EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



miércoles, 4 de junio de 2008

PENALTI DE AMOR



Y que yo iba a chutar con ardor,
creyendo que era un portero
y se llamaba Ramón...

Fue la tarde de San Pedro,
y lo cuento por muy poco.
Se apagaron los habanos
y se encendieron los focos.
En los últimos minutos
un trencilla quisquilloso
penalti a favor señala:
el delirio del forofo.

En el fatídico punto,
bien contados, once pasos,
el cuero redondo y blanco
coloqué con mis dos manos.

En las veletas viudas
destellos de oro rilaban
cuando el de negro, severo,
tirar a puerta ordenaba.
En carrera y con impulso
hacia el balón yo avanzaba
enfilando hacia la meta
con fiereza redoblada.
Mi borceguí, vehemente,
con la bola conectaba
y cual Saulo hacia Damasco
la verdad se me mostraba:

En la línea, bajo palos,
indefensa y solitaria,
venus sublime con guantes:
la guardameta contraria.
Ni la gloria del creyente
eclipsaría su cara:
el paraíso no tiene
lo que dice su mirada.
Sus pechos bamboleantes,
jarras que la sed apagan,
enlazados por dos rayas
bajo el jersey se hermanaban.
Como huidizas anguilas
sus muslos se me escapaban
aunque yo con las dos manos
atraparlos intentaba.

Verla y amarla fue uno.
¿Cómo no amar a un querube?
Y en amoroso delirio
mi disparo fue a las nubes.

Me porté como quien soy:
su muy rendido amador.
Además, un caballero,
a damas no marca gol.
Al verla allí, tan inerme,
demudada la color,
su curvilínea figura
conquistó mi corazón.
A pedirla en matrimonio
ya me dirigía yo
cuando un guijarro de a veinte
junto a mi oreja zumbó.
Y no quise allí quedarme
a consumar mi pasión
pues me estimo en lo que valgo,
ustedes compréndanlo.

Aquella noche corrí
como nunca había corrido,
por el monte, monte, monte...
de forofos perseguido.

No quiero decir, por cuerdo,
lo que los bestias gritaban
pero piropos no eran
y de mamá se acordaban.

Por cañadas y barrancos
los salvajes han venido
lanzando loscos y gritos;
casi no salgo vivo.

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