EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



domingo, 25 de mayo de 2008

PICHICHI PORTA




..hermoso avance en el que el poniente vivo arrebol

a la pelota pone encarnada

con los matices del alcohol.

Una arrancada

y en la red pega desaforada.

¡Victoria! ¡Goal!

Luis Hernandez Gonzalez

No era un mozo fornido y acometedor, no era un ariete tipo tanque cuyo éxito lo basara en la fuerza física, al contrario, su 1’70 y escasas carnes no le permitían ser ese tipo de delantero centro que pudiera ir al choque con los defensas contrarios. Su fuerza era su inteligencia unida a un malabarismo letal con el balón controlado en los últimos metros, esos últimos metros donde se deciden los partidos. Siempre estaba en el sitio justo donde caía la bola y allí era donde explotaba sus cualidades, empujando el esférico a las mallas. En palabras del propio Porta: «no era un jugador espectacular, no le daba con la izquierda ni poseía un potente disparo, no iba bien de cabeza». Pero la carencia de estas cualidades la suplía con un saber colocarse y estar siempre «con la caña» dispuesta, como se dice ahora. Era un listo del área. Y tan listo, como que en su mejor temporada consiguió anotar veinticinco goles en Primera División.

Su nombre: Enrique Porta Guíu; nació el 17-12-1944 en la zaragozana localidad de Villanueva de Gállego. Su pueblo le ha homenajeado poniéndole su nombre al campo de deportes local. Su palmarés deportivo arranca en las secciones inferiores del R.C.D. Zaragoza, de donde pasa al Amistad (posteriormente Aragón y hoy Zaragoza B). Tras tres años en el Huesca, de Tercera División, el último como máximo goleador de la categoría, es fichado por el Granada C.F., en 1968, permaneciendo en nuestra ciudad hasta 1975. Vuelta a Aragón, jugando dos años en el Zaragoza. Por último, después de una temporada en Segunda División, en el Tarrasa, se retira del fútbol activo en 1978.

Al Granada C.F., recién ascendido a primera, llega al comienzo de la temporada 1968-1969. Los inicios de Porta en el equipo rojiblanco no fueron fáciles. Marcel Domingo primero y Néstor «Pipo» Rossi después no confiaron en él, alineándolo rara vez y, cuando lo hacían, lo relegaban a posiciones en las que no podía destacar, llegando incluso a probarlo de lateral o marcador. Marcel Domingo sólo lo alineó en cinco ocasiones, sin que consiguiera anotar un solo gol aquel año. En la temporada 69-70 ni siquiera llega a estrenarse en partido oficial al ser cedido al Recreativo, en Tercera División, consiguiendo más de treinta goles para el filial en aquella tercera de ocho grupos, mucho más competitiva que la actual ya que no existía la Segunda B. Con Joseito en el banquillo en su segunda etapa al frente de los rojiblancos, en la temporada 1970-1971, seguía sin jugar o lo hacía de Pascua a Ramos; en esta temporada jugó siete partidos, pero sólo uno completo, consiguiendo anotar su primer y hasta ese momento único gol.

Entre tanto, actuaciones en la Liga de Andalucía, campeonato de suplentes en el que nuestro hombre tenía muy destacadas actuaciones y anotaba goles con mucha facilidad.

Por fin, en la 71-72, la gloria para Porta y también para el Granada: el jugador ya sí consigue la titularidad indiscutible y logra el Pichichi con veinte goles (cinco más en Copa), siendo la única vez que un jugador del Granada lo consigue; el club, por su parte, termina la liga en sexta posición, con 36 puntos y dos positivos, lo que significa la mejor clasificación de su historia (posición que repetirá dos temporadas después) y no jugó la UEFA porque por entonces sólo se clasificaba hasta el cuarto.


Aquel Granada de 1971-1972 era un equipo serio que contaba en sus filas con muy buenas individualidades entre las que cabe destacar a: De la Cruz, lateral derecho de largo recorrido que fue internacional aquella misma temporada (cosa que no sucedía desde hacía más de veinticinco años, cuando Millán fue seleccionado militando en el Granada) y que al finalizar ésta fue traspasado al Barcelona por siete millones. En el centro de la defensa el tándem Aguirre Suárez-Fernández, todo un valladar. En el centro del campo, cortando y distribuyendo balones, un incansable Rafael Jaén, traspasado dos temporadas después al Sevilla por seis millones. Lasa, extremo derecho rapidísimo, traspasado al finalizar la temporada por diez millones al Atlético de Bilbao. Por la izquierda el que es considerado por muchos como el jugador con más clase que ha vestido de rojiblanco en todas las épocas, el canario Vicente González Sosa, con «dos manos en los pies y que me ponía el balón donde yo le decía con un movimiento o un amago», nos dijo el propio Porta refiriéndose a Vicente en reciente conversación telefónica desde Zaragoza donde reside dedicado al negocio de la hostelería; como eficaz intermediario en dicha conversación actuó su nieto de seis años. En punta de lanza, Barrios, partiéndose la cara en cada partido con las defensas rivales, lucha incansable de la que se aprovechaba nuestro hombre, el listo, para empujar a la red los muchos balones sueltos que propiciaba la brega del delantero canario, también traspasado al Barcelona esa temporada por cuatro millones. Esta pareja en punta –Barrios y Porta- era la guinda de aquel Granada tan bien compensado y sólido que era una delicia verlo jugar y tutear a los grandes. Junto a los nombrados otros, como Falito, lateral izquierdo muy disciplinado; Ñito e Izcoa en la portería (media temporada cada uno), el primero espectacular e ídolo de la afición, el segundo, de escuela vasca, sobriedad y colocación; y no hay que olvidar a hombres como Mariano Santos, Chirri, Fontenla, siempre cumplidores, y los canteranos que empezaban Manolín y José Luis Garre. Todo bajo la sabia dirección técnica de Joseito.

Por cierto, al césar lo que es del césar: en anterior colaboración se nos quedó en el tintero un récord más en el haber de Joseito, también de esta temporada, y es que es esta la única campaña, al menos de las de Primera, en la que no se perdió en casa ni un solo partido, cayendo derrotados aquel año en Los Cármenes todos y cada uno de los grandes del fútbol español y cediendo sólo cuatro empates, lo que hizo que aquel año el Granada fuera considerado a nivel nacional como el equipo revelación.

Tanto traspaso de hombres básicos, si bien mejoró la economía del club, en lo deportivo acabó por debilitar al equipo, por lo que la temporada 1972-1973 no fue nada buena. Con Pasieguito, de quien Porta guarda un excelente recuerdo de su trato humano con los futbolistas, el equipo acabó decimotercero clasificado, con cinco negativos y conservando la máxima categoría no sin apuros. El mañico fue también titular esta campaña, consiguiendo un total de once goles entre liga y copa. Con el esquema de Pasieguito y, sobre todo, con la ausencia de Barrios, nuestro hombre ya no disponía de tantos balones y oportunidades para perforar las metas contrarias; era encargado en muchos partidos de pelear en solitario con las defensas rivales o, a lo más, acompañado por Dueñas (que vino del Barcelona como parte de la operación de traspaso del canario), jugador de gran calidad pero de características similares a las de Porta, es decir, no era un ariete nato como sí lo era Barrios.

A la temporada siguiente Porta pierde su condición de titular indiscutible, jugando un total de veintidós partidos de liga, muy pocos completos, y consiguiendo sólo un gol (dos más en copa). Aquel Granada con Joseito nuevamente en el banquillo volvió a repetir el sexto puesto de dos temporadas antes y ocupó durante una jornada la posición de líder de Primera, única vez que esto ha ocurrido en la historia del club, fruto de un comienzo de liga muy bueno con victoria en Atocha (0-2), en el primer partido oficial de Echecopar de rojiblanco; el argentino fue el autor de uno de los goles, anotando el otro Dueñas. Además, en esta temporada el Granada ganó en el Bernabéu al R. Madrid (0-1), la única vez que esto se ha conseguido en liga, no así en copa, donde ya el Granada ganó en ese escenario en 1944 (0-2).

La siguiente, 1974-1975, última de su etapa granadina, Porta es claramente suplente, interviniendo sólo en cinco encuentros de liga y consiguiendo un gol (otro más en copa). La baja estaba cantada pues se pensaba en una renovación del equipo para aspirar a metas más altas, así que Porta vuelve a su tierra fichando por el Zaragoza. El Granada se salvó por los pelos del descenso y fue el prólogo de lo que vendría la temporada siguiente, o sea, el comienzo de la larguísima travesía del desierto en la que todavía nos encontramos y a la que, por ahora, no le vemos el final. Quísose hacer un equipo para jugar en Europa y acabóse descendiendo.

Este era «Pichichi» Porta, sin lugar a dudas uno de los jugadores más queridos por la afición granadina cuya presencia en el terreno de juego reclamó muchas veces, sobre todo cuando el gol tardaba, y que premió las buenas actuaciones y los goles del aragonés con gritos enfervorizados de «Pooortaaa... Pooortaaa...». En su temporada más gloriosa, la 71-72, logró anotar gol frente a todos los grandes (tres al R. Madrid, dos al Barcelona, uno al At. Madrid, dos al At. Bilbao y uno al Valencia); el propio Porta recuerda con especial cariño los dos que le endosó al Real Madrid en el Bernabéu en aquel partido que el Granada perdió 4-2 y en el que empezó la «leyenda negra» de la pareja Aguirre Suárez-Fernández; también destacó, en la conversación que con él mantuvimos, el gol que le marcó al Gijón en la jornada quinta, primero de los que consiguió aquella temporada y que le abrió las puertas de la titularidad; asimismo su actuación en Los Cármenes frente al Coruña, quizás su mejor partido, con dos goles más; sin olvidar aquel golazo que le marcó al barcelonista Reina de una espectacular bolea. De sus siete años en Granada destaca la multitud de amigos que aquí dejó, y tiene un especial recuerdo de su compañero Javier Izcoa, con quien compartió piso. También destacó, como curiosidad, aquel gol de la temporada anterior a su consagración, ese gol al que ya nos hemos referido en esta sección, que Guruceta anuló y que este hombre, que tiene también la virtud de la modestia, achacó a la suerte.

Para terminar hay que decir que su gran temporada 71-72 no pasó desapercibida para los grandes. Así Rinus Michels, entrenador del Barcelona, ordenó su seguimiento, pero, quizá el excesivo precio en que Candi lo tasó (a millón por gol: veinte millones, demasiado para la época) le cerraron el paso a lo que hubiera sido la culminación de una excelente carrera deportiva. Al final el Barcelona se decantó por fichar a Barrios.

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