EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



miércoles, 28 de mayo de 2008

ÑITO, TODO UN ESPECTÁCULO


Aquí tenemos a otro ídolo de la afición rojiblanca, el “loco” Ñito. Decían que estaba loco, y lo parecía por su forma de comportarse en el terreno, sobre todo con sus salidas a regatear contrarios hasta el centro del campo y más allá. Era ese tipo de guardameta que no para quieto en su demarcación y parece adornarse más de lo necesario en sus acciones. Pero sobre todo era un sensacional portero, base del mejor Granada de su historia y, para éste que suscribe, el mejor de todos cuantos ha tenido la oportunidad de ver defendiendo la portería granadinista.

Antonio (de ahí lo de Anto-Ñito) Cipriano González Rivero, llegó, procedente del Valencia, a un Granada recién ascendido a primera tras ganar la promoción al Málaga en la temporada 1966-67 y aquí permaneció hasta la 73-74. Sus primeras actuaciones no fueron todo lo convincentes que cabía esperar, pues parecía muy nervioso e inexperto e incluso llegó a oír en alguna ocasión abucheos desde las gradas. Pero las temporadas siguientes, sobre todo la 67-68, en Segunda (en la que fue el menos goleado de categoría nacional), y la 68-69, ya nuevamente en Primera, acabaron por convencer y rendir a toda la afición que a partir de entonces lo convirtió en ídolo, y más ídolo que nadie para los más jóvenes. Un servidor tiene grabada en su memoria el último partido de la 68-69, frente al At. Bilbao en Los Cármenes, que ganó el Granada 1-0; recuerdo a Txetxu Rojo avanzando por su banda con el balón controlado para plantarse solo en el área y lanzar un zambombazo cruzado, pegado al poste a media altura; y también tengo grabado en la memoria el acrobático, el inmenso y sin igual vuelo de Ñito y su desvío con ambos puños a un balón imposible, salvando así un punto y el brillante puesto octavo que de la mano de Marcel Domingo se alcanzó.

Y es que Ñito era un espectáculo. Un portento de reflejos felinos bajo palos y a la vez muy seguro en sus salidas. Muy ágil, a la chavalería le encantaba una de sus piruetas favoritas que consistía en levantarse del suelo con el balón bien agarrado, haciéndolo de un salto impulsándose sólo con las piernas. Y el delirio era cuando le daba el pronto y ponía en práctica la especialidad de la casa: con el balón controlado avanzaba metros y metros fuera de su área driblando a cuanto contrario se encontraba; en una ocasión a punto estuvo Ureña de convertir en gol un envío de Ñito a la olla; pero, claro, en otra ocasión uno de sus regates no le salió y el tiro forastero desde el centro del campo no fue gol porque un defensa sacó de cabeza bajo palos. Los porteros ahora también salen fuera de su área, pero lo hacen obligados por las tácticas actuales de defensas adelantadas y balones largos a sus espaldas, y además sus acciones “extraareanas” se limitan al despeje o bien son intentos a la desesperada para cazar el remate en un córner. Ñito no. Lo mismo que cuentan que ya hacía en la 58-59 Carlos Gomes, a él le gustaba esa exhibición, le gustaba gustar y demostrar que también era bueno jugando con los pies y era capaz de llegar, si lo dejaban, hasta el mismísimo área contraria. Y el respetable le perdonaba estas extravagancias, estas chaladuras que a todos divertían y nunca costaron un gol en contra. A quien no les hacía mucha gracia es a los entrenadores; no obstante, a pesar de sus locuras Ñito fue siempre titular desde su llegada hasta mediada la 71-72 en que Joseíto prefirió la sobriedad de Izcoa.

Ñito nunca fue internacional aunque lo mereció. En aquellos tiempos era muy raro que el seleccionador se fijara en un portero que no fuera de alguno de los grandes. No obstante fue incluido por el seleccionador nacional Balmanya en la 66-67 en un combinado o selección menor que se enfrentó al At. Madrid en un partido homenaje a su jugador Martínez (que permaneció varios años en coma para fallecer sin recuperarse) y en la segunda parte sustituyó a Iríbar. También sonó como seleccionable por Kubala, ya en la 70-71; la mala suerte de una lesión fue la que lo apartó de su bautizo internacional.

En 1974, tras ocho años, dejó nuestro equipo y nuestra ciudad para volverse a su tierra chicharrera después de una temporada en el Murcia. Pero aquí dejó muchísimos amigos y admiradores a los que siempre que puede viene a hacer una visita y no es extraño verlo en el palco cualquier domingo de fútbol.