lunes, 4 de noviembre de 2013
PRESIDENTE VIRTUAL
domingo, 6 de octubre de 2013
POR MESONES O POR ALHÓNDIGA
miércoles, 4 de septiembre de 2013
EL CONTRACHISTE
PELIAGUDA CUESTIÓN
PRIMERA GRAN CELEBRACIÓN DEPORTIVA
DEBUT Y APOTEOSIS
DESPUÉS DE LA BATALLA DE MÁLAGA
miércoles, 8 de abril de 2009
LA BALSA DE LA MEDUSA ROJIBLANCA
Esta caroca tiene firma, José de la Torre Calvín, y es de 1983. En la quintilla se lee: «Al “hincha” hay que pedir / que al “Graná” hay que salvar. / Igual se debía exigir / a quien lo llegó a hundir / en temporadas atrás». Han pasado veintiséis años de avatares rojiblancos, pero lo que está aquí con mayor o menor arte representado es perfectamente traíble a la rabiosa actualidad.
Lo que en mayo de 1983 se podía ver y leer en plaza Bibarrambla hace referencia a la por entonces reciente campaña promovida por el presidente, D. Cándido Gómez, por la que se pretendía captar tres mil socios que pusieran 200.000 (palco), 100.000 (tribuna) o 75.000 (preferencia) pesetas, a cambio de disfrutar de un abono por las siguientes veinte temporadas. Poco después de deshacerse la operación, ya cerrada, de venta del viejo Los Cármenes a Inonsa por 425 millones, Candi, con la pertinente aprobación de los socios, recurrió a esta medida extraordinaria para hacer frente a deudas acuciantes de la entidad, en especial la ya rancia con la entidad Bancreco (Banco de Crédito Comercial), 115 de los 324 millones que se estimaba era la deuda real del club. Los que respondieron al SOS fueron finalmente algo menos de mil, pero con lo que aportaron se consiguió salir del mal paso en espera de tiempos mejores, aunque fue a cambio de hipotecar el futuro hasta la 2002-03.
El autor de esta granaína crítica bufa de cada Corpus se inspiró en el famoso óleo del romántico Géricault, La balsa de la Medusa, para plasmar lo que se vivía en esos momentos en el granadinismo. Entonces, como ahora, la continuidad del club estaba muy en el aire y se recurrió a una medida a la desesperada.
Aparte de que por entonces al menos el club tenía todavía una finquilla con que ir tirando, hay una cosa que ocurría en este Corpus y sí que es verdad que, para nuestra desgracia de hinchas, no es nada equiparable a la actualidad rojiblanca. Porque a finales de mayo de 1983 anda el granadinismo eufórico celebrando la muy reciente recuperación de la Segunda A después de un plácido viaje de hermandad a Algeciras.
El famoso cuadro representa la tragedia real de los náufragos del barco La Medusa, abandonados en una balsa improvisada en mitad del Atlántico. Dos semanas a la deriva hicieron que de 149 sólo quedaran los 15 que para sobrevivir recurrieron al canibalismo. Extrapolando situaciones del pasado a la actualidad y después del naufragio Sanz, esperemos que no tengamos los granadinistas que llegar tan lejos para que nuestro equipo siga con vida. Ya saben, no muerdan al prójimo y tiren de alcancía. ¡Yo también me sumo!
martes, 27 de enero de 2009
PÍRRICA GANANCIA

A primeros de año ya había visto el club cómo le era embargada la taquilla del partido Granada-Onteniente por una antigua deuda cercana ya a las veinte mil pesetas cuando su monto inicial era menos de la mitad, según cuenta José Luis Entrala en su estupenda Historia del Granada CF. En mayo, siguiendo al mismo autor, en asamblea de socios, se pone de manifiesto que la deuda total del club es superior a los ¡cinco millones!, casi un millón más en dos temporadas con arreglo a la trampa que se heredó de la anterior directiva presidida por Jiménez Blanco. Si hoy parece una broma, en aquellos tiempos cinco millones de pesetas suponían una losa preocupante. Por eso se habló de una posible venta de Los Cármenes que no llegó a concretarse.
Para reducir gastos, cuando se exhibe esta caroca el club acaba de clausurar su lujosa sede en el número cinco de la calle Ganivet y ha arrendado un local mucho más modesto en la calle Lepanto, a espaldas del Ayuntamiento. Las asfixias económicas del club rojiblanco no son cosa nueva, como se ve.
Quizás esas prioritarias preocupaciones pecuniarias fueron las que impidieron que alguien del club estuviera centrado y advirtiera que con sólo haber empleado unas pesetillas en mejorar el contrato y en cumplir a tiempo con un jugador de su plantilla que respondía al nombre de José Martínez Sánchez, y haber conseguido que firmara como profesional, se podrían haber solucionado si no todos sí gran parte de los males del club. Estamos hablando nada más y nada menos que de Pirri. A Granada había llegado en septiembre de 1963 para estudiar medicina, y Millán, que lo conocía por haberlo tenido como pupilo el año anterior en el equipo de su tierra, el Ceuta, lo hizo debutar con la temporada ya comenzada. A sus dieciocho años, en seguida se hizo con la titularidad para acabar como máximo goleador del equipo en su posición de interior derecho. Durante su estancia en Granada parece ser que no se cumplió con él lo religiosamente que se había acordado, sin que solucionara esta deficiencia el hecho de que cada vez era más espiado por equipos de primera. Al terminar la temporada seguía con contrato amateur, por lo que el R. Madrid se adelantó a otros que también lo pretendían y se lo llevó sin pagar por él ni una gorda, sólo con cambiar su lugar de residencia, y en el equipo merengue completó una larga carrera llena de éxitos y de presencias internacionales. Faltaban todavía muchos años para que desapareciera el llamado derecho de retención. ¿Cuánto podría haber sacado por Pirri el Granada si hubiera estado listo?
En lo deportivo, el equipo titular de la temporada recién concluida se puede considerar de transición: Otero; Torres, Alcantarilla, Jdidi; Manolet, Pellejero; Coll, Pirri, Chapela, Almagro y Román. Al terminar la liga anterior habían dejado el equipo dos jugadores que quedaban todavía de la estancia en división de honor de dos años antes, Larrabeiti y Forneris, a los que se unió Arsenio, que se marchó en mitad de la liga al comprar su libertad para fichar por el Oviedo, donde todavía rindió varios años a buen nivel. A cambio había vuelto al equipo Pellejero. Otros, como Rafa Almagro o Román (después traspasado al Sevilla), empezaban a dar sus primeros pasos desde el Recreativo. Pero todavía no habían llegado algunos futbolistas muy importantes en la historia inmediata del Granada, como Lorenzo o Miguel, que se incorporarían la temporada siguiente.
En el banquillo empezó la temporada Pepe Millán, y el equipo no iba mal, pero la derrota en casa y la consiguiente eliminación ante el Indauchu (1-4), rival copero que militaba en el grupo norte de segunda, le costó el puesto en la jornada once. Trompi, entrenador del Recreativo, tomó el relevo y dirigió al equipo cuatro jornadas, hasta que justo en el ecuador de la liga se hizo cargo del banquillo Ignacio Eizaguirre, que completó el calendario. De la etapa de Trompi queda para la antología del anecdotario rojiblanco lo que cuenta José Luis Entrala, el “paseíllo” de la expedición granadinista, con el míster a la cabeza y suponemos que con banda de música, por las calles del pueblo murciano de Abarán para reclamar de los vecinos su asistencia al encuentro en el que, por la tarde, los rojiblancos empataron a uno.
El Granada acabó en el sexto puesto del grupo sur de segunda división, con treinta y dos puntos y dos positivos, a seis del Hércules, que disputó la promoción de ascenso como segundo clasificado.
D. José Bailón Verdejo, el “presidente de la sonrisa”, ocupaba el sillón en su segunda etapa como máximo mandatario. De su anterior etapa de dos años al frente del club ya tenía en su curriculum un ascenso a primera. El último, el de 1957. Al terminar esa temporada había sido suspendido federativamente para el cargo por dos años, por aquella peliaguda cuestión del presunto intento de soborno de Puente-Genil. Tras cumplir la sanción había vuelto a ser elegido presidente rojiblanco al comenzar la 62-63. En la presidencia permanecerá hasta 1967, y en ese tiempo viviremos de su mano un nuevo ascenso, en 1966, al ganar la promoción al Málaga, la más efímera de las estancias primerdivisionistas del Granada pues sólo duró una temporada. El descenso en una nueva promoción, esta vez ante el Betis, hará a Bailón dimitir. Su salida del club significa el comienzo de la era Candi.
miércoles, 13 de agosto de 2008
EL ÚLTIMO ÑITO

Ahí tenemos a Ñito, en una poco afortunada y muy exagerada caricatura, repartiendo mamporros a diestro y siniestro hasta noquear a varios jugadores contrarios. La caroca, del Corpus de 1973, se refiere a lo ocurrido en la jornada 24 de la 72-73, en el estadio de Sarriá, cuando Ñito agredió al españolista José María y fue expulsado. Esto ocurría a falta de cinco minutos para el final. El Granada se había adelantado en la casa del eventual líder mediada la segunda parte, por mediación de Chirri, y aguantaba los embates españolistas, destacando en esta labor la gran actuación de Ñito, inconmensurable por alto y por bajo. Hasta que en el ochenta y cuatro Amiano hacía el gol del empate, un gol muy protestado por los nuestros porque fue conseguido en un fuera de juego. En el tumulto que las protestas ocasionaron al canario se le fue la mano y noqueó al capitán españolista. El colegiado Álvarez Orellana no vio la posición antirreglamentaria en el remate que supuso el empate e ignoró el banderín en alto del linier, pero sí que vio la agresión y expulsó al buen meta granadinista. Dos minutos después Solsona conseguiría el definitivo 2-1.
En aquel Granada, en plena efervescencia de la “leyenda negra”, la fama de futbolistas feroces se la tenían ganada principalmente dos hombres, ya saben, la “pareja quirúrgica” que formaban Aguirre Suárez y Fernández. Pero tapados por la pareja contábamos además con otros efectivos que daban también lo suyo si se terciaba. Barrios ya no estaba pues había sido traspasado al Barcelona, y Montero Castillo todavía no había llegado, pero quedaba Jaén. Y también Ñito. De carácter más bien impulsivo, necesitaba poco el chicharrero para calentarse, y, aun ocupando la posición de cancerbero, se puede decir de él que era algo “guarrillo” y hacía bastante uso de los codos y de los tacos ante los contrarios para proteger los balones que le llegaban y para hacerse respetar.
Pero por encima de todo, lo que se puede decir de Ñito es que era un sensacional portero. Un guardameta como pocos ha tenido nuestro Granada CF. Para mí el mejor de todos. Unos reflejos felinos y una agilidad sin igual para llegar a balones imposibles, y una gran seguridad en las salidas eran sus mejores cualidades. Espectacular era quizás el adjetivo que mejor le cuadraba. Ñito daba espectáculo, por eso era el ídolo más que de nadie de la chavalería. Era espectacular atajando balones y era espectacular en sus “locuras”, cuando salía con el balón controlado fuera de su área regateando contrarios con el único fin de divertirse y divertirnos a sus incondicionales.

El Ñito de la poco conseguida caricatura, a estas alturas de la 72-73, en su séptima temporada de rojiblanco y a sus casi treinta y cuatro, ya no es el que cinco años atrás consiguió ser el portero menos goleado en categoría nacional, y tampoco es ya el titular indiscutible en la puerta del mejor Granada, como siempre lo fue desde que llegara a nuestra tierra en 1966 procedente del Valencia. Mediada la temporada anterior había perdido tal condición a manos del sobrio Izcoa; recuperada la titularidad al principio de esta temporada, volvería a perderla para reaparecer sólo cuando el vasco se lesionó.
«Hay en los muchos equipos / porteros de todo tipo, / con sus estilos de cuño, / y algunos quitan el hipo / haciendo uso del puño», reza la correspondiente quintilla. La caroca, en su exageración, es sin saberlo el acta bufa de la última acción en liga de este gran portero como granadinista, porque la agresión a un contrario le costaría la expulsión y la sanción por cuatro partidos, pero ya no volvería Ñito a contar para Pasieguito en las diez jornadas que quedaban para concluir la temporada. La siguiente, con Joséito, la pasará en blanco y sólo actuará en algún partido de copa y en amistosos, para ser cedido en la recta final al Linares, colista de segunda con el que sólo intervendrá en dos partidos y poco podrá hacer para evitar un descenso más que cantado. A la siguiente temporada, la 74-75, pasará al Murcia, de primera, con el que empezará de titular para desaparecer de las alineaciones a partir de mediados de temporada y decir adiós definitivamente al fútbol. No lo sabíamos entonces pero con ese uso de los puños –y no contra un balón- acabábamos de asistir a los últimos momentos de toda una era granadinista, porque Ñito fue sin duda un portero que marcó época.
Su sucesor podía haber sido muy bien el que tuvo que ocupar la portería aquella tarde en Sarriá, el joven granadino de veintiún años Pepe Navarro, que en sustitución de Dueñas debutó aquel 11 de marzo de 1973 en Primera División. Pero era entonces muy difícil desbancar a Izcoa y más difícil se pondrá después, cuando Candi, en su fiebre “ficheril”, se traiga a Mazurkiewicz. De esta forma sólo los cinco minutos que quedaban para concluir aquel partido, en el que no pudo evitar la derrota ante un Español líder, más los tres siguientes de liga (hasta que Izcoa se recuperó) es la aportación de este canterano a la historia rojiblanca. Así se perdió para el Granada uno de los mejores productos que ha dado nuestra cantera, porque a la temporada siguiente se marchó Navarro cedido al Córdoba y después pasó al Burgos, donde encontró el éxito que se le había negado en su tierra. El club castellano le sacaría además un buen parné al traspasarlo más tarde al At. Madrid, con el que ya alcanzó su completa consagración. No tuvo suerte Navarro con las lesiones, cosa que seguramente fue la única razón de que no llegara a debutar como internacional mientras perteneció al club colchonero.
jueves, 3 de julio de 2008
EL SOMBRERO DE DI'STÉFANO

La quintilla de la tradicional caroca de tema futbolístico, en este caso del Corpus de 1972, dice: «Un entrenador de fama / pero a la vez muy severo, / puso a los hombres del pito / en contra de diez y “Ñito” / por no quitarse el sombrero». Se refiere a lo que ocurrió en Los Cármenes el 28 de noviembre de 1971, en la jornada 11, en la que el Granada, noveno clasificado, 10 puntos sin positivos ni negativos, recibía la visita del vigente campeón de liga, el Valencia de Alfredo Di’Stéfano. Los valencianos ocupaban el segundo puesto, empatados a puntos con el líder, el R. Madrid, cosa que fue la tónica de toda la temporada que al final acabaron ganando los merengues por sólo dos puntos sobre los ches.
El día anterior al choque el argentino había sido entrevistado por la prensa, quien, entre otras cosas, le preguntó qué pasaría si su equipo acababa derrotado, a lo que el míster che contestó que no pasaría nada, que se quitaría el sombrero en reconocimiento a la superioridad del rival y santas pascuas.
En un partido épico, trabado y muy emocionante, y que pudo ganar cualquiera de los dos, el Granada acabó derrotando al Valencia merced a un solitario gol casi sobre la campana de Barrios. Pero en las declaraciones pos partido D. Alfredo se mostró muy alterado y para nada se quitó sombrero alguno, aun simbólicamente, sino que lo que hizo fue arremeter contra los jugadores rojiblancos y en concreto contra su paisano Aguirre Suárez, al que culpaba de la excesiva dureza de que –dijo- se habían valido los nuestros para ganar el partido.
Se trata del prólogo del nacimiento del sambenito que a partir de esta temporada y durante dos más (las que fue granadinista Aguirre Suárez) perseguirá al Granada CF, ya saben, la “leyenda negra” o fama de equipo leñero, marrullero y feroz. Por su poca trascendencia se puede decir que lo ocurrido aquella tarde fue el prólogo, porque el primer capítulo, ya conocido en toda España y bien difundido por los medios, se desarrollará dos semanas más tarde, en el Bernabéu, cuando una trifulca entre rojiblancos y merengues, en la que participarán casi todos, se saldará con la expulsión de Amancio y Fernández (éste en camilla) y la correspondiente sanción por cuatro partidos para ambos. Leyenda negra (merecida, aunque nos duela) cuyo último capítulo tendrá como protagonistas a los dos mismos jugadores, pero ya después de jugarse la temporada en curso más las dos siguientes, y su escenario será Los Cármenes y en partido de copa.
Yo, que desde la preferencia del marcador vi de cerca el partido aquel contra el Valencia, no recuerdo la excesiva dureza ni las marrullerías de las que se quejaba Di’Stéfano, claro que hay que tener en cuenta que Aguirre Suárez era especialista en el zurriagazo a las higadillas contrarias mirando al tendido y sin que nadie se enterara, salvo, por supuesto, el perjudicado. Sí que recuerdo un campo abarrotado -como fue norma todo el año, el mejor rojiblanco de la historia- de un público enfervorizado que en el anterior envite en el mismo escenario había acabado de subir a los altares a Enrique Porta, que le hizo tres goles al Sabadell. Y sí que tengo muy vivo el recuerdo de la emoción y la gran alegría cuando Barrios remató desde cerca y logró a poco del final el gol de la victoria, con el plus de que esa victoria era ante un grande (aquella temporada ninguno de los grandes se llevó un solo punto de Los Cármenes).
Tras terminar la liga había que disputar la copa y quiso el destino que los dos equipos de aquella tarde volvieran a verse las caras en octavos de final, y que el partido de ida se jugara en Granada en pleno Corpus (justo cuando se exhibía la caroca que ilustra este escrito). Los hinchas granadinistas pudieron desquitarse del no-sombrerazo de D. Alfredo y lo recibieron al grito de “sombrero, sombrero” y con un abundante planeo desde las gradas hasta el césped de aquellos sombreros cordobeses, grises y de cartón, que valían tres duros y que se vendían muy bien en aquellos Corpus del Salón y del Violón (más provincianos pero más auténticos), previos a la “sevillanización” del evento. En un partido muy tenso y plagado de incidentes, con dos jugadores valencianistas que hubieron de ser retirados en camilla y en el que fue expulsado y sancionado Aguirre Suárez, el Valencia acabó ganando el choque (0-1). Para el partido de vuelta no podía jugar Aguirre Suárez, pero de todas formas no lo hubiera hecho ya que Mestalla era (junto al Bernabéu y otros) terreno vedado para el argentino, al que tanto Joseíto como Pasieguito siempre reservaron cuando de jugar en esos campos se trataba. En Valencia el Granada casi consiguió el pase a cuartos, pero al final el resultado de 2-2 supuso su eliminación.
jueves, 29 de mayo de 2008
LOS 30 ESCALONES DE UN CAMPEÓN

«Para contento y consuelo / de la sufrida afición, / fue campeón por un pelo; / pelo que, en esta ocasión, / lo fue de un Calvo... Sotelo». Aquí tenemos a Joseíto con su famosa escalera al hombro. De ella lleva colgado por muy poco, por el forro del calzón, al rojiblanco, que se agarra al único pelo del calvo (Sotelo) para no caer. Es el caso que la temporada ha concluido y, aunque con mucho sufrimiento y una ventaja exigua, ya tenemos al Granada CF otra vez entre los grandes. Se trata del último ascenso (por ahora, siempre por ahora) a la división de honor del Granada, el que culminó una temporada dominada casi de principio a fin por el club rojiblanco que, como campeón del grupo sur de Segunda División, consiguió el ascenso directo al superar en un punto a su inmediato perseguidor, el Calvo Sotelo de Puertollano, en la temporada 1967-68.
BODAS DE AGUA

«Jugadores excelentes, / fichajes de sensación, / taquillajes imponentes, / y con tales ingredientes / bajamos de división». Así se resume lo que fue una temporada nefasta para el Granada CF, la 60-61. En sus bodas de perla no le fue precisamente de ídem al club rojiblanco. En la caricatura vemos cómo en un mar agitado y lleno de tiburones se va a pique la nave rojiblanca con su capitán, el presidente José Jiménez Blanco, que, como está mandado, se hunde con ella sin abandonar su responsabilidad. Y mientras se ha impuesto el sálvese el que pueda, Larrabeiti, el futbolista cantor, desgrana unas notas de despedida. Ya en el agua vemos a Carranza con su salvavidas del RCD Español al que no hace ni una semana acaba de ser traspasado por dos millones (tres veces menos de lo que en su día -se dijo- ofreciera el Barcelona). A su lado el otro jugador más cotizado de aquella plantilla, Lalo, bien agarrado a un tablón. Y un poco más allá está Piris, que poco después seguirá los pasos de Carranza y se irá traspasado también al Español.
Sólo un mes antes había finalizado la peor de las diecisiete temporadas rojiblancas entre los grandes y se había consumado la pérdida de la máxima categoría, aunque el descenso matemático del Granada era un hecho desde varias jornadas antes de concluir la liga. El único farolillo rojo de esas diecisiete campañas en primera tras jugarse la totalidad del calendario ponía colofón a una temporada que sin embargo parecía antes de empezar que iba a ser la de la consagración granadinista en Primera. Para ello se había producido una “limpia” en un vestuario demasiado cargado de tacos de calendario y se les había dado la baja a gran parte de los que sólo un año antes habían conseguido el subcampeonato copero. Ya no estaban hombres como Benavídez, Mauri, Ramoní, Becerril, Pellejero o Ramírez, y tampoco el buen míster Kalmar. A cambio se había hecho un esfuerzo para traer, pagando por ellos, a hombres con proyección como Lalo y el argentino Larraz, más Cuervo y otros más jóvenes y menos conocidos como Gómez, Álvarez, Torres o Cándido, y además el retorno del granadino goleador Rafa tras su paso por At. Madrid y Coruña. Así, antes de echar a rodar el balón se llegó a decir en algún mentidero balompédico nacional que la delantera granadina compuesta por Vázquez, Lalo, Carranza, Larraz y Arsenio, sólo era superada por las de Madrid y Barcelona.
CHICO BACHE Y GRANDE CAÍDA

Una gran masa de aficionados abarrota Los Cármenes e incluso rebosa sus límites de una forma casi como nunca se vio por estos lares. Lo que ha provocado esta gran riolada es la presencia al frente del banquillo del Granada de nada más y nada menos que Miguel Muñoz.
M.M., siglas legendarias del fútbol nacional. De los terrenos de juego pasó al banquillo del R. Madrid, todavía en los tiempos de Di’Stéfano, y a lo largo de quince temporadas consecutivas al frente del equipo merengue ganó nueve ligas (lo que a día de hoy sigue siendo récord en el fútbol español), dos copas del Generalísimo, dos copas de Europa y una Intercontinental. En la 74-75 no le habían ido las cosas nada bien, siendo cesado antes de su finalización por lo que en el verano de 1975 andaba sin equipo. Después de fracasar el intento de hacerse con otro peso pesado de los banquillos, Udo Lattek, Candi se lo trajo para Granada. Contratar a un entrenador de la talla de Muñoz significaba buscar ya sin complejos que el Granada consiguiera por fin la clasificación para disputar un campeonato internacional, cosa de la que tan cerca se había estado recientemente.
A CADA CABEZA SU SESO

Bien gráficamente lo dice esta caroca, exhibida en el Corpus de 1975: «Palabra muy repetida / en el fútbol dominguero, / fue a persona dirigida / y a la parte preferida / donde se fija el sombrero». José Iglesias Fernández, más conocido como Joseíto, será siempre recordado en los ambientes futboleros granadinos por ese contundente epíteto que hace referencia, más que al tamaño de su testa, a la forma de ser de este míster, al cual, como se aprecia en la caricatura, por un oído le entra y por el otro le sale lo que desde la grada se grita. Que si tiene que jugar Fulanito; que si a Perenganito hay que cambiarlo; que si contra el Peralejos FC hay que oponer un sistema de 3-3-4 y no el más conservador que presenta el equipo; que si qué sé yo qué cosas... Joseíto no se achantaba ni se dejaba influir por lo que unos y otros pudieran opinar, y esto unido a un carácter más bien seco y distante no levantaba excesivas simpatías entre la hinchada rojiblanca ni entre los plumillas de la época. Pero sería injusto que a este castellano-leonés, granadino de adopción y de vocación, se le recordara sólo por esa nota más o menos negativa de su carácter.
TRASEGAR UVA, DESCARGAR RACIMO

Para la galería de lo insólito-escatológico queda lo que con humor muy granadino recoge esta caroca del Corpus de 1977. En el magnífico coleccionable sobre la historia del Granada CF publicado en Ideal en 1986, José Luis Entrala explica lo ocurrido sobre la hierba del viejo campo la tarde del 10 de abril de 1977: «El Granada pierde en Los Cármenes con el Cádiz por 0-1. Al final del encuentro salta un espectador al césped de Los Cármenes. Pero no es con intención de pegarle al árbitro. El hincha Antonio Hernández, natural de Gor, quiere demostrar su disconformidad con lo presenciado y no se le ocurre nada mejor que bajarse los pantalones en el centro del terreno, agacharse y ¡realizar sus necesidades! Entre el pitorreo general fue detenido por “actitud obscena”».
«Contemplen con estupor / cómo un césped tan cuidado / un “jardinero de Gor” / con “jeta” de malhumor / bien lo dejó estercolado». Es el texto de la quintilla.














