EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



jueves, 1 de junio de 2017

PALIZÓN AL BARCELONA

Cartel del partido Valencia-Granada, jugado en Mestalla

Alberty no es infalible
La mejor racha de toda la liga, cuatro partidos sin perder, con victorias sobre Alicante y Madrid y empates a domicilio ante Español y Celta, acabó en la jornada 16, tercera de la segunda vuelta, en Mestalla, con la mayor derrota de toda la temporada, 5-0 a pies del Valencia, aunque era una derrota previsible porque se trataba de un gran Valencia que luchaba por los primeros puestos y que acabaría campeón de liga. Además, los resultados de los rivales directos dejaron al Granada en la misma posición en la tabla y por esa razón no dolió demasiado la paliza.                                 
Según las crónicas, esta vez Alberty, que había sido duda toda la semana por un golpe frente al Madrid, dio la de arena. En Patria e Ideal, con firma de periodistas valencianos (que siguen llamando a nuestro equipo Recreativo) lo culpan de al menos dos de los goles ches.

 Chiste de Miranda sobre Alberty y su actuación en el 5-0


Por fin puede jugar Conde
Para el siguiente partido, en casa frente a un rival directo, R. Sociedad, el Granada se vio reforzado con Antonio Conde. Era un futbolista veterano (32 años), nacido en Sagunto, cuyos mejores momentos los había dado en el Valencia de antes de la guerra. En el Granada había firmado a principios de la anterior temporada, la 40-41, en Segunda, para poco tiempo después quedar su contrato suspendido al alcanzarle de lleno la que se conoció como Ley Moscardó. Desde entonces había estado inactivo e inédito para el granadinismo.
Las nuevas autoridades, en su afán por controlarlo todo y por derrotar no sólo militarmente a sus oponentes, habían dispuesto un conjunto de normas depuradoras o purgativas de elementos desafectos (o sospechosos de serlo) al nuevo régimen político, que se inició con la Ley de Responsabilidades Políticas, dictada cuando el fin de la guerra era inminente y ya se sabía su desenlace, y se perfeccionó con un sinfín de normas menores para alcanzar hasta el último de los sectores de la sociedad, como esta Ley Moscardó, que impedía a los deportistas dedicarse a su profesión si durante la guerra o antes de la misma se habían significado como integrantes de organizaciones de izquierda o del ejército de la República, una norma que estaba redactada en unos términos tan ambiguos que podía afectar a cualquiera que simplemente hubiera permanecido en zona roja durante la guerra, aunque nunca se hubiera involucrado en nada político. Antonio Conde Aja, mucho más por razón de donde le sorprendió el alzamiento contra la República (su Valencia natal) que por razones ideológicas, pasó la Guerra Civil en las filas del ejército republicano, donde llegó a ser oficial de Intendencia. Después de la contienda había jugado en el Hércules, y ya había tenido problemas con esta ley represora e incluso había pisado la cárcel. En el verano de 1940 el Granada lo había fichado como refuerzo para intentar el ascenso a Primera, pero hasta el momento que narramos, esto es, enero de 1942, cuando por fin quedaron aclarados los cargos que contra Conde existían y fue autorizado, sólo los ociosos que acudían a los entrenamientos habían tenido oportunidad de apreciar sus magníficas dotes de medio centro organizador o interior en punta.

Antonio Conde
Casi por sorpresa llegó la autorización puesto que poco más de un mes antes se había publicado en prensa que su recurso ante el Comité Nacional de Deportes había sido nuevamente desestimado. Martín Campos y otros directivos afectos al Glorioso Movimiento Nacional, como exigía la legislación, habían avalado la declaración jurada de Conde de ser persona de orden y no haber participado en actos perseguibles, requisito indispensable para obtener la licencia federativa. El caso es que año y medio de trámites le había costado al valenciano el perdón de su pasado rojo.
Conde fue un oportuno e importante refuerzo. El Granada derrotó 3-1 al equipo donostiarra, el farolillo rojo, con el concurso de este veterano todo terreno, que se alineó de medio izquierdo en detrimento de Sierra. Su actuación fue buena, aunque acusó el mucho tiempo inactivo, según  las crónicas. En la siguiente jornada volverá al banquillo, pero a partir de la 19 se convertirá en insustituible por todos los partidos que quedan hasta el final más los seis de Copa que se jugarán a continuación, titularidad que continuará las dos siguientes temporadas.
La victoria ante los vascos fue muy importante, distanciándolos ya en siete puntos, lo que unido a la derrota del Barcelona frente al Madrid supuso establecer un colchón de cuatro sobre los dos puestos de descenso, aunque todavía estábamos inmersos en los de promoción.

El Granada que derrotó 3-1 a la R. Sociedad, 25 de enero de 1942. De pìe: Sosa, Alejandro, Alberty, Bonet, Conde, Liz, Bachiller y César; agachados: Millán, Trompi y Marín

Atlético Aviación
La siguiente jornada, la 18, toca jugarla nuevamente en casa. Es una prueba de fuego porque el rival es el equipo de moda de la época, el At. Aviación de Ricardo Zamora, el míster del verdadero equipo del régimen, campeón de las dos últimas ligas, título que este año no pudo convalidar. En Granada y provincias limítrofes creció una expectación como nunca se había visto por estas tierras y desde el mismo lunes anterior al partido se anunciaron trenes y autobuses botijos fletados desde Málaga, Almería y Jaén. El recibimiento dado a los uniformados militarmente jugadores colchoneros provocó atascos en la estación de Andaluces y en la puerta del hotel donde se alojaron.
                Con Los Cármenes repleto a reventar, el día de San Cecilio de 1942, domingo 1 de febrero, se jugó este histórico encuentro que sin embargo para nada respondió a la gran expectación concitada en cuanto al juego desarrollado por granadinos (de blanco entero) y madrileños, aunque sí que resultó un partido emocionante que pudo ganar cualquiera pero que se decidió a favor de los aviadores por un único gol de Campos, protestado por los locales por entender que hubo una mano previa del colchonero.   

 El míster aviador Ricardo Zamora conversando con los granadinistas Alejandro, Liz y Bonet 
                                                              
Alberty triunfador en San Mamés
A la jornada siguiente, un nuevo desplazamiento lleva al equipo a San Mamés. Es la primera vez en la historia que el Granada comparece en la Catedral y, como era tradicional para los visitantes primerizos, en los prolegómenos los rojiblancos granadinos (fueron los locales los que vistieron otra indumentaria, como era la costumbre de la época) depositaron un ramo de flores ante el busto  de Pichichi.
               Después, sobre el barrillo de San Mamés, los nuestros jugaron un bastante aceptable partido pero no pudieron evitar caer derrotados por un único gol de Zarra, por entonces un prometedor ariete, en un barullo ante la meta de Alberty, que completó la que quizás sea su mejor actuación de los únicos catorce partidos en que defendió la portería granadinista. El entendido público bilbaíno dedicó al húngaro una enorme ovación al terminar el encuentro.

El Granada, debutante en San Mamés, cumple con la tradición y deposita un ramo de flores ante el busto que recuerda al gran Pichichi. Granadinistas y bilbaínos posan en los prolegómenos del At. Bilbao 1 Granada 0. Los de rayas son los nuestros: Liz, Alberty, Sosa, César y Bonet a la izquierda de la imagen; Alejandro, Conde, Sierra, Millán (tapado) Bachiller y Gárate, a la derecha
Gran goleada al Barcelona
Las dos derrotas consecutivas ante los dos Atléticos no escocieron demasiado porque los dos eran equipos punteros. Pero el siguiente rival ya sí que era de nuestra liga, el Barcelona -quién lo diría-, que se presentaba por primera vez en Granada viviendo la que es la peor competición liguera de todo su palmarés, y que marchaba en la clasificación justo detrás del Granada, a dos puntos y ocupando la primera de las dos plazas de descenso directo. Por eso era importantísimo anotarse una nueva victoria que restaurara la cómoda diferencia de cuatro puntos sobre los catalanes anterior a las dos jornadas recién disputadas, y así los profesionales granadinistas quedaron concentrados en el hotel Suizo desde tres días antes del choque.
                Estamos ante otra cita histórica, la de 15 de febrero de 1942, jornada 20. El Barça opuso a: Miró; Anguera, Benito; Franco, Rosalench, Llácer; Valle, Gracia, Martín, Balmanya y Bravo. Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Bonet, Sierra; Marín, Conde, César, Bachiller y Liz jugaron de rojiblanco. Un palizón de 6-0 fue lo que se llevó de Granada el Barcelona en su primera visita a nuestra tierra, gran victoria rojiblanca que no debe minusvalorarse aunque llegara sobre el peor Barça, un Barcelona que alcanzó su más baja clasificación liguera, 12º (de 14), y tuvo que salvar la categoría en promoción frente al Murcia. El caso es que no sería tan malo este Barcelona ya que este mismo equipo azulgrana apenas tres meses después de su partido en Los Cármenes se proclamó campeón de Copa del Generalísimo 1942.
Fue un partido no muy bueno del Granada a pesar de la goleada. Lo que más destacó , como es norma en esta temporada, fue el gran acierto del adelante rojiblanco, el mejor de toda su historia, aun con la ausencia del pequeño gran Trompi, suplido por Conde. Era la cuarta goleada en lo que iba de liga; faltaban todavía otras cinco, tres en liga y dos en copa.

Liz, Bonet (cigarrillo en ristre) y Alberty entretienen el aburrimiento de la concentración pre partido frente al Barcelona en el hotel Suizo escribiendo a sus familias
«Con unas pocas quisquillas / y unas copas de aguardiente / va a deciros dos cosillas / tan claras como sencillas / el que es vuestro presidente.»   
La goleada sobre el equipo culé fue celebrada por todo lo alto por directiva y jugadores con una cena en el mismo hotel de concentración. El presidente Ricardo Martín Campos improvisó un brindis rimado y festivo que empezaba con la quintilla que va por delante y continuaba con párrafos como: …«¡Sí!, ¡sí! Igual que el comendador, / con cuchillo y tenedor, / dispuesto a todo, amigazos: / a comerme un asador, / a beberme un botellazo / y a fumarme un gran purazo. / Ya sabéis que todavía / nos quedan duras jornadas. / Tan duras como el alón / de este pollo solterón / que destroza el medio Sosa.» […] «Y otros domingos jugando / en nuestro campo esplendente, / si ganamos ¿cómo no? / nos aplaudirá la gente. / En fin, ¿a qué más hablar? / Habéis venido a cenar / y no es cosa de amargaros / este jamón tan salado / que Moisés ha regalado… / por el precio estipulado. / Alegraos, sí, alegraos / porque es noche de alegría. / De vosotros es el día. / Comeos hasta mi ración. / Pero si alguno queda / con algo de corazón / que me guarde en un cartucho / siquiera un melocotón. / Mirad el vino con lupa, / bebedlo con regadera / y el que escupa ¡por Dios!/ que no lo haga en la estera. / Un brindis por el Granada, / el equipo que se empeña / en no viajar en segunda. / ¡Vivan nuestros jugadores! / ¡Vivan los goleadores / que saben jugar horrores / contra equipos de cartón! /  ¡Y viva el jamón con habas / y los dátiles de postre, / y las copas de coñac / que, por cosas de la vida, / he dejado de tomar!».
Desde luego, no puede decirse que ese brindis jocoso y ripioso de D. Ricardo tuviera alguna pretensión lírica, pero nos ha parecido que viene aquí a cuento referir una faceta no muy conocida de Ricardo Martín Campos como es la de su vena poética de juventud. Así, sabemos que en 1918 en unión de otros fundó una revista literaria (Idearium se llamaba; se llegaron a publicar unos pocos números) en la que Martín Campos hizo sus pinitos líricos.

 

López Sancho en Patria caricaturiza al improvisado vate Ricardo Martín Campos

Concurso de pronósticos
            El diario Ideal junto a su hermano mayor Ya, de la Editorial Católica, puso en marcha para la segunda vuelta de la liga un concurso semanal de pronósticos para los siete partidos de Primera División de cada jornada en el que había que acertar el resultado de cada encuentro y el número total de goles, con premios de 500, 300 y 100 ptas. para quienes más se aproximaran. En la jornada 20, que se jugó el 15 de febrero de 1942 y en la que el Granada apalizó al Barcelona, el tercer premio lo consiguió Juan Herrera Catena.
              Seguramente este nombre no dirá nada a la mayoría de los que puedan leer estas semblanzas, pero sí significa algo para el que suscribe y también para varias generaciones de abogados granadinos ya que ese nombre corresponde a alguien que fue muchos años profesor de Derecho Civil en nuestra Universidad. A don Juan, que era muy futbolero, seguro que los veinte duros le vinieron fenomenalmente en sus tiempos de estudiante en la facultad. En esta ocasión le acompañó la suerte. Suerte que no tuvo años después, en agosto de 1988, poco tiempo después de jubilarse, en que le sorprendió una muerte absurda y muy peculiar, cuando participando en las fiestas de su pueblo, Mengíbar, la explosión de un cohete descontrolado en pleno rostro le causó unas terribles heridas de las que no pudo recuperarse.
Empieza a gestarse la tragedia
            Como el siguiente partido era en La Coruña, el portero Alberty pidió permiso -y se le concedió- para viajar por su cuenta a Vigo con objeto de atender sus negocios y estar con su familia, y para allá se fue el lunes siguiente a la victoria ante el Barcelona. Desde Vigo tenía previsto incorporarse a la expedición ya en La Coruña. Estaba empezando a gestarse la gran tragedia y la leyenda de este portero-mito en la historia del Granada CF.

Alberty


 Histórica victoria en La Coruña
            El domingo 22 de febrero de 1942 es otra fecha histórica granadinista en esta temporada tan pródiga en momentos para el recuerdo. Ese día consiguió el Granada su primera victoria a domicilio en máxima categoría, en La Coruña, donde venció 1-4. El Coruña era en esos momentos equipo de la zona templada de la clasificación, pero acabaría la liga en un más que meritorio -para un debutante- cuarto puesto y además contaba con varios internacionales, como el portero Acuña, que acababa de debutar con la selección. No obstante, parece que Acuña no tuvo una buena tarde y las crónicas lo culpan de los tres primeros goles rojiblancos.   
Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Conde, Sierra; Marín, Trompi, César, Bachiller y Liz, fueron los once rojiblancos que hicieron historia, con tres goles de César y uno de Bachiller y con arbitraje de Álvarez Corriols en un partido en el que pusieron gran entusiasmo y en el que, según Hoja del Lunes de La Coruña, «…los delanteros rojiblancos eran cinco saetas hacia el gol contrario…». El semanario gallego también destaca a los “viejos” Alberty, Alejandro y Marín, en especial éste último, del que dice que parece que por él no pasa el tiempo y que está ahora mejor que hace diez años.
La victoria dejaba al Granada el décimo y a seis puntos ya de los puestos de descenso directo faltando sólo cinco jornadas para terminar la liga, aunque todavía  la promoción seguía siendo una amenaza. 

A sus 35 años Marín fue el mejor fichaje de esta temporada

Auxilio Social
           
Para la visita del Madrid y del Barcelona y otros equipos a Los Cármenes no se puede hablar de suplemento a pagar (también los socios) por todo el que quisiera ver el partido como si fuera día del club (que todavía no se había inventado), pero, según informa Ideal, para poder acceder al campo será necesario adquirir previamente el emblema de Auxilio Social, que será exigido en la puerta y deben mostrarlo tanto los socios como los no socios.
                Los emblemas de Auxilio Social consistían en unos rectángulos de cartulina, de tamaño algo mayor que un sello de correos, que llevaban adheridos una solapa para poder fijarlos a la ropa de manera que estuvieran visibles. Cada quince días se llevaba a cabo una cuestación callejera de Auxilio Social en la que, a cambio de un mínimo óbolo se obtenía el emblema, obligatorio para todo el mundo (excepto obreros en paro) e imprescindible para poder acceder a espectáculos, restaurantes, bares y similares, negándose la entrada a quien no lo hubiera adquirido. Con los 30 o 50 céntimos o una peseta que costaba cada uno de esos emblemas, conocidos popularmente como “chapas”, se financiaba Auxilio Social (la versión española del nazi Auxilio de Invierno), una institución asistencial y de beneficencia creada durante la Guerra Civil y que pertenecía a la Sección Femenina de Falange. Su fin era atender a los muchos menesterosos que dejó la contienda.
                En la actualidad estos emblemas son objeto de colección, como puedan serlo los sellos de correos o las monedas, ya que durante aquellos años se emitieron infinidad de modelos ilustrados con dibujos de colores que trataban de los más variados temas, a menudo relacionados con las distintas provincias españolas y su heráldica y folklore.

Distintos emblemas de Auxilio Social. Sin ellos no había fútbol

                Otra forma de financiarse Auxilio Social era la llamada “Ficha Azul”, que consistía en una suscripción voluntaria por la que empresas o personas bien situadas económicamente se comprometían a entregar una cantidad fija todos los meses. Pero la voluntariedad primera devino andando el tiempo en obligatoria, y así, cuando los suscriptores se hacían los remolones a la hora de retratarse, venían las sanciones impuestas por el gobernador civil y publicadas en prensa para escarnio de los agarraos. Ejemplo es lo que publica Ideal el 19 de marzo de 1942: «Nota del Gobierno Civil de la Provincia: Por negarse a pagar la Ficha Azul que voluntariamente tienen suscrita, no obstante disfrutar de desahogada posición económica, han sido sancionados con las multas que se indican los siguientes vecinos de La Peza…», y viene a continuación una relación en la que aparecen más de veinte nombres a los que se han impuesto sanciones que oscilan entre las 80 y las 40 pesetas.
            En principio no había sido previsto como fuente de financiación de Auxilio Social pero andando el tiempo también acabó siéndolo -al menos en parte- lo que se conoció como “día del plato único” y su segunda versión, el “día sin postre”. En esos días las familias en sus comidas se abstenían de una parte de su condumio y la suma así ahorrada debían entregarla al Estado para que éste lo dedicara a fines asistenciales. A imitación de la Alemania nazi, en plena guerra y como subsidio al combatiente había sido instaurado el día del plato único al principio sólo para los restaurantes y casas de comidas, que los días 1 y 15 de cada mes servían en sus menús un único plato, aunque cobraban como si hubiera sido completo, y lo cobrado de más tenían obligatoriamente que ingresarlo en las oficinas establecidas a tal fin en los gobiernos civiles de cada provincia. Este ayuno impuesto y su correspondiente traducción a dinero ingresable en oficinas estatales, andando el tiempo fue también obligatorio para los domicilios particulares, y en su recaudación puerta a puerta se empleó en algunas poblaciones a los serenos o a los alevines de camisa azul conocidos como flechas y pelayos. Tratar de escaquearse del pago de esta casera alcabala nacionalsindicalista, como de cualquiera de las muchas otras establecidas, podía resultar caro al engurruñío de turno, que se exponía, además de a una sanción económica del 50 % sobre lo escamoteado, a la posibilidad de ser expuesto a la vergüenza pública con nombre y apellidos o, peor aún, a quedar inscrito en las muchas listas negras de desafectos al régimen que circulaban.
            Por otra parte, no deja de tener una gran carga sarcástica el hecho de existir en los hambrientos primeros años cuarenta y para todas las familias de España, sin distinción de poderío económico, un día en el que estaban obligadas a comer sólo un plato, porque para la inmensa mayoría de las familias españolas, día del plato único eran todos y cada uno de los que componían el calendario... y eso si es que tenían suerte o eran gentes de posibles para comprar de estraperlo. Incluso en bastantes hogares eran muchos los días en que los probos padres de familia hubieran vendido su alma al diablo por tener algo que echarse a la andorga, aunque hubiera sido un único plato. Quizás por esa razón  en enero de 1942 quedó abolido el día del plato único.      

Recibo de haber abonado lo debido por el Plato Único

Raza
            A los cuatro días de la gran victoria 6-0 del Granada sobre el Barcelona, el 19 de febrero de 1942, algo más de un mes después de su estreno en Madrid llegaba a Granada, al teatro Cervantes, la película Raza, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia y protagonizada por Alfredo Mayo y Ana Mariscal.
                Desde semanas antes los diarios locales venían anunciando su exhibición en función de estreno patrocinada por la Asociación de la Prensa a la que estaba invitada la mejor sociedad granadina, rogando a los asistentes acudir de etiqueta o uniforme militar de gala. La cinta se presentaba como «la película nacional por excelencia» porque «destaca y exalta nuestras virtudes de sangre nunca mancilladas».
                El teatro-cine Cervantes lució su mejor decoración a base de tapices, macetas, banderas y gallardetes y grandes rótulos formados con bombillas con la leyenda ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! ¡Arriba España! Fue un gran acontecimiento de la Granada azul nacionalsindicalista (la única posible, por otra parte).
La película cuenta la vida de una familia, los Churruca, y las vicisitudes por las que atraviesa según los distintos momentos históricos que le toca vivir, desde la Guerra de Cuba hasta el final de la Guerra Civil, y es una maniquea exaltación de las virtudes de la raza hispana, la de los buenos españoles, católicos y patriotas, que tras verse amenazada finalmente triunfa frente a los malos españoles, los que se han dejado influir por masones, liberales y marxistas, y asesinan curas y queman iglesias.

Anuncio en prensa de la película Raza

Lo que no encontramos en la prensa de entonces, ni en los abundantes anuncios del estreno ni tampoco en la extensa y entusiasta reseña de ese estreno que en Patria firma C. Fernández, es mención alguna al autor del guión de la película. Y no figura el nombre del guionista porque este detalle no se dio a conocer al público hasta bien entrados los años sesenta. Y resultó que ese guionista no fue otro que el mismísimo Franco en persona y estilográfica Parker (y algún negro), puesto que se trata de la puesta en escena de la novela que con el mismo título, Raza, el Caudillo escribió bajo el seudónimo de Jaime de Andrade. Es una novela que tiene (o pretende tener) bastante de autobiográfica. Los Churruca son en realidad los Franco, sin que falte el hermano tarambana (trasunto de Ramón Franco) que al final se redime y muere heroicamente.
Y es que el Generalísimo tuvo también su vena literaria. Veinte años antes, en 1922, cuando sólo era el “comandantín” Franco, firmando con su nombre y apellidos ya había publicado un librillo sobre la Legión y la guerra de África que se tituló “Diario de una Bandera”, escrito así, en forma de diario, con prólogo de Millán Astray y que, como el propio Franco definió, no era ficción, sino que era el «conciso y verídico relato del Historial de una Bandera» de la Legión, la misma que él como comandante tenía a su cargo, entre el otoño de 1920, recién fundado el Tercio, y la primavera de 1922, tras la reconquista de los territorios marroquíes perdidos en el que se llamó Desastre de Annual.  Además también firmando con nombre y apellido fueron numerosas sus colaboraciones en Revista de Tropas Coloniales, publicación fundada por Franco y Queipo de Llano en 1924.
 Por razones obvias, ya no usaría más su auténtico nombre para sus pinitos literarios o periodísticos. Así, aparte del seudónimo de Jaime de Andrade con el que firmó Raza, en los años cincuenta y bajo el alias de Jakin Boor (el seudónimo está inspirado por las dos columnas que adornan los locales de las logias masónicas y que se señalan con las iniciales J y B) dio a imprenta otro libro con el título “Masonería”, que es en realidad una recopilación de artículos aparecidos con esa firma en el diario Arriba, verdaderas y furibundas soflamas contra los agentes del mal que de siempre presidieron sus mejores pesadillas: los masones. Unos masones que en esos momentos, muy a su pesar, gobernaban países o presidían organismos internacionales. Tampoco se olvidaba el Caudillo en estos escritos de sus otras obsesiones favoritas: judíos, demócratas, liberales, comunistas, todos conchabados contra España, a la que querían destruir y mantenían en el aislamiento. 
Otro alias que alguna vez usó Franco, también en los años cincuenta, fue el de Macaulay, en este caso para arremeter desde las páginas de Arriba contra la “pérfida Albión” y la visita de la reina Isabel II a Gibraltar. Otro más fue Hispánicus, también en sus combativos años cincuenta, ahora para cargar contra los dirigentes franceses, cuando se estaba fraguando la descolonización del Protectorado marroquí.
Por último también sabemos de otro seudónimo usado por el Generalísimo, éste mucho más doméstico y que desde luego nada tiene que ver con los anteriores. Fue el de Francisco Cofran, que era el nick con el que firmaba semanalmente desde su mesa camilla de El Pardo los boletos de quinielas de fútbol que después un propio se encargaba de sellar en el despacho de apuestas correspondiente. Con su proverbial baraka, hasta dos veces consiguió un premio importante, se dice.

Portada de la novela Raza que firma Jaime de Andrade