EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



viernes, 25 de junio de 2010

ORELLANA, QUÉ RABIA



Llega el Granada a principios de marzo de 1973 a la jornada doce de la Copa de Andalucía, que trae al Sevilla. Queda pendiente por jugarse todavía el partido de la jornada nueve y último de la primera vuelta, con visita del Cádiz. El Sevilla, militaba en Segunda desde que descendiera la temporada anterior, pero en el campeonato andaluz en esos momentos no había perdido todavía ni un solo encuentro, igual que el líder, el Betis, y por eso marchaba en el tercer puesto de la clasificación, justo por detrás del Granada aunque a tres puntos.

Fue un partido más bien atípico con respecto a lo que estábamos acostumbrados a ver en la liga andaluza. Con menos de media entrada Granada y Sevilla aburrieron de lo lindo sobre un césped en bastante mal estado por la lluvia que cayó en abundancia. Por los nuestros actuó el once que más o menos venía siendo habitual en esta competición: Navarro; Martos, Aguilera, Moreno; Rico (Monchín), Pla; Gruart, Santi, Dueñas (Paco), Echecopar y Garre. El tal Rico era otro oriundo a prueba en el que estuvieron puestas todas las miradas y que nada demostró, teniendo que ser sustituido en la segunda parte. El partido en sí resultó malísimo, con muy pocas cosas destacables a excepción, una vez más, cómo no, del trabajo de Echecopar, pero en esta ocasión ceñido en exclusiva a la primera parte del choque que es cuando consiguió el único gol rojiblanco, en una acción individual. Este era el gol catorce del argentino en liga andaluza. La segunda parte del partido contra el Sevilla resultó soporífera y en ella llegó el empate a uno que sería definitivo.

La siguiente salida del Granada en liga oficial depara otra fecha para señalar en la historia del Granada, la de 11 de marzo de 1973. El Granada en Casa Rabia, el campo de Sarriá, hizo un buen partido en el que mereció -y a punto estuvo de conseguirlo- algo positivo, pero se vino de vacío por culpa del árbitro de turno, el gallego Orellana, otro nombre más para sumar a la lista de “perjudicadores” rojiblancos. Este árbitro en su anterior visita a Sarriá había provocado otro escándalo, pero en esa ocasión había sido en contra de los blanquiazules, por lo que parece que iba dispuesto a congraciarse.

El Español acababa de derrotar a domicilio al eterno rival Barcelona y en ese momento era líder en esta temporada en la que por la primera posición de la tabla pasaron numerosos inquilinos. El choque empezó con saque de honor a cargo del tenista granadino Manuel Orantes y con las gradas de Sarriá pobladas de motivos rojiblancos de los muchos granadinos emigrados a Cataluña que animaron bastante. Lo que mejor sabía hacer el Granada de Pasieguito era defender su puerta, y en este sentido se estaba dando muy bien el partido. Y aún mejor se puso cuando Chirri en el minuto 67 culminó con un zambombazo desde fuera del área una jugada de Vicente y Dueñas y puso por delante a los nuestros. Pudo llegar el segundo a continuación, pero no hubo acierto.

Así hasta que a falta de algo más de cinco minutos se produce un golpe franco contra la portería del Granada en la frontal del área. La defensa granadinista, en jugada ensayada, da un paso adelante y deja claramente en fuera de juego a los españolistas Roberto Martínez y Amiano, y así lo indica el juez de línea, banderín en alto. Defensas y portero rojiblanco se quedan quietos y Amiano manda el balón a la red, pero el árbitro Orellana hace caso omiso del línea y da validez al tanto. Y ahí es donde se lía la gorda porque el colegiado es rodeado e incluso zarandeado por jugadores de ambos equipos, cada uno en defensa de lo suyo. Y en medio del tumulto Ñito da un codazo al capitán españolista, el internacional José María, a quien revienta los labios, que le cuesta la expulsión. De nada sirven las protestas y el empate sube al marcador.

Ñito, que había recuperado la titularidad desde que Izcoa saliera lesionado de Valencia, tuvo en este partido una muy destacada actuación y había sido clave para aguantar los embates españolistas y mantener su puerta a cero. Pero con esta acción dejó al equipo en inferioridad. Cuatro partidos fue la sanción que le cayó y ya nunca más volvió a alinearse con el Granada en un partido de liga, a pesar de que todavía perteneció al club una temporada más. El joven portero Pepe Navarro, el titular del Recreativo y también en la liga andaluza, debutó así en sustitución de Dueñas.

A partir de ese momento, un partido que venía siendo de guante blanco se convirtió en los cinco minutos que quedaban en una especie de pista de coches de choque, con numerosísimas y aparatosas acciones antideportivas por unos y otros que el colegiado, perdidos los papeles del todo, no supo atajar. Y cuando sólo faltaba el pitido final el españolista Solsona cazó un rechace al borde del área y acertó con la portería de Navarro que, tapado, nada pudo hacer. Así terminaba, en derrota, un partido bien planteado y bien jugado defensivamente por el Granada pero que por culpa del infausto Orellana se perdió injustamente. Total, nuevamente veíamos acercarse peligrosamente los puestos de descenso, de los que sólo dos puntos nos separaban.

viernes, 18 de junio de 2010

EL EX MATAGIGANTES



Tras haber conseguido enderezar la marcha de este dubitativo Granada de la 72-73, la visita del R. Madrid volvió a meternos en problemas y en negativos. Porque la cuenta de puntos negativos habían conseguido los rojiblancos dejarla a cero después de que a finales de febrero se trajeran de su visita al Villamarín un empate sin goles en un partido muy defensivo. Ese buen resultado se completó casi a renglón seguido con el pase a la siguiente ronda de Copa del Rey al vencer en Logroño 1-2, los dos goles de Oliveros.

Pero, desde luego este Granada de Pasieguito ya no era ni por asomo el de la gran temporada anterior, el de «la garra, la fuerza, la velocidad y la penetración», en palabras de José De Vicente en Ideal. No, este Granada ya no podía ser llamado “matagigantes” y poco se parecía al de la temporada anterior, en la que hincaron la rodilla en nuestro estadio todos los grandes. El Madrid, aunque no estaba en su mejor momento histórico y al final sólo pudo quedar cuarto, igual que antes el At. Madrid se llevó los dos puntos de Los Cármenes venciendo 1-2, con lo que nuevamente entrábamos en zona de negativos (dos) y más cerca de los puestos de descenso.

Con enfado madrileño por no haber accedido el Granada a adelantar el choque al sábado, se presentaban los merengues que en ese momento eran terceros, a cuatro puntos del líder Barcelona. La directiva de Candi había fijado el partido como día del club y pensando en la jugosa taquilla no accedió a la petición madridista, que al siguiente miércoles debía comparecer en Odesa en Copa de Europa para enfrentarse en la ida de cuartos al Dínamo de Kiev.

El domingo 4 de marzo, en Los Cármenes, con pasarela al lado del marcador, habilitada al efecto por los soldados pontoneros del regimiento de Ingenieros para dar otra entrada a la grada de General, se disputó el partido perteneciente a la jornada 23 entre granadinos y merengues. Veintidós mil espectadores dejaron en taquilla la muy sabrosa cantidad de algo más de cinco millones de rubias y añoradas pesetas, una gran recaudación que en esos momentos suponía récord en la historia granadinista. Y eso a pesar de que los madrileños, pensando en su partido europeo, reservaron hasta a cuatro titulares y por esa razón no jugaron en Granada Velázquez, Zoco ni Benito. Tampoco jugó Amancio, aunque en este último caso su ausencia basándose en motivos de compromisos internacionales no dejaba de ser una excusa ya que desde la temporada anterior Amancio no viajaba a Granada por la misma razón que Aguirre Suárez no lo hacía a Valencia ni a otras plazas donde habría sido recibido de uñas.

La primera parte del choque entre granadinos y merengues resultó bastante aburrida y con muy pocas cosas que destacar. Pero nada más empezar la segunda parte, el futuro granadinista Grande enganchó un durísimo remate que Ñito sólo pudo repeler para que el ex granadinista Pirri (que casi siempre nos hacía algún gol) marcara el 0-1 de un cañonazo desde la frontal del área. El 0-2 llegó a falta de diez minutos, en jugada individual de Aguilar. El gol del Granada fue obra de Porta y llegó en el tiempo que el árbitro Ortiz de Mendívil añadió. Vino como consecuencia de un sensacional disparo de Castellanos que se estrelló en el poste y que Porta recogió y mandó al fondo de la portería de García Remón. Porta amenazaba en esos momentos el predominio en la lista de pichichis del ovetense Marianín (que fue quien lo ganó esta temporada), pero ya no volvió a marcar más en las once jornadas que faltaban. Poco antes del único gol granadino el portero madridista Mariano García Remón, el mejor de su equipo, había hecho la parada de la tarde y posiblemente de toda la temporada en Los Cármenes, al sacar de forma increíble y muy estética un cabezazo de Dueñas que en la grada ya se cantaba como gol.

Y es que el portero merengue atravesaba un inmejorable estado de forma. Tres días después del partido de Los Cármenes, el 7 de marzo de 1973, el Madrid arrancó en su compromiso europeo un empate sin goles en el campo del Dínamo de Kiev gracias a la sensacional actuación de García Remón, que a partir de ese momento fue conocido con el sobrenombre de “el gato de Odesa”. Sólo dos meses después debutará como internacional absoluto.

martes, 15 de junio de 2010

NUEVO RECITAL ECHECOPAR



Las jornadas novena y décima de la liga andaluza de reservas, viaje a Cádiz y visita del Málaga, fueron aplazadas para un mejor momento, por lo que el siguiente partido granadinista es el que corresponde a la jornada once, segundo de la segunda vuelta. El miércoles 14 de febrero de 1973 compareció el Granada en Jaén. En La Victoria, en una noche en la que cayó abundante agua y granizo el Granada volvió a dejar clara la diferencia de categoría entre unos y otros y derrotó al Jaén por 1-3. Como venía siendo habitual en los partidos de esta segunda edición de la copa andaluza, referir los partidos del Granada equivale a hablar de Echecopar. Una vez más volvió a ser el mejor y una vez más volvió a marcar. Se adelantó el Granada por medio de Echecopar en acción individual y empataron los locales de penalti cometido sobre el ex granadinista Flores que él mismo transformó. En la segunda parte Dueñas y Paco pusieron el definitivo 1-3. Jugaron por el Granada: Navarro; Martos, Aguilera, Moreno; Manolín, Pla; Gruart, Santi, Dueñas (Paco), Echecopar y Garre. En el Jaén que entrenaba Ruiz Sosa se alinearon Lelo, Flores, Ureña y Zubitur. La crónica destaca al joven portero Navarro y al extremo Gruart, además de a Echecopar.

Un nuevo parón en la liga de Primera fue aprovechado para ocuparlo con uno de los partidos aplazados, el de la jornada diez. El 18 de febrero, domingo, Granada y Málaga ofrecieron otra gran exhibición en esta competición menor. Y si, como queda dicho, referirse al campeonato andaluz del Granada 72-73 equivale a hablar de Echecopar, hasta el punto de que algún partido se pudo catalogar como de “festival Echecopar” (en palabras del míster cordobés Vavá), este partido contra el Málaga fue algo más que un festival del argentino. Se pareció más a una apoteosis, ya que si aquella gran actuación fue ante un segunda la de esta tarde tuvo lugar ante todo un Málaga, por entonces el mejor clasificado andaluz en Primera, que además compareció con varios titulares.

Jugaron por el Granada los mismos hombres que cuatro días antes se trajeron de Jaén los dos puntos: Navarro; Martos (Zunino), Aguilera, Moreno; Manolín (Monchi), Pla; Gruart, Santi, Dueñas (Paco), Echecopar y Garre, y el resultado fue de concluyente victoria rojiblanca, 3-0, los tres de Echecopar.

Echecopar, sometido a estrecho marcaje por el malaguista Benítez, supo zafarse una y otra vez y ser un jugador omnipresente en todas las acciones del Granada. El cronista de Ideal, Gave, dice de él que «Echecopar fue quien dio vida y color al partido con sus tres goles y con su forma de jugar en entrega constante durante los noventa minutos de juego». Y continúa, «Todo es sabiduría en Echecopar y cada acción suya lleva implícita un lamento triste: ¡Qué pena que no pueda estar en la Liga». Catorce goles eran ya los que llevaba anotados el argentino en los diez partidos que se llevaban disputados. Y mientras tanto, en la liga de verdad, en ésa en que las autoridades federativas habían determinado que no podía jugar, cada gol granadinista costaba sangre sudor y lágrimas y llegaba con cuentagotas.

El primer gol llegó a los siete minutos, cuando Santi sirvió a Echecopar para que éste rematara desde cerca. El segundo llegaba al filo del descanso. Fue un gol de los que justifican por sí solos la asistencia al estadio; golazo de antología que Echecopar se cocinó y se comió junto a la escasa moral malagueña; en una sensacional jugada individual que mereció el aplauso hasta de los contrarios, se fue con regates secos de hasta tres rivales para burlar la desesperada salida del portero boquerón y clavarla en la red, cosechando una larga ovación de los aproximadamente diez mil aficionados presentes que, tal como dice el cronista, no paraban de lamentar que esta perla granadinista no pudiera actuar con el primer equipo. El tercer y último gol, obra también del argentino, llegó a falta de un cuarto de hora y fue otro golazo parecido al gran gol anterior aunque en una jugada más corta.

Total, otro gran partido granadinista en la liga andaluza y otro recital Echecopar. Pero a pesar de las dos victorias seguidas seguían los nuestros en el segundo puesto de la tabla, a un punto del Betis, aunque éste con un partido menos.

Nada más terminar el partido ante el Málaga, Echecopar y Manolín marcharon a Sevilla para formar parte de un combinado de jugadores de equipos andaluces que se enfrentó al Sevilla en beneficio de la viuda del malogrado Berruezo. El santaferino Manolín gustó bastante y en el Sevilla, por entonces en Segunda, se quedó cedido.

jueves, 3 de junio de 2010

PAX VALENCIANA



Tras el triunfo del Granada ante el Coruña y la consecución del gol 500, la siguiente jornada liguera tocaba devolución de visita al Valencia. Con arbitraje de Camacho, el Granada presentó una defensa completamente novedosa en la que la pareja de centrales fue la formada por Aguilera y Castellanos. Y es que después de lo sucedido en Los Cármenes en el partido de la tercera jornada, se prefirió reservar a Aguirre Suárez y dejarlo en Granada en evitación de posibles incidentes. Por otra parte, Fernández tenía un golpe en una mano que le mantuvo de baja en este partido del Casanova que pudimos ver por TVE. El caso es que el experimento en defensa funcionó bien y el Granada, que fue recibido con una gran pita y “recuerdos” hacia el defensa argentino, arrancó un empate sin goles. Lo peor fue la lesión de Izcoa, que hubo de ser sustituido por Ñito, el cual, por cierto, tuvo sus más y sus menos con el granadino del Valencia y ex compañero Barrachina.

El mismo domingo del partido en Valencia y como ocurrió en la ida, hubo comida de confraternización valenciano-granadina, también por iniciativa del general Prieto. Se celebró en el cuartel de la Comandancia de la Guardia Civil. Candi no viajó a Valencia por enfermedad, su lugar lo ocupó el vicepresidente Eugenio González Castro, que a los postres dirigió unas palabras a los presentes e impuso al general Prieto la insignia del Granada de oro y brillantes. Contestó el presidente valencianista Julio De Miguel y cerró el acto el propio general, un futbolero de pro, refiriendo sabrosas anécdotas de sus largas andanzas como hincha por esos campos. Al menos en esta ocasión estos esfuerzos diplomáticos por firmar la paz entre granadinos y ches no se vieron empañadas por ningún tipo de acción reprochable y la visita a Valencia transcurrió plácidamente.

El miércoles siguiente, 7 de febrero, comenzaba para el Granada la Copa del Rey. El rival era un Segunda, el Logroñés, en teoría un rival fácil pues ocupaba en esos momentos los lugares bajos de la tabla y acabó descendiendo. Pero en una noche flojísima los rojiblancos no pudieron sino empatar a un gol y dejarlo todo pendiente para la vuelta en tierras riojanas, casi un mes después. El buen recibimiento de la grada hacia los rojiblancos por el empate en Valencia se tornó en pitos y grandes protestas conforme el partido avanzaba y el Granada era incapaz de superar al rival, para terminar el partido en una auténtica bronca hacia los locales y aplausos a los visitantes. El Logroñés fue mejor en la segunda parte y uno de sus jugadores más destacados fue su delantero centro, Tinín, granadino de nacimiento.

La pareja de centrales ante el Logroñés volvió a ser la misma de Mestalla, con Castellanos, hombre todo terreno, de nuevo de líbero, y con Aguilera. De Castellanos, el mejor de largo sobre el terreno, fue el único gol rojiblanco. El que había venido como de relleno en el fichaje de Quiles jugaba habitualmente en el centro del campo pero también había sido ya utilizado como lateral y como delantero, y casi siempre había destacado. Ahora, como defensa libre volvía a ser el mejor rojiblanco. La incorporación del manchego-granadino desde luego sí que fue uno de los aciertos de Candi y sus ficherías.

El divorcio equipo-afición acabó afortunadamente sólo cuatro días después, con la visita del Oviedo, que se llevó de Los Cármenes la única goleada rojiblanca de esta temporada, 4-0. Pasieguito volvió a la pareja defensiva Aguirre-Fernández, situando a Castellanos de media punta y enlace entre los hombres más avanzados, Quiles y Porta, y el centro del campo en el que Jaén, Chirri y Vicente tuvieron una notable actuación. Marcó el 1-0 Castellanos y lo mejor ocurrió en la segunda parte, en la que tres golazos de Porta redondearon el tanteador más amplio de la temporada. Con sus tres goles Porta alcanzaba ya la cifra de diez en lo que iba de liga y volvía a situarse en buena posición para aspirar a un nuevo Pichichi. Lo malo es que en los restantes trece partidos ya sólo fue capaz de conseguir un gol más de los ¡sólo ocho! que consiguió el equipo en esas trece jornadas. Y es que esta temporada fue muy mala en cuanto a poder realizador, sólo 25 goles en total, es decir, la segunda peor marca de todas las temporadas del Granada en Primera, porque sólo en la 69-70 consiguió menos goles a favor el Granada.

lunes, 31 de mayo de 2010

NOSTALGIAS BÉLICAS




Un nostálgico del régimen futbolero anterior, léase uno de aquellos apolillados ayatolás del sanzismo que a cambio de las migajas predicaban incesantemente la yihad contra el infiel (o sea, contra cualquiera que no besara por donde pisaba Sanz), me tiene entre sus “amistades” más selectas y se acuerda de éste que suscribe mandándome misivas vía correo electrónico en las que se preocupa por mi salud.

Es uno de aquellos granadinistas de nuevo cuño que –cosas de conversos que deben constantemente demostrar que la fe recién abrazada es inquebrantable- ejercieron de cibernéticos perros guardianes del que fue presidente del Granada, y que saltaban a la yugular de cualquiera que no usase incensario ante el que todo lo iba a arreglar de forma altruista por la única razón de que de pronto un día que paseaba por la calle Serrano vio una luz y se sintió imbuido de fervor rojiblanco. Y sé que es uno de aquellos que formaban la corte celestial (y lamecular) del hijo de D. Lorenzo y disfrutaban de barra libre en el antepalco porque, aunque sus correos los firma “anónimo”, hay métodos para rastrear su procedencia que lo identifican.

Es que hay algunos que como en esos años vivieron la sensación de ser algo en el club y todavía guardan la gorra que les vino de Madrid, no acaban de conformarse con esta calma chicha de felicidad y buenos resultados deportivos que resulta muy aburrida, sin periodistas, empresarios, políticos o simples hinchas a quienes despellejar ni clubes granadinos que hagan la competencia y a los que culpar de todo. Donde se ponga una sabrosa campaña de desprestigio de personas y entidades que se quite esa sosería de tener que hablar exclusivamente de fútbol. Con lo que se divertían entonces ejerciendo de Torquemada, siempre mirando con lupa lo que se decía o se hacía o lo que se dejaba de decir o de hacer, y redactando listas negras (o libretas azules) de herejes que había que quemar en la hoguera o expulsar oficialmente del rebaño de los fieles rojiblancos. Eran tiempos en los que las cosas estaban muy claras: el que no tiraba de botafumeiro para todo lo “marcusiano” es porque se había vendido. ¿Que el club mientras tanto caminaba hacia el abismo?, eso era secundario. Ellos se lo pasaban muy bien ejerciendo de policías e instigadores de las mil y una guerras que el hijo de D. Lorenzo mantenía para que el personal se fijara menos en otras cosas, como un déficit duplicado en un tiempo récord o unas cuentas que no cuadraban.

Todo aquello pasó y lo mismo que otros pocos ungidos del sanzismo, este “amigo” no tuvo más remedio que pasar a un segundo plano, que dejar de sentirse elegido. Y está claro que vivir sin la sensación de ejercer de líder espiritual e ideólogo y tener que hablar exclusivamente de lo deportivo le colma de hastío, así que, añorando aquellos días vuelve a la carga y desentierra el hacha de guerra, aunque sea de la forma tan infantil que ha elegido.

A ti me dirijo, simpático “amigo” ayatola, que te acuerdas de mí y quieres volver a revivir aquel ambiente de crispación que caracterizó al sanzismo para sentirte otra vez inquisidor y guardián de unas recién asumidas esencias rojiblancas. No me castigues (¡mecachis!) por mis veleidades pasadas y no me mandes más anónimos sin texto y con enlaces a anuncios de Viagra. Hombre, agradezco tu deferencia y que me tengas en tus pensamientos y te intereses por mi salud, pero te aseguro que no es necesario, que aunque ya no soy precisamente un niño tampoco estoy decrépito y no necesito de químicas para levantar ninguna parte de mi anatomía. Tu mujer puede dar fe de que no se trata de un farol.

miércoles, 26 de mayo de 2010

500 GOLES



La segunda vuelta de la liga 72-73 se inicia para el Granada con una nueva derrota, 2-0 en Zaragoza, y con la constatación de que a este equipo no es que le cueste aprovechar sus oportunidades, es que no las crea.

También se inicia con la llamada de Jaén por Kubala para una sesión de entrenamientos a primeros de febrero en Madrid. Pero con Jaén ocurre lo mismo que con Porta un par de meses atrás: fueron y entrenaron, se hicieron la correspondiente foto vistiendo la roja, pero su debut como internacionales no llegó a consumarse.

Y así llegamos a otra fecha histórica, la de 28 de enero de 1973. Ese domingo consiguió el Granada la redonda cifra de 500 goles en Primera división. Fue con ocasión de la visita del débil Coruña que dirigía Arsenio, que acabaría descendiendo.

Cuando se juega este partido anda el Granada en el puesto décimo de la clasificación (de dieciocho), con dos negativos después de haberse disputado 18 jornadas, y con 16 puntos de las cinco victorias, seis empates y siete derrotas cosechadas. Es el equipo menos goleador de Primera, con sólo once a favor por dieciocho en contra. Ese puesto décimo fue el que con más asiduidad se ocupó durante la liga, lo que podría indicar que casi toda ella se pasó sin demasiados problemas, lo cual no es del todo cierto y hubo también sus momentos de pesimismo y cierta zozobra. Como ocurre precisamente en los momentos narrados, porque sólo dos puntos nos separaban del tercero por abajo y primero en puesto de descenso, que es precisamente el rival que nos visita, el Coruña. Así que no están las cosas muy bien que se diga, hay nervios y no puede haber confianzas porque el menor tropiezo significaría meterse en problemas. Pero, con todo, lo peor, la tónica de toda la liga, es que el equipo no conecta con la grada, con su juego más bien rudimentario y sus timoratos planteamientos traducidos en un preocupante escaso poder goleador. Qué lejos parecen los felices días de la pasada temporada en la que todos los grandes hincaron la rodilla en Los Cármenes y en la que se podía ver a un equipo de juego alegre y un Porta marcando goles hasta sin querer.

En este contexto, el partido contra el Coruña fue uno más de la, en gruesos trazos, gris temporada 72-73. Un Granada agazapado y que expone muy poco ante un rival que nada dice, un Granada «…que juega agarrotado, lento, sin ideas, con excesiva horizontalidad y, en muchas ocasiones, al paso», tal como escribe en su crónica para Ideal José De Vicente, que añade que «Se respira, pero mal. No hay gravedad, aunque es indudable que la enfermedad existe». Y es que, como es sabido, a lo bueno se acostumbra uno enseguida, y este Granada de Pasieguito, en comparación con el de la temporada anterior, casi sólo se parece en los colores del uniforme, y lo primero que empieza a resentirse es la afluencia a Los Cármenes, donde empezamos a ver claros después de muchos meses.

No fue ni mucho menos un buen partido, pero al menos se ganó y de esa forma se alejaron algo más los fatídicos puestos de descenso. Según la crónica de Ideal, los visitantes fueron mejores en la primera mitad, y a poco de iniciarse la segunda y con el marcador todavía a cero, el árbitro Olavarría les escamoteó un claro penalti. Mejoró algo el Granada en la segunda parte, sobre todo después de ponerse por delante en el marcador, con gol de Quiles de cabeza a centro de Vicente, cosa que ocurrió a los diez minutos, justo en el momento preciso de acallar las protestas que ya habían surgido de las gradas. Era el primero de los goles que el fichaje de esta temporada, Quiles, hacía como rojiblanco.

Lo que hace histórico este partido no fue, como queda dicho, el juego rojiblanco ni la victoria, sino el segundo gol granadino, un gol redondo porque supone el de 500 del Granada en división de honor. Y para tal solemne ocasión qué mejor que un auténtico golazo de antología, un gol puro Porta. En el esquema en dibujo que esta temporada publicaba Ideal en sus crónicas de los martes y que firmaba Moisés Beash se puede apreciar cómo fue el bonito gol: faltando diez minutos para el final Vicente sirve muy bien a Porta a quien deja solo ante el meta coruñés Aguilar, que sale a la desesperada; Porta supera por alto la salida del meta con un toque sutil y corre tras el balón para remachar a gol casi en la misma línea y ante la presión de un contrario, como se aprecia en la foto de Torres Molina.

De esta manera se pudo vencer a un rival directo como era el Coruña, que acabó descendiendo, y ampliar la distancia con los puestos de peligro. El rojiblanco más destacado fue el maestro Vicente, que jugaba uno de sus últimos partidos granadinistas, concretamente el que hacía el número 181 de los 197 que en total llegó a jugar en sus siete temporadas de rojiblanco; pese a que fue titular -como siempre- esta temporada y de que aún le quedaba cuerda, al llegar finales de junio recibió incomprensiblemente la baja. Porta, por su parte, estuvo discreto, a tono con el regular partido del equipo, pero tal como dijo el míster coruñés, Arsenio, «Porta es de los que parece que no hacen nada y, de buenas a primeras, te hace un gol que vale tanto o más que lo que haya hecho otro corriendo incansablemente durante los noventa minutos», acertada definición del goleador aragonés, que todavía podía beneficiarse de la clase de Vicente para asistir balones de oro.

jueves, 20 de mayo de 2010

BASTANTE BETIS



El 27 de diciembre de 1972, aprovechando el descanso navideño de la liga de Primera, volvía el campeonato andaluz a Los Cármenes. Se disputaba la jornada siete, que nos traía la visita del Huelva, de Tercera. Navarro; Zunino, Susi, Moreno; Manolín (Orihuela), Pla; Gruart, Fontenla (Abelenda), Paco (Monchi), Echecopar y Garre, derrotaron 3-0 al débil rival onubense. Apenas se dieron cita en el campo unos cinco mil espectadores en una fría y lluviosa tarde y en un partido bastante anodino sobre un césped en muy mal estado y con grandes charcos. Marcó pronto para el Granada Fontenla. Pero lo poco destacable ocurrió en la segunda parte, en la que Echecopar volvió a maravillar a propios y extraños e hizo dos goles, el primero de penalti cometido sobre él mismo, y el segundo de cabezazo en un rechace.

Como venía siendo norma esta temporada de liga andaluza, la sola presencia de Echecopar era suficiente incentivo para acercarse hasta el campo de la carretera de Jaén. En esta ocasión éramos pocos los hinchas presentes y no vimos precisamente un gran partido, que las condiciones del terreno no eran las más apropiadas pero, igual que otras veces, constatamos que el argentino era un futbolista muy por encima en su juego de cualquiera de sus oponentes y compañeros. Aquella tarde volvió a ser el mejor, marcó dos goles y pudo perfectamente haber hecho al menos otros dos pues otro penalti lo estrelló en el larguero y un gran disparo suyo se fue al poste. Además tuvo también el gran detalle de echar una mano a su joven compañero y debutante Orihuela, a quien, pudiendo él mismo transformar, cedió un claro balón de gol que el granadino desperdició. Después del partido ante el Huelva seguía el Granada de líder, aunque con un partido más que el segundo, el Betis.

Reiniciada la liga de Primera, el siguiente compromiso, jugado el día último del año, traía una nueva derrota por 3-0 en el Camp Nou, un campo en el que nunca los nuestros consiguieron ni siquiera un empate. Y ya el siete de enero de 1973 alcanzaba el Granada una victoria (2-0) en Los Cármenes sobre el Burgos, en el partido que cerraba la primera vuelta. En esa misma fecha y lejos de aquí, en el estadio de Pasarón, en el partido de Segunda Pontevedra-Sevilla, caía fulminado por un ataque cardiaco el futbolista Pedro Berruezo. Cuatro meses más tarde nacería el futuro granadinista del mismo nombre.

Y volvía la liga andaluza. El siguiente compromiso andaluz enfrentó a los dos primeros clasificados, Granada y Betis, en Sevilla. Tenía que haberse jugado el día tres de enero, pero un nuevo aplazamiento hizo que se disputara el sábado trece, aprovechando otro parón liguero en la máxima categoría. En un embarrado Villamarín, que registró una magnífica entrada y con prólogo sentido de condolencia por la reciente muerte del sevillista Berruezo, jugaron: Navarro, Santos, Aguilera, Moreno; Fontenla, Pla; Gruart, Manolín, Paco (Santi), Echecopar y Garre. Al igual que en Málaga, hasta dos veces mandó el Granada en el marcador para ver como su oponente empataba, pero en este caso no pudo obtener nada positivo y acabó encajando la primera derrota (4-2). Manolín abrió el marcador para el Granada, pronto igualado por los verdiblancos, y Echecopar de penalti cometido sobre él mismo hizo el segundo rojiblanco. Los béticos le dieron la vuelta al tanteo en la recta final del encuentro, marcando tres tantos. El mejor granadinista fue una vez más Echecopar. Por los locales destacó un futuro rojiblanco, Pepe González, autor de uno de los goles. La primera derrota significaba también la pérdida del liderato. Betis y Granada abrían la tabla clasificatoria empatados a puntos, pero el mejor golaverage general de los sevillanos, que además habían disputado un partido menos, significaba que los verdiblancos eran líderes a partir de ese momento.