EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



domingo, 25 de marzo de 2012

SIN COMPONENDAS


Granada 3 Sevilla 0

30 de abril de 1972

Estadio Los Cármenes, lleno, veintidós mil espectadores con presencia de unos tres mil hinchas sevillanos en tarde primaveral. Partido correspondiente a la jornada 32 del campeonato de Liga de Primera División 1971-72

Granada CF: Izcoa; De la Cruz, Aguirre Suárez, Falito; Martos (Barrenechea 74’), Fernández; Lasa, Chirri, Porta, Santos (Lorenzo 74’) y Vicente

Sevilla FC: Rodri; Blanco, Costas, Toni; Santos, Garzón; Lora, De Diego (Bueno 46’), Acosta, Eloy (Lebrón 41’) y Berruezo

Goles: 1-0, min. 7, Lasa; 2-0, min. 30, Vicente; 3-0, min. 43, Lasa

Árbitro: Camacho, del Colegio Castellano. Muy buen arbitraje. Tarjetas blancas al local Martos y al visitante Eloy

Era la segunda vez que en esta misma temporada, antes de jugarse un partido del Granada, circulaban rumores que de alguna manera venían a poner en entredicho la honradez de los jugadores rojiblancos. Ya había ocurrido unas semanas antes, cuando la visita del Barcelona. En esa ocasión se había sugerido que los puntos podían haber sido parte del acuerdo por el traspaso de un jugador granadinista, y en ésta se apelaba una operación de trueque de jugadores de uno a otro club que estaría por hacerse y, como último argumento, a un pretendido espíritu solidario andalucista que motivaría que los rojiblancos no se emplearan a fondo y de esa manera echar un cable al rival, un Sevilla que comparecía en Los Cármenes con el agua al cuello y al que una derrota condenaría casi con toda seguridad al descenso.

El caso es que los primeros compases del encuentro podrían haber hecho sospechar a más de uno, porque no era normal que alguien tan sobrio (y tan poco dotado técnicamente para el juego con los pies) como Izcoa saliera de su área a regatear contrarios, “locura” al más puro estilo Ñito pero sin el tino del canario, que por los pelos no acabó en gol forastero cuando apenas se llevaban disputados dos minutos.

Pero ciertamente, como en la ocasión anterior, poco duró cualquier suspicacia porque el Granada enseguida se puso por delante en el marcador al aprovechar Lasa un balón suelto en el área y marcar el primero, tras penalti a Porta que Camacho dejó seguir, A la media hora llegaba el segundo, obra de Vicente, de sensacional remate de bolea tras muy buena jugada de Martos. Y al filo del descanso, Lasa, en el mejor partido que se le recuerda mientras perteneció al Granada, dejaba definitivamente sentenciada la victoria haciendo el 3-0 de gran cañonazo desde fuera del área tras rechace a la salida de un córner. El Granada completó una primera parte digna de recordarse en una temporada que pasa por ser la mejor de su octogenaria historia, y eso que no pudo utilizar a hombres básicos como Barrios y Jaén. La segunda parte fue un mero trámite en que el ritmo decayó mucho y se vieron bastantes menos jugadas vistosas.

En una Primera en la que militaban hasta cinco clubs andaluces y en la que el Granada acabó el primer clasificado de los cinco, el Sevilla, que toda la primera vuelta había ocupado los lugares altos de la tabla, protagonizó una segunda vuelta para olvidar y sólo pudo sumar nueve puntos. Cuando compareció en Granada, a falta de tres jornadas para finalizar el campeonato, su situación era ya desesperada. Sólo le valía la victoria, pero sus hombres parecían atenazados y no fueron rival para un Granada en plena forma y aspirante a jugar en Europa, que no le dio opción alguna y que, de haber mantenido en la segunda mitad la intensidad de la primera, seguramente el marcador hubiera sido aún más contundente. No hubo asomo alguno de una insinuada “componenda regional” y dos domingos después el Sevilla era equipo de Segunda.

Cierta prensa sevillana reprochó a la afición granadina el ambiente excesivamente hostil en el que los de blanco fueron recibidos en Los Cármenes, así como los gritos de ¡a segunda, a segunda! que pudieron oírse (los mismos del partido de ida en Nervión, sólo que quienes los proferían y a quienes iban dirigidos tenían los papeles cambiados en aquella ocasión). No obstante y sin que sirva de justificación, hay que decir que el granadinismo tenía todavía muy reciente en su recuerdo varios motivos para el afán de revancha por cercanos agravios arbitrales sufridos frente al Sevilla. Esta misma temporada, en la ida, el Granada salió derrotado del Sánchez Pizjuán por los dos penaltis que el árbitro Forés se inventó. Y de la última visita liguera del Sevilla a Granada, en la 70-71, teníamos todavía muy vivo el recuerdo del gran escándalo que en Los Cármenes protagonizó Guruceta, con la anulación de un gol de Porta completamente legal que habría dado la victoria al Granada, escándalo parecido al de dos temporadas atrás, cuando el colegiado Pelayo Serrano anuló a Vicente un golazo que también hubiera supuesto la victoria granadina.

jueves, 15 de marzo de 2012

...CUANDO JUEGUE ECHECOPAR!



Granada 1 Gijón 0

23 de septiembre de 1973

Estadio Los Cármenes, lleno, veintidós mil espectadores en tarde-noche veraniega. Partido correspondiente a la jornada 4 del campeonato de Primera División 1973-74. Los visitantes vistieron camiseta roja y pantalón blanco por coincidencia de colores

Granada CF: Izcoa; Toni, Aguirre Suárez, Falito; Jaén, Fernández; Quiles, Montero Castillo (Santi 76’), Porta (Chirri 73’), Echecopar y Dueñas

Sporting de Gijón: Castro; Fabián, Doria, Piñel (Redondo 57’); José Manuel, Landucci (Valdés73’); Megido, Quini, Fanjul, Pascual y Churruca

Goles: 1-0, min. 65, Echecopar de penalti

Árbitro: Camacho, del Colegio Castellano. Buen arbitraje. Tarjetas blancas a los gijoneses Pascual y Fabián

«¡Ya verás, ya verás, cuando juegue Echecopar!». Es la famosa frase que acuñó Martinmorales en su viñeta pos partido de los martes en Ideal y que puede considerarse lema y resumen de una temporada más bien triste y de escaso poder goleador rojiblanco como fue la anterior, la 1972-73. Mientras el Granada domingo tras domingo acababa sus partidos con cero goles a favor, en la no oficial Copa de Andalucía su fichaje estrella, el argentino Echecopar, marcaba los goles a pares (18, tantos como jornadas tuvo aquella liga andaluza). En la liga de verdad, la de primera, las autoridades futboleras, después de estar dándole largas al asunto varios meses, finalmente decidieron que no podía jugar porque su documentación como oriundo presentaba demasiadas irregularidades. Con Echecopar, estaba claro, otro gallo hubiera cantado a aquel Granada de Pasieguito, pero su permiso, que siempre estaba a punto de concederse, antes de Navidad quedó definitivamente denegado.

La autorización de futbolistas extranjeros, tan largamente pedida por todo el fútbol nacional, se produjo para la 73-74. Ya podíamos por fin contar con Echecopar y con él pensábamos que el Granada se saldría Y más después de que en la primera jornada se trajera los dos puntos de un campo tan difícil como Atocha, (0-2, Echecopar y Dueñas), a la vez que estrenaba las camisetas a rayas horizontales. La segunda jornada fue un empate en Los Cármenes con el R. Madrid con nuevo gol del argentino, aunque de penalti, y un gol mal anulado por Franco Martínez a Echecopar más un penalti polémico en contra evitaron la victoria rojiblanca en Castellón en la tercera jornada y de paso apartaron al Granada del liderato de la máxima categoría por primera vez en su historia. Y es que el Granada 73-74, con sus dos extranjeros, Montero Castillo y Echecopar, y con Joseíto nuevamente en el banquillo, muy poco se parecía al de la temporada anterior.

En la cuarta jornada nos visitaba el Gijón (lo de Sporting vino mucho después), único equipo de Primera que aún no había puntuado, aunque contaba en sus filas con jugadores como Quini, Churruca, Megido, Valdés, más sus extranjeros Doria y Landucci. A pesar de ser el colista puso muy difíciles las cosas y el Granada sólo pudo anotarse los dos puntos gracias a un gol de penalti ya bien avanzada la segunda parte y después de que Quini y Megido desperdiciaran clarísimas oportunidades. Echecopar volvió a ser el mejor en este partido en su puesto de media punta de gran calidad técnica, y volvió a influir de manera decisiva en el buen juego rojiblanco, además de marcar el único gol de perfecto lanzamiento desde los once metros. La victoria ante los asturianos colocó al Granada segundo, empatado con el primero (At. Madrid) y con el tercero (Valencia), y una semana después, a pesar de empatar en Los Cármenes con el Murcia (con nuevo gol de Echecopar, otra vez de penalti), consiguió por fin nuestro equipo el logro histórico de colocarse en el primer puesto de Primera.

Lo malo fue que muy poco duraron las ilusiones del sufrido granadinismo. De fulminante caída se puede catalogar lo que vino a continuación, porque sólo cinco jornadas después habíamos trocado el liderato por el puesto de vicecolista. A partir de la quinta jornada parecieron fundírsele las fuerzas a Echecopar y con él a todo el equipo, que encadenó cuatro derrotas y sólo un empate. El argentino cayó lesionado y desapareció de las alineaciones durante bastantes jornadas, y cuando volvió en nada se parecía ya al de antes. Diez jornadas tuvieron que pasar para que volviéramos a ver un nuevo gol suyo, por lo que en lugar de abanderar el buen Granada de Joseíto, el banquillo fue su destino.

Ver, lo que se dice ver algún portento futbolístico, sólo ocurrió al principio y de forma muy fugaz. El Granada de la 73-74 completó su segunda mejor temporada histórica pero en ella finalmente la aportación del argentino fue bastante pobre. Batracio acabó saliendo Echecopar, con sus raquíticos seis goles de los que cuatro llegaron en las cinco primeras jornadas. Después se fue perdiendo en la mediocridad hasta acabar decepcionando a la hinchada, que lo había convertido en un nuevo ídolo y que tantas esperanzas depositó en su concurso. Al finalizar la 73-74 Candi consiguió endosárselo al Murcia y al menos se recuperó parte de lo que había costado.

sábado, 3 de marzo de 2012

GOL Y PERMANENCIA


Granada 1 Valencia 0

27 de abril de 1958

Estadio Los Cármenes, lleno, diecisiete mil espectadores en tarde primaveral. Partido correspondiente a la jornada veintinueve y penúltima del campeonato de liga de primera división 1957-58

Granada CF: Piris; Vicente, Méndez, Larrabeiti; Pellejero, Baena; Jaco, Ramírez, Navarro, Rius y Manchón

Valencia CF: Goyo; Fernando, Quincoces, Mestre; Piquer, Sendra; Mañó, Fuertes, Ricardo, Walter y Seguí

Goles: 1-0, min. 43, RIus

Árbitro: García Fernández. Buena actuación

En la temporada del retorno a primera después de doce larguísimos años, a falta de sólo seis jornadas el Granada del argentino Alejandro Scopelli marchaba cómodamente colocado en el puesto décimo de la clasificación y a cinco puntos de los puestos de compromiso, que esta temporada se circunscribían exclusivamente a los dos últimos de la clasificación (15 y 16), que descendían de forma directa. Dos años antes se había suprimido la promoción (volvería a instaurarse la siguiente temporada), por lo que la permanencia estaba prácticamente asegurada a pesar del -4 del casillero rojiblanco. En Los Cármenes se habían escapado muy pocos puntos y aunque lejos de Granada solo se habían obtenido tres, todo hacía indicar que no se iba a sufrir demasiado para quedarse entre los grandes,

Pero todo se complicó con las cuatro derrotas consecutivas que vinieron a continuación, en especial la sufrida en casa ante el Osasuna y la de Nervión en la jornada 28 ante un rival directo como era el Sevilla. Así, al llegar a la jornada veintinueve y penúltima, el colchón de cinco puntos había adelgazado hasta quedarse en uno solo sobre el vicecolista Valladolid y dos sobre el farolillo rojo Jaén, de manera que era imprescindible la victoria o de lo contrario muy poco habría ya que hacer porque después sólo quedaba visitar el Camp Nou.

El rival no ayudaba mucho, nada menos que el Valencia, que aunque había estado toda la temporada luchando en el grupo de cabeza, a estas alturas ya sólo aspiraba al subcampeonato porque el título había quedado para el Madrid o el At. Madrid. Una derrota suponía con casi toda seguridad el descenso. Incluso hasta una victoria podía no valer según qué resultados se dieran en los partidos de rivales cercanos, El Granada y seis equipos más luchaban por no descender al llegar a las dos últimas jornadas de esta 57-58 y ninguna de las dos plazas de descenso estaba todavía adjudicada. Por eso, como en otras ocasiones comprometidas, la directiva de Luis Rivas acordó retirar a los futbolistas del mundanal ruido y llevárselos a Lanjarón cuatro días antes.

Las buenas aguas serranas dieron resultado. Según Fernández de Burgos para Ideal, el Valencia hizo un fútbol más ligado, técnico y vistoso, pero el Granada llegó siempre con más peligro y puso más brío, velocidad y ansias de gol, resultando justo vencedor merced al solitario gol conseguido al filo del descanso tras una perfecta jugada por la derecha del internacional chileno Ramírez, fichado hacía poco más de un mes pero jugando por primera vez ante su público, culminada con un soberbio remate de Rius (momento que recoge la foto). Antonio Rius Tárrega, valenciano de Alacuas -“patapalo” para algunos porque sólo utilizaba la izquierda-, el grandísimo y pundonoroso futbolista de los goles decisivos clavó el balón en la red che con un enorme trallazo de los que siempre se recuerdan. El gol produjo una explosión de júbilo entre la sufrida hinchada que pudo oírse a varios kilómetros.

La segunda parte fue larguísima y angustiosa. Abundaron las lipotimias en las soleadas gradas, y hasta un espectador hubo de ser atendido por la Cruz Roja al tragarse la colilla de un cigarro que fumaba, según la crónica de Fernández de Burgos. El Granada supo sujetar a Ricardo (Pichichi compartido esta temporada) y al no menos peligroso Walter, y sufriendo pero derrochando pundonor en todos sus hombres aguantó hasta el final. Con los dos puntos la permanencia estaba asegurada ya que, frente a otras situaciones similares de la historia granadinista, en esta ocasión cualquier posible combinación de resultados en la jornada que quedaba era favorable al Granada. Al día siguiente fue celebrado el logro rojiblanco como si de un ascenso se tratara y Scopelli firmó la renovación de su contrato por otra temporada más.

miércoles, 22 de febrero de 2012

550 MINUTOS


Granada 2 Real Sociedad 0

25 de octubre de 1970

Estadio Los Cármenes, casi lleno, veinte mil espectadores en tarde soleada. Partido correspondiente a la jornada siete del campeonato de liga de Primera División 1970-71

Granada CF: Ñito; De la Cruz, Barrenechea, Aguilera; Santos, Fernández (José 69’); Lasa, Juárez, Barrios, Fontenla y Vicente (Blayet 76’)

Real Sociedad: Esnaola; Gorriti, Martínez, Ormaechea; Seín, Lema; Urreisti, Silvestre (Corcuera 46’), Araquistain (Arambarri 46’), Mendiluce y Boronat

Goles: 1-0, min. 10, Vicente; 2-0, min. 63, Vicente
 
Árbitro: Carreño, valenciano. Buena actuación excepto por la no señalización de un penalti a Juárez

540 minutos llevaba Esnaola imbatido en la liga de primera iniciada seis jornadas atrás. En esas seis jornadas nadie había sido capaz de hacerle un gol al portero donostiarra. Ni el Madrid ni el Valencia (que sería campeón) habían podido marcar, y el Sevilla, por entonces tercero, además había caído derrotado en Atocha. Seis partidos, dos victorias y cuatro empates (todos a cero), tres goles a favor por ninguno en contra, colocaban al equipo vasco cuarto en la clasificación.

Pero aquí el récord de Esnaola duró nada más que diez minutos, que fue lo que tardó el Granada en marcar el primer gol, obra de Vicente, que empezaba así a perfilar una de las mejores actuaciones que se le recuerdan. Vicente acabó con la marca de un potente y magnífico remate desde la frontal recogiendo un rechace tras jugada de Lasa por la derecha y su acierto le valió embolsarse allí mismo, sobre el césped de Los Cármenes, el billete de mil pesetas que la peña Café Andaluz había prometido al jugador del Granada que fuera capaz de batir a Esnaola. Ya en la segunda parte volvió a marcar de otro remate al aprovechar un balón suelto tras otra jugada de Lasa. Vicente González Sosa, paradigma granadinista del jugador de clase, de los que pueden marcar el tempo de un partido, y rey de las asistencias que son medio gol, se estrenaba sin embargo esta temporada como goleador y lo hacía al más puro estilo de ariete oportunista, aprovechando sendos rechaces.

El maestro Vicente, más maestro que nunca, nos obsequió aquella tarde con un partido redondo en el que fue la gran estrella rojiblanca en la conducción de su juego de ataque. El mejor de los veintiséis. Cuando Vicente salía con ganas del vestuario (que no siempre era así, sobre todo lejos de casa) solía dejar para el recuerdo inolvidables lecciones de buen fútbol, goles y victorias rojiblancas bien disfrutadas desde las gradas, que es lo que ocurrió esta tarde. Una semana antes ya había sido el jugador decisivo para que el Granada derrotara al Las Palmas, lo que unido a esta victoria colocaban a los de Joseíto en la mitad alta de la tabla. Su retirada del terreno, sustituido por Blayet, mereció una de las más atronadores generales y largas ovaciones hacia un granadinista que se hayan podido oír en Los Cármenes.

A pesar del fin de su imbatibilidad, el guardameta Esnaola tuvo una magnífica actuación y con sus grandes intervenciones evitó más de un gol en contra. El hidalgo (según Fernández de Burgos en Ideal) público granadino despidió a Esnaola con una gran ovación y en todas las publicaciones futboleras mereció el vasco la máxima nota.

Este Granada de Joseíto 1970-71 pasaba desde este partido a ocupar posiciones medias de la clasificación que ya no abandonaría hasta su final, completando una temporada plácida en la que nunca peligró la permanencia. Estaba empezando a forjarse el gran cuadro que a la temporada siguiente y con pocos retoques alcanzaría su mejor clasificación histórica en Primera.

miércoles, 8 de febrero de 2012

UNA FIESTA FUTBOLERA


Granada 2 Málaga 0

24 de noviembre de 1968

Estadio Los Cármenes, lleno, veintidós mil espectadores con presencia de más de cinco mil malagueños en tarde soleada y fría. La banda municipal interpretó el himno nacional. Partido correspondiente a la jornada 10 de Primera División 1968-69 designado media jornada económica

Granada CF: Ñito; Martos, Barrenechea, Lorenzo; Santos, Barrachina; Lara, Noya, Miralles, Ferrando y Vicente

CD Málaga: Goicoechea; Montero, Arias, Vallejo; Benítez, Migueli; Aragón, Jorge, Cabral, Fleitas y Martínez

Goles: 1-0, min. 41, Vicente; 2-0, min. 70, Miralles

Árbitro: Camacho, del Colegio Castellano. Perfecto arbitraje

Casi desde el mismo momento de la fundación de los clubes Granada CF y CD Málaga, nacidos con muy poca distancia en el tiempo y con los nombres de Recreativo Granada y Malacitano, se puede hablar de encarnizada rivalidad granadino-malagueña. En las hemerotecas encontramos crónicas de partidos de los años de la República en los que, antes y durante su transcurso así como a su finalización, había algo más que palabras dentro y fuera del terreno de juego y de los recintos deportivos, tal era el apasionamiento con el que estos partidos se vivían. En ese sentido destaca el choque de 18 de noviembre de 1934 que dirimieron en el campo de las Tablas y por el que ambos contendientes ascendieron a Segunda por primera vez en sus cortas historias. Los aficionados de uno y otro equipo lo “celebraron” lanzándose mutuamente, no bolas de la mucha nieve caída sobre Granada, sino pedruscos que hicieron que más de uno acabara en la casa de socorro.

A la altura de los sesenta seguían siendo los boquerones nuestros más directos rivales, pero ya no se puede hablar de un especial encarnizamiento ni los choques frente a los de la ciudad vecina daban para la crónica de sucesos más allá de algún incidente aislado, ni siquiera cuando lo que se ventilaba era algo tan importante como la máxima categoría, como habíamos tenido ocasión de comprobar en la promoción de 1966.

Este partido de noviembre de 1968 es de estos últimos, es decir, no hubo pedreas, pero fue como otros muchos Granada-Málaga una gran fiesta del fútbol, llena de colorido y de pasión, aunque sin incidentes, y tiene además la particularidad de ser el primero que los eternos rivales jugaron militando ambos en primera división. El recién ascendido Granada, con Marcel Domingo en el banquillo, había comenzado bastante mal la liga, pero cuando en la jornada diez le tocaba jugar contra el Málaga acababa de encadenar dos victorias seguidas, frente al Zaragoza y a domicilio en Elche (con accidentado viaje de vuelta que hubieron de completar los rojiblancos en auto-stop), y la visita del eterno rival supondrá la tercera consecutiva que dejará al Granada en la mitad de la clasificación. Por su parte, el Málaga de Otto Bumbel, cuya máxima estrella era el paraguayo oriundo goleador, Fleitas, hijo de granadino (o eso afirmaba él), a pesar de que descendería a segunda al finalizar la temporada, había comenzado muy bien, con goleadas a At. Bilbao y Valencia, y marchaba en los puestos altos, por lo que el partido era de claro pronóstico visitante y acompañando a los blanquiazules vinieron varios miles de malacitanos.

El campo se llenó a rebosar y como en otras ocasiones de previsible lleno hasta la bandera, se construyó una provisional rampa de acceso a General junto al marcador. Esta misma tarde se inauguraba la tribuna alta añadida por Cándido Gómez y construida en un tiempo récord. La nueva tribuna, que había costado ocho millones de pesetas, aumentaba el aforo del campo en cinco mil localidades y ya había entrado en uso en los dos partidos caseros anteriores ante Barcelona y Zaragoza, ambos con concurrencias superiores a los veinte mil aficionados. Con presencia de la banda municipal que interpretó el himno nacional, y del Diamante Rubio en indumentaria futbolístico-torera, en los prolegómenos recorrió el terreno de juego una pancarta con la leyenda «Como en Elche hemos ganao, los boquerones san’asustao». Antes, esa misma mañana, había tenido lugar la solemne inauguración oficial de la nueva tribuna, con misa en la explanada del estadio y bendición de la instalación seguida de imposición por el “divino” Ricardo Zamora de la insignia de oro y brillantes a Candi y rematada con un piscolabis para todos los presentes.

Para redondear la histórica jornada, el Granada venció a los de la Costa del Sol derrochando pundonor, que fue su mejor arma a lo largo de una temporada que finalizaría con el logro de igualar su mejor clasificación histórica hasta ese momento. El primer gol lo marcó Vicente al recoger un rechace a tiro de Noya, y el segundo fue obra de Miralles, también de oportuno remate tras una jugada embarullada en la meta malaguista, “gol del cojo” este segundo pues el ariete rojiblanco estaba renqueante desde la primera mitad. Los visitantes, con Migueli como su mejor elemento, fueron superiores la primera media hora y se acercaron con peligro pero tropezaron con un Ñito en plenitud. Hasta el arbitraje de Camacho fue perfecto en la otoñal tarde granadina, iniciando así una relación de amor-odio que culminará varias temporadas después con la recusación del trencilla internacional.

Mientras granadinistas y malaguistas se retiraban del terreno, éste empezaba a ser ocupado por los jugadores del Recreativo y del Imperio de Albolote, que a modo de epílogo y para que no decayera la fiesta nos obsequiaron a continuación (a los pocos futboleros de pro que nos quedamos a verlos) con un gran partido de 1ª Regional Preferente en el que los del filial se impusieron 4-2.

jueves, 19 de enero de 2012

LA NARANJA MANUAL















Granada 2 Rayo Vallecano 0

28 de noviembre de 1976

Estadio Los Cármenes, algo más de tres cuartos de entrada, quince mil espectadores en tarde soleada y de buena temperatura. Partido correspondiente a la jornada trece del Campeonato de Liga de Segunda División, 1976-77

Granada CF: Izcoa; Casuco, Édison, Grande, Gerardo; Oruezábal, Benítez, Santi (Orihuela 90'); Lorenzo, Dueñas y Parits (Quiles 22')

Rayo Vallecano: Alcázar, Anero, Uceda, Fuster, Tanco, Guzmán (Iglesias 54'), Alvarito, González, Rial, Felines y Francisco

Goles: 1-0, min 32, Quiles; 2-0, min 43, Quiles

Árbitro: Urío Velázquez, guipuzcoano. Mostró tarjetas amarillas a los locales Oruezábal, Benítez y Grande, y al rayista Anero. Desastrosa actuación con continuos errores. Al filo del descanso fue alcanzado en la espalda por una naranja lanzada por una mano anónima desde la preferencia del marcador

El descenso de pocos meses atrás no había alterado demasiado las cosas en el seno del Granada CF ni había hecho cundir excesivamente el nerviosismo. El presidente era el mismo y la plantilla con la que echar a andar en la 76-77 prácticamente la conformaban los mismos jugadores de Primera. El único cambio significativo era el del nuevo míster, el uruguayo Héctor Núñez. Todo estaba preparado para que el paso por el segundo nivel del fútbol fuera lo más corto posible.

Pero en cuanto echó a rodar el balón la realidad se mostró muy alejada de lo que estaba previsto y en sólo un mes ocupaba nuestro equipo el farolillo rojo, lo que traía la dimisión del presidente Cándido Gómez, incapaz de soportar las broncas de una hinchada a la que le costaba asumir el papel de colista de Segunda después de haber vivido ocho temporadas consecutivas entre los grandes, una hinchada por otra parte cada vez menos numerosa.

Cuando nos visitaba el Rayo Vallecano, equipo de la zona alta de la tabla, el sillón presidencial acababa de estrenar nuevo inquilino, Salvador Muñoz, que irrumpía con fuerza tras haberse retirado el otro candidato, Ángel Fernández Oliveros, y que como primera medida ponía al día a unos futbolistas a los que se adeudaban varias mensualidades. Se puede hablar de que cuando noviembre de 1976 terminaba, estaba simultáneamente empezando una nueva era en la historia del Granada CF, pero lo que ni el más agorero de los granadinistas podía sospechar es que esa nueva era iba a ser la peor de todas las vividas hasta entonces, y que iba a durar la friolera de treinta y cinco años.

De salida el Granada se topó con un Rayo atrincherado atrás que apenas dejaba resquicios, situación que duró lo que tardó el Granada en marcar. Antes del ecuador de la primera parte Parits tenía que retirarse al sufrir un tirón muscular y su puesto lo ocupaba Quiles, jugador que iba a resultar providencial pues fue el autor de los dos goles de la tarde, el primero al aprovechar el gran fallo del rayista Rial, que quiso ceder a su portero sin apercibirse de que por allí andaba el granadinista, que no desaprovechó el regalo y puso el 1-0 de remate a placer. Poco antes del descanso llegaba el 2-0, obra también de Quiles, de remate cruzado desde la frontal en pared con Lorenzo.

Pero el gran –el triste- protagonista del partido fue el árbitro Urío Velázquez, con sus continuos errores y mostrándose excesivamente meticuloso y anticasero, sobre todo en lo que respecta a su desigual criterio para la distribución de tarjetas de amonestación. La grada, progresivamente caliente ante lo que entendía doble rasero para enjuiciar la labor de unos y otros, acabó por llegar a la exasperación y gran parte del partido transcurrió entre lanzamientos de objetos al terreno y entre abucheos al trencilla, que recibió en su espalda el impacto de una naranja lanzada desde la grada de la preferencia del marcador. Si antes se había mostrado remiso a querer saber nada de lo que ocurría en las áreas, a partir de ese momento ya ni se acercaba, por lo que a poco del final ignoró un claro penalti por mano de un rayista. Al finalizar el partido numerosos hinchas lo esperaban a la puerta de vestuarios, no para felicitarlo precisamente, por lo que tuvo que abandonar el estadio en un Jeep de la Policía Armada.

Que sepamos, el naranjazo a Urío sólo trajo como consecuencia la imposición de una multa al club y el apercibimiento de cierre de Los Cármenes. Pero lo importante fue que con esta victoria consiguió el Granada abandonar el último puesto de la clasificación y tranquilizar algo los nervios. Lo malo fue que enseguida se volvió a las andadas, y las derrotas en Puertollano y en casa ante el Huelva trajeron de nuevo el farolillo rojo y con él la destitución de Héctor Núñez, sustituido durante tres partidos por el técnico del filial, Errazquin, hasta la llegada de Vavá, quien pudo no sin esfuerzos y tras no pocos reveses frenar la que parecía imparable caída hacia un nuevo descenso.

martes, 27 de diciembre de 2011

CAMINO A PRIMERA




Granada 2 Real Sociedad 1
9 de marzo de 1941
Estadio Los Cármenes, lleno, quince mil espectadores en tarde nublada. Terreno con algunos charcos por la lluvia caída. Partido correspondiente a la primera jornada de liguilla de ascenso a Primera 1940-41. Los capitanes de ambos equipos, González y Bienzobas, intercambiaron ramos de flores en los prolegómenos
Granada CF: Floro; Millán, González; Maside, Bonet, Mesa; Guijarro, Trompi, Cholín, Bachiller y Liz
R Sociedad de San Sebastián: Sebitas; Querejeta, Izaga; Fernando, Patri, Simón; Bienzobas, Bidegain, Chipia, Azpiazu y Pedrín
Goles: 1-0, min. 4, Cholín; 2-0, min. 39, Trompi; 2-1, min. 71, Bidegain
Árbitro: Melcón, Colegio Centro. Impecable. Fue despedido con aplausos al finalizar el choque


A las tres y media de la tarde, las peloteras de última hora en las puertas de Los Cármenes hicieron que bastantes se perdieran el golazo de Cholín que abría el camino hacia la victoria rojiblanca y era el primer paso hacia la Primera División con el que un mes después culminaría la liguilla de ascenso que esta nublada tarde empezaba en Los Cármenes y que disputaban los primeros clasificados de los dos grupos de Segunda en la liga recién terminada. El perfecto izquierdazo a la media vuelta del guipuzcoano y ex realista Cholín (“el abuelo” para parte de la afición), a servicio de Trompi, potente, raso y cruzado, tampoco resultó muy visible para el guardameta Sebitas, que sólo se enteró cuando vio el balón dentro de su portería.





El segundo gol llegaba al filo del descanso y fue otro gran gol en el que intervinieron los dos mismos protagonistas del primero, aunque con los papeles cambiados: Cholín sirvió magistralmente a Trompi, quien de tiro cruzado llevó el balón a la red, todo originado por la galopada por su extremo del ilustre veterano “Pirulo” Guijarro, que disputaba su último partido como rojiblanco.
Fue un partido casi completo el que el Granada ofreció a sus seguidores. El único pero estuvo en lo ajustado del marcador final, que debió ser mucho más amplio a favor de los rojiblancos. El Granada superó a su rival en todos los terrenos y en todas las facetas, especialmente en su primera mitad. José Zubeldia para Patria escribe entusiasmado: «Ni la pluma ni el pincel podrían recoger los rasgos y el nervio del juego. Acaso la cámara cinematográfica sería la única que pudiera perpetuar con la precisión de un archivo, toda la gama de combinaciones y genialidades que nuestros jugadores crearon con su inspiración magnífica, y así quedaría retratado para siempre un curso completo de fútbol. No faltó ni los goles de bandera, de los cuales, el primero, se ve tan de tarde en tarde, que hay que hacer esfuerzos de memoria…». Zubeldia destaca especialmente la magnífica labor del trío Floro, Millán, González, así como la gran calidad de Maside, Cholín y Trompi, y el juego “científico” de Bachiller.
El mismo cronista se lamenta de que en la segunda parte se malograran muchas ocasiones de gol porque -y esto es un problema que se viene arrastrando toda la temporada a pesar de la magnífica clasificación- sólo hay «a lo sumo dos delanteros que saben tirar». No obstante, la solución al problema la teníamos ya en casa y se llamaba César. Concretamente llegó de madrugada dos días antes y en el mismo tren que en “solo” treinta y tantas horas condujo a nuestra tierra a la expedición donostiarra en su primera visita histórica a este rincón peninsular:
El gran César Rodríguez era un futbolista leonés de sólo veinte años, pero ya cotizado, que venía cedido del Barcelona y que no jugó esta tarde precisamente por lo precipitado que esto hubiera parecido. Tampoco lo haría al domingo siguiente, con la visita del Castellón. Su debut se producirá ya en la tercera jornada, en el Riazor coruñés, y aunque sólo anotará un gol en toda la liguilla, será ese único gol el que suponga la victoria y quedar campeón de campeones, y el primer ascenso a máxima categoría, en el Sequiol castellonense, una jornada antes de concluir la competición.