EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



miércoles, 1 de agosto de 2012

EL GRANADA INTERNACIONAL


 

Para los cuatro chiflados que nos interesamos por la historia del Granada CF es una gran satisfacción el ser conscientes de estar viviendo, en estos precisos instantes, uno de sus mejores momentos históricos. El mismo resucitado Granada que hace muy poco jugaba en campos de tierra y por el que pocos apostaban ha vuelto a codearse con la aristocracia balompédica cuando algunos ya pensábamos que nuestros ojos no llegarían a verlo.
 
El aterrizaje por estos pagos del binomio Pozzo-Pina propició que el histórico Granada añadiera algunas páginas a su no muy extenso currículum. Felicitémonos por ello los granadinistas. Lo único que hace falta es que esto dure y así seguir asistiendo a la consecución paulatina de nuevos hitos en esa historia octogenaria. Porque, gracias a Pozzo-Pina, ha establecido recientemente el club rojiblanco determinadas marcas que son por completo nuevas en su historia, la que más destaca es la de haber sido capaz de dar el salto a máxima categoría desde el tercer nivel en sólo dos ejercicios, cosa de la que sólo otros trece clubes españoles pueden alardear; por otra parte, de los nueve entrenadores responsables de algún ascenso del Granada, Fabri es el único que ha conseguido más de uno.

Como ya no tenemos que ir a pueblos que no vienen en el mapa y ahora jugamos en las mejores plazas, ahí hay que ir con futbolistas que estén a la altura, así que otra nueva marca más viene a engordar la historia del club, que por primera vez cuenta en su plantilla con hasta ocho internacionales absolutos y alguno más en selecciones inferiores. Ninguno de ellos viste (por ahora) la roja como nos gustaría, pero en cualquier caso se trata de algo único en los ochenta años de historia rojiblanca.

Y así, con tanto guiri (doce extranjeros en plantilla, otra marca, y eso que no contamos a los del filial ni a los que están en otras sucursales “pinianas”), poco podía durar un récord con más de treinta años de antigüedad, concretamente treinta y siete años, cuatro meses y catorce días. El récord de mayor número de extranjeros alineados simultáneamente por el Granada databa del 28 de abril de 1974, cuando en la jornada 32 y antepenúltima de la liga de primera división 1973-74 el Granada visitó el Sardinero santanderino, donde cayó derrotado 2-0. En Santander el Granada jugó con Izcoa, Toni, Aguirre Suárez (argentino), Falito, Montero Castillo (uruguayo), Fernández (paraguayo), Escobar (paraguayo), Lorenzo, Maciel (paraguayo), Chirri y Oruezábal (argentino), sustituido éste último en la segunda parte por Gómez (paraguayo), es decir, siete no nacidos en España, aunque simultáneamente sólo actuaron seis. Todavía podía haber sido mayor el récord pues en la plantilla también militaban Echecopar (argentino) y Cabral (paraguayo). Conviene matizar que aunque ninguno de los nombrados había nacido en España, en realidad extranjeros se consideraban sólo Montero Castillo y Echecopar, los demás eran oriundos, es decir, españoles a efectos legales, aunque esa oriundez era del todo falsa en casi todos los nombrados.

La marca de más de treinta y siete años quedó igualada a las primeras de cambio, en la primera jornada (segunda del calendario) de esta misma liga, en Los Cármenes frente al Betis, el 27 de agosto de 2011, donde el Granada salió de inicio con Roberto, Nyom (francés), Pamarot (francés), Máinz, Siqueira (brasileño), Lucena, Míkel Rico, Jaime Romero, Abel Gómez, Dani Benítez e Ighalo (nigeriano); cuatro extranjeros que se convirtieron en seis jugando simultáneamente en la segunda parte, ya que después del descanso Martins salió por Pamarot y Yebda por Abel, pero después Mollo (francés) salió por Jaime. Siete extranjeros de rojiblanco en un mismo partido y seis jugando simultáneamente, marca igualada.

Y quedó esa marca definitivamente pulverizada a la jornada siguiente, en Málaga, donde salieron de inicio siete extranjeros (Martins, Nyom, Siqueira, Yebda, Diakhaté (senegalés), Franco Jara (argentino) y Uche (nigeriano)), pero llegaron a jugar simultáneamente ocho durante quince minutos, cuando Mollo sustituyó a Dani Benítez y mientras Martins no fue sustituido por Jaime. Así el 12 de septiembre de 2011 viene a constituir otra fecha a tener en cuenta en la historia del Granada CF. Hasta siete extranjeros de inicio volvió a alinear el Granada frente a Villarreal, R. Sociedad, Osasuna, Zaragoza y Getafe.

Pero el nuevo récord establecido frente al Málaga no ha durado mucho, sólo dos meses y medio. La visita a San Mamés, precisamente el único estadio español en el que los locales son siempre nacionales, 27 de noviembre de 2011, supone una nueva marca ya que el Granada salió de inicio con ocho foráneos (Nyom, Siqueira, Diakhaté, Yebda, Uche, Ighalo, Martins y Jara) e incluso se alineó un noveno no nacido en España, Geijo (que sustituyó a Ighalo), aunque éste no cuenta porque tiene la nacionalidad española.

Hasta el final de la liga el récord de mayor número de extranjeros de rojiblanco puede volver a ser batido varias veces, e incluso llegar a ver un once completo de no españoles. Nada tenemos que objetar, que -chauvinistas confesos y todo como somos- no se nos caerán los anillos por no ver paisanos de rojiblanco si esto va en beneficio del club y podemos seguir escribiendo nuevas páginas históricas.

LA CATEGORÍA DE LUCENA



De los cerca de mil nombres que componen la nómina total de futbolistas que alguna vez vistieron la camiseta del Granada CF en sus ochenta años de existencia, Lucena acaba de convertirse en el único que lo ha hecho en las cuatro primeras categorías del fútbol español.
 
Antes que Lucena ya tres jugadores habían formado con nuestro equipo en cuatro categorías distintas, pero ninguno llegó a pisar la división de honor y para encontrarlos hay que remontarse a los primeros años de vida de la institución, cuando todavía se hacía llamar Recreativo y ni siquiera los rojiblancos eran sus colores, allá por los años de la República, que tienen en común con los actuales que en ellos se vivieron sucesivos y rápidos ascensos.
 
De los tres el primero es el medio Bombillar (Antonio Bombillar Porcel, que además de futbolista fue también en el Granada entrenador, masajista y hasta conserje de Los Cármenes), granadino que militó en el equipo desde su fundación en 1931 y hasta 1940, y como tal jugó en 3ª Regional y fue con el club escalando peldaños hasta alcanzar la segunda división, pasando entre tanto por las categorías 2ª Regional Preferente y 3ª División. Le cabe además a Bombillar el inmenso honor de haber quedado para la historia como el autor de los dos primeros goles del Recreativo Granada, en el Jiennense Peñamefécit, el 6 de diciembre de 1931.

El ariete algecireño Antonio Calderón es el segundo. Puede ser considerado como el primer crack del club pues era un goleador bastante efectivo que militó en aquel Recreativo entre 1931 y 1936. Excepto en su primera temporada, cuando hacía la mili, en que sólo jugó un partido y anotó un gol, en las demás siempre se destacó por su poder rematador y sus abundantes goles, aunque no por eso se libraba de los reproches de cierta indolencia de buena parte de la afición, que, como vemos, en esto poco hemos cambiado. Además, Calderón y Bombillar (junto a un principiante Millán) formaron en aquel improvisado Recreativo que en 1938, en plena Guerra Civil, se enfrentó en Los Cármenes a una selección de la zona franquista.

Y el tercero de los que antes que Lucena jugaron en cuatro categorías distintas con nuestro equipo fue otro granadino, Herranz (Miguel Herranz Quero), que era interior y que militó en el Recreativo desde 1931 hasta 1934, a categoría por año.

Aparte hay otros granadinistas que formaron en plantillas rojiblancas en tres categorías distintas, (aunque no todos llegaron a jugar en liga), y son, de los primeros tiempos: Aguileño, Juanele y Paquito Carmona; y de los setenta y ochenta: Angulo, Calera, Gerardo Castillo, Izcoa, Puente y Quiles. Y también se han estrenado este domingo como rojiblancos de tres categorías distintas: Nyom, Dani Benítez, Ighalo y Máinz, que ya estaban en 2ªB, a los que puede unirse en cuanto debute este año José Juan.
Desde Tercera está Lucena, que acaba de comenzar su novena temporada de rojiblanco. Por eso mismo ha conseguido esa marca única en la historia del Granada y única en el fútbol actual, porque no hay otro jugador de Primera del que se pueda decir otro tanto. Desde el campo de tierra del Mancha Real hasta el mismo Bernabéu, haberse mantenido año tras año en las alineaciones rojiblancas y haberlo hecho a buen nivel es algo que no deja de tener su importancia, pero es que Lucena ha ido creciendo con el mismo club hasta convertirse en fundamental. No dará magníficas asistencias ni conseguirá espectaculares goles, pero ahí está siempre, sacrificado en labores menos lucidas pero tremendamente efectivas y necesarias en cualquier equipo, y siempre se puede contar con él, es el prototipo de futbolista rentable. Cada año, y más desde que hemos vuelto al primer mundo futbolero, suena que va a jugar poco, pero temporada tras temporada acaba participando por encima de la veintena. Mariano Santos vivió algo parecido a lo largo de sus once temporadas. Por lo pronto Lucena ha empezado de titular.

Ya la temporada pasada desbancó a insignes granadinistas (Mas, Sosa, Santi Martínez Ramos, Angulo, Falito y Vicente Díaz). Si se mantuviera todo el año en las convocatorias podría superar la cifra de los trescientos partidos de rojiblanco que sólo cuatro futbolistas alcanzan y desplazaría hacia atrás a otros insignes como el mismísimo Trompi o como Mariano Santos y Antonio Díaz Vaquerizo, quedando en el quinto puesto de la clasificación histórica, a tiro de piedra de otro ilustre, Izcoa, y amenazando incluso a los legendarios González y Millán y al líder incontestable Lina.

Otro dato a tener en cuenta es que Lucena acaba de convertirse en el que hace el número veinticuatro de futbolistas de nuestra cantera que jugaron en Primera de rojiblanco, junto a: Aguilera, Manolo Almagro, Rafa Almagro, Angulo, Emilio Baena, Barrachina, Calera, Eloy, Garre, Gerardo Jiménez, Guerrero II, Manolín Robles, Méndez, Millán, Pepe Navarro, Olalla, Orihuela, Puente, Rafa, Tinas, Ureña, Vicente Díaz y Vílchez. Larga vida a Manolo Lucena, parte viva de la historia del Granada CF y el único granadino del equipo.

DE TERCERA A PRIMERA


 

En 1941 faltaba todavía mucho para que servidor naciera, y en 1957 ya estaba uno por aquí, aunque todavía en pañales. Las fotos de 1941 de aquel ómnibus que venía de Córdoba, de gran morro y con la palabra CAMPEON sobre su baca, rodeado de miles de personas en la Gran Vía, en el Americano, con la banda municipal y guardias de gala a caballo abriendo la comitiva (casi se perciben los acordes del “Campeón” del maestro Megías) y el mismo ómnibus en la plaza del Carmen para el saludo por las autoridades desde el balcón principal, justo debajo del yugo y las flechas, nos dan una idea del gran acontecimiento local que el ascenso en Castellón -el primero- supuso. Son imágenes extraídas de ese tesoro para los nostálgicos, como menda, que son las hemerotecas. El mismo lugar del que podemos extraer las de 1957. En éstas han variado los peinados y las indumentarias de la multitud, y a la caravana se han agregado gran número de vespas, y el microbús que trae a los expedicionarios, de volante a la derecha, a la inglesa, y de baca superpoblada, trae una luna rota, resultado de la pedrada con que un indeseable despidió de Almedralejo a los rojiblancos, cuyas cabezas y torsos asoman por las ventanillas estrechando las manos de los miles de hinchas que llevan más de dos horas de plantón esperándolos.
 
Para 1966 ya era servidor un forofo rojiblanco declarado -aunque enano- y por eso no necesito en este caso de hemerotecas porque guardo vivos en mi memoria los recuerdos de lo que puedo considerar el primer gran alegrón que me dio mi equipo. Inolvidable para mí es el Violón repleto de autocares matrícula de Málaga y la ciudad tomada por miles y miles de boquerones (aunque este término hoy no parece molestar a los vecinos, en aquellos tiempos de rivalidad feroz se usaba más bien en tono despectivo) llegados también en cientos de coches particulares y motos, y hasta en un “tren botijo”, que ocupaban las calles de la ciudad aquella mañana de tiempo veraniego. Ocho días después, el lunes 23 de mayo, las imágenes de 1941 y 1957 volvían a repetirse: una ciudad desbordante de alegría y ocupada por decenas de miles de entusiasmados granadinos, hinchas rojiblancos, pero también gran número de indiferentes al balompié (y eso que llovía), saludando a la caravana de más de un kilómetro formada por innumerables coches y motos haciendo sonar sus cláxones que desde Santa Fe hasta la Virgen de las Angustias tardó más de tres horas. La gran alegría, los hurras, los alabín-alabán y los ra-ra-rá, y las mil anécdotas oídas in situ sobre lo que había sido el viaje a Málaga de más de seis mil granadinos, como aquella que aseguraba que un grupo de hinchas granadinistas la mañana del partido por las calles malagueñas vistieron a un gato que llevaban ad hoc con los colores rojiblancos al que iban alimentando de boquerones. Para la historia queda también el chiste de Miranda en Ideal del martes 24 de mayo de 1966 que encabeza este escrito y que se refiere a la sinuosa carretera a través de los montes de Málaga, paso obligado, que por aquellos tiempos más separaba que unía las dos ciudades y que se conocía como Cuesta de la Reina.

El Granada ascendió en 1966, pero el favorito era el Málaga que acababa de protagonizar una cuasi proeza copera frente al R. Madrid. Más de un mes tuvo que esperar nuestro equipo a que una vez acabada la liga su rival en promoción fuera eliminado de la Copa, en la que cayó finalmente forzando un tercer partido de desempate ante todo un R. Madrid ye-yé. En ese mes largo de espera el Granada no había dado precisamente una buena imagen en los varios amistosos que jugó e incluso había quedado eliminado del trofeo no oficial denominado “Sánchez Pizjuán” por el Triana, filial bético de Tercera.

Por eso, por inesperado y porque este tercer ascenso se consiguió frente al eterno rival (mucho más “eterno” entonces), se diría que el de 1966 fue bastante más celebrado que el siguiente, dos años después. En 1968 la novedad en el recibimiento a los recién ascendidos consistió en que la caravana se formó no en Santa Fe, como en las anteriores ocasiones, sino que como venían de Mallorca por Iznalloz, el lugar escogido fue el Pantano de Cubillas. Eso y que la primera parada fue en Los Cármenes, donde los expedicionarios fueron recibidos con pirotecnia y paseo en hombros por el césped. De ahí a la Virgen de las Angustias para ofrecer ramos de claveles rojos y blancos, y concluir la jornada con el tradicional saludo desde el balcón central del Ayuntamiento. Pero lo cierto es que en esta ocasión se veía menos personal por las calles del que pudo verse en el ascenso de 1966. Quizás el hecho de haber encabezado la clasificación toda la liga y haber ascendido directamente quitó emoción a los últimos momentos y así no se desbordó la alegría tanto como otras veces. Quizás también que sólo dos años atrás se había celebrado otro ascenso y el nuevo ya no constituía tanta novedad.
El quinto salto a Primera celebramos en estos momentos, después de nada más y nada menos que cuarenta y tres años desde la última vez y treinta y cinco ausentes de máxima categoría, toda una vida. Parece increíble si miramos sólo a cinco años atrás. En la mejor tradición rojiblanca por lo que se refiere a ascensos, éste también da para esa figura muy unida a la historia del club, la del recibimiento multitudinario de toda una ciudad a un autobús que viene de triunfar en tierras forasteras. El Granada une así su nombre al de otros clubes que en sólo dos años consiguieron la proeza de subir a primera desde tercera (Hércules, Valladolid, Lérida, Las Palmas, Jaén, Elche, Mallorca, Sabadell, Murcia, Salamanca (dos veces), Celta, Albacete y Málaga). Enhorabuena a todos los granadinos, que corra la alegría y que se celebre como la cosa merece. Ahora lo que hace falta es que la categoría que retomamos por 18ª vez no sea flor de un día.

EL GRANADA B Y EL TERCER RECREATIVO



El filial del Granada CF que se llamó Recreativo de Granada fue fundado en 1947 para formar jóvenes valores de la tierra, pero también para poder utilizar a los profesionales que no actuaban en el primer equipo. Así en sus primeros años de existencia se alinearon en el segundo equipo en bastantes jornadas jugadores importantes en la historia rojiblanca como Mas, Toñín, Luiqui, Megino, Carbelo, Unamuno, Fraga y hasta los mismos Trompi y Candi. A cambio Manolo Almagro pasó al Granada de Segunda división, donde fue titular desde finales de los cuarenta, y pronto le seguirían otros también granadinos como Méndez, Cea, Sueza, Requena, Cuerva, Vicente, Guerrero, Rafa, Olalla y Baena, ya en los cincuenta.

En su segundo año de vida y a propuesta de Cholín, míster del primer equipo, el filial cambió su nombre porque se pensaba que con sólo ese cambio se podrían utilizar sin trabas jugadores de la primera y segunda plantilla en una y otra formación: «La directiva acordó la supresión del Recreativo, que de ahora en adelante se denominará Granada Amateur, para que así puedan sus jugadores figurar en uno y otro equipo sin que pesen sobre ellos las disposiciones federativas que delimitan el tiempo que han de pertenecer a cada club», podía leerse en Patria de 25 de agosto de 1948.

Pero el nombre Recreativo, de tan hondas resonancias en el futbolerismo granadino, no quedó vacante. Un grupo de aficionados encabezado por Antonio Fernández Bravo y entre los que se encontraban antiguos jugadores, fundadores del primer Recreativo, como Peregrín, Herranz y Ortiz, decidieron fundar un nuevo club y llamarle Recreativo Granada. El uniforme del nuevo club será camiseta azul, pantalón celeste y medias azules con vuelta blanca «el uniforme del “equipo fantasma”», y jugará como local en el estadio de La Juventud, según la noticia de Ideal de 10 de septiembre de 1948, que añade que el nuevo club ya tiene concertado un amistoso para finales de mes en Baza. En el seno del Granada CF parece ser que la iniciativa de crear este nuevo club no fue muy bien acogida, y así en la misma página en la que Ideal recoge la noticia de la fundación aparece una nota oficial del club diciendo que el equipo que con el nombre de Recreativo se desplaza a Baza nada tiene que ver con el subcampeón regional de liga y copa.

En principio el nuevo club iba a militar en una categoría inferior, pero a última hora fue incluido en el mismo grupo de 1ª Regional que el ahora llamado Granada Amateur o B, junto a Español de Santiago (de Córdoba) Bailén, Baeza y Esperanza de Jaén. El 26 de octubre de 1948 se jugaba la primera jornada. En un clima de gran rivalidad en Los Cármenes el filial Granada B, con: Espinosa; Jaime, Méndez, Díaz; Montilla, Tobalina; Ros, Cea, Laureano Martín, Sueza y Mas, apalizó al nuevo Recreativo, que formó con: Román (Quinito en el 2º tiempo); Vicente, Navarro, Antonio Carmona; Cepillo, Quero; Ríos, Carrillo, Baena, Doncel y Esteban. Hay en esta formación varios componentes que en la temporada anterior militaban en el filial granadinista y a la vez también podemos ver a alguno que pronto cambiará de bando, como Vicente Díaz.

Pero la enemistad primera se transformó en concordia de forma que el nuevo Recreativo pasó a mitad de temporada a jugar sus partidos en Los Cármenes e incluso hubo trasvase de jugadores cedidos entre uno y otro club. Y así, el último partido del campeonato para el B, el de devolución de visita al Recreativo, se jugó también en Los Cármenes el día 1 de enero de 1949 y volvió a acabar en vapuleó, 7-1 se llevó aquel tercer Recreativo ante poquísimos aficionados. El filial granadinista era ya campeón y había ascendido a Regional Preferente después de ganar en Jaén al Esperanza la jornada anterior. El nuevo Recreativo era cuarto (o tercero por la cola) y nada se jugaba. Es un partido con historia porque en él se estrenaron los postes redondeados, sin peligrosas aristas, a que obligaba la nueva reglamentación federativa. Jugaron por el Granada B o Amateur: Julio; Toñín, Méndez, Díaz; Ros Tobalina; Megino, Cea, Requena, Sueza y Díaz Cara. Y por el Recreativo: Román; Delgado, Vicente, Morales; López, Felipe; Ríos, Almagro II, Baena, Martin y Pareja.

Cinco días después, en Reyes, hubo un nuevo enfrentamiento “fratricida” en Los Cármenes entre Granada B y Recreativo y hubo también un nuevo palizón blanquiazul, 9-0. Por el B jugaron: Espinosa; Jaime, Méndez, Tobalina: Ros, Montilla; Carbonero, Cea, Requena, Sueza y Díaz Cara. Y por el Recreativo: Quinito (expulsado y sustituido por Vicente cuando ya iban 7-0); Morales, Vicente, Carmona; López, Linares; Ríos, Almagro II, Baena, Sevilla y Pareja. En este partido lo que estaba en juego era dilucidar qué equipo granadino se proclamaría campeón aficionado y pasaría a jugar la Copa frente a conjuntos de otras provincias.

Y si brillante había sido el papel del Granada B en la liga de Primera Regional, en esta competición de Copa de aficionados no lo fue menos. Eliminó sucesivamente a Antequerano, Dos Hermanas y Peñarroya, ya éste en la final, por lo que se proclamó campeón aficionado de Andalucía y como tal pasó a la fase nacional y volvió a alcanzar notables triunfos eliminando al Electrodo, de Madrid, y al Utiel, de Valencia, llegando hasta semifinales donde tropezó con el poderoso FC Barcelona, en el que empezaban jugadores de la talla de Biosca, Bosch, Manchón o Aloy.

Finalmente la existencia de este tercer Recreativo se limita a la temporada 1948-49. Aquel clima de enemistad del principio dio paso al entendimiento y la colaboración, de forma que el efímero Recreativo será la base del que a la temporada siguiente figurará como segundo filial rojiblanco y con el nombre de Granada “C” militará en Primera Regional en la 49-50.



EL FIERO AMARO



En la historia del Granada CF hay dos récords, ambos de dudosa honorabilidad, que ostenta un mismo futbolista: el de haber sido “obsequiado” con la mayor bronca hacia un jugador local en Los Cármenes, y el de haberle sido impuesta por las autoridades federativas la mayor sanción que nunca recibiera un futbolista del Granada.

Hablamos de Amaro, delantero centro gallego (tío de Amancio Amaro) fichado por el Granada para la temporada 1953-54, que venía precedido de fama de goleador después de haber militado en Orensana, Cartagena y Murcia, y precedido también de fama de violento y conflictivo. Su debut de rojiblanco en partido oficial fue afortunado, ante su anterior equipo, el Murcia, al que marcó en el último suspiro el gol que daba la victoria al Granada en la primera jornada y en Los Cármenes. Ya en su debut dejó detalles de su fiereza, que confirmó dos partidos después ante el Alcoyano, con el que provocó incidentes en los vestuarios.

Quizás por eso Manolo Ibáñez, míster granadinista, lo mandó los siguientes partidos a jugar en el filial Recreativo, del grupo sexto de Tercera, donde siguió marcando goles y destacando, y también dando que hablar por su conducta muy poco deportiva, en especial en su partido frente al Betis. Así hasta que en la jornada diez, ante la visita del Linense, vuelve a ser convocado para el primer equipo y se destapa con una gran actuación personal y dos goles, por lo que vuelve a contar para Ibáñez.

Dos jornadas después, en la doce, nos visitaba el Málaga. Los Granada-Málaga siempre fueron algo más que un simple partido de fútbol para convertirse en una especie de plebiscito entre dos ciudades en el que andaba por medio la primacía de una sobre la otra, como corresponde a buenos vecinos. En este caso además había más leña que echar al fuego puesto que los “odiados” boquerones venían como líderes del grupo Sur y el Granada andaba clasificado en el cuarto puesto, a tres puntos, y sus aspiraciones a todo, a estas alturas de la liga, todavía estaban intactas. Así que en un clima de gran pasión y con las gradas a rebosar, en las que había más de cinco mil malagueños llegados en trenes botijo y mil vehículos más, echó a rodar este derbi en el que muy pronto subió aún más de tono la calentura general, cuando, según las crónicas locales, el delantero malacitano Juan fue el que dio primero, lesionando a González de un cabezazo y después a Piris, de un puntapié en el hombro. En ese clima cada vez más caldeado y abundante en juego subterráneo por las dos partes, a poco del descanso Amaro ponía una escalofriante plancha al medio malagueño Serrano, que no había intervenido en ninguna de las varias acciones antideportivas, y le producía fractura abierta de tibia y peroné. Amaro fue expulsado a continuación por el árbitro Casals, pero la pita que recibió mientras se retiraba fue, además de ensordecedora, general, sin distinguir los colores de su camiseta. Rafa marcó el solitario gol que dejaba los dos puntos en casa.

Algunos días después en Ideal se podía leer: «El Comité de Competición en reunión de 10 de diciembre de 1953 impuso, entre otras, la sanción siguiente: Jugadores. Segunda división. Suspender por dos años a Norberto Amaro Domínguez (Granada F.C. (sic)), por acción violenta e intencionada a un contrario, lesionándole gravemente, teniendo además reiteradas notas desfavorables, por haber sido sancionado anteriormente ocho veces por faltas y violencias cometidas; caso de que el jugador lesionado quedase imposibilitado para la práctica del fútbol, se le retirará la licencia (Arts. 102, 103 y 136)».

La víctima, el prometedor joven de 21 años Antonio Serrano Ocaña, natural de Almería y que pertenecía al R. Madrid, que lo tenía cedido al Málaga, ya no volvió a jugar en lo que quedaba de temporada ni en la siguiente. Hasta la 55-56 no volvió a pisar un terreno de juego. Esa temporada volvió por Los Cármenes faltando poco para el final del campeonato, enrolado en el Jaén que con Millán de insustituible en la defensa tenía ya pie y medio en Primera, y arrancó un empate a tres siendo uno de los destacados de su equipo. Al año siguiente jugó en el Jaén en máxima categoría y posteriormente en el Hércules, ya de segunda.

Amaro después de aquella tarde de diciembre de 1953 frente al Málaga no volvió a jugar más en el Granada ni en su filial. Pero al finalizar la temporada 53-54 se benefició de un indulto general que concedió la Federación como homenaje a Zarra y fichó para la 54-55 por el Hércules, recién ascendido a Primera, con el que empezó jugando y goleando para pronto desaparecer de las alineaciones por una lesión y pasar ese mismo año al Levante, de Segunda. Que sepamos, ya no volvió a dar que hablar su vena violenta y su carrera continuó por varios equipos hasta encontrar acomodo definitivo en Cartagena, donde es recordado como uno de los mejores futbolistas que por allí pasaron.

BODAS Y SOLEMNIDADES



Siguiendo a Antonio Lasso, hay que entender que la verdadera fecha de fundación del club es la de 6 de abril de 1931, que es cuando se redactaron sus estatutos, mientras que la del 14 de abril, la que consta como oficial, es la de la presentación de esos estatutos ante los organismos oficiales para su aprobación. Son por tanto ochenta años los que cumple el Granada CF y celebramos sus bodas de roble.

Echando una mirada a las hemerotecas para ver los distintos fastos de los aniversarios más señalados, llama la atención que las bodas de plata del Granada CF pasaran por completo desapercibidas.

El sábado 14 de abril de 1956 en la página de deportes del diario Ideal viene como noticia destacada la del traspaso de Rafa al At. de Madrid. Era algo de lo que ya se venía hablando desde hacía casi un mes pero que no se había concretado justo hasta el día antes. La cifra que pagará el club madrileño no la sabe con exactitud la prensa, pero se habla de entre las 600.000 y las 900.000 ptas. por el goleador granadino que acababa de convertirse en el máximo realizador de las dos primeras categorías del fútbol español. También se puede leer en Ideal que el Granada viaja esa misma mañana a Almendralejo para jugar frente al Extremadura la penúltima jornada del campeonato de Segunda, grupo Sur, en el que ya nada tiene que hacer salvo intentar eliminar el punto negativo que arrastra, y para eso desplaza a Candi, Vicente, Baena, González, Ríos, Padilla, Lopera, Cea, Almagro, Rius y Rodríguez, con Santi y Sueza como suplentes. Mientras que en Los Cármenes el Recreativo recibirá la visita del gallito Úbeda con Alamego, López, Remacho, Miguel, Miñi, Quesada, Román, Fiñaga, Joaquín, Guerrero II y Jacinto.

Ni una palabra puede leerse acerca del veinticinco aniversario del Granada CF. Y es en vano que busquemos en este día ni en los anteriores ni en los posteriores del mes de abril de 1956. Ya lo vemos, nadie se acordó de las bodas de plata del Granada CF y ni un solo acto conmemorativo se programó. Claro que tampoco eran tiempos como para andar celebrando un 14 de abril, aun alejado de cualquier connotación política.

De todas formas, sólo unos pocos días después toda la atención informativa la va a acaparar un suceso lo suficientemente importante como para desplazar cualquier otra noticia, el terremoto de Atarfe y Albolote, que ocurrió el 19 de abril de 1956 a las 18 horas 53 minutos y que causó doce víctimas mortales.

Las bodas de oro sí fueron celebradas aunque no diremos que se hizo como la cosa merecía. Aún no estaba sentenciado el Granada al descenso pero lo cierto es que la apatía se había instalado entre los componentes de la plantilla, la junta directiva que presidía Manuel Anel e incluso entre la hinchada, abulia que desembocaría poco después en el primer descenso a 2ª B, por entonces el capítulo más negro de la historia rojiblanca. En ese contexto fue la celebración de las bodas de oro, que tuvo como acto más importante la organización de un partido internacional de selecciones “B” contra Inglaterra, en marzo de 1981, cosa que fue a iniciativa de la Federación, porque el club sólo conmemoró el aniversario con un ágape en los mismos vestuarios de Los Cármenes al que muy pocos fueron invitados. Hubo otros actos, pero se debieron a la iniciativa privada, como algunas charlas y exposiciones organizadas por un establecimiento comercial o como la edición de un folleto-resumen de la historia del Granada CF por José Luis Piñero y una serie histórica de José Luis Codina en Patria. Y pare usted de contar. Eso fue todo, que no estaban los hornos balompédicos para muchos bollos.

Bastante más brillantez tuvieron los actos de conmemoración del setenta y cinco aniversario, las bodas de brillantes. Con el slogan “Todo un pasado por delante”, su plato fuerte consistió en la edición de la obra colectiva “Pidiendo la hora. 75 años de pasión rojiblanca”, compendio de relatos, anécdotas y evocaciones en el que colaboraron desinteresadamente firmas de mucho prestigio junto a otras bastante menos conocidas (y en el que me enorgullezco de haber participado), que resultó un éxito de ventas y se agotó enseguida. Aparte se sucedieron otros actos organizados por el club, como un ciclo de charlas y conferencias que resultaron muy concurridas. También es de destacar la reproducción de los tres arcos (que fueron cinco) de entrada del viejo Los Cármenes como portada de acceso al ferial del Corpus 2006, así como una serie de momentos históricos emitido por una televisión local. Por su parte el diario Granada Hoy dedicó una magnífica serie de artículos históricos a la efeméride. Todo en medio de la euforia que produjo la recuperación de la categoría de 2ª B después de cuatro larguísimos años de penar en la cuarta categoría.

NOCTURNO DE BALÓN



El ascenso a Primera de 1966 decidió a la directiva de José Bailón a dotar a Los Cármenes por primera vez de iluminación artificial para poder celebrar partidos nocturnos en una época en la que ya había fútbol televisado todas las jornadas del campeonato. Las estructuras metálicas de la iluminación se construyeron en el verano y pudieron ser estrenadas en el partido de presentación de pretemporada, el tradicional partido de la Prensa que disputaron el Granada y el Os Belenenses portugués el domingo 4 de septiembre de 1966 a las ocho y media de la noche. A la hora convenida, el a la sazón gobernador civil, D. Antonio Luis Soler Bans, pulsó el botón que de forma oficial inauguraba la iluminación del viejo campo, saludada con una ovación por los quince mil espectadores presentes y seguida de la interpretación por la banda municipal de los himnos portugués y español.

El partido acabó en empate a uno, goles de Caetano, que adelantó a los forasteros, y de Agüero, y el granadinista más destacado fue el jovencísimo Lara, extremo recién fichado del Cádiz, de cuyas rápidas galopadas por la derecha nació casi todo el peligro rojiblanco. Por los lusos, que se llevaron el trofeo donado por la Asociación de la Prensa, destacó su cancerbero José Pereira, el titular del combinado portugués que brillantemente acababa de quedar tercero en el Mundial de Inglaterra. El míster granadinista, Ignacio Eizaguirre, se quejó tras el partido de la instalación eléctrica recién inaugurada ya que –dijo- era necesario regular correctamente el reglaje de los focos porque sus jugadores se habían quejado de deslumbramiento en determinados lances.

El primer partido oficial disputado bajo los nuevos focos se jugó dos semanas más tarde y es digno de figurar en todas las antologías rojiblancas porque fue aquella ocasión famosa en la que el Granada le endosó un apabullante 6-2 al gallito Zaragoza de “los cinco magníficos”, reciente campeón de Copa del Generalísimo y disputando en esos precisos momentos la final de la Copa de Ferias, en cuyo partido de ida se había impuesto al Barcelona en el Nou Camp aunque finalmente fueron los catalanes los que se anotaron este campeonato internacional. El 18 de septiembre de 1966, en la segunda jornada de liga y primera disputada en Los Cármenes, los focos, ya corregidos en cuanto a reglaje y orientación, sólo tuvieron que ser utilizados en la segunda parte, a la que llegó el Granada mandando 2-1. Jugaron por el Zaragoza: Yarza; Irusquieta, Santamaría, Reija; Pais, Violeta; Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra (esta alineación del Zaragoza, con rima incorporada, es la más importante de su historia); y por el Granada: Ñito; Tosco, Datzira, Zubiaurre; Santos, Lorenzo; Lara, Almagro, Miguel, Agüero y Vicente. Los triunfadores de la mágica tarde-noche fueron los granadinistas Lara, que dio tres goles, y Miguel, autor de cuatro. Vicente y Agüero completaron el escardón.

Los focos aparecieron en Los Cármenes en número de ciento veinte instalados en cuatro torres metálicas perfectamente enfrentadas, dos por cada banda, simetría que duró sólo dos años ya que para construir la tribuna alta en 1968 fue necesario el desmontaje y desplazamiento hasta las esquinas de tribuna de las dos torres de esa banda, de donde ya no se movieron hasta la demolición del viejo estadio. Así, en esta temporada y por primera vez en su historia se televisó un partido desde Los Cármenes. Fue en la jornada 28 y antepenúltima, disputada el 9 de abril de 1967 y en la que el Granada derrotó 2-1 (Rafa Almagro y Miguel) al Elche.



Pero realmente el primer partido de fútbol jugado por la noche en Los Cármenes no fue ninguno de los señalados porque hay un precedente de fecha sábado 24 de julio de 1948, el cual, según Ramón Ramos en “Adiós a Los Cármenes”, es -que se sepa- el primer nocturno de todo el fútbol español. Lo jugaron el filial Recreativo y el Écija dentro de una competición de aficionados no oficial disputada por equipos andaluces de Regional y Tercera a la que se denominó “Copa Primavera”, que había echado a andar en mayo y se prolongó hasta bien entrado el verano.

La canícula andaluza no es cosa despreciable y el no disponer de luz obligaba a comenzar los partidos lo más tarde a las seis/seis y media, una hora a la que, en julio, literalmente arde el cemento de las gradas y en el césped se cuece el cuero de las botas. Por eso, para despedir esta competición amateur, a Manolo Ibáñez, míster del Recreativo, se le ocurrió que se podía improvisar una iluminación ad hoc para la ocasión y así poderse jugar el partido a una hora menos incendiaria. Dicho y hecho. Treinta y dos reflectores se instalaron a todo lo largo del perímetro del terreno de juego y el balón blanco fue embadurnado de fósforo, fijándose como hora de comienzo las once de la noche. El invento funcionó en el sentido de que el campo casi se llenó, pero en lo que se refiere a visión nítida de lo que ocurría en el terreno de juego ya la cosa no pasó de regular. El caso es que ganó el Recreativo 3-0 (Manolo Almagro, dos, y Díaz Cara) y los equipos formaron, por el Recreativo, de blanco: Espinosa; Requena, Pareja; Ramírez, Méndez, Ros; Machado, Cea, Almagro, Sueza y Díaz Cara; y por el Écija, de azul: Lora; Bermudo, Ballesta; Carlos, Núñez, Bautista; Rodríguez, Losada, Cano, Pablo y Bayano. La velada continuó una vez terminado el choque y se prolongó hasta altas horas con una fiesta celebrada en el mismo césped de Los Cármenes, según cuenta la crónica de Ideal que firma Jovi (José de Vicente).

EL RENACIDO RECREATIVO


En la foto, con el antiguo marcador de Los Cármenes de fondo, forma el recién creado Recreativo de septiembre de 1947. De pie: Laureano Martín, Quinito, Delgado, Requena, Hansa, Antonio Carmona y Ramírez; agachados: Cruz, Díaz Cara, Pareja, Navarro y Ros.

La formación de jugadores granadinos que empezaban para, llegado el caso, ser utilizables por el primer equipo fue la razón primera de la existencia del Recreativo que como equipo filial del Granada se creó en 1947, aunque sin olvidar totalmente que también podrían jugar los profesionales. Así en el que es para la historia su partido de presentación, jugado en Armilla frente al Arenas con motivo de las fiestas de San Miguel del año 1947, alineó el Recreativo al jugador de la primera plantilla Galvany, barcelonés que había llegado a nuestra tierra tres temporadas atrás y que en esos momentos aún no había renovado. El catalán fue el autor de uno de los cuatro goles con los que los recreativistas derrotaron a los locales y se llevaron a sus vitrinas la copa donada por el Ayuntamiento armillero.

Esta filosofía la dejó clara el que fue fundador del filial blanquiazul, Ricardo Martín Campos, que en la asamblea general de socios de 28 de junio de 1947, celebrada en los salones del Liceo, en los bajos del desaparecido Teatro Cervantes, y en la que, por aclamación, fue designado como nuevo presidente del Granada CF, dijo que uno de sus objetivos era crear «…una sociedad filial para en ella acomodar a los jugadores reservas y aficionados que sirva para tener en todo momento jugadores en forma y fomentar así la cantera de jugadores locales…». Pronto se decidió que ese club filial de nueva creación se llamaría Recreativo de Granada y vestiría de azul y blanco, recuperando así dos símbolos abandonados siete años atrás, y antes de un mes ya estaba pergeñado el nuevo equipo, al que se dotó de directiva propia, presidida por José Domínguez Sánchez y con José Amigo Vico como vicepresidente, confiando la secretaría técnica a Francisco Carmona Ros y la dirección deportiva a Manolo Ibáñez.

La vuelta a la presidencia de Martín Campos había supuesto un despertar de la afición, que después del descenso a Segunda de dos años antes andaba de bastante capa caída. Así este año se pasa de menos de mil a cuatro mil socios y se fundan varias peñas granadinistas. Dos de las más numerosas, Realejo y Americano, decidieron subvencionar con 150 y 100 pesetas respectivamente al nuevo filial, para premiar a sus jugadores que, como aficionados, nada cobraban, y para ayudar a sufragar los gastos de los desplazamientos.

Ya en competición oficial los partidos del Recreativo los dirimieron fundamentalmente jóvenes granadinos aficionados, con la excepción del argentino Laureano Martín, que había sido fichado para la primera plantilla sin llegar a estrenarse, de Navarro, estudiante de farmacia en nuestra Universidad, y de Cepillo, granadino que ya era veterano y había pertenecido al Granada desde 1939 hasta 1942. Sus jugadores más destacados fueron Almagro, Cea, Requena y Manolo Méndez, todos jugarían en breve en el Granada.

Su primer partido oficial lo jugó en Almería, el 12 de octubre de 1947 ante un club que respondía al nombre de U.D. Almería, filial a su vez de otro club almeriense que militaba en Tercera. Jugaron aquella tarde: Espinosa; Delgado, Requena; Atanasio, Cruz, Ros; Laureano Martín, Cea, Cepillo, Díaz Cara y Pareja. El resultado final fue de empate a un gol con el que iniciar el corto calendario de la 1ª Regional andaluza formada además por los equipos: Fernández Requena (filial del CD Málaga, después denominado At. Malagueño), Azucarera Larios (de Torre del Mar, Málaga), Balompédica Antequerana y Ronda.

Su segundo partido fue en Málaga, frente al Fernández Requena, con resultado de derrota 3-1. Y hasta la tercera jornada no se presentó en Los Cármenes, con goleada ante el Larios, 5-0, los cinco conseguidos por Manolo Almagro, la gran figura del Recreativo, que ya la temporada anterior había sido alineado con el primer equipo y que en esta misma volvió a jugar con el Granada, aunque sólo en una ocasión. Almagro junto a Díaz Cara (que también había jugado en el primer equipo la temporada anterior) pueden considerarse los primeros jugadores promocionados a la primera plantilla desde el filial.

En el corto calendario de sólo diez jornadas, hasta el final tuvo el Recreativo posibilidades de proclamarse campeón. La última jornada, disputada en Los Cármenes ante el Ronda, se saldó con derrota (0-1) frente a los malagueños, que fueron los que ganaron la competición quedando el Recreativo segundo. Jugaron aquel partido: Espinosa; Delgado, Jaime; Atanasio, Méndez, Díaz Cara; Pareja, Cea, Requena, Ros y Antonio Carmona. También formaban parte de la plantilla Quinito, Ramírez, Hansa y Navarro, más el granadino Rivera, que alternó primera y segunda plantilla.

Tampoco le fue mal en la Copa de Andalucía de aficionados, disputada una vez finalizada la liga de 1ª Regional. En la primera eliminatoria el Recreativo, como campeón de Granada, se deshizo del campeón de Málaga, Azucarera Larios, para golear 6-0 al Iberia de Algeciras en partido único disputado en Los Cármenes en la siguiente ronda. El siguiente en caer fue el Bailén, derrotado también en Los Cármenes en eliminatoria a partido único que acabó también 6-0, clasificando al Recreativo para la final, cuyo ganador lucharía por el título nacional. Esta final se disputó en el sevillano campo del Patronato, ante el Sevilla aficionado, donde los recreativistas fueron eliminados al perder 2-1, con un segundo gol sevillista que llegaba ya en la prórroga.

UN DOCUMENTO



En este mismo blog hace algún tiempo se preguntaba uno cómo sería el escudo de nuestro equipo antes del cambio de nombre y de colores, o sea, antes de agosto de 1940, debido a la escasez de documentos de la época donde confrontarlo. Aunque ya algunos de los amigos que suelen dejar comentarios a pie de post (y a quienes aprovecho para agradecérselos) me habían sacado de dudas, he encontrado en una página de Internet dedicada al coleccionismo y las subastas este documento fechado a 6 de marzo de 1940 y no me he resistido a reproducirlo. Esta carta oficial del club nos confirma que el escudo del Recreativo de los treinta era como nos imaginábamos, igual que el que en la histórica foto figura en el pecho de las camisetas rojas con franja blanca de aquel filial de corta vida que popularmente era conocido como “Diablillos Rojos”, en tiempos de la República. Es una carta firmada por el secretario general (no se entiende muy bien la rúbrica; parece poner Gómez Muros), dirigida a un señor llamado Ramón De la Torre, con domicilio en Paseo de Recoletos 12, de Madrid. Si interesante resulta como documento que aclare dudas, también lo es porque en su texto se refiere a un accidente de circulación que sufrió nuestro equipo cuando volvía a Granada después de ganar en Tánger y que creo que es poco conocido.

El encabezamiento es bien expresivo: “CLUB RECREATIVO GRANADA”. El hecho de no incluir en el título la preposición “de” refuerza la tesis de que en el ánimo de los fundadores estaba el que el nombre del equipo fuera el mismo de la ciudad, es decir, que Granada era su nombre y la palabra “recreativo” simplemente un adjetivo.

El texto literal de la misiva es el siguiente:

«Mi distinguido amigo:

»Oportunamente recibí su cariñosa carta que no he podido contestar antes debido a las múltiples ocupaciones que con motivo de la Competición de Liga me impusieron las circunstancias. Así pues le ruego me dispense.

»Agradezco a V. infinito el interés demostrado con motivo del accidente que sufrió nuestro equipo al regreso de Tánger que afortunadamente pudo tener mayores consecuencias si el coche que ocupábamos hubiera sido otro. Sin embargo, tuvimos que lamentar la desgracia de Mesita, que fue el único jugador que salió con lesiones de consideración al recibir un fuerte golpe en la cabeza y herida en el ojo con abundante hemorragia. Menos mal que ocurrió a unos doce kilómetros de la capital por lo que inmediatamente pudo ser asistido con la mayor diligencia y convenientemente hospitalizado, temiéndose en un principio por su estado. Ya está completamente bien, aunque todavía no ha jugado. Fue una lástima, pues nos estaba dando unos partidos excelentes y estamos muy contentos de sus actuaciones.

»Por él me he enterado de que han sido Vdes. los Campeones y me apresuro a expresarles mi más cordial enhorabuena. Nosotros en cambio, cuando teníamos seguro el campeonato, las desgracias ocurridas y la adversidad que siempre nos acompaña, han hecho que no podamos ver coronados todos los esfuerzos e ilusiones. Hemos terminado el torneo con 22 puntos y el Cádiz con 23 habiendo perdido tan solo un partido a lo largo de la competición.

»Y nada más por hoy, sino reiterando a V. nuestro agradecimiento con un cordial saludo de su aftmo. amigo q. e. s. m.»

Hay un p.s. en el que se lee: «Muchos recuerdos para todos. y V. los recibo de Floro y ¿Félix?»(no se ve bien).

El accidente sufrido por el equipo al que se refiere la misiva ocurrió el día 12 de febrero de 1940, cerca de Santa Fe, cuando uno de los dos taxis en que viajaba la expedición recreativista, de vuelta de su triunfo un día antes en Tánger 1-3 (los tres goles de Nin), y ocupado por el directivo Juan Gómez Muros y los jugadores Mesa, Fernández, Maside, Trompi, Doménech y Millán, al parecer sufrió rotura de la dirección e impactó contra varios de los árboles que orillaban la carretera hasta quedar destrozado. Sólo Mesa, que había sido el jugador más destacado en el partido de Tánger, sufrió heridas de consideración y hubo de ser trasladado por el segundo de los coches en el que iba el resto de jugadores y el míster Valderrama, hasta quedar ingresado en el hospital San Juan de Dios, perdiéndose los tres partidos que quedaban para finalizar la competición. Para sustituirlo, enseguida fichó Timimi, vieja gloria del Betis campeón de Liga en la 34-35, que debutaría el domingo siguiente en el trascendental partido ante el Cádiz que dio al Recreativo el liderato. A la siguiente jornada, en el todavía más trascendental partido en Córdoba, ante el Rácing, este jugador sufriría fractura de tibia y peroné que lo retiraría definitivamente del fútbol. La victoria en Córdoba era muy necesaria, pero sólo se pudo empatar y el liderato volvió a ser para el Cádiz, que fue el que jugó la liguilla de ascenso a Primera y a punto estuvo de subir.

Es un documento de gran valor para los maniáticos -como el que suscribe- de todo lo histórico relacionado con nuestro equipo. Como digo arriba, ya algunos amigos me habían aportado documentos que demostraban cómo era el auténtico escudo del Recreativo y en ese sentido, considero muy acertada la decisión de haber conservado el bonito y original diseño y la forma del viejo escudo, al que sólo le quedaban unos pocos meses para trocarse en el actual, con otros colores, eso sí.

LOS CÁRMENES Y EL REALISMO DECIMONÓNICO



El Granada CF fue propietario durante sesenta y tres años (de 17 de noviembre de 1933 a 16 de mayo de 1996) de unos terrenos sobre los que construyó su estadio, que se estrenó el 23 de diciembre de 1934 y, como sabemos, nunca fue oficialmente inaugurado. Su nombre, Los Cármenes, con ser muy bonito no está claro quién se lo puso ni por qué ni cuándo.




Buceando en la prensa de la época, nos encontramos con que desde ese primer partido de la víspera de Nochebuena 1934 frente al Malacitano hasta más de un mes después, los gacetilleros de por entonces se refieren al campo con el nombre de “nuevo stadium del Recreativo”. Es el 29 de enero de 1935 cuando por primera vez aparece en El Defensor de Granada la denominación que a partir de entonces va a ser definitiva. En la reseña que firma Martinenc sobre la importante victoria recreativista (0-2) en Vallejo frente al Gimnástico de Valencia de dos días antes, se lee: «…el domingo próximo, cuando reaparezca nuestro equipo en el Stadium de los Cármenes, nombre con el que se debe bautizar el nuevo terreno…». Lo que no encontramos en la prensa de la época, por más que busquemos, es si esto obedeció a un acuerdo de la junta directiva o fue decisión unipersonal.



Lo más seguro es que quien tomó la decisión última de que ése fuera el nombre del estadio fue el que en esos momentos regía los destinos del club, o sea, Matías Fernández-Fígares, que es a su vez el gran impulsor con su trabajo y su propio peculio de que Los Cármenes fuera una realidad.



Y la razón por la que se eligió ese nombre y no otro tampoco la sabemos a ciencia cierta. El estadio podía haber tomado la denominación del paraje en que se levantó y haberse llamado “Cercado de Muriel”, que era el nombre de la casería donde se ubicaban las dos hectáreas de terreno rústico en la carretera de Jaén que adquirió el club en noviembre de 1933, por entonces muy en las afueras de la ciudad. También podía haber adoptado el nombre de algún prócer con significación en la corta historia de la entidad. Pero quienes eran responsables de los destinos del club eligieron Los Cármenes, lo que nos da pie (gracias Ramón) a suponer que el bonito nombre se lo inspiró una novela de un autor de éxito por entonces, el asturiano Armando Palacio Valdés, que en 1927 había publicado “Los cármenes de Granada”, relato de ambiente andalusí que tuvo en su tiempo gran difusión y que en 1935 conoció una reedición, ahora ya dentro de un volumen con las obras completas de Palacio Valdés. Es este escritor uno de los más claros exponentes de lo que en literatura española se conoce como realismo del XIX, y hoy está más bien olvidado pero en su tiempo gozó de gran prestigio. Su novela más famosa, “La hermana San Sulpicio”, también se desarrolla en gran parte en escenarios granadinos.



Algo parecido a lo que se puede decir sobre el estadio y su denominación se puede aplicar a otras señas de identidad del club, como sus colores, su mismo nombre o su escudo. Y es que, como se ve, nunca se caracterizó el Granada CF por su celo en la salvaguarda de sus símbolos y tradiciones. Entre el mucho tiempo transcurrido y los escasos documentos que se pueden consultar, a los maniáticos como el que suscribe, que nos pirramos por el estudio de las esencias y avatares del club de nuestros amores, no deja de resultarnos en cierto modo frustrante tener que recurrir a suposiciones en éstas y otras cuestiones que atañen a nuestro equipo.

EXCURSIÓN A LA MANCHA



En plena canícula de 1953, mientras R. Madrid y Barcelona se peleaban por Di’Stéfano, en Granada estallaba otro affaire futbolero de bastante menor alcance pero del que tampoco podemos decir con propiedad que fue de andar por casa puesto que lo que lo provocó tuvo como escenario la llanura manchega. Realmente la cosa y sus consecuencias no pasaron de la categoría de mera anécdota, pero han quedado para la historia del club como algo insólito, ni antes ni después ocurrido.

A principios de agosto el Granada había empezado la preparación de cara a la nueva temporada con una plantilla prácticamente idéntica a la de la anterior en lo que respecta al equipo titular, formado por un gran número de futbolistas salidos del vivero recreativista. En el banquillo repetía Manolo Ibáñez. Tras terminar la sesión de entrenamiento del viernes siete y concedérseles descanso hasta el lunes, siete jugadores de la plantilla del primer equipo, en unión de otros cinco que no pertenecían al Granada CF, sin conocimiento ni autorización de directiva ni entrenador, organizaron por su cuenta un bolo manchego que los días 8 y 9 de agosto los iba a llevar a los pueblos de Manzanares y Bolaños de Calatrava, de la provincia de Ciudad Real.

González, Requena, Cuerva, Padilla, Sueza, Vicente y Guerrero, todos de la primera plantilla y titulares la temporada recién terminada, junto a otros granadinos que no pertenecían al club: Manolo Almagro (por entonces en el Hércules), Kiki (portero del At. Bastetano), Santi, Toto (ambos habían alternado primer equipo y filial, pero habían quedado en libertad) y un tal Esturla, se acomodaron en sendos taxis de aquellos de siete o más asientos, anteriores a los primeros Seat, y se encaminaron hacia más allá de Despeñaperros. En sólo ocho horas de viaje aterrizaron en Manzanares.

En el pueblo manchego jugaron el sábado 8 de agosto con el nombre de Granada CF contra el equipo local y sucumbieron 5-2. Al día siguiente repitieron partido en Bolaños, donde volvieron a ser derrotados (4-1). Los doce expedicionarios salieron a razón de veinte duros por barba y partido.

El gran lateral que fue Vicente Díaz Molina, excelente defensa que era capaz de aburrir al mismísimo Gento (ahora no puede ir al fútbol tanto como le gustaría a ver a su Granada, que los años no perdonan; desde aquí le deseamos una mejora), fue uno de los protagonistas de esta historia, pero no recuerda casi nada de la aventurilla después de los casi sesenta años transcurridos. No obstante, me ha contado algo que sí se le quedó grabado en la memoria: Toto saltando la valla que separaba el terreno de la grada y comprando un helado a un ambulante para después merendárselo, pero sin dejar de jugar el partido.

La imagen de Toto con su cucurucho y a lengüetazos corriendo tras el balón (bueno, correr, correr, es un decir, porque no parece que fuera ése el fuerte de Toto) sería digna de verse. A la vez también nos ilustra sobre lo que debió ser aquella pachanga manchega. Antonio Ortiz Román (en la foto), Toto para el fútbol, era un fino futbolista de la cantera al que Entrala llama “el Curro Romero” del fútbol granadino, por su gran clase con el balón y por su indolencia y sus espantás. Además también era un humorista que animó bastante aquella expedición que tuvo más de francachela de fin de semana que de gira deportiva. Sus “totadas”, como lo del helado, dan una idea del carácter de este genial futbolista-torero que por su mala cabeza no llegó a triunfar y sólo se alineó en tres partidos oficiales en dos temporadas.

En Granada se enteraron de la parranda por la radio. Al presidente-alcalde Juan Ossorio y su junta directiva no les hizo ninguna gracia ese tomar el buen nombre del club en vano y los excursionistas fueron recibidos de uñas en el entrenamiento del lunes, al que llegaron casi con el tiempo justo todos menos Guerrero, con amigdalitis. Los siete fueron sancionados con el equivalente a media mensualidad de sus salarios (setecientas cincuenta pesetas) e incluso se iniciaron trámites para exigir responsabilidades a los clubs manchegos, pero todo quedó en el enfado y la cosa no fue a mayores, y todos los futbolistas (a excepción de Cuerva) volvieron a ser titulares en la temporada a punto de empezar, que fue buena en términos generales y hasta el final conservó el equipo posibilidades de ascenso a Primera.

HACIENDO AFICIÓN



Venía el Sevilla de caer eliminado en el estadio José Alvalade de Lisboa, en el partido de vuelta de la primera eliminatoria de Copa UEFA, por un gol con el tiempo cumplido que rompía el empate a dos que le habría dado la clasificación. Muchos hinchas del Sporting de Lisboa habían ya abandonado el estadio cuando el disparo del portugués Oliveira a saque de falta rebotaba en Antonio Álvarez y despistaba a Buyo, suponiendo el gol del triunfo local y la eliminación del Sevilla de una competición internacional en la que llevaba años sin participar. Los sevillistas debieron pensar que un equipo rival vestido a rayas horizontales era muy gafe para sus intereses, porque apenas dos semanas después volvían a experimentar algo muy parecido, sólo que esta vez no fue en UEFA, sino en Copa del Rey, el escenario era el bastante más modesto estadio de Los Cármenes y el rival era un recién ascendido a Segunda.

La Segunda B de por entonces, con sólo dos grupos de veinte, no era tan difícil de abandonar como la actual. El Granada, por primera vez en su historia había descendido al tercer nivel del fútbol español pero sólo dos años después había conseguido volver a Segunda. Había por tanto hambre de fútbol entre el granadinismo, que llenó el viejo Los Cármenes para ver al Sevilla de Manolo Cardo y de Pintinho, Álvarez, Buyo, Francisco y otros, que no era como el gran Sevilla actual pero también jugaba en Europa, y para ver al buen Granada que había logrado conjuntar Mesones, que en esos momentos ocupaba puesto de ascenso, tercero en la clasificación de Segunda.

El 19 de octubre de 1983 hizo en Granada una noche de buenísima temperatura, lo que facilitó bastante también que el campo se llenara. Por entonces vivía la afición algo parecido a lo de ahora mismo, con el equipo recién ascendido a Segunda y bien clasificado, y Los Cármenes había vuelto a llenarse con todos los que no habían tenido paciencia como para sufrir dos años en 2ª B.

Yo recuerdo un partido bonito y animado, con unas gradas como hacía mucho tiempo que no se veían, en el que el Sevilla marcó pronto y quiso amarrar esa ventaja que rompía el 0-0 de la ida, y en el último minuto, con gran parte del público ya fuera del estadio (como en el Alvalade), recibió el gol del empate. Como todavía no se había establecido que en los partidos de Copa los goles en campo contrario valieran doble, hubo que ir a la prórroga.

El sensacional cabezazo en el descuento del rubio Lope Acosta, un delantero que tenia mejor pinta que efectividad pero que sin ser alto era capaz de saltar muy por encima de sus marcadores, bastantes se lo perdieron por correr demasiado. Y lo que estaba previsto que acabara al filo de las once de la noche se alargó casi una hora más entre la prórroga y las tandas de penaltis, ya que en total hubo que lanzar dieciséis.

Lo mejor de la noche, lo que todos recordamos más, es lo emocionante que fue el espectáculo. Dicen que el fútbol gusta tanto por su capacidad para emocionar. Y emoción hubo en cantidades industriales aquella templada noche de mediados de octubre. Sobre todo a partir de empezar la prolongación. Los quince minutos del primer tiempo de la prórroga, fueron trepidantes, con un golazo de Tello driblando a Buyo y un segundo de Kostic, aquel excelente y fino aunque algo mermado físicamente media punta yugoslavo que se trajo Mesones del Elche. El 3-1 parecía definitivo pero los sevillanos empataron antes del descanso y tras una segunda parte algo más centrada se llegó al minuto 120 con empate a tres. Penaltis al canto para darle a la cosa mayor emoción si cabe.

Y como los protagonistas eran conscientes del gran ambiente y no querían que decayera, ninguno falló en la primera tanda, así que hubo que ir a la “muerte súbita” para darle otra vuelta de tuerca a la gran efervescencia de corazones galopantes.

Los aficionados granadinistas, como siempre ha sido tradición en los nocturnos, habían acudido al estadio bien provistos de comestibles y bebestibles. Mi compadre Antonio celebraba su cumpleaños y se llevó una damajuana de vinillo costa y una paletilla -que por entonces no ponían pegas en la puerta- de donde catamos y manducamos los diez que por allí andábamos y aún sobró, y a estas alturas y después de casi tres horas de trasegar no necesitábamos de mucho para animarnos. Allí estuvimos hasta el final disfrutando del emocionante partido que todavía guardaba varias “perlas” para el recuerdo, como la gran ovación y los gritos de ¡Pepe! ¡Pepe! con los que consolar a un destrozado Macanás que estrelló en el poste su lanzamiento, sexto para el Granada, que hubiera dado la clasificación tras el fallo del sevillista Francisco.

Si las fuertes emociones vienen a tener un final feliz, mucho más dignos de recordar resultan los acontecimientos. Cuando ya en el penalti quince falló Magdaleno y Tello en el de dieciséis acertó a marcar dando el pase al Granada para la siguiente ronda, la alegría del granadinismo es fácil de imaginar y la explosión de entusiasmo pudieron oírla desde el Zaidín.

Al Granada no le era vital ganar aquel partido ni allí se ventilaban grandes cosas, tan sólo la satisfacción de pasar a la siguiente ronda de Copa y de paso soñar con la visita de algún grande. El partido tampoco se puede decir que resultara un dechado de perfecciones si atendemos exclusivamente a lo que se considera balompié elaborado. Pero –afortunadamente para los futboleros- el fútbol tiene otros alicientes y aquella noche hubo una conjunción perfecta de ellos para que resultara una velada inolvidable.

MÁS QUE UN HAT-TRICK



Que me perdone el amigo Manolo Martínez por discrepar de su sapiencia pero a mí, al repasar mis datos, me salen no tres sino hasta cinco futbolistas del Granada que a lo largo de toda su historia consiguieron en un solo partido cuatro goles. Pero no se queda ahí la cosa porque, hablando de rematadores granadinistas en estado de gracia una tarde, el número se eleva hasta once si tenemos también en cuenta a los que fueron capaces de marcar no ya cuatro sino hasta cinco o seis goles (récord en la historia del Granada CF) de una tacada. Como no podemos obsequiarlos con un sombrero o un balón, al menos los rescataremos del olvido. Con Geijo son ya diez los granadinistas que hicieron más que un hat-trick, es decir, que marcaron más de tres goles en noventa minutos.

Los dos primeros de la historia se dieron curiosísimamente en el mismo partido. Que un equipo derrote a otro de su misma categoría por 11-0 ya es por sí inusual, y si resulta que los once goles se los reparten sólo dos futbolistas es aún más sorprendente. Pero es justo lo que ocurrió el 23 de abril de 1933 en el campo de las Tablas, cuando el Recreativo, recién cumplidos sus dos primeros años de vida, fulminó al Xerez (no el actual) en la quinta jornada de la liguilla de ascenso de 2ª Regional a Tercera división que concluiría con el segundo ascenso de la historia del club. La goleada, que sigue siendo casi setenta y ocho años después la mayor de la historia del Granada CF en partido oficial, se la repartieron a razón de Pepe Carmona (6) y Juanele (5). José Carmona Ros estableció esa misma tarde el récord de ser el granadinista que más goles consiguió en un partido, récord que ostentaría en solitario hasta que en 1942 César lograra igualarlo.

Todavía en tiempos del Recreativo, pero ya después de la guerra, en la 39-40, el delantero Sosa consiguió los cinco goles que se llevó el Rácing de Córdoba de su visita a Los Cármenes. Fue el 7 de enero de 1940 y el Recreativo, en pugna con el Cádiz por el ascenso a Primera, no tuvo excesivos problemas para derrotar (5-2) al club cordobés. El delantero centro canario Luis Sosa (no confundir con el medio Valentín Jorge Sosa) o Sosa I, aparece según el medio consultado como autor de los cinco goles o como autor de sólo cuatro, porque en el quinto el último en tocar el balón fue un defensa rival. En la misma temporada, sólo un mes después, hubo otro “pentagoleador”, Nin, que reaparecía por lesión del anterior, Sosa, y en el Recreativo 7 Onuba 2 de la jornada 10, jugado el 4 de febrero de 1940, fue autor de cinco de los goles (uno de penalti) que encajaron los onubenses.

Ya en la temporada del estreno granadinista en Primera, la 41-42, César igualó el récord de Pepe Carmona al perforar la meta del Castellón en seis ocasiones del total de 7-3 que disfrutaron los hinchas de aquel Granada de Marín, Trompi (quien marcó el otro), César, Bachiller y Liz, que es el de mayor poder goleador de toda la historia rojiblanca. Fue el 22 de abril de 1942, en la antepenúltima jornada, y el triunfo dejaba casi sentenciada la permanencia del Granada en máxima categoría a poco más de una semana después de haber sufrido el gran mazazo que supuso la muerte del mítico Alberty.

El catalán Nicola tiene también su sitio en este selecto grupo. Y su hazaña también es de Primera. El 25 de febrero de 1945, jornada 19 de la 44-45, el Granada derrotó al Sabadell 5-0 y cuatro goles salieron de sus botas (Mas consiguió el otro). La amplia victoria llegaba ya en la recta final del campeonato, pero de poco servía para evitar la promoción que traería el primer descenso de la historia.

El siguiente es el ariete Morales, que en la 49-50, el 18 de diciembre de 1949, marcó cinco del 8-1 endosado al Levante en el último partido de la primera vuelta. La historia de lo que le ocurrió al equipo la semana previa a este partido es curiosa. Resulta que el Granada había jugado el domingo anterior en el campo del Alcoyano, de donde salió derrotado 2-1, cosa que trajo la pérdida del liderato del grupo II de Segunda que venía ocupando desde casi los primeros compases de liga. A la vuelta de Alcoy, ya el lunes y nada más pasar Baza, a la altura de Baúl, una fuerte nevada bloqueó al autobús en mitad de la carretera, de modo que no quedó más remedio que echar pie a tierra y buscar algún sitio donde guarecerse. Desde luego, eran otros tiempos en los que no ya no había móviles sino ni tan siquiera fijos por esas cortijadas de Dios de la zona norte de nuestra provincia, por donde se vio obligada a deambular toda la expedición granadinista, con el míster Cholín al frente. Tres días con sus noches estuvieron desaparecidos hasta que por fin y después de mil peripecias consiguieron los futbolistas rojiblancos arribar a la capital en un tren de mercancías ya el viernes de madrugada. Otros tiempos sí, porque sin apenas entrenar, los mismos que jugaron en Alcoy con el único cambio de Trompi por Sosa, vapulearon al Levante con los cinco goles de Morales y uno cada uno de Megino, Mas y Fraga.

Viene después el Valenciano Rius, el único de la lista que no era propiamente delantero, que fue autor de cuatro goles en el 6-2 que se llevó el Badajoz el 27 de diciembre de 1953, partido que suponía el debut en el banquillo del míster Adolfo Bracero tras sustituir a Manolo Ibáñez. Rafa marcó los otros dos. La temporada 53-54 fue buena en líneas generales y en ella faltó poco para el ascenso a primera, del cual se perdió toda posibilidad justo en el partido de vuelta en Badajoz, en la última jornada. Fue este ejercicio balompédico pródigo en goleadas en Los Cármenes: 6-2 al Mallorca, 6-2 al Badajoz, 7-0 al Melilla, 4-0 al España de Tánger y 7-1 al Castellón. Y fue en esa goleada al Castellón (14 de febrero de 1954, jornada 21) donde se repitió este mismo año el que un granadinista marcara cuatro goles en una tarde; fue Rafa, el máximo goleador rojiblanco de toda su historia, el autor de los cuatro primeros goles; Arsuaga, Padilla y Sueza de penalti completaron el tanteador.

Hasta el sábado 13 de noviembre de 2010 en que Geijo le endosó cuatro al Barça B, la última vez que un jugador granadinista consiguió esa proeza fue cuarenta y cuatro años, un mes y veinticinco días atrás. El 18 de septiembre de 1966 es una de las fechas más señaladas de la historia rojiblanca pues esa tarde-noche, con inauguración de los focos de Los Cármenes en partido oficial, el Granada, recién ascendido a Primera, humilló 6-2 a todo un Zaragoza, vigente campeón de Copa y que no hacía ni dos años había ganado la Copa de Ferias (precedente de la UEFA), con Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra (los “cinco magníficos”) y varios internacionales más en sus filas. El ariete Miguel fue autor de cuatro de los goles y Vicente y Agüero completaron el escardón. Era la segunda jornada de aquella liga que empezó muy bien para los nuestros pero que acabó en descenso al perder la promoción con el Betis, aunque sólo un año después se recuperó la máxima categoría y se inició lo mejor de la historia rojiblanca.

TEMPLO DEL YO COLECTIVO Y MÁS COSAS



El viejo campo de la carretera de Jaén fue mientras existió «el templo en el que localizar la fuerza simbólica del yo colectivo» del granadinismo, según frase de Ramón Ramos en “Adiós a Los Cármenes”. Detrás de sus tapias y durante sesenta y un años cada domingo, día de culto por excelencia, se celebraba la comunión de los adeptos en la fe rojiblanca (antes blanquiazul). Pero además de escenario de las dichas y desgracias de nuestro equipo, también tuvo otros usos el coliseo que respondía al bonito nombre de Los Cármenes durante los sesenta y nueve años en los que sus muros permanecieron en pie.

Su fin principal, aquel para el que se construyó en 1934, fue el de servir de terreno de juego al equipo de fútbol de la ciudad, cosa que cumplió hasta 1995. Pero en ese periodo también sirvió alguna vez como campo propio o local a otras formaciones, por ejemplo y refiriéndonos exclusivamente a partidos oficiales, al CD Málaga en su última temporada de vida (octubre de 1991), y también a nuestra selección (noviembre de 1971). Además, en su terreno se disputaron alguna vez competiciones de otros deportes como rugby, atletismo, baloncesto, balonmano.

Otro uso que tuvo fue el de servir de plaza pública para la celebración de un multitudinario mitin convocado por la coalición de partidos de izquierdas “Frente Popular”, para pedir la anulación de los resultados en la provincia de Granada de las elecciones generales celebradas dos semanas atrás. En esta ocasión las pasiones que vieron y sintieron sus piedras no fueron deportivas sino políticas. Tras el mitin y en un clima bastante caldeado, una gran manifestación partió de Los Cármenes y recorrió las principales calles de nuestra ciudad. Esto sucedía el domingo 9 de marzo de 1936 y fue el prólogo de los gravísimos sucesos que ocurrieron al día siguiente, día de huelga general en el que ardieron varias iglesias además del Teatro Isabel La Católica de la plaza de los Campos y las oficinas y talleres del diario Ideal, en la calle San Jerónimo.

También alguna vez fue Los Cármenes templo, pero en sentido literal, no figurado, como cuando sirvió para que alguna confesión religiosa celebrara en su césped y en sus gradas actos masivos de bautizo de nuevos prosélitos. Sin olvidar que también sirvió como recinto artístico para los shows de figuras como Miguel Ríos o Rocío Jurado.

Siempre, como se ve, su principal función fue la de servir de local en el que se celebraban actos de marcado carácter humano y fastos dirigidos al espíritu de las personas. Sin embargo sus últimos años de existencia son también los de su conversión en objeto bien prosaico, cuando de templo pasó a la mucho más pedestre condición de polvoriento garaje. Claro que puestos a resaltar aspectos materialistas del viejo estadio, paradójicamente, cuando más se puede hablar de ellos es precisamente cuando ya no tenía existencia material, cuando de su vida sólo quedaba el recuerdo pero seguía alimentando quimeras en forma de una hipotética sentencia favorable que reportaría a la entidad una lluvia de millones que todo lo solucionaría.

Además de todo eso, como se ve en la foto, de la portada de Ideal de 28 de enero de 1951, también sirvió alguna vez Los Cármenes como capilla ardiente para los restos mortales de tres hombres del fútbol fallecidos en accidente de tráfico, los futbolistas del Melilla Martín y Mamblona y el masajista Manuel Salvador, que viajaban de Málaga a Alicante y en Loja su autobús fue embestido por un camión cargado de alcachofas resultando muertos en el acto. El primero de las tres víctimas se llamaba Juan Martín López y era un delantero centro, granadino de nacimiento, que había militado en el Granada CF en la temporada 42-43, aunque sólo intervino en amistosos y no llegó a debutar en partido oficial.