EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



domingo, 25 de mayo de 2008

1986 POCO SALOMÓNICA DECISIÓN


La angustiante 85-86 acabó bien, dentro de lo que cabe, si por bien se puede entender que por lo menos no tuvimos que sufrir un nuevo descenso que tan cerca se vio. En ella pasó el Granada CF por los momentos más inciertos de su existencia hasta el momento. Tanto que habría que remontarse a cincuenta años atrás, a 1936, para encontrar una situación parecida. La contienda fratricida dejó un país devastado física y moralmente pero al menos sirvió para que tras el paréntesis de tres años se aclararan las aguas balompédicas locales y renaciera el club.

Como sabemos, el presidente electo en 1985, Cándido Gómez, había dado paso en la dirección del club a su vicepresidente José Aragón por motivos de salud. Una vez terminada la liga con la salvación in extremis de la categoría de bronce vuelve Candi a hacerse cargo de la presidencia. Pero mientras Aragón ha sido presidente en funciones ha dado entrada en el club a un hombre de su confianza que viene pegando (y pagando) fuerte y que a partir de ahora va a tomar el relevo de D. Cándido. Se trata de Alfonso Suárez, que ha comprado la deuda a varios de los acreedores del club, casi todos ellos directivos (con Candi a la cabeza, cuyo crédito es de casi noventa millones), y que ocupará la presidencia efectiva del club a partir de la pretemporada 86-87, aunque sigue siendo presidente oficial Cándido Gómez hasta que presente su dimisión en noviembre. Ya en abril de 1987 y tras la pertinente campaña electoral, a la que no concurre más candidato que Alfonso Suárez, se le proclama presidente de derecho. En 1986 no se puede hablar de un renacer, no como el que protagonizó el equipo a partir de 1939, pero esta temporada se vivió un atisbo de esperanza y al menos los problemas económicos pasaron a un segundo plano, lo que tampoco quiere decir que se hubieran resuelto.

La cifra aceptada como déficit del club en 1986 es de 500 millones. Lo que ocurre es que, como es norma en la historia rojiblanca, la cantidad exacta no hay manera de saberla. De esos quinientos, se dijo en su día, la recién creada Liga de Fútbol Profesional, en un plan de saneamiento de los clubes de fútbol a nivel nacional, asumía la parte de deuda que correspondía a Hacienda y Seguridad Social, por lo que la deuda real era de doscientos millones. Nos faltan datos para saber si efectivamente la LFP acabó haciéndose cargo del débito, el caso es que como todos sabemos, tan sólo diez años después, cuando por fin se venda Los Cármenes, se dirá que el déficit del club supera los dos mil millones. En diez años de continuos bandazos en la dirección del club se habrá multiplicado por diez la losa.

El futuro de la entidad, por tanto, sigue estando en el aire en 1986. En este contexto, en agosto, se presenta la XIV edición del Trofeo Granada (sigue siendo ésa su denominación). Este año cambia el lugar de presentación y se traslada al palacio de Bibataubín, sede de la Diputación, que un año más dona la copa. Allí Candi dice que deja la presidencia contra su voluntad pero que se va contento por dejar el club en buenas manos, y simbólicamente traspasa “los trastos” de gobernar a Alfonso Suárez quien en una brevísima intervención alaba la labor de su predecesor y pide la colaboración de todos para que un club de la solera del Granada no tenga que arrastrarse por esos campos de Dios. Todo son piropos mutuos en este acto de presentación. Esos piropos que se dedican ahora cambiarán mucho de signo unos meses más tarde, en que asistiremos a un cruce de descalificaciones, desplantes y reproches de uno a otro, incluso con graves acusaciones.

Otra novedad en lo que se refiere a la presentación del evento es que este año no sale el cartel de Litografías Anel, variando algo su diseño pero conservando como fondo una vista de la Alhambra con el trofeo en primer término y dando entrada a la publicidad de patrocinadores comerciales. En esta edición se volvió a prescindir de equipos extranjeros y los contratados fueron el Murcia, brillantemente ascendido a primera la temporada recién terminada, y el Málaga, que por entonces militaba en segunda y cuya presencia era parte del pago por el reciente traspaso de Paquito al club de la Costa del Sol.


El 20 de agosto de 1986 se abrió el fuego del XIV torneo veraniego granadino con todo un clásico Granada vs. Málaga. El Málaga, en su sexta participación en el trofeo, forma con su alineación titular de cara a una campaña que se puede considerar de transición para los vecinos ya que acabará en la zona media de la tabla para en la temporada siguiente arrasar y ser campeón volviendo a la máxima categoría con Kubala en el banquillo y con hombres como Juanito, Esteban o Ruiz. El Málaga que se presenta en Los Cármenes este agosto de 1986 lo dirige Antonio Benítez y tiene como hombres a destacar (aparte de Paquito) al ariete argentino Husillos, el delantero vallisoletano Fonseca y también el guardameta Gallardo, que este mismo año morirá prácticamente sobre el terreno de juego tras un choque con un contrario en el campo del Celta.

Por su parte, el Granada se presentó muy renovado. Su alineación inicial fue: Toni; Pedro, Del Moral, Lina, Ramón; Salva, Castellanos, Trigueros; Miguel, Manolo y Agustín. Sólo hay tres de la temporada anterior. Con la directa intervención del técnico Peiró se ha hecho limpia en el vestuario y se han incorporado numerosos jugadores que van a dar un excelente resultado. En la defensa destacan Pedro y Del Moral, ambos, junto con el guardameta Ignacio, se han fichado de un Jaén descendido a tercera en la temporada anterior, la de la hecatombe para los veintiséis clubes de segunda B que perdieron la categoría. El centro del campo es nuevo por completo, con Salva y Trigueros, del At. Madrileño, y con Castellanos, regresado a su casa después de diez años en el Valencia, al que acaba de dejar en segunda. Y la delantera también es nueva, con Miguel, del Celta pero con previo paso por el filial del At. Madrid; con Agustín, canterano muy joven que apuntaba muy buenas maneras; y sobre todo, con Manolo, del Barcelona At. que fue el mejor fichaje y que conseguiría más de treinta goles a lo largo de la temporada. El catalán Manolo Muñoz Navas no pudo lucir en aquel partido pues su forma física no era la más idónea y hubo de ser sustituido en la segunda parte por Camuel, otro delantero que era novedad y que provenía del Coruña. Después un jovencísimo Roberto Valverde, que había probado suerte en los madriles, se presentaba como nuevo rojiblanco sustituyendo a Agustín. Y posteriormente Víctor de la Osa, todavía en edad juvenil, haría lo propio con Ramón.

Este primer envite del trofeo 1986 tiene poquísimas cosas que destacar aparte de las novedades de jugadores. El campo registró una gran entrada, cercana al lleno, pero el juego desarrollado por unos y otros dejó bastante que desear. El resultado final fue de empate a cero y apenas resaltan las crónicas del encuentro alguna que otra jugada que inquietara a los guardametas en un partido bastante malo. En la tanda de penaltis el Granada consiguió anotar sólo un gol por cuatro los malagueños. Hay que quedarse con ese dato porque dos días después tendría su importancia.

«Murcia y Málaga aburrieron hasta a las hormigas». Con la firma de Antonio Barragán, éste es el titular que encabeza la crónica de Ideal del segundo partido del certamen. En caracteres más pequeños y como segundo encabezamiento se puede leer: «Ni unos ni otros demostraron el más mínimo interés en intentar ofrecer juego y espectáculo». Y casi no hay nada más que añadir, pues malacitanos y murcianos apenas se esforzaron por sacarnos del sopor que en la calurosa noche agosteña se adueñó desde el principio de los no más de cuatro mil que entre bostezos allí nos dimos cita. Lo único a destacar ocurrió ya muy al final, cuando Paquito estrelló su buen remate en el poste del meta murciano Vergara. Y sanseacabó. Ni un solo ¡huy! ni un casi. Y, por supuesto, ni un gol, empate a cero fue el resultado. En la tanda de penaltis ganaron los pimentoneros cinco a cuatro después de que se llegara al sexto lanzamiento; también hay que quedarse con el dato.

El Murcia había conseguido el ascenso a primera la temporada anterior después de una liga que dominó de principio a fin. Para su retorno a primera se había reforzado con los ex barcelonistas Tente Sánchez y Amador, más el menor de los hermanos gaditanos Mejías y el goleador del Hércules Carlos; y también, aunque no jugaron en Granada, el ex valencianista internacional Tendillo, el brasileño Guina y la perla marroquí, Timoumi, a quien ya habíamos visto en el trofeo de 1979. También eran jugadores destacables de aquel cuadro, Núñez, Pérez García, el que después sería Pichichi, Manolo, y un futuro granadinista, Delgado. Dirigido por Vicente Carlos Campillo, que a mediados de temporada sería sustituido por Kubala (que tampoco llegó a terminar la liga), pasó ciertos apuros para conservar la categoría pero finalmente consiguió un decimotercer puesto que tras el invento aquel para esta temporada -aquel “play-off” que no convenció a nadie- mejoró, subiendo dos puestos en la clasificación. Luego, como vemos, este año no hubo ningún perjudicado por la supuesta maldición trofeística granadina.


En el tercer y definitivo envite del trofeo 1986 Granada y Murcia tenían a la mano hacerse con la copa. Si en los dos partidos anteriores nos habíamos aburrido a base de bien, en la muy calurosa noche del 22 de agosto de 1986 fue todo lo contrario. Ya no hubo tantas precauciones defensivas y los dos equipos buscaron la victoria desde el principio, resultando un partido bastante entretenido para los aficionados que casi abarrotaron Los Cármenes. El Granada jugó de inicio con el mismo equipo de dos días antes, con los cambios de Ignacio en la puerta por Toni y de Braojos por Manolo en el ataque. Al descanso se llegó con empate sin goles, aunque ocasiones para anotar tuvieron varias ambos equipos. Nada más empezar la segunda mitad se adelantaron los rojiblancos en el marcador por mediación del lateral Pedro Sánchez De la Nieta, aprovechando libre de marca un centro por la derecha de Braojos. Al poco nos quedamos en inferioridad al ver Del Moral la segunda amarilla. El Murcia mostró su condición de primerdivisionista dominando a partir de ese momento y creando numerosas ocasiones de gol, pero éste no llegó hasta el último minuto, obra de Carlos, con previas expulsiones de los murcianistas Mejías y Vidaña. Y con ese resultado de empate a uno acabó un choque bastante vistoso. En los penaltis ganó el Granada por cuatro a dos.

Por primera vez desde que el trofeo se convirtió en triangular (ésta era ya la de once) se daba un triple empate. Y ocurrió que el reglamento del trofeo no dejaba suficientemente aclarado qué hacer en estos casos. Realmente, cualquiera de los participantes podría haberse proclamado vencedor, ya que al no prever nada el reglamento interno podría haberse acudido a distintos criterios. El más lógico y primero a tener en cuenta debía haber sido el de los penaltis posteriores a cada encuentro, en ese caso el vencedor tenía que haber sido el Málaga, que perdió por uno con los murcianos pero ganó a los locales por tres, mientras que el Granada había vencido por dos al Murcia. En su defecto el del coeficiente de goles a favor y en contra, completado por los penaltis de cada partido, y en ese caso el vencedor era el Murcia. Sin embargo se decidió sobre la marcha que puesto que los malacitanos no habían conseguido ningún gol, ya no contaban para el triunfo y la cosa quedaba entre granadinos y murcianos, por tanto el Granada era el vencedor. Y tras más de veinte minutos de discusiones -por momentos subidas de tono- sobre el mismo césped, se proclamó al cuadro rojiblanco ganador de la XIV edición del Trofeo Granada, cosa que los murcianos no aceptaron de buen grado. Así concluyó la decimocuarta edición del Trofeo Granada, el octavo que se quedaba en casa.

Con incorporaciones posteriores como la de los laterales Coria y Espejo y los granadinos Peso y Berna, más el centrocampista Salvador, que llegó con la temporada ya avanzada, se acabó por confeccionar una buena plantilla que al final de la temporada iba a devolver al Granada a Segunda División. La pretemporada no había sido buena a pesar del triunfo en el trofeo, ya que previamente habían sido los rojiblancos derrotados en algunos partidos frente a equipos de categorías inferiores, incluido un 5-0 adverso en La Victoria de Jaén. Y en los comienzos de la liga el equipo todavía sembraba dudas entre sus seguidores, que veían cómo el Granada andaba en la mitad de la tabla. Pero hacia la jornada quince empezó el equipo a mostrar la solidez que había dejado entrever y pronto se encaramó en los puestos altos hasta concluir en el tercer puesto que daba el ascenso directo (sin ese mal invento que es la liguilla) en compañía de Tenerife, Burgos y Lérida.

Bajo la muy sabia dirección de Peiró la alineación titular de esta temporada fue, más o menos: Ignacio; Pedro (Castillo), Lina, Del Moral, Ramón (Espejo); Choya, Salvador, Trigueros; Braojos, Manolo y Miguel. Basado en una gran solidez en la parte de atrás y con un medio campo muy peleón, el Granada, sin enamorar en ningún momento por su juego, sólo perdió ocho encuentros (de cuarenta y dos) y pudo llegar a la penúltima jornada en la que en la Romareda los goles de Javi y Miguel al Aragón, filial del Zaragoza, aseguraron un puesto entre los cuatro primeros. Pieza fundamental en aquel equipo fue el catalán Manolo, que anotó treinta y un goles. En la última jornada en Los Cármenes, ante el Alcira, se había programado una vistosa celebración del ascenso, con saque de honor de Bárbara Rey incluido; pero pasó algo que no es la primera vez que ocurre en la historia del Granada: tras una semana entera de agasajos y juergas y poco trabajo, lo que se planeó como una fiesta acabó con mal sabor de boca con la derrota ante un modesto equipo (0-1), la única en casa en toda la liga, dando además muy mala imagen.

En cualquier caso el ascenso conseguido hay que calificarlo de muy meritorio si tenemos en cuenta que este año la Segunda B era mucho más difícil de lo que lo ha sido nunca porque al haberla reducido a un único grupo de veintidós equipos habían sido eliminados muchos de los que tradicionalmente militan en la categoría como mero relleno, y así nos encontramos con una 2ª B perfectamente equiparable a una actual Segunda A, con equipos como Tenerife, Burgos, Salamanca, Éibar, Lérida, Córdoba, Albacete y otros. Después de haber vivido sólo un año atrás la más peliaguda situación, ahora volvía el optimismo y se recuperaba la categoría de plata que nunca se debió perder.

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