EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
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jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



sábado, 28 de abril de 2012

¡¡¡CARRANZA NO SE VENDE!!!



Granada 1 Español 0

13 de septiembre de 1959

Estadio Los Cármenes, casi lleno, quince mil espectadores en tarde soleada y muy calurosa. Partido correspondiente a la primera jornada del campeonato de liga de Primera División 1959-60

Granada CF: Candi; Vicente, Méndez, Forneris; Becerril, Larrabeiti; Vázquez, Szabo, Carranza, Ramírez y Arsenio

RCD Español: Vicente; Argilés, Bartolí, Dauder; Recamán, Sastre; Camps, Szolnock, Indio, Muñoz y Vílchez

Goles; 1-0, min. 60, Carranza

Árbitro: Birigay, del Colegio Valenciano. Regular actuación

La prensa local había publicado la misma mañana del encuentro que hasta el mediodía no se sabría definitivamente si Carranza se iba traspasado al Barcelona o se quedaba en el Granada. No se había hablado de otra cosa en los corrillos futboleros en la semana previa, y eran mayoría los que se oponían al traspaso del ídolo rojiblanco. Así, a las doce de la mañana, varios cientos de hinchas granadinistas que espontáneamente se habían dado cita bajo los balcones de la sede del club, en plena calle Reyes Católicos, dejaban oír sus gritos en contra de la marcha del as argentino. En el principal, con entrada por la calle Mariana Pineda, la directiva del presidente recién estrenado en el cargo, José Jiménez Blanco, reunida de urgencia para decidir sobre la cuestión, deshojaba la margarita y no acababa de decidirse entre quedarse con un futbolista con el que hacer grande al club y cuya cotización podría aumentar más aún, o ceder y dejarlo marchar a cambio de los seis millones (un dineral para la época) de la última oferta culé. Finalmente triunfó la primera opción y la llamada desde Barcelona fue contestada con un rotundo no. «Carranza no será traspasado. Jugará esta tarde ante el Español», podía leerse en la sábana que a modo de pancarta sobre la marcha se improvisó y desplegó a la calle para que se calmaran los ánimos y conseguir que aquella manifestación quedara disuelta. No obstante, hasta que al filo de las cinco de la tarde por megafonía no se confirmó la presencia del argentino en la alineación rojiblanca, muchos no llegaron a creérselo.

Estaba todavía muy reciente la proeza copera de junio pasado y el paseo que supuso para el Granada superar la promoción. Las veinticuatro jornadas de la 58-59 que transcurrieron antes de la llegada de Carranza poco se asemejaban a las dieciocho siguientes. Sin el argentino el equipo había sido capaz de hacer sólo veinticinco goles, en cambio desde su debut en marzo, en los dieciocho partidos de liga, copa y promoción, eran cuarenta y dos los goles rojiblancos, catorce de ellos con la firma del propio Carranza. Por eso mismo se había fijado en él el todopoderoso Barça, pero por la misma razón se había convertido en ídolo del granadinismo, que mayoritariamente prefería seguir contando con un ariete de su categoría e intentar una nueva proeza a sumirse en la mediocridad y los apuros clasificatorios.

Las dudas acerca del comportamiento de Carranza al frustrarse algo tan importante para su carrera profesional como hubiera supuesto su fichaje por el Barcelona, quedaron pronto resueltas porque el argentino fue el de siempre, el jugador pundonoroso y valiente que no rehúye el choque y es una pesadilla para las defensas contrarias. Fue un partido más bien malo en el que el Granada no se encontró cómodo en ningún momento y tuvo muchas dificultades para superar la cerrada defensa españolista. La ausencia del maestro Benavídez, sancionado junto a Pellejero desde el partido de vuelta de la promoción en Sabadell, la acusó bastante el equipo. Atascado andaba el once rojiblanco hasta que al cuarto de hora de la continuación un balón largo de Méndez llegó a las inmediaciones de Carranza quien dejó atrás a su marcador Sastre para, en pugna con el central Bartolí, superar a éste y batir la media salida de Vicente de tiro potente y cruzado. Un golazo al más puro estilo Carranza.

Cinco minutos después el árbitro Birigay señalaba penalti a favor del Español por derribo de Vicente a Szolnock, pero el internacional brasileño Recamán lanzó fuera. Gracias a ese fallo pudo el Granada de Kalmar inaugurar con victoria esta 59-60 que presagiaba grandes triunfos que después no acabaron de llegar. Carranza, que no quiso hacer declaraciones en el pospartido, fue el mejor de los veintidós y mereció un 10 en las calificaciones de Hoja del Lunes.

A pesar del no traspaso de Carranza, la temporada 59-60 no fue todo lo buena que se esperaba porque a una primera vuelta con positivos siguió una segunda caracterizada por el desfondamiento de una plantilla bastante veterana que fue perdiendo gas y posiciones en la tabla, aunque la categoría se salvó sin necesidad de jugar siquiera la promoción, pero hubo que esperar hasta el último minuto de la última jornada. El rendimiento de Carranza disminuyó a la vez que el de todo el equipo y al final se quedó en los ocho goles que, no obstante, lo convirtieron en el máximo goleador rojiblanco.