EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



miércoles, 1 de agosto de 2012

EL LAURO DEL HONOR



Quiero felicitar (y felicitarme) al granadinismo mientras se baña en las Batallas. Y como de batallas hablamos ahí va otra batallita, ésta sobre ascensos rojiblancos y blanquiazules. El ascenso de categoría es la culminación del sueño del hincha del modesto. Y en el caso de nuestro Granada para qué vamos a hablar. Después de veintidós años ausente de los grandes y los medianos escenarios futboleros españoles y unos cuantos de penar en estadios que ni merecerían ese nombre, por fin vemos la luz al final del túnel. El grueso de la hinchada granadinista sabe que su equipo jugó muchos años en Primera y en Segunda (47 entre ambas, ahí es nada), pero sólo lo conoce de oídas. Por estos jóvenes que lo más alto que han visto al Granada ha sido en 2ª B me alegro especialmente y a ellos va dedicada esta semblanza.

El ascenso del Granada en Alcorcón es el que hace el número once en toda su historia. En sus setenta y nueve años de vida (repartidos en setenta y seis ligas a razón de una en 3ª Regional (equiparable a la actual 1ªAndaluza), una en 2ª Regional Preferente (equiparable a la actual Tercera), cinco en Tercera, veintidós en 2ª B, treinta en 2ª A y diecisiete en 1ª) hemos vivido ascensos de todo tipo: de despacho (31-32), ganando una liguilla (32-33, 34-35 y 40-41), ascendiendo de forma directa (56-57, 67-68, 82-83 y 86-87), superando una promoción (65-66) y en eliminatorias de ascenso (2005-06 y 2009-10) que podrían ser equiparables a lo que siempre se conoció como promoción.

Obviamente, un ascenso no es algo que se consiga por un solo partido o que haya que agradecer sólo a algunos pocos, sino que suele ser el fruto de un trabajo realizado a lo largo de meses y en el que ha participado una multitud de personas, desde la directiva hasta la misma afición. No obstante hay determinados paisajes y personas que en los once ascensos granadinistas tuvieron un especial protagonismo.

El escenario en el que pudo desbordarse la alegría, o sea, el lugar en que se dieron las circunstancias necesarias para que las matemáticas nos dijeran que ya, pasara lo que pasara, el ascenso no se escapaba, tiene su importancia. De los once ascensos sólo dos se produjeron en nuestra tierra, pero ninguno pudo celebrarse sobre el césped del que fuera buque insignia y santo y seña del granadinismo, el viejo Los Cármenes, ya que el partido decisivo que dio el ascenso a Segunda de la 34-35, frente al Malacitano, se jugó en el campo de las Tablas, y en el otro ascenso granadino, el de la 2005-06, el partido que lo produjo fue como todos sabemos frente al Guadalajara en el nuevo Los Cármenes. Los restantes nueve ascensos se consumaron lejos de Granada: Madrid (en algún despacho de la Federación), Jerez, Castellón, Almendralejo, Málaga, Palma de Mallorca, Algeciras, Zaragoza y Alcorcón.

Por su parte, los entrenadores de los ascensos no son once ya que en los dos primeros de su historia no existía esta figura en el club y sus veces las desempeñaba normalmente el futbolista que era capitán. Así que el primer míster a quien hay que agradecer un ascenso es Antonio Rey, y es el de la temporada 34-35. Le siguen: Victoriano Santos (40-41), Pasarín (56-57), Kalmar (65-66), Joséito (67-68), Ruiz Sosa (82-83), Joaquín Peiró (86-87), José Víctor (05-06) y Fabri González (09-10). Aunque en esta lista sería de justicia dar entrada a alguno más, como Álvaro Pérez (56-57), Kiki Barón (2005-06) y Álvarez Tomé, que fueron destituidos antes de concluir una temporada que acabó en ascenso, porque qué duda cabe que también a ellos habría que agradecer que las cosas acabaran como lo hicieron.

Los presidentes de los ascensos son: Enrique Carmona Ros, Gabriel Morcillo, Matías Fernández-Fígares, Ricardo Martín Campos, José Bailón (en dos ocasiones), Cándido Gómez (también en dos ocasiones), Alfonso Suárez, Francisco Sanz y Enrique Pina.

En cuanto a las celebraciones granadinas en cada ascenso, hay que decir que en los tres primeros que en la historia han sido, los de la República, no hubo tal celebración, o sea, no hubo bullas de aficionados celebrándolo por las calles con cánticos y hurras. Pero en 1934 sí que hubo otra clase de bullas, las que provocaron algunos forofos recreativistas a pedradas contra los hinchas forasteros que en varios cientos se desplazaron a nuestra ciudad. La tarde en que el Recreativo ascendía a segunda en el campo de las Tablas al vencer al Malacitano 2-1, 18 de noviembre de 1934, acabó entre cargas de la Guardia de Asalto contra los energúmenos de las pedradas y entre carreras de urgencia hacia la casa de socorro.

Los demás sí fueron celebrados como la cosa merece. Especial recuerdo dejó la celebración del primer ascenso a máxima categoría, el 9 de abril de 1941, en el que toda Granada se echó a la calle para recibir a los héroes que venían de Castellón donde tres días antes habían ascendido a Primera, con comercios cerrados para la ocasión y con recibimiento multitudinario (en la foto, el autobús en el que viene la expedición granadinista, en la Gran Vía, a la altura del Americano) seguido de recepción institucional en el Ayuntamiento y de acto de acción de gracias en la Basílica de la Virgen de las Angustias. Todos los demás ascensos se han celebrado de forma más o menos parecida, pero alguno de ellos apenas logró concentrar a un puñado de fieles. Así hasta el 25 de junio de 2006 en que se introdujo (otros tiempos, otras modas) la novedad del baño colectivo en la fuente de las Batallas. Servidor es de otra generación y al remojón no le acaba de ver su aquel, pero tampoco tiene nada contra estas inmersiones siempre que se hagan con respeto al mobiliario urbano y a la paz ciudadana. Sea como sea, me bañaré, sí señor, me bañaré para celebrar la gran alegría del ascenso, pero será por dentro y no precisamente con agua. ¡Marchando una Alhambra rojiblanca!

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