EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



sábado, 26 de diciembre de 2009

UN GRANADA CAMPEÓN



El Granada es el mejor club del mundo. No hay uniforme más bonito que el rojiblanco ni estadio más acogedor que Los Cármenes. Sus fieles proclamamos estos dogmas de fe sin que nos importe el hecho de que nunca haya ganado ningún título nacional ni el de que desde hace más de treinta años no haya militado en el máximo nivel del fútbol español. Sus triunfos son modestos. Pero siendo poca cosa sus logros hay al menos uno que no es muy conocido y que no es cosa para olvidar.

Me refiero al campeonato de Andalucía que el Granada conquistó en la temporada 1971-72. Esa mágica temporada, la mejor de la historia rojiblanca, deparó la mejor clasificación histórica y también el título de campeón de la primera de las varias ligas andaluzas de reservas que llegaron a disputarse, competición no oficial que fue una idea de Candi.

Hay dos precedentes de campeonatos andaluces no oficiales en los que participó el Granada, pero ambos son de cuando todavía nuestro equipo se denominaba Recreativo.

El primero data de la temporada 1935-36. Fue conocido con el pomposo nombre de “Campeonato Superregional Andaluz” y lo disputaron todos los equipos andaluces de Primera, Betis y Sevilla, y los de Segunda, grupo III, Recreativo Granada, Mirandilla (actual Cádiz CF), Malacitano (después CD Málaga) y Xerez (no es el mismo que esta temporada juega en Primera, que fue fundado en 1947). Se disputó por el sistema de liguilla a doble vuelta entre los meses de septiembre y noviembre de 1935, como aperitivo a la disputa del campeonato oficial de liga. El Recreativo, dirigido por el húngaro Lippo Hertza presentó el equipo base formado por: Rodrigo; Carreras, Sanfeliú; Bombillar, Cuenca, Castro; Victorio, Nieto, Calderón, Barrios y Luque. El ganador fue el Sevilla, vigente campeón de Copa, sin duda el mejor del sexteto, que contaba por entonces con jugadores como el guardameta internacional Guillermo Eizaguirre, y con Campanal, López, Torrontegui, Berrocal y otros. El Recreativo acabó cuarto clasificado, por delante de Malacitano y Mirandilla, y lo más destacable de los nuestros fue el empate a uno conseguido por los blanquiazules en Nervión, que pudo ser victoria si no hubieran fallado un penalti.

La temporada siguiente, es decir, la 1939-40, después del parón bélico, se pone en marcha, también como aperitivo a la liga oficial, el que se llamó “Campeonato Regional Andaluz”, disputado también por todos los andaluces, ocho conjuntos en esta ocasión: Sevilla y Betis, de Primera, más los del grupo V de Segunda, Recreativo, Malacitano, Xerez, Onuba (actual Huelva), Cádiz y Rácing de Córdoba (que es equipo distinto al actual Córdoba). Los rivales granadinos en liga de Segunda fueron los mismos más los no andaluces Sport Ceuta y España de Tánger. En este campeonato no oficial el papel desarrollado por el Recreativo fue bastante malo, quedando sexto clasificado y el ganador volvió a ser el Sevilla, que había vuelto a ganar la Copa y que en liga sería subcampeón.

Este Recreativo del campeonato andaluz es un equipo casi improvisado tras la Guerra Civil, dirigido por Bombillar e integrado por una gran mayoría de jugadores granadinos. No hay mal que por bien no venga cabría decir, porque el pobre papel desempeñado por los recreativistas en este campeonato regional hizo ver a la directiva de Martín Campos que no había un plantel de garantías para la categoría de plata, por lo que antes de empezar la liga oficial el propio Martín Campos y Paco Cristiá viajaron a Madrid y se trajeron el que puede ser considerado mejor “lote” de futbolistas de la historia granadinista; de una tacada fichan González, Victoriano Santos, Trompi, Maside y Floro, a los que después se unirán otros como Gaspar Rubio más Sosa, que hacía la mili en Granada, más el míster Manuel Valderrama. De los que jugaron el campeonato andaluz sólo permanecieron los pocos que valían: Millán, Aguileño, Valencia, Carrillo, Nin, Fernández y otros. De esta forma se forjó uno de los mejores planteles granadinistas de su historia, que esta misma temporada se va a quedar a las puertas de Primera para dar el salto a la siguiente.

Después de los dos citados hay que irse hasta la temporada 1971-72, que es cuando se disputa la primera edición de la Liga Andaluza de Reservas, por los equipos: Granada, Málaga, Betis, Sevilla, Córdoba (todos de Primera), Jerez, Cádiz (ambos de Segunda) y Huelva (de Tercera, pues no existía la 2ª B). Como queda dicho, el Granada fue el vencedor, y si los amables lectores (alguno habrá, ¡digo yo!) tienen la suficiente paciencia, en sucesivas entregas iremos analizando más en profundidad este título granadinista, que es un triunfo menor, pero triunfo al fin.

jueves, 17 de diciembre de 2009

EL ATRACTIVO GRANADA



14/12/09

Cuando cautivo y desarmado el mecenas Sanz quedó el club al borde de la desaparición y tras vencer no pocas reticencias el equipo Cuerva fue el único que se atrevió a intentar evitarla, se habló de que la única salida era lo que se llamó un proyecto de ciudad. Es decir, una unión de todo el futbolerismo local, incluidos los atléticos, que se traduciría en una entidad que pretendía vivir en adelante sin apartarse de sus auténticas posibilidades. O sea, visto lo visto y dados los tiempos de vacas flacas en lo monetario, todo hacía indicar que si el club salía de su mala situación, a lo más que aspiraríamos sería a un equipo modesto cuyo objetivo no pasaría de luchar por la permanencia en 2ª B.

Sólo unos meses han transcurrido desde entonces y lo que vivimos en el fútbol local muy poco se parece a lo que se intuía como inevitable. Extraños compañeros de cama procura el balompié cabría decir. Porque el responsable de que en lugar de un equipillo en zozobra tengamos un equipazo que puede salirse en la clasificación es ni más ni menos que Enrique Pina. Sí, el mismo que por poco sale mal parado por tener la osadía de pisar Los Cármenes en cierta ocasión y tropezar con el forofismo militante. Por cierto, no se puede descartar que Marsá, eterno genio y figura, una vez se recupere –que se recuperará- vuelva a intentarlo en la orilla rojiblanca, como ya lo hizo en 1997; serían dignos de ver y de oír las caras y los circunloquios de algunos.

Los que llevamos ya acumulados unos cuantos trienios en esto de ser hincha rojiblanco siempre tuvimos la sensación de vivir en un permanente dejà vu durante el sanzismo. Ya conocimos otros padrinos que después de ilusionarnos al final sólo dejaron tras de sí un solar. No quisiera uno ejercer de agua fiestas, y menos en momentos de euforia como los actuales, y hacer ver que la fórmula del mecenazgo deportivo sustentado en una sola economía más temprano que tarde acaba como acaba. Lo ideal habría sido que los granadinos, todos, y no sólo trescientos, hubieran respondido a la desesperada llamada de Cuerva y su equipo. Como por lo visto esto es demasiado pedir, a falta de un auténtico proyecto de ciudad tampoco está mal que alguien supla las carencias granadinas.

Si el Granada, a pesar de todos los pesares, sigue teniendo el suficiente atractivo como para que alguien de fuera se atreva a poner sus dineros, yo creo que debemos felicitarnos sus fieles. Ahora lo que hace falta es que la aventura le salga a Pina (y a la conexión italiana) todo lo mejor que pueda salirle, empezando por lo deportivo, que si por fin tenemos futbol profesional lo mismo hasta podrían animarse las fuerzas vivas penibéticas. Cosas más raras se vieron.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

EMPIEZA LA GUERRA



El 30 de agosto de 1971, acompañado del intermediario Epifanio Rojas, del presidente del Estudiantes y de un jugador paraguayo llamado Ferreira que venía a probar (y que no fichó), ponía pie en Granada por primera vez Ramón Alberto Aguirre Suárez y estampaba su firma al pie del contrato que por dos años le ligaba al Granada CF por cuatro millones según la prensa, pero que en realidad fueron siete. Era el fichaje más caro de la historia granadinista hasta ese momento.
Tras una espera de más de cinco horas podía por fin ser entrevistado. En Ideal manifestaba a Gave, entre otras muchas cosas: «Tengo todos mis papeles en regla y nunca he sido internacional»; «Soy persona humilde y trato de ayudar a los demás. Me gusta ser responsable de mis actos y pienso entregarme por entero al Granada»; «Dentro del campo no tengo problemas y he salido de él menos veces de las que se dice»; «Yo soy del Paraguay pero de muy pequeño me fui. Nací el 2-11-46»; «Mis padres son de acá, nacieron en Pamplona»; «Me gusta jugar fuerte y leal. Pienso que a un colega no se le puede jugar traicionándolo».
¡Hombre!, excepto en lo que se refiere a entregarse por entero al Granada, después de leer lo que va delante ya duda uno hasta de si en realidad era su nombre auténtico el que dijo.
Desde luego, eran otros tiempos. En los campos de fútbol apenas había por entonces una cámara (cuando la había) que registrara lo ocurrido sobre el terreno. Y para qué hablar de algo parecido siquiera remotamente a Internet. De ahí que no haya en la entrevista para Ideal ni siquiera una mínima referencia a la batalla de La Bombonera de menos de dos años atrás.
Al día siguiente ponía el argentino nuevamente rumbo a La Plata para ultimar detalles y traerse a la familia. Y más de dos semanas después volvía por fin a Granada para con sólo dos sesiones de entrenamiento (entrenamiento al que acudieron más de diez mil hinchas) debutar en la tercera jornada ante el Español con Los Cármenes a reventar. Aquel 19 de septiembre de 1971se vio un partido más bien malo que acabó en empate a cero (fue el primero de los únicos cuatro puntos que el Granada dejó escapar de su terreno aquella memorable temporada) y Aguirre Suárez, cuyos gestos y movimientos eran especialmente seguidos por todos, no brilló y evidenció falta de preparación, teniendo que ser sustituido por Barrenechea mediada la segunda mitad.
Así fueron los primeros pasos granadinos de esta figura legendaria del fútbol mundial. A partir de este momento y durante tres temporadas va a convertirse el Granada en un hueso muy duro de roer por los mejores equipos del momento mientras que se irá tejiendo la negra leyenda en torno a todo lo rojiblanco que desembocará en aquello de «jugar en Granada es como ir a la guerra».

jueves, 10 de diciembre de 2009

UNA CUESTIÓN ESPINOSA



Tenía el Jaén un portero que se llamaba Espinosa y que tiene algo de protagonismo en la historia del Granada CF. En cierta forma fue uno de los culpables de que se nos escapara un ascenso a Primera, el último (por ahora) que hemos tenido muy a mano, del cual hace poco se redondeó el treinta aniversario. Treinta añazos que se dicen muy pronto. Porque aunque en 1984 se volvió a tener a la vista un ascenso a Primera, lo de 1979 fue del estilo del murcianazo, es decir, con muchísima malafondinga y de forma infartante.
El Jaén, toda la liga 78-79 luchando por escapar de los puestos de descenso a 2ª B había dado la sorpresa en el Villamarín y había derrotado al Betis, que luchaba por volver a Primera. Pero por lo visto, el tal Espinosa se alineó en el Jaén de forma irregular. Los béticos reclamaron y esa derrota a mediados de abril, en la jornada veintinueve, se convirtió en victoria casi un mes después, ya que dictaminaron los organismos oficiales que el partido había que repetirlo. En el campo neutral de El Arcángel cordobés un cabezazo de Megido valió la victoria que volvía a meter a los béticos en la pelea por el ascenso y a los del Santo Reino los dejaba en puestos de descenso.
Mientras tanto el Granada de Ben Barek, muchas jornadas líder destacado de el único grupo de 2ª A, había encarado la recta final justo de fuerzas y de efectivos, pero a mediados de mayo le daba en Los Cármenes un palizón de 5-0 al Getafe y permanecía líder. Sólo faltaban cinco jornadas pero los dos equipos que todavía tenían que visitarnos, el Jaén de Ruiz Sosa y el Tarrasa en el que empezó Joseíto, eran de la zona de descenso (los dos descendieron finalmente), así que nos las prometíamos muy felices y ya acariciábamos la Primera.
Pero nada. De los diez posibles sólo fue el Granada a sumar dos míseros puntos de los dos empates ante Jaén y Tarrasa. La visita del Tarrasa en la penúltima jornada trajo algo de cola porque algunos jugadores catalanes acusaron al Granada de un intento de compra. No nos consta que tal intento de soborno existiera, el caso es que el partido acabó en empate a un gol. Uno recuerda de aquella tarde a un Granada que mandó casi los noventa minutos y falló lo que no se puede fallar, pero al que apartó del triunfo un error infantil, una pérdida de balón en el centro del campo que aprovechó un futuro granadinista, un tal Lozano -más bien fallón era, al menos mientras aquí estuvo- para plantarse ante Izcoa y marcar el 1-1 con que se llegó al final. El Tarrasa cuando vino a Granada ya había descendido, y el Granada por su parte quedaba relegado a la sexta posición, aunque no todo estaba perdido.
Las derrotas frente al Málaga (ascendió), que oficialmente dirigía Kalmar, y Osasuna obligaron a jugárselo el todo por el todo en el Villamarín en la última jornada. Así desembocamos en la muy calurosa tarde del 17 de junio de 1979.
Fue una tarde muy parecida a la de veintiún años y ocho días más tarde, sólo que ocurrió a 250 kilómetros y así al menos no tuvimos que sufrirlo de cerca. También aquella tarde llovía fuego del cielo mientras que Granada “ardía” en Corpus. Y también, como en el fatídico veinticincojota el resultado final levantó todo tipo de sospechas. Sospechas de falta de honestidad en determinados jugadores rojiblancos y sospechas sobre la rectitud de las autoridades federativas en la resolución del contencioso del Betis con el Jaén.
En el descanso habíamos ascendido, pero después dos goles en menos de diez minutos, más los que venían de otros campos, nos dejaban fuera. Y hasta hoy.
Pegado a la radio de la caseta “La Faraona” me recuerdo al borde del infarto y maldiciendo los dos puntos que se llevaron Jaén y Tarrasa. En uno de aquellos largos y castizos Corpus de entonces, de casetas de “fantasía” y sin uniformar, y en el que bastaba un paseo de cinco minutos.

martes, 1 de diciembre de 2009

BARCELONA PLAZA PROHIBIDA



El Granada CF de sus buenos años en máxima categoría, salvo en momentos puntuales fue siempre más cola de león que otra cosa. Pero con todo, en diecisiete temporadas pudo en más de una ocasión dar la alegría a sus hinchas de traerse algo positivo de la casa de los grandes. Así podemos contar victorias o empates arrancados en el Bernabéu, en el Metropolitano, en San Mamés, en el Sánchez Pizjuán, en Mestalla y en el Vicente Calderón. Pero hay una plaza, la del Barcelona, primero en Les Corts y después en el Nou Camp, en la que los diecisiete envites arrojaron siempre el mismo resultado: derrota rojiblanca, con el añadido de que en no pocas ocasiones esa derrota fue por goleada.
Cuando el Granada comparece por séptima vez (octava si cantamos también la visita en Copa de finales de los cuarenta) como visitante en el campo blaugrana, el 28 de febrero de 1960, el balance de sus seis anteriores visitas arroja la cifra de sólo siete goles a favor por ¡veintisiete! en contra (nada menos que 4,5 de promedio), que indica que los choques entre culés y rojiblancos suelen deparar goles en abundancia, sólo que esa abundancia viene dándose mucho más en una portería que en la otra. Y tal como venía siendo la norma de los partidos de anteriores temporadas, en ésta también se da un gran número de goles, nueve, pero esta vez sí están más repartidos pues el resultado final fue 5-4. En esta ocasión el Granada estuvo muy cerca de puntuar, cosa que mereció y que hubiera conseguido de no habérsele anulado un gol perfectamente legal.
En este final de febrero, jornada 24 (de 30), el sensacional Barça de HH, vigente campeón de liga y copa, sostiene una estrechísima pugna con el R. Madrid por revalidar el título, cosa que conseguirá muy al final y sólo por golaveraje, en uno de los campeonatos más reñidos que se recuerdan. Tres días después del partido contra el Granada tiene que devolver visita al Wolverhampton Wanderers inglés, en Copa de Europa. Por esa razón Helenio Herrera reserva a algunos de sus titulares (Gensana, Villaverde, Luis Suárez, Eulogio Martínez, Gracia). Pero claro, en ese vestuario hay estrellas más que de sobra, y si no vean los que jugaron: Ramallets; Olivella, Rodri, Pinto; Vergés, Segarra; Tejada, Kocsis, Evaristo, Kubala y Czibor (sólo Pinto no fue nunca internacional). El Granada, en esos momentos en puesto de promoción, opuso a Piris; Vicente, Méndez, Forneris; Becerril, Vílchez; Vázquez, Ramoní, Carranza, Martínez y Arsenio. Faltan hombres de la importancia de Benavídez, Ramírez y Larrabeiti, lesionados, y también Pellejero, cumpliendo una sanción de ocho partidos desde que fuera expulsado en San Mamés. Pero no es un Granada cualquiera, es el Granada del sabio Kalmar, el mismo que todavía puede lucir con orgullo el título de subcampeón de Copa. Es un Granada que, si se le conceden espacios, puede ganar en cualquier escenario, como ya ha hecho esta misma temporada en el Metropolitano madrileño. Con un juego rapidísimo, apoyado en los dos extremos, Vázquez y Arsenio, que cuajaron una actuación sobresaliente, el Granada sorprendió al campeonísimo Barcelona y a punto estuvo de sacar algo positivo.
A los dos minutos de echar a rodar el balón en el Camp Nou ya perdían los nuestros por 2-0. Pero el gran goleador que era Carranza pronto acortó distancias al aprovechar un magnífico pase de Arsenio y sortear la desesperada salida de Ramallets. Visto y no visto pues el Barça inmediatamente hacía subir el 3-1. No se amilana el Granada y enseguida consigue gol Arsenio, pero incomprensiblemente el árbitro Blanco Pérez lo anula por un “orsay” que sólo él ve, decisión protestada por la grada barcelonista, uno de los públicos más deportivos que puede haber en España. El trepidante ritmo impuesto por los dos contendientes hace que antes del cuarto de hora ya se hayan visto cinco goles (seis con el anulado), pues Luis Martínez consigue muy pronto el 3-2. A partir de aquí baja algo el ritmo, pero el Granada consigue el empate a tres a la media hora de juego por mediación de Vázquez, y con ese resultado se llega al descanso.
Lo mismo que sucedió al comienzo de la primera parte sucede a poco de empezar la segunda: el Granada recibe dos goles en poco más de un minuto. Y es que la cobertura parece tardar en calentarse, circunstancia en la que seguramente influye el hecho de que Vicente y Becerril están recién salidos de una lesión. Con el 5-3 parece todo decidido, pero el Granada todavía hará un nuevo gol, segundo de la cuenta de Vázquez, cuando todavía queda un cuarto de hora. Antes de que esto ocurra Carranza, en una de sus impetuosas entradas a por todo, se ha lesionado en un choque con Ramallets y ha tenido que ser retirado del terreno. No obstante todavía gozarán los rojiblancos de alguna oportunidad de golear, pero en inferioridad y sin Carranza la cobertura barcelonista está mucho más cómoda y ya no se mueve más el marcador.
Así terminó esta magnífica oportunidad granadinista de añadir el campo del todopoderoso Barcelona a la lista de grandes estadios de donde los nuestros se trajeron alguna vez algo positivo. Aparte de este partido sólo hay una ocasión en la que el Granada estuvo muy cerca de puntuar en el Nou Camp, fue casi diez años justos después, cuando el gran Granada de Rossi (de la primera vuelta) sólo pudo ser derrotado por la mínima y con mucho sufrimiento. El Granada, en ese momento tercer clasificado y con la insólita cifra en su haber de +5, puso en serios aprietos al Barça, equipo de la mitad de la tabla.

lunes, 30 de noviembre de 2009

CON LA FRENTE MUY ALTA



28/11/09

Dieciocho años separan a uno de otro. Los que van de 1991 a 2009. En 1991, Cuerva, D. Gerardo, tuvo que hacerse cargo de un club arruinado y con su futuro en el aire, del que nadie quería saber nada. En 2009, Cuerva, D. Ignacio, hijo del anterior, fue asimismo el único valiente que se atrevió a echar sobre sus hombros la responsabilidad de intentar evitar que tuviéramos que entonar el gorigori por el histórico Granada CF.
Hay grandes paralelismos entre el papel protagonista del padre y el del hijo. Los dos tuvieron que entrar en escena urgentemente e improvisar sobre la marcha porque su antecesor había hecho mutis en mitad de la representación. Los dos tuvieron que ir interminablemente de la Ceca a la Meca intentando devolver la confianza en el club, dilapidada por gestiones caracterizadas por la excesiva soberbia y el autismo de sus predecesores. Pero en el caso de Ignacio tiene aún más mérito, porque en 1991 el club todavía tenía patrimonio.
Ignacio asumió la nada fácil tarea de intentar reanimar al que estaba en la mesa de operaciones y casi desahuciado. Para ello, buscó de entrada algún dinero con el que levantar de su arrodillamiento a los futbolistas. Alcanzó después un acuerdo con éstos que evitara la denuncia de sus contratos y con ello el descenso administrativo o lo que es lo mismo, la puntilla a la entidad. Hizo un llamamiento a la afición para que cada granadinista dentro de sus posibilidades aportara casi a fondo perdido unas cantidades que, aunque resultaron escasas (más o menos como siempre que campañas de este tipo se han puesto en marcha en la historia del club), también sirvieron en su momento para evitar la defunción del Granada CF. Finalmente, como Granada no es una ciudad en la que pueda florecer un proyecto de ídem, está claro (¿lo será alguna vez?), buscó y encontró bolsillos foráneos mucho más poderosos que se hicieran cargo del club.
Y todo lo hizo calladamente, elegantemente, sin el autobombo de otros que decían moverse por un sentimiento de amor a estos colores. Otros que prometieron el oro y el magrebí y poco faltó para que enterraran al histórico. Porque no es Ignacio amigo del populismo hueco y del compadreo.
Ahora se va. No puede ser de otra forma. No queda más remedio, porque el que paga tiene que mandar. Lástima que en Granada no haya quinientos mil habitantes que tengan el talante Cuerva y tengan que venir de fuera. Puede irse con la frente muy muy alta, y con la satisfacción de haber salvado, él sí (al menos por ahora), a nuestro Granada CF.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

UN DERBI POCO ALIMENTICIO



En la antología de derbis granatensis castizos que los cuatro años de cuarta nos dejaron a los granadinistas también es digno de rememorar, aunque no precisamente por su bondad futbolística, el de 7 de noviembre de 2004, disputado entre el 74 y el Granada.

Desde la caída a los infiernos del histórico hemos asistido las dos temporadas anteriores a derbis más o menos calientes, más o menos cardiacos y de mayor o menor calidad futbolera. En los ya vividos la nota predominante de los mismos ha sido la lucha estrecha por hacerse con la primacía del fútbol local. Nada o poco que ver con el duelo “fratricida” que nos ocupa, porque si en las dos últimas temporadas el 74 andaba rampante y en ambas era claro favorito al ascenso de categoría, cosa que estuvo a punto de conseguir si no hubiera sido por sendos fracasos en las fatídicas liguillas, en esta temporada pintan bastos para los rojillos al haberse acabado los dineros de Marsá y sólo haber podido armar una plantilla de retales, como aquél que dice. Cuando llega este primer derbi, jornada doce, anda el 74 con sólo tres puntos en la clasificación. Sólo ha conseguido una victoria (ante el Santa Fe) y sus otros diez partidos han supuesto otras tantas derrotas. Por su parte el Granada del tándem Gerardo-Maquiles anda rondando los puestos de liguilla pero sin llegar a conectar con ellos y ya ha ofrecido a sus fieles alguna que otra decepción. En lo que sí se parece este derbi a los anteriores es en que se produce en unos momentos en que las relaciones entre ambos clubes están bien tirantes.

Como sabemos, tanto Granada como 74, militando en el grupo IX de Tercera, jugaban sus encuentros como local en Los Cármenes. Pero a finales de octubre de 2004 eran “desalojados” de la instalación municipal para someter el castigado césped a trabajos de regeneración. El equipo de Marsa volvió así a su ciudad deportiva de Almanjáyar mientras que los rojiblancos se mudaban a Maracena. Pero ocurrió que el césped del José Ávila Rojas también en esos momentos era sometido a regeneración y no podía ser utilizado. Marsá buscó infructuosamente un escenario alternativo, por lo que propuso el aplazamiento del choque. Pero Gori, recién aterrizado en el cargo de presidente, optó por la no colaboración pensando que con los tres puntos -que se daban por hechos- podría por fin el equipo entrar entre los cuatro primeros y al mismo tiempo olvidaría la hinchada el mal trago de la derrota ante el Loja en Maracena del domingo anterior. Así que nada de conceder favores al rival. Nada de aplazamiento. El partido había de jugarse donde y como fuera.

De un nervioso Marsá sometido a presión puede esperarse alguna de “sus cosas”, y más cuando sólo unos días antes del partido Marsá presentó denuncia ante la justicia por haber sido amenazado de muerte en un foro de hinchas rojiblancos en Internet. Por todo eso fue D. Carlos a descolgarse con una de sus boutades y decidió que el partido se jugara, sí, en su ciudad deportiva, pero en el duro campo de tierra, señalando el comienzo a las 14 horas y fijando el precio único de 30 euros (un disparate para la época y para la categoría) con que intentar despejar de sus dominios las insignias rojiblancas. Si tirantes andaban las relaciones, después de esto se enconan muy mucho.

Ante no más de trescientos espectadores, casi todos socios del 74 que no pagaban (casi eran más los policías desplegados en prevención de altercados), a la hora y en el escenario previstos se disputó este partido que no pasará precisamente a la historia del fútbol-arte. El resultado fue de victoria local 2-1. Y ganó el casi desahuciado Granada 74 de Manuel Torres Molina porque tuvo suertecilla, pero sobre todo porque le puso más ganas. Es que este Granada de esta gris temporada, a las alturas de calendario de principios de noviembre ya había defraudado muchas esperanzas con su juego rudimentario y deslavazado.

Rafael Lamelas para Ideal y jugando con lo insólito del horario, más propio de almuerzos familiares que de partidos de fútbol, titula: «El “74” celebra su banquete». Y en la crónica del partido dice: «El equipo (el Granada CF) engaña ya a pocos. No es una ensalada a la que le falte algún aliño. Es un refrito quemado, un equipo que vive con la torrija a cuestas. Que se engulle cualquiera que ponga lo mínimo: las ganas, sobre el asador. Un grupo además con cenizo». También dice Lamelas que Gustavo «pecó de gula. Se tragó los dos tantos».

Es tan rico en anécdotas este mini derbi que para colmo, el penúltimo 74, que casi toda la segunda parte la jugó en inferioridad por expulsión de Plata, ganó su partido sin que ninguno de sus jugadores marcara gol. El primero llegó de una falta lejana colgada sobre la portería de Gustavo que cabeceó hacia atrás el central granadinista Sergio y en el que el guardameta pudo hacer algo más. Y el segundo, el de la victoria, ya en el descuento, vino de otra falta lejana colgada al área por Guerra en la que Gustavo, sin que nadie le estorbara, midió mal el vuelo del esférico y con él en las dos manos pero desequilibrado retrocedió dando traspiés hasta golpearse en la cabeza con el poste, lo que le hizo soltar el balón, que acabó en el fondo de su portería. Un gol de vídeos de primera. Con esos dos goles superaba un hundido 74 el que a poco del inicio de la segunda parte consiguiera Labella en remate desde cerca. De poco más que como alimento de la autoestima le sirvió al 74 la victoria, ya que estuvo toda la liga como vicecolista (sólo el comparsa Rusadir resultó más malo) para acabar descendiendo a Primera Andaluza.

lunes, 23 de noviembre de 2009

¿TARIQ O BERROCAL?


21/11/09
¿Tariq o Berrocal? ¿Berrocal o Tariq? Y por qué no los dos. ¿Deben jugar juntos? ¿Hay que quitar a uno para que juegue el otro o es mejor seguir dándole al cordobés sólo los últimos minutos que tan bien está sabiendo aprovechar hasta el momento?
Mi primo Felipe es marino mercante y lleva por esos mares de Dios desde enero y sin saber de su Graná nada más que lo que yo le cuento. De vez en cuando me llama (con un ojo to torsío) y no se acaba de convencer de que no le tomo el pelo y lo que él creía que sería un equipo modesto que lucha por la permanencia se ha transformado en un súper equipo para la categoría, que va líder y además nos está dando partidazos y goles en abundancia. Y cuando ya me manda al guano es cuando le digo que de todo eso es responsable nada más y nada menos que Pina, que en cierta ocasión, hace bien poco, casi sale linchado de Los Cármenes.
Tampoco se cree que en los mentideros balompédicos de lo que más se oye hablar es de eso, de fútbol, y no de otras cosas. Y ahí los sorprendidos somos ya dos, porque hacía tanto tiempo que esto no ocurría que este forofo que suscribe no sabe ya cómo ponerse y si la felicidad será duradera o pronto volveremos a tener que preocuparnos más por temas extradeportivos.
Que las conversaciones de fútbol sean las que mandan es indicativo de que las cosas van bien. Y que dure mucho tiempo.
Ahora hay que redondear la faena. Es decir, el siguiente paso será constituir cuanto antes al club en SAD. Cuando llegue el momento, lo ideal sería que la mayor parte de las acciones las adquirieran los socios, única forma de que el club siga siendo suyo, es decir de todos, pero mucho me temo que no ocurrirá así. Ya en el 97, después de varios meses, la respuesta de los granadinos fue mínima y al final el club acabó en unas únicas manos. Y eso que el capital a cubrir era la décima parte del que seguramente se necesitará en esta ocasión.
La abortada SAD de 1997 quedó en nada por motivos no muy claros, y sobre las consecuencias de aquel chasco se podría debatir largo y tendido, o de pie. Pero lo importante es que al cambiar la naturaleza jurídica de la entidad ya no serán posibles determinadas cosas a las que estábamos muy acostumbrados (unas mejores y otras peores) y, al mismo tiempo, sí que serían posibles otras cosas que uno no se atreve a decir para que no le llamen aguafiestas, y menos en estos momentos de euforia balompédica que tanto tiempo llevábamos esperando.
Que lo que tenga que ser sea. Pero que nos pille en escalones futboleros más propicios.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

URÍA EL OLVIDADIZO



Una ya larga historia como la del Granada CF da para numerosas y variadas anécdotas. La que hoy quiero contar es de todo punto insólita. Que uno sepa nunca en otro campo de fútbol ha ocurrido nada análogo a lo que sucedió en Los Cármenes el día 27 de septiembre de 1942, primera jornada de la temporada 1942-43, con motivo de la visita del Coruña.
El protagonista de este sucedido responde al nombre de Severiano Uría Cano, un delantero centro con fama de goleador, vasco de Lasarte, ya veterano, que debutaba esa misma tarde como jugador rojiblanco, recién fichado del Murcia, de Segunda. La muy importante baja de César, vuelto al Barcelona, quiso cubrirla la directiva que presidía Martín Campos con una pareja de delanteros, Nicola, del Ferrol, que era el llamado a jugar de titular, y este Uría. Pero justo una semana antes de este partido, en un bronco amistoso de pretemporada en Málaga salieron varios de los titulares lesionados y para la primera jornada de liga no se podía contar con ellos.
A la tres de la tarde echó a rodar el balón y desde ese mismo momento, tal como cuenta José Luis Entrala, la parroquia granadinista no salía de su asombro. Y no era para menos. Imagínense a un futbolista que deambula por el terreno desentendido del juego y de sus compañeros, y que cuando le llega el balón lo golpea a la buena de Dios y para donde salga. Y así una vez y otra.
Del asombro se pasó a la bronca generalizada contra este Uría, que además se encaraba -o eso parecía- con el público, todo agravado porque el rival en cuatro minutos conseguía dos goles. Algunos de los presentes seguramente se sentirían avergonzados de lo que pudieron decirle a aquella especie de zombi de rojiblanco en una fiesta tan cristiana y tan granadina como el día de la Virgen. A tanto fue la cosa que el míster Paco Bru primero optó por colocarlo en un extremo, donde al menos no estorbara a sus compañeros, para posteriormente retirarlo del terreno de juego, teniendo que jugar más de media hora con uno menos pues por entonces no se podía cambiar ni siquiera a un portero lesionado. La prensa daba al Granada como favorito pero el resultado fue de derrota. En medio de una bronca de órdago acabó 1-2 este partido ante el Coruña, también como el Granada ascendido por primera vez a la máxima categoría dos años atrás, pero que en su temporada de debut había logrado un magnífico cuarto puesto y contaba en sus filas con dos internacionales, el guardameta Acuña y el defensa Pedrito.
Nunca fue lo suficientemente aclarada cuál fue la razón que llevó a Uría a actuar de “hombre adoquín”, como lo denomina Daniel Saucedo en Patria. Este futbolista, a quien parecían afectarle extraordinariamente los silbidos que se le dirigían desde las gradas, fue sancionado por el importe de media mensualidad y sólo jugó otro partido más como rojiblanco, en Oviedo, donde no repitió el show pero tampoco destacó ni ayudó a evitar la derrota (4-2) de los nuestros en la jornada ocho.
El propio Uría, centro de la atención de la prensa y de los aficionados en los días posteriores, manifestó que no tenía explicación a su conducta, y que el murmullo de los aficionados al nombrarle por su mal juego lo puso tan nervioso que ni siquiera tenía fuerzas para andar y menos aún para ir en busca del balón, «no creía encontrarme en el campo de fútbol ni antes ni después del descanso». Un ataque de amnesia, fue la ambigua explicación con la que se quiso justificar la insólita conducta de Uría.
Tampoco tuvo mayor trascendencia el “olvido” de este jugador pues, goles son amores, a la jornada siguiente los rojiblancos se trajeron los dos puntos de su visita al Torrero zaragozano. De todas maneras, esta fue una temporada que sin ser plenamente mala, hizo añorar a los aficionados la anterior, la primera de división de honor, cuando César, Bachiller y Liz garantizaban fútbol y goles en abundancia. El triunfo ante el Valladolid en la promoción de Barcelona salvó in extremis la temporada.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

CANTARES ROJIBLANCOS




11/11/09

El amigo Emilio Ruiz me manda desde Barcelona un correo (que a su vez le han remitido a él) en el que adjunta un archivo que contiene una canción para que, según dice el texto del mensaje, nos la aprendamos todos los granadinistas y la cantemos, en plan orfeón, en cada partido, como se hace en otros muchos campos españoles y extranjeros. Se trataría de una suerte de nuevo himno con el que animar a la muchachada rojiblanca.

Si prosperara y se convirtiera en himno del Granada CF, vendría a ocupar el número cuatro de los que en la historia rojiblanca han sido. Desde 1940, cuando el maestro Luis Megías, por encargo del presidente Ricardo Martín Campos, compuso en un rato su “Campeón”, pasando por 1956, en que a principios de temporada vio la luz un segundo himno, y llegando a 1976, en que en los prolegómenos de la edición de aquel año del Trofeo Granada se estrenó otro más, tres han sido los himnos que ha tenido el club rojiblanco aunque, siguiendo a Jorge De la Chica en su «Las músicas del Granada», del libro Pidiendo la hora, ninguno de los tres tiene el título de oficial que habría de concederle un acuerdo de la junta directiva, cosa que nunca se hizo.

Incluso cabría hablar de un cuarto himno granadinista, que sería la universal canción Granada, de Agustín Lara, ya que durante el mandato del presidente Salvador Muñoz sus notas acompañaban la salida al terreno de juego de los jugadores rojiblancos.

Desconociendo si la iniciativa de que la coplilla sea conocida de todos ha partido de un grupo más o menos grande de aficionados, uno no quiere entrar a valorar si la nueva canción reúne o no la suficiente calidad artística; en si es o no es lo suficientemente bonita como para merecer la condición de nuevo himno del Granada, que sobre gustos no hay disputa, como dice el dicho. Considero que quien debe dar ese veredicto será la afición. Si la afición, tal y como se dice en el correo de Emilio, la hace suya y la canta mayoritariamente en los partidos del Granada, qué duda cabe que estaremos ante el cuarto himno, oficial u oficioso, que eso sería lo de menos.

Un servidor, hincha a la antigua, se quedó en el ya más que caduco y periclitado “alabín, alabán”, en lo que a animar a mis colores se refiere. Pero, y digo yo, si de animar al equipo con un cántico se trata, por qué aprendernos todos una nueva canción teniendo como tenemos un himno futbolero cargado de la solera que le dan sus 70 años de existencia. Posiblemente serán cosas de viejo, pero para mí que donde se pongan las notas del «Con valor, con entusiasmo y alegría…»…

EL OTRO CRUYFF



De sobras es conocido por todo el mundo futbolero que el primer partido oficial de Joham Cruyff en el fútbol español lo jugó frente al Granada CF. El holandés fue la sensación de la temporada 73-74, en la que, al levantarse la prohibición de fichar jugadores extranjeros, en vigor desde nueve años atrás, llegaron a nuestro fútbol numerosos astros internacionales, pero ninguno como Cruyff, ya considerado por entonces como el mejor del mundo. Con él el Barcelona pudo por fin acabar con una larguísima sequía de catorce años sin ganar la liga. Pero todo comenzó aquel 28 de octubre de 1973, en el incomparable marco futbolero que es el Nou Camp, lleno a rebosar.

Lo que ya no es tan conocido del futbolerismo es que en la biografía del crack holandés hay un segundo capítulo como futbolista del balompié nacional. Y por poco no se dio la coincidencia de que este segundo debut hispano ocurriera también frente al Granada CF.
El 8 de marzo de 1981 Granada (-3) y Levante (+2) se enfrentaron en Los Cármenes en la jornada 27 de Segunda. El rival de los rojiblancos se acaba de reforzar nada y más y nada menos que con Johan Cruyff, que recién llegado de su “retiro dorado” de la poco competitiva liga USA, temporalmente ha vuelto al fútbol español. Una semana antes, el 1 de marzo, jornada 26, ya había debutado y ayudado a la victoria de los granotas frente al Palencia. El Levante podía todavía enlazar con los puestos que daban el ascenso, mientras que a los nuestros les pesaban mucho los tres negativos que arrastraban, que los acercaban a los puestos de descenso.
A sus treinta y cuatro ya no es el que fue pero el solo anuncio del apellido Cruyff convocó en Los Cármenes a más de quince mil espectadores -bastantes más de los habituales esta temporada- a pesar de haberse declarado media jornada económica. Al menos de esta forma pudo la directiva de Manuel Anel pagar algo de lo mucho que adeudaba a la plantilla.

Las comparaciones, según cuándo y cómo, serán todo lo odiosas que se quiera, pero es que las diferencias entre 1973 y 1981 son bien notorias. En octubre de 1973 se vio un gran partido de primera jugado entre el futuro campeón de liga y un equipo puntero que a punto estuvo de clasificarse para una competición internacional; que se jugó con las gradas a rebosar en uno de los mejores estadios del mundo y ocupó portadas incluso de fuera de nuestras fronteras; además se vieron grandes goles (aunque fueran en nuestra contra) y se pudo ver al mejor Cruyff liderando el juego de su equipo, un Cruyff pasador, goleador, rapidísimo, líder, un Cruyff pletórico y en lo mejor de su larga y exitosa carrera. Muy distintas fueron las cosas siete años y medio después.
Este casi segundo debut de Cruyff apenas tuvo historia. Entre los jugadores rojiblancos sobrevivían de aquel partido del Camp Nou de octubre de 1973 Izcoa, Santi y Quiles (éste después de haber militado en el Alavés), más Joseíto en el banquillo, del que previamente había desalojado a Gento. El valenciano Quiles fue el autor del único gol del partido con el que los rojiblancos se hicieron con los dos puntos para evitar ver aumentado un preocupante -3. El único gol, marcado al filo del descanso a la salida de un córner, fue de lo poco reseñable del partido.
Desde luego este segundo Cruyff poco hacía recordar al de sus buenos tiempos. Apenas se le vio en funciones de distribución de juego. La velocidad y el fondo físico, no hace falta decirlo, ya no le acompañaban. Lo que no había perdido era su calidad técnica, por lo que sólo algún lanzamiento y algún que otro medido pase a un compañero fue lo exhibido por el crack holandés en este segundo y menor semidebut español. Esta nueva y breve aventura española de Cruyff se puede decir que no tuvo mucho de particular. Sólo se alineó en nueve partidos y el Levante no ascendió. Sin embargo todavía le quedaban varios buenos años al tres veces balón de oro, que volvió al fútbol holandés, donde añadió a su sobresaliente palmarés tres ligas más y dos copas jugando en Ajax y Feyenoord antes de retirarse en 1984.

El Granada experimentó una ligera mejoría a partir de esta jornada, llegando a encadenar tres victorias consecutivas después de una derrota ante el filial colchonero, de modo que a falta de siete jornadas había conseguido rebajar su cuenta de negativos a sólo uno. Pero en esas siete jornadas restantes sólo fue capaz de sumar dos míseros puntos de otros tantos empates en casa. Sólo uno más hubiera bastado. Posiblemente, cabe decir ahora, desde la distancia que supone el tiempo ya transcurrido, que el mal final de esta temporada era inevitable, teniendo en cuenta los mil problemas económicos y de organización del club y el mal ambiente en un vestuario que no cobraba y que no estaba con su entrenador. Sea como fuere, así es como se escribe la peor historia rojiblanca, y al cumplirse la jornada treinta y ocho el 17º puesto final indicó que a la temporada siguiente los rojiblancos volverían a ocupar un nivel futbolero desconocido por estas tierras desde los tiempos de la República. Desde luego, no fue la mejor manera de conmemorar las bodas de oro de la entidad.

martes, 21 de julio de 2009

EL PENIBETISMO DE FIDEL FERNÁNDEZ



Porque no sólo de fútbol vive el hombre deportista, hoy quiero recomendar una refrescante lectura. Un libro que, aunque tiene los mismos años que el Granada CF, para nada se refiere al deporte del balompié, sino que sus más de trescientas páginas están dedicadas en su mayor parte a otro deporte que para el que suscribe también significa una pasión: el penibetismo o, si así lo prefieren, el deporte del aire libre y las caminatas por las alturas, es decir, el montañismo. No queremos hablar de senderismo o trekking, que son términos mucho más recientes y así como advenedizos. Les falta la solera, la raigambre que sugiere la palabra penibetismo. El autor reivindica –y nosotros con él- este término en contraposición al de alpinismo, puesto que de surcar la Penibética de norte a sur y de este a oeste hablamos.

Se trata de una obra de culto entre los aficionados a la cosa ésta de remontar montañas y descubrir panorámicas hasta el agotamiento. Su nombre: Sierra Nevada, obra que vio la luz en 1931 y que ha sido objeto de hasta cuatro reediciones que tardaron poco en agotarse. Su autor: Fidel Fernández Martínez (Granada, 1890-1942), un eminentísimo doctor en medicina interna que aunque ya había dado a imprenta numerosas obras sobre su especialidad médica y numerosos artículos de prensa, con este libro se estrena en la faceta de literato de tema granadino que posteriormente continuará con otros dedicados a la Alhambra, Boabdil, Fray Hernando de Talavera, Omar Ben Hafsún o Abén Humeya. Sólo su prematura muerte impidió añadir más títulos.

Todas las distintas regiones que forman el macizo penibético están en el libro, sin que falten amenas y muy poéticas descripciones de lagunas y lagunillos, picos y picachos, lomas, peñones, puntales, crestas y mojones, cerros y cerrajones, horcajos y collados, escarigüelas, panderones, raspones, chorreras… y otras muchas sonoras y evocadoras palabras, algunas de las cuales no vienen en el DRAE pero que son de normal uso en nuestra sierra. Por eso incluye el autor un vocabulario de términos serranos con unas treinta entradas. ¿Saben ustedes lo que es un poyato? La palabra poyato (de poyo) no está aceptada (al menos por ahora) por el DRAE, pero según recoge Fidel Fernández en su estupendo libro, es una especie de pequeño vasar que interrumpe horizontalmente el corte vertical de algunos grandes tajos. Y de poyato viene el estar empoyatado (o empoyetado), que se dice de quien (persona o res) se ha adentrado en un poyato y ha llegado a una situación en la que no puede avanzar ni retroceder.

Tampoco falta una exhaustiva descripción de la flora y la fauna penibética ni de los más importantes hechos históricos acaecidos en el Mons Solarium de los romanos, o en el Sulayr de los sarracenos. Y la guinda la pone el doctor Fernández incluyendo varios deliciosos cuentos y leyendas recogidos de labios de manzanilleros o de pastores serranos, como el del misterioso “Pájaro blanco de Vacares” o el no menos inquietante de “La escoba del diablo”.

«Fue en el mes de agosto de 1900 -¡tenía yo entonces 9 años!- cuando mi buen padre me asomó por vez primera a los abismos del Veleta…». Es una frase literal copiada del prólogo con la que el autor viene a evocar el momento en que quedó prendado (enganchado se dice ahora) de la magia que a los que saben buscarla siempre ofrece la montaña. Su señor padre a quien nombra no es otro que D. Gregorio Fidel Fernández Osuna, a su vez también médico granadino de prestigio y enamorado de la Penibética (y abuelo del maestro historiador rojiblanco que es José Luis Entrala Fernández), que fue quien le transmitió el gusanillo serrano. D. Gregorio Fidel fue uno de los fundadores de la mítica Sociedad Diez Amigos Limited, a la que también perteneció D. Fidel, como benjamín de aquel grupo de próceres, auténticos pioneros en la divulgación del tesoro que representa la sierra y germen a su vez de la Sociedad Sierra Nevada, impulsora del primer refugio que se construyó en el macizo, en los Llanos de Otero.

Granada con frecuencia olvida a quienes de alguna manera actuaron como sus benefactores, porque aunque existe en la ciudad la calle Doctor Fidel Fernández, lo que no existe es algún paraje, instalación, albergue, medio mecánico o cualquier otra cosa que evoque en la propia Sierra Nevada a estos y a otros pioneros que abrieron caminos y despertaron conciencias para que nuestra sierra sea lo que hoy es. Quizás cuando dentro de pocos años tenga lugar la Universiada serrana se pueda reparar este olvido.

Sobre el libro Sierra Nevada, de Fidel Fernández, que desde el mismo momento de su primera publicación tuvo una fenomenal acogida, se han escrito innumerables comentarios elogiosos y buenas críticas. Como lector empedernido, especialmente de todo lo que se refiera a Granada, lo que uno puede decir es que se trata de un libro muy ameno que no defrauda, y que se deja leer muy bien incluso por quienes no sientan interés alguno por el penibetismo.

miércoles, 1 de julio de 2009

KALMAR. EL MÁGICO MAGIAR




El día del patrón San Cecilio de 1959, en Los Cármenes, el débil Oviedo empató a uno con la curiosidad de que en los dos goles el último en tocar el balón fue el mismo jugador, el futuro granadinista y granadino Eduardo Gómez, Lalo. Entre una gran bronca hacia el banquillo terminó aquel partido, jornada veinte del calendario de la 58-59, que dejaba al Granada con -4 y a sólo dos puntos de los puestos de descenso directo faltando diez jornadas. Por eso la directiva que presidía Luis Rivas se decidió a dar el finiquito al técnico argentino Alejandro Scopelli, el entrenador del oxígeno. Las dos jornadas siguientes se sentó en el banquillo José Manuel González. Pero a partir de la jornada 23 se hizo cargo del equipo Kalmar. Su debut fue a lo grande, en un partido en el que el Granada endosó al Las Palmas un contundente 4-1. Hubo aquella tarde lo que hoy se conoce como un hattrick, a cargo del gordo Benavídez.

Nada más y nada menos que el húngaro Jeno (Eugenio) Kalmar entraba así en la historia de este modesto club. Se trata de toda una leyenda del fútbol mundial. Antes que técnico fue un delantero bastante goleador dotado de un gran remate de testa que jugó en su país, con el que fue varias veces internacional, y también en el fútbol francés. Pero sus grandes triunfos los consiguió desde el banquillo. El más importante lo obtuvo al frente del mítico Honved de Budapest, que con jugadores como Puskas, Bozsik, Czibor, Grosica o Kocsis ganó varias ligas húngaras y maravilló a Europa con su juego de clara vocación atacante, y que era la base del equipo que se conoció como los “mágicos magiares”, la selección húngara a la que sólo un mal partido en la final ante Alemania apartó contra pronóstico del título de campeón en el Mundial de 1954, que se celebró en Suiza. Al frente del Honved se encontraba Kalmar en 1956, en Bilbao, para disputar la primera eliminatoria de Copa de Europa, cuando estalló la Revolución Húngara contra el estalinista régimen prosoviético. El fracaso del movimiento y lo incierto de la situación que vino después decidió a la mayoría de los integrantes de aquel conjunto a no volver a su país. Algunos se quedaron en España.

Jeno Kalmar, a quien erróneamente se bautizó en la prensa española con el nombre de Janos (por cierto, en Internet hay muchas más entradas buscando por este nombre que por el suyo verdadero) tampoco volvió a Hungría para entrenar en Austria. Y en 1958 ficha por el Sevilla y debuta en el fútbol patrio. Su total desconocimiento del idioma español unido a que el equipo sevillista era por entonces un segundón, luchando por conservar la categoría, le hicieron fracasar en esta su primera experiencia española, con lo que en la jornada ocho de la 58-59 dimitió dejando a los hispalenses en el farolillo rojo. Pero esta misma temporada, como ya se ha dicho, el destino y la destitución de Scopelli le traen a Granada.

Con el carné de Cholín y con González de gesticulante “intérprete”, la sabia mano de Kalmar se nota enseguida. El nuevo míster cambia de posición a algunos futbolistas clave, como Benavídez, a quien hace jugar algo más alejado de las porterías contrarias y por el que debe pasar todo el juego de ataque, y al mismo tiempo “amplía” el terreno buscando la rapidez en banda de dos hombres también en lo mejor de sus carreras como Vázquez y Arsenio. Con sus retoques y con la incorporación del gran Carranza para la recta final de la liga se produce una reacción con la que consigue el Granada quedar a salvo de los puestos de descenso y a punto está también de eludir los de promoción de no ser por la derrota en la última jornada, en el campo del Osasuna, unida a algún resultado sospechoso en otros campos. La promoción no se pudo evitar, pero casi se puede decir de ella que fue un mero trámite, y un Granada arrollador mantuvo la máxima categoría sin problemas frente al Sabadell, que tuvo que esperar dos meses para vérselas con todo un subcampeón de copa.

Terminada la liga y antes de jugarse el todo por el todo en la promoción comienza el trofeo de Copa del Generalísimo, al que llega el Granada en plena forma. La suerte depara rivales de segunda hasta llegar a semifinales. Pero esto no quita mérito a la gran campaña granadinista. El Granada terminó la liga (de la que sólo ocho partidos son de Kalmar) con el balance de 30 goles a favor por 43 en contra en las treinta jornadas que duró. Pero en los diez partidos de copa disputados va a conseguir 31 goles, cifra a la que habría que sumar los seis que se llevó el Sabadell en los dos partidos de promoción (nueve al Elche, recién ascendido a primera; diez al Cádiz; siete al filial del R. Madrid, el Plus Ultra; cuatro al Valencia; uno al Barcelona) y sólo va a encajar diecisiete. La mejor defensa es un buen ataque, reza una máxima futbolera que puede aplicarse plenamente al Granada de Kalmar (para deleite de los granadinistas que tuvieron la gran suerte de verlo) que si antes de su llegada todo lo fiaba a la contención, con Kalmar va a ser un conjunto temible de medio campo para adelante.

Letras de oro merece Jeno Kalmar en los anales rojiblancos. Con él en el banquillo el Granada alcanzó su mayor proeza: subcampeón de España 1959. En la final del Bernabéu, de la que se cumplen cincuenta redondos años, no hubo sorpresa sino que triunfó la lógica y se impuso el Barcelona, equipo incontestable que dirigía otro mito del fútbol mundial, Helenio Herrera, que acababa de ganar también la liga y que es equiparable al del reciente triplete. Pero para la historia queda la proeza del modesto que se sube a las barbas de los grandes. También para la historia queda la gran victoria (3-1) sobre el Valencia (cuarto en la liga) con la que el Granada accedía a la final, desempate jugado en el mismo escenario unos días antes y sobre el que casi todos los historiadores rojiblancos coinciden en que fue uno de los mejores -si no el mejor- de todos los disputados por el Granada en sus ya casi ochenta años de vida.




El Granada de sus buenos años primerdivisionistas mereció en más de una ocasión el meramente honorífico título de equipo revelación. Pero el equipo rojiblanco a pesar de realizar algunas buenas campañas en Primera no pudo nunca darse a conocer fuera de nuestras fronteras en competición oficial. El gran Granada de Kalmar, subcampeón de España de la temporada 58-59, tampoco. Y es que de nuestro Granada se puede decir que hasta cuando lo hace bien no le acompaña la misma buena estrella que a otros a los que, desde nuestra óptica de forofos, creemos que con menos méritos no se les niegan cosas que al nuestro sí. En 1959, al quedar subcampeón de Copa y dado que el Barcelona ya había ganado la liga, es decir, estaba clasificado para Copa de Europa, el subcampeón debería haber accedido a otro torneo organizado por la UEFA. Pero para nuestro infortunio faltaban todavía dos años para la instauración de la Recopa, desaparecido torneo internacional que disputaban los campeones europeos de copa en sus distintos países. Sí se disputaba por entonces la que se llamó Copa de Ferias, equiparable y antecesor de la actual Copa de la UEFA, pero los criterios de clasificación de los participantes no eran como ahora, no la determinaba exclusivamente lo deportivo. Del mismo modo, las dos mejores clasificaciones de la historia rojiblanca, sextos en 71-72 y en 73-74, no supusieron disputar competición internacional porque entonces el sexto se quedaba fuera. Quiere todo esto decir que si en lugar de hace cincuenta años (o treinta y ocho), las mejores prendas del registro granadinista hubieran ocurrido en estos tiempos (y si no que le pregunten a Valencia y Bilbao), el Granada se habría ya asomado a Europa al menos en tres ocasiones.

Jeno Kalmar, por su brillantísimo final de temporada 58-59 fue renovado y con él y casi la misma plantilla el Granada logró la permanencia en la 59-60 sin tener que disputar siquiera promoción. Lo que ocurre es que el equipo empezó bien pero fue bajando en juego y resultados, cosa normal para una plantilla bastante veterana, para acabar salvando la máxima categoría de forma agónica en la última jornada en Los Cármenes ante el Valencia, al que se pudo derrotar merced a un solitario gol de penalti transformado por Benavídez. Terminada la liga se inició la copa, y en esta ocasión no se pudo repetir ni de muy lejos la hazaña de un año atrás, siendo eliminados a las primeras de cambio por el Huelva, de segunda. El presidente Jiménez Blanco “barrió” a casi todos los veteranos de la plantilla y también al míster, que para entonces todavía no había aprendido ni una palabra de español y lo habían cateado en el curso de entrenadores (¡el gran Kalmar teniendo que recurrir a chuletas!). Su no continuidad bien que la íbamos a lamentar a lo largo de la nefasta 60-61.

Hay un segundo capítulo de Kalmar en rojiblanco. Y también en esta ocasión fue muy afortunado su paso por el banquillo. En 1965 lo contrata José Bailón y logra ensamblar un gran equipo de hombres más que de nombres con el que el Granada se sitúa enseguida en el liderato del grupo Sur de Segunda para después cederlo al Hércules pero sin abandonar en ningún momento los puestos altos de la tabla. Hasta llegar a la última jornada en la que el Granada queda segundo y se clasifica para la promoción de ascenso. Ascenso que se ganó en La Rosaleda al Málaga. A pesar de que todo lo aportado por el húngaro a la historia granadinista es sobresaliente, el ascenso de Málaga supone también su adiós definitivo al Granada.

Kalmar se fue al poderoso Español de Vila Reyes, donde también triunfó, consiguiendo un tercer puesto en la 66-67. Era el equipo de la famosa delantera de “los cinco delfines”: Amas, Marcial, Re, Rodilla y José María. Otras aficiones que guardan buen recuerdo del magiar son las del Oporto, Valladolid, Hércules y Málaga (a pesar de lo de 1966). En Málaga se afincó una vez retirado de los banquillos y al club boquerón volvió a prestar sus servicios poniendo su carnet para que Viberti pudiera dirigir al equipo y devolverlo a Primera en la 78-79. En Málaga falleció y allí descansan sus restos.

En 1985 fue entrevistado Jeno Kalmar para Ideal por José Luis Entrala en su domicilio malagueño, y en una emotiva conversación salieron a relucir todas las nostalgias de sus buenos años futboleros y, cómo no, de Granada y de los granadinos, teniendo buenas palabras para todos, porque otra de las cualidades que del húngaro resaltan los que le conocieron es que era ante todo un caballero. Por entonces le faltaba poco para cumplir los ochenta y en aquellos momentos vivía modestísimamente en compañía de su esposa y rodeado de gatos. Pese a haber sido una celebridad del balompié mundial sus últimos años fueron de penurias económicas.

Cincuenta años se cumplen de la hazaña del Granada. Momento adecuado como ninguno para rendir homenaje al capitán que los mandaba. Y bien que lo hacía. Joseíto es el míster rojiblanco que mejores números puede presentar. Pero D. Jeno Kalmar no le va a la zaga y es sin duda el más ilustre de cuantos ocuparon el banquillo rojiblanco.


lunes, 22 de junio de 2009

LA FINAL DE LOS DIEZ MINUTOS




Apenas habían transcurrido diez minutos y ya perdían los nuestros por 2-0. Por eso no es extraño leer en las crónicas de la época, y más en la prensa catalana, que la final de 1959 duró en realidad sólo diez minutos. Para el todopoderoso Barcelona significó la más placida de las dieciocho finales de Copa que hasta ese momento había disputado (de las que había ganado catorce). Apenas tuvieron sus jugadores que esforzarse. Y eso que le faltaban varios titulares, como Ramallets, Kubala, Evaristo o Czibor. Pero, claro, el fútbol es un deporte en el que sólo juegan once y sin más remedio algunos tienen que quedarse fuera, y los que salieron desde el vestuario del Bernabéu aquella tarde de hace ahora cincuenta años justos no eran precisamente unos tuercebotas, que para eso pertenecían a la plantilla del todopoderoso Barça de HH, que además acababa de ganar la liga. Sólo diez minutos necesitaron para desarbolar al modesto equipo que se les oponía. Esos cortos diez minutos simbolizan sin embargo la distancia de años luz entre un club y otro.

El otro, el nuestro, la otra cara de la moneda, nunca se había visto (y tampoco se ha vuelto a ver, ¡mecachis!) en otra igual. No hay comparación posible entre una y otra plantilla, pero también los rojiblancos podían aducir que no estaban todos los titulares de la liga recién terminada. La ausencia más importante era la del gran Manolo Méndez, que en el eje de la defensa era todo un seguro de vida.

De siempre la cantera granadina lo que más y mejor ha aportado al fútbol nacional ha sido jugadores de la parte de atrás. Méndez es un claro exponente de una saga en la que podríamos también incluir a Pepe Millán, González (hijo), Barrachina, Francis o más recientemente a Lina y a Lucena. Incluso a Mingorance, que no siendo nacido en Granada salió del Recreativo y se le puede considerar un granadino más. Todos los cronistas de la efeméride y todos los que tuvieron la suerte de presenciar de cerca el acontecimiento coinciden en que el partido hubiera sido otro de no estar lesionado Méndez.

Además de la ausencia del bravo defensa y por la misma razón que el adversario no pudo alinear a sus estrellas Evaristo y Czibor, el Granada tampoco pudo contar, ni en éste ni en los demás de la competición de Copa, con sus dos grandes estrellas: el portero Carlos Gomes y el interior Ramírez. La razón es que ambos jugaban en España en calidad de extranjeros, portugués el uno y chileno el otro. Por entonces y durante algunos años estaba prohibido que la Copa de España la jugaran futbolistas de otra nacionalidad, cosa que no ocurría con Pellejero, Carranza y Benavídez, los tres nacionalizados.

Como queda dicho, la prensa catalana resalta la suma facilidad con la que los azulgrana se hicieron con la copa. No obstante hubo por lo menos unos momentos en los que no lo tuvieron tan claro, que son los primeros compases de la segunda parte, en la que el Granada vuelve al campo con otro aire y otros ánimos y consigue llegar con peligro a la meta barcelonista. Así hasta que en el minuto doce el balón llega a la banda derecha del ataque granadino donde Vázquez combina con Loren, quien centra al área para que Arsenio entrando desde atrás se aproveche de la salida a destiempo del meta Estrems y haga un gol que, además de salvar el honor rojiblanco, despierta a los varios miles de granadinos que en tren, en autobús, en taxi, en biscúter, en moto, hasta en bicicleta, no se han arredrado ante un viaje a Madrid que entonces casi no bajaba de las diez horas de camino, y no han querido perderse la más alta ocasión que vieron los lustros rojiblancos.
La ilusión granadinista va a durar sólo diez minutos más, los que tardará el Barcelona en hacer el tercero, y se va a acabar definitivamente a la media hora de juego, al conseguir el cuarto. Y no hubo más. Sólo la entrega por el Generalísimo de la Copa del ídem al capitán catalán Segarra, copa que se fue a hacer compañía a las otras trece que ya tenían los culés.

No hubo sorpresa. Ganó el que todos daban seguro vencedor y lo hizo sin demasiado esfuerzo. Para servidor, una rara avis que siempre ha sido del Granada y nunca fue ni merengue ni culé ni colchonero ni otros (ni siquiera como segundos amores), no tiene mérito ser de un equipo que siempre gana (masoquista que es uno). La verdadera hazaña quienes la protagonizaron fueron los que vestían de rojiblanco que, paradojas del fútbol, con el título nada insignificante de subcampeón de España todavía no tenían asegurado que al año siguiente iban a continuar entre los grandes del fútbol español.

miércoles, 17 de junio de 2009

CON PACO VIVÍAMOS MEJOR




12/06/09

Con Paco vivíamos mejor. Algunos granadinistas, es verdad, con Paco vivían mejor. Ellos, naturalmente. No está tan claro que la mayor parte de la afición y el club en general viviera mucho mejor. Porque lo que cuenta es lo de siempre, lo que queda una vez que los amores (es decir, los dineros) se agotan: un club en la más absoluta bancarrota y con un futuro, incluso a corto plazo, por lo menos, dudoso; y unas gradas en las que todos los que estamos nos podríamos saludar por nuestro nombre y apellidos, de pocos que somos y de lo vistos que nos tenemos unos a otros.

En los primeros años de la Transición era esta frase un slogan de los nostálgicos por el orden impuesto manu militari por el viejo general. El progrerío de la época también era nostálgico y le daba la vuelta a la famosa frase y hacía suyo el slogan “contra Paco vivíamos mejor”. Como ahora mismo en algún ámbito informativo, en el que echan de menos la marcha que caracterizó al dimitido Sanz.

Y hablando de la Transición, desde que este proceso histórico comenzó, Granada, y no sólo en lo balompédico, no ha hecho sino retroceder. Desde entonces para acá Granada ha pasado de primera a 2ª B. No es que fuéramos antes unos potentados, pero teníamos un buen pasar, que se dice. La diferencia es bien apreciable. De cola de león hemos pasado a otra cola mucho más humilde, la de ratón. Últimos de España en todo. En breve la única provincia andaluza de 2ª B (ánimo R. Jaén), categoría que incluso puede perderse si no llegan los dineros públicos a suplir los que se quedaron en promesa. Mire usted por donde los granadinos, eterna agua oculta que llora, sí que tendríamos y según se mire otra razón para derramar indolentes lágrimas y repetir la frase según la cual bajo el régimen anterior vivíamos mejor.

Algunos hinchas rojiblancos añoran también el sanzismo y estarían encantados si volviera el que se fue. Hombre, si viniera otra vez con la talega, bienvenido sea. Pero no creo, estando la cosa como está.

Más arriba he dicho que los poquísimos que seguimos yendo al fútbol nos podríamos saludar por nuestros nombres y apellidos. Pero no creo. Lo impide el muro que entre los escasos incondicionales levantó el sanzismo y su artificial e interesada división entre buenos y malos aficionados, entre vendidos y leales. Porque otra de las características de los mecenazgos autoritarios es lo que suelen dividir a la afición. Son ya casi ochenta los años que tiene la institución (¿los cumplirá?) y en ese tiempo ha pasado por la poltrona rojiblanca todo tipo de formas de dirigir el club. Lo de Sanz y su desdén para cualquiera que no le bailara el agua tampoco fue una novedad.

La continuidad del club rojiblanco todavía no está cien por cien asegurada. Son momentos más de ir todos en una misma dirección -los que con Paco vivían mejor y los que estábamos algo peor- que de buscar poner ladrillos en el camino de los únicos valientes que se han atrevido a intentar sacar al Granada adelante.

miércoles, 10 de junio de 2009

DESPUÉS DEL VILLAMARÍN




El partido que anuncia el bonito cartel, gentileza de Jesús Hurtado Navarrete, es digno de evocación por varias cosas. Fue una goleada rojiblanca (5-1) a la que no le cuadra ese titular periodístico tan tópico que dice que el resultado lo explica todo. Y no lo explica porque todos los goles llegaron en la segunda parte, y faltando sólo un cuarto de hora el resultado era de empate a uno. En los quince minutos finales, un Granada sensacional con Orihuela en figura, marcó cuatro y casi pudo hacer otros tantos. Esos últimos quince minutos valieron por el resto, pero no fue una victoria cómoda.

Con Ben Barek repitiendo en el banquillo después de haberse escapado con sospecha el ascenso a Primera en la última jornada en el Villamarín, sólo cuatro meses atrás, el Granada, en este octubre de 1979, jornada ocho, está muy lejos de parecerse al de hace un año, pero al menos en casa no ha dejado escapar ni un punto. El presidente Manuel Anel, agobiado por las deudas ha traspasado casi todo lo traspasable: el goleador José Luis al Huelva, y el defensa internacional juvenil Francis al Betis. El Betis será poco después también el destino de Gerardo Castillo, que convenció a sus “espías” cuatro partidos atrás, con dos goles al Celta en su puesto de carrilero derecho con mucho recorrido. Queda en la recámara Gustavo Benítez, con varias novias, incluido algún grande.

Izcoa; Calera, Santi, Lina (Aguilera 82’), Fali; Angulo, Planas, Antonio; Serrano (Jorgoso 46’), Alberto y Orihuela jugaron de rojiblanco. Entre los trece hay ocho granadinos, y si incluimos a Santi son ya nueve. Pero sólo son novedad, aparte del mallorquín Planas, los dos sub 20 a que obliga la ley, ambos en edad juvenil: Lina, en la primera de sus doce temporadas, y Alberto, hermano del recién traspasado Francis, que debuta ante su público y que, actuando de delantero centro, consiguió el primero de los cinco goles del Granada. Jorgoso marcó el segundo y el tercero; Planas en gran jugada con Orihuela hizo el cuarto y Aguilera, regresado a su tierra para jugar su última temporada como profesional, cerró la goleada al rematar un córner. Antes, todavía con el 1-1, Planas desperdició un penalti.
El rival, el Levante, un recién ascendido a la categoría de plata, se había reforzado con numerosos veteranos ya de vuelta, como Jaén y Barrios, que están en la foto del mejor Granada de su historia de ocho años atrás. El delantero canario no jugó en Los Cármenes, pero sí lo hizo un Rafa Jaén metido en carnes por el que pasaba todo el juego valenciano. Además venía Sierra, un lateral izquierdo ex rojiblanco también de los años de Primera, aunque aquí no jugó mucho. Y también presentaba el Levante el debut de Gregorio, un delantero madrileño que perteneció varias temporadas al Granada CF pero que actuó siempre en el Recreativo. En el banquillo se sentaba Pachín.

A partir de este partido enlazará el Granada varias jornadas sin perder que le colocarán como aspirante al ascenso. El final de la primera vuelta es también el final de la buena racha hasta acabar la liga en el puesto trece. La huida de Benítez para evitar ir a la trena, faltando todavía dos meses de competición, influyó sin duda en los malos resultados y a la vez frustró la última posibilidad de reducir algo la losa del club.

Esta temporada se puede considerar de transición. Sólo que el tránsito fue a peor.

miércoles, 3 de junio de 2009

PASEN



31/05/09

Desde que impulsado por el ayuntamiento se creó el club Granada Atlético, cada año por estas fechas vuelve cíclicamente a ocupar portadas futboleras locales el tema de la posible unión entre el club Granada Atlético y el Granada CF. Casi un clásico del periodo intermedio entre temporada y temporada futbolera se puede considerar ya, aunque en esta ocasión hay algo más consistente y ya se ha alcanzado un acuerdo de filialidad.
Felicitémonos los granadinistas cabe decir. Después de haber estado cerca de acabar la cosa en casorio no hace ni un año, frustróse éste por cuestiones sobre las que circula más de una explicación. A ninguna de ellas quiere uno dar el cien por cien de verosimilitud. Sea como sea, en la prensa de hace un año para acá a quien más se culpó siempre del fracaso fue a Paco Sanz.
Uno modestamente siempre defendió la conveniencia de la unión de los dispersos proyectos futboleros granadinos y recibió lo suyo por exponer estas cuestiones. Han cambiado las circunstancias de entonces acá pero sigo pensando que incluso el acuerdo a tres bandas habría sido mucho mejor. Uno a lo mejor es un iluso pero en los tiempos actuales y estando el patio como está creo que no hay una mejor alternativa para el club de Recogidas.
Coincido con algo de lo dicho en este mismo foro por el ilustre Martos, cuyas siempre interesantes colaboraciones se han recuperado recientemente por esta santa casa. Coincido con él en que no están los tiempos para esperar que por el simple hecho de tener en el mismo barco a los rojiverdes se vayan a acabar los males rojiblancos. Eso quizás se hubiera conseguido allá por 2006, en otro verano en que se habló de posible integración (o unión, o fusión o como se quiera llamar). En aquellos momentos había hambre de fútbol y no se vislumbraba crisis alguna. Pero eran tiempos en que todo lo que llevara la marca Sanz parecía ir sobre ruedas y la euforia por el reciente ascenso desbarató el posible matrimonio.
Muy pesimista ve uno el mensaje del vecino de página. Profetiza que la boda traerá la defunción del 5.001 muy pronto y llega a decir que a su juicio el Granada CF no es viable. Por decir algo con mucho menos de la mitad del plomo que esta afirmación contiene a un servidor algunos lo más suave (pero lo que más dolió) que le dijeron fue antigranadinista.
¿Hay otra alternativa mejor que la de intentar ganar brazos y mentes para la causa rojiblanca? Que vuelva Sanz o algún otro desinteresado mecenas no lo veo muy factible con la que hay liada, ni muy deseable, porque ya sabemos por más de una experiencia cómo suelen dividir a la afición y cómo dejan las cosas cuando se van. Porque los mecenas siempre acaban yéndose.
Uno será un iluso pero no quiere ver caballos de Troya en lo que ya es una realidad que, me consta, el granadinismo mayoritariamente va a apoyar mientras no le den una razón para hacer lo contrario. No quiere uno crear polémicas, ni con el aludido ni con nadie. Todo lo contrario. Creo que todos los granadinistas, los que lo son más que nadie y los que somos algo más “tibios”, debemos poner de nuestra parte para que términos como talibán, lameculos, limpiasables, acólitos (términos que no recuerdo nunca haber empleado), pero también, periofascistas, culos mojados, vendidos a JJ y otros (por señalar sólo los más suaves) dejen de ser actualidad y pasen al terreno de lo anecdótico.
A un servidor nadie tiene que convencerlo para que vaya al campo a ver fútbol y, en sus posibilidades, se una a cualquier campaña pro Granada CF. Pero me temo que a un hipotético Granada CF célibe lo que le aguarda (si algo le aguarda) es penar en categorías ínfimas otros cuantos años más. ¿Queremos un Granada “puro” que apenas convoque a un puñado de hinchas?

jueves, 28 de mayo de 2009

SEIS AL BARÇA



De las diecisiete veces que el todopoderoso Barça visitó Granada para disputar un partido de liga, en cuatro se fue de vacío. Su primera visita a Los Cármenes fue una de ellas. Ocurrió el 15 de febrero de 1942, fecha que debe figurar con muy negros caracteres en la historia blaugrana porque Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Bonet, Sierra; Marín, César, Conde, Bachiller y Liz, endosaron seis goles en las redes barcelonistas y le infligieron la más amplia derrota que encajó el Barcelona en todo el calendario de la temporada 41-42.
El 6-0 que se llevaron los azulgranas de Granada los colocaba en el puesto 13 de la clasificación, vicecolistas y en puesto de descenso directo faltando sólo seis jornadas para el final, a tres puntos de la promoción que jugaban tercero y cuarto por abajo. Es esta 41-42 una de las peores temporadas de la historia barcelonista si atendemos exclusivamente al torneo de la regularidad. En ella alcanzó la clasificación más baja de las 77 ligas que se llevan disputadas y no pudo pasar del puesto doce o tercero por la cola, teniendo que salvar la categoría en partido de promoción. Excepto la 33-34, en que quedó penúltimo (de diez), pero no había descensos por ampliación de la primera categoría, y la 39-40, en que quedó noveno (de doce), pero sin tener que promocionar, en las restantes 74 ligas nunca bajó del sexto puesto final.
Es el Barcelona de la posguerra, que hasta ese momento sólo ha ganado una liga, la primera, la de 1929, aunque cuenta con ocho Copas de España. Pero precisamente desde ese ya lejano 1929 no ha vuelto a ganar liga ni copa. Es un Barça en situación de “vigilancia” estrecha por las autoridades del nuevo régimen político, que designan a dedo a la persona que ocupa su presidencia, que le han obligado a cambiar sus siglas (FC por CF) y que le han suprimido de su heráldica el cuartel cuatribarrado, sustituido por la bandera nacional.
En esta luminosa tarde de mediados de febrero jugaron en Los Cármenes: Miró; Anguera, Benito; Franco, Rosalench, Llácer; Valle, Gracia, Martín, Balmanya y Bravo. De ellos ninguno ha alcanzado la internacionalidad aunque hay dos, los delanteros Bravo y Mariano Martín, que sólo dos meses después van a debutar con la roja. Aparte contaba en su plantilla el Barcelona desde antes de la guerra con otros jugadores que ya habían sido internacionales, pero que esta temporada apenas van a jugar por ser ya muy veteranos, como Raich, Escolá y Nogués.
Aunque desde luego no estemos ante el mejor Barcelona de su historia tampoco debemos quitar méritos a la gran victoria rojiblanca. La liga culé fue muy mala, pero este mismo equipo volvió a dar un título al barcelonismo esta misma temporada rompiendo así una sequía de doce años. Sólo cuatro meses después de salir goleado de Los Cármenes va a ganar su novena Copa, 4-3 al Bilbao. Con el título copero en el bolsillo todavía tuvo que cumplir el trámite de la promoción (como el Granada del 59) ante el Murcia, que llevaba esperando dos meses, al que vapuleó 5-1 y de esa forma pudo salvar la máxima categoría.
La crónica del 6-0, extraída de la magnífica hemeroteca del diario barcelonés Mundo Deportivo, firmada por su director J.L. Lasplazas, dice de Alberty que fue seguro y en ocasiones «afiligranado», aunque no tuvo mucho trabajo. La defensa del Granada aquella tarde la formaban Millán y Alejandro, porque esta temporada es la única de las 13 granadinistas de González en la que no fue siempre titular; el gran Paco Bru prefirió para la segunda vuelta a Alejandro, muy veterano lateral a la antigua del At. Madrid de la República, que jugaba con boinilla. De la pareja dice la misma crónica: «En la defensa dos backs de recia entrada, corte seguro y largo despeje. Desde luego, ninguno de los dos es precisamente hombre de juego afiligranado, ni aun de juego científico; pero son dos muchachos que ponen respeto a la delantera».
La buena y extensa crónica destaca más que ningún otro rojiblanco a Bonet, en su puesto de medio centro, y a Marín, autor de dos goles. También merecen mención Sosa, que anuló al peligroso Bravo, más César, rematador nato aunque en esta ocasión no marcó. Conde, otro destacado, que en el Granada jugó en casi todas las posiciones, actuó aquella tarde como falso ariete. El valenciano Conde, recién perdonado de su pasado “rojo” fue preferido por Bru para sustituir al sensacional Trompi, lesionado, en detrimento de Cholín, que en el anterior partido, en Bilbao, actuó por última vez de rojiblanco.
Bachiller de cabeza abrió el marcador a los dos minutos de juego, y a los veinticinco Bonet de gran cañonazo lejano hacía el segundo. Al poco de comenzar la segunda parte Alejandro de golpe franco hacía el tercero. Sólo diez minutos después Marín marcaba el 4-0 en jugada individual. Y el mismo Marín conseguía al poco el quinto en jugada similar a la anterior. En las gradas la parroquia se lo pasa como pocas veces, y en este punto se queja el cronista de la falta de cortesía del público, que grita a los azulgranas cosas como «¡A la cola! ¡A la cola!». Pero falta el último y el delirio cuando a poco del final Liz de volea hace un golazo con el que los granadinistas pueden irse a sus casas con sonrisa de oreja a oreja.
Con los dos puntos ganaba el Granada un puesto en la clasificación, superando al Hércules (que entonces se llamaba Alicante), pero todavía no conseguía salir de los puestos de promoción. A la jornada siguiente conseguirá su primera victoria a domicilio en Primera, 1-4 en La Coruña, seguida de otro gran partido con victoria (3-2) sobre el Sevilla con los que subir hasta la décima plaza que ocupará al final, a salvo de todo. Es el Granada más goleador de su historia, y todavía ofrecerá a sus ya numerosos hinchas un 7-3 al Castellón (seis de César) y un 4-0 al Español.

martes, 26 de mayo de 2009

AMIGO FANTASMA



La temporada 73-74 del Granada, tan digna de recordar por lo bien que acabó, también dejó para el recuerdo alguna anécdota no demasiado conocida. Como la que ocurrió en la jornada trece, 9 de diciembre de 1973, en que nos visitaba el Las Palmas, equipo puntero por entonces y que contaba en sus filas con algunos internacionales como Tonono, Martín Marrero, Germán o Castellano. Además su portero era el titular de la selección argentina, el gran Daniel Alberto Carnevalli, recién incorporado al levantarse esta temporada la prohibición de fichar jugadores extranjeros.


Apenas se llevaban jugados cinco minutos de partido, cero a cero en el marcador, cuando Germán Dévora, uno de los mejores delanteros canarios de todas las épocas, desde la frontal del área de la portería del marcador enganchó un gran remate seco que se coló en la portería de Izcoa por toda la escuadra. Un golazo de los de sombrero. El árbitro, Balsa Ron, inmediatamente señaló el centro del campo. Pero, y aquí está lo anecdótico, segundos después se volvió atrás e indicó saque de puerta.


Lo que ocurrió es que el fabuloso disparo de Germán, para nuestra suerte, atravesó la red por un roto (o la rompió) y el balón acabó en la grada. Fue tal la limpieza con la que el balón pasó por las mallas que éstas apenas se movieron, resultando que más de la mitad de los presentes no advirtieron que el tirazo del canario había sido gol. El árbitro sí que lo vio, pero seguramente confundido por su asistente, que no corrió hacia la línea divisoria, se volvió atrás de su primera decisión. El caso es que prácticamente ningún canario, a excepción del autor, protestó la decisión arbitral, y sus protestas fueron también bastante tímidas.


Hubo suertecilla rojiblanca aquella tarde, porque antes del descanso conseguía el Granada el primer gol gracias al “dontancredismo” del gran Carnevalli (aquella tarde menos grande) ante un centro a saque de falta casi desde la misma línea de la banda de General de Jaén, que acabó en la red sin que nadie lo tocara y tras dar en el poste. Y nada más empezar la segunda parte volvió el guardameta argentino a fallar al no retener un disparo de Chirri y dejar muerto el balón para que el debutante Lorenzo rematara desde cerca el 2-0. Faltando poco para el final consiguió el Las Palmas el definitivo 2-1 de penalti transformado por el propio Germán.


En la Preferencia del marcador del viejo Los Cármenes el sitio para cada trasero entre raya y raya era bastante estrecho y muchas veces nos acomodábamos los socios literalmente a presión, de modo que era frecuente que cuando rondaba el balón cerca de la portería y entre histéricos chillidos femeninos de canguelo empezaban los más nerviosos de delante a ponerse en pie, a uno no le daba tiempo a incorporarse porque primero había que zafarse del aprisionamiento; el resultado era que bastantes veces una barrera humana impedía ver la jugada e incluso el mismo gol. No fue el caso en esta ocasión y yo, desde mi localidad número 126, fila 15, vi perfectamente el golazo de Germán. Pero fui de los pocos.


Se puede comprobar acudiendo a las hemerotecas. En las crónicas de Hoja del Lunes y de Ideal y Patria transforman el gol fantasma de Germán en un tiro que dio en la red, pero por fuera. Igual ocurre en la excelente hemeroteca de Internet de Mundo Deportivo. Incluso no faltan las críticas al colegiado Balsa Ron por su “equivocada” primera decisión de conceder gol. Lo más gracioso fue que en el programa Estudio Estadio, que entonces se emitía los lunes, pudimos ver, en blanco y negro, por supuesto, el gol que no fue y escuchar los comentarios de que ése era el gol válido que consiguieron los canarios.


Como buen forofo, uno ha recurrido en numerosas ocasiones a justificar los fracasos de sus colores en la intervención maligna de duendes y brujas. En esta ocasión quienes debieron pensar en esos entes de razón debieron ser los forasteros.


La imagen que resume lo que pasó aquella tarde y que uno tiene indeleble en su memoria es la de Manolo Ibáñez, hombre para todo del club, reparando el roto de la red chapucera y casi clandestinamente en el descanso, a base de anudar una cuerda de las de persiana cuyo color verde destacaba sobre el blanco de las mallas.

jueves, 21 de mayo de 2009

GOMELES Y GAZULES, ZEGRÍES Y ABENCERRAJES... Y TROMPETILLAS



A cuando los moros no, pero sí hasta un tiempo lo suficientemente remoto como es el que se puede considerar prehistoria del fútbol granadino habría que remontarse para vivir algo parecido a lo que se dio cada temporada de las cuatro que permaneció nuestro Granada en el negrísimo pozo de la cuarta categoría del fútbol.

Distintos equipos animaban el incipiente deporte local allá por los principios del siglo XX, pero quienes llegaron a contar con más aficionados y concitar más expectación fueron, ya en los años veinte, el España y el Español, que representarían respectivamente a las clases pudientes y a las que lo eran menos. Ambos clubes disponían de terreno de juego propio y vallado; el del España estaba en la zona que al principio de la avenida de Cervantes hoy ocupa una colonia de hotelitos, mientras que el Español tenía sus instalaciones en lo que en la actualidad es la avenida del Sur. En sus enfrentamientos, siempre partidos no oficiales o en disputa de trofeos menores, solía haber más que palabras. Desaparecidos ambos a mediados de la década de los veinte, su lugar vino a ocuparlo el Granada (con el nombre de Recreativo), nacido a principios de los treinta. Lo bien que le fue desde el primer momento y su imparable ascensión en sus comienzos, que pronto lo iban a llevar a la élite, lo convirtieron en el equipo representativo de Granada, sin que ningún otro club local o provincial pudiera discutirle tal condición. El rival por excelencia desde esos primeros momentos y por muchos años estaba fuera de las fronteras provinciales, era el Málaga.

Pero la caída a los infiernos, el descenso rojiblanco a la cuarta, trajo algo parecido a lo que debieron ser aquellos duelos de rivalidad extrema de los años veinte entre España y Español. La gran pena es que lo que lo propiciara fuera precisamente ese tocar fondo del histórico, y no el ascenso de otros equipos granadinos.

Ochenta años de no vivir algo parecido y los consiguientes cambios sociales borraron cualquier atisbo de tradición en cuestiones de rivalidad futbolera granadina, así que a falta de solera autóctona se recurrió a copiar del rico folklore de otros pagos más o menos vecinos (que por otra parte se suele imitar sin pudor por estos lares). Todo un acontecimiento, tal como sucede en tierras de “María Santísima”, vinieron a ser los distintos derbis fratricidas que se vivieron en los cuatro años, pero, claro, en versión penibética, en escala mini y con el viso casposo de las imitaciones. Algo bueno tenían al menos este tipo de partidos de rivalidad local, en los que el campo volvía a registrar buenas entradas y había colorido y cierta emoción. De alguna manera suponían algo mejor que llevarse a una andorga balompédica estragada por aquellos tristes calendarios, demasiado poblados de bastos, rusadires, manchasreales, alhaurinos, comarcaeníjares y otras desconsoladoras hierbas.

El partido de Los Cármenes, jornada 24 de la 2005-06, entre el Granada Atlético (el local) y el Granada CF, ambos luchando por los puestos altos de la clasificación, podría ser un buen ejemplo. Se puede considerar este partido como todo un monumento a esa cosa tan granadina cuyo kilómetro cero -Ladrón de Guevara dixit- está en Puerta Real. Con aficiones separadas para evitar los incidentes de la ida, fue todo un recital de salidas de pata de banco del paisanaje, rojiverde o rojiblanco, en un clima previo bastante caliente y en el que no faltó la denuncia por parte del presidente atlético de amenazas anónimas hacia su persona. Acabó en empate a uno después de que Gustavo en tiempo de descuento picase en la provocación de Pedro Curtido, delantero atlético sobre el cual descargó un manotazo que costó al equipo un penalti en contra que supuso el gol del empate local, además de la expulsión y sanción del guardameta. Seguramente a Gustavo le pasó como a más uno y de dos, que los varios cientos de trompetillas sonando desacompasada y ensordecedoramente durante más de dos horas ininterrumpidas llegó a enervarle de de tal manera que perdió los papeles.

Aquella tarde, sangre que llegara al río no hubo, la verdad. Sí que hubo, en cantidades industriales, todo un derroche de feísmo cainita y cazurro. Pero lo peor fue la idea de repartir a los seguidores atléticos bocinas publicitarias de plástico que acallaran los gritos anti Arrabal de los ultras rojiblancos. Resultó una insufrible tortura de la que, cuando me acuerdo, me vuelve el dolor de cabeza.