EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



martes, 11 de enero de 2011

VILLARREAL B, EL TERCER DESCONOCIDO



El siguiente compromiso granadinista nos lleva a jugar con el tercero y último de los rivales inéditos para los nuestros este año, después de haber visitado ya Soria y Huesca. El filial del puntero equipo amarillo castellonense es el club más joven de la categoría, apenas once son los años de vida con que cuenta el Villarreal B, que se fundó en 1999 y nunca, hasta este momento, ha tenido que competir con nuestro equipo.

No hay por tanto ningún precedente histórico. Sí los hay con el primer equipo villarrealense, aunque muy escasos. Se reducen a tres, dos de liga, los dos que a ida y vuelta nos emparejaron en el calendario del grupo IV de 2ª B 1988-89, y el tercero corresponde al partido de Copa del Rey que en la 2000-01 se jugó en el nuevo Los Cármenes en el que el Granada eliminó en los penaltis al por entonces recién ascendido a Primera Villarreal, después de concluir los ciento veinte minutos con empate a uno.

La única vez que el Granada ha comparecido en El Madrigal fue el 4 de diciembre de 1988, jornada 14 de la 88-89, de tan malos recuerdos. El bastante deficiente Granada 88-89 marchaba hundido en su grupo de 2ª B y a estas alturas ya se había producido el segundo de los cuatro relevos que contempló el banquillo granadinista, que de Lalo pasó a Garre, de Garre a Pachín y de éste a Crispi, para acabar, cerrando el círculo, nuevamente en manos de Lalo, que supo evitar (con una “leve” ayuda muradiana) un descenso a Tercera cantado. Cuando toca viajar a tierras castellonenses, los de Pachín han huido momentáneamente del farolillo rojo después de superar al P. Almería la jornada anterior, pero la contundente derrota en Villarreal (4-1) volverá a colocar a los rojiblancos como colistas del grupo IV.

En esa única visita granadina al Madrigal el gol rojiblanco lo anotó aquel lateral izquierdo vasco, Kike, de tan buena pegada en los balones parados, y lo hizo de acuerdo a su especialidad, de golpe franco directo. Pero dos de los goles de los castellonenses llevaron la firma de un goleador granadino en la emigración, Adriano, natural de Bogarre, al lado de Píñar, que a la temporada siguiente llegó a ser fichado por Murado, deshaciéndose la operación en el último momento por un desacuerdo en la cantidad total a pagar (se habló de treinta millones) por el Granada. Bien que lo íbamos a lamentar porque en la 89-90 toda la segunda vuelta se acusó la falta de un goleador al lesionarse el único de garantía con que se contaba, que era Gilberto. De esta forma pudo el Albacete de Benito Floro abrir una brecha de puntos que resultó definitiva y sin ascenso nos quedamos.

La clasificación histórica del fútbol español nos dice que el Granada ocupa el puesto 25. Sin embargo el primer equipo del Villarreal aparece en el 21 pese a haber jugado casi cien partidos menos en Primera que el nuestro y haber militado seis temporadas menos (es que esa clasificación se hace de una forma injusta a mi parecer, porque se contabilizan puntos reales sin tener en cuenta que hasta 1995 las victorias valían sólo dos puntos). El caso es que el club de Castellón, cuya mayor parte de su historia transcurre en niveles muy bajos, es en la actualidad y desde hace varios años la tercera plantilla de una liga tan cualificada como la española, y es junto a Barcelona, el único que tiene dos representantes en los dos primeros niveles, y lo ha conseguido, por supuesto, con dinero, pero también con trabajo bien hecho. Si esto es posible en una ciudad como la levantina, digo yo que en Granada debíamos tomar nota y aplicar en la medida de lo posible las enseñanzas villarrealenses.