EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



miércoles, 1 de agosto de 2012

LOS MALOS



Son aproximadamente mil nombres propios los que componen la nómina de jugadores del Granada CF desde que existe, es decir, desde 1931 hasta el momento presente. Como corresponde a un club de solera, hay entre ese millar nombres ilustres (incluso muy ilustres) del fútbol español y mundial. Pero también hay otros que nada tienen de insignes. De todo tiene que haber, dice el dicho, y hay que observar que la misma solera que sirve para poder citar con orgullo nombres muy nombrados, a la vez tiene su lado oscuro, porque no se puede pretender que en el millar de nombres que casi ochenta años han producido todos sean sublimes, eso ni el R. Madrid. Así que quiero ocuparme ahora de aquellos otros granadinistas que si son recordados no es precisamente por sus virtudes futboleras. Son los malos.


Cronológicamente empezamos por los tiempos del todavía Recreativo, el de la 35-36, y podemos citar el nombre de un defensa italiano, un tal Bianchi, Angelo de nombre, que vino patrocinado por Lippo Hertza, que además de míster era intermediario. Sólo intervino en tres partidos del no oficial Torneo Superregional Andaluz que se disputó como prólogo a la liga de verdad, la de Segunda, y desde el primer momento desató todo tipo de comentarios desfavorables, hasta que, en palabras de José Luis Entrala, se vio que era una mole pesada y se le devolvió a su Venecia natal.

En la 41-42 vino de Cataluña un portero muy joven, menos de veinte, Martí, que enfermó y se tiró el año en blanco. Después dejó de estar (no de ser) malo, pero seguía sin jugar o lo hacía de Pascua a Ramos. Hasta que le llegó su oportunidad en la 44-45. Al parecer era de ese tipo de guardametas casi más preocupados de quedar bien en la foto que de ser efectivos. El caso es que sus cantadas pusieron de los nervios a más de uno y son famosos los goles tontos que encajó en el partido de promoción frente al Celta, que costaron el primer descenso, así como el gol entre las piernas que le marcó el Coruña a la temporada siguiente, ya en Segunda, que nos dejó fuera de las posibilidades de ascenso.


También de los años cuarenta es obligatorio nombrar a Uría, el amnésico. Era éste un delantero que había jugado varios años en el Murcia y que había sido bastante goleador. Con esa fama lo fichó el Granada en la 42-43, después de quedarnos sin César y sin Cholín. Pero en su debut se dedicó a pasearse por el campo sin querer saber nada de lo que allí se ventilaba. El “hombre adoquín”, lo llama Saucedo en Patria. Paco Bru tuvo que optar por quitarlo y jugar con uno menos para que al menos no estorbara y porque los hinchas querían asesinarlo mientras el Coruña se llevaba los dos puntos.


Los futbolistas húngaros hasta los sesenta siempre salieron buenos. Hay uno que no, un tal Otto que fichó el Granada en la 50-51. Vino acompañado de un compatriota suyo que se llamaba Licker, y que sí era por lo menos aprovechable. Como después ha pasado otras veces en la historia del Granada, sucedió que por algún tipo de problema burocrático no pudo este Otto jugar en media liga y en ese tiempo despertó grandes ilusiones y la hinchada creyó que era una perla, pero lo que sucedió es que cuando por fin pudo jugar se vio que el tal Otto no le daba a un cerro. A pesar de todo estuvo dos temporadas pero sólo jugó cuatro partidos.


Hablo de los que van por delante sin saber en realidad, puesto que no los vi nunca jugar. Lo que sé sobre ellos lo he sacado sobre todo del maestro Entrala y también de las hemerotecas. Con algo más de propiedad puedo hablar de otros que ya sí pertenecen a mis recuerdos. Como aquel delantero centro, Lis, de los setenta, especialista en tirarla fuera. O como aquel, noruego creo que era, Husby, que daba vacaciones a los defensas contrarios y se marcaba él mismo. O como el hermano mediano del Pelusa, que nos fuimos hasta Argentina y pagamos por él un pastón cuando en mi pueblo hay chaveas que rinden mucho más en un campo de fútbol.


El que bate todos los records de ineptitud futbolera es un tal Cabral, paraguayo (o eso decían sus papeles) incorporado en la 73-74 después de que media España no lo quisiera, y que sólo en una ocasión jugó unos minutos con el Granada en partido oficial en los dos años que estuvo. La planta del tal Cabral era digna de un estudio antropométrico con el que sacarse un doctorado. La cabeza se le hundía entre los hombros, y la espalda a simple vista presentaba rasgos escolióticos (si se dice así). En liga nunca jugó, pero en el Campeonato Andaluz de Reservas sí pudimos ver su chepa y sus negadas aptitudes para el balompié. El granadinismo de por entonces se tomaba a pitorreo al pobre Cabral y se reía en sus barbas de sus escasas dotes. Es que Candi fichaba lo que le traían y algunos más que él buscaba, aunque tuvieran dos cabezas, con tal de que vinieran del otro lado del charco. Mientras tanto algunos buenos futbolistas granadinos, mucho más baratos y mucho mejores o emigraban o no pasaban del filial de Tercera.


Hay otros nombres que también podrían merecer algunas líneas: Uilian, un delantero brasileño que aseguraba que de treinta goles no bajaba y que era lo que se dice un auténtico mazo con problemas de movilidad, que le colocaron a D. Salvador Muñoz en lugar de otro brasileño que se llamaba igual y que por muy malo que fuera seguro que algo más servía. Otros: Sabin Bilbao, Chuchi Macón, Roberto Martínez, Felipe, Simón.


No pretendo que esto sea una clasificación exhaustiva de tuercebotas en rojiblanco (o blanquiazul) ni plantear una especie de ajuste de cuentas con aquellos que quizás no daban la talla balompédica exigible para haber pertenecido a nuestro glorioso equipo. Creo que tratándose de la cuestión que se trata hay que dar aquí entrada al subjetivismo más subjetivo. Seguro que ni están todos los que son ni son todos los que están. Sólo se trata de una muy particular relación de ”maderas” granadinistas. La cosa quedaría más completa si con comentarios a pie de post cada uno de los lectores (alguno habrá aparte de los amigos Entrala, Doña y Raulillo, saludos) diera también su personal relación de mantas rojiblancos.

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