EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



domingo, 25 de mayo de 2008

1985 EL XIII TROFEO SE FUE A HUNGRÍA


En marzo de 1985, con la 84-85 todavía jugándose y con el Granada intentando de la mano de Pellejero paliar los estropicios de aquel nefasto técnico que fue Naya, dimite Candi porque ya está cercano el fin de los cuatro años de su mandato y para que se abra el pertinente periodo electoral. En estos momentos salta a la palestra el nombre de José Antonio Murado como posible sustituto y después de más de un mes de que su nombre suene una y otra vez en la prensa diaria prometiendo el oro y el moro si sale elegido, al final la pretendida candidatura queda en nada ya que resulta que el empresario del oxígeno y presidente del Oximesa de baloncesto no es socio del Granada CF, así que -nuestro gozo en un pozo- queda Murado (y sus bolsillos) fuera de toda opción a ser presidente del club.

Pellejero, a pesar de que por su buen trabajo lo mereció, no consigue eludir el descenso a 2ª B, que es un hecho consumado el 19 de mayo de 1985. Tan sólo una semana después se publica en Ideal un polémico reportaje del maestro historiador rojiblanco que es José Luis Entrala en el que repasa toda la faceta financiera de la entidad desde su fundación hasta ese momento y llega a la conclusión de que la deuda del Granada es de ¡¡¡500 millones!!! de vellón (o sea, de poner peliagudos los vellos). Con sus dimes y diretes acerca de la exactitud o inexactitud de la cifra “losística” manejada, lo cierto es que unos meses después, cuando se publique una auditoría llevada a cabo, ésta vendrá a dar la razón a Entrala, demostrando que aun se había quedado corto pues la cifra arrojada es de 598 millones del ala (y de deuda); lo que ocurre es que de esa cantidad hay que descontar 92 millones que la entidad crediticia Bancreco ha perdonado gracias a las gestiones del llamado “socio de oro”, D. Vicente Luna. El señor Luna fue un aficionado modelo que, sin ocupar nunca ningún tipo de poltrona futbolera, prestó importantes servicios en ésta y en otras muchas ocasiones y por ello ya había sido recompensado por el club en 1984 con el nombramiento de “Socio de honor”.

Varios nombres sonaron como posibles presidenciables (el propio Vicente Luna, Manuel Jiménez Ortiz, Gerardo Cuerva, Pedro Torres), pero finalmente sólo Candi presenta candidatura y sin más se le proclama presidente en junio de 1985. No es ni mucho menos un cargo apetecible el que vuelve a ocupar D. Cándido pues, además de la negra situación expuesta, debe enfrentarse urgentemente al inaplazable pago de casi 30 millones a los jugadores de la temporada recién terminada para evitar un nuevo descenso. Gracias a las buenas relaciones con la Diputación “de los Catetos” se pudo evitar en agosto de 1985 que existiera en la historia del Granada un precedente de lo que sí que ocurriría en 2002, y la concesión de un crédito por la Caja Provincial de Ahorros salvó la comprometida situación. Como vemos, si pesimista se presentaba el 84, en el 85 la cosa futbolera granadina adquiere tintes dramáticos y la palabra maldita (desaparición) que nadie quiere pronunciar es ya algo que cada vez más suena en los entredientes de los mentideros balompédicos. Todo son problemas (crematísticos y deportivos, si es que ambos no van de la mano) para el pobre Granada. Así, entre embargos (de los propios directivos, con Candi a la cabeza) y anuncios de subasta de Los Cármenes por impago de la Contribución y entre el pesimismo más generalizado transcurre la pretemporada 1985-86, hasta llegar a mediados de agosto en que, pese a lo expuesto, se anuncia una nueva edición del Trofeo Granada, la XIII.

En el acto de presentación, un año más en los salones del Hotel Meliá, Candi, igual que hace un año pero con gesto aún más compungido aunque en una intervención bastante más breve para lo habitual, vuelve a insistir en la necesidad de que todos los granadinos, aficionados e instituciones, ayuden al club. El cartel que se ha confeccionado para la edición de 1985 no es demasiado atractivo que digamos: Selección sub 21 de Marruecos, que acude gracias a las gestiones de Ben Barek, a la sazón coordinador de todas las selecciones de su país; y Haladas, de Hungría. Como se recordará, ya una selección magrebí intervino en el trofeo de 1979, cuando pasó como un huracán sobre el cuadro local al que encasquetó un concluyente 5-0; pero era la absoluta, germen de la que, por el momento ha sido la mejor de la historia del país vecino, con su digno papel en México 86. La joven selección sub 21 que en estos momentos viene a Granada es toda una incógnita para los aficionados y también para la prensa. Por su parte, el Haladas es un histórico club húngaro, de Budapest, pero nunca ha conseguido un título de liga ni de copa aunque sí algunas participaciones en UEFA, y ostenta el dudoso récord de campeón en descensos a segunda. En el cartel anunciador del evento se le presenta con el apellido de Lokomotiv, denominación que en ese momento no se corresponde con la realidad y así lo dice José Luis Piñero en Ideal, donde expone que su apellido auténtico es el de Vasutas.


En el primer partido del XIII trofeo, celebrado la noche del 22 de agosto de 1985, Granada y Selección marroquí empataron a uno. El descenso y la situación económica del club hacen que se presente un equipo rojiblanco sin apenas novedades en forma de fichajes que ilusionen, y que la entrada llegue sólo a un cuarto del aforo. La más importante incorporación estaba en el banquillo, donde debutaba uno de los técnicos que mejor recuerdo dejaron de su paso por Granada, Joaquín Peiró, que alineó a: Verdejo; Carlos, Castillo, Lina, Leo; Angulo, Ramón, Choya; Paquito, Nadal y Gálvez. Sólo son auténticas novedades que interesen el retorno de Angulo tras su paso por Santander y Lorca, y el fichaje de Choya, del Salamanca (gran acierto). También se presentaban Nadal, del Calvo-Sotelo (un delantero centro muy torpón), y Carlos, del Coruña (un defensa más bien insulso que apenas jugó). Por otra parte se puede destacar la presencia de Leo, granadino que había probado fortuna en otros lares y que volvía a su tierra. El resto de los que jugaron aquella noche ya estaban del año anterior o eran canteranos en busca de una oportunidad. Se adelantaron los rojiblancos nada más empezar el encuentro con gol de Nadal, de cabezazo a saque de falta de Angulo. Y pare usted de contar. Desde el minuto dos en que anotó el Granada hasta faltar cinco minutos para la conclusión del partido se acabó todo lo reseñable, aparte de los bostezos de la parroquia. Hasta que el marroquí Moutahid batiera a Verdejo en el minuto 83 de partido el aburrimiento fue la nota predominante.

Al día siguiente el tradicional partido intermedio del trofeo sin presencia local y la tradicional escasa asistencia de aficionados, apenas dos mil. El Haladas ganó a Marruecos sub 21 por 1-0. Al igual que el día anterior hubo gol madrugador. Los húngaros abrieron el marcador a los dos minutos por mediación de Papp y también aquí se puede decir que se acabó el partido; ya todo el tiempo restante se dedicaron los magiares a conservar la ventaja sin apuros y sin tener que emplearse demasiado ante las inocentes y poco efectivas arremetidas magrebíes.

El tercer partido, el de la verdad, convocó a unos pocos más espectadores, pero apenas se rozaron los seis mil asistentes. Lo más destacable es la gran sorpresa que nos llevamos todos cuando en la alineación titular pudimos ver a Antonio Díaz Vaquerizo, jugador que había causado baja en el club dos temporadas antes después de siete años en la plantilla, que ya se había retirado a sus treinta y tres años después de su paso por el At. La Zubia (de 3ª) y se había enrolado en el club como segundo de Peiró. Su reincorporación, por expreso deseo del técnico, nos da una idea clara del erial que era a estas alturas una plantilla rojiblanca improvisada como buenamente se había podido, teniendo en cuenta la gran losa que arrastraba el club y la desbandada que el descenso había provocado; ya no estaban hombres como Merayo, Castroverde, Puente, Pastor o Chroys (a pesar de que tenía contrato para dos temporadas más), por citar sólo a los más señalados. Antonio no sólo jugó muy bien aquella noche sino que fue el mejor y además se mantuvo toda la temporada como titular indiscutible. Otra novedad que se presentaba aquella noche era un jugador bajito que había fichado ese mismo día por la mañana, Javi, del Hércules, atacante zurdo muy rápido y habilidoso, cuyo fichaje fue también un acierto. Con las nuevas incorporaciones el equipo tuvo un aire completamente distinto, mucho mejor en la zona media y arriba. A los diecisiete minutos el debutante Javi hacía el primer gol sobre los húngaros del Haladas, y con el 1-0 finalizó una primera parte en la que el Granada mereció más renta. A poco de comenzar la segunda parte empató el Haladas por medio de Schoter. Posteriormente cobraron nueva ventaja los rojiblancos por mediación del canterano Pepe Gálvez, que aprovechó que los húngaros se quedaran estáticos reclamando un fuera de juego inexistente. Pero empataron nuevamente los magiares de gran tiro de su delantero Gorog. Y con el dos a dos finalizó el encuentro, con lo que la bonita copa de los orfebres granadinos Hermanos Moreno se fue para la capital magiar y en las vitrinas del Haladas debe ocupar un lugar, esperemos que preferente. Era la tercera vez que la fuente de Los Leones se marchaba fuera de nuestras fronteras, como ocurrió en la primera edición, de 1973 (OFK de Belgrado), y en la tercera, en 1975 (Boavista de Oporto).

Lo más destacable del certamen futbolero granadino de agosto 1985, que este año alcanzaba su decimotercera edición, es precisamente lo poco que se pudo destacar de la misma. Fue la más floja de todas las celebradas hasta el momento, tanto en el aspecto de asistencia de aficionados como en lo estrictamente deportivo.


Sólo una semana después de celebrarse el trofeo de 1985 comenzaba la liga, y lo hacía con un serio problema: el Granada no tenía portero, porque la víspera del primer partido, ante el Linense, Verdejo no aceptaba las condiciones ofrecidas para su renovación, y el fichado esa semana del Málaga, Toni, se hallaba lesionado. Sólo se contaba para ese primer envite con el veteranísimo Miguel, de 35 años, que prácticamente se había retirado ya después de una carrera futbolística desarrollada casi toda en el Loja, cuyo techo había sido la Tercera, y era un claro exponente de la improvisada plantilla que para la pretemporada 85-86 se había podido confeccionar de prisa y corriendo. El lojeño, que ya había disputado unos minutos en el trofeo recién terminado, tuvo así que debutar y jugar su único partido completo en 2ª B, y recibir los tres goles que cayeron en las redes rojiblancas esa primera jornada.

Era tan precaria la situación de la plantilla que dos hombres más recién fichados (Braojos y Macanás, que volvía), pasaron casi directamente del estribo del tren al verde de Los Cármenes y se alinearon aquella noche. Con todo, no se pudo evitar la derrota (2-3) con la que se iniciaba una temporada de negros presagios acerca del futuro de la entidad, y más si tenemos en cuenta que para la siguiente se había previsto una reestructuración de la categoría, reduciendo los dos grupos a uno solo de veintidós equipos, lo que suponía una auténtica escabechina pues del octavo para abajo se descendía a Tercera.

Todavía faltaban dos incorporaciones más: el lateral derecho Segarra, que vino del Barcelona At. y dio buen resultado; y el defensa central Alcalá, granadino de Huétor-Vega, que había jugado en el At. La Zubia y venía recomendado por su paisano y vicepresidente de la Diputación, Ernesto Molina, casi como una imposición (según los distintos autores de la cosa histórica rojiblanca) por el asunto del préstamo de la Caja Provincial con el que se salvó la categoría. Lo cierto es que el hueteño jugó bastantes partidos y estuvo a buen nivel.

Los comienzos de la 85-86 no invitaban precisamente al optimismo. En la jornada ocho andaban los rojiblancos hundidos en la clasificación, cargados de negativos y sin conocer la victoria, y, como suele ser norma, la cabeza de Peiró peligraba. Menos mal que hubo cordura y se mantuvo al buen técnico, cosa que no se iba a lamentar. En éstas estábamos cuando Candi, que sólo tres meses antes había conseguido ser reelegido, decide retirarse de la dirección de la entidad por motivos de salud. Y es que quedan ya muy lejos los alegres días de tirar de talonario para poder salvar cualquier situación comprometida. Al contrario, pintan unos tristes, paupérrimos y estresantes bastos para todo lo rojiblanco, que pueden acabar minando la más fuerte constitución. Ante la situación de desgobierno y dado que nadie se atreve a hacerlo, el vicepresidente José Aragón asume la presidencia y consigue cierta estabilidad hasta el final de la temporada.

La mala situación deportiva cambia cuando a partir de la jornada nueve se encadena una racha de doce partidos de los que sólo se pierde uno, catapultando al equipo hasta la primera posición y con +5 en su haber. Otra nueva racha, ahora negativa, volvió a meter al equipo en posiciones apuradas (tengamos en cuenta que el octavo descendía). Así hasta llegar a la penúltima jornada con visita del Parla. Afortunadamente el Granada dio la talla aquella tarde y su triunfo (3-1) aseguró el séptimo puesto y con él la permanencia en un partido en el que hubo sus más y sus menos con el portero madrileño, que resultó expulsado por empeñarse en que no había entrado el disparo desde el punto de penalti con el que Paquito hizo el 2-1. El emperramiento de Antonio (así se llamaba) le llevó a un intento de agresión al trencilla Martínez Guirado, que también había expulsado al ex granadinista Pérez Durán. Lo que ocurrió es que el gran disparo de Paquito (su gol veinticinco aquel año y último que conseguiría de rojiblanco) se salió de dentro de la portería por un roto de la red.

La temporada que más que nunca planteara dudas sobre la continuidad del club finalizaba así con no muy mal sabor de boca. Después de todo el año futbolístico no había sido decididamente malo y al menos en algunas jornadas pudimos ver líder a aquel Granada del sabio Peiró que después de tanta improvisación pudo armar un cuadro que no estaba mal del todo y cuya alineación titular fue más o menos: Verdejo; Segarra, Lina, Alcalá, Ramón; Choya, Antonio, Paquito; Braojos, Rivera y Javi. Un equipo con un medio campo de los mejores que se han visto en Granada mientras la categoría fue la Segunda B y en el que sobresalía Paquito, de sólo veintiún años, que completó una magnífica temporada en la que marcó veinticinco goles entre liga y copa que le valieron para ser traspasado al Málaga, donde pronto consiguió ascender a primera y jugar varios años a buen nivel; Peiró, que lo conocía bien de cuando lo tuvo en el filial del At. Madrid, supo sacarle todo el partido que podía ofrecer situándolo en una posición en la que saliendo desde atrás sorprendía a las defensas contrarias y marcaba un gol tras otro. Tampoco la delantera era mala, con Braojos por la derecha, que ofreció varias tardes en las que llegábamos a preguntarnos cómo era posible que un hombre con aquel poder de desborde jugara en esta categoría. Y también destacaba el habilidoso Javi, que consiguió doce goles. Después de un año de un sufrimiento mayor del que era habitual por estos pagos, finalmente se pudo salvar la categoría que tantas veces se vio perdida. Y como bien está lo que bien acaba, volvió a renacer alguna esperanza entre la muy sufrida torcida rojiblanca que en esta temporada vio más de cerca que nunca los bigotes que dicen tiene la parca.