EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



lunes, 30 de noviembre de 2009

CON LA FRENTE MUY ALTA



28/11/09

Dieciocho años separan a uno de otro. Los que van de 1991 a 2009. En 1991, Cuerva, D. Gerardo, tuvo que hacerse cargo de un club arruinado y con su futuro en el aire, del que nadie quería saber nada. En 2009, Cuerva, D. Ignacio, hijo del anterior, fue asimismo el único valiente que se atrevió a echar sobre sus hombros la responsabilidad de intentar evitar que tuviéramos que entonar el gorigori por el histórico Granada CF.
Hay grandes paralelismos entre el papel protagonista del padre y el del hijo. Los dos tuvieron que entrar en escena urgentemente e improvisar sobre la marcha porque su antecesor había hecho mutis en mitad de la representación. Los dos tuvieron que ir interminablemente de la Ceca a la Meca intentando devolver la confianza en el club, dilapidada por gestiones caracterizadas por la excesiva soberbia y el autismo de sus predecesores. Pero en el caso de Ignacio tiene aún más mérito, porque en 1991 el club todavía tenía patrimonio.
Ignacio asumió la nada fácil tarea de intentar reanimar al que estaba en la mesa de operaciones y casi desahuciado. Para ello, buscó de entrada algún dinero con el que levantar de su arrodillamiento a los futbolistas. Alcanzó después un acuerdo con éstos que evitara la denuncia de sus contratos y con ello el descenso administrativo o lo que es lo mismo, la puntilla a la entidad. Hizo un llamamiento a la afición para que cada granadinista dentro de sus posibilidades aportara casi a fondo perdido unas cantidades que, aunque resultaron escasas (más o menos como siempre que campañas de este tipo se han puesto en marcha en la historia del club), también sirvieron en su momento para evitar la defunción del Granada CF. Finalmente, como Granada no es una ciudad en la que pueda florecer un proyecto de ídem, está claro (¿lo será alguna vez?), buscó y encontró bolsillos foráneos mucho más poderosos que se hicieran cargo del club.
Y todo lo hizo calladamente, elegantemente, sin el autobombo de otros que decían moverse por un sentimiento de amor a estos colores. Otros que prometieron el oro y el magrebí y poco faltó para que enterraran al histórico. Porque no es Ignacio amigo del populismo hueco y del compadreo.
Ahora se va. No puede ser de otra forma. No queda más remedio, porque el que paga tiene que mandar. Lástima que en Granada no haya quinientos mil habitantes que tengan el talante Cuerva y tengan que venir de fuera. Puede irse con la frente muy muy alta, y con la satisfacción de haber salvado, él sí (al menos por ahora), a nuestro Granada CF.

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