EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



jueves, 29 de mayo de 2008

COQUE POR PETENERAS


Los casi ya ochenta años del Granada dan para muchas historias. Por eso “gugleando” por la Red es fácil tropezarse con anécdotas y héroes, mitos y villanos, fábulas y personajes que de alguna forma atañen a la historia del club rojiblanco. Es el caso de Gerardo Coque Benavente. Este nombre quizás no les diga nada a las actuales generaciones de hinchas, pero corresponde a un futbolista muy cotizado en su época y que dio mucho que hablar a la prensa deportiva. Si su historia hubiera ocurrido en la actualidad habría sido varias veces portada en otro tipo de prensa, la del corazón, pero su aventura se sitúa en una España todavía dentro de la larga posguerra, en la primera mitad de los cincuenta, cuando el sacrosanto régimen todavía no había recibido el espaldarazo de su ingreso en la ONU y la ayuda americana. Una España todavía muy azul mahón, aislada y con cartillas de racionamiento, en la que este tipo de cosas eran pecado para la moral nacionalcatólica imperante, y no se les daba publicidad.

Coque fue un 8 de los de entonces, interior derecho fino, de gran toque, regate esplendoroso y mucho gol, que con dieciocho años era titular en el equipo de su tierra, el Valladolid. En la capital del Pisuerga se le recuerda como uno de los mejores productos futboleros de su cantera y como uno de los protagonistas de varias gestas albivioletas: el ascenso a primera de 1948, el subcampeonato de copa en 1950 o el sexto puesto de la 50-51, en la que Coque consiguió veinte goles que le valieron un año después la internacionalidad absoluta y al finalizar la siguiente, la 52-53, el traspaso por la escandalosa cifra de un millón a un Atlético de Madrid que llevaba ya tres temporadas seguidas hundido en la mediocridad. En Madrid completó una primera temporada aceptable en la que fue titular y marcó algunos goles.

Juventud, mucho más dinero del que había visto en su vida, fama y la vida nocturna del Madrid de entonces, formaron un cóctel que acabó por subírsele a la cabeza a Coque y a poco de iniciarse su segundo ejercicio en la capital sorprendió a todo el mundo cuando dejó plantados club, familia y país, y una exitosa carrera futbolística, y se marchó a México como integrante del elenco del espectáculo flamenco de Lola Flores. La Lola de España, que ya había tenido sus amores con otro futbolista famoso, el defensa internacional del Barcelona, Gustavo Biosca, embrujó con su atractivo arrollador a Coque y, liándose la manta a la cabeza, con La Faraona compartió intimidades y tablaos por medio mundo durante dos años, pues parece ser que al vallisoletano también se le daba bien el zapateado. Esto se llama salir por peteneras.

Y aquí vienen a cruzarse los destinos del que, por su mala cabeza, no alcanzó aquello a lo que parecía predestinado -ser una gloria del balompié- y del Granada CF. A nuestra tierra llegó a poco de iniciarse la segunda vuelta de la temporada 1957-58. De la mano de Scopelli el Granada, recién ascendido a primera, anduvo toda la temporada en los puestos de la zona media-baja de la clasificación. Al concluir la primera vuelta se encontraba el equipo clasificado a solo un punto de los puestos de descenso. Por eso la directiva de Luis Rivas vio la necesidad de reforzar una plantilla algo corta y fichó a Coque que, con la frente marchita y tras dos años de francachelas había vuelto al hogar cabizbajo y arrepentido, y no tenía equipo. Pero claro, dos años de inactividad y excesos no lo colocaban en su mejor forma para llegar y jugar. Por eso la aportación a la historia rojiblanca de Coque se limita a un único partido de liga, justo el que cerraba aquella temporada a primeros de mayo, jornada treinta, en el que el Granada sucumbió en el Camp Nou 4-1 (gol de Manchón). El domingo anterior, en Los Cármenes, se había certificado la permanencia con una agónica victoria sobre el Valencia gracias a un golazo de Rius que provocó el delirio entre la parroquia. Todavía pudo Coque enfundarse la rojiblanca en un partido oficial, y fue el que se jugó una semana después de concluida la liga, en Los Cármenes ante el descendido Jaén, que eliminó a los nuestros en la primera ronda de Copa.

A la temporada siguiente volvió a su tierra y a su equipo, al que contribuyó a devolverlo a primera, pero ya nunca volvió a ser el fino jugador que la ponía como nadie y que marcaba goles para todos los gustos, por lo que tras pasar por Santander y Cultural Leonesa, dijo adiós al balompié en 1962. Ya se sabe que hay una cosa (bueno, dos) que tira más que dos carretas, pero puestos a tirar, bien que tiró a la basura Coque la que seguramente hubiera sido una carrera futbolera sobresaliente, cosa que amargamente lamentaría más tarde. Aunque, por otra parte, siempre le quedaría aquello de que no podría nadie quitarle lo “bailao”, en este caso aplicado con toda propiedad. Según José Luis Entrala, jugar apenas jugó, pero sus compañeros de plantilla se divirtieron mucho oyéndole contar sus aventuras con la Faraona. Su paso por el Granada fue más testimonial que otra cosa, pero, aunque sólo sea por lo singular de su historia, merece un lugar en la galería rojiblanca de ilustres.

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