EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



sábado, 15 de abril de 2017

ESTRENO EN PRIMERA

  Domingo 28 de septiembre de 1941, Los Cármenes, día de la Virgen de las Angustias, Granada 1 Celta 1 en el debut del Granada como equipo de 1ª División. Marín, Maside, Floro, Bonet, César, Cholín y Liz; agachados: González, Sierra, Trompi y Millán

 
Una fecha histórica: 28/09/1941
            El Granada CF quería que su estreno en primera tuviera lugar un lunes, el 29 de septiembre, San Miguel, fiesta local, y con bastante antelación la directiva rojiblanca hizo las gestiones pertinentes para evitar que coincidiera con la procesión de la Virgen de las Angustias, pero parece ser que no surtieron efecto esas gestiones. Así, el domingo 28 de septiembre de 1941, a las tres para que hubiera tiempo más que suficiente de acudir a la procesión, en una tarde ventosa y nublada, el Granada CF debutaba en el Campeonato de Liga de Primera División. Floro; Millán, González; Maside, Bonet, Sierra; Marín, Trompi, Cholín, César y Liz vistieron de rojiblanco. Sólo eran novedades en esa alineación Sierra y Marín. El rival, el Celta de Vigo, jugó con: Bermúdez; Cons, Deva (el mismo que con Euskalduna en el Sevilla de antes de la guerra formara la que el siempre vehemente y combativo Martinenc denominara trinchera salvaje); Alvarito (ex recreativista de la 35-36), Fuentes, Sabina; Venancio, Carletes, Del Pino, Agustín y Roig. Con Los Cármenes a rebosar y bajo la dirección del prestigioso árbitro internacional Ramón Melcón, el Granada en su debut primerdivisionista sólo pudo empatar a un gol, marcado por César en remate de cabeza en el undécimo saque de esquina que lanzaba el Granada, servido por Liz.
Según Hoja del Lunes de La Coruña, el juego en general fue de escasa calidad, y el Granada adoleció de falta de ligazón entre sus líneas y de entrenamiento, y añade que desentonaron el medio centro (Bonet), «un coladero», y el portero (Floro), muy mal e inseguro «hasta el extremo de escapársele el balón varias veces de las manos»; lo mejor César y los dos debutantes, Marín y Sierra.

  En Marca todavía no se han enterado del cambio de nombre del equipo
Para Cirre en Patria, «Ni llovió, ni hizo sol, ni vimos buen fútbol». Según el plumilla adscrito a los deportes tras la marcha de Zubeldia, lo poco que se vio, fases aisladas, momentos relámpago, obedeció más a acciones individuales que a juego de conjunto, y el público, que abarrotaba Los Cármenes, se aburrió bastante. Coincide Cirre con el cronista gallego en lo que se refiere a destacados y desafortunados, pero añade que lo mejor del Granada fue la pareja Millán-González.
También Fernández de Burgos para Ideal coincide en destacados y maletas. Dice que el fuerte viento impidió a los dos equipos realizar un juego preciso e incide en que el Granada está falto de forma y acoplamiento, y que la directiva iniciará de inmediato gestiones para reforzar el equipo. Según Fernández de Burgos, no tenemos un once para aspirar a los primeros puestos, pero con unos ligeros retoques y una mayor compenetración podemos hacer un papel discreto.
Fue una tarde de estrenos, el propio Granada CF, su estadio y la mayoría de sus jugadores se estrenaban como primerdivisionistas. Menos de diez años habían trascurrido desde el que es para la historia el primer partido oficial de nuestro equipo, el que se jugó (y se ganó 1-2) en Jaén, en el campo de Peñamefécit el 6 de diciembre de 1931. En aquella lejana fecha de 1931 la categoría del club era 3ª Regional, el último escalón del fútbol federado. Menos de diez años después disfrutábamos de la máxima categoría. Es desde luego algo digno de alabar y motivo de orgullo para el granadinismo.

Caso Bachiller
Como se ha visto, en la alineación granadinista debutante en Primera División faltaba el fino y científico interior izquierda nacido en Buenos Aires Cesáreo Bachiller, uno de los jugadores más importantes de la plantilla y básico en el equipo que consiguió el ascenso, formando junto a Liz una sensacional ala izquierda. Y es que a estas alturas todavía no había renovado ni se había incorporado a los entrenamientos, por lo que a menos de una semana para el comienzo de la liga, la directiva lo declaró en rebeldía. El Madrid quería ficharlo, se decía, de ahí su negativa a renovar. El Granada estaba dispuesto a dejarlo salir a cambio de la cesión del madridista Sabino Barinaga, que en esos momentos era un prometedor delantero de 19 años. Pero pocas semanas después se desmentía lo que no había pasado de la categoría de rumor y se podía leer en la prensa que el Madrid ni estaba interesado en Bachiller ni mucho menos quería desprenderse de Barinaga.


Bachiller finalmente acabó renovando para una temporada más, pero lo hizo con la condición de obtener la libertad al terminar la 41-42. Cuando la renovación se produjo ya se habían disputado las dos primeras jornadas de liga, y a partir de la jornada tres fue titular indiscutible y sólo se perdió los dos últimos partidos oficiales de la temporada, los de la eliminatoria copera frente al Valencia. Bachiller acabaría militando en el Real Madrid, pero esto fue dos temporadas después, en la 43-44, y sólo vistió de blanco en algún partido amistoso.

Críticas a César
Las jornadas segunda y tercera trajeron sendas derrotas, pero las dos eran previsibles por ser contra rivales grandes: en Chamartín (5-2) y en Los Cármenes, 1-2 frente al Valencia, y dejaron al Granada tercero por la cola. En la cuarta se produce el primer resultado positivo a domicilio de la máxima categoría y el segundo punto cosechado, al empatar a un gol en Atocha. Floro fue en esta ocasión la gran figura y responsable directo del positivo alcanzado, y con él la pareja defensiva Millán-González.
                Lo que más llama la atención es la crítica feroz que para los plumillas locales merece César y de rebote Paco Bru, que le hace decir a Cirre (que viajó con el equipo a San Sebastián) que seguimos sin delantero centro que dé profundidad y abra brecha, y que debía haber jugado Fernández (sólo se alineará en un partido en toda la temporada, y de medio izquierdo). Según Cirre, César perdió dos goles hechos. Fernández de Burgos (que no viajó pero siguió el partido por la radio), en Ideal, insinúa que César no lleva una vida de deportista y que el club debe tomar medidas con multas o reclusiones o por los procedimientos que sean. Y todo esto a pesar de que el gol del empate fue obra del propio César, su tercer gol en los cuatro partidos disputados hasta el momento.

 César versión López Sancho y en un cromo de colección donde aparece de blanquiazul
Reservas y amateur
Mientras el primer once jugaba en San Sebastián, en Los Cármenes se enfrentaba una selección de modestos granadinos con el equipo reserva del Granada, integrado por los no habituales en el equipo titular junto con otros del equipo amateur, filial que preparaba Enrique Juristo. La intención era captar a algún elemento interesante. Con arbitraje de Eloy Díaz jugaron por la selección de modestos: Sánchez; Notriles, Herranz; Abaijón, Juanele, Gómez; Quesada, Lazcano, Miguelín, Sevilla y Vigras. Y por el reserva: Sierra (alias Melenas); Rivero, Benítez; Linares, Donaire, Fattore; Gárate, Marqués, Moleón, Muñoz y Pareja. El reserva ganó  11-0. Ninguno de los que integraban la selección de modestos llegó a fichar, pero hay en esa formación un jugador que había militado en el Recreativo años 30, el Once Fantasma: Herranz.

Un homenaje y una apuesta
Como la quinta jornada tocaba jugarla nuevamente a domicilio, en Madrid ante el Atlético Aviación, la expedición rojiblanca no volvió a Granada desde San Sebastián, un viaje que por las maltrechas infraestructuras ferroviarias de la época duraba más de un día, y se quedó en Donosti hasta el miércoles antes del partido en la capital, utilizando el campo de Atocha para sus entrenamientos. Aprovechando esa estancia en tierras vascas, el martes fueron nuestros jugadores y entrenador homenajeados por el Orfeón Donostiarra, en correspondencia por el magnífico trato recibido del pueblo granadino cuando estuvieron en Granada hacía algo más de un año, en las fiestas del Corpus 1940. Al acto asistieron el alcalde de San Sebastián con algunos concejales y una representación de la Real Sociedad.
Durante los varios días de estancia en San Sebastián nuestros futbolistas mataban el tiempo de mil maneras: paseos por La Concha, excursiones al monte Igueldo, partidas de dominó y también con otros pasatiempos que dieron lugar a la curiosa anécdota que cuenta José Cirre en Patria. Por lo visto en la bella Easo era una diversión nocturna de la época entre la gente joven desafiarse de dos en dos y apostar una cantidad de dinero a cruzar con los ojos vendados la estrecha acera del puente del Kursaal sobre el río Urumea sin tropezar a derecha ni izquierda con las barandillas. Resulta que González aceptó el desafío y allá que se fue derecho y sin rozar baranda alguna a lo largo de los 120 metros que mide el característico puente donostiarra de farolas art decó, cosa que su oponente no consiguió, así que ganó la apuesta dejando a todos sorprendidos pues esa noche nadie lo había logrado. Pero para sorpresa -y grande- la del defensa granadinista cuando una vez terminada la prueba descubrió que su rival era ni más ni menos que Paulino Uzcudun. Ante semejante ídolo y leyenda viva del boxeo español, varias veces campeón europeo de los pesos pesados, aunque ya estaba retirado (desde que en 1935 lo dejara KO por única vez en toda su carrera el mismísimo Joe Louis en el Madison Square Garden), González, anonadado, rehusó cobrar la apuesta ganada, pero sí que le dio a conocer el método que había seguido para conseguir el éxito, guiándose por el sonido del agua.

                                            Paulino Uzcudun

Gojenuri…
En la quinta jornada caen los nuestros derrotados 3-0 en Vallecas frente al todopoderoso At. Aviación. Nadie se rasga las vestiduras porque esa derrota ante el campeón de las dos ligas anteriores era del todo previsible. Pero hay no obstante grandes objeciones a la actuación del árbitro de aquel partido, el guipuzcoano Gojenuri.
                Era la primera vez que este referí se cruzaba en el camino del Granada. Después de este partido en Madrid nuestro equipo volvería a tropezarse con él en distintas ocasiones con mayor o menor fortuna, pero por Granada sólo apareció en una ocasión en toda su carrera arbitral este ya veterano trencilla, una especie de Guruceta de los 40. Fue seis años después y con los rojiblancos ya en Segunda División (en aquellos años los árbitros actuaban en las dos primeras categorías indistintamente). En Los Cármenes frente al Castellón en el primer partido de la 47-48, este Gojenuri de mal recuerdo protagonizará uno de los escándalos arbitrales más sonados que se recuerdan en nuestra tierra.

  José María Gojenuri Eguiluz, un árbitro poco amigo del Granada
En el primer tropiezo con Gojenuri la prensa granadina lo acusa de favorecer descaradamente a los de casa, de expulsar por que sí a Sierra y de permitir el juego excesivamente duro y marrullero del ariete aviador Fernández, que lesionó a Floro y a González. No obstante, Floro volvió a ser el héroe rojiblanco en Vallecas (el Metropolitano todavía estaba siendo reparado de los muchísimos destrozos que sufrió durante la guerra al estar en primera línea de fuego) y de él dice Cirre que es mucho mejor que el mítico Tabales, guardameta del Once Fantasma, el Recreativo de los años treinta, y que jugó ese partido como titular que era en esos momentos del At. Aviación.                                                             
                                
Sigue la reforma urbana
En el apartado ciudadano, en Granada continúan muy avanzados los numerosos trabajos de reforma urbana que se llevan a cabo en Puerta Real y el Embovedado, lugares casi intransitables mientras se lleva a cabo la demolición de la infecta Manigua (como la denomina Ideal), donde se empieza a vislumbrar la nueva calle, todavía sin nombre, y se rebaja en más de un metro la zona central de la bóveda del río Darro, la famosa y fea joroba que hacía que desde la Acera del Casino a la del Darro los transeúntes sólo se vieran las cabezas. También se procede al ensanche de la calle Fray Luis de Granada, comunicándola con la plaza de los Campos buscando dar una salida fluida al barrio del Realejo.


Con estas reformas ha aparecido en pleno centro del Embovedado una rotonda que genera todo tipo de comentarios y especulaciones y a Miranda le da pie para uno de sus famosos chistes. Sobre esa rotonda se levantará a partir de febrero de 1942 la fuente de las Batallas, otra de las fuentes granadinas viajeras, trasladada desde su emplazamiento entre los paseos del Salón y de la Bomba. También se llevan a cabo obras para traer por fin a toda la ciudad el agua corriente y el alcantarillado.
En el Embovedado ha surgido esta rotonda en la que pronto se alzará la fuente de las Batallas

El Aceyte Yngles
Aparte del piojo verde, transmisor del terrible tabardillo o tifus exantemático, otros piojos preocupaban también a la población en aquellos años de cochambre, aunque éstos, que se sepa, no causaban la muerte pero sí unos muy inconvenientes y contradictorios -por impúdicos- picores en las que por definición se conocen como partes pudendas. En este caso no se puede hablar de epidemia pero sí de mil y una  incomodidades que los contagios por vía venérea causaban al paisanaje.
                En Granada había censados más de ochenta prostíbulos a principios de los años cuarenta. Porque la España del nacionalcatolicismo a pesar de la estricta moral que imponía a sus súbditos practicaba la tolerancia en esta cuestión y hasta llegó a establecer una estadística de “descarriadas”. En estos templos del pecado se calculaba que podían desenvolverse cerca del millar de trabajadoras del sexo (“productoras” habría que llamarlas utilizando la terminología del Régimen), aunque en esa cifra no se incluían las mujeres que, empujadas por la necesidad y como única salida, ejercían la profesión de tapadillo o por libre o de forma esporádica, ni las menores de edad, que elevarían considerablemente ese número total. La falta generalizada de higiene y de medios preventivos hacía que abundaran las enfermedades de transmisión sexual.     

          

                Una de esas enfermedades llamadas secretas, la que provocaba el inconveniente bichillo phthirus pubis, vulgo ladilla o piojo del pubis, podía combatirse con el Aceyte Yngles, así, con esa grafía, una loción antiparasitaria y aliviadora de los terribles picores que a todas horas padecían los infestados, que se anunciaba en todos los diarios nacionales y que era un invento granadino. El producto se publicitaba usando distintos eslóganes y entre ellos uno que hizo especial fortuna en toda España y llegó a ser tremendamente popular: «Aceyte Yngles, todos saben para lo que es». Es creencia generalizada que el eslogan nació en estos años cuarenta, unos años en que determinadas cosas no se podían nombrar por su nombre y había que recurrir a los circunloquios y la insinuación, sin embargo el pareado es muy anterior y ya se usaba en los tiempos de la  República.
Todo hace indicar que, precisamente su gran popularidad y ese sobrentendido de tonos sicalípticos, trajeron la intervención de la omnipresente censura y que ésta obligó a sus fabricantes a suprimir un eslogan de tantísimo éxito. Así que desde mediados de 1942 desaparecerá de la publicidad aquello de “…todos saben para lo que es”  y ya sólo encontraremos el único eslogan que sobrevivió, el de «… ¡parásito que toca… muerto es!», también muy conocido y que llegó incluso hasta los años setenta. Sin embargo esa misma sacrosanta censura no tuvo inconveniente en seguir autorizando el diseño del rótulo de la marca comercial, de claras connotaciones sexuales, que cambia las íes latinas por griegas y obvia la tilde de la palabra inglés para que no quede lugar a la duda.
                El famosísimo Aceyte Yngles, otro icono de los terribles años de posguerra, lo fabricaba y distribuía una empresa granadina, Laboratorios Hazul, radicada en el Cerrillo de Maracena, que también fabricaba otro remedio muy popular por entonces y bastantes años después, el Bálsamo Hazul, un ungüento para las enfermedades de la piel y las quemaduras.       
 Publicidad en los periódicos del popular Aceyte Yngles

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