EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



lunes, 13 de diciembre de 2021

SE ACABA UNA TEMPORADA DE ZOZOBRA

El Granada de la primera jornada. En la foto, Valderrama (segundo por la izquierda), a continuación: Arencibia, Millán, Ricart, Lesmes, Rey y Floro; con: Trompi, Mas, González, Fraga y Sierra

 

Palizón en Mestalla sin trascendencia

El domingo 4 de abril era la fecha señalada en el calendario para que el Granada disputara su partido correspondiente a la jornada 25 y penúltima, en Valencia frente al Mestalla, pero dado que ese mismo día el primer equipo valenciano recibía la visita del Barcelona con el título de liga en juego puesto que ambos eran primero y segundo y sólo los separaba un punto (se impuso el Barcelona 1-3 y ganó la liga), se acordó, con el beneplácito del Granada, que el partido del filial valencianista se trasladara al lunes 5 de abril.

El domingo 4 sí hubo fútbol en Granada, pero fue un amistoso del Recreativo frente a un equipo que se presentó con el nombre de Ferroviaria de Baeza, al cual apabulló con el resultado de 10-0. A pesar del concluyente resultado, las crónicas dicen que el filial no realizó un buen encuentro y que pudo haber hecho muchos más goles frente a un conjunto improvisado para la ocasión y formado por jugadores de distintos equipos. Una casa comercial donaba una copa para el ganador y la directiva del Recreativo decidió que el trofeo fuera entregado a la peña del Realejo, que venía primando a los jugadores recreativistas desde que empezó la temporada.

Por fin el lunes 5 de abril se reanudó la liga para el Granada, pero mejor no lo hubiera hecho porque de Mestalla se trajo una paliza por 5-0. Y eso que Cholín, como ya hizo en Málaga, alineó un equipo netamente defensivo en el que, además de la defensa de tres, puso como teóricos interiores a Sosa y a Sierra, ambos retrasados a la media en labores de contención. Pero en esta ocasión no funcionó el invento y para colmo se puede decir que el Granada jugó sin delantera al lesionarse Morales y tener que abandonar el terreno para no reaparecer, faltando casi una hora de partido, por lo que sólo los extremos Fraga y Mas quedaron en el adelante. Las crónicas hablan de cierta desgana en las filas rojiblancas, que encajaron cuatro goles en el cuarto de hora final de la primera mitad. No obstante, gracias a los resultados de rivales directos, no fue demasiado perjudicial la derrota porque aunque sólo dos puntos separaban al Granada de los dos puestos de descenso (último y penúltimo) que ocupaban Córdoba y Mallorca, el golaveraje era favorable y en cualquiera de las combinaciones de empate salía el Granada vencedor, así que no dolió demasiado la derrota aunque sí el palizón.

 

Victoria sobre el Murcia y permanencia

En el último partido de la liga 47-48 de segunda, jugado en Los Cármenes el domingo 11 de abril entre el Granada y el Murcia, vencieron los rojiblancos 4-3, con lo que finalmente fue a terminar nuestro equipo octavo clasificado, con 24 puntos (dos negativos), empatado con tres equipos más (Mestalla, Baracaldo y Badalona), un punto sobre el Murcia y sólo dos más que los dos que acabaron descendiendo, el Mallorca y el Córdoba.

Para los periodistas locales el Granada jugó, no obstante, un partido desastroso, y sólo la fortuna hizo que los dos puntos se quedaran en casa porque los visitantes fueron mejores durante la mayor parte de los noventa minutos. Quizá porque la permanencia estaba asegurada los rojiblancos ofrecieron un partido desganado y torpe en el que se vieron fallos descomunales, sobre todo por parte del guardameta Valero.

El Murcia ganaba 1-3 faltando sólo veinte minutos para el final, pero Cholín modificó la posición de sus hombres colocando a Millán de delantero centro en sustitución de un Ricart -recuperado por la lesión de Morales- muy desafortunado y que pasó a la posición de interior, bajando Rey a la defensa y Arencibia a la media, y el granadino internacional marcó dos goles que dieron la remontada, consumada a poco del final. Así terminaba una liga rojiblanca más bien anodina (desdichada en extremo, según Fernández de Burgos en Ideal) que empezó con ánimos renovados gracias a la vuelta a la presidencia de Ricardo Martín Campos y el florecimiento de muy distintas peñas, ánimos que fueron decayendo conforme avanzaba la temporada y el equipo no salía de la cola de la clasificación, para volver a renacer tímidamente a raíz del cambio de técnico. Quedaba por jugarse la Copa del Generalísimo para liquidar por completo la temporada.


Floro, baja en la plantilla tras nueve temporadas

Adiós a Floro

Terminada la liga, empezaba a modelarse el Granada de la siguiente temporada. La primera decisión deportiva fue otorgar la libertad a Floro, quien la recibió a mediados de abril, marchándose a Madrid no sin antes hacer llegar a través de la prensa su adiós a la afición. Pocos días después quien recibía la baja era el catalán Galvany, que fichó por el Lérida. Ya en mayo se alcanzó un acuerdo con Morales para renovar por cuatro temporadas; es curioso lo de este jugador quien, en su primera temporada en el Granada, la anterior, fue olvidado por el entrenador de por entonces y condenado al ostracismo, situación en la que estaba hasta que a mediados de esta liga Cholín le dio confianza y él respondió con goles, ganándose así la renovación.

La de Floro era una baja cantada desde que en los primeros partidos de esta temporada se le veía inseguro y falto de facultades a sus 34, y las crónicas le señalaban como culpable de no pocos goles. Terminaba así la estancia en Granada de un portero que seguramente no esté entre los mejores que pasaron por el club rojiblanco, pero es muy probable que sí que esté entre los más queridos de la afición, como dice José Luis Entrala. Había llegado en la 39-40 de la mano de Manolo Valderrama y fue un caso curioso en el fútbol español ya que debutó como profesional a la edad de 26 años y sin haber militado nunca antes en un club federado (su club anterior se llamaba Peña Paco).

Floro, Florito para los innumerables amigos que dejó en Granada, escaso de centímetros (apenas 170) y de carnes, pero fuerte y felino, fue pilar fundamental en el buen papel desarrollado por el todavía llamado Recreativo Granada de la temporada inmediata posterior a la Guerra Civil y para el histórico ascenso de la siguiente. Ya en máxima categoría no le fueron tan bien las cosas y cada temporada era contratado un guardameta que en principio estaba llamado a arrebatarle la titularidad (Alberty, Pérez, Martí, Casafont). Con todo, en el Granada permaneció hasta 1948, a punto de cumplir los 35 años, completando un total de 121 partidos bajo los palos granadinistas.

Floro, asturiano de nacimiento y madrileño de crianza era un enamorado de Granada y siempre que podía se daba un paseo por nuestra tierra, donde además, por expreso deseo suyo, descansan sus restos junto a los de su mujer -su morenita-, de la que enviudó en sus primeros años granadinos. «Granada es parte de mí mismo; aquí pasé mis mejores años», declaró a la prensa granadina cuando en septiembre de 1972 Candi le impuso la insignia de oro del club e hizo el saque de honor en aquel partido Granada-Valencia de diplomático prólogo y de epílogo bélico, cuando Aguirre Suárez inutilizó para el fútbol al valencianista Forment. Floro, sentimental y bueno (según José Luis Entrala) y de lágrima fácil, lloró de emoción en aquella visita en la que pudo comprobar el gran cariño con que los granadinos lo recordaban.

La marcha de Floro de alguna manera supuso decir adiós a toda una era de la historia granadinista ya que a partir de la siguiente temporada ya nunca más empezaría la alineación rojiblanca con aquel recitado que parecía eterno y que llena casi toda una década, aquellos tres nombres que evocan una época dorada para el hincha: Floro, Millán, González.

 

Eliminación del Betis en la copa

Al domingo siguiente a finalizar la liga empezó para el Granada la disputa de la Copa del Generalísimo. Esta temporada se había dispuesto por la Federación un sistema de cuatro grupos (el Granada quedó encuadrado en el tercero) de ocho equipos cada uno formado por los supervivientes de tercera más los equipos de segunda, que se eliminarían a partido único en el campo de los contendientes que decidiera la suerte, repartiéndose la taquilla por mitades. De primeras tocó recibir en Los Cármenes la visita del Betis, equipo de tercera, categoría a la que descendió la temporada anterior. Sólo catorce equipos podían sobrevivir a esta fase intermedia y pasar a la siguiente, en la que ya entrarían en juego los de primera.

El Granada no tuvo ningún problema para eliminar al peor Betis de su historia, al que derrotó 4-1 (todos los goles en la primera mitad) en un partido malísimo, según las crónicas, que se jugó casi en familia porque la directiva dispuso que todo el mundo tenía que retratarse en taquilla y el mal tiempo hizo el resto, y también porque a estas alturas volvía a imperar el divorcio equipo-afición, después de la liga de zozobra recién finalizada.

A los ocho minutos ya había un 3-0 en el marcador y los pocos presentes soñaban con una gran goleada, pero, como dice Seudónimo en La Prensa, el Granada no es de esos equipos que dan una entera y completa satisfacción a sus seguidores y con ese tanteador se dedicó a partir de ese momento a vivir de las rentas sin esforzarse lo más mínimo, con lo que la segunda parte resultó insufrible y muchos aficionados optaron por marcharse antes del final. La nueva ausencia del lesionado Morales hizo que Millán jugara otra vez en la punta de ataque, pero en esta ocasión no pudo añadir un gol más a los siete conseguidos en la liga y que lo convirtieron en el cuarto máximo goleador de la temporada, tras Morales, Mas y Fraga.


La recaudación del Granada en Valladolid versión Miranda en La Prensa


En Valladolid adiós a la copa

Superado el Betis en la primera eliminatoria, la siguiente ronda deparó el peor rival posible de los que estaban encuadrados en el grupo del Granada, el Valladolid, recién proclamado campeón de Segunda División y como tal ascendido a primera, donde debutaría en la 48-49. La suerte dispuso que se jugara en campo vallisoletano y los pucelanos se impusieron ampliamente a los rojiblancos 4-1, y el Granada quedó eliminado de la Copa del Generalísimo. Lo más curioso de esta pérdida deportiva fue que la tesorería rojiblanca salió ganando porque al estadio vallisoletano acudió muy poca gente y las directivas de ambos clubes habían acordado previamente que el Granada renunciaba a la intervención de la taquilla del encuentro, dado que tenía derecho al 50% de lo recaudado, a cambio de un fijo de 55.000 pesetas si caía eliminado o 45.000 si superaba a los de casa, y seguramente lo recaudado en las taquillas del José Zorrilla no cubría esa cantidad.

Al descanso se había llegado con empate a cero y el primer gol de la tarde fue a favor del Granada, marcado en propia puerta por un defensa albivioleta. Las crónicas destacan que el Granada en la primera parte sólo se ocupó en defender su puerta y para ese fin se vio favorecido al jugar a favor del fuerte viento que hacía en Valladolid esa tarde. En la segunda mitad, jugando en contra del viento, casi no existió el equipo rojiblanco y así llegaron los cuatro tantos locales en una magnífica reacción de los de casa, conducidos por el ex del Once Fantasma Torquemada, cuatro goles que pudieron ser más si no fuera por la buena tarde del meta Valero. Esas mismas crónicas dicen que se vio un Granada desganado y apático.

De esta manera concluyó el 25 de abril la temporada oficial 47-48 del Granada, una temporada más bien mala que comenzó con gran animación y con el renacer de una parte considerable de la afición pero que terminó en medio de la abulia y la decepción por el mediocre resultado obtenido. Pronto empezarían las licencias absolutas de futbolistas con los que no se contaba para adelgazar la nómina. Hasta finalizar junio sólo quedaba como todo objetivo tratar de recaudar algunos dinerillos mediante amistosos para paliar de alguna manera la angustiosa situación económica. También quedaba la Copa Primavera, esa competición regional andaluza semi oficial que la anterior temporada disputó el primer equipo pero que ésta se decidió que la jugara el filial, y que echaría a andar el domingo siguiente.

 

Martín Campos quiere irse

Al finalizar la temporada oficial del primer equipo, la preocupación fundamental es tratar de solucionar la asfixiante deuda de la entidad, que se estima que anda ya rondando las 800.000 pesetas (se calculaba que era de algo más de 600.000 cuando entró la directiva actual), la mayor parte de esa cantidad en efectos bancarios por créditos solicitados por anteriores directivas, pero también constituían capítulos importantes las deudas con los herederos de Nicolás Ruiz, el vendedor de los terrenos de Los Cármenes, y con los herederos de Matías Fernández-Fígares por la construcción del estadio. La temporada fue mejor que las anteriores en el aspecto económico debido al gran aumento en el número de socios y a una mayor afluencia de espectadores a los partidos, pero a pesar de todo también fue deficitaria.

Con ese panorama, el 10 de junio salta la noticia de que el presidente Ricardo Martín Campos quiere abandonar su cargo. La gran deuda (para la época) del club pesa como lo que es, una gran losa a la que no se ve solución posible, al menos a corto o medio plazo, y don Ricardo da claras muestras de cansancio y más teniendo en cuenta que muy pronto habrá que hacer frente a casi medio millón que es lo que se estima que se necesita para abonar las fichas de los jugadores y contratar a nuevos elementos. El gran problema es que no se conoce a nadie que esté dispuesto a sustituir a Martín Campos.

Se convocó asamblea de compromisarios, elegidos por sorteo, pero de los cien nominados sólo asistieron la mitad a la reunión convocada el lunes 14 de junio en los locales de la Asociación Álvarez Quintero, calle Colcha 15, y los presentes votaron mayoritariamente a Martín Campos para seguir al frente del club a pesar de que éste había manifestado expresamente su deseo de no ser reelegido.


En Badajoz cosechó el Granada la mayor derrota de su historia


Partidos históricos

El final de la temporada del equipo rojiblanco lo constituyó una mini gira de dos partidos amistosos con que recaudar algún dinero, que llevó a los nuestros al Campo de Gibraltar a mediados de junio. En el primero de los amistosos el Granada empató a tres goles en Algeciras. Idéntico resultado, empate a tres, se registró en el segundo jugado en la Roca al día siguiente frente a una selección de Gibraltar.

Una semana más tarde hubo una nueva mini gira, esta vez a Extremadura, para la disputa de un torneo triangular con el Badajoz y el Hércules. Era propósito de Cholín completar la expedición rojiblanca con varios jóvenes del Recreativo, pero el filial estaba en esos momentos disputando la Copa Primavera y todavía tenía posibilidades de alcanzar una buena posición, por lo que sólo se llevó al medio Ros.

En el amistoso frente al Badajoz, equipo de Tercera División, jugado el 27 de junio de 1948, el Granada batió un récord todavía vigente: encajó la derrota más amplia de toda su historia, nada más y nada menos que 11-1. Menos mal que se trataba de un amistoso y el resultado sólo tiene valor como anécdota y nada más que cuenta para la historia doméstica. No disponemos de una mísera crónica del vergonzoso resultado y lo único que podemos referir es el comentario de apenas tres líneas que Ideal le dedica al partido, que dice que el Granada jugó muy mal (eso es seguro), sin dar sensación de conjunto y muy desganado.

El vencedor de ese primer amistoso debía enfrentarse al Hércules al tratarse de un torneo triangular, y ante la falta de otra cosa que hacer, el día siguiente al gran escardón recibido se contrató otro amistoso, éste al otro lado de la raya portuguesa, pero muy cerca de Badajoz, en Elvas. En tierras alentejanas, cuyo equipo militaba en la tercera portuguesa, el Granada arrancó una victoria 3-4. Tampoco disponemos de crónica del evento y sólo contamos con el corto comentario aparecido en Ideal, según el cual en este partido hubo palos hasta para el apuntador y abundaron las agresiones entre unos y otros, y hasta tuvo que intervenir la fuerza pública para serenar ánimos; tres jugadores locales fueron expulsados.

Si histórico fue el palizón cosechado en Badajoz, también es histórico este final de temporada rojiblanca ya que este partido de Elvas y el de una semana antes en Gibraltar se puede decir que constituyen el bautizo internacional del Granada CF, que por primera vez traspasaba las fronteras hispanas. No obstante habría esto que matizarlo porque ya había el Granada jugado en un país extranjero y además lo había hecho de forma oficial en la 39-40, cuando en su calendario de segunda tenía que desplazarse a Marruecos para visitar al Tánger, y posteriormente, en la 41-42, había jugado un amistoso en Tetuán; lo que ocurre es que Marruecos era por entonces un protectorado bajo administración española, así que se puede decir que, técnicamente, visitar esas ciudades no era propiamente desplazarse al extranjero.

 

El Recreativo en la Copa Primavera

El domingo 2 de mayo empezó el regional andaluz disputado por el sistema de liga a doble vuelta llamado Copa Primavera, que organizaba la Federación Sur y que la anterior temporada disputó el Granada, pero en ésta el representante granadino era el filial Recreativo. Para potenciar a nuestro equipo se decidió que Rivera, Almagro y Laureano Martín, los tres con ficha del primer equipo, jugarían en esta competición. El argentino Laureano Martín, que por problemas con su documentación se pasó en blanco toda la temporada, en esos momentos tenía ya sus papeles en regla, pero seguía sin contar para Manolo Ibáñez; fue fichado para el Granada, pero hasta el momento sólo se le había podido ver en un amistoso en las filas del filial, en el que pasó desapercibido.

A pesar de los refuerzos de la primera plantilla, en la jornada inaugural el Recreativo empató en Los Cármenes a un gol con el Ronda, su bestia negra esta temporada pues una derrota en casa en la última jornada de la liga de primera regional lo había dejado sin opciones de ascenso. Cea marcó el único gol recreativista, siendo expulsado poco después y sancionado con cuatro partidos. Poco público asistió por ser una tarde lluviosa.

En la segunda jornada, jugada entre semana, llegó la primera derrota (2-1), en Antequera frente al equipo de esa localidad, que militaba en tercera. Tres días después visitó Los Cármenes el Osuna, que salió goleado 4-0. Después le tocó desplazarse al campo malagueño de Segalerva, de donde salió derrotado 3-0 por el Larios.


Anuncio en la prensa del partido nocturno Recreativo-Écija

Por retirada del segundo equipo del Antequera el número de participantes en la Copa Primavera quedó reducido a siete, de manera que cada semana descansaba uno de los participantes. En la quinta le tocó descansar al Recreativo y esa ficha libre fue aprovechada para organizar un amistoso en Los Cármenes entre el Granada y el Recreativo, homenaje al entrenador Manolo Ibáñez quien, como sabemos, fue muchos años masajista del Granada antes de dedicarse a labores técnicas. Ganó el primer equipo 3-1 y en ambos onces jugaron integrantes de una y otra plantilla entremezclados. Supuso el debut de un jovencísimo Sueza, por entonces militando en el Cartuja, que actuaba a prueba y jugó de rojiblanco quedando fichado inmediatamente. Otro a prueba y que también fichó fue el albaicinero Paquito Ladrón de Guevara. También se pudo ver de rojiblanco a Laureano Martín y marcó un gol, aunque de él dicen las crónicas que domina el malabarismo, pero que su fichaje no está justificado en modo alguno.

Con escasísimo interés por parte de la afición y con entradas en Los Cármenes que ni cubrían gastos continuó esta competición todo el mes de junio hasta adentrarse en julio y sus calores extremos. El Recreativo solía ganar los partidos caseros (salvo contra el Ronda, su bestia negra, el equipo que lo apartó del campeonato de su grupo de regional) pero perdía invariablemente a domicilio. Así hasta llegar a la última jornada, a finales de julio en Los Cármenes frente al Écija, un partido en el que nada se jugaban los contendientes porque ninguno de los dos podía aspirar al campeonato, pero que sin embargo es histórico.

 

Primer nocturno en Los Cármenes

Muy metidos ya en el mes de julio, con un calor achicharrante y sin nada que ventilar, se le ocurrió al preparador Manolo Ibáñez que el último partido del Recreativo, el de la jornada 14, se jugara al fresquito de la noche granadina. Tras obtener la aprobación de la Federación Sur el club se puso manos a la obra con objeto de instalar reflectores a la orilla del terreno de juego e improvisar un alumbrado del cual carecía Los Cármenes, como la mayoría de campos de fútbol españoles por aquellos años.

Así, el día 20 de julio los diarios informan que en Los Cármenes se han instalado gran cantidad de reflectores (fueron 32) que mantendrán completamente iluminado todo el estadio para que en él pueda jugarse el partido final de la Copa Primavera frente al Écija, que comenzará el sábado 24 de julio a las 11 de la noche. Se jugará con un balón blanco que además será embadurnado de fósforo, y a la terminación del partido habrá una verbena en la explanada de Los Cármenes en honor a los jugadores del Recreativo. Los tranvías de Pinos-Puente, Fuente-Vaqueros, Gabia y La Zubia, tendrán como hora final de salida la 1,30 de la madrugada para que pueda asistir más público, se lee en el anuncio del gran evento que insertan los diarios.

La crónica de Ideal que firma JOVI (José de Vicente) dice que este nocturno, el primero de la historia en Granada, fue un éxito de público, aunque no dice una cifra aproximada de concurrentes, y que el aspecto de Los Cármenes era bueno porque los reflectores instalados, sin llegar a dar gran potencialidad de luz, hicieron que el juego pudiera seguirse sin tener que esforzar demasiado la vista, y que los jugadores del Recreativo, vestidos de blanco entero, no extrañaron ni notaron la diferencia de jugar con luz natural. Nada había en juego de cara a la clasificación, pero ganó el Recreativo 3-0 con goles de Almagro por partida doble y de Díaz Cara. Así terminó por fin la larguísima primera temporada de existencia del filial granadinista.


Chiste de Miranda en Ideal sobre el nocturno Recreativo-Écija

 

 

 

 

 

 

CALLEJEANDO

 

 

La Vuelta a España otra vez en Granada

            A mediados de junio, un año más vino la Vuelta Ciclista a España a Granada y, como en años anteriores, constituyó un gran acontecimiento seguido por varios miles de aficionados y curiosos a pesar del fortísimo calor reinante. Era ya la VIII edición y la organizaba una vez más la Editorial Católica, propietaria del diario Ideal, que patrocinó la etapa con final en Granada, adjudicando un total de 5.000 pesetas en premios.

En esta ocasión vino la carrera procedente del norte, concretamente del pueblo manchego de Valdepeñas, frente a ediciones anteriores en que siempre había procedido de Sevilla o de Murcia. Era la segunda etapa, aunque técnicamente constituía la tercera ya que el día anterior se habían corrido dos subsectores (Madrid-Madrid- y Madrid-Valdepeñas). En la llegada de Calvo Sotelo, como en ocasiones anteriores, se dieron cita más de diez mil personas.

Con una hora de retraso sobre el horario previsto se presentaron los corredores en Granada y en la meta se impuso Dalmacio Langarica, del Insecticidas ZZ, escapado en Deifontes, quien entró con más de un minuto de ventaja sobre sus perseguidores, al frente de los cuales llegó el veterano Berrendero, del equipo Casa Galindo. En la recta final hubo un accidente al derrapar un ciclista y acabar envistiendo al público presente, resultando lesionada una espectadora, aunque de levedad.


Guillermo Peregrina, Tolínez

La victoria en Granada llevó a Langarica a enfundarse el maillot rojo de primero en la general, jersey que cedería en la siguiente etapa, Granada-Murcia, a Bernardo Ruiz, del equipo Udsans-Portaminas Alas Color, que sería quien finalmente se adjudicaría esta Vuelta de 1948. Participaban 55 corredores, de los cuales sólo 26 llegaron a Madrid, completando así la totalidad de los 3.990 kilómetros de las 19 etapas. Los apenas cincuenta corredores que quedaban salieron con las claras del día de la Plaza del Carmen camino de tierras murcianas.

En esta 8ª edición de la Vuelta a España volvió a haber representación granadina en la persona de Guillermo Peregrina Alcalá, “Tolínez” de nombre de batalla, de quien Enrique Moleón Espigares, en su obra “115 Años de Ciclismo Granadino” dice que era inteligente en su forma de correr, ágil escalador y rapidísimo en las llegadas. Peregrina corría con el dorsal 50, encuadrado en el equipo Bicicletas Gaitán. Según la crónica de la etapa Valdepeñas-Granada, de Ideal, Tolínez había iniciado muy bien la carrera, llegando al control de Jaén en cuarto lugar, pero a partir de ahí no dosificó adecuadamente sus esfuerzos ni se aprovisionó lo suficiente, por lo que sufrió un desfallecimiento, lo que le hizo llegar a Granada el 40º.

Tolínez hizo un papel digno a lo largo de toda la carrera pero después de haber capeado más o menos bien la parte más dura de la ronda y cuando ya se veía llegando a Madrid, que ése era su principal objetivo, tuvo que abandonar en la etapa 14 con final en Ribadeo. En la etapa anterior, Santander-Gijón, en Llanes, había tenido la mala suerte de tropezar con un perro descontrolado que invadió de pronto la calzada. Las heridas de la caída le obligaron a abandonar.


 La azucarera del Genil o de la Purísima en 1910


La industria azucarera en decadencia

            En abril de 1948 tuvo lugar en Granada, en los locales del Liceo, bajos del teatro Cervantes, una asamblea de unos seiscientos azucareros donde se dieron cita representantes de las industrias y de los agricultores, y en la que estuvieron también presentes el alcalde, el presidente de la Diputación, representantes de las cámaras de comercio y propiedad urbana y otros. Todos fueron convocados bajo el lema “Pervivencia de la economía agrofabril remolachero-azucarera”, para tratar de impedir la desaparición de la industria azucarera granadina. De esta asamblea salieron telegramas cursados a la Casa Civil del Jefe del Estado y a los ministerios de Agricultura, Industria, Trabajo, así como a la Presidencia del Gobierno y a la Comisaría de Abastecimientos, comunicando que las conclusiones aprobadas en la reunión serían remitidas, vía gobernador civil, a esos mismos organismos.

            Esas conclusiones giraban en torno a la realidad de una industria que fue importantísima para la economía granadina pero que en esos momentos estaba en franca decadencia y seriamente amenazada debido fundamentalmente -se dijo en el transcurso de la asamblea- a los bajos precios que para el azúcar fijaba el Estado, que era en régimen de monopolio el único comprador de toda la producción y que después distribuía en racionamiento a los consumidores e industrias derivadas. Unos precios que no cubrían los costes de producción, de manera que la práctica totalidad de las industrias de la Vega llevaban años acumulando pérdidas y los agricultores por su parte, ante los cada vez más escasos incentivos que les ofrecía el cultivo de la remolacha, optaban por otros mejor retribuidos, como el tabaco o la patata. Para agravar aún más la crisis, seguían diciendo los asamblearios, los poderes públicos fijaban unos raquíticos cupos de abonos y de semillas de remolacha para la provincia de Granada, mucho menores que los fijados para otras zonas azucareras, de lo que se derivaban unas campañas insuficientes por falta de materia prima que ya habían causado la paralización de algunas industrias vegueras y que dos de las cinco fábricas que quedaban en 1948, al haber sido vendidas a capital de otras provincias, estuvieran a punto de emigrar con armas y bagajes a otro lugar donde no tropezaran con tantas trabas, un traslado que acabó ocurriendo tres años después con la azucarera de la Purísima o del Genil (en el puente de los Vados), que abandonó estos pagos y se estableció en Jerez, cosa que ya había ocurrido antes con la azucarera de Santa Juliana, también trasladada a otros lares. Pedían los reunidos a los poderes públicos algún tipo de ayuda en forma de subsidios o mejores precios y aumento de los cupos, sin que sepamos si sus reivindicaciones fueron o no atendidas.

            Según los tratados, en la provincia de Granada históricamente florecieron determinados cultivos industriales, desde la morera y su consiguiente industria de la seda en tiempos de moros, al lino y el cáñamo y su aplicación a actividades textiles y de cordelería y velamen, que también tuvieron su importancia en los siglos XVIII y XIX. Pero nada comparable a lo que se puede considerar como una mini revolución industrial penibética a raíz del cultivo generalizado en la Vega de la remolacha, que empezó por estos pagos hacia 1882 y trajo el florecimiento rápido de industrias para su molienda y transformación en azúcar, además de otras auxiliares dedicadas a la obtención de otros productos como alcoholes o abonos, todo favorecido por los movimientos independentistas de las colonias americanas que todavía le quedaban a España y que dificultaban grandemente el suministro de azúcar de caña a la metrópoli. Un boticario, Juan López-Rubio, y un médico y catedrático de la UGR, Juan Creus, fueron los pioneros e introductores de la remolacha en la vega granadina, después de experimentar lo suficiente y obtener resultados óptimos. La perfecta aclimatación del cultivo al suelo veguero hizo el resto. El llamado Ingenio de San Juan fue la primera fábrica azucarera, situada en La Bobadilla, en el pago de Fatinafar, donde muy cerca nació años después la que fue precisamente la última fábrica en cerrar, la de San Isidro.

Hasta el momento del despegue de la industria azucarera granadina, todo el azúcar que se consumía en España procedía de las colonias y se extraía de la caña de azúcar, y una mínima parte venía de los ingenios de la costa mediterránea andaluza, principalmente en las provincias de Granada y Málaga. La pérdida de las últimas posesiones españolas de ultramar favoreció el nacimiento de la industria remolachera. Por toda la provincia llegó a haber en los años dorados del azúcar más de veinte ingenios que daban jornales a más de 8.000 familias. En la provincia se llegó a producir en algunos ejercicios el 90% del total del azúcar español, y en Granada se vivió una época de prosperidad económica, la que va de finales del siglo XIX hasta los años 30, sin parangón en toda su historia, y esto tuvo reflejo en toda la sociedad, fundamentalmente en la construcción y las comunicaciones: apertura de la Gran Vía, línea férrea a Bobadilla, nacimiento de la red de tranvías urbanos e interurbanos. La transformación de la sociedad y de la propia ciudad fue importantísima: apenas existía el paro obrero y Granada vio casi duplicada su población en muy escaso periodo de tiempo.


La misma fábrica azucarera en la actualidad

Desde el inicio de la década de los treinta empieza la actividad a ser cada vez menos rentable. Después de la Guerra Civil, la escasez de abonos y el agotamiento de los suelos unidos a los bajos precios para el azúcar fijados por la economía autárquica del primer franquismo y, finalmente, la gran competencia de otras zonas de mejor clima, capaces de producir a menor coste, son los factores principales que se señalan como causantes de la decadencia, sin olvidar que nuestras industrias vegueras habían quedado algo obsoletas.  

En 1948, cuando tuvo lugar la asamblea de azucareros a que nos referimos más arriba, se atravesaban momentos de gran crisis del cultivo y de la industria, y se veía como inminente el abandono total de la actividad. De las cinco fábricas que quedaban para entonces, sólo permanecieron tres en funcionamiento a partir del año siguiente: Nueva Rosario (en Pinos-Puente), La Vega (en Atarfe) y San Isidro (en Granada capital, carretera antigua de Málaga), pero todavía la industria azucarera vivió un repunte a finales de los 50 y principios de los 60. A partir de ahí ya todo es cuesta abajo hasta su desaparición total en 1984, que fue cuando cerró la azucarera San Isidro, la última en hacerlo. Otro cultivo industrial vino a sustituir al de la remolacha, el tabaco, pero nunca éste llegó a adquirir la dimensión social y económica de la remolacha en sus buenos tiempos, entre otras cosas porque las fábricas para su transformación no se montaron a pie de plantación, sino que se las llevaron a otras provincias.

Desde hace por tanto la tira de años, Granada no tiene más que el turismo como actividad económica importante, una actividad que al pertenecer al sector servicios, precisamente el que peor aguanta las cíclicas crisis, se puede decir que nos dejan, económicamente hablando, en gran debilidad, lo que se nota aún más en situaciones de excepción, como la reciente crisis del Covid 19. Desde los ya lejanos y que se han dado en llamar años dorados del azúcar, Granada no ha hecho sino retroceder hasta ocupar por derecho propio un puesto en la cola de todos los rankings económicos patrios.

A servidor le da por soñar que aquella excepcional bonanza económica penibética de finales del XIX y primera mitad del XX podría algún día volver, y que podría hacerlo otra vez de la mano de algún cultivo industrial; en mi ensoñación me da por pensar que puede ocurrir que alguna humilde planta a la que no damos valor, en el futuro y como por arte de birlibirloque resulte fundamental para la fabricación de algún artilugio o la obtención de un manjar que se venda como rosquillas, y que sería cuestión de investigar y experimentar. Pero tampoco puedo olvidar que la Vega se ha quedado muy estrecha en aras de la especulación salvaje, y que al paso que vamos, mucho me temo que ese milagro, si éste llegara a ocurrir, no serviría de mucho porque sólo quedarían unos pocos marjales cultivables.


El granadino Francisco Alonso en caricatura de Tovar


Murió el maestro Alonso

            El 18 de mayo de 1948 moría en Madrid un paisano ilustre entre los ilustres, uno de los Cien Granadinos del Siglo XX para el diario Ideal, el compositor Francisco Alonso López, a los 61 años recién cumplidos, de una angina de pecho. Su entierro al día siguiente hizo una primera parada en el Teatro de la Zarzuela, donde recibió homenaje de los actores y actrices de Madrid, y después pasó por la sede de la Sociedad General de Autores, de la que era presidente en el momento de su defunción, para recibir sepultura en el cementerio de la Almudena acto seguido. En el sepelio no faltó una corona del Ayuntamiento y una representación de la ciudad de Granada, y ésta recayó en el presidente del Granada CF, Ricardo Martín Campos, a la sazón concejal, que acudió comisionado por el alcalde Gallego Burín aprovechando que en esos momentos se encontraba en la capital cerrando alguna contratación para su Salón Nacional, y de paso echándole el ojo a algún posible fichaje rojiblanco para la temporada venidera.

            Esa misma tarde estaba programado el estreno en el teatro Fuencarral del último trabajo del finado, una obra póstuma: “Un pitillo y mi mujer” era su título, opereta con letra de Carlos Llopis y música de los maestros Alonso y Montorio, estreno que quedó aplazado en señal de duelo. Asimismo, hasta cinco obras suyas estaban ese día en cartel en Madrid en distintos locales, que también suspendieron función por ese motivo. En nuestra tierra, esa misma noche la única emisora de radio existente, Radio Granada, de la cadena Ser, le rindió homenaje con la programación de gran parte de su amplia producción musical.

            Había nacido en Granada en mayo de 1887, en el Paseo del Salón, y después de estudiar música con el maestro de capilla de la Catedral, Celestino Vila, a los 18 años estrenó en el Cervantes su primer espectáculo teatral, un sainete titulado “La niña de los cantares”. Con esa misma edad ganó por oposición la plaza de “músico mayor” de la banda de Obreros Polvoristas del Fargue, lo que le inspiró su primer pasodoble “Pólvora sin humo”. Años después fundó y dirigió la Sociedad Filarmónica Granadina.

En 1911, al disolverse la banda del Fargue, tomó el camino de los madriles en pos de un triunfo que no tardó demasiado en llegarle y que alcanzó su máxima expresión a raíz del inmensamente popular pasodoble de “La Banderita” (Allá por la tierra mora), de su revista “Las Corsarias”, 1919, un auténtico pasaporte a la fama para Alonso.

Es amplísima su producción musical y sus biografías coinciden en destacar, aparte de su innato talento musical, la gran sencillez de sus composiciones, casi todas de resonancias folclóricas españolas, una música alegre y de fácil melodía que en seguida conectaba con el gran público. Y en lo personal, destacan también su gran simpatía, lo que sin duda también le franqueó no pocas puertas (esto para que los granadinos sigamos autoflagelándonos con el manido tópico).

Compuso más de doscientas obras. Entre ellas zarzuelas tan famosas como “La Bejarana”, “La calesera” (con la canción “Yo no quiero querer a chispero”), “La Parranda” (con el cuasi himno oficial de la comunidad autónoma murciana “Canto a Murcia”). En el género de la revista también son célebres, aparte de la ya nombrada “Las Corsarias”: “Doña Mariquita de mi corazón”, “Las Leandras” (con el popularísimo chotis “Pichi, es el chulo que castiga” y el no menos popular pasodoble “Por la calle de Alcalá”). También compuso alguna banda sonora, como la de la película biográfica sobre Andrés Manjón “Forja de almas”. También canciones sueltas, esto es, sin englobar en una obra mayor, como la conocidísima “Maitetxu mía”, un zortzico. Esto por citar sólo las más famosas de sus composiciones. Casi todas ellas alcanzaron enorme popularidad en toda España y en Hispanoamérica, y muchas de las nombradas siguen sonando y siendo representadas en la actualidad. Cuando le sorprendió la parca trabajaba en otra composición que dejó inconclusa: “Estampas Granadinas”.


El maestro Alonso (primero por la derecha, de pie) ataviado a la mora en el estudio de Ruiz Linares de la Alhambra, junto a unos amigos en su época granadina

 

No hay comentarios: