EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



miércoles, 26 de octubre de 2016

DE RECREATIVO A GRANADA CF


Cambio de nombre y de escudo

De Recreativo Granada a Granada CF, y del azul al rojo (¡perdón!, encarnado)




El hito histórico más importante de la temporada 40-41 se produce en agosto de 1940 y no es otro que el cambio de nombre oficial del club, que abandona el término Recreativo (¿era adjetivo o era sustantivo?) para adoptar la denominación Granada Club de Fútbol. La modificación del nombre del club implicó así mismo la de su emblema, su escudo, del que, respetando su forma de bala y su diseño, el color azul trocó en rojo y la gran “R” de su cuartel inferior, encima del fruto del granado, fue sustituida por las siglas “CF” entrecruzadas, tal como es en la actualidad. Del club Recreativo Español que fundaron los primos Amigo-Vico allá por mediados de la
década de los alegres veinte hacía muchos años que no quedaba nada más que la palabra Recreativo, porque ya ni siquiera los colores blanquiazules eran oficialmente los de nuestro equipo desde la temporada anterior.
El cambio de denominación se produce en unos momentos en que, en plena exaltación del nacionalismo hispano, se impone hablar la lengua del imperio y han quedado proscritas en la vida cotidiana y también en el deporte todas las palabras adoptadas de lenguas extranjeras. Otras entidades deportivas han hecho desaparecer términos que llevaban largos años usando, así por ejemplo, el Athletic será a partir de ahora el Atlético de Bilbao y el Racing se llamará R. Santander CF. No obstante, no parece que esa directriz esté muy justificada en el caso del Recreativo, palabra que siempre fue y es cien por cien castellana. Por otro lado, tampoco consta que la desaparición de la palabra Recreativo y la adopción del nombre de nuestra ciudad obedeciese a una petición popular. No lo sabemos a ciencia cierta y la prensa de la época no aclara nada, así que hay que entender que la decisión del cambio de nombre fue algo que se hizo sólo por iniciativa de la directiva de entonces y más concretamente de su presidente, Ricardo Martín Campos, de quien –suponemos- que quizás pudo pasar por su mente la idea de hacer desaparecer así cualquier vestigio que asociara (o recordara aun indirectamente) el club que presidía a la República. De cualquier modo, la prensa venía nombrando al equipo ya desde la temporada anterior como “C.R. Granada” (o Granada, sin más), restringiendo cada vez más el uso de la palabra Recreativo.

A pesar del cambio, en los primeros momentos no acababa de estar muy clara la nueva denominación para la prensa forastera, por lo que es frecuente encontrar comentarios periodísticos de estos finales de 1940 en los que nombran a nuestro equipo como Granada FC. Incluso más de un año después, cuando el Granada milite ya en Primera y sea noticia nacional, será frecuente ver que en la prensa madrileña se le sigue conociendo como Recreativo de Granada.

Por fin llega el cemento a los escalones de General

Cemento en General
Los Cármenes estrena cemento en la grada de General. El campo, como sabemos, empezó a utilizarse en diciembre de 1934 faltándole gran parte de las obras necesarias, y por esa razón la ceremonia de su inauguración oficial fue posponiéndose indefinidamente de manera que nunca llegó a convertirse en realidad dicho acto solemne. Una de las deficiencias, consecuencia de la falta de remate de las obras y que afectaba a las clases menos pudientes, las que pueblan la grada de General, era la de tener que asistir a los partidos del Recreativo chapoteando en el puro barro en no pocos encuentros. Por fin en el verano de 1940 se llevan a cabo las obras necesarias para que el cemento sea una realidad también en los escalones de la grada más popular. De camino, se añaden dos filas más en la de Tribuna y ésta se acerca al terreno de juego. Pero estas obras iniciadas en verano no podrán terminarse del todo por falta de monetario, así que una parte de la grada seguirá de tierra. A lo largo de la temporada se recurrirá en algún partido a cargar a los socios con suplementos de dos pesetas pro instalaciones deportivas.

 Aumento de cuotas
Los socios de número ven aumentadas sus cuotas mensuales que permanecían inamovibles desde 1932: los socios de Tribuna pasan de pagar 10 ptas. a 14 (8 la media para señoras y niños); y los de Preferencia pasarán de 5 a 7 ptas. (4 la media). En General no hay socios.
                Los socios de número, con pago de cuotas mensuales, eran por entonces los verdaderos socios y dueños de la entidad. Junto a ellos los estatutos contemplaban otras modalidades de socios: protectores, honorarios, infantiles, eventuales, que también formaban parte de la sociedad pero que tenían sus derechos limitados dentro de ella porque los únicos que tenían voz y voto en las asambleas y que podían ser directivos eran los de número. En la primera redacción que se dio a los estatutos y en su reforma de 1932 eran contemplados los socios protectores como una especie de simpatizantes que no eran socios en realidad pero colaboraban con el club generosamente y se diferenciaban de los de número en que no pagaban una cuota mensual sino que sus aportaciones lo eran a título de liberalidad y a discreción, y además para adquirir tal condición de socio protector debían ser nombrados expresamente por la junta directiva.

Socios protectores en el “tendido de los sastres” versión Miranda

          Sin embargo, andando el tiempo, cuando sea la práctica normal pagar toda la cuota de una vez al empezar la temporada para adquirir la condición de socio y disponer del carné con el que acceder al campo, ante la falta de una figura específica en los estatutos del club en la que encajar esta modalidad de socio, todos serán considerados socios protectores, desapareciendo de hecho los socios de número.

Nueva plantilla
El 23 de agosto de 1940 empiezan los entrenamientos para afrontar un nuevo campeonato de liga en Segunda División. Para la temporada 40-41, a punto de echar a andar, se ha modificado una vez más la categoría de plata y por primera vez estará formada por sólo dos grupos, I y II, o Norte y Sur, de doce conjuntos cada uno. Los dos primeros de cada grupo lucharán en liguilla por dar el salto a la máxima categoría, y de los cuatro ascenderán primero y segundo clasificados en esa liguilla. Todo viene propiciado por la prevista ampliación de la Primera División, que de doce clubes pasará a estar integrada por 14, de manera que los dos últimos de primera no bajarán directamente esta temporada y tendrán una segunda oportunidad en promoción contra 3º y 4º de la liguilla de ascenso.

Amistoso de pretemporada en Los Cármenes: Sosa, Maside, Bonet, Bachiller, González, Liz, Marqués y Millán; con Gárate, Trompi y Floro
El entrenador contratado desde antes de finalizar la temporada anterior se estrena en el cargo, es el medio recreativista recién retirado del fútbol activo a sus 34 años Victoriano Santos, al que una serie de lesiones lo han tenido apartado del equipo titular y sólo ha disputado un total de once encuentros. A sus órdenes se presentan los fichajes: Conde, medio que viene del Hércules y antes del Valencia (que no podrá jugar hasta mediada la temporada siguiente); Melenchón,  defensa que había jugado en el Valencia; Vidal, portero que jugó en el Madrid que dirigido por Lipo Hertza ganó su primera liga en 1932; y Guijarro, también conocido en el mundo del fútbol como Pirulo, extremo derecho que había jugado en el Valencia y antes en el Atlético de Madrid. Todos ellos tienen en común el haberse fogueado suficientemente en Primera División y también su veteranía; todos superan los treinta de edad y salvo Pirulo (del que se dice que lleva cuatro años inactivo por una lesión) van a ser muy poco utilizados.

Fichajes para la 40-41: Conde, Melenchón, Vidal, Guijarro y Benítez en cromos 
 Pronto se les unirán más veteranos: el duro defensa Antonio Benítez, del Sevilla, al que llaman “la mejor izquierda de Andalucía”, de sobras conocido por el recreativismo ya que antes de la guerra militó en un sinfín de equipos rivales del Recreativo y con frecuencia mereció la reprobación de los plumillas granadinos de la época, en especial de Martinenc, que en una ocasión lo llamó “mendruguero del fútbol”, en un calificativo que hacía extensivo a sus dos o tres hermanos también futbolistas, por su excesiva dureza y sus marrullerías; otro veterano que se incorpora es Bonet, excelente medio centro que viene del Madrid y que sí que va a ser titular y básico en la exitosa temporada que se avecina.

Más jóvenes son otros de los nuevos: Bachiller, científico interior izquierda nacido en Buenos Aires y que venía del Atlético Aviación campeón de la primera liga tras la guerra; y Liz, extremo izquierdo del Cádiz. Bachiller y Liz formarán una de las mejores alas izquierdas de toda la historia granadinista y también serán fundamentales en el ascenso con que concluirá la 40-41.  
Otros fichajes fueron: Marqués, delantero centro del Alicante; Martínez, otro delantero centro;  y un extremo derecho de Tolosa, Benito Gárate. Los tres eran jóvenes de menos de 22 años y ninguno será titular.

Marqués, Martínez y Gárate, más fichajes de la 40-41

A mediados de noviembre, con la liga ya en la jornada ocho, tendremos fichaje bomba y se incorporará el gran Cholín, internacional que lo fue en la Olimpiada de Amsterdam 1928, otro veterano pero que resultará un sensacional refuerzo y con sus goles será determinante para el ascenso a Primera. En el momento de su fichaje contaba con 33 años y ya se había desligado de su club de siempre, R. Sociedad, y estaba retirado y se dedicaba a entrenar al equipo de su tierra, el Tolosa. Cholín nada más llegar declaró a la prensa que venía para quedarse para toda su vida. Y casi fue así. Este extraordinario ariete conectará muy bien con nuestro club y con nuestra ciudad, donde echará raíces. Jugará ésta y la siguiente temporada, y después ocupará el banquillo granadinista en más de cien partidos oficiales, de modo que sólo es superado en la clasificación histórica por Joseíto y Lucas Alcaraz, y aún a día de hoy sigue siendo el entrenador rojiblanco que más partidos de Segunda División dirigió al Granada.  


Como se ve, se ha producido una gran renovación de la plantilla del año pasado y en el equipo titular sólo quedarán de la anterior temporada el trío defensivo, Floro, Millán y González, con Maside en la media y Trompi en la delantera.

Cholín venía a quedarse “para siempre”

Futbolistas depurados
Miles de españoles sufrieron en propias carnes la aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas que dictó el nacionalsindicalismo tras la Guerra Civil para depurar a todo aquel que fuera sospechoso de desafección al nuevo régimen o que hubiera pertenecido a alguna organización de izquierdas. Era ésta una forma de revanchismo que afectó sobre todo a los funcionarios públicos y a los profesionales liberales, pero los futbolistas tampoco se libraron de una legislación que dejaba sin medios para ganarse la vida al que resultaba señalado por el dedo represor. En la plantilla del Granada Trompi, por haber servido en el ejército republicano durante la guerra en su Madrid natal, tuvo que cumplir después de la contienda el servicio militar, si bien pudo alinearse sin problemas toda esta temporada al ser licenciado. Por su parte Gárate y Melenchón, recién fichados, no pudieron ser utilizados hasta bien entrada la liga. Y Conde, veterano ex valencianista y oficial republicano durante la guerra, otro recién fichado, tuvo que esperar el perdón de su pasado “rojo” hasta la segunda vuelta de la temporada siguiente, esto es, enero de 1942.

Había estallado “la paz”
Leyendo la prensa de la época, sobre todo la del periodo veraniego, se diría que en Granada no pasa nada en 1940. La vida transcurre en medio de una calma total. Hay gran escasez de casi todo lo más necesario, consecuencia directa de estar recién salidos de la desastrosa Guerra Civil, que además de terminar con la vida de cientos de miles de compatriotas y mandar a otros cuantos cientos de miles al exilio o la cárcel, dejó un país arruinado y empobrecido tras tres años en el que los campos no produjeron y las industrias se dedicaron preferentemente al esfuerzo de la guerra y no a la creación de riqueza, todo agravado porque otra guerra de mucha mayor envergadura acaba de empezar y aunque –afortunadamente- ésta no se libra en tierras españolas sí que afecta a la vida ciudadana de forma indirecta. Pero en Granada no ocurre nada. Al menos esa es la impresión que puede sacarse de un rápido vistazo a la amordazada prensa, que sólo pone énfasis en las mil y una celebraciones religiosas de todo tipo y actos de exaltación patriótica cuando aborda la información más cercana, la de andar por casa.

Cartel propagandístico de posguerra
 Pero sí que ocurrían cosas. Cosas que estaba prohibido siquiera nombrarlas. Había llegado la paz, había terminado la guerra generalizada, pero no para todo el mundo. Puede que la vida transcurriera plácidamente en la capital, todo lo plácidamente que permitieran unos estómagos vacíos y unos intestinos en serenata continua, pero en la provincia no había tanta paz. Así sabemos que ya por este 1940 unos cuantos escapados al monte traían en jaque a las fuerzas de orden público. Eran los huidos, los maquis, los bandoleros para la prensa de la época las pocas veces que daba cuenta de su existencia, muchos de ellos echados al monte como única alternativa porque de lo contrario estaban en juego su vida o su libertad. Ahí están los nombres de “Yatero”, “el Niño de la Inés” o “el Capacho”, jefes de partidas rebeldes que actuaban por la provincia y cuyas actividades silencia la prensa, y ya también por estas calendas de 1940 empezaban sus andanzas los hermanos Quero, la partida más numerosa, llamados a convertirse en años venideros en todo un mito de la guerrilla antifranquista y en pesadilla de las autoridades del régimen, y que no limitaban sus acciones a las serranías sino que actuaron también en la misma Granada capital.

                Tampoco informa la prensa de la represión generalizada contra todo lo que oliera aun de lejos a rojo o desafecto al nuevo régimen, y esto no ocurría en las montañas de la provincia o en pueblos lejanos, sino que se desarrollaba en la misma Granada. No se habla nada de la represión que significaban las depuraciones de todo tipo por las que se separaba a las personas de sus profesiones u oficios y medios de ganarse la vida por el simple hecho de haber militado en partidos de izquierda. Y mucho menos se informa de los juicios sumarísimos y los fusilamientos que continuaban en las tapias del cementerio de San José a pesar de haber terminado la guerra hacía más de un año. Sabemos por estudios de historiadores que entre 1939 y hasta bien entrados los años cincuenta se calcula que murieron fusilados en ese lugar más de mil personas.

La escasez, el estraperlo y las cartillas de racionamiento
Consecuencia directa de los tres años de guerra y de la disparatada autarquía que los vencedores impusieron como modelo económico nacional a su término, fue la gran escasez de productos de consumo diario que tuvo que padecer la población. Sólo un mes después del fin de la guerra un decreto dispuso el racionamiento de productos básicos alimenticios y de primera necesidad, intervenidos por las autoridades, que fijaban oficialmente la cantidad que de ellos (carne, aceite, pan, arroz, lentejas, jabón, tabaco, etc.) una familia podía consumir y el precio al que podían venderse. Aparecieron así las cartillas de racionamiento, al principio una por familia y años después de carácter individual, especie de libreta con cupones extraíbles que había que entregar al tendero para su sellado o inutilización junto con el precio de lo adquirido. Pero, por un lado, la irregularidad en la distribución y, por otro, lo exiguo de la cantidad y calidad de los productos, trajeron como resultado que la población literalmente se muriera de hambre y miseria (se calcula que en estos atroces años del hambre fallecieron por inanición o por enfermedades relacionadas con la malnutrición unos 200.000 españoles).
                La autarquía y el racionamiento trajeron de la mano también otro fenómeno muy propio de aquellos tristes años, el estraperlo, o sea, el mercado negro, casi el único medio para poder adquirir carne, pan blanco, leche o huevos, pero claro, a precios de artículos de lujo, por lo que sólo se beneficiaban de este irregular mercado de tapadillo las clases pudientes mientras que el pueblo llano veía así agravadas sus penurias o tenía que recurrir a los más variados sucedáneos, pero con escaso resultado a la hora de aliviar su hambruna.

La fábrica de harinas El Capitán en la actualidad, sobre el cauce de la acequia Gorda del Genil

             Las autoridades en teoría perseguían el estraperlo. En los periódicos de la época es frecuente toparse con noticias que informan de procedimientos incoados por la Jefatura Provincial de Abastecimientos y Transportes contra quienes intentaban burlar las normas que regían el racionamiento de lo más necesario y escaso. Pero la realidad era que los poderes nacionalsindicalistas eran incapaces de abastecer a la población, así que en muchos casos se optó por la tolerancia y por hacer la vista gorda ante el estraperlo, y de esa forma sabemos de determinados personajes a los que su camisa azul les procuraba bula gubernativa para actuar a sus anchas y reunir grandes capitales en aquellos años de gran corrupción a todos los niveles.           
                De vez en cuando es posible leer en la prensa (también escasea el papel y a menudo los dos periódicos granadinos constan de sólo cuatro páginas, un único pliego de dos hojas) la adopción de medidas ejemplarizantes contra los estraperlistas. Como tal se puede considerar el consejo de guerra en septiembre de 1940 contra el apoderado y varios empleados administrativos de la fábrica de harinas El Capitán, cuyo edificio al final de la calle San Antón todavía se conserva transformado en colegio público. Su delito es considerado rebelión y entiende de su enjuiciamiento la jurisdicción militar. Fue bastante comentado en la ciudad y se le dio amplia publicidad. Los encausados vendían clandestinamente (y se forraban de paso) y a mucho mayor precio del establecido por las autoridades, parte de lo producido en la fábrica, un artículo sometido a estricto racionamiento. Lo así vendido fuera del control administrativo iba destinado al mercado negro. En la noticia merece destacarse el alegato del fiscal, en el que dice que el estraperlo es un delito contra el nuevo Estado que sigue en gravedad a los cometidos por los asesinos rojos, y los que lo practican son culpables de que se pueda intentar atribuir a nuestro Glorioso Alzamiento el papel de restaurador de injustos privilegios.