EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



domingo, 25 de mayo de 2008

1978 EN PELIGRO LA SEXTA EDICIÓN


Hablar del Granada C.F. del verano de 1978 es hablar de los grandes problemas económicos por los que atravesaba el club rojiblanco. Como vimos en anteriores escritos, tan solo un año antes se estimaba que la deuda de la entidad era de sesenta millones, cifra que ponía los pelos de punta y hacía pensar que el futuro del club estaba en el aire. Esos sesenta kilos de déficit se decía que correspondían a los poco más de treinta que como losa se habían heredado de la era Candi, duplicados en sólo un año por su sucesor en el cargo, Salvador Muñoz, al cual le llovían las críticas por ese motivo. Pues bien, sólo otro año después y como el que no quiere la cosa resulta que el verdadero déficit del club alcanza los ¡ciento treinta y cuatro millones! Porque la verdadera trampa dejada por Candi era de cincuenta y siete –se dice ahora-, que se han incrementado en casi veinte más por mor de los intereses generados en el periodo transcurrido, correspondiendo el resto a deudas cuya paternidad ya sí es de la nueva directiva. La cifra real del déficit (134 millones) fue puesta de manifiesto por José Luis Codina, del diario Patria, y en principio fue negada por la directiva de Salvador Muñoz, que manejaba una cantidad bastante inferior (ochenta millones). Como vemos, ya entonces la deuda exacta del club era algo parecido al tercer secreto de Fátima, uno de los mayores arcanos a la vera de la Penibética. En cualquier caso y se mire como se mire una barbaridad que proyectaba negras sombras sobre el futuro de la entidad.

Por eso, para un día antes de la celebración de la sexta edición del trofeo veraniego, el 21 de agosto de 1978, se convoca asamblea extraordinaria con un único punto en el orden del día que también es un clásico en la siempre poco opulenta andadura del club: la autorización de los socios para la venta de Los Cármenes y la construcción de una ciudad deportiva donde iría el nuevo campo con capacidad para treinta mil espectadores, pensando también en la posible designación de nuestra ciudad como sede del mundial 82. Ni que decir tiene que la propuesta de la directiva fue aprobada por aplastante mayoría y con prácticamente una única voz discordante, la del insigne socio Vicente Luna Morales. Días después y en el diario Ideal ya que no lo dejaron donde debían (que no suelen ser estos cónclaves rojiblancos lugares donde se pueda exponer y debatir con serenidad) pudo explicar este socio que su desacuerdo era en la forma, no en el fondo, ya que a su parecer la operación que proponía la directiva era ruinosa para los intereses del club. Como alternativa exponía este buen granadinista, que lo fue, una fórmula de venta por la que los socios venían a constituir una especie de sociedad anónima (REYGRA: Recreativo y Granada) que haría la venta, siendo esta operación mucho más provechosa para la entidad y para los abonados, según la exposición del señor Luna.

No sabremos ya nunca si era o no era descabellado lo que proponía D. Vicente Luna, pero sí que sabemos que el campo no se vendió en estas fechas ni por una ni por otra fórmula, es decir, la deuda siguió viva y engordando. Eso unido a los abucheos generalizados de la grada en cada partido, originó la dimisión de Salvador Muñoz a poco de empezar la temporada, en noviembre, siendo reemplazado por su vicepresidente, Manuel Anel, que a partir de mayo del año siguiente y tras el necesario proceso electoral se convirtió en presidente. El Granada siguió conservando su patrimonio pero acumulando y acumulando las montañas de polvo que en poco tiempo trajeron los lodos que tanto iban a lastrar la marcha del club en un futuro inmediato y que a punto estuvieron de engullir al club.

En este contexto, dominado mucho más por las preocupaciones crematísticas que por las deportivas, hubo serias dudas acerca de si habría o no trofeo veraniego. Finalmente, gracias a la colaboración de organismos como Ayuntamiento y Diputación, no nos quedamos sin festival futbolero. Bajo la denominación de sexto Trofeo Ciudad de la Alhambra se confeccionó un cartel que, de entrada, no estaba mal: Granada, Málaga y Sparta de Rotterdam.



El equipo de la capital vecina, el CD Málaga, que acude al trofeo por tercera vez, desde su última comparecencia en 1974 había experimentado un descenso a segunda rápidamente superado pues a la temporada siguiente recuperó la máxima categoría. Pero tan rápidamente como la recuperó la había vuelto a perder en la 76-77. Así, en este agosto de 1978, como el anfitrión, es equipo de Segunda División. En su último ejercicio había realizado una campaña más que mediocre, quedando clasificado en decimotercera posición después de superar algún que otro apuro para conservar la categoría de plata gracias a la llegada a la dirección técnica de Jeno Kalmar (que ocupa un lugar de honor en la historia tanto de Granada como de Málaga), el cual formaba tándem con un hombre que también es parte de la mejor historia del C.D. Málaga, Viberti, que era quien realmente dirigía al equipo. Cuando de la mano de dicho dúo comparece en Los Cármenes conserva todavía a algunos hombres de su época más gloriosa, como Migueli, Macías, Aráez, Orozco y Búa.

Como única representación extranjera un club de la primera división de un fútbol muy de moda en los setenta, el holandés, con sus dos grandes actuaciones en los mundiales de la década, inventor del llamado fútbol total, una concepción moderna y precursora del fútbol actual. El Sparta de Rótterdam, decano del fútbol holandés, era y es un club segundón de su país, siempre a la estela del otro club de esa ciudad, el poderoso Feyenoord, pese a contar con hasta cinco títulos de campeón de liga (el más moderno de 1959, siendo los otros de fechas anteriores a la I Guerra Mundial). Se trataba de un club formado por jugadores muy jóvenes, entre los que había algún internacional, como el portero, suplente en Argentina 78, Doesburg. Los holandeses partían como favoritos para hacerse con el sexto trofeo.

Por su parte, el Granada de agosto de 1978 se presenta como un equipo integrado en su práctica totalidad por los mismos jugadores de la temporada anterior, salvo las bajas de Fernández, Falito, Milar y Lis. La principal novedad está en el banquillo, el marroquí Ben Barek, ex granadinista de los cincuenta, contratado como míster tras su paso por equipos de menos enjundia. Y como jugadores sólo presenta el club la incorporación del centrocampista Pepe González, un hombre ya veterano que tras su paso por Betis y Zaragoza militará esta única temporada en el Granada y su rendimiento hay que catalogarlo como muy positivo hasta que mediada la temporada una lesión le hará desaparecer de las alineaciones.

El primer partido enfrentó a Granada y Sparta. En el Granada, aparte del único fichaje ya citado, también eran nuevos en el once titular tres canteranos: Gerardo y Francis, indiscutibles toda la temporada, más Jorgoso, que también jugó bastantes partidos. Según las crónicas pudo verse a un Granada que, siendo prácticamente el mismo de la temporada anterior, tenía un aire completamente distinto, con mucha más movilidad, más ganas y mejor posicionamiento. Con estas armas derrotó con justicia al conjunto holandés tras un partido bastante entretenido y resultado final de 3-1, goles de Serrano por partida doble y Benítez. El gol holandés llegó cuando los nuestros ya mandaban 3-0 y vino como consecuencia del lanzamiento de un córner en el que un jugador contrario, sin su inseparable bloc de notas y valorando la acción como algo “positifo” (es de suponer), entró desde atrás para cabecear a la red de Izcoa. El nombre del de los tulipanes: Louis Van Gaal.

En el segundo día de trofeo, antes del partido Málaga-Sparta, hubo prólogo en forma de encuentro entre veteranos del Granada y del Málaga en el que se impusieron los forasteros por 1-0, con gol de Aragón. Después, con apenas dos mil espectadores en las gradas, el Málaga endosó al Sparta de Rótterdam otro 3-1. Al descanso se llegó con ventaja holandesa (Erkelens), pero en la segunda parte los malacitanos, liderados por el argentino Cantarutti, fueron mucho mejores y consiguieron tres tantos por mediación de Santi y Javi (dos). El partido fue también bastante entretenido. El Sparta, que partía como favorito, acabó decepcionando y sólo apuntó en sus dos encuentros algunos destellos de calidad de sus jugadores Valek y Van Zoest. El Málaga, por su parte, se mostró como un equipo bien conjuntado y no exento de dureza que apuntaba ya el buen juego que al final de esta temporada lo llevaría de nuevo a Primera División.


Tras los dos buenos encuentros de granadinos y malagueños ante los holandeses del Sparta, saldados ambos con idéntico resultado, el tercer y definitivo partido entre los eternos rivales se presentaba muy interesante. La media entrada registrada se consideraba un éxito de público y garantizaba que al menos no hubiera déficit en esta sexta entrega del torneo veraniego. En cualquier caso, siempre lejos de aquellos otros partidos entre los mismos rivales de las primeras ediciones del trofeo, cuando ambos militaban en primera y acariciaban el sueño europeo, encuentros en los que no cabía un alfiler en las gradas. En un grandísimo partido el Granada se impuso al Málaga y consiguió su cuarto trofeo, y lo hizo del mismo modo que en las tres anteriores ocasiones, es decir, goleando a su rival. El resultado final de 4-1 da idea del gran espectáculo que pudimos ver en la calurosa noche del 25 de agosto de 1978, jugado de poder a poder por dos equipos que toda la temporada que se avecinaba iban a estar ocupando puestos de ascenso, cosa que el rival sí lograría. Inauguró el marcador el goleador José Luis y pronto empataron los de la Costa del Sol con gol de Santi. Pero un Granada pletórico borró del terreno a sus oponentes y consiguió tres tantos más, obra de Edison, Serrano y nuevamente José Luis, de penalti.

Con la brillante consecución del trofeo, el cuarto que se quedaba entre nosotros, después de dos grandes partidos y goles en abundancia ante rivales cualificados, el optimismo estaba justificado. Y es que aquel Granada de Ben Barek era efectivamente un equipo ilusionante. Con Izcoa en la puerta, que jugó todos los partidos del calendario, y una línea defensiva bastante segura formada con Gerardo y Francis como fijos, más Edison o Benítez y Fali o Juan Carlos; una línea media sobresaliente, con González, Santi, Antonio, Angulo y Benítez alternándose; y arriba el poder goleador de José Luis, más Serrano, Jorgoso e Insfrán (que se incorporó con la temporada ya empezada). Grandes tardes de gloria ofrecieron a la afición estos hombres y forman el equipo granadinista que por última vez (hasta el momento) tuvo al alcance de la mano el ansiado retorno a la división de honor del Granada C.F. Durante bastantes jornadas fueron líderes en segunda división. Sólo muy al final, en coherencia con la peor historia rojiblanca, vinieron las bajas formas y las ausencias por lesión de hombres básicos que hicieron que se esfumara un ascenso que ya se acariciaba.

Lo de tener al alcance de la mano algo muy positivo y escaparse en el último suspiro ha ocurrido tantas veces en la historia rojiblanca y en tantas y distintas circunstancias (entre las que no faltan, como en este caso, factores que siembran dudas sobre la limpieza del resultado), que se podría escribir una antología del despropósito granadinista. El Granada no pudo dar el salto a primera desde el Villamarín y acompañar a Almería y Málaga en una terna andaluza cien por cien. Sí lo hizo su rival de aquella última jornada de liga. Manuel Anel, presidente a la sazón, podría haber dicho aquello de que no mandó a sus hombres a luchar contra los “elementos”, porque: ¿ese salto verdiblanco a primera fue todo lo honesto que cabe esperar en una competición deportiva o se debió a la elemental ley de que el que más tiene más puede? ¿Intervino en la derrota rojiblanca algún factor distinto del puro mérito deportivo? ¿Todos los jugadores rojiblancos que actuaban aquella tarde se emplearon con deportividad e hicieron lo que debían para devolver al club a Primera División? Como se puede apreciar son cosas que nos suenan familiares, sólo que referidas a fechas más recientes, pero son los eternos interrogantes que siempre quedaron flotando en el ambiente después de este crucial encuentro de la última jornada de la temporada 78-79 en el campo del Betis, otra de las grandes frustraciones de la historia del Granada CF.