EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



domingo, 25 de mayo de 2008

1981 TROFEO BÉTICO Y VUELTA DE CANDI


«Se precisa vertedero / que tenga gran cobertura / y al equipo futbolero, / desde el último al primero, / tirarlos a la basura». Es la quintilla de una caroca del Corpus 1981. En la caricatura puede verse lo que quiere representar un Los Cármenes convertido en basurero al que han ido a parar los rojiblancos con su presidente Manuel Anel a la cabeza. La cosa no era para menos pues ese año el Granada estrenaba la categoría más baja de su historia. No se miente ni se falsean datos cuando se dice que el club rojiblanco nunca hasta entonces había jugado en tercera, porque la última vez que militó en el tercer nivel del fútbol español todavía no eran esos sus colores ni respondía al nombre de Granada CF, aparte de que aquella tercera división de antes de la guerra muy poco se parecía a la que en una poco afortunada conmemoración de bodas de oro (¡del que defecó el magrebí!) este año éramos condenados los futboleros como novedad. Desde los años treinta, desde cuarenta y siete años atrás, no se había visto en Granada otro fútbol que no hubiera sido de primera o de segunda división. A partir de este año y hasta la actualidad, salvo en tres temporadas, tercera y cuarta como platos futboleros únicos para una afición cada vez más escurrida de carnes ante lo escuálido del menú.

No obstante, a pesar del negro panorama, en 1981 vuelve a renacer algo del ambientillo futbolero local porque, dimitido Anel después del descenso, vuelve Candi a tomar las riendas del club. Para ello ha superado de calle un proceso electoral al que compareció a última hora y en las votaciones se ha impuesto por goleada al otro candidato, Fernández Oliveros, ya que Carlos Marsá, que también había hecho campaña, se retiró ante la presencia del gallego. Y es que D. Cándido todavía tiene mucho tirón y su presencia anima bastante el cotarro futbolero, y eso se nota en la pretemporada en el movimiento de socios.

En este contexto, para la novena edición del trofeo que este año todavía se denomina Ciudad de la Alhambra, un cartel que no está mal: Betis (de primera) y Almería (de segunda). Estos dos equipos abrieron el fuego a las veintiuna y treinta del veinticinco de agosto de 1981. Por primera vez desde que en 1973 echó a andar el trofeo no estaban los rojiblancos en el partido inaugural. Se llegó casi a la media entrada y se pudo ver un partido pasable con resultado de empate a dos, todos los goles en la segunda parte. Se adelantó para la AD Almería Paniagua. Después de ser expulsado López y jugar con un hombre menos empató para el Betis Ramón de magnífico remate y se adelantaron después los verdiblancos con gol de aquel ariete acometedor que fue Tello, de testarazo a saque de falta de Cardeñosa. Martínez consiguió el definitivo empate a dos. Seguro que al aficionado granadinista le suenan mucho los nombres de estos béticos. En aquel partido jugaron hasta cuatro futbolistas que no mucho tiempo después iban a vestir de rojiblanco; además de los citados (López, Ramón y Tello) también jugó aquel partido “el negro” Peruena. Y figuraban además en la plantilla pero no vinieron al trofeo, Melchor y Cristóbal, más los granadinos traspasados dos años antes, Gerardo y Francis.

El Betis que compareció en Granada en este agosto de 1981 es un equipo en clara progresión ascendente. Después de subir a primera dos años antes, dejándonos a los granadinistas con dos palmos de narices, había completado dos magníficas temporadas, consiguiendo en ambas rozar la clasificación para jugar UEFA (quinto y sexto puesto). Con Luis Aragonés en el banquillo, contaba en sus filas con numerosos internacionales (Benítez, Gordillo, Cardeñosa, Biosca, más Rincón que todavía no había debutado) y volvió a clasificarse en esta temporada en sexto lugar. No hace falta decir que era el máximo favorito para anotarse esta novena edición del trofeo veraniego granadino. Por su parte, la A.D. Almería, tras sus dos temporadas en primera y después de perder en la última la categoría, repetía participación en el trofeo Ciudad de la Alhambra. Nunca lo hiciera pues si después de disputar la anterior edición fue alcanzado de lleno por el gafe ese que dicen persigue a quienes juegan en Granada en agosto, la temporada que estaba por comenzar se saldaría para este club vecino con otro nuevo descenso, ahora a hacernos compañía en la maldita 2ª B. Y aún peor pintaron las cosas para los almerienses pues el impago a sus jugadores cuando iba a echar a andar la temporada 82-83 supuso para el club un nuevo descenso (ahora a Tercera), ante el cual los socios prefirieron la desaparición de la entidad.



En el segundo partido de la novena edición del trofeo el Granada derrotó al Almería por 1-0, gol “in extremis” de Antonio en un encuentro bastante flojo pero también bastante concurrido en la grada. La agónica victoria consiguió que en el partido que quedaba se salvara la taquilla, pero la parroquia local no salió muy contenta con lo apuntado por los rojiblancos.

El Granada que pudimos ver aquella noche de agosto de 1981 presentaba algunas caras nuevas. El banquillo lo ocupaba Eduardo Gómez, Lalo, estrenándose en un cargo que después ocupará en distintas ocasiones y circunstancias. En la línea defensiva presentaron los rojiblancos la novedad de Samos, veterano defensa central que venía del Oviedo y que no parecía malo pero que a lo largo de la temporada jugó muy pocos partidos. Para el centro del campo la novedad era Polo, un almeriense también ya veterano y muy baqueteado en equipos de segunda como Cádiz, Burgos, Almería o Linares, club del que había salido después de tener sus más y sus menos con el míster Naya, al que algunos años después íbamos a tener la poco grata ocasión de conocer de cerca. Y alante Mauri, cedido por el Español e hijo del delantero del mismo nombre que jugó en el Granada de primera de finales de los cincuenta. Aparte, también jugó aquel partido un tal Calvo, delantero a prueba que poco demostró y que tuvo que ser sustituido por Jorgoso y ya nunca más volvimos a saber de él. Por lo demás, la meta la ocupó un incombustible Izcoa. Y junto a ellos los conocidos Lina, Gómez, Antonio y Aguilar; este último había sido fichado la temporada anterior como bombazo y jugó en el trofeo sus dos últimos partidos como granadinista, marchándose con buen viento y muchos kilos en su abdomen. Otros jugadores que participaron en el partido fueron: Darío, fichado dos temporadas antes y que estaba inédito (e inédito quedó), y el canterano Baena. Acababan de dejar el equipo Angulo, traspasado al Santander, Fali, al Elche, y Santi, que obtuvo la carta de libertad y se marchó al Hércules.

El tercer partido entre granadinistas y béticos fue muy bueno. Con el estadio casi lleno, ambos equipos ofrecieron un entretenido espectáculo con resultado final de 3-4 favorable a los sevillanos. Se adelantaron los rojiblancos a los diez minutos al cabecear Jorgoso a la red un buen centro de Mauri. Pero al minuto empató el Betis por medio de Rincón. El Granada fue mejor en la primera parte, jugando a bastante buen nivel y con rapidez, y antes del descanso volvió a adelantarse con gol de Antonio. En la segunda parte el Betis desplegó todo su poderío y fue mucho mejor. El empate a dos fue conseguido de penalti de Antonio sobre Peruena que convirtió Cardeñosa. Posteriormente Tello de cabeza puso por delante a los verdiblancos. Faltando cinco minutos llegó un nuevo empate al conseguir Quiles materializar un penalti cometido sobre Polo. La máxima pena fue muy protestada por los béticos al entender que la falta había sido fuera del área, y las desaforadas protestas supusieron las expulsiones de Bizcocho y Tello. Pero a pesar de la inferioridad pudo el Betis alzarse con la victoria al conseguir el definitivo 3-4 por medio de Álex, de cabeza, a la salida de un córner. Este último partido de la novena edición del trofeo fue de esos que se recuerdan gracias al gran espectáculo que pudimos disfrutar. Un Betis en gran forma, germen del que poco después se conocería como Eurobetis, con varios internacionales que daban el salto de calidad, y un Granada de 2ª B que, sin figuras en sus filas, desplegó también un bonito juego y que ilusionó a la hinchada.

El trofeo tomó el camino de Sevilla pero el público salió del estadio bastante satisfecho a pesar de la derrota pues pudo constatar que su equipo había tratado de tú a todo un Betis de primera y en un gran momento. Al final esta novena edición del trofeo es una de las más exitosas, a pesar de no anotársela el Granada, y arroja un superávit superior a los tres millones y medio. De todos los trofeos celebrados hasta el momento y exceptuando las dos primeras ediciones que fueron especialmente brillantes, ésta se puede conceptuar como la mejor en lo estrictamente futbolístico hasta ese momento.


Para el trofeo del año 1981 –que, como sabemos, resultó un gran éxito- no le había dado tiempo pues no llevaba ni un mes en el cargo, pero cuando la temporada echa a andar podemos asistir a la versión más tópica del equipo cuando Candi ocupa el sillón presidencial. Empieza el carrusel de fichajes y más fichajes hasta llegar a la cifra de cuarenta y dos futbolistas en plantilla de los que muchos apenas si jugaron unos partidos. Incorporaciones de esta temporada a destacar son: Heredia, defensa que había jugado hacía años en el Madrid y que en su día fue pretendido por el Granada, que dio un buen resultado; y Vitoria, que también jugó en el Madrid y que fue el mejor fichaje de este año, convirtiéndose en el máximo goleador del equipo, en el que permaneció dos temporadas más siendo muy apreciado de la afición. También destaca el retorno de Gerardo tras su paso por el Betis, que jugó muy pocos partidos por una lesión; otros fueron: Rincón Rus, delantero que jugó más bien poco; Terry, un extremo derecho de mucho más fu que fa; y la cesión del canario del Las Palmas Antonio Jorge, centrocampista que nada solucionó. Aparte figuraban en la plantilla bastantes canteranos, como Verdejo, Puente, Alete, Lina, Blanco García, Blanco Navarro, Gómez, Pacorro, Jorgoso, Róbert y Berna.

Merece destacarse que esta temporada es la última que jugó Izcoa. Su último partido como granadinista tiene la peculiaridad de que no valió. Fue en La Rosaleda, donde el Granada jugaba como local ante el Ceuta al estar Los Cármenes clausurado por el escándalo ocurrido durante un partido de Copa frente al Linares. La lesión que le produjo la mala entrada de un contrario le determinó a retirarse del fútbol. Con él se marchó el último que quedaba de las dos mejores temporadas de la historia rojiblanca. Nos dejaba un símbolo del granadinismo, que había conocido los mejores años rojiblancos pero que también había permanecido fiel tras la caída al pozo. Aquel partido de Málaga, que acabó con el resultado de empate a dos, hubo de repetirse por reclamación del Granada por la alineación indebida de un ceutí, y en esa repetición perdimos 0-1 en un neutral Villamarín sevillano. La retirada de Izcoa tras once temporadas, casi todas ellas como indiscutible, dio la alternativa a Verdejo, que se hizo con la titularidad.

Otro dato destacable de la temporada es que por primera vez (pero no última) se pudo ver en partido oficial una alineación granadinista formada en su totalidad por granadinos. Fue el 11 de abril de 1981 en el campo del Lorca, de donde nos trajimos un empate a uno. La culpa la tuvo una huelga de futbolistas profesionales en defensa de sus derechos, con la cual venían amenazando desde bastante antes y que estalló por fin en esta fecha y sólo duró una jornada. El Granada presentó una alineación formada por jugadores de la primera plantilla que tenían ficha de aficionados más el único profesional (y único no granadino) que no paró, un tal Juanito, delantero centro más bien miope ante la meta contraria que al ser sustituido propició un once todo granadino.

La presidencia de Candi tuvo el efecto de que las preocupaciones económicas pasaran a un segundo plano, lo cual no quiere decir que la cosa se hubiera solucionado ni mucho menos. Durante la temporada se habló en dos ocasiones de una posible venta del campo que no llegaron a concretarse y mientras la losa seguía engordando y engordando, y pesando cada vez más.

En lo deportivo la temporada en sí fue de las malas ya que en casi toda ella estuvo el equipo en la zona media de la tabla para acabar décimo, en aquella 2ª B de sólo dos grupos de veinte equipos con ascenso directo para los dos primeros de cada. Lalo fue destituido en cuanto cosechó un par de malos resultados y su sustituto, Antonio Ruiz (con Mingorance de puente), poco mejoró el trabajo del asturiano-granadino. Al final nueva decepción para la sufrida torcida que entendía que todo lo que no fuera un ascenso había que entenderlo como un fracaso y así lo manifestaba domingo tras domingo en la recta final de este campeonato, caracterizada por las grandes broncas hacia el banquillo con que concluyó.