EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



viernes, 12 de febrero de 2016

EL RECREATIVO OTRA VEZ EN DANZA

Vista aérea de Los Cármenes a principios de los cuarenta

Desde el Corpus de 1936 en que como parte de los festejos organizados para las fiestas mayores granadinas había disputado el Recreativo dos partidos amistosos, ambos frente al Sevilla, no había vuelto a jugar partido alguno, con excepción del celebrado en plena Guerra Civil contra un combinado de la zona franquista en el que actuó un equipo improvisado bajo la denominación de Recreativo Granada. Tres años y tres meses después, el 8 de septiembre de 1939, vuelve el Recreativo a ponerse en danza en un amistoso en Baeza que ganó al club local por 1-2. Jugaron: Martínez; Leoncio, Millán; Cepillo, Abril, Zubeldia; Juanele Castillo, Herranz, Bombillar, Jesús y Aguileño. Con los que habían respondido al anuncio del club en la prensa, a mediados de agosto, se pudo improvisar este once en el que todos eran granadinos excepto el portero Martínez y el interior izquierda Jesús Hernández, madrileños recién fichados. Los demás ya habían pertenecido al Recreativo, aunque algunos como Cepillo, Leoncio y Millán sólo habían jugado con el segundo equipo. Dos días después hubo repetición del amistoso y los mismos recreativistas en esta ocasión empataron a un gol.

El Regional.
Con sólo los dos amistosos en Baeza como toda preparación, una semana después, el domingo 17 de septiembre, comenzó a rodar el balón en serio, con la disputa de la primera jornada del campeonato regional andaluz que organizaba la Federación Sur. Participaban los equipos andaluces de Primera (Betis y Sevilla) y de Segunda (Recreativo, Cádiz, Racing de Córdoba, Malacitano, Onuba y Jerez). Dirigidos por Antonio Bombillar como entrenador-jugador,  la alineación del Recreativo fue prácticamente la misma de Baeza, pero el debut fue bastante malo y el Cádiz venció en Los Cármenes 1-4. Las dos siguientes jornadas depararon sendas derrotas a domicilio, en Córdoba (2-0) y en el campo del Betis (4-0).
La derrota ante el Cádiz (con el que venían Camilo Liz y Antonio Benítez, futuros granadinistas), enfrió bastante el buen ambiente que se vivía y provocó en la prensa comentarios como los de Fernández de Burgos, que dice que excepto Aguileño, Millán y alguno más, el resto no tiene categoría para jugar en el Recreativo y que «a quién podemos reclamar de que los futbolistas granadinos sean muy malos». Así que después de la tercera jornada y a la vista del farolillo rojo que ocupa el Recreativo, con sólo un gol materializado y diez encajados, aunque no hay un duro se impone reforzar una plantilla que está claro que no da la talla. Por eso, en la cuarta jornada del Regional presenta el Recreativo una alineación muy renovada en la que debutan los recientes fichajes del portero Corona, el veterano defensa Patricio y los delanteros Fernández, del Antequerano, y Nin, del Elche. Aunque el juego mejoró no lo hizo el resultado y una nueva derrota, 3-2 en el campo de Baños del Carmen ante el Malacitano (los tres goles malagueños de Calderón, ídolo de anteguerra del recreativismo), fue lo obtenido. Hasta la jornada seis no llegó la primera victoria, 0-3 en Huelva, que sirvió para abandonar el farolillo rojo. Antes se había cosechado una nueva derrota, ésta en Los Cármenes ante el Sevilla (2-3).


Aguileño, Juanele Castillo y Calderón, futbolistas del Recreativo de antes de la guerra. Los dos primeros volvieron a la disciplina del Recreativo y el tercero fichó por el Malacitano


Mal resultado en el Regional.
Nuevas incorporaciones se produjeron a mitad del regional, un portero, el sevillano Valencia, y el reingreso de Torquemada, otro de los profesionales de antes de la guerra. Además vinieron otros que llegaron a alinearse en unos pocos partidos: Ramonchu, Pombo, Moreno, más otro que volvía, Osorio IV. También ficharon algunos llamados a pertenecer a nuestro equipo gran número de temporadas, como el recluta canario Sosa (Valentín Jorge Sosa, Sosa II), que lo hizo por una gabardina más el sueldo.             


El Recreativo que derrotó 4-0 al Rácing de Córdoba en la jornada 12 del Campeonato Regional Andaluz

Entre tantos nuevos merece destacarse un madrileño que iba a quedarse en Granada para siempre, José Manuel González López, González para el fútbol, que llegó a alinearse en las cuatro jornadas finales del campeonato regional. 
De esta manera el once titular, que empezó siendo netamente granadino, conforme avanzaba el campeonato cada vez lo era menos. Pero a pesar de las constantes llegadas de nuevos futbolistas, el papel del Recreativo en el Regional andaluz fue bastante malo, tercero por la cola. Sólo pudimos ganarle al Onuba (en la ida y en la vuelta) y al Racing de Córdoba en Los Cármenes, y nunca se consiguió abandonar los tres últimos puestos. Lo más doloroso fue el 7-0 sufrido en el campo del Sevilla.

La victoria.
La ciudad de Granada permaneció durante los tres años que duró la Guerra Civil siempre “leal” al bando vencedor, y al no tratarse de un centro de gran importancia estratégica, ni en lo militar ni en lo económico, no fue excesivo el sufrimiento que hubo de padecer su población a lo largo de esos tres años en comparación con lo que tuvieron que pasar otras ciudades españolas.
Excepción hecha de la feroz represión que desde el primer día impusieron los militares sublevados sobre los izquierdistas locales y también de las escaseces de productos de primera necesidad, consecuencia lógica de todo conflicto bélico, y aparte de los sobresaltos del cerco de primera hora a que se vio sometida la ciudad y de algunos –muy pocos- bombardeos de la aviación republicana, se puede decir que la guerra apenas se dejó sentir en Granada. Pero eso no quiere decir que no se celebrara con gran alegría el final de la guerra, decretado oficialmente el 1º de abril de 1939.
                Efectivamente, la guerra terminó en esa fecha, pero lo que vino a continuación fue la larguísima y terrible posguerra, la victoria, que más que parecerse a la paz que todos deseaban y significar la conciliación de los que habían sido enemigos, fue una continuación de la situación anterior y en muchos aspectos no hizo sino empeorarla. 


González, primero de pie por la izquierda, recién llegado a Granada se fotografía en el Triunfo con Jesús Osorio,Nin y el portero Valencia, que aparece sentado en una silla de anea


El ocio tras la tragedia.
En el verano de 1939 la ciudad de Granada, como el Recreativo, poco a poco quiere volver a la normalidad después de tres años de incertidumbres y provisionalidad. Una Granada en la que la autarquía hace volver a su rica vega cultivos abandonados hacía tiempo, como el cáñamo y el lino, junto a los más productivos tabaco y remolacha, y en la que la prensa informa a diario de detenciones de estraperlistas. Una Granada en la que se acaba de terminar el cubrimiento del Darro desde el puente de Castañeda hasta su desembocadura y pronto empezarán las obras del nuevo Embovedado que termine con la fea joroba que impide a los transeúntes de una acera verse con los de la de enfrente. Una Granada en la que aparte de los cafés y tabernas sólo tiene como ofertas de ocio el teatro Cervantes, el Salón Nacional (antiguo cine Regio) y el Coliseo Olympia, aunque mientras dure el verano también disponen los granadinos del cine Palermo, instalado en Acera del Casino, en el solar del desaparecido Casino Cultural, derruido al arder por completo en agosto de 1932, como resultado de los sucesos que desencadenó la Sanjurjada.         
            En el Salón Nacional (propiedad de Ricardo Martín Flores, padre del presidente del Recreativo, Ricardo Martín Campos), por dos reales en butaca de patio y la mitad en gallinero, ponen en agosto de 1939 (Año de la Victoria, dice el anuncio en prensa) una del Oeste, Deuda de Sangre, de Tom Tyler, que acaba de sustituir en cartelera a otra también de pistoleros, Donde la Ley no existe…, de Richard Dix. El Olympia es algo más caro, una peseta en patio y la mitad, dos reales o 50 céntimos en general, y ponen una del Gordo y el Flaco, Un par de gitanos. Además de ese plato fuerte, el Coliseo Olympia (en la Gran Vía, una de las singulares construcciones debidas al arquitecto que también fuera presidente del Recreativo, Matías Fernández-Fígares, y que fue demolido a finales de los sesenta) anuncia dentro de programa y por el mismo precio, un interesante documental de Novedades UFA, que era algo así como el No-Do, al que le faltaban todavía tres años para ir de aperitivo en todos los locales de la piel de toro, y que producía y distribuía el Dr. Goebbels, ministro de propaganda de la Alemania nazi, por lo que en lugar de aparecer Franco inaugurando pantanos o pescando salmones el que aparecía cada dos por tres en los reportajes era el führer, bigotillo incluido. La propaganda nazi de la UFA se solía alternar con los noticieros de la Fox, éstos de producción norteamericana y de contenidos varios no propagandísticos.
                También había cine al fresquito, en el Palermo, más o menos donde hoy está el teatro Isabel la Católica, cine de verano que por 1,20 ptas. (señoras y niños la mitad) exhibía un musical de George Raft, La danza de los ricos.


Tres ilustraciones que firma "ac" y que acompañaban el reportaje de Cirre

               
Fantasmas del Albaicín.
Mientras se disputaba el Regional andaluz pero al margen de lo futbolero, en el mes de octubre de 1939 eran detenidos Custodio Jiménez Ruiz y Josefa Linares Perandrés. ¿Qué por qué los habían detenido?, pues por echarse por encima una sábana y apostarse en alguna esquina albaicinera, con preferencia por las zonas de plaza Larga y calles del Agua y Panaderos, dedicándose a asustar (por broma, según los “espectros”) a todo cristiano que por allí se dejara caer, en aquella Granada de restricciones de posguerra en la que el alumbrado público brillaba porque no brillaba, es decir, por su ausencia, porque no existía o era tan débil que hacía negra negrísima cualquier noche sin Luna. Es fácil imaginar que la cuestión dio muchísimo que hablar.
                José Cirre Jiménez, escritor y periodista de Patria que alguna vez también se dedicó a la información deportiva, dejándonos varias crónicas de partidos del Granada CF, publicó por aquellos días en este diario un artículo titulado “Los fantasmas de Granada” donde exponía que, aunque parezca mentira, treinta años atrás era esta práctica del ensabanamiento algo realmente extendido y contábamos en Granada con al menos un fantasma por barrio, hasta convertir el fantasmerío en algo tan típico y castizo como el mismo barrio del Albaicín.
                Había quien se convertía en espanto por encargo, a cambio de un salario, para ahuyentar de una determinada zona a moscones inoportunos y poder mientras dedicarse a actividades clandestinas, a menudo relacionadas con asuntos de camas y cornamentas. También existían otros improvisados fantasmas, mucho más peligrosos porque eran simplemente salteadores nocturnos.

                Según Cirre, el más famoso ensabanado fue el llamado “fantasma del Boquerón”, que actuaba en ese barrio granadino, sobre todo por la placeta del Azúcar, que medía casi dos metros y llevaba siempre unas velas eléctricas, de modo que el tipo le quedaba tan conseguido que decían las gentes que se trataba de un aparecido de verdad, no de pega. Este duende alcanzó a existir más de un año y en ese periodo consiguió desalojar por completo de inquilinos (que huyeron despavoridos) la llamada casa del Azúcar, cuyo propietario no consiguió volver a alquilar sus viviendas en muchos años porque este ya inexistente inmueble pasó a engrosar el extenso censo granadino de “casas del miedo”. Cuenta Cirre cómo desde la Gran Vía, por entonces -principios del siglo XX- ya trazada pero sin ninguna edificación, los noctámbulos que por allí pasaban podían ver las espectrales luces y oír los extraños ruidos que provenían de la casa.




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