EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



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lunes, 4 de noviembre de 2013

PRESIDENTE VIRTUAL



Aterrizado D. Lorenzo Sanz en Granada en jet privado y recibido en olor (era plena canícula) de multitud, se reunió acto seguido con el muy deprimido granadinismo para exponer, urbi et affectio, qué le había traído a este profundo rincón del profundo sur peninsular: venía, no buscando pelotazos económicos, sino sólo en pos de hacer realidad las ilusiones de las buenas gentes; para ello estaba dispuesto a aportar o avalar lo que fuese necesario con el fin de celebrar con nosotros el ascenso en la plaza del pueblo (¿A qué plaza y a qué pueblo se referiría D. Lorenzo? ¿Le traicionó acaso el subconsciente?).

Desde que un mes antes se anunció que don Lorenzo Sanz quería involucrarse en la gestión de los destinos del por entonces muy hundido Granada CF, había subido la expectación entre la escuálida hinchada rojiblanca como hacía tiempo que no se veía. Es que eran ya tres años seguidos vegetando en el cuarto nivel del fútbol español y teniendo que comparecer en aldeas perdidas y en estadios que ni merecen ese nombre, y mientras tanto le habían surgido al Granada CF de nuestras entretelas competidores directos en su propia casa que querían arrebatarle una primacía en el deporte provincial que venía ya durando más de setenta años.

En cualquier caso, parte de lo prometido aquel memorable día de julio de 2005 se cumplió, y un año después celebrábamos el ascenso a Segunda B con la euforia que la cosa merecía, aunque en esa celebración no estuviera D. Lorenzo. Porque el patriarca de la saga se involucró sí, pero, hombre muy ocupado como es, ese involucramiento lo fue más en la parte económica. Para lo demás nos dejó a su dilecto hijo Paco.

Con Lorenzo Sanz estirando su bolsillo y con Paco Sanz gestionando la entidad, el Granada recuperó gran parte de su perdida identidad, lo primero de todo y principal, la afición, que volvía al calor de los inmediatos triunfos futboleros aunque éstos fueran modestos.

No obstante, uno se atrevería a decir que el encargo paterno nunca fue plato del total gusto de D. Francisco. Así parecen sugerirlo determinados aspectos de su comportamiento mientras fue máximo dirigente rojiblanco. El primero es que para regir al club nunca se estableció por estos pagos, prefirió hacerlo desde la comodidad de su domicilio madrileño y venir a Granada a ver los partidos y en alguna otra ocasión puntual. Por otra parte, tampoco pareció tener nunca muchas ganas de remangarse y arrimar el hombro en su nuevo tajo, un oficio que tiene ciertos gajes de despachos y pasillos, reuniones y sonrisas, discursos y mil gaitas y pejigueras, que a determinadas personalidades pueden hacérseles insufribles; un oficio que conlleva como exigencia fundamental el comportarse con diplomacia y representar a toda una colectividad -no sólo a una fracción- de forma seria y educada.

Justo lo contrario de lo que exhibió D. Paco en su aventura como gestor deportivo a la vera de la Alhambra. Desde casi el primer día se peleó con la práctica totalidad del colectivo granadino que se dedicaba a la información deportiva pues la más mínima crítica a cualquier aspecto de su gestión se traducía enseguida en el veto al plumilla o al medio en cuestión, al que no se atendía y al que no se trasladaban comunicados; hasta asistimos a una infantil pataleta traducida en la descabinización de una emisora de radio local por mantener comentaristas lenguaraces. D. Paco no quería codearse con según qué gente, pero sobre todo no quería complicaciones. Parecía encontrarse a sus anchas sólo entre los elogios incondicionales (e interesados) y de esta forma llegó un momento en que únicamente se relacionaba con una camarilla de aduladores con la que se comunicaba desde su casa de Madrid a través de Internet. Bajo el alias “Marcus”, era mucho más divertido mantener activos varios frentes de batalla y repartir a diario diatribas contra cualquiera que no estuviera en su onda y no manifestara una rendida admiración: periodistas, políticos, empresarios y hasta el Tato. Qué bien se lo pasaban Marcus y varios de sus directivos, secundados por su camarilla de pelotas, ejerciendo de forofos furibundos y jugando en la Red a ver quién la tiene más larga (la fe rojiblanca, naturalmente). Era un presidente virtual, como arriba nos lo pinta el Dr. Tapia, lejano, ausente, poco o nada propenso al diálogo y a buscar el entendimiento.

Para esa forma de ser y de actuar, ese distanciamiento, ese continuo guerrear, esa prepotencia, en Graná tenemos una palabra sonora y concluyente: malafollá (más que un pavo al trote, que se dice; claro que, en cuestiones malafollísticas, el que esté libre de culpas...). Y tales dosis de malafollá -para este mirón de la historia- sugieren lo ya apuntado, que D. Paco ejerció de presidente rojiblanco sin vocación alguna, a regañadientes.

Al principio no importaban demasiado las veleidades malafondísticas del virtual presidente, mientras las remesas monetarias madrileñas llegaban con regularidad todo marchaba bien y todo era optimismo, y hasta parecía que se planificaba con cabeza con vistas al futuro. Pero cuando las cosas vinieron mal dadas sólo le quedó como alternativa marcharse y ahí os quedáis, que no era concebible todo un señor Paco Sanz mendigando apoyos, y además de que no estaría ni por asomo en su pensamiento buscarse más complicaciones, a quién iba a recurrir, con la cantidad de enemistades que se ganó a pulso. La crisis económica acabó con el idilio, postró de rodillas sobre el césped de Los Cármenes a los futbolistas y quebrantó más de una adhesión inquebrantable.

Lo que había empezado muy bien vino a terminar muy mal. Antes de los cuatro años desde el aterrizaje de D. Lorenzo y en mitad de una temporada desapareció de la escena el apellido Sanz. Y fue al marcharse cuando nos despertamos a la cruda realidad. Gracias a Sanz habíamos por fin dicho adiós a la maldita Tercera División, pero esto no había salido gratis ni muchísimo menos: el sanzismo consiguió un récord muy difícil de igualar como fue el de casi duplicar la deuda del club -que ya era bien gorda- en el muy corto periodo de tres años y medio. Herido de muerte quedó el Granada CF cuando se acabó el sanzismo. Sólo el milagro Pozzo-Pina, con la intermediación de Cuerva, vinieron a remediar el estropicio.

domingo, 6 de octubre de 2013

POR MESONES O POR ALHÓNDIGA


El chiste de Soria en Ideal, 16 de junio de 1983, presenta la nota curiosa en cuanto a su publicación de aparecer entre el anuncio de la contratación como entrenador del Granada del míster Felipe Mesones para la siguiente temporada y el desmentido de dicha contratación, noticias aparecidas el día antes y el día después respectivamente al momento en que el dibujo ve la luz. La confirmación del fichaje del técnico argentino para la 83-84 se publicará ya el día 18 y hasta final de mes aparecerán los primeros fichajes de cara a la nueva campaña en segunda.
En lo futbolero se vivía un buen momento por entonces. El club estaba recién ascendido a Segunda División después de acabar campeón del grupo II de 2ª B. Sólo dos años se había tardado en recuperar la categoría de plata y se pensaba que la peor época histórica del Granada CF -hasta ese momento- había sido afortunadamente muy pasajera y podíamos darla definitivamente por zanjada.

Así podía haber sido pero -no hace falta decirlo-, en el fútbol, si a lo deportivo no acompaña lo económico es difícil que las buenas perspectivas puedan durar demasiado. Y es que en el Granada recién retornado a segunda soplaban aires de gran crisis a pesar del logro deportivo.

El año 1983 empezó con la venta del estadio de Los Cármenes a la empresa Inonsa por 425 millones con los que acabar con las deudas del club, cercanas a los 300, que tanto venían lastrando su marcha (noticia que se publicaba casi simultáneamente a la del incendio del palacio Arzobispal y a la de la muerte en Méjico del “mago” Gaspar Rubio, ex granadinista como jugador y entrenador). Inonsa se encargaría inmediatamente de la construcción del nuevo estadio, en la carretera de Málaga, que llevaría el nombre del, a la sazón, presidente del Granada CF, Cándido Gómez Álvarez. Pero antes de una semana la operación -ya cerrada- quedó sin efecto porque el nuevo plan de urbanismo de la ciudad reducía bastante la edificabilidad del solar del viejo campo y su valor por esa razón era mucho menor. Empezó así una larga polémica en prensa que enfrentó a Candi con el alcalde Antonio Jara y en la que se posicionaron determinadas fuerzas vivas del granadinismo, como se refleja en el segundo chiste de Soria que, aunque se publicó dos años después, puede ilustrar muy bien lo que se vivía en el Granada en este convulso 1983.






El quedarse sin los ingresos de la venta con los que ya se contaba y ante la urgencia de tener que liquidar a corto plazo la deuda de algo más de cien millones con la entidad Bancreco (Banco de Crédito Comercial) decidieron a Candi a poner en marcha en febrero la operación “Socios de veinte años”, por la que tres mil aficionados debían adelantar sus cuotas de las siguientes 20 temporadas. Aunque fueron bastantes menos de esos tres mil, con sus aportaciones (y con la hipoteca de buena parte de sus ingresos por largo tiempo, claro) pudo el club tirar para adelante y superar una crisis que estuvo cerca de deglutirlo.

El campeonato del grupo 2º recién conquistado y que dio el ascenso directo a Segunda División del Granada de Ruiz Sosa, clausuró con un happy end deportivo la temporada. Pero no fue ésta un paseo militar precisamente. Y si no que lo pregunten a los granadinistas: jugadores, directivos, aficionados y hasta plumillas, que en Sa Pobla, Mallorca, temieron por su integridad cuando una auténtica harka de beniurriagueles y tensamaníes baleares saltó de las gradas al terreno de juego y cargó contra liniers y árbitro, a los que dejó maltrechos (nueve meses de clausura de su terreno de juego le cayeron), y de camino alguno más recibió las “caricias” de los energúmenos. Todo lo motivó la victoria del Granada, 1-2 al Poblense de Serra Ferrer, que dejaba muy al alcance el ascenso.

Dos semanas después, en Lorca, una nueva victoria rojiblanca significó dar caza al líder Algeciras y acariciar la Segunda. En Lorca no hubo estacazos como en Sa Pobla, pero la denuncia de intento de soborno por parte del ínclito e inefable presidente-consorte y entrenador lorquí, Moreno Manzaneque, dio lugar a una investigación de la que no se sacó nada en claro, pero que mientras sí o mientras no sembró la incertidumbre entre la hinchada. En algún medio nacional incluso se dio la noticia de que el Granada no sólo no iba a ascender sino que además sería descendido a Tercera por tramposo.

Soria se sirve de un juego de palabras en el chiste que encabeza este escrito: hay que ascender a primera por Mesones o por Alhóndiga (y hasta por Puentezuelas); quizás esa huida hacia adelante pueda suponer el remedio a los muchos y profundos males que amenazan la nave rojiblanca.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

EL CONTRACHISTE


Hasta finales de la década de los sesenta, cuando se abrió el actual acceso siguiendo el curso del río Guadalmedina, para viajar de Granada a Málaga o viceversa el mejor camino era a través de los Montes de Málaga, y paso obligado era la llamada cuesta de la Reina, una interminable sucesión de curvas por una calzada estrecha que sólo acababan al llegar a la capital de la Costa del Sol. Algo parecido a la carretera de Almuñécar por la Cabra.
 
El chiste de Miranda, uno de los más famosos de los miles que publicó, al menos de los de tema futbolero, tiene fecha de 24 de mayo de 1966 y viene a celebrar el que es el tercer ascenso a Primera de la historia del Granada, el que consiguió en la Rosaleda malagueña al empatar a un gol (2-1 de la ida) y vencer en promoción al CD Málaga.
 
Sólo cinco años había tardado nuestro club en recuperar la máxima categoría y el reencuentro con la Primera División empezó francamente bien, empatando en el Insular frente al Las Palmas, por entonces un club puntero de Primera y atravesando los mejores años de su historia, cuando alineaba a jugadores como Martín Marrero, Tonono, Castellano, Guedes o Germán, todos ellos internacionales A. Un buen comienzo continuado con un escardón en la segunda jornada a todo un Zaragoza, vigente campeón de Copa y disputando en esos mismos momentos la final de la Copa de Ferias (después UEFA y ahora Europa League), el Zaragoza de los míticos “cinco magníficos”, también el mejor de su historia. La euforia que se desató cuando el ascenso de Málaga, en mayo, ha aumentado de tono en septiembre y anda la hinchada granadinista toda oronda.
 
Pero las estancias del Granada en Primera División fueron siempre en precario salvo en contadas ocasiones. La cruda realidad no tarda demasiado en manifestarse y sólo dos meses después de vapulear al Zaragoza pintan bastos y la euforia se ha evaporado dando paso al pesimismo. En ese periodo ya sólo han sido capaces los nuestros de ganar un partido más.


Las buenas vibraciones de aquel Granada se dieron sólo al comienzo porque enseguida empezaron a llegar los malos resultados y con ellos la pérdida de puestos en la clasificación. Así, en noviembre, cuando ya se han jugado diez jornadas y el Granada acaba de empatar en Los Cármenes con el Córdoba, vicecolista, su posición en la tabla es la 14ª o lo que es lo mismo, tercero por la cola, con 8 puntos y dos negativos, que es el mismo puesto que ocupará cuando termine la liga allá por finales de abril, puesto de promoción que le obligará a jugarse la permanencia frente a un Betis de mucho mejores argumentos y que pondrá fin a la más corta estancia del Granada en Primera División. Esa mala clasificación hace que Miranda pergeñe un “contrachiste” y publique éste que aquí vemos, en la misma página de Ideal en que se inserta la crónica del partido entre granadinos y cordobeses.


PELIAGUDA CUESTIÓN


¡Cincuenta mil duros devueltos de Puente Genil!, pregona el lotero versión Miranda en Ideal de 29 de mayo de 1957.
 
Acababa de celebrarse en Granada el grandísimo acontecimiento ciudadano que fue el IV Congreso Eucarístico Nacional, con el gran bullicio que produjo durante una semana y la vida que aportó a los negocios locales. Fundamentalmente consistió en la celebración de masivos actos religiosos en honor de “Cristo-Hostia” ([sic], Ideal de 21/05/57), como una comunión a la que acudieron veinte mil niños y que se celebró en el estadio de Los Cármenes.
 
La ciudad recibió en una semana la visita de más de trescientas mil personas, según la prensa, entre ellas, el cardenal Primado de España y Legado Pontificio, Pla y Deniel, y hasta el mismísimo Franco y esposa, en persona y Rols-Royce, asistieron a la clausura del magno evento, que consistió en una multitudinaria misa concelebrada en donde hoy están los jardines del Triunfo y a la que no quiso faltar una inmensa nube de pegajosos e irreverentes mosquitos que revoloteando persistentemente calvas y cogotes quitó solemnidad a la función y convirtió el acto en un incesante y poco santo manoteo de la concurrencia.

 
 
Por las aguas de Granada sólo reman los suspiros, según la famosa baladilla lorquiana. Sin embargo, a ciento cincuenta kilómetros, ese riachuelo tan granadino que es el Genil, cuando está en tierras cordobesas poco se parece al que corre por la Bomba y el Salón, y ya se ha convertido en el segundo río de Andalucía, y allí se puede remar a modo y no se hace pie. Mire usted por dónde, en el Genil con todo el equipo faltó poco para que acabara la expedición granadinista la tarde del domingo 26 de mayo de 1957.
 
Al domingo siguiente de clausurarse el gran certamen del nacional-catolicismo militante, un presunto y chapucero intento de compra del partido por parte de alguien del Granada CF tuvo la culpa de que en la localidad cordobesa de Puente-Genil se recibiera a nuestro equipo con rayos y centellas y de que más de uno temiera por su integridad ante las bravatas y los gruesos insultos de los de la carne de membrillo. Las 250.000 ptas. (un dineral en 1957) que presuntamente el presidente Bailón había destinado a sobornar al portero y un defensa del Puente-Genil para que se dejaran ganar por el Granada, vinieron devueltas porque el pastel se descubrió antes de jugarse el partido e intervino la autoridad. Pero con intento de soborno o sin él, lo cierto es que el Granada ganó con todas las de la ley en el minúsculo y embarrado campo de tierra donde el equipo cordobés jugaba sus partidos en su única aparición en el fútbol profesional.  
 
 
Las autoridades fueron benévolas con nuestro equipo y sólo impusieron sanciones administrativas a algunos de los protagonistas de esta historia, pero la cosa pudo traer gravísimas consecuencias para el Granada CF, y pudo resultar anulado un ascenso que se ganó en los terrenos de juego.

En Puente-Genil hubo palos dentro y fuera del terreno de juego, pero de allí se volvieron los nuestros con el liderato del segundo grupo de Segunda y con un pie en Primera División a falta de ya sólo tres jornadas por disputarse.



PRIMERA GRAN CELEBRACIÓN DEPORTIVA


Don Ricardo Martín Campos -el camarada Martín Campos, según la prensa de una época todavía demasiado azul mahón- viene todo rebolondo por mitad de la calle y a punto de estallar de satisfacción después de haber dirigido unas palabras de salutación y alegría a través de la megafonía instalada en la plaza del Carmen a los varios miles de hinchas allí concentrados, que han seguido con emoción la retransmisión del decisivo partido que jugaba el Granada en Castellón y que han visto recompensada su ansiedad con el triunfo final alcanzado.

No es para menos la orondez de Martín Campos. El club que preside, que es el nuestro, el Granada CF, acaba de ascender matemáticamente a Primera División proclamándose a falta de un partido campeón de campeones de la liguilla de ascenso que disputa frente a R. Sociedad, Coruña y Castellón. Miranda así lo ve en la edición de Ideal de 8 de abril de 1941, dos días después de la hazaña conseguida en La Plana.
 
El Domingo de Ramos, 6 de abril de 1941, casi simultáneamente a la salida en procesión de la cofradía de la Santa Cena presidida por el conde del Alcázar de Toledo y jefe de las milicias de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, el laureado general Moscardó, a los diez años justos de su fundación, el Granada en un partido dramático en el que jugó en clara inferioridad gran parte de los noventa minutos, con sólo ocho efectivos frente a once por expulsión de Liz y lesión de Martínez y Mesa, convertidos en lo que se llamaba “figura decorativa”, supo aguantar y traerse la victoria, la cuarta de los cinco partidos disputados, que aseguraba el primer ascenso de su historia a máxima categoría, 0-1 en el Sequiol de Castellón, con el primero de los muchos goles que como granadinista realizará el recién incorporado César,cedido del Barcelona.
 
Martín Campos ha aprovechado su intervención a través de la megafonía instalada por la agencia de publicidad Alas Azules y patrocinada por el diario Patria, para solicitar de la hinchada y de toda la ciudad que acuda en masa tres días después a recibir como se merecen a los equipiers rojiblancos. Así, el 9 de abril, Miércoles Santo, con el comercio cerrado para la ocasión, toda Granada ocupa por completo Gran Vía y Reyes Católicos, desde el Triunfo hasta el Ayuntamiento. Y a esa celebración no puede faltar el hincha más popular del momento, Maolico, que hasta ha renunciado al luto que venía luciendo en sus viñetas anteriores en Ideal, y se ha tocado con bombín y armado de bombo y platillo marcha al frente de la banda municipal que no para de tocar el Campeón de Luis Mejías, muy recientemente modificado en sus versos para adaptarlo a la nueva denominación del club (ha desaparecido de su letra aquello de «Recreativo de Granada campeón…», sustituido por lo de «Noble equipo de Granada campeón…»).


Decenas de miles de personas se suman a la que se puede considerar primera gran celebración deportiva que se vive en nuestra ciudad y aclaman a los héroes rojiblancos que vienen a bordo del viejo ómnibus matrícula de Cuenca que desde Córdoba los ha traído a Granada previas escalas en Cabra, Rute, Loja y Santa Fe, y que lleva en el tope de su largo morro una granada confeccionada con flores y en la baca, en grandes letras, la palabra CAMPEONES.
 
En un país devastado y en el que faltan las más elementales cosas, las hambres y escaseces de todo tipo que sufre la población no le han hecho retraerse y aprovecha que casi por primera vez en años haya algo que celebrar para ocupar con alegría las calles granadinas.

DEBUT Y APOTEOSIS


El 30 de diciembre de 1970 incluía Ideal, como casi a diario desde su primer número allá por mayo de 1932, este chiste de Miranda que es uno de los últimos que publicó, posiblemente su penúltima nota de humor. Este no es de tema futbolero como tantos otros de los suyos, es más bien de tema personal, es una premonición. El humorista se sabía condenado, de ahí lo de «…el nuevo año que termina con uno». Efectiva y trágicamente, apenas un mes después moría a los 65 años el popular José María Miranda, un granadinista que desde sus primeros dibujos había plasmado en clave de humor las alegrías y desgracias (más de éstas, claro) de nuestro Granada CF.
 
Dos semanas antes nos había dejado también otro popular granadinista, un “furibundo seguidor del Granada”, según lo define Ideal, Antoñico, José Antonio Fernández González, aunque éste era bastante más joven, sólo 36 años. De él dice Ideal en su necrológica que «Se conocía todas las alineaciones del Granada, de muchos años atrás y, dentro de su pobreza y ser minusválido, fue hombre de dignidad»… «Ya no animará más en las gradas de Los Cármenes, su figura no volverá a ejecutar fintas y goles imaginarios sobre el césped ni volverá a recorrer a pie kilómetros y kilómetros hasta que alguien le recogía para ir a ver al Granada de sus amores fuera de aquí». A su entierro acudió el presidente Candi y algunos directivos, y el club costeó una corona.

Ambos habían vivido el mayor hito histórico del Granada CF, la final de Copa de 1959, pero fueron a perderse los mejores momentos en Primera División de la historia del Granada CF, que estaban a punto de llegar.

El vacío dejado por Miranda lo ocupó Martinmorales, aunque ya venía publicando sus monos en Ideal desde hacía algo más de un año, y también, los martes, esta especie de retablo caricaturesco posterior a los partidos del Granada. El que aquí va se refiere al Granada 0 Sevilla 0, de 31 de enero de 1971, un mes después del premonitorio chiste de Miranda, el partido del debut en Granada del muy polémico árbitro que fue Emilio Guruceta Muro.



Debut y casi despedida, se podría decir, porque fue tan enorme el follaero que se formó cuando Guruceta anuló un gol al Granada a poco del final que nuestro club lo recusó y ya sólo volvería a arbitrar al Granada en Zaragoza más de cinco años después, en el último partido de la 75-76, último partido también del Granada en máxima categoría hasta 35 años después, y por Los Cármenes sólo aparecería nuevamente en una ocasión, después de más de diez años desde el gran follón de finales de enero de 1971, el 5 de mayo de 1981, en el partido de Copa por el que el Granada caería eliminado en VIII por el primera Salamanca (0-1 en la vuelta en Granada por 1-0 en la ida).
 
Guruceta, especialista en provocar altercados de orden público, es el árbitro de todos los que en la historia han sido que ostenta más récords arbitrales absolutos, muchos de ellos muy difíciles de batir: el que más motines forofísticos incitó; el que más veces salió de un terreno de juego protegido por guardias de la porra; el que más bombardeos de todo tipo de objetos arrojadizos cosechó; el que más veces fue recusado; el que más estadios tenía vetados; el que más modernamente consiguió que su apellido se coreara por toda la geografía nacional como sinónimo de insulto.

DESPUÉS DE LA BATALLA DE MÁLAGA


El chiste de Miranda (todavía sin mosca ni gato), publicado en Ideal de 12 de diciembre de 1933, se refiere al partido que dos días antes se jugó en Málaga. En la jornada dos del cortísimo calendario del grupo 6º de tercera división, subdivisión B (formado sólo por Recreativo, Malacitano y Jerez por renuncia del Ath. Almería, que se pasó al grupo levantino), el Recreativo se impuso 1-2 al Malacitano con dos goles de Calderón en un partido que inauguraba la larga rivalidad de nuestro equipo con el de la vecina ciudad y que, a tono con el tiempo en que se disputó, estuvo plagado de incidentes y acciones violentas.
 
Un día antes, el 9 de diciembre, había comenzado en gran parte del país una huelga revolucionaria en protesta por la victoria electoral de las derechas a mediados de noviembre, y en ese contexto ocurrieron en Granada unos gravísimos sucesos que se tradujeron en la quema del convento de las Tomasas y de la iglesia de San Luis (de ésta quedaron sólo las paredes), y la voladura por bomba del canal de la central eléctrica de Pinos-Genil, además de tiroteos con la fuerza pública por todo el barrio del Albaicín y explosión de petardos con daños menores a otros templos y a viviendas.

En el campo de los Baños del Carmen no hubo incendios ni bombas, pero sí que hubo bofetadas y paraguazos a discreción para los granadinos presentes y también para el árbitro sevillano Gutiérrez, y el más perjudicado fue el directivo-contador y delegado recreativista, Paco Cristiá, que estuvo a punto de ser linchado por una horda de beniurriagueles malacitanos y encima, previo paso por la casa de socorro donde fue atendido de numerosas magulladuras, fue detenido y conducido a comisaría como instigador de lo ocurrido.

La rivalidad malagueño-granadina era un hecho desde varios años antes, al menos desde que a mediados de la década de los veinte se enfrentara el club granadino R. Español al Malagueño y al Málaga FC en disputa de un trofeo menor de carácter regional, antes de la creación del Campeonato Nacional de Liga en 1928. La fusión de Malagueño y Málaga en 1933, apenas dos meses antes de este partido, dio lugar a la fundación del Malacitano (después CD Málaga), por lo que ésta era la primera vez en la historia en que se enfrentaba a nuestro Recreativo. A la vez, este encuentro inaugura la tradición de los Málaga-Granada guerreros, que abundarán en años posteriores.

De cualquier manera, es afortunado el debut del Recreativo en la inauguración de los derbis frente a su rival por excelencia. Con los dos puntos más los de su victoria anterior sobre el Jerez era en ese momento líder de su grupo, posición en la que terminaría dos jornadas después, en el campeonato de liga más corto de su historia, ganándose el derecho a luchar por el ascenso a Segunda. Es un Recreativo en el que jugaron tres granadinos (Herranz, Juanele Castillo y Aguileño) del total de ya sólo seis que quedaban en su plantilla (estaban también Bombillar y los dos hermanos Carmona, Pepe y Paquito) y en el que debutaba el fichaje del importante refuerzo que fue “Telera” Luque, que a partir de ese momento será fijo en las alineaciones recreativistas en ésta y en las dos siguientes temporadas.

En su tercer año de vida, el Recreativo ya poco se parece al que en 1931 se fundó modestamente. En dos años ha vivido dos ascensos y milita por primera vez en categoría nacional. El entrenador que dirige desde el banquillo sus partidos, el sevillano Antonio Rey, ha sevillanizado bastante el equipo con el fichaje de Telera y antes los de Carrera, Gomar y sobre todo el meta Tabales, uno de los triunfadores de Málaga. La directiva que preside Gabriel Morcillo está decidida a llevar al Recreativo cuanto antes a las máximas cotas.

De las hemerotecas extraemos con frecuencia noticias a caballo entre lo deportivo y la crónica de sucesos cuando reseñan los partidos del Recreativo (del Granada CF) en sus primeros años de existencia. Con el telón de fondo de los mil actos revolucionarios e intentonas militares contra la República que nació simultáneamente a nuestro club, puesta la convivencia contra las cuerdas tanto por la derecha como por la izquierda, a tono con el contexto histórico en que se dan, abundan los partidos recreativistas que acabaron como el rosario de la aurora y con la intervención de la fuerza pública repartiendo mamporros a diestro y siniestro. En el partido del Recreativo en los Baños del Carmen, la “batalla de Málaga”, hubo estacazos por doquier, pero no más ni más graves que otros varios de los que jugó el Recreativo Granada en sus primeros y republicanos años de existencia. Y es que esta época es pródiga en lo que hemos dado en llamar “matchs bélicos”, como los de temporadas anteriores frente a Accitana, Linares o Antequera, o los que se avecinan frente al propio Malacitano, o los de Jerez, Gimnástico de Valencia y Murcia.

miércoles, 8 de abril de 2009

LA BALSA DE LA MEDUSA ROJIBLANCA

05/04/09

Esta caroca tiene firma, José de la Torre Calvín, y es de 1983. En la quintilla se lee: «Al “hincha” hay que pedir / que al “Graná” hay que salvar. / Igual se debía exigir / a quien lo llegó a hundir / en temporadas atrás». Han pasado veintiséis años de avatares rojiblancos, pero lo que está aquí con mayor o menor arte representado es perfectamente traíble a la rabiosa actualidad.

Lo que en mayo de 1983 se podía ver y leer en plaza Bibarrambla hace referencia a la por entonces reciente campaña promovida por el presidente, D. Cándido Gómez, por la que se pretendía captar tres mil socios que pusieran 200.000 (palco), 100.000 (tribuna) o 75.000 (preferencia) pesetas, a cambio de disfrutar de un abono por las siguientes veinte temporadas. Poco después de deshacerse la operación, ya cerrada, de venta del viejo Los Cármenes a Inonsa por 425 millones, Candi, con la pertinente aprobación de los socios, recurrió a esta medida extraordinaria para hacer frente a deudas acuciantes de la entidad, en especial la ya rancia con la entidad Bancreco (Banco de Crédito Comercial), 115 de los 324 millones que se estimaba era la deuda real del club. Los que respondieron al SOS fueron finalmente algo menos de mil, pero con lo que aportaron se consiguió salir del mal paso en espera de tiempos mejores, aunque fue a cambio de hipotecar el futuro hasta la 2002-03.

El autor de esta granaína crítica bufa de cada Corpus se inspiró en el famoso óleo del romántico Géricault, La balsa de la Medusa, para plasmar lo que se vivía en esos momentos en el granadinismo. Entonces, como ahora, la continuidad del club estaba muy en el aire y se recurrió a una medida a la desesperada.

Aparte de que por entonces al menos el club tenía todavía una finquilla con que ir tirando, hay una cosa que ocurría en este Corpus y sí que es verdad que, para nuestra desgracia de hinchas, no es nada equiparable a la actualidad rojiblanca. Porque a finales de mayo de 1983 anda el granadinismo eufórico celebrando la muy reciente recuperación de la Segunda A después de un plácido viaje de hermandad a Algeciras.

El famoso cuadro representa la tragedia real de los náufragos del barco La Medusa, abandonados en una balsa improvisada en mitad del Atlántico. Dos semanas a la deriva hicieron que de 149 sólo quedaran los 15 que para sobrevivir recurrieron al canibalismo. Extrapolando situaciones del pasado a la actualidad y después del naufragio Sanz, esperemos que no tengamos los granadinistas que llegar tan lejos para que nuestro equipo siga con vida. Ya saben, no muerdan al prójimo y tiren de alcancía. ¡Yo también me sumo!

martes, 27 de enero de 2009

PÍRRICA GANANCIA



La oronda y sonriente figura del presidente rojiblanco José Bailón se acerca, balón en ristre, a la ventanilla de empeños para ver si por su prenda saca unas pesetillas con que satisfacer a alguno de los muchos acreedores del club. La caroca es del Corpus de 1964, cuando acaba de terminar una temporada marcada por las dificultades económicas.

A primeros de año ya había visto el club cómo le era embargada la taquilla del partido Granada-Onteniente por una antigua deuda cercana ya a las veinte mil pesetas cuando su monto inicial era menos de la mitad, según cuenta José Luis Entrala en su estupenda Historia del Granada CF. En mayo, siguiendo al mismo autor, en asamblea de socios, se pone de manifiesto que la deuda total del club es superior a los ¡cinco millones!, casi un millón más en dos temporadas con arreglo a la trampa que se heredó de la anterior directiva presidida por Jiménez Blanco. Si hoy parece una broma, en aquellos tiempos cinco millones de pesetas suponían una losa preocupante. Por eso se habló de una posible venta de Los Cármenes que no llegó a concretarse.

Para reducir gastos, cuando se exhibe esta caroca el club acaba de clausurar su lujosa sede en el número cinco de la calle Ganivet y ha arrendado un local mucho más modesto en la calle Lepanto, a espaldas del Ayuntamiento. Las asfixias económicas del club rojiblanco no son cosa nueva, como se ve.

Quizás esas prioritarias preocupaciones pecuniarias fueron las que impidieron que alguien del club estuviera centrado y advirtiera que con sólo haber empleado unas pesetillas en mejorar el contrato y en cumplir a tiempo con un jugador de su plantilla que respondía al nombre de José Martínez Sánchez, y haber conseguido que firmara como profesional, se podrían haber solucionado si no todos sí gran parte de los males del club. Estamos hablando nada más y nada menos que de Pirri. A Granada había llegado en septiembre de 1963 para estudiar medicina, y Millán, que lo conocía por haberlo tenido como pupilo el año anterior en el equipo de su tierra, el Ceuta, lo hizo debutar con la temporada ya comenzada. A sus dieciocho años, en seguida se hizo con la titularidad para acabar como máximo goleador del equipo en su posición de interior derecho. Durante su estancia en Granada parece ser que no se cumplió con él lo religiosamente que se había acordado, sin que solucionara esta deficiencia el hecho de que cada vez era más espiado por equipos de primera. Al terminar la temporada seguía con contrato amateur, por lo que el R. Madrid se adelantó a otros que también lo pretendían y se lo llevó sin pagar por él ni una gorda, sólo con cambiar su lugar de residencia, y en el equipo merengue completó una larga carrera llena de éxitos y de presencias internacionales. Faltaban todavía muchos años para que desapareciera el llamado derecho de retención. ¿Cuánto podría haber sacado por Pirri el Granada si hubiera estado listo?

En lo deportivo, el equipo titular de la temporada recién concluida se puede considerar de transición: Otero; Torres, Alcantarilla, Jdidi; Manolet, Pellejero; Coll, Pirri, Chapela, Almagro y Román. Al terminar la liga anterior habían dejado el equipo dos jugadores que quedaban todavía de la estancia en división de honor de dos años antes, Larrabeiti y Forneris, a los que se unió Arsenio, que se marchó en mitad de la liga al comprar su libertad para fichar por el Oviedo, donde todavía rindió varios años a buen nivel. A cambio había vuelto al equipo Pellejero. Otros, como Rafa Almagro o Román (después traspasado al Sevilla), empezaban a dar sus primeros pasos desde el Recreativo. Pero todavía no habían llegado algunos futbolistas muy importantes en la historia inmediata del Granada, como Lorenzo o Miguel, que se incorporarían la temporada siguiente.

En el banquillo empezó la temporada Pepe Millán, y el equipo no iba mal, pero la derrota en casa y la consiguiente eliminación ante el Indauchu (1-4), rival copero que militaba en el grupo norte de segunda, le costó el puesto en la jornada once. Trompi, entrenador del Recreativo, tomó el relevo y dirigió al equipo cuatro jornadas, hasta que justo en el ecuador de la liga se hizo cargo del banquillo Ignacio Eizaguirre, que completó el calendario. De la etapa de Trompi queda para la antología del anecdotario rojiblanco lo que cuenta José Luis Entrala, el “paseíllo” de la expedición granadinista, con el míster a la cabeza y suponemos que con banda de música, por las calles del pueblo murciano de Abarán para reclamar de los vecinos su asistencia al encuentro en el que, por la tarde, los rojiblancos empataron a uno.

El Granada acabó en el sexto puesto del grupo sur de segunda división, con treinta y dos puntos y dos positivos, a seis del Hércules, que disputó la promoción de ascenso como segundo clasificado.

D. José Bailón Verdejo, el “presidente de la sonrisa”, ocupaba el sillón en su segunda etapa como máximo mandatario. De su anterior etapa de dos años al frente del club ya tenía en su curriculum un ascenso a primera. El último, el de 1957. Al terminar esa temporada había sido suspendido federativamente para el cargo por dos años, por aquella peliaguda cuestión del presunto intento de soborno de Puente-Genil. Tras cumplir la sanción había vuelto a ser elegido presidente rojiblanco al comenzar la 62-63. En la presidencia permanecerá hasta 1967, y en ese tiempo viviremos de su mano un nuevo ascenso, en 1966, al ganar la promoción al Málaga, la más efímera de las estancias primerdivisionistas del Granada pues sólo duró una temporada. El descenso en una nueva promoción, esta vez ante el Betis, hará a Bailón dimitir. Su salida del club significa el comienzo de la era Candi.

miércoles, 13 de agosto de 2008

EL ÚLTIMO ÑITO


Ahí tenemos a Ñito, en una poco afortunada y muy exagerada caricatura, repartiendo mamporros a diestro y siniestro hasta noquear a varios jugadores contrarios. La caroca, del Corpus de 1973, se refiere a lo ocurrido en la jornada 24 de la 72-73, en el estadio de Sarriá, cuando Ñito agredió al españolista José María y fue expulsado. Esto ocurría a falta de cinco minutos para el final. El Granada se había adelantado en la casa del eventual líder mediada la segunda parte, por mediación de Chirri, y aguantaba los embates españolistas, destacando en esta labor la gran actuación de Ñito, inconmensurable por alto y por bajo. Hasta que en el ochenta y cuatro Amiano hacía el gol del empate, un gol muy protestado por los nuestros porque fue conseguido en un fuera de juego. En el tumulto que las protestas ocasionaron al canario se le fue la mano y noqueó al capitán españolista. El colegiado Álvarez Orellana no vio la posición antirreglamentaria en el remate que supuso el empate e ignoró el banderín en alto del linier, pero sí que vio la agresión y expulsó al buen meta granadinista. Dos minutos después Solsona conseguiría el definitivo 2-1.

En aquel Granada, en plena efervescencia de la “leyenda negra”, la fama de futbolistas feroces se la tenían ganada principalmente dos hombres, ya saben, la “pareja quirúrgica” que formaban Aguirre Suárez y Fernández. Pero tapados por la pareja contábamos además con otros efectivos que daban también lo suyo si se terciaba. Barrios ya no estaba pues había sido traspasado al Barcelona, y Montero Castillo todavía no había llegado, pero quedaba Jaén. Y también Ñito. De carácter más bien impulsivo, necesitaba poco el chicharrero para calentarse, y, aun ocupando la posición de cancerbero, se puede decir de él que era algo “guarrillo” y hacía bastante uso de los codos y de los tacos ante los contrarios para proteger los balones que le llegaban y para hacerse respetar.

Pero por encima de todo, lo que se puede decir de Ñito es que era un sensacional portero. Un guardameta como pocos ha tenido nuestro Granada CF. Para mí el mejor de todos. Unos reflejos felinos y una agilidad sin igual para llegar a balones imposibles, y una gran seguridad en las salidas eran sus mejores cualidades. Espectacular era quizás el adjetivo que mejor le cuadraba. Ñito daba espectáculo, por eso era el ídolo más que de nadie de la chavalería. Era espectacular atajando balones y era espectacular en sus “locuras”, cuando salía con el balón controlado fuera de su área regateando contrarios con el único fin de divertirse y divertirnos a sus incondicionales.

El Ñito de la poco conseguida caricatura, a estas alturas de la 72-73, en su séptima temporada de rojiblanco y a sus casi treinta y cuatro, ya no es el que cinco años atrás consiguió ser el portero menos goleado en categoría nacional, y tampoco es ya el titular indiscutible en la puerta del mejor Granada, como siempre lo fue desde que llegara a nuestra tierra en 1966 procedente del Valencia. Mediada la temporada anterior había perdido tal condición a manos del sobrio Izcoa; recuperada la titularidad al principio de esta temporada, volvería a perderla para reaparecer sólo cuando el vasco se lesionó.

«Hay en los muchos equipos / porteros de todo tipo, / con sus estilos de cuño, / y algunos quitan el hipo / haciendo uso del puño», reza la correspondiente quintilla. La caroca, en su exageración, es sin saberlo el acta bufa de la última acción en liga de este gran portero como granadinista, porque la agresión a un contrario le costaría la expulsión y la sanción por cuatro partidos, pero ya no volvería Ñito a contar para Pasieguito en las diez jornadas que quedaban para concluir la temporada. La siguiente, con Joséito, la pasará en blanco y sólo actuará en algún partido de copa y en amistosos, para ser cedido en la recta final al Linares, colista de segunda con el que sólo intervendrá en dos partidos y poco podrá hacer para evitar un descenso más que cantado. A la siguiente temporada, la 74-75, pasará al Murcia, de primera, con el que empezará de titular para desaparecer de las alineaciones a partir de mediados de temporada y decir adiós definitivamente al fútbol. No lo sabíamos entonces pero con ese uso de los puños –y no contra un balón- acabábamos de asistir a los últimos momentos de toda una era granadinista, porque Ñito fue sin duda un portero que marcó época.

Su sucesor podía haber sido muy bien el que tuvo que ocupar la portería aquella tarde en Sarriá, el joven granadino de veintiún años Pepe Navarro, que en sustitución de Dueñas debutó aquel 11 de marzo de 1973 en Primera División. Pero era entonces muy difícil desbancar a Izcoa y más difícil se pondrá después, cuando Candi, en su fiebre “ficheril”, se traiga a Mazurkiewicz. De esta forma sólo los cinco minutos que quedaban para concluir aquel partido, en el que no pudo evitar la derrota ante un Español líder, más los tres siguientes de liga (hasta que Izcoa se recuperó) es la aportación de este canterano a la historia rojiblanca. Así se perdió para el Granada uno de los mejores productos que ha dado nuestra cantera, porque a la temporada siguiente se marchó Navarro cedido al Córdoba y después pasó al Burgos, donde encontró el éxito que se le había negado en su tierra. El club castellano le sacaría además un buen parné al traspasarlo más tarde al At. Madrid, con el que ya alcanzó su completa consagración. No tuvo suerte Navarro con las lesiones, cosa que seguramente fue la única razón de que no llegara a debutar como internacional mientras perteneció al club colchonero.

jueves, 3 de julio de 2008

EL SOMBRERO DE DI'STÉFANO


La quintilla de la tradicional caroca de tema futbolístico, en este caso del Corpus de 1972, dice: «Un entrenador de fama / pero a la vez muy severo, / puso a los hombres del pito / en contra de diez y “Ñito” / por no quitarse el sombrero». Se refiere a lo que ocurrió en Los Cármenes el 28 de noviembre de 1971, en la jornada 11, en la que el Granada, noveno clasificado, 10 puntos sin positivos ni negativos, recibía la visita del vigente campeón de liga, el Valencia de Alfredo Di’Stéfano. Los valencianos ocupaban el segundo puesto, empatados a puntos con el líder, el R. Madrid, cosa que fue la tónica de toda la temporada que al final acabaron ganando los merengues por sólo dos puntos sobre los ches.

El día anterior al choque el argentino había sido entrevistado por la prensa, quien, entre otras cosas, le preguntó qué pasaría si su equipo acababa derrotado, a lo que el míster che contestó que no pasaría nada, que se quitaría el sombrero en reconocimiento a la superioridad del rival y santas pascuas.

En un partido épico, trabado y muy emocionante, y que pudo ganar cualquiera de los dos, el Granada acabó derrotando al Valencia merced a un solitario gol casi sobre la campana de Barrios. Pero en las declaraciones pos partido D. Alfredo se mostró muy alterado y para nada se quitó sombrero alguno, aun simbólicamente, sino que lo que hizo fue arremeter contra los jugadores rojiblancos y en concreto contra su paisano Aguirre Suárez, al que culpaba de la excesiva dureza de que –dijo- se habían valido los nuestros para ganar el partido.

Se trata del prólogo del nacimiento del sambenito que a partir de esta temporada y durante dos más (las que fue granadinista Aguirre Suárez) perseguirá al Granada CF, ya saben, la “leyenda negra” o fama de equipo leñero, marrullero y feroz. Por su poca trascendencia se puede decir que lo ocurrido aquella tarde fue el prólogo, porque el primer capítulo, ya conocido en toda España y bien difundido por los medios, se desarrollará dos semanas más tarde, en el Bernabéu, cuando una trifulca entre rojiblancos y merengues, en la que participarán casi todos, se saldará con la expulsión de Amancio y Fernández (éste en camilla) y la correspondiente sanción por cuatro partidos para ambos. Leyenda negra (merecida, aunque nos duela) cuyo último capítulo tendrá como protagonistas a los dos mismos jugadores, pero ya después de jugarse la temporada en curso más las dos siguientes, y su escenario será Los Cármenes y en partido de copa.

Yo, que desde la preferencia del marcador vi de cerca el partido aquel contra el Valencia, no recuerdo la excesiva dureza ni las marrullerías de las que se quejaba Di’Stéfano, claro que hay que tener en cuenta que Aguirre Suárez era especialista en el zurriagazo a las higadillas contrarias mirando al tendido y sin que nadie se enterara, salvo, por supuesto, el perjudicado. Sí que recuerdo un campo abarrotado -como fue norma todo el año, el mejor rojiblanco de la historia- de un público enfervorizado que en el anterior envite en el mismo escenario había acabado de subir a los altares a Enrique Porta, que le hizo tres goles al Sabadell. Y sí que tengo muy vivo el recuerdo de la emoción y la gran alegría cuando Barrios remató desde cerca y logró a poco del final el gol de la victoria, con el plus de que esa victoria era ante un grande (aquella temporada ninguno de los grandes se llevó un solo punto de Los Cármenes).

Tras terminar la liga había que disputar la copa y quiso el destino que los dos equipos de aquella tarde volvieran a verse las caras en octavos de final, y que el partido de ida se jugara en Granada en pleno Corpus (justo cuando se exhibía la caroca que ilustra este escrito). Los hinchas granadinistas pudieron desquitarse del no-sombrerazo de D. Alfredo y lo recibieron al grito de “sombrero, sombrero” y con un abundante planeo desde las gradas hasta el césped de aquellos sombreros cordobeses, grises y de cartón, que valían tres duros y que se vendían muy bien en aquellos Corpus del Salón y del Violón (más provincianos pero más auténticos), previos a la “sevillanización” del evento. En un partido muy tenso y plagado de incidentes, con dos jugadores valencianistas que hubieron de ser retirados en camilla y en el que fue expulsado y sancionado Aguirre Suárez, el Valencia acabó ganando el choque (0-1). Para el partido de vuelta no podía jugar Aguirre Suárez, pero de todas formas no lo hubiera hecho ya que Mestalla era (junto al Bernabéu y otros) terreno vedado para el argentino, al que tanto Joseíto como Pasieguito siempre reservaron cuando de jugar en esos campos se trataba. En Valencia el Granada casi consiguió el pase a cuartos, pero al final el resultado de 2-2 supuso su eliminación.

jueves, 29 de mayo de 2008

LOS 30 ESCALONES DE UN CAMPEÓN



«Para contento y consuelo / de la sufrida afición, / fue campeón por un pelo; / pelo que, en esta ocasión, / lo fue de un Calvo... Sotelo». Aquí tenemos a Joseíto con su famosa escalera al hombro. De ella lleva colgado por muy poco, por el forro del calzón, al rojiblanco, que se agarra al único pelo del calvo (Sotelo) para no caer. Es el caso que la temporada ha concluido y, aunque con mucho sufrimiento y una ventaja exigua, ya tenemos al Granada CF otra vez entre los grandes. Se trata del último ascenso (por ahora, siempre por ahora) a la división de honor del Granada, el que culminó una temporada dominada casi de principio a fin por el club rojiblanco que, como campeón del grupo sur de Segunda División, consiguió el ascenso directo al superar en un punto a su inmediato perseguidor, el Calvo Sotelo de Puertollano, en la temporada 1967-68.

Tras el descenso un año antes después de perder la promoción frente al Betis, se iniciaba una temporada que en principio planteaba muchas dudas ya que para la siguiente se había previsto la reestructuración de la categoría, reduciendo los dos grupos de segunda de dieciséis equipos a uno sólo de veinte, por lo que el descenso afectaba a la mitad de los que formaban la categoría de plata. A pesar de contar con una plantilla muy corta en la que eran bajas gran parte de los futbolistas del año anterior en primera, entre ellas la muy sensible del armillero Eloy Matute, traspasado al Sevilla, con la sabia y seria dirección de Joseíto, el Granada CF. se aupó a la primera plaza del grupo desde la jornada cinco y en esa misma posición logró culminar la jornada treinta y última. La corta plantilla se completó con una única incorporación de un jugador foráneo, el catalán Ferrando, que no jugó demasiado, y con canteranos. El buen míster había sido entrevistado por la prensa a poco de llegar a Granada y había manifestado la idea de que la liga era una escalera en la que poco a poco, con trabajo y seriedad, se habrían de ir subiendo peldaños hasta alcanzar el objetivo previsto. Esta manifestación, dicha así, como para salir del paso ante la incógnita de una temporada que echa a andar, tuvo sin embargo gran impacto entre los periodistas deportivos de la época e hizo fortuna hasta el punto de que la temporada 67-68 será ya para siempre en los anales rojiblancos la ”temporada de la escalera”.

El equipo titular fue: Ñito; Lorenzo, Barrenechea, Zubiaurre; Santos Barrachina; Flores, Almagro, Ureña (o Miguel), Gerardo y Vicente. Como se aprecia, todos excepto dos ya estaban la temporada anterior, y esas dos incorporaciones se habían producido desde la propia cantera: Ureña, de Pinos-Puente, que colgó la sotana y desde el seminario pasó al Recreativo y a las pocas semanas ya era titular en el Granada, donde sus doce goles lo convirtieron junto con Vicente en el máximo goleador del equipo; y Gerardo Jiménez, atarfeño, centrocampista de labor oscura pero muy efectiva, todo pundonor y entrega. La gran clase del canario Vicente, la agilidad felina de Ñito en la que quizás sea su mejor temporada de rojiblanco y en la que consiguió ser el portero menos goleado en categoría nacional, la seguridad en defensa de Barrechenea y Barrachina, el gran sacrificio de Santos y el trabajo fino de Rafa Almagro en la media punta... Esas fueron las armas de este gran Granada. También hay que destacar que en este Granada campeón hay cuatro granadinos (Barrachina, Almagro, Ureña y Gerardo) más otro que si no lo es de nacimiento lo ha sido siempre de corazón (Santos), a los que podríamos unir los nombres de otros paisanos que jugaron menos pero que también aportaron su grano de arena al ascenso, como Tinas, Ortega y Villalta.

Era la primera temporada de Joseíto en el banquillo del Granada, y era también la primera temporada de Candi en la presidencia. Gran estreno el del binomio, que abría con este meritorio ascenso la época más gloriosa de la historia del Granada y su etapa más prolongada entre los grandes, gestas ambas en las que volverán a tener gran protagonismo.

BODAS DE AGUA


«Jugadores excelentes, / fichajes de sensación, / taquillajes imponentes, / y con tales ingredientes / bajamos de división». Así se resume lo que fue una temporada nefasta para el Granada CF, la 60-61. En sus bodas de perla no le fue precisamente de ídem al club rojiblanco. En la caricatura vemos cómo en un mar agitado y lleno de tiburones se va a pique la nave rojiblanca con su capitán, el presidente José Jiménez Blanco, que, como está mandado, se hunde con ella sin abandonar su responsabilidad. Y mientras se ha impuesto el sálvese el que pueda, Larrabeiti, el futbolista cantor, desgrana unas notas de despedida. Ya en el agua vemos a Carranza con su salvavidas del RCD Español al que no hace ni una semana acaba de ser traspasado por dos millones (tres veces menos de lo que en su día -se dijo- ofreciera el Barcelona). A su lado el otro jugador más cotizado de aquella plantilla, Lalo, bien agarrado a un tablón. Y un poco más allá está Piris, que poco después seguirá los pasos de Carranza y se irá traspasado también al Español.

El 31 de mayo de 1961, miércoles, los paisanos que de mañana acudieron a plaza Bibrambla, ese escenario tan granadino, tan deslumbrante y bienoliente en esas calendas, pudieron ver este dibujo y leer esta quintilla que junto con otras carocas estrenaba un año más las fiestas del Corpus. Entre aromas alimenticios de churros y fragantes de flor de tilo, el desayuno a base de tejeringos no sentaría demasiado bien a los granadinistas pues, aunque la tragedia deportiva que fue la pérdida de categoría habían tenido ya tiempo para asumirla, en el vistazo a la prensa se pudieron enterar de otra tragedia más humana: la muerte en accidente el día anterior del jugador rojiblanco Cuervo, tras estrellarse el Fiat 1400 GR-4888 que conducía su compañero y paisano Lalo contra un camión aparcado junto a la Facultad de Medicina.

Sólo un mes antes había finalizado la peor de las diecisiete temporadas rojiblancas entre los grandes y se había consumado la pérdida de la máxima categoría, aunque el descenso matemático del Granada era un hecho desde varias jornadas antes de concluir la liga. El único farolillo rojo de esas diecisiete campañas en primera tras jugarse la totalidad del calendario ponía colofón a una temporada que sin embargo parecía antes de empezar que iba a ser la de la consagración granadinista en Primera. Para ello se había producido una “limpia” en un vestuario demasiado cargado de tacos de calendario y se les había dado la baja a gran parte de los que sólo un año antes habían conseguido el subcampeonato copero. Ya no estaban hombres como Benavídez, Mauri, Ramoní, Becerril, Pellejero o Ramírez, y tampoco el buen míster Kalmar. A cambio se había hecho un esfuerzo para traer, pagando por ellos, a hombres con proyección como Lalo y el argentino Larraz, más Cuervo y otros más jóvenes y menos conocidos como Gómez, Álvarez, Torres o Cándido, y además el retorno del granadino goleador Rafa tras su paso por At. Madrid y Coruña. Así, antes de echar a rodar el balón se llegó a decir en algún mentidero balompédico nacional que la delantera granadina compuesta por Vázquez, Lalo, Carranza, Larraz y Arsenio, sólo era superada por las de Madrid y Barcelona.

Pero lo que parecía un equipo joven y muy competitivo salió por completo batracio y muy pronto se hundió en las profundidades de la tabla, ocupando el farolillo rojo en las jornadas tres, ocho y catorce, para adjudicárselo en propiedad a partir de la veintidós y descender matemáticamente a falta de tres partidos. Los historiadores granadinistas se ponen de acuerdo en que la persona elegida para el banquillo (o impuesta, dicen algunos, como parte de la operación del traspaso de Lalo desde el Oviedo), el entrenador Fernando Argila, fue el principal responsable del desaguisado. Argila, un hombre al que parece que le gustaba más el baloncesto que el fútbol para entrenar, fue despedido justo al término de la primera vuelta, cuando el equipo andaba con -6, pero el contratado para sustituirlo, Trinchant, no hizo sino empeorar la situación -como ha ocurrido tantas veces en la historia rojiblanca- y aumentó la cuenta de negativos hasta trece, poniendo así fin a la segunda estancia del Granada entre los grandes. Claro está que no toda la culpa habría que hacerla recaer en la dirección deportiva pues alguna responsabilidad tendrían quienes la propiciaron. Así, como es norma cuando las cosas no salen todo lo bien que sería deseable, hubo a lo largo de la temporada cierta “guerra” entre la prensa local y la directiva, que –Entrala dixit- llegó a publicar una nota cuando el equipo iba disparado hacia segunda en lo más hondo de la tabla, donde se agradecía a la “auténtica” prensa granadina su labor y se lamentaba de que la “otra” prensa se dedicara a crear un clima de desmoralización. ¿Les suena esto a algo más o menos equiparable a ésta o a la anterior temporada?

CHICO BACHE Y GRANDE CAÍDA


Una gran masa de aficionados abarrota Los Cármenes e incluso rebosa sus límites de una forma casi como nunca se vio por estos lares. Lo que ha provocado esta gran riolada es la presencia al frente del banquillo del Granada de nada más y nada menos que Miguel Muñoz.

M.M., siglas legendarias del fútbol nacional. De los terrenos de juego pasó al banquillo del R. Madrid, todavía en los tiempos de Di’Stéfano, y a lo largo de quince temporadas consecutivas al frente del equipo merengue ganó nueve ligas (lo que a día de hoy sigue siendo récord en el fútbol español), dos copas del Generalísimo, dos copas de Europa y una Intercontinental. En la 74-75 no le habían ido las cosas nada bien, siendo cesado antes de su finalización por lo que en el verano de 1975 andaba sin equipo. Después de fracasar el intento de hacerse con otro peso pesado de los banquillos, Udo Lattek, Candi se lo trajo para Granada. Contratar a un entrenador de la talla de Muñoz significaba buscar ya sin complejos que el Granada consiguiera por fin la clasificación para disputar un campeonato internacional, cosa de la que tan cerca se había estado recientemente.

Pero no sólo no consiguió clasificar al Granada para Europa sino que al final y contra todo pronóstico dimos con los huesos en segunda división y si te vi no me acuerdo. Desde entonces, 1976, no hemos vuelto a degustar por estas tierras los grandes menús que ofrece la máxima categoría del fútbol español. El caso es que el que a día de hoy sigue siendo el entrenador español que mejores números puede presentar sólo tuvo un fracaso sonado en su carrera y, para nuestra desgracia, tuvo que venir precisamente aquí a encontrarse con él. Porque después entrenó a Las Palmas y a Sevilla con éxito y posteriormente fue seleccionador nacional durante ocho temporadas, sumando también notorios triunfos, como el subcampeonato europeo de 1984 y el brillante papel de nuestra selección en México 86.

Todo parece indicar que en nuestra tierra no se encontró a gusto en ningún momento. Así lo sugieren sus métodos rutinarios de afrontar los compromisos, la desgana que dejaba entrever y su falta de reflejos para tomar las medidas que pusieran coto a lo que en una segunda vuelta horrorosa fue deslizando al equipo por el tobogán que le llevó a segunda tras ocho inolvidables temporadas consecutivas entre los grandes. Y además su estrella de gran entrenador, la flor que –decían- le brotaba en cierta parte, le abandonó mientras fue míster del Granada, y las lesiones de hombres básicos fue otro handicap que pesó demasiado.

Quizás si su venida a Granada hubiera sido algunas temporadas más tarde y no inmediatamente después de dejar la Casa Blanca quién sabe si ya con más rodaje en equipos modestos los resultados obtenidos habrían sido otros. El caso es que todo parece indicar que mientras se paseó por estos andurriales no estuvo muy listo de reflejos, achacando los males del equipo a un pasajero bache, y por lo visto, pensando que aún dirigía a un equipo que lo gana todo, sus métodos dejaron bastante que desear (así lo denuncia la prensa de la época) en lo que se refiere a la preparación. Y eso que se trajo un ayudante en quien descargar toda la parte física, cosa que por entonces era poco habitual. Así lo representa la caroca del Corpus 76, encaramado a su pedestal y con la mente puesta en el que siempre fue su club.

A CADA CABEZA SU SESO


Bien gráficamente lo dice esta caroca, exhibida en el Corpus de 1975: «Palabra muy repetida / en el fútbol dominguero, / fue a persona dirigida / y a la parte preferida / donde se fija el sombrero». José Iglesias Fernández, más conocido como Joseíto, será siempre recordado en los ambientes futboleros granadinos por ese contundente epíteto que hace referencia, más que al tamaño de su testa, a la forma de ser de este míster, al cual, como se aprecia en la caricatura, por un oído le entra y por el otro le sale lo que desde la grada se grita. Que si tiene que jugar Fulanito; que si a Perenganito hay que cambiarlo; que si contra el Peralejos FC hay que oponer un sistema de 3-3-4 y no el más conservador que presenta el equipo; que si qué sé yo qué cosas... Joseíto no se achantaba ni se dejaba influir por lo que unos y otros pudieran opinar, y esto unido a un carácter más bien seco y distante no levantaba excesivas simpatías entre la hinchada rojiblanca ni entre los plumillas de la época. Pero sería injusto que a este castellano-leonés, granadino de adopción y de vocación, se le recordara sólo por esa nota más o menos negativa de su carácter.

Cuando entre esa exquisita mezcla de olores a churros y a flor de tilo -tan típicamente propia del Corpus en plaza Bibrambla- se puede ver y leer esta caroca, no hace ni una semana que ha concluido una liga en la que hasta el último suspiro el Granada no tuvo claro que fuera a continuar una temporada más entre los grandes. Pintan bastos en estos momentos para el zamorano que acaba de dimitir y ha sido sustituido por Errazquin, aunque la temporada aún no ha concluido ya que falta por disputarse la Copa, y el buen míster es a la sazón el centro de todas las críticas y es señalado como el principal culpable de los muchísimos apuros que se han pasado para no descender. Así cerraba su tercera etapa al frente del banquillo rojiblanco para que Candi, buscando asomarse a Europa, trajera a otro míster de mayor postín pero de bastantes menos argumentos que en vez de llevarnos fuera de nuestras fronteras dará inicio a la mayor decadencia rojiblanca de su historia.

Lo cierto es que a Joséito no le faltaban razones para mantenerse en sus trece y no dar su brazo a torcer. En su debut a los pies del Veleta, imponiendo su criterio consiguió que el Granada retornara a Primera División después de superar peldaño a peldaño la escalera con la que él mismo comparó al calendario liguero. En su segunda etapa dirigiendo al Granada contra viento y marea, se consiguió la mejor clasificación histórica. En la tercera etapa de este terco zamorano-granadino el Granada fue líder en primera división por única vez en su historia y repitió su mejor marca en el campeonato de la regularidad. Por otra parte, sólo Joseíto y su gran testarudez pueden decir que por un entrenador se haya pagado un traspaso (Candi lo compró al Córdoba antes de empezar la 73-74). En su debe hay que anotar su cuarta y última etapa, cuando no pudo evitar la caída a 2ª B. En cualquier caso, se trata de marcas que se antojan difíciles de superar. Pero es que además resulta que este hombre pequeñín de cavidad craneal granítica es a día de hoy el entrenador que más campañas y más partidos oficiales ha dirigido al Granada CF: seis temporadas y un total de 206 partidos.

Ya sabemos que el porcentaje que corresponde a un entrenador en el recuento de éxitos de un equipo es mínimo, que son los futbolistas los que ganan y pierden, y que jugadores como aquellos con que contó el Granada en sus buenos tiempos ni los vimos antes ni los hemos vuelto a ver por estos pagos. Sea como sea, el caso es que el buen míster demostró que sabía imponer su criterio en el vestuario y transmitía al mejor Granada que hemos disfrutado un espíritu de lucha y un orden sobre el terreno con el que los rojiblancos eran un cuadro respetado y temido al que había que tener muy en cuenta en la elite del fútbol nacional. A Joseíto, no cabe duda, se le recordará siempre por ese apelativo que tiene más connotaciones negativas que cariñosas, pero sería injusto no recordar también que -números cantan- es posiblemente el mejor entrenador que dirigió al Granada en toda su historia.

TRASEGAR UVA, DESCARGAR RACIMO


Para la galería de lo insólito-escatológico queda lo que con humor muy granadino recoge esta caroca del Corpus de 1977. En el magnífico coleccionable sobre la historia del Granada CF publicado en Ideal en 1986, José Luis Entrala explica lo ocurrido sobre la hierba del viejo campo la tarde del 10 de abril de 1977: «El Granada pierde en Los Cármenes con el Cádiz por 0-1. Al final del encuentro salta un espectador al césped de Los Cármenes. Pero no es con intención de pegarle al árbitro. El hincha Antonio Hernández, natural de Gor, quiere demostrar su disconformidad con lo presenciado y no se le ocurre nada mejor que bajarse los pantalones en el centro del terreno, agacharse y ¡realizar sus necesidades! Entre el pitorreo general fue detenido por “actitud obscena”».

«Contemplen con estupor / cómo un césped tan cuidado / un “jardinero de Gor” / con “jeta” de malhumor / bien lo dejó estercolado». Es el texto de la quintilla.

La salida de pata de banco de este aficionado, no obstante lo anecdótico del hecho en sí, viene a resumir bien a las claras lo que era el sentir casi unánime de la sufrida afición granadinista en esos momentos. A estas alturas del calendario, jornada 31 (de treinta y ocho), lo escatológico era lo que predominaba entre la hinchada, que mayoritariamente se ciscaba en palco, banquillo, jugadores y hasta en el Potito, además de en toda la parentela de todos ellos, y evacuaba sus malas digestiones por su orificio superior, a grito pelado. A la torcida el espectáculo le parecía plato de poca enjundia, después de ocho años de haber acostumbrado las papilas hinchísticas al pata negra futbolero. La pérdida de la máxima categoría casi un año antes y el haber llegado a los últimos compases de la liga sin más objetivo que la permanencia -con apuros- en una segunda que se antojaba un mal rancho, eran demasiada bazofia para ser digerida pacíficamente por algunos intestinos más irritables, como es el caso de este Hernández que, literalmente, no pudo aguantar ya más los retortijones, a lo cual seguramente también ayudaría algo el morapio.

El prólogo de la 76-77 fue brillante, con la conquista del segundo trofeo agosteño apabullando a todo un Peñarol. Con una plantilla integrada en su práctica totalidad por los mismos componentes de primera se pensaba poco menos que esta temporada sería un paseo y acabaría con el retorno del club entre los grandes. Pero, todo lo contrario, el equipo no dio la talla en ningún momento y bien pronto quedó hundido en el fondo de la tabla e incluso el fantasma de un posible nuevo descenso revoloteó varias veces sobre el club. Por eso, ante los abucheos de la grada, primero se fue Candi dejando el sillón a Salvador Muñoz. Y después, cuando el -6 del casillero indicaba que el agua alcanzaba ya el gaznate rojiblanco, fue cesado el míster Héctor Núñez y sustituido por Vavá que al menos consiguió salvar la categoría. En el epílogo del ejercicio futbolero asistimos al clarísimo divorcio hinchada-equipo. Los grandes claros en las gradas y la música de viento serán el decorado y la banda sonora de esta farsa cuando cae el telón.