los equipos de Primera cuando ya se había disputado todo el calendario de liga, normalmente en el mes de abril, pero esta temporada tuvo nuevo formato y se decidió por las autoridades federativas que entraran en danza los clubes de máxima categoría al terminar la primera vuelta, parando la liga cada domingo que hubiera copa. Así, a fínales de diciembre de 1944 y en la primera eliminatoria para nuestro Granada, XVI de final, tocó medirse al Hércules, en ese momento líder destacado del grupo único de Segunda (ascendió automáticamente al acabar la liga 2º, por detrás del Alcoyano) y la suerte determinó que la ida se disputara en Los Cármenes.
                Tras la marcha de Platko, una semana antes, el nuevo míster ya fichado era Emilio Vidal, quien había llegado a Granada el día anterior al partido y había firmado contrato hasta final de temporada, pero la dirección del encuentro de Copa hay que anotársela por entero a Millán, que había sido nombrado entrenador de forma provisional desde el permiso-dimisión de Platko. Millán se encargó durante la semana de la preparación del equipo y también dispuso el once para enfrentarse al Hércules, dirigiendo al equipo desde el banquillo, sustituido en el terreno de juego por Martín Pica, que debutaba en Los Cármenes.
El 31 de diciembre de 1944, a las 15,45, echó a rodar el balón en este choque copero que terminó con la victoria del Granada 4-2. Partido malísimo al que acudió muy poco público, que además no dejó de chiflar y hacer palmas de tango, según la crónica de la revista Murcia Deportiva. Hay que aclarar que las palmas de tango, en la actualidad olvidadas pero por entonces y hasta muchos años después algo bastante usual en los campos de fútbol, era una forma, no de animar sino de todo lo contrario, de protestar por la pobre exhibición ofrecida desde el terreno de juego por los de calzón corto; consistía en dar palmas acompasadas, como en el tango flamenco, en tandas de cuatro toques (silencio-dos-tres-cuatro es el esquema; en la práctica se queda en tres palmadas). El fútbol en España como espectáculo público, sobre todo el de sus primeras épocas, debe bastantes de sus liturgias y protocolos a otro espectáculo, el de los toros, desde donde se importaron no pocos ritos; las ya desusadas palmas de tango como signo de protesta es uno más de ellos.
 Saucedo en Patria dice que el Granada, lento, lentísimo por culpa de sus medios, jugó con una gran desgana. Sólo salva a González, Nicola y Acedo, y carga las tintas contra el medio centro Melito; «Un Granada sin coraje, sin sangre, sin alma, sin entusiasmo y sin ganas de jugar». Fernández de Burgos en Ideal coincide, y además añade que se ganó sólo por la clase individual de algunos granadinistas, nunca por el juego de equipo.
La anécdota estuvo en que el Hércules vistió las camisetas rojas y pantalones azules de la segunda equipación del Granada, y las botas tuvo que prestárselas el Patria, un club modesto de los varios que por aquellos años existían en Granada, porque llegó con lo puesto ya que su equipaje se había extraviado por un error de facturación.

Sosa, Melito y Sierra, la media del Granada frente al Hércules, aunque la foto pertenece al partido en Los Cármenes frente al At. Aviación

Con Vidal abandonamos el farolillo
Emilio Vidal, que en entrevista para Patria dijo que había encontrado al equipo lento y falto de forma, se hizo cargo de la preparación del equipo al día siguiente de la victoria copera sobre el Hércules, ya metidos en enero de 1945. Su debut fue en el primer partido de la segunda vuelta, en Los Cármenes frente al Sevilla, estreno afortunado porque el Granada venció 3-1, lo que le permitió saltar hasta el 12º, fuera de los puestos de descenso directo. El nuevo técnico dio la titularidad a García en detrimento de Marín y puso en el medio centro a Rey por Melito, y mantuvo en la suplencia a Trompi quien tras una temporada sensacional, la anterior, en ésta bajó bastante su rendimiento y por primera vez desde su llegada a Granada no fue indiscutible. Con esos cambios, que mantendrá durante los siguientes partidos, pareció dar un aire muy distinto a los rojiblancos, a los que ya no se volvió a acusar de falta de coraje y entusiasmo.

Empate sobre la nieve
La madrugada del domingo 14 de enero de 1945 cayó sobre Granada una considerable nevada y volvió la colina de la Alhambra a albergar a numerosos esquiadores. Pero no sólo nevó en Granada, donde ese día no subió el termómetro por encima de dos grados, una ola de frío polar recorría toda España e incomunicaba numerosas poblaciones. El Granada tenía que jugar en Madrid y la expedición rojiblanca encabezada por el presidente Pérez de Haro y el secretario técnico, Paco Cristiá, y acompañada por «el inteligente aficionado y buen directivo Luis Rivas» (dice textualmente la nota de Patria), había viajado con antelación y se encontraba en la capital, donde por la tarde tenía que jugar en el Metropolitano frente al At. Aviación. En Madrid el temporal había dejado una cuarta de nieve sobre el césped del Metropolitano, así que el encuentro quedó suspendido. Lo establecido era que el partido se jugara cuarenta y ocho horas después, pero el martes había vuelto a nevar y seguía el césped del Metropolitano completamente cubierto. Se planteó retrasarlo en otras cuarenta y ocho horas, aunque los anfitriones pretendían su aplazamiento sine die, a la espera de una fecha libre en el calendario.   

Portada de Marca de 15 de enero de 1945

 Pero no hubo más aplazamientos y el martes 16 de enero se disputó este partido ante escaso público -por la temperatura bajo cero reinante (-12 º, se comentó)- y sobre un manto blanco y helado de dos o tres centímetros que hacía difícil mantener la verticalidad y que constantemente frenaba el rodar del balón o convertía en demasiado largos los balones al hueco, ya que no se pudo quitar por completo la nieve, sólo reducir su espesor para que al menos el balón pudiera rodar. Es un hito histórico puesto que ni antes ni después ha jugado el Granada un partido oficial en estas condiciones.
La contienda no fue nada buena para el espectador, pero el Granada, nuevamente derrochando entusiasmo y con algo de suerte y manga ancha arbitral por su excesiva dureza (recalca la prensa madrileña), se trajo un punto de oro con el que no se contaba, al empatar a un gol. Y aún pudo ser el botín de dos puntos ya que los rojiblancos (el Granada) se adelantaron con un gol de Nicola en la primera parte que sólo pudo ser neutralizado en la segunda mitad por un penalti por mano muy discutible que en primera instancia falló el Aviación pero que el árbitro Fombona mandó repetir.

Un lance del partido sobre el Metropolitano helado

Triunfo en copa y fracaso en liga
Desde el hielo de Madrid marchó la expedición granadinista directamente a Alicante, donde brillaba el sol en todo lo alto y hacía buena temperatura, para disputar el partido de vuelta de XVI de Copa en el campo del Hércules. A pesar del gran esfuerzo realizado y de lo peligroso de la superficie sobre la que se jugó en el Metropolitano, no hubo ninguna baja por lesión y, en Bardín, con el mismo once que en Madrid, el Granada no tuvo demasiados problemas para clasificarse para VIII al vencer 0-1 con un gol tempranero de Nicola que convirtió la mayor parte del encuentro en un peloteo insulso (en un término muy de la época) que sólo se animó cuando Escartín señaló un penalti en contra del Granada que los herculanos desperdiciaron.
Van tres partidos desde que se produjo el relevo en el banquillo granadinista, saldados con dos victorias y un empate en campo del At. Aviación, así que vuelve el optimismo  y pueden leerse en la prensa comentarios de elogio hacia la imagen muy mejorada del equipo.
Pero en fútbol -bien claro está- del optimismo a verlo todo negro se tarda muy poco. Normalmente una semana, que es el tiempo que transcurre entre uno y otro partido. Eso mismo fue lo que pasó entre los periodistas y los aficionados granadinistas. Y es que el siguiente rival era el Barcelona, que acabaría ganando la liga aunque en esos momentos marchaba tercero en la clasificación, en estrecha lucha con Madrid y Bilbao, que en Los Cármenes acabó con la buena racha al vencer 1-2 (un gol de César) y mandó nuevamente al Granada a ocupar el farolillo rojo compartido con el Coruña, en la jornada 16 o tercera de la segunda vuelta, a falta de sólo diez partidos para terminar la liga. La derrota ante el Barcelona entra dentro de lo razonable y Vidal asegura a la prensa que el Granada no descenderá e incluso se salvará de tener que disputar la promoción.

Triunfo copero versión Miranda

 
Millán y González suenan como seleccionables
Ahora tocaba viajar a Oviedo, en esta liga muy bien clasificado, el quinto, y como siempre que había que desplazarse al norte el equipo salió de Granada el jueves anterior al partido, única forma de atravesar de una a otra punta la Península en los destartalados y asmáticos trenes de la época y llegar con tiempo para descansar antes de jugar. La gran novedad era la vuelta de Trompi, que sólo había jugado un partido de los últimos siete disputados.
                A pesar de la buena clasificación del Oviedo, el Granada plantó cara en Buenavista y en un buen partido defensivo consiguió empatar a un gol e incluso pudo haberse traído una victoria de no ser por el árbitro Iturralde, contra el que carga con dureza el granadino-asturiano Antonio Crovetto, de La Nueva España para Ideal, del que dice que ignoró un claro penalti por mano en el área local y expulsó a Nicola muy rigurosamente, sólo por protestar (le cayeron dos partidos). Lo malo fue que el punto no sirvió para abandonar la cola de la clasificación. Y lo positivo fue que la pareja Millán-González, que volvió a cuajar una gran actuación, empezó a sonar con fuerza en la prensa de difusión nacional como posibles internacionales de cara al partido amistoso frente a Portugal que se había de celebrar en marzo. Ya el ex seleccionador Eduardo Teus en su crónica del At. Aviación-Granada escribió días antes que, a su juicio, a la pareja defensiva del Granada aún no se le ha hecho justicia convocándolos para jugar con la azul (nada de roja), como venían mereciendo desde tiempo atrás.


 Millán y González seleccionables


Vuelve la copa


A continuación, ya a mediados de febrero, vino un nuevo parón en el campeonato de liga para que se jugara la ida de los octavos de Copa. Al Granada le tocaba recibir a la Real Sociedad, por entonces clasificado el segundo de Segunda División (quedó cuarto y no ascendió). Y si el Granada no tuvo demasiados problemas en su primera ronda copera frente al líder destacado de segunda, el Hércules, tampoco los tuvo frente al vicelíder R. Sociedad, al que derrotó 3-0.
Gran parte de los triunfos de la temporada anterior hay que agradecerlos a la que algún periodista de Pueblo llamó “ala jamón”, es decir, el ala derecha rojiblanca que formaban Marín y Trompi, todo el año en gran forma. Pero esta temporada apenas se les había podido ver jugar juntos en los primeros partidos por culpa de las lesiones pero también porque aquel estado de gracia del año anterior parecía haberles abandonado. Para esta cita copera el solo anuncio de que volvían al once titular después de más de dos meses de ausencia concitó la expectación de la parroquia granadinista, que acudió a Los Cármenes en buen número porque la pareja, después del dúo Millán-González, seguía ocupando un lugar destacado en sus preferencias. Pero, según las crónicas, actuaron en un tono bastante gris y dejaron patente que estaban todavía muy lejos de ser los de la temporada anterior a pesar de que Trompi marcó uno de los tres goles.

El Granada que derrotó 3-0 a la Real Sociedad en Copa: Marín, Acedo, Safont, Mas, Millán, Martí, Rey; Trompi, González, Sosa y Sierra
Cerco a la guerrilla
El día siguiente al que el Granada debía haber jugado en el Metropolitano si no lo hubiera impedido la nieve, es decir, el lunes 15 de enero de 1945, ocurrió en Granada otro de esos sucesos que centran los temas de conversación y hacen pasar a un segundo plano todos los demás, incluido el propio fútbol. En la primera página de Patria en su primera edición del martes 16 de enero de 1945 se publica una foto en la que se ve a varios componentes de la plantilla, bien abrigados todos con gabanes y bufandas, la tarde del domingo que debía haber jugado en el Metropolitano en apretado grupo posando para la cámara animadamente en la madrileña calle de Alcalá, toda cubierta de nieve.            
                Justo al lado de la foto madrileña y en grandes caracteres se lee: «Una banda de forajidos exterminada en lucha contra la fuerza pública». En la casa número 28 de la Cuesta de San Antonio, o Camino Viejo del Fargue, se había refugiado una banda de facinerosos, se puede leer en los diarios, que fueron sitiados por fuerzas de Guardia Civil, Policía y Ejército, con el capitán general de la IX Región Militar y su estado mayor, y el coronel jefe de la fábrica de pólvoras del Fargue al frente del operativo. Al negarse los sitiados a entregarse y contestar con fuego, después de varias horas de tiroteo la fuerza pública decidió volar con dinamita la vivienda tras desalojar todas las colindantes, y de esta forma tan drástica acabó todo.

La foto más conocida de los Quero en la que están tres de ellos: Paco, Pepe y Antonio (falta Pedro) y fingiéndose muerto en el suelo el Matías, hacia 1943
De entre los escombros se extrajeron seis cadáveres, todos de adultos, pero de los seis sólo dos pertenecían a huidos al monte: Antonio Velázquez Murillo (Antonio el de Güéjar) y Baldomero Muñoz (a) “Checa”, se dijo en una primera nota en prensa. Junto a ellos: Leonardo González Fernández, aguador ambulante y dueño de la casa, en la que residía (de quien dice Patria que era sujeto de malos antecedentes y autor de algún delito contra la propiedad); su hijo, Leonardo González Rodríguez (también de pésimos antecedentes, sigue diciendo la nota, y, como su padre, evadido a la zona roja durante la guerra); su hija, Francisca González Rodríguez; y otra mujer cuya filiación se ignoraba. Según la noticia, todos los cadáveres excepto el del dueño de la casa presentaban heridas por arma de fuego en las regiones parietal o frontal, de lo que se deduce que prefirieron el suicidio a entregarse. Al día siguiente la prensa informaba que uno de los fallecidos no era el “Checa” sino otro Baldomero, éste De la Torre Torres de apellidos y “el Mecánico” de alias, y que la mujer no identificada era Francisca López Fernández, que vivía amancebada (dice la nota) con uno de los que en la casa estaban.
                Por una confidencia, la Guardia Civil creía tener cercados a los Quero en persona, desde hacía ya por lo menos cuatro años los enemigos públicos numero uno y un enorme dolor de cabeza para las autoridades. Según las varias obras que sobre los maquis granadinos se han publicado, al parecer, los dueños de la casa eran amigos de los Quero y la hija era amante de uno de ellos, Antonio, de ahí el dispositivo y la brutalidad con la que se resolvió, creyendo acabar con los que quitaban el sueño a los gerifaltes nacionalsindicalistas  granadinos. De los que resultaron muertos, dos, Antonio el de Güéjar (quien, según la noticia de Patria, intervino en la muerte del policía, camarada Julio Romero Funes) y el Mecánico, pertenecían o habían pertenecido a la banda de los Quero, pero los famosos hermanos nunca habían estado en ese lugar. De los cuatro hermanos ya sólo quedaban tres pues apenas un mes antes de este suceso, Pepe Quero, el considerado cerebro de la banda, había muerto en un intento de atraco a un comercio de la calle Carril del Picón, pero la partida de los Quero siguió varios años más suponiendo una seria preocupación para el Régimen. 


                                                    El Chato Borrego de Dólar, otro de la partida de los Quero


Gallego Burín
El intelectual, catedrático e historiador del arte, Antonio Gallego Burín, rinconcillista fundador que lo fue en su juventud junto a los hermanos García Lorca, Manuel Ángeles Ortiz, Constantino Ruiz Carnero, Hermenegildo Lanz, Fernández Montesinos y otros “malditos”, y que tuvo sus escarceos mauristas regeneracionistas para después, de la mano de Cambó, abrazar el regionalismo ya en la madurez (suma de veleidades que casi le cuestan el paredón de Valdés en agosto de 1936; por menos de eso se fusilaba en Granada en aquellos días), fue a encontrar finalmente su ser en el nacionalsindicalismo del partido único, aunque sin abandonar jamás el uso del cuello duro, que a don Antonio el discurso obrerista de la Falange nunca lo convenció por más que, como tantos otros, luciera coyunturalmente camisa azul.
Varios de sus amigos de juventud pagaron con el exilio, la libertad, incluso la vida, sus pecados, pero Gallego, lejos de ser represaliado, entre 1938, en plena guerra, y 1951 fue el eterno alcalde a dedo de la Granada del primer franquismo, pero pocos como él, en dictadura o en democracia, dejaron tan profunda huella de su paso por la plaza del Carmen. El pleno municipal de 30 de enero de 1944 acordó concederle la medalla de oro de la ciudad de Granada. Para Ideal es uno de los Cien Granadinos del siglo XX, concretamente el segundo de la lista, tras Federico García Lorca.

Cuatro fotos que recogen distintos enclaves del desaparecido barrio de La Manigua

Su mandato municipal, que llena todos los cuarenta granadinos, a excepción de un año intermedio en el que se desempeñó -sin vocación- como gobernador civil de la provincia, fue decisivo para la transformación y adecentamiento de la Granada de posguerra. Muy numerosas reformas se deben a su iniciativa y a su sapiencia y buen gusto artístico, unas afortunadas, otras no tanto, unas de algún modo polémicas y otras que contaron con la aprobación general, pero que en cualquier caso le dieron al centro de la ciudad gran parte de su aspecto actual. El propio Gallego Burín definió así su plan de reforma urbana: «Una reforma sin fríos y muertos narcisismos arqueológicos y sin estúpidos esnobismos modernizantes, sino pura y simplemente sabiendo conservar las normas y jugos tradicionales».
Lo que más se recuerda de sus muchas reformas fue la demolición del barrio de la Manigua, que acabó con un intrincado laberinto de callejuelas y placetas que, por las escasas fotos que se conservan y muestran lo que fue, sabemos que si hoy existiera sería una continuación de lo que se puede ver en el contiguo barrio de San Matías pero, a diferencia de éste último, no había en la desaparecida Manigua casas nobles ni dignas de haberse conservado y la mayoría de las construcciones no tenían valor arquitectónico alguno. La guía de Gómez Moreno, editada en 1892, ni siquiera nombra este enclave granadino a pesar de ser tan céntrico.        

Antonio Gallego Burín en una imagen de juventud   
            
Del derribo de la Manigua surgió una calle amplia y moderna aunque algo impersonal como la de Ganivet, que en principio iba a llevar el nombre de su impulsor, el propio Gallego Burín, según acuerdo del pleno edilicio, pero que finalmente (Gallego Burín expresamente quiso que así fuera) fue bautizada con un nombre del todo inapropiado para un nuevo vial de ensanche ya que el mismo Ganivet dejó constancia por escrito de lo poco adecuado que le parecía para el centro de Granada y sus solaneras inmisericordes corregir la tradición secular de calles estrechas y quebradas, más frescas y apropiadas para estos climas. Y no deja de sorprender que alguien tan ganivetiano como Gallego Burín no tuviera en cuenta las disquisiciones del pensador granadino, el cual si levantara la cabeza se volvería a morir del pasmo al ver su nombre en las paredes de una calle como la suya.
Aparte, Gallego Burín también es el responsable del aspecto actual de todo el entorno de la Catedral (plaza de las Pasiegas, plaza de Alonso Cano, calle Oficios, Zacatín) sobre el cual creo que hay acuerdo en alabar el resultado final. Además también se debe a Gallego el aspecto actual de las plazas de Santa Ana, los Tiros o Padre Suárez y Santo Domingo. A esta última trasladó desde la plaza de Bib-Rambla el monumento a Fray Luis De Granada, colocando en su lugar la magnífica fuente de los Gigantones, donde luce más que en su antiguo emplazamiento al final del paseo de la Bomba. También son de su responsabilidad determinados ensanches acometidos en aquellos años, como la apertura de la calle Pagés en el Albaicín, para dar otra salida motorizada al barrio, el ensanche de la calle Fray Luis de Granada que descongestionara el barrio del Realejo, y el ensanche de la calle Reyes Católicos en su confluencia con Puerta Real, a la que también amplió y dejó como ahora la vemos pues antes era mucho más estrecha.
Como remate a tantísimas cosas, consiguió por fin que el agua potable y el alcantarillado llegaran a toda la ciudad. Y por si todo eso pareciera poca cosa, Gallego Burín también acabó –por pueblerinas- con algunas cosas que estaban bien a la vista en el paisaje urbano y que decían muy poco en favor de esa tópica presunción “quieroynopuedística”, tan granadina, de aparentar fineza y cosmopolitismo de gran ciudad, como la falta de pavimento en muchas calles céntricas: Alhóndiga, Salamanca, Milagro, Montereros, Hileras y otras, recién adoquinadas por entonces, mediados de los años cuarenta.
Varias de esas reformas estaban ya proyectadas desde los años de la República e incluso desde antes, pero fue bajo el mandato de Gallego Burín cuando pudieron por fin llevarse a cabo. Por todo esto, es opinión de muchos granadinos que fue el mejor alcalde de Granada de todo el siglo XX.

Francisco García Lorca y Antonio Gallego Burín lustrándose el calzado en la plaza del Campillo