EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
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jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



domingo, 25 de mayo de 2008

1982 DÉCIMA EDICIÓN Y ASCENSO EN ALGECIRAS


En la 81-82, recién reencontrado con el cargo de presidente, a Candi no le dio tiempo a armar un equipo como hubiera sido de su agrado. Pero para el verano de 1982 y ya sin precipitaciones, vuelve D. Cándido a intervenir de cerca en el movimiento de fichajes y desfichajes que es lo que, al parecer, más le gusta. Y en este sentido lo cierto es que al gallego-granadino se le podrán reprochar muchas cosas, pero, al césar lo suyo, nadie como él a la hora de confeccionar plantillas que resultan muy competitivas y dan buenas temporadas en lo deportivo que es lo que al forofo le importa por encima de todo lo demás. Así, al echar a andar la temporada 82-83 nos encontramos con una de las mejores plantillas que se recuerdan por estas tierras mientras militó el equipo en 2ª B, plantilla que al final conseguiría el retorno a la categoría de plata del fútbol español.

Son fichajes del verano de 1982: el míster, Manolo Ruiz Sosa, que tras completar una buena campaña en el Alcalá, del grupo primero de 2ª B, volvía a Granada (fue jugador en la 68-69) precedido de una justa fama de entrenador serio y trabajador; con él se trajo a tres hombres: Gil, defensa que sólo estuvo este año y no jugó demasiado, y dos jugadores de proyección, los dos delanteros, por los cuales se pagaron ocho millones: Valdo y Carrasco, fichaje el del primero que hay que catalogar como un gran acierto; otro fichaje por el que también se pagaron ocho kilos y también hay que catalogar como acierto es el del ariete Tello, del Betis. Además vinieron también al Granada este verano, pero sin pagar por ellos, Ángel, un medio, granadino de nacimiento salido del At. Zaidín y que volvía a su tierra tras su paso por el filial del At. Madrid; Luis, un centrocampista procedente del Ceuta que sólo estuvo esta temporada y fue titular; Merino, defensa malagueño del C.D. Málaga que jugó más bien poco; y, sobre todo, un jugador llamado a convertirse en ídolo de la afición, Pepe Macanás, carrilero izquierdo que tras haber sido internacional en categorías inferiores y haber alcanzado fama como figura en ciernes del fútbol nacional (lo que le valió para fichar por el R. Madrid casi en edad juvenil), procedente de su Murcia encontró en Granada una segunda patria y un lugar para siempre en el corazón de la hinchada rojiblanca.

Con éstos más los que ya estaban se formó un buen plantel que animó bastante el cotarro balompédico de cara al inminente trofeo veraniego, para el cual se formó un cartel a base de un equipo de primera, el Las Palmas, y otro de segunda, el Hércules, aparte, claro, del equipo rojiblanco. La principal novedad del trofeo es que por segunda vez cambia de nombre, pero no vuelve a su primera denominación -esto es, Trofeo Granada- sino que ahora, justo cuando llega a su décima edición (porque el ordinal se mantiene), se le bautiza como Trofeo Ciudad de Granada.

El partido que abrió el certamen fue todo un éxito en cuanto a presencia de público y en cuanto al espectáculo que pudo verse. Con el estadio casi lleno el Granada superó de calle al Las Palmas y le derrotó por 3-0 jugando un fútbol pleno de garra, muy seguro atrás y con mucha llegada que dejaba ya ver el gran equipo que en la temporada que se avecinaba iba a conseguir el campeonato de su grupo y el ascenso. Además de los fichajes para la temporada ya mencionados (excepto Merino y Carrasco, que no jugaron) completaban el equipo Puente en la portería, Heredia, Lina, Alberto, Antonio y Róbert. También jugaron los canteranos Gómez, Baena y Peregrina, que salieron después. El primer gol lo consiguió nada más empezar el partido, Macanás, de gran disparo, y a la media hora Tello hizo el segundo. El tercero y definitivo llegó en la segunda parte, obra de Róbert a centro de Valdo. El equipo dejó entre la hinchada una magnífica impresión y esto tuvo su reflejo en al aumento de las ventas de carnés para la temporada que empezaba.



El primer partido del trofeo de 1982, entre Granada y Las Palmas, afortunadamente no registró ninguna eventualidad para la crónica extradeportiva pese al cierto morbo que a priori existía entre la hinchada, debido a que tan sólo nueve días antes los mismos contendientes se habían visto las caras en el estadio Franco Navarro, en la VI edición del trofeo Ciudad de Almería, en un partido que el Granada venció por idéntico tanteo (3-0) pero que estuvo trufado de incidentes a raíz de que el canario Juani agrediera al granadinista Heredia y fuera el primero expulsado y el segundo tuviera que abandonar el terreno de juego en camilla. Incidentes que siguieron tras el partido hasta convertirse en una auténtica riña tumultuaria entre los expedicionarios de uno y otro equipo en las inmediaciones del estadio almeriense y en la cual se vio envuelto y necesitó de asistencia sanitaria el mismísimo Candi. El trofeo almeriense lo conquistó el Granada pese a perder en el segundo partido (2-0) frente a los anfitriones.

La U. D. Las Palmas que compareció en Los Cármenes en este verano de 1982 ya no era el equipo que unos cuantos años antes había sido considerado como uno de los que mejor fútbol practicaba, cuando jugaba campeonatos internacionales e incluso aspiraba al título. De su mejor época le quedaba únicamente el medio Castellano y su plantilla, al frente de la cual venía el húngaro Walter Skocick, había sido ampliamente remozada a base de jugadores de su cantera, entre los que sobresalían Saavedra, Julio, Felipe y Pepe Juan, más el refuerzo de última hora del uruguayo Martínez. Las nuevas hornadas de jugadores canarios no estuvieron a la altura de sus predecesores y tras salvar agónicamente la categoría en la temporada anterior, en la que se avecinaba acabaron con nueve negativos y no pudieron evitar el descenso a segunda, cerrando así el mejor ciclo de su historia -veinte años consecutivos en primera- y añadiendo un nuevo nombre (el tercero, junto a Málaga y Almería) a la lista de damnificados por la presunta maldición del trofeo granadino.

En el partido intermedio, ese encuentro al que tradicionalmente suele faltarle el público por no intervenir el cuadro local, el Las Palmas venció 1-0 al Hércules entre los bostezos y el silencio e indiferencia de los menos de tres mil espectadores que dejaron completamente despobladas las gradas de general y preferencia para refugiarse todos en la tribuna cubierta ante la lluvia que cayó en abundancia al principio y durante el primer periodo. El partido fue malísimo, sin mayor cosa destacable que el solitario gol de Martínez, conseguido cuando faltaban diez minutos para la conclusión de cabezazo a la salida de un córner.

De esta forma el Granada tenía a tiro el hacerse con un nuevo trofeo. Para ello valía incluso perder, siempre que fuera por menos de tres goles de diferencia frente a su rival herculano. Este Hércules, que comparece por segunda vez en el certamen futbolero granadino, acababa de perder la máxima categoría pero conservaba en su plantilla a la mayoría de componentes de su último paso por la división de honor. Entre ellos dos caras conocidas por la afición local: Megido, que apenas había jugado año anterior y tampoco jugaría mucho en la temporada que empezaba a causa de una lesión; y Santi Antonaya, que tras militar nueve temporadas en el Granada se había marchado después de descender el equipo a Segunda B al comprar su libertad y enrolarse en el equipo alicantino, donde fue titular indiscutible. Otros jugadores destacables, internacionales en categorías inferiores, eran Fábregat, Aracil y Reces. En la temporada inmediata, con Paquito como entrenador (sustituido por Pachín), acabó octavo clasificado pero casi toda ella estuvo luchando por el retorno a Primera División.

En el tercer partido y con el estadio nuevamente casi lleno el club alicantino derrotó al Granada por 1-2 en un encuentro no muy bueno pero sí entretenido. Abrió el marcador Santi para el Hércules al rematar en semipifia un córner y fallar estrepitosamente el meta Puente. Empató para los rojiblancos Valdo de magnífico cabezazo a saque de esquina. Pero antes del descanso volvieron a adelantarse los forasteros; el gol llegó como consecuencia del saque por Santi de un libre indirecto dentro del área -que el colegiado se inventó- cuyo rechace en la barrera convirtió Serrat. Con este resultado acabó la primera parte. En la segunda no hubo ya más goles pero en cuanto a juego resultó más entretenida que la primera y en ella se dieron bastantes oportunidades de marcar por los locales, que acusaron la ausencia de su ariete Tello, lesionado en el otro partido. La ocasión más clara llegó cuando el árbitro malagueño, Díaz Fernández, volvió a equivocarse y señaló como penalti a favor del Granada un derribo de Valdo claramente fuera del área. Róbert tiró la máxima pena bastante mal, sin problemas para que el cancerbero César detuviera. Con el resultado favorable al Hércules finalizó el choque quedando entre todos la sensación de que mucho más justo hubiera sido el empate. Pero, en definitiva, un nuevo trofeo, el sexto, se quedaba en casa, teniendo éste la particularidad frente a los otros cinco de que se consiguió a pesar de que el partido decisivo acabó en derrota




Tras disputarse el trofeo de 1982, aparte del éxito deportivo por su consecución y del éxito económico del certamen, que acabó con un sustancioso superávit, lo más destacado fue la buenísima imagen que ofreció el nuevo equipo rojiblanco a sus seguidores. Y frente a otras ocasiones en que se pudieron extraer buenas sensaciones en el trofeo para luego llevarnos una decepción cuando el balón empezó a rodar ya en serio, en esta ocasión no fue así, sino que casi desde el principio hasta el final de la liga disfrutamos de un Granada ganador que estuvo todo el campeonato encaramado arriba para culminar como campeón del grupo segundo de aquella Segunda B formada por sólo cuarenta equipos en dos grupos y con premio directo para los dos primeros de cada, mucho más competitiva que la actual y además sin su injusto sistema de ascensos.

Como queda dicho, el nuevo Granada que pudimos ver transmitía a sus fieles muy buenas vibraciones, fundamentalmente destacaba la solidez y el brío del conjunto y la calidad técnica de algunas de las nuevas incorporaciones. Pero todavía faltaban algunos retoques que acabaron de reafirmar aquel gran equipo. En este sentido es de destacar la incorporación ya con la temporada empezada del lateral derecho que vino cedido del Barcelona At., Comas, cuya venida a Granada la provocó la lesión de larga duración que sufrían los dos hombres (Gerardo y Alete) con que en principio se contaba para dicho puesto. Junto a este jugador, la reincorporación de Vitoria, tras superar los tiras y aflojas que tuvo de cara a su renovación con Candi, y que volvió a aportar abundantes goles a pesar de no ser un jugador en punta. Y con la temporada ya bien avanzada llegarían Salvador, un peón de brega para la zona ancha que no jugó apenas, y Antoñito, delantero cedido del Sevilla que jugó algo más. Especialmente los dos primeros acabaron de apuntalar este magnífico –para la categoría- Granada campeón.

Desde el principio pudimos disfrutar de los éxitos de aquel gran equipo, sabiamente dirigido por Ruiz Sosa, que estuvo toda la liga en puestos altos de la tabla para una vez instalado en el primer puesto ya no abandonarlo hasta el final. No obstante hubo también algún sobresalto en forma de una posible anulación del ascenso que se consiguió porque un programa de radio de difusión nacional se hizo eco de ciertos rumores que sembraron dudas sobre la limpieza de las victorias rojiblancas en Lorca y en La Pobla, pero nada de aquello se probó y el final de la historia fue feliz.

Muchos aficionados actuales recordarán esta estupenda temporada rojiblanca y el plácido viaje en la penúltima jornada a Algeciras de donde volvimos con el ascenso en el bolsillo después de aquel partido de guante blanco y confraternización entre aficiones y oponentes en el que, cosa insólita, se abroncaba al que tenía la osadía de tirar a portería e intentar romper el 0-0 final que con el que ambos contendientes ascendieron a Segunda A. Por eso el «¡que se besen! ¡que se besen!» fue la canción que más pudo oírse aquella histórica tarde de mayo a la vera del Peñón. Afortunadamente se había tardado muy poco en recuperar la categoría de plata que nunca se debió perder y renacía el optimismo entre la hinchada.

Pero siendo lo deportivo lo que -para nuestra suerte- dominaba sobre otras consideraciones, al recordar esta temporada es obligado hacer referencia a algunas incidencias económicas históricas que en la misma se dieron. Como la venta de Los Cármenes a la empresa Inonsa, que era ya un hecho pero que hubo que deshacerla porque, con el nuevo plan urbanístico de la ciudad, los terrenos del viejo campo valían mucho menos de los 425 millones en que se cerró la operación. Por eso tuvo Candi que poner en marcha la figura de los socios de veinte años que con sus aportaciones consiguieron al menos salvar una situación muy comprometida y que ponía en duda la supervivencia del club incluso a corto plazo. No respondieron los tres mil aficionados que decía Candi se necesitaban para la operación, sino que la cifra se quedó aproximadamente en la tercera parte, pero gracias a ellos pudo el Granada tirar para adelante mal que bien, aunque la deuda total del club distaba mucho todavía de estar solucionada.