EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
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jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



lunes, 1 de septiembre de 2008

1991 IN EXTREMIS. ADIÓS A UN HISTÓRICO



Murado apenas comenzada la temporada 90-91 decidió que ya estaba harto de echar dinero y energías en un saco sin fondo e intempestivamente se llevó sus “casicas” dejando tras de sí un solar, o lo que es lo mismo, un club en completa desorganización y endeudado hasta las cejas; se calcula que la deuda en estas calendas ha superado ya los ¡¡¡1.000!!! millones. La comisión gestora que se hizo cargo del poco apetecible plato, presidida por Gerardo Cuerva, consiguió terminar la temporada y finalmente encontró a un valiente que se hiciera cargo del incierto porvenir del Granada CF de nuestras cuitas, D. José Aragón, que de esta forma volvía a hacer de apagafuegos cuando nadie daba un duro por el club. La espantá de Murado ha supuesto que una vez finalizada la temporada 90-91 es el Granada una entidad sin futbolistas y sin apenas socios, y con un futuro inmediato bastante dudoso.

En estas estamos cuando una de las primeras noticias con que nos obsequia la pretemporada rojiblanca, a finales de julio de 1991, es que el Granada debe pagar algo más de sesenta millones antes de que acabe el mes en curso o de lo contrario le espera el descenso a Tercera. Y es que todos -sin excepción- los futbolistas que componían la plantilla de la temporada terminada han denunciado el impago de sus contratos ante la AFE. José Aragón, que apenas lleva un mes en el cargo se encuentra con este auténtico marrón tirando más bien a negro negrísimo.

Virguerías de las de verdad tuvo que hacer la nueva directiva para buscar los 60 kilos que se necesitaban. De esa cantidad la mitad la aportó el ayuntamiento y de la otra mitad se consiguió reducir unos once millones en base a que los pocos jugadores con contrato profesional que se quedaron (sólo cuatro: José Manuel, Peso, Leo y Víctor) retiraron su denuncia. Todavía quedaban por cubrir 22 millones y el plazo se acercaba irremisible. Así, el día 1 de agosto, la sección de deportes de Ideal se abre con el titular: «El Granada, al borde del descenso a Tercera»; y en letras más pequeñas: «El club rojiblanco necesita recaudar 22 millones de pesetas antes de las dos de la tarde». En la misma página, en su lateral derecho, aparece una columna titulada: «Murado afirma que el Granada evitó el descenso en la temporada 89-90 (realmente fue en la 88-89) con alguna cosa»; ya en el texto, extraído de unas declaraciones a Radio Granada, manifiesta que en el fútbol es frecuente el que existan ofrecimientos de compra de partidos y de árbitros, cosa que –dice- no se da en el baloncesto.

Aragón ha de ir de la Ceca a la Meca y de Herodes a Pilatos, como vulgarmente se dice, para sacar de debajo de las piedras los malditos veintidós millones que faltan, pero finalmente lo logra después de que la AFE ampliara el plazo hasta las catorce horas del día 1 de agosto. Casi sobre la hora convenida se consigue un aval del Banco de Granada que salva la angustiosa situación. De esta forma, José Aragón, en una gestión cuyo mérito no le ha sido lo justamente reconocido que merece, evitó una desaparición del Granada CF que ya se daba por hecha en algunos sectores, que barajaban incluso la sustitución del rojiblanco por el blanquiazul del filial Recreativo, a la sazón en el grupo IX de Tercera División. Es la segunda vez (con precedente en 1985) en la historia del club rojiblanco en que se elude un descenso administrativo in extremis. A la tercera, años después, vendrá la vencida.

Antes de este angustioso final de julio ya ha estado la nueva directiva trabajando en la confección de la nueva plantilla rojiblanca 91-92. Han huido todos (menos los cuatro apuntados) los futbolistas de la plantilla anterior. Entre las bajas destaca la de Lina, que después de doce temporadas consecutivas perteneciendo a la plantilla granadinista decide retirarse a pesar de que aún no ha cumplido los treinta. En su última temporada de rojiblanco, la de doce, ha conseguido batir la marca que ostentaba Pepe Millán desde los años cincuenta de ser el jugador granadinista que más partidos oficiales ha disputado.

Como no hay un duro resulta muy difícil encontrar jugadores dispuestos a enrolarse en el equipo en vista de la situación. Sólo se ha podido fichar a jugadores desconocidos, como el delantero Manolo Herrera, y el centrocampista Jiménez, más el regreso de Píriz. Junto a éstos también se ha enrolado a veteranos de cuyo rendimiento se duda, como Moisés, que procede del Castellón y que jugó bastante en Primera con el Sevilla. Pero para veterano, casi anciano, el ilustre (36 años) Antonio Álvarez; sin embargo este jugador permanecerá cuatro temporadas ligado al club rojiblanco en las que dará grandes tardes de fútbol y dejará un gratísimo recuerdo entre el granadinismo como ejemplo de futbolista de clase y honrado a carta cabal, convirtiéndose, a una edad en la que muchos ya llevan varios años retirados, en un nuevo ídolo rojiblanco. Fue sin duda el mejor fichaje de la temporada.

La muy corta plantilla se completa con jugadores del filial Recreativo. Pero en agosto llegarán más refuerzos, entre ellos otro jugador cuyo fichaje también hay que catalogarlo de gran acierto, el gallego José Luis Vara, que tras jugar en Coruña, Betis y Orihuela recalaba en la que iba a ser su casa en los próximos años; otro veterano que daría un magnífico resultado. El hombre contratado para dirigir este Granada es Juan Corbacho, que años atrás había dirigido al Betis en primera división.

Hay trofeo (el XIX) a pesar de todos los pesares, pero vuelve a consistir en plato único. Una vez más el rival es nuestro mejor “enemigo”, el CD Málaga.


Un Málaga en horas muy bajas es el rival del Trofeo Granada 1991. Las dos últimas pretemporadas hemos podido verlo jugar en Los Cármenes, aunque el año pasado lo hizo fuera de cartel, o sea, no participó en el trofeo. Lo habíamos dejado como club de Segunda y tal condición es la que sigue conservando. En la temporada recién concluida ha vuelto a estrellarse contra una fatídica tanda de penaltis que lo ha apartado de la primera división, aunque esta última ha sido para intentar retornar a la categoría que perdió el año anterior por otra cardiaca y fatídica tanda de penaltis.

A las diez de la noche del día 12 de agosto de 1991, sobre un césped por grandes zonas mucho más amarillo que verde (que la gran crisis del club llega también a estos aspectos), Granada: Notario; Padial (Paquito 76’), Leo, José Manuel, Álvarez, José Luis, Peso, Jiménez, Moisés, Víctor (Manolo Herrera 65’) y Píriz (Neeskens 70’); y Málaga: Ignacio; Onofre, Monreal, Zapatera, Adolfo, Jaime (Makanaky 71’), Quino, Villa (Roa 71’), Hurtado (Castillo 46’), Merino (Basti 46’) y José Luis; ante un cuarto del aforo del viejo Los Cármenes ofrecieron un partido bastante malo y aburrido en el que se impusieron los visitantes (1-2) que de esta forma se hacían con su tercer trofeo (ya lo habían ganado en 1979 y 1984). En los prolegómenos, el presidente José Aragón entregó una Granada de oro al míster malaguista y ex jugador y entrenador rojiblanco, Ben Barek. Según la crónica de Ideal que firma Jesús Ortega, el Granada presentó un claro 4-4-2, con líneas muy próximas entre sí, más preocupado de guardar la parcela propia e intentar sorprender al contragolpe; mientras que el Málaga basaba su juego en la presión al contrario para recuperar balones en la zona ancha. Se adelantaron los malacitanos a poco de empezar el segundo periodo por mediación de Quino a pase de Castillo, en jugada de claro fallo de la cobertura local. Empató para los nuestros a diez minutos del final Manolo, en otro fallo defensivo. Y a dos minutos del final, nuevo fallo, esta vez de Notario, y Castillo convierte a puerta vacía para los de la Costa del Sol. Este jugador, granadino de nacimiento pero formado en la cantera malaguista, fue el más destacado del choque.

Como se aprecia en la alineación blanquiazul, en su plantilla se había producido una limpia considerable. Después de estrellarse consecutivamente contra sendas tandas de penaltis que le han apartado de la Primera División, no corren buenos vientos para los vecinos. Se ha confeccionado una plantilla en la que la mayor parte de sus integrantes son muy jóvenes y de su propia cantera, y es que don dinero es el que manda y no hay para más. Y si las dos temporadas anteriores han sido malas por culpa de los malditos penaltis, la que se avecina peor ya no puede ser y siempre estará en la memoria de los aficionados malaguistas porque en ella se produjo la desaparición del club: al concluir esta desastrosa temporada 91-92, ante la perspectiva de un descenso consumado a 2ª B prefirieron los boquerones el harakiri y enterraron al histórico CD Málaga. Así que, sin saberlo, en la calurosa noche de 12 de agosto de 1991 asistimos los granadinos a la última vez que nuestro “enemigo” del alma visitaba nuestra casa. El maldito parné (su falta) acabó con un histórico.

Es de destacar el gesto que la directiva de José Aragón tuvo para con el eterno rival, al que intentó echar una mano cediendo para las últimas ocho jornadas de la liga al ya ídolo de la afición rojiblanca, Antonio Álvarez, que nada pudo hacer para evitar el descenso a 2ª B.

Para servidor en su ya larga trayectoria de hincha rojiblanco el rival por excelencia de los nuestros siempre fue el Málaga, el “odiado boquerón”, pero no crean que me alegré de su desaparición. Con él se iba parte de la historia del propio Granada, que arranca desde prácticamente la fundación de ambos clubes. Hasta ese fatídico 1992 y desde sus respectivas fundaciones Granada y Málaga son equipos con vidas paralelas. Solamente un dato: para ambos son la 71-72 y la 73-74 las mejores temporadas de su historia.

Tras el partido y visto lo visto, nadie da una gorda por los nuestros y este equipo más bien insulso que hemos sufrido, de forma que la venta de carnés está bajo mínimos y apenas se alcanza la cifra de dos mil abonados de los que, recordemos, casi la mitad no pagan por ser de veinte años.


Tras disputarse el Trofeo Granada1991 y en vista del escaso potencial del equipo, continúan las incorporaciones de jugadores al Granada: Verdejo, que regresaba a su casa tras ser titular en el Lérida, de segunda, y cuyo fichaje obedecía al hecho de que Notario estaba a punto de ser traspasado al Sevilla, según aparecía a menudo en la prensa, cosa que no llegó a concretarse; y Barrio, delantero centro gallego que provenía del Sestao.

Y antes de echar a andar la liga hay que disputar la primera eliminatoria de Copa, en la cual los nuestros han de enfrentarse al Jaén, recién ascendido a 2ª B. La ida fue en Los Cármenes el 21 de agosto, y el Granada, con Verdejo; Padial (Píriz 65’), Leo, José Manuel, Álvarez, José Luis, Jiménez, Peso, Barrio, Chori y Moisés (Manolo Herrera 83’), derrotó a los del Santo Reino por 2-0. José Luis hizo el primero al filo del descanso y Moisés el segundo y definitivo a poco del comienzo de la segunda parte. Parecía suficiente renta para la vuelta en Jaén, pero en un partido lamentable tres días después los nuestros cayeron derrotados y eliminados (3-0), con un tercer tanto que llegó en la prórroga.

Y llegan más fichajes: Figueroa, lateral zurdo; Manolo Martínez Toral, defensa izquierdo muy veterano que había jugado bastante en primera en el Barcelona y el Murcia y que fue un buen fichaje; los hermanos Cuenca (Fernando y Ángel), centrocampistas ambos, de los que sólo el segundo fue titular; y el canario Andrés González, que venía del Jerez y antes del Las Palmas, delantero centro que empezó jugando y haciendo buenos partidos hasta desaparecer de las alineaciones por prescripción médica.

Y en la jornada doce se produce el debut de un jugador sobresaliente: Roberto Valverde, que en un inmenso partido en el que hace dos goles, resulta fundamental para la victoria sobre el Jaén (3-1). En realidad no es tal debut porque el bastetano ya perteneció a la primera plantilla en la temporada 86-87; después pasó por el Jaén, donde triunfó plenamente y desde donde dio el salto al Valladolid, de primera, para volver a su tierra en ésta temporada. Con todas esas incorporaciones, la primera vuelta es al menos pasable y el Granada se mantiene en la mitad alta de la tabla, llegando al ecuador con cinco positivos.

En la jornada veintiuno los nuestros consiguen una gran victoria (1-4) en el campo del Badajoz, que acabará proclamándose campeón del grupo y ascenderá a Segunda. Pero a partir de aquí bajan bastantes enteros el juego y los resultados y se van perdiendo cada vez más puestos en la tabla, hasta que en la jornada 28 y tras perder en casa con el Ejido es cesado el míster Corbacho. Le sustituye el entrenador del Recreativo, Pepe Parejo, haciéndose cargo del filial un jovencísimo Lucas Alcaraz. Parejo introduce numerosos cambios en la alineación y opta por dar más minutos a jugadores de la casa, algunos todavía en edad juvenil, manteniéndolos incluso contra la opinión de la grada y la crítica, a las que duele mucho el 6-1 de la jornada treinta y tres en el campo del Marbella. Y en ese afán del nuevo entrenador de dar minutos a jugadores que conoce y que ha promocionado desde el filial, se produce algo insólito y nunca más repetido en la historia del Granada CF.

Cuando el calendario llega a la jornada treinta y ocho y última, en Los Cármenes, los rojiblancos ya nada se juegan porque los cuatro puestos de liguilla hace varias jornadas que han quedado fuera de su alcance. Por otra parte, el rival que nos visita es un equipo ya matemáticamente descendido, el Villanovense. La alineación que presenta Parejo es, del uno al once: Notario, Guti, Paquito, Roberto Valverde, José Luis, Lalo, Neeskens, Padial, Barea, Ángel Cuenca y Chori. En la segunda parte Víctor sustituye a Ángel Cuenca y faltando veinte minutos Ayuso hace lo propio con José Luis. Esos veinte minutos que faltan para el final constituyen un hito en la historia del Granada CF porque por primera vez podíamos ver un once de la primera plantilla rojiblanca formado íntegramente por granadinos. Existían precedentes de onces granadinistas en el que todos eran de por aquí (81-82, 2ª B, Lorca 1 Granada 1; y 84-85, 2ª A, Mallorca 5 Granada 0), pero, aparte de que en las dos ocasiones el hecho se produjo lejos de estos pagos, en ambos casos hubo que improvisar las convocatorias debido a causas de fuerza mayor como es sendas huelgas de futbolistas profesionales. En el caso que nos ocupa ni había huelga ni las lesiones obligaban a improvisar. De ahí lo insólito de lo que ocurrió.

Con el triunfo (3-2: Ángel Cuenca, Roberto Valverde de penalti y Barea) sobre el Villanovense el Granada acababa clasificado en el noveno puesto, con dos positivos, que tendrían que haber sido tres si no fuera porque la victoria en la jornada diez sobre el Huelva (2-1) fue anulada al reclamar los visitantes alineación indebida del canterano Padial y el partido repetido varios meses después acabara con empate a uno.

Así se echaba el cierre a una temporada en la que antes de empezar a rodar el balón se pasaron infinitos apuros y estuvo hasta muy última hora en el aire la continuidad del club rojiblanco. Es una temporada que se puede considerar de transición y caracterizada por el claro divorcio de la afición con su equipo, siendo la tónica de todo el año la escasísima presencia de aficionados en las gradas.

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