EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



martes, 24 de junio de 2008

GOLEADA Y DEBUT


Foto y crónica corresponden a una fecha histórica en la trayectoria rojiblanca. Pertenecen a Ideal del martes 2 de diciembre de 1941 y recogen lo acontecido dos días antes en Los Cármenes, cuando en la jornada diez de la temporada 41-42 el Granada C.F. obtenía su segunda victoria en división de honor y a la vez establecía un récord todavía vigente: el triunfo más abultado de toda su historia en primera división, 8-0 a un Oviedo colista aunque contaba en sus filas con jugadores internacionales -algunos de ellos auténticas viejas glorias del fútbol español- como Zabala, Soladrero, Herrerita y Emilín. La crónica señala que se trató de un partido sin más historia que la de los goles y cita como los más destacados a los integrantes de la medular: Sosa, Bonet y Sierra. Todos los hombres de arriba, componentes de una delantera granadinista clásica entre las clásicas, marcaron aquélla tarde: Marín (dos), Trompi, César (dos), Bachiller (dos) y Liz. Millán y Benítez, en defensa, más Alberty en la meta, completaron el once rojiblanco.

El Granada andaba a estas alturas del calendario pagando su bisoñez en la máxima categoría pues sólo su rival de esta ocasión más el peor Barcelona de su historia ocupaban un puesto por debajo de los rojiblancos. Los veintitrés goles encajados en nueve jornadas ponían nervioso a más de uno y la directiva fue a buscar refuerzos para la meta por estimar que Floro no ofrecía garantías. De esta forma aterriza en Granada una leyenda, un mito local, el húngaro Gyula (Julio) Alberty, que había sido internacional por su país y que había llegado al fútbol español en 1934 para militar en el R. Madrid y pasar, tras la guerra, por el Ferrol y el Celta. Con el magiar en la puerta, a partir de esta jornada comienza el despertar granadinista que le llevará al final a conservar la categoría para satisfacción de todos merced a su décimo puesto (de catorce), a salvo de cualquier contingencia.

Así, esta jornada diez, disputada el 30 de noviembre de 1941, es histórica también por suponer el momento del debut granadinista de este guardameta que todavía hoy sigue siendo considerado uno de los mejores que por aquí pasaron a pesar de que sólo se alineó en catorce ocasiones con el Granada. Quienes tuvieron la suerte de verlo actuar lo recuerdan como un atleta que volaba literalmente, muy seguro, que cuando salía se hacía siempre con el balón y no había quien pudiera frenarlo, y al que no arredraban las acometidas de los recios arietes de la época.

En el mundo del fútbol, donde cuenta tanto lo épico, las hazañas, los héroes románticos, hay gran abundancia de mitos. Además, la figura del portero, su indefensión ante el acoso de los contrarios, es especialmente propensa a convertirse en leyenda. Dos arqueros han alcanzado tal condición de la mano de excelsos juglares como Miguel Hernández o Rafael Alberti.

Alberty, el granadinista, no tuvo quien dejara por escrito testimonio lírico de sus hazañas o desgracias, pero sí que entró para siempre en la epopeya oral granadina pues en torno a su recuerdo se tejieron varias leyendas que siguen vivas en la actualidad (algunas pueriles: ¿se imaginan a un portero encaramado en lo alto del travesaño esperando a que el contrario lance el penalti en contra?). Su prematura muerte, casi sobre el mismo terreno de juego como quien dice, tiene también gran protagonismo en la formación de esas historias en torno a la persona de este futbolista, a quien le chiflaba el zumo de las naranjas con que la afición le obsequiaba reconociéndole así su estima. A los cinco meses de estar entre nosotros unas fiebres tifoideas acabaron con su vida. Parece que la enfermedad se la causó el marisco en mal estado que comió. Otros dicen que lo mató el agua no clorada a la que los granadinos éramos inmunes pero no los forasteros, o sea el “tabardillo”, el “piojo verde” o tifus exantemático, que, se dice, ya en tiempos del asedio a Granada por los Reyes Católicos causó más bajas entre sus filas que las acciones guerreras de los nazaríes. También sobre la causa de su muerte se levantaron algunas leyendas. El caso es que Alberty se puede decir que inauguró una nómina de granadinistas adorados por la torcida rojiblanca que, a lo largo de setenta y cinco años, llega hasta nombres más recientes como Capi o Notario.

1 comentario:

Francisco Javier dijo...

Hola. Me encanta este artículo. Muchas Gracias.