EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



lunes, 28 de julio de 2008

FERNÁNDEZ: PASARÁ EL BALÓN PERO NO EL HOMBRE



Pedro Fernández Cantero llegó al fútbol español desde su Paraguay natal fichado por el Barcelona como oriundo en 1967, a sus veintiún años. Una vez en Barcelona no jugó mucho que se diga: en su primera campaña, la 67-68, el míster culé, Artigas, no le dio ni siquiera una oportunidad. Y en su segundo ejercicio como blaugrana disputó un total de siete encuentros, con la particularidad de que en todos menos uno actuó lejos del Camp Nou. Su especialidad era marcar al hombre más peligroso del equipo contrario en unos tiempos en los que casi todos los técnicos diferenciaban bastante entre los partidos de casa y los de fuera, ya que hay que tener en cuenta que entonces no existía la posibilidad de cambiar a un futbolista de campo a lo largo de los noventa minutos. Su único partido ante su público fue precisamente el último como barcelonista y último también de la 68-69. Ya habíamos tenido oportunidad de verlo en Los Cármenes cuando en la jornada cuatro de la 68-69 nos visitó con el Barcelona en un partido que supuso la primera victoria (1-0) de aquella liga en la que el Granada, dirigido por Marcel Domingo, iba a conseguir igualar su mejor clasificación histórica hasta ese momento.

A Granada llegó en la 69-70, convirtiéndose desde entonces en un granadino más. Y su llegada a nuestra tierra fue como parte del pago por el traspaso de Ramoní (no confundirlo con el jugador del mismo nombre que fue granadinista a finales de los cincuenta) al club blaugrana, centrocampista que había pertenecido al Español y había sido internacional en categorías inferiores y que en el Granada apenas jugó. El Barça lo compró a Candi por una cantidad (que no podemos precisar) y dos futbolistas a cambio: Fernández y Juanito, delantero gaditano este último que estuvo dos temporadas en el Granada y jugó muy poco pues siempre estaba lesionado.

Pronto se convirtió Fernández en un jugador muy querido de la hinchada, que siempre premia la entrega total, su principal virtud. Y su aportación en defensa fue clave en el mejor Granada histórico que empezaba a fraguarse. Los que tuvimos la suerte de verlo jugar lo recordaremos siempre como el muro de contención que era, con sus buenas estatura y envergadura, que le hacían pegarse a la estrella más peligrosa del rival de turno hasta aburrirlo en no pocas ocasiones. A este respecto es de destacar el gran marcaje que le hizo a Cruyff en su primera comparecencia en Los Cármenes, en marzo de 1974, en que dejó inédito al astro holandés. A pesar del escándalo “Franco” que supuso aquel partido, hay que destacar la gran limpieza que puso en su labor.

¿Tenía Fernández instinto asesino? ¿Lesionó a media liga española? ¿Fue protagonista principal de numerosos y sonados affaires de finales de los sesenta-principios de los setenta? Un santo no era Fernández, no. Tenía sus “cosillas” y el mostrar bien de cerca los tacos a los contrarios era marca de la casa, tal como se aprecia en la foto. Pero valga en su descargo el detalle de que al menos iba siempre de frente, no se escondía, como sí que hacía su más famosa pareja de “baile”, Aguirre Suárez.

A partir de la llegada a Granada de, Aguirre Suárez, se van a suceder los escándalos y empieza la leyenda negra del Granada CF, pero ya antes había tenido Fernández sus más y sus menos con algún madridista, como se aprecia en la foto y en el texto que la ilustra, de la revista Real Madrid de noviembre de 1970 y referido al partido R. Madrid 3 Granada 2, jornada tres de la 70-71:

«La fidelidad del documento gráfico nos podría ahorrar cualquier comentario. Pero no queremos privar a nuestros lectores de una información más precisa sobre esta jugada y sus antecedentes. El número 6, que confunde la cabeza de Pirri con el balón, es el medio del Granada Fernández. La foto corresponde al partido jugado en el estadio Bernabéu el pasado 27 de septiembre, en el que una vez más se calificó a nuestra delantera de poco eficaz, a pesar de marcar tres goles y de tener que habérselas (sic) con defensores como este Fernández, que, por cierto, tiene su historia. Fernández es paraguayo y ya estaba en el Granada cuando lo entrenaba Néstor Rossi. De Néstor Rossi son estas declaraciones, aparecidas en “El Gráfico”, de Buenos Aires, el 4 del pasado agosto: «Cuando jugábamos con el Real –cuenta Rossi- les hablé a todos (se refiere a los jugadores) con fuerza, diciéndoles que el partido era muy importante, que había que ir con todo. Y con su acento guaraní (Fernández) me contestó: “A Amancio déjemelo a mí, míster...” ¿Sabe lo que le hizo? Le dio un patadón en una rodilla que casi lo mata.» Ahora sí que sobran los comentarios.»

Como se ve, lo de Fernández con Amancio venía de antiguo, seguramente de su época barcelonista. Y es que, aparte de la “leyenda negra” rojiblanca, Fernández tiene también su personal y muy oscura leyenda que le asociará siempre con el nombre de Amancio Amaro, el sensacional jugador gallego tantas veces internacional y del que se puede decir que marcó época, como antes lo hizo Di’Stéfano y después lo haría Butragueño. El escándalo nacional que levantó la fea acción de Fernández sobre Amancio en Los Cármenes, en partido de copa al finalizar la 73-74, casi le cuesta la salida del club rojiblanco. Todavía permanecería en Granada cuatro temporadas más, convirtiéndose en el futbolista que más partidos ha jugado como granadinista en primera división.

Era un jugador todo ardor y entrega, y granadino de corazón, de ese corazón que ponía siempre en todas sus acciones. Aún después de los treinta y seis años transcurridos, todavía veo con nitidez aquel balón suelto que recogió y desde cuarenta metros y con un zambombazo clavó en la escuadra derecha de García Remón, en la portería de la cárcel; me recuerdo viéndolo desde la perpendicular de la portería contraria y cantando el gol decenas de metros antes de que el balón llegara a la red. En aquel disparo iba su alma. Y la vez era un desquite por lo ocurrido en el partido de ida, en el Bernabéu, cuando fue pateado por varios merengues y expulsado en camilla.

Fernández era duro, muy duro, pero a un hincha que no le vengan con ésas. Era de esos jugadores que ya pueden hacer lo que quieran sobre el césped, que los fieles a los colores rojiblancos se lo reconoceremos siempre, porque, en definitiva, qué es el fútbol sino una pelea de corazones. Y para derrochar corazón nadie como Pedro Fernández sobre un terreno de juego.