EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Herranz, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Tomé.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



jueves, 1 de junio de 2017

PALIZÓN AL BARCELONA

Cartel del partido Valencia-Granada, jugado en Mestalla

Alberty no es infalible
La mejor racha de toda la liga, cuatro partidos sin perder, con victorias sobre Alicante y Madrid y empates a domicilio ante Español y Celta, acabó en la jornada 16, tercera de la segunda vuelta, en Mestalla, con la mayor derrota de toda la temporada, 5-0 a pies del Valencia, aunque era una derrota previsible porque se trataba de un gran Valencia que luchaba por los primeros puestos y que acabaría campeón de liga. Además, los resultados de los rivales directos dejaron al Granada en la misma posición en la tabla y por esa razón no dolió demasiado la paliza.                                 
Según las crónicas, esta vez Alberty, que había sido duda toda la semana por un golpe frente al Madrid, dio la de arena. En Patria e Ideal, con firma de periodistas valencianos (que siguen llamando a nuestro equipo Recreativo) lo culpan de al menos dos de los goles ches.

 Chiste de Miranda sobre Alberty y su actuación en el 5-0


Por fin puede jugar Conde
Para el siguiente partido, en casa frente a un rival directo, R. Sociedad, el Granada se vio reforzado con Antonio Conde. Era un futbolista veterano (32 años), nacido en Sagunto, cuyos mejores momentos los había dado en el Valencia de antes de la guerra. En el Granada había firmado a principios de la anterior temporada, la 40-41, en Segunda, para poco tiempo después quedar su contrato suspendido al alcanzarle de lleno la que se conoció como Ley Moscardó. Desde entonces había estado inactivo e inédito para el granadinismo.
Las nuevas autoridades, en su afán por controlarlo todo y por derrotar no sólo militarmente a sus oponentes, habían dispuesto un conjunto de normas depuradoras o purgativas de elementos desafectos (o sospechosos de serlo) al nuevo régimen político, que se inició con la Ley de Responsabilidades Políticas, dictada cuando el fin de la guerra era inminente y ya se sabía su desenlace, y se perfeccionó con un sinfín de normas menores para alcanzar hasta el último de los sectores de la sociedad, como esta Ley Moscardó, que impedía a los deportistas dedicarse a su profesión si durante la guerra o antes de la misma se habían significado como integrantes de organizaciones de izquierda o del ejército de la República, una norma que estaba redactada en unos términos tan ambiguos que podía afectar a cualquiera que simplemente hubiera permanecido en zona roja durante la guerra, aunque nunca se hubiera involucrado en nada político. Antonio Conde Aja, mucho más por razón de donde le sorprendió el alzamiento contra la República (su Valencia natal) que por razones ideológicas, pasó la Guerra Civil en las filas del ejército republicano, donde llegó a ser oficial de Intendencia. Después de la contienda había jugado en el Hércules, y ya había tenido problemas con esta ley represora e incluso había pisado la cárcel. En el verano de 1940 el Granada lo había fichado como refuerzo para intentar el ascenso a Primera, pero hasta el momento que narramos, esto es, enero de 1942, cuando por fin quedaron aclarados los cargos que contra Conde existían y fue autorizado, sólo los ociosos que acudían a los entrenamientos habían tenido oportunidad de apreciar sus magníficas dotes de medio centro organizador o interior en punta.

Antonio Conde
Casi por sorpresa llegó la autorización puesto que poco más de un mes antes se había publicado en prensa que su recurso ante el Comité Nacional de Deportes había sido nuevamente desestimado. Martín Campos y otros directivos afectos al Glorioso Movimiento Nacional, como exigía la legislación, habían avalado la declaración jurada de Conde de ser persona de orden y no haber participado en actos perseguibles, requisito indispensable para obtener la licencia federativa. El caso es que año y medio de trámites le había costado al valenciano el perdón de su pasado rojo.
Conde fue un oportuno e importante refuerzo. El Granada derrotó 3-1 al equipo donostiarra, el farolillo rojo, con el concurso de este veterano todo terreno, que se alineó de medio izquierdo en detrimento de Sierra. Su actuación fue buena, aunque acusó el mucho tiempo inactivo, según  las crónicas. En la siguiente jornada volverá al banquillo, pero a partir de la 19 se convertirá en insustituible por todos los partidos que quedan hasta el final más los seis de Copa que se jugarán a continuación, titularidad que continuará las dos siguientes temporadas.
La victoria ante los vascos fue muy importante, distanciándolos ya en siete puntos, lo que unido a la derrota del Barcelona frente al Madrid supuso establecer un colchón de cuatro sobre los dos puestos de descenso, aunque todavía estábamos inmersos en los de promoción.

El Granada que derrotó 3-1 a la R. Sociedad, 25 de enero de 1942. De pìe: Sosa, Alejandro, Alberty, Bonet, Conde, Liz, Bachiller y César; agachados: Millán, Trompi y Marín

Atlético Aviación
La siguiente jornada, la 18, toca jugarla nuevamente en casa. Es una prueba de fuego porque el rival es el equipo de moda de la época, el At. Aviación de Ricardo Zamora, el míster del verdadero equipo del régimen, campeón de las dos últimas ligas, título que este año no pudo convalidar. En Granada y provincias limítrofes creció una expectación como nunca se había visto por estas tierras y desde el mismo lunes anterior al partido se anunciaron trenes y autobuses botijos fletados desde Málaga, Almería y Jaén. El recibimiento dado a los uniformados militarmente jugadores colchoneros provocó atascos en la estación de Andaluces y en la puerta del hotel donde se alojaron.
                Con Los Cármenes repleto a reventar, el día de San Cecilio de 1942, domingo 1 de febrero, se jugó este histórico encuentro que sin embargo para nada respondió a la gran expectación concitada en cuanto al juego desarrollado por granadinos (de blanco entero) y madrileños, aunque sí que resultó un partido emocionante que pudo ganar cualquiera pero que se decidió a favor de los aviadores por un único gol de Campos, protestado por los locales por entender que hubo una mano previa del colchonero.   

 El míster aviador Ricardo Zamora conversando con los granadinistas Alejandro, Liz y Bonet 
                                                              
Alberty triunfador en San Mamés
A la jornada siguiente, un nuevo desplazamiento lleva al equipo a San Mamés. Es la primera vez en la historia que el Granada comparece en la Catedral y, como era tradicional para los visitantes primerizos, en los prolegómenos los rojiblancos granadinos (fueron los locales los que vistieron otra indumentaria, como era la costumbre de la época) depositaron un ramo de flores ante el busto  de Pichichi.
               Después, sobre el barrillo de San Mamés, los nuestros jugaron un bastante aceptable partido pero no pudieron evitar caer derrotados por un único gol de Zarra, por entonces un prometedor ariete, en un barullo ante la meta de Alberty, que completó la que quizás sea su mejor actuación de los únicos catorce partidos en que defendió la portería granadinista. El entendido público bilbaíno dedicó al húngaro una enorme ovación al terminar el encuentro.

El Granada, debutante en San Mamés, cumple con la tradición y deposita un ramo de flores ante el busto que recuerda al gran Pichichi. Granadinistas y bilbaínos posan en los prolegómenos del At. Bilbao 1 Granada 0. Los de rayas son los nuestros: Liz, Alberty, Sosa, César y Bonet a la izquierda de la imagen; Alejandro, Conde, Sierra, Millán (tapado) Bachiller y Gárate, a la derecha
Gran goleada al Barcelona
Las dos derrotas consecutivas ante los dos Atléticos no escocieron demasiado porque los dos eran equipos punteros. Pero el siguiente rival ya sí que era de nuestra liga, el Barcelona -quién lo diría-, que se presentaba por primera vez en Granada viviendo la que es la peor competición liguera de todo su palmarés, y que marchaba en la clasificación justo detrás del Granada, a dos puntos y ocupando la primera de las dos plazas de descenso directo. Por eso era importantísimo anotarse una nueva victoria que restaurara la cómoda diferencia de cuatro puntos sobre los catalanes anterior a las dos jornadas recién disputadas, y así los profesionales granadinistas quedaron concentrados en el hotel Suizo desde tres días antes del choque.
                Estamos ante otra cita histórica, la de 15 de febrero de 1942, jornada 20. El Barça opuso a: Miró; Anguera, Benito; Franco, Rosalench, Llácer; Valle, Gracia, Martín, Balmanya y Bravo. Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Bonet, Sierra; Marín, Conde, César, Bachiller y Liz jugaron de rojiblanco. Un palizón de 6-0 fue lo que se llevó de Granada el Barcelona en su primera visita a nuestra tierra, gran victoria rojiblanca que no debe minusvalorarse aunque llegara sobre el peor Barça, un Barcelona que alcanzó su más baja clasificación liguera, 12º (de 14), y tuvo que salvar la categoría en promoción frente al Murcia. El caso es que no sería tan malo este Barcelona ya que este mismo equipo azulgrana apenas tres meses después de su partido en Los Cármenes se proclamó campeón de Copa del Generalísimo 1942.
Fue un partido no muy bueno del Granada a pesar de la goleada. Lo que más destacó , como es norma en esta temporada, fue el gran acierto del adelante rojiblanco, el mejor de toda su historia, aun con la ausencia del pequeño gran Trompi, suplido por Conde. Era la cuarta goleada en lo que iba de liga; faltaban todavía otras cinco, tres en liga y dos en copa.

Liz, Bonet (cigarrillo en ristre) y Alberty entretienen el aburrimiento de la concentración pre partido frente al Barcelona en el hotel Suizo escribiendo a sus familias
«Con unas pocas quisquillas / y unas copas de aguardiente / va a deciros dos cosillas / tan claras como sencillas / el que es vuestro presidente.»   
La goleada sobre el equipo culé fue celebrada por todo lo alto por directiva y jugadores con una cena en el mismo hotel de concentración. El presidente Ricardo Martín Campos improvisó un brindis rimado y festivo que empezaba con la quintilla que va por delante y continuaba con párrafos como: …«¡Sí!, ¡sí! Igual que el comendador, / con cuchillo y tenedor, / dispuesto a todo, amigazos: / a comerme un asador, / a beberme un botellazo / y a fumarme un gran purazo. / Ya sabéis que todavía / nos quedan duras jornadas. / Tan duras como el alón / de este pollo solterón / que destroza el medio Sosa.» […] «Y otros domingos jugando / en nuestro campo esplendente, / si ganamos ¿cómo no? / nos aplaudirá la gente. / En fin, ¿a qué más hablar? / Habéis venido a cenar / y no es cosa de amargaros / este jamón tan salado / que Moisés ha regalado… / por el precio estipulado. / Alegraos, sí, alegraos / porque es noche de alegría. / De vosotros es el día. / Comeos hasta mi ración. / Pero si alguno queda / con algo de corazón / que me guarde en un cartucho / siquiera un melocotón. / Mirad el vino con lupa, / bebedlo con regadera / y el que escupa ¡por Dios!/ que no lo haga en la estera. / Un brindis por el Granada, / el equipo que se empeña / en no viajar en segunda. / ¡Vivan nuestros jugadores! / ¡Vivan los goleadores / que saben jugar horrores / contra equipos de cartón! /  ¡Y viva el jamón con habas / y los dátiles de postre, / y las copas de coñac / que, por cosas de la vida, / he dejado de tomar!».
Desde luego, no puede decirse que ese brindis jocoso y ripioso de D. Ricardo tuviera alguna pretensión lírica, pero nos ha parecido que viene aquí a cuento referir una faceta no muy conocida de Ricardo Martín Campos como es la de su vena poética de juventud. Así, sabemos que en 1918 en unión de otros fundó una revista literaria (Idearium se llamaba; se llegaron a publicar unos pocos números) en la que Martín Campos hizo sus pinitos líricos.

 

López Sancho en Patria caricaturiza al improvisado vate Ricardo Martín Campos

Concurso de pronósticos
            El diario Ideal junto a su hermano mayor Ya, de la Editorial Católica, puso en marcha para la segunda vuelta de la liga un concurso semanal de pronósticos para los siete partidos de Primera División de cada jornada en el que había que acertar el resultado de cada encuentro y el número total de goles, con premios de 500, 300 y 100 ptas. para quienes más se aproximaran. En la jornada 20, que se jugó el 15 de febrero de 1942 y en la que el Granada apalizó al Barcelona, el tercer premio lo consiguió Juan Herrera Catena.
              Seguramente este nombre no dirá nada a la mayoría de los que puedan leer estas semblanzas, pero sí significa algo para el que suscribe y también para varias generaciones de abogados granadinos ya que ese nombre corresponde a alguien que fue muchos años profesor de Derecho Civil en nuestra Universidad. A don Juan, que era muy futbolero, seguro que los veinte duros le vinieron fenomenalmente en sus tiempos de estudiante en la facultad. En esta ocasión le acompañó la suerte. Suerte que no tuvo años después, en agosto de 1988, poco tiempo después de jubilarse, en que le sorprendió una muerte absurda y muy peculiar, cuando participando en las fiestas de su pueblo, Mengíbar, la explosión de un cohete descontrolado en pleno rostro le causó unas terribles heridas de las que no pudo recuperarse.
Empieza a gestarse la tragedia
            Como el siguiente partido era en La Coruña, el portero Alberty pidió permiso -y se le concedió- para viajar por su cuenta a Vigo con objeto de atender sus negocios y estar con su familia, y para allá se fue el lunes siguiente a la victoria ante el Barcelona. Desde Vigo tenía previsto incorporarse a la expedición ya en La Coruña. Estaba empezando a gestarse la gran tragedia y la leyenda de este portero-mito en la historia del Granada CF.

Alberty


 Histórica victoria en La Coruña
            El domingo 22 de febrero de 1942 es otra fecha histórica granadinista en esta temporada tan pródiga en momentos para el recuerdo. Ese día consiguió el Granada su primera victoria a domicilio en máxima categoría, en La Coruña, donde venció 1-4. El Coruña era en esos momentos equipo de la zona templada de la clasificación, pero acabaría la liga en un más que meritorio -para un debutante- cuarto puesto y además contaba con varios internacionales, como el portero Acuña, que acababa de debutar con la selección. No obstante, parece que Acuña no tuvo una buena tarde y las crónicas lo culpan de los tres primeros goles rojiblancos.   
Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Conde, Sierra; Marín, Trompi, César, Bachiller y Liz, fueron los once rojiblancos que hicieron historia, con tres goles de César y uno de Bachiller y con arbitraje de Álvarez Corriols en un partido en el que pusieron gran entusiasmo y en el que, según Hoja del Lunes de La Coruña, «…los delanteros rojiblancos eran cinco saetas hacia el gol contrario…». El semanario gallego también destaca a los “viejos” Alberty, Alejandro y Marín, en especial éste último, del que dice que parece que por él no pasa el tiempo y que está ahora mejor que hace diez años.
La victoria dejaba al Granada el décimo y a seis puntos ya de los puestos de descenso directo faltando sólo cinco jornadas para terminar la liga, aunque todavía  la promoción seguía siendo una amenaza. 

A sus 35 años Marín fue el mejor fichaje de esta temporada

 Pilar Primo de Rivera en Granada
                El año 1942 se inició con la celebración en nuestra ciudad del VI Consejo Nacional de la Sección Femenina. Para tal evento viajó el día primero de enero a Granada Pilar Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, Delegada Nacional de la Sección Femenina de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (todo eso). Las crónicas detallan cómo para recibir a la hermana de José Antonio Primo de Rivera y su séquito, el alcalde Gallego Burín se desplazó hasta la cuesta de las Cabezas y luego condujo a toda la expedición directamente a la basílica de las Angustias, donde fueron recibidas por el párroco, señor Fernández Arcoya, y allí asistieron a una salve cantada bajo la dirección del maestro Valentín Ruiz Aznar. Con una breve visita al camarín de la Virgen concluyó la bienvenida.
                Al día siguiente, día de la Toma, la camarada Primo de Rivera presidió los actos solemnes conmemorativos de tan señalada fecha. Ya saben, la procesión cívica que cada año recorre la distancia entre el Ayuntamiento y la Capilla Real y tras las ceremonias religiosas ante la tumba de los Reyes Católicos, vuelta a la plaza del Carmen con la consiguiente tremolación del Pendón, pero sin disidentes que chiflen ni clac que aplauda mientras ambos grupos se cruzan insultos, que eso son cosas modernas y por entonces sólo se permitían las adhesiones inquebrantables a todo lo oficial. Ese mismo día pero ya por la tarde tuvo lugar la apertura del congreso de la Falange femenina en los salones recién habilitados del palacio de Carlos V, en esos momentos y por bastantes años más en continuas obras de reforma y restauración tras siglos de abandono.

Pilar Primo de Rivera en el VI Consejo de la SF


Este consejo o congreso de la cosa falangista en su versión femenil convocó a las delegadas de todas las provincias de España y se desarrolló durante una semana, del 2 al 9 de enero de 1942, en lo que se conocía entonces como palacio de Santo Domingo (actual colegio mayor Santa Cruz la Real) con sesiones encaminadas a hacer balance de lo conseguido en el año ido y plantear estrategias de cara al entrante en cada una de las facetas que abarcaba la organización mujeril: auxilio social, servicio social, coros y danzas, cátedras ambulantes, granjas escuela, vacunaciones, hospitales, etc. La ceremonia de clausura, presidida por el Ministro Secretario General de FE, José Luis Arrese, se llevó a cabo en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, en Andújar.
Es de destacar en el desarrollo de las jornadas la presencia como conferenciantes de algunos intelectuales y teóricos del fascismo español, como Pedro Laín Entralgo, quien habló de la revolución nacional y proletaria pendiente, una revolución que debía conciliarse con la idea católica del hombre y la vida, de lo contrario de nada habrían servido ni los muertos del 18 de julio ni los de ahora mismo en Rusia -dijo-; y también estuvo Juilán Pemartín, amigo personal que fue de José Antonio Primo de Rivera, flamencólogo, poeta y escritor (es autor del cuento “Garbancito de la Mancha”), que habló sobre el concepto falangista de jerarquía y dijo que vendría a ser algo así como el busilis de la cosa nacionalsindicalista. También estuvo e intervino en las sesiones Alfonso Lafuente Chaos, que en sus tiempos, años veinte, fue medio del Atlético de Madrid y en los cincuenta ocupó la presidencia de la Federación Española de Fútbol. Y otro interviniente fue José Luna Meléndez, encargado de pronunciar el discurso de apertura de las sesiones del Consejo, que sólo unos meses después de estos actos sería expulsado de FE por su implicación en los famosos incidentes de Begoña, en una más de las ocasiones en que falangistas y sus socios a la fuerza, los requetés, acabaron a palos porque los segundos daban gritos tal que: ¡Viva el Rey!, ¡Abajo la Falange!, ¡Abajo el socialismo de estado!, incluso ¡¡¡Muera Franco…!!!
Leyendo las crónicas de las distintas sesiones del congreso se puede extraer que casi todas ellas fueron en general de un azul mahón subido de tono. Estábamos a principios de 1942 y todavía no se intuía la derrota de los fascismos ni habían apenas empezado las grandes purgas que se llevaron a cabo poco después dentro del partido único del franquismo. La mayoría de los intervinientes, camisas viejas (bolcheviques de camisa azul, se les consideraba en las filas tradicionalistas), fueron en sus exposiciones muy joseantonianos y en sus discursos abundaron términos como revolución pendiente, proletarización y justicia social. Después los acontecimientos irán atenuando bastante las fogosas ideas, y desde el poder (o sea, Franco) se irá quitando de en medio a todo aquel que no se avenga a atemperar su discurso y su proceder, que aquí y entonces la única revolución admitida era la de la obediencia.
La hermanísima Pilar Primo de Rivera y Sáenz de Heredia también fue camisa vieja. Ocupó la dirección de la Sección Femenina cuarenta años, es decir, todos los de su existencia, desde que ésta echó a andar, en 1937, hasta su desmantelamiento en 1977 junto con todos los otros organismos que se encuadraban en lo que se llamó el Movimiento. La Sección Femenina de Falange fue la versión española de la NSF nazi y su rama juvenil BDM, y se creó en plena Guerra Civil para encuadrar a todas las mujeres que, como tales, no eran miembros de pleno derecho en FE. Y no era la SF, al menos en sus comienzos, sino una traslación carpetovetónica de la Nationalsozialistische Frauenschaft (Organización de Mujeres Nacionalsocialistas) y de la Bund Deutscher Madel (Liga de Muchachas Alemanas), eso sí, con pololos (puchos en granaíno) -nada de practicar deporte como esas nibelungas que van casi desnudas- y camisa azul, pero con prácticamente las mismas consignas y objetivos de aquéllas, o sea, las tres K con las que el nazismo resumía el papel destinado a la mujer en su concepción de la sociedad: Küche, Kirche, Kinder (cocina, iglesia y niños). Las mujeres, excluidas de cualquier ámbito militar o político, debían dedicarse exclusivamente a eso, a lo que les era propio, a cuidar de sus maridos y de los niños, y a cumplir con los preceptos de la Santa Madre Iglesia. Dos perlas de Pilar: «Nosotras atendamos solamente a lo nuestro y dejemos a los hombres que sean los llamados a resolver todas las complicaciones que en sí lleva el gobierno de la nación»; y «Las mujeres nunca descubren nada, les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles».

Coros y Danzas de la Sección Femenina

El franquismo acabó con cualquier atisbo de las libertades y los derechos civiles de la mujer que ésta había disfrutado mal que bien durante los años de la República, incluido el derecho a voto (bueno, éste fue suprimido para todo quisque), y sólo concebía a la mujer como eterna menor de edad, siempre sometida a un varón (otra perla de Pilar: «La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular, o disimular, no es más que un eterno deseo  de encontrar a quién someterse»; sin embargo, ella bien soltera que se quedó toda su larga vida). En casa y con la pata quebrá, que diría un castizo, sumisa y contenta era como el régimen las quería, y la Sección Femenina cumplió su labor de adoctrinamiento de la mujer española buscando su total sumisión a través de numerosos mecanismos. Uno de ellos era el Servicio Social, la mili de las mujeres, obligatorio hasta 1978 para toda soltera entre 17 y 35 años que quisiera acceder a un puesto de trabajo, obtener un título académico, conducir o simplemente viajar al extranjero; duraba seis meses y en ellos, aparte de tener que trabajar gratuitamente en comedores sociales, hospitales, oficinas del Estado o similares, se les proporcionaba a las reclutas la formación necesaria como futuras madres de familia: labores de hogar, cuidado de los niños, atención al marido y más. En ese sentido, ya en los años cincuenta, les era repartido a las “socializantas” un folleto denominado “Guía de la buena Esposa; 11 reglas para mantener a tu marido feliz”, todo un yacimiento perlífero en el que se leen cosas como: “Si tu marido te pide prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes"; o "Si él siente la necesidad de dormir, no le presiones o estimules la intimidad"; o "Si sugiere la unión, accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar".
Desde luego, muy feminista no era la organización femenina de Falange, no al menos en el sentido actual del término. Pero no hay que perder de vista que, por grotesco que hoy pueda parecer, ese cuasi decálogo de la buena esposa pertenece a una mentalidad dominante y a unas circunstancias muy distintas a las actuales, y se podría asegurar que en aquel tiempo serían muy pocas las mujeres a las que este tipo de cosas les parecieran fuera de lugar. Por otro lado, aunque la Sección Femenina como organización pueda hoy parecer una especie de museo paleontológico y una secta destructiva que anula la libertad de las personas, tampoco habría que olvidar que, pese a ese afán típico de los totalitarismos de querer dirigir la vida de sus súbditos hasta cuando están en la intimidad, la SF desempeñó un importante papel desasnador y de auténtica utilidad social -sobre todo en sus dos primeras décadas de existencia- en una España rural analfabeta y hambrienta, en ruinas, misérrima y con una alta tasa de mortandad infantil. Y a la vez consiguió rescatar y salvar del completo olvido bastantes costumbres y usanzas, danzas y cantos, integrantes del acervo cultural español que quizás sin su labor se hubieran perdido para siempre.

Hernán Pérez del Pulgar, un Cid Campeador penibético

El Triunfo del Ave María
                Las asistentes al Consejo Nacional de la Sección Femenina, como las buenas hormiguitas hacendosas que eran (según sus consignas), durante su estancia en Granada se dedicaron, claro está, principalmente a aquello que aquí las había traído, pero fuera de las maratonianas sesiones de mañana y tarde en que consistió fundamentalmente el evento, también hubo tiempo para lo social, como el reparto de más de cien canastillas a parturientas pobres que llevó a cabo la delegada nacional. Y tampoco faltaron sus ratos de ocio, con visitas a monumentos y algún sarao en forma de zambra sacromontana.
                Entre sus esparcimientos estuvo, el mismo 2 de enero pero ya por la noche, la concurrencia de todo el mujerío falangista, con su jefa nacional al frente, Pilar Primo de Rivera, y toda la Granada azul empingorotada, incluidas jerarquías locales o de paso, al teatro Cervantes, adornado con tapices y numerosas banderas nacionales y del Movimiento, para asistir a  la representación de El triunfo del Ave María, puesta en escena por el cuadro artístico de Educación y Descanso local en función de gala, con una banda amenizando los entreactos y con actuación de coros y danzas regionales, para terminar la velada con el cántico de himnos patrióticos. Para la ocasión se trajeron expresamente trajes de época del Teatro Nacional, de Madrid, y hasta un caballo de verdad anduvo entre los asientos del patio de butacas para darle más ambiente a la cosa.
                Lo de organizar una función de teatro cada 2 de enero con El Triunfo del Ave María o la Toma de Granada (que ése es su nombre completo) como plato fuerte, era una tradición en Granada tan puntual como la de representar el Tenorio cada primero de noviembre en toda España. Todos los años, cada día de la Toma se representaba sin falta esta “Comedia Famosa de un Ingenio de la Corte”, de autor anónimo, función de moros y cristianos en verso que tiene como tema central la más sonada de las muchas hazañas del caballero Hernando del Pulgar (Hernán Pérez del Pulgar, conocido como “el de las hazañas”, un Cid Campeador penibético), quien en el asedio a la Granada nazarí de Boabdil entró con quince de los suyos de noche a la ciudad sin ser visto y siguiendo el curso del Darro llegó hasta la mezquita mayor (en el lugar en que hoy se levanta la iglesia del Sagrario) para incendiarla junto con la Alcaicería, en una acción de comando digna de Hollywood, pero al ser descubierto y no poder llevar a cabo su primer propósito, clavó con su daga en las mismísimas puertas del templo sarraceno un pergamino que traía con las palabras Ave María y una declaración por la que se proclamaba rendida Granada a la católica causa, volviendo después al campamento de Santa Fe escapando de la morisma a uña de caballo él y los que le acompañaban. También eran personajes de la representación los Reyes Católicos, Garcilaso de la Vega (no el célebre poeta sino un militar, su padre), el Conde de Cabra, el moro Tarfe (en el rol del villano que acaba derrotado y decapitado) y otros muchos.
                Nunca tuve oportunidad de asistir a una de estas funciones, pero recuerdo oír hablar (y no acabar) a los mayores sobre aquellas veladas festivas en el Isabel la Católica de antes de la guerra. Muchas personas recitaban párrafos enteros de versos ripiosos pertenecientes al libreto de la obra que se sabían de memoria (…Penacho de ricas plumas / de nácar le daba al viento, / que en su cimera eran alas / y en su coraje ardimientos…), y siempre me llamó la atención una larguísima letanía de nombres que formaba parte del recitado y que terminaba tal que así: Lunas, Zúñigas, Mirandas, / Aragones y Cardonas / Palafoxes y Moncadas..., los apellidos de los nobles caballeros que participaron en el asedio. Navidad, vacaciones escolares, cercanía de Reyes. Los niños solían ocupar gran parte de las butacas del desaparecido teatro y, aunque no parece que el propósito del anónimo autor fuera componer una obra cómica, El Triunfo del Ave María o la Toma de Granada vino a ser cada año una especie de La venganza de Don Mendo a la granaína, y cuentan las crónicas que las funciones transcurrían entre las grandes risas y los comentarios en voz alta de la concurrencia, que a menudo interrumpía los parlamentos cuando apreciaba la introducción de alguna “morcilla” por los actores, porque muchos se sabían los versos de memoria y hasta se dice que algunos de esos versos se convirtieron en dichos o refranes populares granadinos castizos, hoy olvidados y en desuso, como la misma costumbre de representar esta comedia cada 2 de enero.

Cartelera de la función, cortesía de Eladio Fdez Nieto

                Que el día de la Toma en algún teatro granadino se representara El Triunfo del Ave María fue una tradición muy popular y con más de un siglo de solera, en su tiempo una usanza tan granadina como la de tremolar el pendón de los Reyes Católicos o subir las mozas casaderas a tocar la campana de la Vela. Pero en 1942 era ya algo que pertenecía al pasado. No se puede decir que el contenido de la obra pudiera molestar a las nuevas autoridades, sin embargo, fue otra de las cosas que se acabaron con la Guerra Civil. Puede ser ésta la última vez que se cumplió la tradición granatensis, al menos en la forma en que se hizo en esta fecha, en el teatro principal y en función de gala. En 1935, la compañía madrileña de Carlos Díaz de Mendoza, que estaba en Granada de bolo de Pascuas, aprovechó el final de temporada para declararse en quiebra el 31 de diciembre y suspendió sus actuaciones, incluida la de la Toma de Granada que tenía anunciada, y así, por primera vez en muchísimos años, los granadinos se quedaron sin una de sus distracciones favoritas. En 1936 volvió a representarse en el teatro Isabel la Católica por la compañía del Teatro Fontalba de Madrid, en tres sesiones (5, 7 y 10,30) al precio de un duro en butaca, una peseta en general y 0,75 en paraíso. La reseña de El Defensor destaca sobre las demás la actuación del actor granadino Paquito Fuentes, en el rol del gracioso Calabaza. Después, en los tres años que duró la guerra, es de suponer que no estaba el horno para funciones de moros y cristianos, y menos cuando por las calles granadinas se veían a diario no pocos magrebíes de turbante y chilaba, pero de los de verdad, no de guardarropía, y como éstos eran amigos e, ironías de la historia, ahora se habían convertido en cruzados, imaginamos que no se consideró apropiado un espectáculo público en el que cristianos decapitan musulmanes. Después de terminada la guerra -que sepamos- hasta esta ocasión de 1942, representada por aficionados, no hubo función. Y en los años siguientes tampoco tenemos noticia de que volviera a escenificarse en Granada, al menos por actores profesionales.
                Con la que cae cada año en la plaza del Carmen el 2 de enero y adyacentes sobre la fiesta de la Toma, y con ese odio maurófobo de ahora mismo que algunos se empeñan en avivar y, sobre todo, que ya no se llevan este tipo de espectáculos, no parece que pueda volver esta inocente tradición que tanto divirtió a muchas generaciones de paisanos.