EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



miércoles, 28 de mayo de 2008

EL "REY MAGO" GASPAR EN GRANADA



A lo largo de los casi setenta y cinco años de historia del Granada C.F han pasado por sus filas algunos jugadores de gran fama. El que hoy nos ocupa alcanza el calificativo de celebridad: Gaspar Rubio. Futbolista de leyenda donde los haya, nació en Serra (Valencia) en 1908 y jugó en el Levante, de donde pasó al R. Madrid con veinte años. Tras dos temporadas recaló (se fugó más bien ya que se fue sin permiso de su club) en un país tan poco futbolero como Cuba donde sufrió una grave lesión. Posteriormente jugó en Méjico para retornar en 1932 a España, enrolándose en el Atlético de Madrid. En 1934-35 fichó por el Valencia y en la temporada siguiente volvió al At. Madrid, donde permaneció hasta el obligado parón provocado por los tres años de guerra.

De aquellos años de anteguerra son sus mejores y más legendarias hazañas, como sus cuatro partidos y sus nueve goles como jugador internacional. Y su momento de mayor gloria se dio en el partido en el que la selección española derrotó en el estadio Metropolitano 4-3 a la inglesa, que venía de golear a domicilio a Francia y Bélgica. Fue el 15 de mayo de 1929 y supuso la primera vez en su historia que los arrogantes inventores del fútbol eran derrotados en el continente europeo. Todo un acontecimiento en la España de la época, esa victoria ante Inglaterra desató en su día una euforia casi como la que provocó nueve años antes la consecución en Amberes de la medalla de plata, cuando nació otra leyenda, la de la furia española. Las crónicas hablan de dos héroes aquella tarde de San Isidro: el “Divino” Zamora, con sus paradones, y el “Mago” Gaspar, autor de dos de los cuatro goles españoles. También es éste el momento que algunos señalan como el del nacimiento de las primas en el fútbol español, y su inventor no fue otro que nuestro hombre, el cual había solicitado -y se le había concedido- un “galáctico” premio especial de diez duros por cada gol que marcara a Inglaterra. Las cien pesetas extras que Rubio se llevó este día se consideran la primera prima cobrada por un futbolista profesional en España.

De él se ha dicho que es uno de esos jugadores que sale sólo uno cada década. Se alineaba habitualmente como delantero centro, pero no era un ariete rompedor sino que gustaba de retrasar su posición para tener muchos más balones, y era un jugador fino, de toque de gran calidad y fácil y genial regate; y con mucho gol: un superclase y un artista del balón. De ahí sus apodos: “el Rey Gaspar” y también “el Mago Gaspar”. Él mismo definía su jugada favorita: «...recibo desde el extremo izquierdo, paso el balón con la izquierda por encima del defensa (o sea, lo que ahora se conoce como un sombrero) y sin dejarla caer disparo a gol con la derecha». Más de un gol consiguió por este método en sus buenos tiempos. La cruz de tamaño talento, como es frecuente que ocurra con muchos genios futbolistas, era cierta indolencia y holgazanería traducida en una notoria irregularidad en su rendimiento, por lo que en muchos partidos no se le veía sobre el terreno; eran también célebres por este motivo sus “espantás” así como el otro mote de este genial jugador: “El Rey del Astrágalo”, porque había sido operado, antes de marchar a América, de ese pequeño hueso del tobillo que articula tibia y peroné, circunstancia a la que con frecuencia achacaba Rubio sus malas actuaciones.

A Granada llegó ya devaluado, de vuelta de su carrera a sus treinta y un años, cuando se reanudó la competición liguera tras terminar la Guerra Civil, en la temporada 1939-40. Nuestro equipo, que todavía se denominaba Recreativo Granada (aunque en las crónicas de Ideal se utilizaba indistintamente este nombre y el de Granada a secas), acababa de cambiar sus colores fundacionales por los rojiblancos, mudanza que obedece a una causa tan prosaica como la gran escasez provocada por la guerra, que hizo que no se encontraran camisetas blanquiazules y sí las rojiblancas que desde esta temporada son los colores del club. En un mundillo como el futbolero, tan dado a todo género de amuletos y mascotas, conjuros y ensalmos, que se supone pueden traer la suerte o alejar el gafe (a fin de cuentas el balompié es un juego en el que el azar tiene un grado de protagonismo que muchas veces escapa a todo tipo de posible previsión), imaginamos que la extraordinaria etapa que se abrió para el club desde el momento en que adoptó la nueva indumentaria es la razón fundamental de que no se volviera a plantear siquiera la conveniencia de volver a los colores originarios.

Desde el final de la última temporada disputada, la 1935-36, el Recreativo era un club en profunda crisis, agobiado por las deudas, sobre todo la derivada de la adquisición de los terrenos donde dos años antes se había construido Los Cármenes, y casi sin directivos ni jugadores después de una campaña en la que se salvó la categoría de segunda división no sin apuros. Esta situación se retoma tres años después y para echar a andar se improvisó un equipo formado en su gran mayoría por granadinos y dirigido por Antonio Bombillar en su doble faceta de jugador-entrenador. Antes de empezar la competición de liga se disputa un trofeo regional andaluz, no oficial, en el que los jugadores que se había podido reunir dejan claro que no ofrecen el nivel necesario para competir con decoro en la segunda división del fútbol español, y esto decide al presidente Martín Campos a irse a Madrid, pese a la crisis, y traerse un buen número de futbolistas antes de que empiece a rodar oficialmente el balón.

Gran acierto el de los directivos granadinos en su periplo madrileño pues de esta operación llegan a Granada ilustres y muy rentables nombres en su historia: Floro, González, Trompi, Maside y Victoriano Santos de una tacada, más Manuel Valderrama como entrenador. Después llegarían Gaspar Rubio y el recluta Sosa. Y otros que ya estaban como Millán, Nin, Aguileño, Torquemada... Por suerte se pudo armar un Recreativo sensacional, con un fútbol que enamoraba a sus seguidores y que a partir de este momento va a iniciar una racha de magníficos resultados que en esta misma temporada lo dejarán a las puertas del salto de categoría y a la siguiente lo llevarán por primera vez a la división de honor. Además, en el terreno de lo lírico-sentimental, desde esta temporada y por muchas más el recitado de la alineación del Granada empieza con esos tres nombres que suenan a poesía en los oídos del hincha rojiblanco y tienen ese sabor mítico que evoca el triunfo futbolero, aquello de Floro, Millán, González...

En la liga regular 1939-40 del grupo quinto de segunda división, formado por seis equipos andaluces más el Ceuta y el Tánger, aquel Recreativo realizó una campaña muy buena en la que sólo cosechó una derrota en los catorce partidos de competición, en el campo del Malacitano, pero quedó segundo y sin derecho a nada, a un punto del Cádiz que fue el que disputó la liguilla de ascenso cuyo premio para el campeón se lo llevó el Murcia. Y un pilar básico de aquel equipo fue Gaspar Rubio, el capitán de los rojiblancos, quien por entonces había retrasado su posición y jugaba más como interior que como ariete, de ahí que anotara sólo dos goles en la liga. Desde el centro del campo, fiel a su trayectoria, tuvo actuaciones acordes con su mote peyorativo: el Rey del Astrágalo; pero fueron más las otras, es decir, aquellas en las que se le podía aplicar sus dos apodos gloriosos: el Rey Gaspar y el Mago Gaspar. Las de este segundo grupo maravillaron a la afición granadinista y quedaron para el recuerdo, si es que queda aún algún aficionado testigo de aquellos tiempos heroicos.

Buceando en la prensa de la época se encuentra uno con crónicas de aquellos partidos en los que los plumillas de entonces no escatiman alabanzas al Mago Gaspar cuando éste destapaba el tarro de sus muchas esencias («El Recreativo tiene un capitán de nombre y de hecho: Gaspar Rubio»; «Gaspar Rubio sigue siendo el Mago del balón»), como en los partidos de casa contra Malacitano, Tánger y Jerez. Pero su tarde granadina de mayor gloria se dio en el partido contra el Cádiz, jugado el 18 de febrero del 40 en un Los Cármenes abarrotado por más de diecisiete mil aficionados. Este partido, según las crónicas, tuvo todos los aditamentos necesarios para ser digno de figurar en los anales históricos del club, y el jugador más destacado de los veintidós que lo disputaron fue el Mago, más mago que nunca, que llevó todo el peso del juego rojiblanco, y su gran derroche de buen fútbol fue determinante para que el Recreativo derrotara a los amarillos y con ello los desalojara del liderato cuando sólo quedaban por disputarse dos jornadas. Aquella tarde mágica el Cádiz se adelantó con gol de un futuro granadinista, Camilo Liz, pero en los dos minutos siguientes consiguieron los recreativistas dar la vuelta al marcador con dos goles de Nin y dejarlo en el 2-1 final pese a que toda la segunda parte hubo de jugarse con solo nueve hombres por expulsión de Maside y lesión de Aguileño. La crónica de Ideal dedica un buen párrafo a hablar de nuestro protagonista: «Una gran tarde de Gaspar Rubio», es el encabezamiento; y continúa: «...no fue sólo un delantero, sino que fue el arquitecto que construyó todo el juego del Granada».

Con esta victoria el Recreativo era el nuevo líder –aunque empatado a puntos con el Cádiz al que superaba en golaverage- y se empezaba a ver de cerca el posible ascenso a primera. Pero a la semana siguiente, en visita al Racing de Córdoba, solo pudieron los nuestros traerse un empate a uno mientras que el Cádiz no falló por lo que volvió a ser líder y una semana después ratificó su liderato y su participación en liguilla en la última jornada del campeonato, quedando el Recreativo segundo, a un punto de los gaditanos, tras vencer en Granada al Ceuta Sport 5-1.

De no haber sido por aquella única derrota en campo del Malacitano seguramente nuestro equipo habría disputado la liguilla de ascenso a primera. El segundo puesto final sólo daba derecho a la participación en la denominada Copa Presidente de la Federación Nacional de Fútbol, trofeo no oficial en el que participaban los subcampeones de los distintos grupos de Segunda División, cuyo premio era meramente honorífico. Como nada más finalizar la liga el míster Valderrama decidió volverse a Madrid, ante la ausencia de entrenador se decidió entregar la dirección técnica al capitán del equipo y de esta forma Gaspar Rubio fue jugador y entrenador simultáneamente en esta competición.

Su magnífica campaña en las filas granadinistas le sirvió a Rubio para volver a ser considerado un jugador válido por lo que a la temporada siguiente lo fichó el Murcia, recién ascendido a Primera.

Posteriormente este magnífico jugador volvió a vestir de rojiblanco, en la temporada 42-43, segunda de la historia granadinista en Primera División. A las órdenes de Paco Bru el Granada empezó la temporada con derrota en Los Cármenes, 1-2 ante el Coruña, en un partido que es destacable porque en él se produjo algo insólito en el fútbol español como es que un jugador voluntariamente se desentienda del juego y haya que sacarlo del terreno (recordemos que no había cambios) ante la indignación del respetable. Fue el protagonista de esta “guapeza” un tal Uría, delantero centro de cierta fama fichado aquel mismo año y que salió completamente rana. La derrota inicial fue un presagio exacto de lo que iba a ser la temporada: un cúmulo de malos resultados y una falta preocupante de delanteros, y el equipo ocupando siempre los puestos bajos. Por eso a mitad de campaña la directiva decidió fichar a Gaspar Rubio, a sus treinta y cuatro años, que andaba sin equipo. Su debut fue muy bueno, haciendo de gran remate uno de los tres goles que sirvieron para derrotar al ganador de la anterior liga, el Atlético Aviación (3-1), pero Rubio ya no era el de antes y sólo jugó dos partidos más, retirándose definitivamente del fútbol activo. Finalmente pudo el Granada salvar esta mala temporada gracias al triunfo sobre el Valladolid (2-0) con el que consiguió mantenerse en la división de honor en partido único de promoción disputado en Les Corts.

Todavía hay una última presencia de Gaspar Rubio en nuestra tierra, pero ya como entrenador, en la temporada 1950-51. Ese año, en segunda división, se empezó derrotando 4-0 al Mallorca en Los Cármenes y parecía que todo iba a ir sobre ruedas. Pero una gran irregularidad y un constante trasiego de jugadores que iban y venían hicieron que el equipo se moviera toda la temporada por la zona media de la tabla, cosa que no satisfacía a nadie. Así, tras jugarse la jornada doce, la directiva que presidía Joaquín Serrano, decidió conceder a Rubio un permiso temporal, haciéndose cargo del banquillo el jugador Mas. Lo que en principio era provisional se convirtió en definitivo y de esta forma acaba el periplo granadino de un jugador de leyenda que ocupa por derecho propio un lugar de honor en la historia del fútbol patrio.