EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



sábado, 19 de diciembre de 2015

LA MARADONITIS ROJIBLANCA



            «-Técnicamente es mucho mejor que nosotros dos, sin lugar a dudas, es el más elegante de los tres, es el más dotado técnicamente, lo que pasa es que nosotros le ganamos en condición física, en lo demás nos pinta la cara.»

            Son palabras textuales de Diego Armando Maradona.  Así definía, futbolísticamente hablando, a su hermano Raúl Alfredo (Lalo, el mediano de la saga) en respuesta a preguntas de los plumillas granadinos que lo entrevistaban el 14 de noviembre de 1987 en el hotel Alhambra Palace, la víspera del partido de los Maradona en el que Diego, Lalo y Hugo iban a enfundarse la rojiblanca granadinista y disputar un amistoso contra el Malmoe Sueco.
          

         El Pelusa, en lo mejor de su carrera, en la que todavía estaba muy reciente el campeonato del mundo de México 86 y que acababa de conseguir un doblete de liga y copa italianas,  procedente de Nápoles había aterrizado horas antes en Chauchina en jet privado acompañado de su hermano Hugo, el menor del trío, y de un séquito de no menos de quince personas, con abundante presencia femenina (madre, esposa, hija, cuñadas) que inundaron el vestíbulo del pequeño aeropuerto granadino de colores vivos, cardados y hombreras, una terminal en la que le esperaba el resto del clan, con su señor padre a la cabeza, y que desde varias horas antes aparecía congestionada por la presencia de un sinfín de cámaras de TV y periodistas de medio mundo, y también por varios cientos de curiosos.

            Por primera vez los tres hermanos Maradona iban a jugar juntos un partido. Lo que había hecho posible este hito que tantísima expectación levantó fue la promesa de Diego al presidente del Granada CF, Alfonso Suárez, de venir a Granada y jugar un partido como agradecimiento por haberse fijado en su hermano, el mediano de la saga, Lalo, también conocido como Maradonita, un pibe que recién empezaba en esto del balompié y al que por el momento sólo se le habían visto mínimos detalles de clase en las divisiones inferiores de Boca. El Granada CF, por entonces un recíen ascendido a Segunda División, firmó por tres temporadas a Lalo Maradona y por un total de 34 millones de rubias y añoradas pesetas (un pastón por entonces), aunque a la prensa se le comunicó que el montante de la operación no llegaba ni a la mitad.

            

Según la frase de Diego Armando que abre este escrito, Lalo Maradona era, técnicamente, el mejor de los tres hermanos. Y aunque ahora esto parezca una boludez, en aquellos momentos casi todos los granadinistas habríamos estado de acuerdo con el comentario del Maradona primero. Hasta ese momento, mediados de noviembre de 1987, no existían razones para desconfiar de esa afirmación ya que lo poco que le habíamos visto a Maradonita había sido todo bueno: su debut ante el Coruña, al que le cayeron cinco goles, uno de ellos del propio Lalo, y su consagración un domingo después en Vallecas ante un ejército de medios informativos de todo el mundo, donde el Granada CF se trajo los dos puntos y se encaramó al segundo puesto de la tabla. El sueño de recuperar la primera división pasó a ser considerado como algo más que eso -un sueño- y se convirtió en el tema de conversación preferido en los mentideros granadinistas.

            En medio de este clima de euforia, o sea, en el mejor momento, se encontró la tarde del domingo 15 de noviembre de 1987, aprovechando un parón liguero para llevar a la práctica la idea y promesa de Diego Armando de alinear a los tres hermanos juntos y luciendo los mismos colores. Con Los Cármenes rozando el lleno y presencia de la catalana TV3 que en exclusiva registró el acontecimiento, unos 20 millones de récord (el anterior estaba en poco más de 10, de un partido de Copa con el Sevilla tres años antes) dejó en taquilla el partido de los Maradona (algo más de 12 según fuentes oficiales), en el que, bajo la dirección de Martín Navarrete, el Granada derrotó al Malmoe 3-2. Los tres hermanos jugaron los noventa minutos y ocuparon la vanguardia del ataque rojiblanco, Lalo (con el 10) por la izquierda, Diego (con el 9) en el centro y Hugo (con el 8) por la derecha, y los tres dejaron bien alto el pabellón de su apellido, Lalo y Diego con sendos goles, saludados ambos con coros de ¡Lalo! ¡Lalo! y ¡Diego! ¡Diego!, y el menor, Hugo, el "turco" (a la temporada siguiente también se vino al fútbol español, al Rayo Vallecano), fue la revelación, con su gran velocidad y magnífico regate. Los tres hermanos Maradona jugaron a un altísimo nivel. Fue un espectáculo de los grandes, de los que se guardan largo tiempo en la memoria.

            Al día siguiente los tres hermanos, con Lalo actuando de cicerone, giraron la visita de rigor a la Alhambra y por la tarde se volvieron a Nápoles todos los que de allí vinieron. Pasada la maradonitis lo que quedó fue la inmediata y mucho más terrenal preocupación por el siguiente choque liguero que llevaba a los rojiblancos a Torrepacheco, donde circunstancialmente el Cartagena jugaba sus partidos. Y de tierras murcianas se vino el Granada con una derrota 3-1 con un nuevo gol de Lalo Maradona.


            Ése fue el último gol del argentino en todo lo que quedaba de liga. La triste realidad es que a partir de este momento, Lalo Maradona y el Granada parecieron haber agotado todo su combustible y fueron otros muy distintos. El futbolista cada vez ofrecía menos para el equipo y paulatinamente se fueron reduciendo sus minutos sobre los terrenos de juego, de modo que en toda la segunda vuelta se puede decir que fue suplente. Y el equipo se desmoronó por completo, entrando en una dinámica de derrotas (seis consecutivas) que de los puestos de ascenso pasó en poco más de un mes a rondar los de descenso, en lo que influyó grandemente el bajón en el rendimiento de determinados futbolistas que no daban tanto como podrían haber hecho porque no eran "mimados" crematísticamente, como sí lo era el argentino. El buen técnico Joaquín Peiró fue destituido y su puesto lo ocupó Ruiz Sosa, que no hizo otra cosa que empeorar la situación, de modo y manera que el Granada acabó como vicecolista y descendido a 2ª B antes de jugarse todo el calendario, completando la segunda peor temporada de toda su octogenaria historia, números en mano.

          

  La temporada siguiente en 2ª B tampoco destacó Maradonita y los distintos técnicos que lo dirigieron lo condenaron sistemáticamente al banquillo, hasta que a mediados de temporada se pudo alcanzar un acuerdo para rescindir un contrato astronómico al que el club no podía hacer frente, y a Argentina se volvió Lalo con mucha más pena que gloria.


            ¿Lalo Maradona era ese mirlo blanco que parecía allá por el otoño de 1987?  Más allá del amor fraterno, ¿respondía a la realidad el comentario de Diego Armando sobre su hermano? ¿Estaba justificado viajar hasta Argentina y pagar un riñón por un jugador como los que hay por aquí en abundancia? Obviamente no a todo. Pero claro, esto se vio después y mejor aún se ve ahora, cuando tanto tiempo ha transcurrido. Por el solo hecho de llamarte Maradona nada te garantiza la bondad futbolera, la paupérrima trayectoria balompédica de Maradonita posterior a su aventura granadina bien a las claras lo dice. A toro pasado está clarísimo que el Granada CF hizo un negocio ruinoso con su fichaje, a pesar de lo que dejó en sus arcas aquel partido memorable de mediados de noviembre del 87. Pero en aquellos momentos, en plena maradonitis rojiblanca, y ahí están las hemerotecas para confirmarlo, todo era optimismo y felicitaciones por el gran fichaje granadinista y nadie podía prever el batracianismo en que acabaría convertido.

martes, 8 de diciembre de 2015

MAZURKIEWICZ, UN GRANADINISTA DESCONOCIDO




            Ladislao Mazurkiewicz Iglesias, en su tiempo considerado el mejor portero del mundo, es un nombre muy conocido de todo el futbolerismo por haber jugado más de ochenta partidos con la selección charrúa y haber participado en tres mundiales, Inglaterra 1966, México 1970 y Alemania 1974. En el de 1970, el Mundial del “jogo bonito” en el que Uruguay acabó cuarta, fue designado mejor portero e incluido en el once ideal del certamen. En ese campeonato mundial, aparte de su gran actuación que acabó de consagrarlo, fue Mazurkiewicz protagonista involuntario de uno de los dos famosísimos “no goles” de “O Rei”, Pelé, con aquella jugada en la que sin tocar el cuero fintó la desesperada salida fuera del área del guardameta uruguayo para encarar la portería desguarnecida, un clásico del que sigue siendo considerado el mejor Mundial de todos los celebrados, tan clásico como la otra genialidad de Pelé en México 70, que tampoco fue gol, con disparo desde el centro del campo a la portería del checo Viktor.
También es muy conocido Mazurkiewicz por su gran palmarés como jugador de club: tres ligas uruguayas con el que fue el equipo de sus triunfos, el Peñarol, más una Copa Libertadores y una Intercontinental (ganada al R. Madrid Ye-yé en 1966).
Lo que ya no es tan conocido es que esta figura legendaria del deporte jugó en el fútbol español.
Fallecido recientemente, su desaparición fue noticia de difusión mundial en todos los medios dedicados al fútbol, que volvieron a exponer su sobresaliente palmarés como golero internacional. Lo que uno ha echado de menos en ese maremágnum de necrológicas es que en una buena parte de ellas han olvidado (o lo ignoraban) incluir que entre septiembre de 1974 y febrero de 1976 Mazurkiewicz militó en un club español. Seguramente si su periplo hispano hubiera transcurrido enrolado en uno de los grandes de nuestro fútbol no se habrían olvidado de este dato, pero resulta que mientras estuvo entre nosotros perteneció a un club modesto, al Granada CF. Además, no se puede decir que le acompañaran precisamente los éxitos mientras fue granadinista.
            Natural de Piriápolis, departamento de Maldonado, donde nació en 1945, debutó con los aurinegros de Peñarol con sólo 18 años y desde ese momento se hizo con la titularidad indiscutible. También indiscutible sería su presencia en la selección uruguaya a partir de 1966, sin haber cumplido aún los 21. Tras militar siete temporadas en el equipo carbonero pasó al fútbol brasileño, y del club Atlético Mineiro de Belo Horizonte lo fichó el Granada CF en septiembre de 1974, tan sólo tres meses después de disputar su último Mundial, el de Alemania 1974.
            «Mazurkievitz (sic), internacional uruguayo, nuevo portero del Granada», titula su sección deportiva el diario Ideal de 12 de septiembre de 1974. Desde la temporada anterior, 73-74, por primera vez desde hacía bastantes años se permitía a los clubs españoles fichar jugadores extranjeros, pero se limitaba su número a dos por equipo, y en esas fechas el Granada ya tenía ocupadas esas dos plazas con el también uruguayo Montero Castillo y con el austriaco Parits, así que Mazurkiewicz, de ascendencia polaca por parte de padre y española por parte de madre (del pueblo coruñés de Riacho) ingresó en nuestro fútbol como oriundo, es decir, como hijo de españoles y ciudadano español a efectos legales, con pasaporte y DNI. Un mes después, en octubre, llegaba a Madrid “Mazurka” desde Montevideo y en algún diario nacional se afirmaba que había fichado por el Valencia por 300.000 dólares (casi 17 millones de ptas.). Pocos días después aterrizaba en Granada y se incorporaba por dos años a la disciplina del club rojiblanco, dirigido técnicamente por Joseíto. Como compañeros de demarcación contaba el Granada por entonces con Izcoa y con Pepe Navarro. Lo que costó su fichaje no lo sabemos con exactitud, pero parece que finalmente la operación quedó cerrada en 8 millones.
En primera instancia su documentación como hijo de españoles fue mirada y remirada en busca de irregularidades pues en esos momentos estaba en pleno apogeo la polvareda que levantaron los clubes vascos en contra de los falsos oriundos, que por entonces eran legión en el fútbol español. Por esa razón no obtuvo el plácet de las autoridades federativas hasta un mes después, ya en noviembre, cuando Izcoa era el portero menos goleado de Primera División.




Sus características más destacables como guardameta eran las propias de un gran golero: muy bueno bajo palos, grandes reflejos y una gran seguridad en las salidas y los despejes. Pero de esas cualidades, los granadinistas sabemos más por lo que pudimos ver por TV, cuando defendía la celeste o la aurinegra, o por lo que leíamos en los muchísimos textos que de Mazurkiewicz nos hablan, que por lo que pudimos comprobar mientras defendió los colores rojiblancos.
Por fin su debut como granadinista se produjo en la  competición que se llamó Liga Andaluza, campeonato de reservas que la 74-75 llegaba a su cuarta edición y que disputaban los equipos andaluces de Primera (Betis, Málaga y Granada) y Segunda (Sevilla, Córdoba, Huelva y Cádiz), más el Linares de Tercera. El 18 de diciembre de 1974, en Los Cármenes el Granada derrotó al Córdoba 2-1. Era aquella una liga no oficial que se empezó a jugar en 1971 y llegó hasta 1976, con partidos que se jugaban entre semana y servían para que los suplentes se reivindicaran y para hacer todo tipo de probaturas. Se trataba de un partido no oficial, casi como un amistoso, pero la presencia del uruguayo en la alineación titular del Granada convocó a un buen número de hinchas que al final se fueron como habían llegado, es decir, sin ver prácticamente parar a Mazurkiewicz porque los cordobeses apenas inquietaron su portería salvo en la acción de su único gol en la que, por cierto, no estuvo muy afortunado el uruguayo.
Continuó Mazurkiewicz jugando casi de forma exclusiva en esta liga andaluza porque en el primer equipo seguía Izcoa cuajando buenas actuaciones que no aconsejaban su relevo. Y como nota común a sus intervenciones en esta competición menor se puede hablar de que el uruguayo seguía siendo un desconocido para los aficionados porque aquellos partidos no daban mucha oportunidad para el lucimiento. Así hasta que en la jornada 20 y tras salir el Granada goleado 4-0 del Insular entendió Joseíto que se imponía el cambio de arqueros. De esta manera, el 16 de febrero de 1975, en Los Cármenes y con visita del Español, se produjo por fin de forma oficial su debut en nuestro fútbol. Pero ocurrió que en un partido muy malo y que acabó en empate a cero los delanteros españolistas tampoco prodigaron el disparo y se puede hablar de que Mazurkiewicz volvió a quedar inédito.
A la jornada siguiente tocaba viajar a Vigo y en Balaídos fue el Granada derrotado 3-0. Mazurkiewicz volvió a ocupar la meta rojiblanca y, según las crónicas, quizás se le podría reprochar algo en sólo uno de los tres goles encajados. En esta ocasión los delanteros contrarios sí lo sometieron a un trabajo continuo, pero como el partido se jugó muy lejos de Granada y por entonces no se televisaban todos, como ahora, el caso es que los granadinistas volvimos a quedarnos sin ver en acción al crack uruguayo.
Joseíto después de la derrota ante el Celta puso otra vez a Izcoa y ya no volvió Mazurkiewicz a alinearse en un partido oficial. A la temporada siguiente, con Miguel Muñoz de entrenador, una de sus primeras decisiones fue la de cortar a Mazurka, por lo que nuevamente nos quedamos los hinchas granadinos sin poder apreciar sus cualidades de gran arquero. Finalmente, en febrero de 1976 se volvió al Peñarol, ahora traspasado por el Granada, que así recuperó parte de lo invertido en este portero de fama mundial que no tuvo suerte en su corta aventura española. Sólo dos partidos es su bagaje en el fútbol patrio.
Todo hace indicar que sus intenciones no eran ni mucho menos las de pasar furtivamente por nuestro país sino todo lo contrario, que lo que quería era echar raíces aquí ya que mientras estuvo en nuestra tierra se asoció con su compañero de equipo, Luis Oruezábal, para poner a medias un restaurante. El restaurante abrió sus puertas en 1975 con el nombre de “Chikito, uno de los apodos con que era conocido Mazurkiewicz por ser algo corto de talla para su profesión de guardameta. Desde ese año su alias es en Granada sinónimo de buen comer y de granadinismo.