EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



viernes, 11 de julio de 2008

EL POZO AIRÓN


¿No es absurdo que resulte más fácil para un club de fútbol subir a Primera que a Segunda? Que se lo pregunten al Baracaldo, club que tiene el récord de liguillas de ascenso fallidas: hasta en ocho ocasiones ha disputado una liguilla para intentar ascender a Segunda A, con resultado de fracaso en sus ocho citas. O al Gramanet, que le sigue en ese dudoso ranking, con siete participaciones y otros tantos chascos. O a la Leonesa, con seis batacazos de seis. El Alavés en su día necesitó de hasta cinco intentos consecutivos para dar el salto hasta que por fin lo consiguió. Otros equipos como el Castilla, el Burgos o el Jaén también saben lo que es fracasar en distintos intentos para dejar atrás el maldito bronce del balompié español. Algunos otros clubs, tras estrellarse reiteradamente con los play offs acabaron sucumbiendo. Otros, más afortunados (que no mejores equipos), sólo necesitaron un intento para convertirse en clubes de Segunda A. El Granada, con cuatro intentos fallidos, es otra víctima de este absurdo sistema de ascensos.

Y es que, al estar las dos primeras categorías del fútbol español regidas por un organismo distinto al que se ocupa del resto de competiciones, se dan estas cosas. De esta forma el embudo que hay entre la segunda y la tercera (o 2ª B) siempre va a actuar como una lotería, porque más que primar a los equipos que han sido más regulares, lo que hace es que la mayor parte de lo que se ventila (en algunos casos, a vida o muerte) se deje a factores que no se pueden prever, como una buena o mala tarde. Y ese embudo se convierte a veces en una guillotina en la que van a fenecer los vencidos. En cualquier caso, mientras entre ochenta clubes sólo cuatro obtengan premio, a nosotros nos parece algo injusto y la tercera categoría será siempre así un pozo insondable del que es muy difícil escapar. Buscando primar a los campeones de grupo se nos viene una reforma de los play offs, pero para mí que poco va a hacer para evitar que siga siendo muy difícil dar el salto al fútbol profesional.

Naturalmente la LFP nunca va a admitir más miembros en su exclusivo club, que no están los tiempos para alimentar nuevas bocas y el pastel cada vez es menos suculento, pero no estaría de más que un clamor popular o la intervención de algún organismo superior reivindicara una reestructuración de las dos primeras categorías de nuestro balompié. No sé, algo así como reducir a dieciocho los equipos de Primera y crear dos grupos (norte y sur, como fue norma en nuestro fútbol muchos años) del mismo número de componentes. Eso al menos mientras la Segunda B esté como está ahora mismo, de esa forma habría más posibilidades de abandonar la maldita categoría. Por una vez estaría bien que alguien se acordara de los clubes humildes, tan necesarios como los súper poderosos para que esta feria siga siendo lo que es.

En la línea de lo expuesto, no puede uno evitar evocar aquella infernal tarde gris en la que se derretían los sesos, y las lágrimas no llegaban a aflorar porque antes se evaporaban. Aquella aciaga tarde cuyo resultado negativo tanto influyó en los convulsos momentos que vinieron poco después y que casi acaban con el club. La última, por ahora (siempre por ahora), en la que tocábamos la Segunda A para al final sólo cosechar maldiciones a nuestro destino y a esta cruel sinrazón a la que parecemos condenados. Si con: Notario; Torres, Paco García, Tabuenka, Méndez; Jubera, Pascual, Capi, Navarro; Ismael y Huegún, no lo conseguimos, un servidor, de naturaleza más bien pesimista, se dice siempre para sí que sólo la providencia podrá alguna vez ayudarnos a dejar atrás el gafe.

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