EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



sábado, 26 de diciembre de 2009

UN GRANADA CAMPEÓN



El Granada es el mejor club del mundo. No hay uniforme más bonito que el rojiblanco ni estadio más acogedor que Los Cármenes. Sus fieles proclamamos estos dogmas de fe sin que nos importe el hecho de que nunca haya ganado ningún título nacional ni el de que desde hace más de treinta años no haya militado en el máximo nivel del fútbol español. Sus triunfos son modestos. Pero siendo poca cosa sus logros hay al menos uno que no es muy conocido y que no es cosa para olvidar.

Me refiero al campeonato de Andalucía que el Granada conquistó en la temporada 1971-72. Esa mágica temporada, la mejor de la historia rojiblanca, deparó la mejor clasificación histórica y también el título de campeón de la primera de las varias ligas andaluzas de reservas que llegaron a disputarse, competición no oficial que fue una idea de Candi.

Hay dos precedentes de campeonatos andaluces no oficiales en los que participó el Granada, pero ambos son de cuando todavía nuestro equipo se denominaba Recreativo.

El primero data de la temporada 1935-36. Fue conocido con el pomposo nombre de “Campeonato Superregional Andaluz” y lo disputaron todos los equipos andaluces de Primera, Betis y Sevilla, y los de Segunda, grupo III, Recreativo Granada, Mirandilla (actual Cádiz CF), Malacitano (después CD Málaga) y Xerez (no es el mismo que esta temporada juega en Primera, que fue fundado en 1947). Se disputó por el sistema de liguilla a doble vuelta entre los meses de septiembre y noviembre de 1935, como aperitivo a la disputa del campeonato oficial de liga. El Recreativo, dirigido por el húngaro Lippo Hertza presentó el equipo base formado por: Rodrigo; Carreras, Sanfeliú; Bombillar, Cuenca, Castro; Victorio, Nieto, Calderón, Barrios y Luque. El ganador fue el Sevilla, vigente campeón de Copa, sin duda el mejor del sexteto, que contaba por entonces con jugadores como el guardameta internacional Guillermo Eizaguirre, y con Campanal, López, Torrontegui, Berrocal y otros. El Recreativo acabó cuarto clasificado, por delante de Malacitano y Mirandilla, y lo más destacable de los nuestros fue el empate a uno conseguido por los blanquiazules en Nervión, que pudo ser victoria si no hubieran fallado un penalti.

La temporada siguiente, es decir, la 1939-40, después del parón bélico, se pone en marcha, también como aperitivo a la liga oficial, el que se llamó “Campeonato Regional Andaluz”, disputado también por todos los andaluces, ocho conjuntos en esta ocasión: Sevilla y Betis, de Primera, más los del grupo V de Segunda, Recreativo, Malacitano, Xerez, Onuba (actual Huelva), Cádiz y Rácing de Córdoba (que es equipo distinto al actual Córdoba). Los rivales granadinos en liga de Segunda fueron los mismos más los no andaluces Sport Ceuta y España de Tánger. En este campeonato no oficial el papel desarrollado por el Recreativo fue bastante malo, quedando sexto clasificado y el ganador volvió a ser el Sevilla, que había vuelto a ganar la Copa y que en liga sería subcampeón.

Este Recreativo del campeonato andaluz es un equipo casi improvisado tras la Guerra Civil, dirigido por Bombillar e integrado por una gran mayoría de jugadores granadinos. No hay mal que por bien no venga cabría decir, porque el pobre papel desempeñado por los recreativistas en este campeonato regional hizo ver a la directiva de Martín Campos que no había un plantel de garantías para la categoría de plata, por lo que antes de empezar la liga oficial el propio Martín Campos y Paco Cristiá viajaron a Madrid y se trajeron el que puede ser considerado mejor “lote” de futbolistas de la historia granadinista; de una tacada fichan González, Victoriano Santos, Trompi, Maside y Floro, a los que después se unirán otros como Gaspar Rubio más Sosa, que hacía la mili en Granada, más el míster Manuel Valderrama. De los que jugaron el campeonato andaluz sólo permanecieron los pocos que valían: Millán, Aguileño, Valencia, Carrillo, Nin, Fernández y otros. De esta forma se forjó uno de los mejores planteles granadinistas de su historia, que esta misma temporada se va a quedar a las puertas de Primera para dar el salto a la siguiente.

Después de los dos citados hay que irse hasta la temporada 1971-72, que es cuando se disputa la primera edición de la Liga Andaluza de Reservas, por los equipos: Granada, Málaga, Betis, Sevilla, Córdoba (todos de Primera), Jerez, Cádiz (ambos de Segunda) y Huelva (de Tercera, pues no existía la 2ª B). Como queda dicho, el Granada fue el vencedor, y si los amables lectores (alguno habrá, ¡digo yo!) tienen la suficiente paciencia, en sucesivas entregas iremos analizando más en profundidad este título granadinista, que es un triunfo menor, pero triunfo al fin.

jueves, 17 de diciembre de 2009

EL ATRACTIVO GRANADA



14/12/09

Cuando cautivo y desarmado el mecenas Sanz quedó el club al borde de la desaparición y tras vencer no pocas reticencias el equipo Cuerva fue el único que se atrevió a intentar evitarla, se habló de que la única salida era lo que se llamó un proyecto de ciudad. Es decir, una unión de todo el futbolerismo local, incluidos los atléticos, que se traduciría en una entidad que pretendía vivir en adelante sin apartarse de sus auténticas posibilidades. O sea, visto lo visto y dados los tiempos de vacas flacas en lo monetario, todo hacía indicar que si el club salía de su mala situación, a lo más que aspiraríamos sería a un equipo modesto cuyo objetivo no pasaría de luchar por la permanencia en 2ª B.

Sólo unos meses han transcurrido desde entonces y lo que vivimos en el fútbol local muy poco se parece a lo que se intuía como inevitable. Extraños compañeros de cama procura el balompié cabría decir. Porque el responsable de que en lugar de un equipillo en zozobra tengamos un equipazo que puede salirse en la clasificación es ni más ni menos que Enrique Pina. Sí, el mismo que por poco sale mal parado por tener la osadía de pisar Los Cármenes en cierta ocasión y tropezar con el forofismo militante. Por cierto, no se puede descartar que Marsá, eterno genio y figura, una vez se recupere –que se recuperará- vuelva a intentarlo en la orilla rojiblanca, como ya lo hizo en 1997; serían dignos de ver y de oír las caras y los circunloquios de algunos.

Los que llevamos ya acumulados unos cuantos trienios en esto de ser hincha rojiblanco siempre tuvimos la sensación de vivir en un permanente dejà vu durante el sanzismo. Ya conocimos otros padrinos que después de ilusionarnos al final sólo dejaron tras de sí un solar. No quisiera uno ejercer de agua fiestas, y menos en momentos de euforia como los actuales, y hacer ver que la fórmula del mecenazgo deportivo sustentado en una sola economía más temprano que tarde acaba como acaba. Lo ideal habría sido que los granadinos, todos, y no sólo trescientos, hubieran respondido a la desesperada llamada de Cuerva y su equipo. Como por lo visto esto es demasiado pedir, a falta de un auténtico proyecto de ciudad tampoco está mal que alguien supla las carencias granadinas.

Si el Granada, a pesar de todos los pesares, sigue teniendo el suficiente atractivo como para que alguien de fuera se atreva a poner sus dineros, yo creo que debemos felicitarnos sus fieles. Ahora lo que hace falta es que la aventura le salga a Pina (y a la conexión italiana) todo lo mejor que pueda salirle, empezando por lo deportivo, que si por fin tenemos futbol profesional lo mismo hasta podrían animarse las fuerzas vivas penibéticas. Cosas más raras se vieron.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

EMPIEZA LA GUERRA



El 30 de agosto de 1971, acompañado del intermediario Epifanio Rojas, del presidente del Estudiantes y de un jugador paraguayo llamado Ferreira que venía a probar (y que no fichó), ponía pie en Granada por primera vez Ramón Alberto Aguirre Suárez y estampaba su firma al pie del contrato que por dos años le ligaba al Granada CF por cuatro millones según la prensa, pero que en realidad fueron siete. Era el fichaje más caro de la historia granadinista hasta ese momento.
Tras una espera de más de cinco horas podía por fin ser entrevistado. En Ideal manifestaba a Gave, entre otras muchas cosas: «Tengo todos mis papeles en regla y nunca he sido internacional»; «Soy persona humilde y trato de ayudar a los demás. Me gusta ser responsable de mis actos y pienso entregarme por entero al Granada»; «Dentro del campo no tengo problemas y he salido de él menos veces de las que se dice»; «Yo soy del Paraguay pero de muy pequeño me fui. Nací el 2-11-46»; «Mis padres son de acá, nacieron en Pamplona»; «Me gusta jugar fuerte y leal. Pienso que a un colega no se le puede jugar traicionándolo».
¡Hombre!, excepto en lo que se refiere a entregarse por entero al Granada, después de leer lo que va delante ya duda uno hasta de si en realidad era su nombre auténtico el que dijo.
Desde luego, eran otros tiempos. En los campos de fútbol apenas había por entonces una cámara (cuando la había) que registrara lo ocurrido sobre el terreno. Y para qué hablar de algo parecido siquiera remotamente a Internet. De ahí que no haya en la entrevista para Ideal ni siquiera una mínima referencia a la batalla de La Bombonera de menos de dos años atrás.
Al día siguiente ponía el argentino nuevamente rumbo a La Plata para ultimar detalles y traerse a la familia. Y más de dos semanas después volvía por fin a Granada para con sólo dos sesiones de entrenamiento (entrenamiento al que acudieron más de diez mil hinchas) debutar en la tercera jornada ante el Español con Los Cármenes a reventar. Aquel 19 de septiembre de 1971se vio un partido más bien malo que acabó en empate a cero (fue el primero de los únicos cuatro puntos que el Granada dejó escapar de su terreno aquella memorable temporada) y Aguirre Suárez, cuyos gestos y movimientos eran especialmente seguidos por todos, no brilló y evidenció falta de preparación, teniendo que ser sustituido por Barrenechea mediada la segunda mitad.
Así fueron los primeros pasos granadinos de esta figura legendaria del fútbol mundial. A partir de este momento y durante tres temporadas va a convertirse el Granada en un hueso muy duro de roer por los mejores equipos del momento mientras que se irá tejiendo la negra leyenda en torno a todo lo rojiblanco que desembocará en aquello de «jugar en Granada es como ir a la guerra».

jueves, 10 de diciembre de 2009

UNA CUESTIÓN ESPINOSA



Tenía el Jaén un portero que se llamaba Espinosa y que tiene algo de protagonismo en la historia del Granada CF. En cierta forma fue uno de los culpables de que se nos escapara un ascenso a Primera, el último (por ahora) que hemos tenido muy a mano, del cual hace poco se redondeó el treinta aniversario. Treinta añazos que se dicen muy pronto. Porque aunque en 1984 se volvió a tener a la vista un ascenso a Primera, lo de 1979 fue del estilo del murcianazo, es decir, con muchísima malafondinga y de forma infartante.
El Jaén, toda la liga 78-79 luchando por escapar de los puestos de descenso a 2ª B había dado la sorpresa en el Villamarín y había derrotado al Betis, que luchaba por volver a Primera. Pero por lo visto, el tal Espinosa se alineó en el Jaén de forma irregular. Los béticos reclamaron y esa derrota a mediados de abril, en la jornada veintinueve, se convirtió en victoria casi un mes después, ya que dictaminaron los organismos oficiales que el partido había que repetirlo. En el campo neutral de El Arcángel cordobés un cabezazo de Megido valió la victoria que volvía a meter a los béticos en la pelea por el ascenso y a los del Santo Reino los dejaba en puestos de descenso.
Mientras tanto el Granada de Ben Barek, muchas jornadas líder destacado de el único grupo de 2ª A, había encarado la recta final justo de fuerzas y de efectivos, pero a mediados de mayo le daba en Los Cármenes un palizón de 5-0 al Getafe y permanecía líder. Sólo faltaban cinco jornadas pero los dos equipos que todavía tenían que visitarnos, el Jaén de Ruiz Sosa y el Tarrasa en el que empezó Joseíto, eran de la zona de descenso (los dos descendieron finalmente), así que nos las prometíamos muy felices y ya acariciábamos la Primera.
Pero nada. De los diez posibles sólo fue el Granada a sumar dos míseros puntos de los dos empates ante Jaén y Tarrasa. La visita del Tarrasa en la penúltima jornada trajo algo de cola porque algunos jugadores catalanes acusaron al Granada de un intento de compra. No nos consta que tal intento de soborno existiera, el caso es que el partido acabó en empate a un gol. Uno recuerda de aquella tarde a un Granada que mandó casi los noventa minutos y falló lo que no se puede fallar, pero al que apartó del triunfo un error infantil, una pérdida de balón en el centro del campo que aprovechó un futuro granadinista, un tal Lozano -más bien fallón era, al menos mientras aquí estuvo- para plantarse ante Izcoa y marcar el 1-1 con que se llegó al final. El Tarrasa cuando vino a Granada ya había descendido, y el Granada por su parte quedaba relegado a la sexta posición, aunque no todo estaba perdido.
Las derrotas frente al Málaga (ascendió), que oficialmente dirigía Kalmar, y Osasuna obligaron a jugárselo el todo por el todo en el Villamarín en la última jornada. Así desembocamos en la muy calurosa tarde del 17 de junio de 1979.
Fue una tarde muy parecida a la de veintiún años y ocho días más tarde, sólo que ocurrió a 250 kilómetros y así al menos no tuvimos que sufrirlo de cerca. También aquella tarde llovía fuego del cielo mientras que Granada “ardía” en Corpus. Y también, como en el fatídico veinticincojota el resultado final levantó todo tipo de sospechas. Sospechas de falta de honestidad en determinados jugadores rojiblancos y sospechas sobre la rectitud de las autoridades federativas en la resolución del contencioso del Betis con el Jaén.
En el descanso habíamos ascendido, pero después dos goles en menos de diez minutos, más los que venían de otros campos, nos dejaban fuera. Y hasta hoy.
Pegado a la radio de la caseta “La Faraona” me recuerdo al borde del infarto y maldiciendo los dos puntos que se llevaron Jaén y Tarrasa. En uno de aquellos largos y castizos Corpus de entonces, de casetas de “fantasía” y sin uniformar, y en el que bastaba un paseo de cinco minutos.

martes, 1 de diciembre de 2009

BARCELONA PLAZA PROHIBIDA



El Granada CF de sus buenos años en máxima categoría, salvo en momentos puntuales fue siempre más cola de león que otra cosa. Pero con todo, en diecisiete temporadas pudo en más de una ocasión dar la alegría a sus hinchas de traerse algo positivo de la casa de los grandes. Así podemos contar victorias o empates arrancados en el Bernabéu, en el Metropolitano, en San Mamés, en el Sánchez Pizjuán, en Mestalla y en el Vicente Calderón. Pero hay una plaza, la del Barcelona, primero en Les Corts y después en el Nou Camp, en la que los diecisiete envites arrojaron siempre el mismo resultado: derrota rojiblanca, con el añadido de que en no pocas ocasiones esa derrota fue por goleada.
Cuando el Granada comparece por séptima vez (octava si cantamos también la visita en Copa de finales de los cuarenta) como visitante en el campo blaugrana, el 28 de febrero de 1960, el balance de sus seis anteriores visitas arroja la cifra de sólo siete goles a favor por ¡veintisiete! en contra (nada menos que 4,5 de promedio), que indica que los choques entre culés y rojiblancos suelen deparar goles en abundancia, sólo que esa abundancia viene dándose mucho más en una portería que en la otra. Y tal como venía siendo la norma de los partidos de anteriores temporadas, en ésta también se da un gran número de goles, nueve, pero esta vez sí están más repartidos pues el resultado final fue 5-4. En esta ocasión el Granada estuvo muy cerca de puntuar, cosa que mereció y que hubiera conseguido de no habérsele anulado un gol perfectamente legal.
En este final de febrero, jornada 24 (de 30), el sensacional Barça de HH, vigente campeón de liga y copa, sostiene una estrechísima pugna con el R. Madrid por revalidar el título, cosa que conseguirá muy al final y sólo por golaveraje, en uno de los campeonatos más reñidos que se recuerdan. Tres días después del partido contra el Granada tiene que devolver visita al Wolverhampton Wanderers inglés, en Copa de Europa. Por esa razón Helenio Herrera reserva a algunos de sus titulares (Gensana, Villaverde, Luis Suárez, Eulogio Martínez, Gracia). Pero claro, en ese vestuario hay estrellas más que de sobra, y si no vean los que jugaron: Ramallets; Olivella, Rodri, Pinto; Vergés, Segarra; Tejada, Kocsis, Evaristo, Kubala y Czibor (sólo Pinto no fue nunca internacional). El Granada, en esos momentos en puesto de promoción, opuso a Piris; Vicente, Méndez, Forneris; Becerril, Vílchez; Vázquez, Ramoní, Carranza, Martínez y Arsenio. Faltan hombres de la importancia de Benavídez, Ramírez y Larrabeiti, lesionados, y también Pellejero, cumpliendo una sanción de ocho partidos desde que fuera expulsado en San Mamés. Pero no es un Granada cualquiera, es el Granada del sabio Kalmar, el mismo que todavía puede lucir con orgullo el título de subcampeón de Copa. Es un Granada que, si se le conceden espacios, puede ganar en cualquier escenario, como ya ha hecho esta misma temporada en el Metropolitano madrileño. Con un juego rapidísimo, apoyado en los dos extremos, Vázquez y Arsenio, que cuajaron una actuación sobresaliente, el Granada sorprendió al campeonísimo Barcelona y a punto estuvo de sacar algo positivo.
A los dos minutos de echar a rodar el balón en el Camp Nou ya perdían los nuestros por 2-0. Pero el gran goleador que era Carranza pronto acortó distancias al aprovechar un magnífico pase de Arsenio y sortear la desesperada salida de Ramallets. Visto y no visto pues el Barça inmediatamente hacía subir el 3-1. No se amilana el Granada y enseguida consigue gol Arsenio, pero incomprensiblemente el árbitro Blanco Pérez lo anula por un “orsay” que sólo él ve, decisión protestada por la grada barcelonista, uno de los públicos más deportivos que puede haber en España. El trepidante ritmo impuesto por los dos contendientes hace que antes del cuarto de hora ya se hayan visto cinco goles (seis con el anulado), pues Luis Martínez consigue muy pronto el 3-2. A partir de aquí baja algo el ritmo, pero el Granada consigue el empate a tres a la media hora de juego por mediación de Vázquez, y con ese resultado se llega al descanso.
Lo mismo que sucedió al comienzo de la primera parte sucede a poco de empezar la segunda: el Granada recibe dos goles en poco más de un minuto. Y es que la cobertura parece tardar en calentarse, circunstancia en la que seguramente influye el hecho de que Vicente y Becerril están recién salidos de una lesión. Con el 5-3 parece todo decidido, pero el Granada todavía hará un nuevo gol, segundo de la cuenta de Vázquez, cuando todavía queda un cuarto de hora. Antes de que esto ocurra Carranza, en una de sus impetuosas entradas a por todo, se ha lesionado en un choque con Ramallets y ha tenido que ser retirado del terreno. No obstante todavía gozarán los rojiblancos de alguna oportunidad de golear, pero en inferioridad y sin Carranza la cobertura barcelonista está mucho más cómoda y ya no se mueve más el marcador.
Así terminó esta magnífica oportunidad granadinista de añadir el campo del todopoderoso Barcelona a la lista de grandes estadios de donde los nuestros se trajeron alguna vez algo positivo. Aparte de este partido sólo hay una ocasión en la que el Granada estuvo muy cerca de puntuar en el Nou Camp, fue casi diez años justos después, cuando el gran Granada de Rossi (de la primera vuelta) sólo pudo ser derrotado por la mínima y con mucho sufrimiento. El Granada, en ese momento tercer clasificado y con la insólita cifra en su haber de +5, puso en serios aprietos al Barça, equipo de la mitad de la tabla.