EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



miércoles, 4 de septiembre de 2013

RICARDO MARTÍN CAMPOS, PADRE DEL GRANADINISMO

 

Ser hincha de un club de fútbol significa sentir pasión por unos colores y un nombre. En casi todos los clubes de fútbol, sobre todo en los de más solera, sus colores y su propio nombre son cosas que se dan ininterrumpidamente desde que el club existe y son símbolos poco menos (o poco más) que sagrados para sus fieles, de modo que puede sonar a sacrilegio plantear siquiera un cambio de los mismos. Pero mire usted por dónde, el equipo de nuestros amores, el equipo que viste de rojiblanco y se llama Granada CF, presenta la peculiaridad de que ni su nombre ni sus colores son los mismos que le dieron aquellos que decidieron su fundación. El responsable último de que esto sea así es D. Ricardo Martín Campos.
 
Su vinculación con el Granada empieza en 1932, como vicepresidente del pintor Gabriel Morcillo, cuando el club con apenas un año de existencia ya tiene muy poca vinculación con los siete primos Amigo y con el ebanista Julio López, que son los auténticos fundadores del Recreativo Granada. Las funciones de directivo las alternará durante varios años con las de secretario técnico. Hasta que al finalizar la temporada 35-36 el Recreativo es un club en profunda crisis, sin jugadores y sin un céntimo, y también sin directivos.
 
La situación del club es desesperada y se ve como muy posible la desaparición de la entidad. Pero Martín Campos da el paso adelante y al frente de una comisión ejecutiva integrada por cuatro ex directivos se hace cargo del club en mayo de 1936. Eufrasio Martínez, “Martinenc” desde las páginas de Granada Gráfica alaba su valentía y lo compara con la Roca Tarpeya romana.
 
La Guerra Civil vino a salvar la situación y a su término renació el club, que de la mano de Ricardo Martín Campos, ahora ya como presidente, muy pronto llegó a lo más alto. Y si la guerra sirvió al menos para evitar la defunción de nuestro Granada CF también a ella hay que achacar el cambio de símbolos granadinistas. Las escaseces de todo tipo que sufría un país en ruinas y aislado trajeron el cambio de colores. Y el deseo de acabar con cualquier cosa que recordara a la República es la explicación del paso a mejor vida de la denominación que nació el mismo día que el régimen político derrotado.
 
Siempre podrían haberse recuperado posteriormente tanto los colores como el nombre original (cosa que hizo el propio Martín Campos para el filial, ya en 1947, en su segunda etapa al frente del club), pero el fútbol es un juego en el que, como tal, tiene mucha influencia la suerte, y como ésta acompañó al club en los primeros momentos posteriores al cambio, a nadie se le ocurrió reivindicar la vuelta a los orígenes.
 
Don Ricardo Martín Campos, dirigiendo al club con su inseparable puro desde sus oficinas del Cine Regio (en la calle Escudo del Carmen, esto para los más jóvenes) del que era propietario, fue un buen presidente que alcanzó gran popularidad y dejó grato recuerdo de su gestión.

martes, 3 de septiembre de 2013

EL TROMPI, UN ARTISTA



El que fue durante muchos años secretario administrativo del Granada, José Cuéllar, le contó a José Luis Entrala que Trompi en una ocasión, en La Coruña, marcó un gol en el que dribló a medio equipo, incluido el portero Acuña, para entrar en la portería con el balón y después sentarse sobre él.
Otra anécdota nos lo pinta recorriendo la banda de Chamartín mirando al público merengue con sorna y haciendo como que se fuma un puro, al terminar el partido por el que el Granada eliminó de la Copa al R. Madrid en cuartos. Esto habría ocurrido en aquel partido de mayo de 1944 en que el Granada venció 0-2, y esa acción de Trompi habría provocado que los rojiblancos hubieran de abandonar el estadio bajo protección policial y en medio de una lluvia de piedras.

Ambas historias casi con toda seguridad son más apócrifas que reales, pero también parecen cuadrar con el carácter del Trompi, porque José Sánchez Pérez (Madrid 1920-Hospital de Valdelatas, Madrid, 1981), Trompi para el balompié, era un artista del regate y contaba con un arsenal de filigranas y diabluras con que aburrir a sus marcadores, pero además era también el prototipo de madrileño chulapón capaz de rematar una magnífica actuación con salidas de ese tipo.

Jugó antes de la guerra en equipos madrileños para fichar en 1939 por el Ferroviaria, equipo también madrileño, de Segunda, con el que disputó el Campeonato Regional Centro. Y una vez finalizado, Valderrama, que acababa de fichar como míster del todavía Recreativo de la 39-40, se lo trajo junto a Maside, también del Ferroviaria.

Debutar y convertirse en ídolo de la afición fue todo uno. En un partido completo entusiasmó a cuantos lo vieron, escapándose una y otra vez con fintas y regates sobre las duras entradas contrarias para servir magníficos balones a sus compañeros desde su posición de interior derecho de los de por entonces. El partido acabó en victoria, 1-0 al Malacitano, gol del propio Trompi, que siempre recordó lo que le emocionaron los gritos de apoyo de la afición y el oír su nombre coreado desde unas gradas que lo adoraban y que siempre lo tuvieron entre sus ídolos como la garantía de espectáculo que era, con sus goles y sus regates de fantasía, y con sus balones medidos en la conducción del juego de ataque.

«Soy el mejor futbolista, / ni el otro ni éste ni aquél. / Cuando juega Pepe Trompi / habrán de reconocer / que mi juego tiene duende… / algo raro, un no sé qué… / que no se puede comprar / y no se logra aprender… / Que… ¿a veces me sale mal? / pa cuando me sale bien / y… ¿entonces compare mío?... / ¿entonces qué dice usted?... / Piense que soy un artista… / en lo mío… un Luis Miguel, / un Tárrega o un Benlliure… / un Wagner… un Rafael». Es un fragmento del “Romancillo de Pepe Trompi”, que en sus buenos tiempos le dedicara el hincha Félix Muñoz.

Once temporadas perteneció al Granada como jugador y algunas más como técnico. En esas once temporadas jugó 266 partidos, que le sitúan en el séptimo puesto de los futbolistas que más se alinearon con el Granada en cualquiera de sus épocas. Por otro lado, sus 77 goles lo convierten en el segundo máximo goleador de toda la historia del Granada CF, sólo superado por Rafa.

Para muchos el Trompi sigue siendo uno de los mejores futbolistas que vistieron de rojiblanco en cualquiera de sus épocas.

miércoles, 1 de agosto de 2012

EL GRANADA INTERNACIONAL


 

Para los cuatro chiflados que nos interesamos por la historia del Granada CF es una gran satisfacción el ser conscientes de estar viviendo, en estos precisos instantes, uno de sus mejores momentos históricos. El mismo resucitado Granada que hace muy poco jugaba en campos de tierra y por el que pocos apostaban ha vuelto a codearse con la aristocracia balompédica cuando algunos ya pensábamos que nuestros ojos no llegarían a verlo.
 
El aterrizaje por estos pagos del binomio Pozzo-Pina propició que el histórico Granada añadiera algunas páginas a su no muy extenso currículum. Felicitémonos por ello los granadinistas. Lo único que hace falta es que esto dure y así seguir asistiendo a la consecución paulatina de nuevos hitos en esa historia octogenaria. Porque, gracias a Pozzo-Pina, ha establecido recientemente el club rojiblanco determinadas marcas que son por completo nuevas en su historia, la que más destaca es la de haber sido capaz de dar el salto a máxima categoría desde el tercer nivel en sólo dos ejercicios, cosa de la que sólo otros trece clubes españoles pueden alardear; por otra parte, de los nueve entrenadores responsables de algún ascenso del Granada, Fabri es el único que ha conseguido más de uno.

Como ya no tenemos que ir a pueblos que no vienen en el mapa y ahora jugamos en las mejores plazas, ahí hay que ir con futbolistas que estén a la altura, así que otra nueva marca más viene a engordar la historia del club, que por primera vez cuenta en su plantilla con hasta ocho internacionales absolutos y alguno más en selecciones inferiores. Ninguno de ellos viste (por ahora) la roja como nos gustaría, pero en cualquier caso se trata de algo único en los ochenta años de historia rojiblanca.

Y así, con tanto guiri (doce extranjeros en plantilla, otra marca, y eso que no contamos a los del filial ni a los que están en otras sucursales “pinianas”), poco podía durar un récord con más de treinta años de antigüedad, concretamente treinta y siete años, cuatro meses y catorce días. El récord de mayor número de extranjeros alineados simultáneamente por el Granada databa del 28 de abril de 1974, cuando en la jornada 32 y antepenúltima de la liga de primera división 1973-74 el Granada visitó el Sardinero santanderino, donde cayó derrotado 2-0. En Santander el Granada jugó con Izcoa, Toni, Aguirre Suárez (argentino), Falito, Montero Castillo (uruguayo), Fernández (paraguayo), Escobar (paraguayo), Lorenzo, Maciel (paraguayo), Chirri y Oruezábal (argentino), sustituido éste último en la segunda parte por Gómez (paraguayo), es decir, siete no nacidos en España, aunque simultáneamente sólo actuaron seis. Todavía podía haber sido mayor el récord pues en la plantilla también militaban Echecopar (argentino) y Cabral (paraguayo). Conviene matizar que aunque ninguno de los nombrados había nacido en España, en realidad extranjeros se consideraban sólo Montero Castillo y Echecopar, los demás eran oriundos, es decir, españoles a efectos legales, aunque esa oriundez era del todo falsa en casi todos los nombrados.

La marca de más de treinta y siete años quedó igualada a las primeras de cambio, en la primera jornada (segunda del calendario) de esta misma liga, en Los Cármenes frente al Betis, el 27 de agosto de 2011, donde el Granada salió de inicio con Roberto, Nyom (francés), Pamarot (francés), Máinz, Siqueira (brasileño), Lucena, Míkel Rico, Jaime Romero, Abel Gómez, Dani Benítez e Ighalo (nigeriano); cuatro extranjeros que se convirtieron en seis jugando simultáneamente en la segunda parte, ya que después del descanso Martins salió por Pamarot y Yebda por Abel, pero después Mollo (francés) salió por Jaime. Siete extranjeros de rojiblanco en un mismo partido y seis jugando simultáneamente, marca igualada.

Y quedó esa marca definitivamente pulverizada a la jornada siguiente, en Málaga, donde salieron de inicio siete extranjeros (Martins, Nyom, Siqueira, Yebda, Diakhaté (senegalés), Franco Jara (argentino) y Uche (nigeriano)), pero llegaron a jugar simultáneamente ocho durante quince minutos, cuando Mollo sustituyó a Dani Benítez y mientras Martins no fue sustituido por Jaime. Así el 12 de septiembre de 2011 viene a constituir otra fecha a tener en cuenta en la historia del Granada CF. Hasta siete extranjeros de inicio volvió a alinear el Granada frente a Villarreal, R. Sociedad, Osasuna, Zaragoza y Getafe.

Pero el nuevo récord establecido frente al Málaga no ha durado mucho, sólo dos meses y medio. La visita a San Mamés, precisamente el único estadio español en el que los locales son siempre nacionales, 27 de noviembre de 2011, supone una nueva marca ya que el Granada salió de inicio con ocho foráneos (Nyom, Siqueira, Diakhaté, Yebda, Uche, Ighalo, Martins y Jara) e incluso se alineó un noveno no nacido en España, Geijo (que sustituyó a Ighalo), aunque éste no cuenta porque tiene la nacionalidad española.

Hasta el final de la liga el récord de mayor número de extranjeros de rojiblanco puede volver a ser batido varias veces, e incluso llegar a ver un once completo de no españoles. Nada tenemos que objetar, que -chauvinistas confesos y todo como somos- no se nos caerán los anillos por no ver paisanos de rojiblanco si esto va en beneficio del club y podemos seguir escribiendo nuevas páginas históricas.

LA CATEGORÍA DE LUCENA



De los cerca de mil nombres que componen la nómina total de futbolistas que alguna vez vistieron la camiseta del Granada CF en sus ochenta años de existencia, Lucena acaba de convertirse en el único que lo ha hecho en las cuatro primeras categorías del fútbol español.
 
Antes que Lucena ya tres jugadores habían formado con nuestro equipo en cuatro categorías distintas, pero ninguno llegó a pisar la división de honor y para encontrarlos hay que remontarse a los primeros años de vida de la institución, cuando todavía se hacía llamar Recreativo y ni siquiera los rojiblancos eran sus colores, allá por los años de la República, que tienen en común con los actuales que en ellos se vivieron sucesivos y rápidos ascensos.
 
De los tres el primero es el medio Bombillar (Antonio Bombillar Porcel, que además de futbolista fue también en el Granada entrenador, masajista y hasta conserje de Los Cármenes), granadino que militó en el equipo desde su fundación en 1931 y hasta 1940, y como tal jugó en 3ª Regional y fue con el club escalando peldaños hasta alcanzar la segunda división, pasando entre tanto por las categorías 2ª Regional Preferente y 3ª División. Le cabe además a Bombillar el inmenso honor de haber quedado para la historia como el autor de los dos primeros goles del Recreativo Granada, en el Jiennense Peñamefécit, el 6 de diciembre de 1931.

El ariete algecireño Antonio Calderón es el segundo. Puede ser considerado como el primer crack del club pues era un goleador bastante efectivo que militó en aquel Recreativo entre 1931 y 1936. Excepto en su primera temporada, cuando hacía la mili, en que sólo jugó un partido y anotó un gol, en las demás siempre se destacó por su poder rematador y sus abundantes goles, aunque no por eso se libraba de los reproches de cierta indolencia de buena parte de la afición, que, como vemos, en esto poco hemos cambiado. Además, Calderón y Bombillar (junto a un principiante Millán) formaron en aquel improvisado Recreativo que en 1938, en plena Guerra Civil, se enfrentó en Los Cármenes a una selección de la zona franquista.

Y el tercero de los que antes que Lucena jugaron en cuatro categorías distintas con nuestro equipo fue otro granadino, Herranz (Miguel Herranz Quero), que era interior y que militó en el Recreativo desde 1931 hasta 1934, a categoría por año.

Aparte hay otros granadinistas que formaron en plantillas rojiblancas en tres categorías distintas, (aunque no todos llegaron a jugar en liga), y son, de los primeros tiempos: Aguileño, Juanele y Paquito Carmona; y de los setenta y ochenta: Angulo, Calera, Gerardo Castillo, Izcoa, Puente y Quiles. Y también se han estrenado este domingo como rojiblancos de tres categorías distintas: Nyom, Dani Benítez, Ighalo y Máinz, que ya estaban en 2ªB, a los que puede unirse en cuanto debute este año José Juan.
Desde Tercera está Lucena, que acaba de comenzar su novena temporada de rojiblanco. Por eso mismo ha conseguido esa marca única en la historia del Granada y única en el fútbol actual, porque no hay otro jugador de Primera del que se pueda decir otro tanto. Desde el campo de tierra del Mancha Real hasta el mismo Bernabéu, haberse mantenido año tras año en las alineaciones rojiblancas y haberlo hecho a buen nivel es algo que no deja de tener su importancia, pero es que Lucena ha ido creciendo con el mismo club hasta convertirse en fundamental. No dará magníficas asistencias ni conseguirá espectaculares goles, pero ahí está siempre, sacrificado en labores menos lucidas pero tremendamente efectivas y necesarias en cualquier equipo, y siempre se puede contar con él, es el prototipo de futbolista rentable. Cada año, y más desde que hemos vuelto al primer mundo futbolero, suena que va a jugar poco, pero temporada tras temporada acaba participando por encima de la veintena. Mariano Santos vivió algo parecido a lo largo de sus once temporadas. Por lo pronto Lucena ha empezado de titular.

Ya la temporada pasada desbancó a insignes granadinistas (Mas, Sosa, Santi Martínez Ramos, Angulo, Falito y Vicente Díaz). Si se mantuviera todo el año en las convocatorias podría superar la cifra de los trescientos partidos de rojiblanco que sólo cuatro futbolistas alcanzan y desplazaría hacia atrás a otros insignes como el mismísimo Trompi o como Mariano Santos y Antonio Díaz Vaquerizo, quedando en el quinto puesto de la clasificación histórica, a tiro de piedra de otro ilustre, Izcoa, y amenazando incluso a los legendarios González y Millán y al líder incontestable Lina.

Otro dato a tener en cuenta es que Lucena acaba de convertirse en el que hace el número veinticuatro de futbolistas de nuestra cantera que jugaron en Primera de rojiblanco, junto a: Aguilera, Manolo Almagro, Rafa Almagro, Angulo, Emilio Baena, Barrachina, Calera, Eloy, Garre, Gerardo Jiménez, Guerrero II, Manolín Robles, Méndez, Millán, Pepe Navarro, Olalla, Orihuela, Puente, Rafa, Tinas, Ureña, Vicente Díaz y Vílchez. Larga vida a Manolo Lucena, parte viva de la historia del Granada CF y el único granadino del equipo.

DE TERCERA A PRIMERA


 

En 1941 faltaba todavía mucho para que servidor naciera, y en 1957 ya estaba uno por aquí, aunque todavía en pañales. Las fotos de 1941 de aquel ómnibus que venía de Córdoba, de gran morro y con la palabra CAMPEON sobre su baca, rodeado de miles de personas en la Gran Vía, en el Americano, con la banda municipal y guardias de gala a caballo abriendo la comitiva (casi se perciben los acordes del “Campeón” del maestro Megías) y el mismo ómnibus en la plaza del Carmen para el saludo por las autoridades desde el balcón principal, justo debajo del yugo y las flechas, nos dan una idea del gran acontecimiento local que el ascenso en Castellón -el primero- supuso. Son imágenes extraídas de ese tesoro para los nostálgicos, como menda, que son las hemerotecas. El mismo lugar del que podemos extraer las de 1957. En éstas han variado los peinados y las indumentarias de la multitud, y a la caravana se han agregado gran número de vespas, y el microbús que trae a los expedicionarios, de volante a la derecha, a la inglesa, y de baca superpoblada, trae una luna rota, resultado de la pedrada con que un indeseable despidió de Almedralejo a los rojiblancos, cuyas cabezas y torsos asoman por las ventanillas estrechando las manos de los miles de hinchas que llevan más de dos horas de plantón esperándolos.
 
Para 1966 ya era servidor un forofo rojiblanco declarado -aunque enano- y por eso no necesito en este caso de hemerotecas porque guardo vivos en mi memoria los recuerdos de lo que puedo considerar el primer gran alegrón que me dio mi equipo. Inolvidable para mí es el Violón repleto de autocares matrícula de Málaga y la ciudad tomada por miles y miles de boquerones (aunque este término hoy no parece molestar a los vecinos, en aquellos tiempos de rivalidad feroz se usaba más bien en tono despectivo) llegados también en cientos de coches particulares y motos, y hasta en un “tren botijo”, que ocupaban las calles de la ciudad aquella mañana de tiempo veraniego. Ocho días después, el lunes 23 de mayo, las imágenes de 1941 y 1957 volvían a repetirse: una ciudad desbordante de alegría y ocupada por decenas de miles de entusiasmados granadinos, hinchas rojiblancos, pero también gran número de indiferentes al balompié (y eso que llovía), saludando a la caravana de más de un kilómetro formada por innumerables coches y motos haciendo sonar sus cláxones que desde Santa Fe hasta la Virgen de las Angustias tardó más de tres horas. La gran alegría, los hurras, los alabín-alabán y los ra-ra-rá, y las mil anécdotas oídas in situ sobre lo que había sido el viaje a Málaga de más de seis mil granadinos, como aquella que aseguraba que un grupo de hinchas granadinistas la mañana del partido por las calles malagueñas vistieron a un gato que llevaban ad hoc con los colores rojiblancos al que iban alimentando de boquerones. Para la historia queda también el chiste de Miranda en Ideal del martes 24 de mayo de 1966 que encabeza este escrito y que se refiere a la sinuosa carretera a través de los montes de Málaga, paso obligado, que por aquellos tiempos más separaba que unía las dos ciudades y que se conocía como Cuesta de la Reina.

El Granada ascendió en 1966, pero el favorito era el Málaga que acababa de protagonizar una cuasi proeza copera frente al R. Madrid. Más de un mes tuvo que esperar nuestro equipo a que una vez acabada la liga su rival en promoción fuera eliminado de la Copa, en la que cayó finalmente forzando un tercer partido de desempate ante todo un R. Madrid ye-yé. En ese mes largo de espera el Granada no había dado precisamente una buena imagen en los varios amistosos que jugó e incluso había quedado eliminado del trofeo no oficial denominado “Sánchez Pizjuán” por el Triana, filial bético de Tercera.

Por eso, por inesperado y porque este tercer ascenso se consiguió frente al eterno rival (mucho más “eterno” entonces), se diría que el de 1966 fue bastante más celebrado que el siguiente, dos años después. En 1968 la novedad en el recibimiento a los recién ascendidos consistió en que la caravana se formó no en Santa Fe, como en las anteriores ocasiones, sino que como venían de Mallorca por Iznalloz, el lugar escogido fue el Pantano de Cubillas. Eso y que la primera parada fue en Los Cármenes, donde los expedicionarios fueron recibidos con pirotecnia y paseo en hombros por el césped. De ahí a la Virgen de las Angustias para ofrecer ramos de claveles rojos y blancos, y concluir la jornada con el tradicional saludo desde el balcón central del Ayuntamiento. Pero lo cierto es que en esta ocasión se veía menos personal por las calles del que pudo verse en el ascenso de 1966. Quizás el hecho de haber encabezado la clasificación toda la liga y haber ascendido directamente quitó emoción a los últimos momentos y así no se desbordó la alegría tanto como otras veces. Quizás también que sólo dos años atrás se había celebrado otro ascenso y el nuevo ya no constituía tanta novedad.
El quinto salto a Primera celebramos en estos momentos, después de nada más y nada menos que cuarenta y tres años desde la última vez y treinta y cinco ausentes de máxima categoría, toda una vida. Parece increíble si miramos sólo a cinco años atrás. En la mejor tradición rojiblanca por lo que se refiere a ascensos, éste también da para esa figura muy unida a la historia del club, la del recibimiento multitudinario de toda una ciudad a un autobús que viene de triunfar en tierras forasteras. El Granada une así su nombre al de otros clubes que en sólo dos años consiguieron la proeza de subir a primera desde tercera (Hércules, Valladolid, Lérida, Las Palmas, Jaén, Elche, Mallorca, Sabadell, Murcia, Salamanca (dos veces), Celta, Albacete y Málaga). Enhorabuena a todos los granadinos, que corra la alegría y que se celebre como la cosa merece. Ahora lo que hace falta es que la categoría que retomamos por 18ª vez no sea flor de un día.

EL GRANADA B Y EL TERCER RECREATIVO



El filial del Granada CF que se llamó Recreativo de Granada fue fundado en 1947 para formar jóvenes valores de la tierra, pero también para poder utilizar a los profesionales que no actuaban en el primer equipo. Así en sus primeros años de existencia se alinearon en el segundo equipo en bastantes jornadas jugadores importantes en la historia rojiblanca como Mas, Toñín, Luiqui, Megino, Carbelo, Unamuno, Fraga y hasta los mismos Trompi y Candi. A cambio Manolo Almagro pasó al Granada de Segunda división, donde fue titular desde finales de los cuarenta, y pronto le seguirían otros también granadinos como Méndez, Cea, Sueza, Requena, Cuerva, Vicente, Guerrero, Rafa, Olalla y Baena, ya en los cincuenta.

En su segundo año de vida y a propuesta de Cholín, míster del primer equipo, el filial cambió su nombre porque se pensaba que con sólo ese cambio se podrían utilizar sin trabas jugadores de la primera y segunda plantilla en una y otra formación: «La directiva acordó la supresión del Recreativo, que de ahora en adelante se denominará Granada Amateur, para que así puedan sus jugadores figurar en uno y otro equipo sin que pesen sobre ellos las disposiciones federativas que delimitan el tiempo que han de pertenecer a cada club», podía leerse en Patria de 25 de agosto de 1948.

Pero el nombre Recreativo, de tan hondas resonancias en el futbolerismo granadino, no quedó vacante. Un grupo de aficionados encabezado por Antonio Fernández Bravo y entre los que se encontraban antiguos jugadores, fundadores del primer Recreativo, como Peregrín, Herranz y Ortiz, decidieron fundar un nuevo club y llamarle Recreativo Granada. El uniforme del nuevo club será camiseta azul, pantalón celeste y medias azules con vuelta blanca «el uniforme del “equipo fantasma”», y jugará como local en el estadio de La Juventud, según la noticia de Ideal de 10 de septiembre de 1948, que añade que el nuevo club ya tiene concertado un amistoso para finales de mes en Baza. En el seno del Granada CF parece ser que la iniciativa de crear este nuevo club no fue muy bien acogida, y así en la misma página en la que Ideal recoge la noticia de la fundación aparece una nota oficial del club diciendo que el equipo que con el nombre de Recreativo se desplaza a Baza nada tiene que ver con el subcampeón regional de liga y copa.

En principio el nuevo club iba a militar en una categoría inferior, pero a última hora fue incluido en el mismo grupo de 1ª Regional que el ahora llamado Granada Amateur o B, junto a Español de Santiago (de Córdoba) Bailén, Baeza y Esperanza de Jaén. El 26 de octubre de 1948 se jugaba la primera jornada. En un clima de gran rivalidad en Los Cármenes el filial Granada B, con: Espinosa; Jaime, Méndez, Díaz; Montilla, Tobalina; Ros, Cea, Laureano Martín, Sueza y Mas, apalizó al nuevo Recreativo, que formó con: Román (Quinito en el 2º tiempo); Vicente, Navarro, Antonio Carmona; Cepillo, Quero; Ríos, Carrillo, Baena, Doncel y Esteban. Hay en esta formación varios componentes que en la temporada anterior militaban en el filial granadinista y a la vez también podemos ver a alguno que pronto cambiará de bando, como Vicente Díaz.

Pero la enemistad primera se transformó en concordia de forma que el nuevo Recreativo pasó a mitad de temporada a jugar sus partidos en Los Cármenes e incluso hubo trasvase de jugadores cedidos entre uno y otro club. Y así, el último partido del campeonato para el B, el de devolución de visita al Recreativo, se jugó también en Los Cármenes el día 1 de enero de 1949 y volvió a acabar en vapuleó, 7-1 se llevó aquel tercer Recreativo ante poquísimos aficionados. El filial granadinista era ya campeón y había ascendido a Regional Preferente después de ganar en Jaén al Esperanza la jornada anterior. El nuevo Recreativo era cuarto (o tercero por la cola) y nada se jugaba. Es un partido con historia porque en él se estrenaron los postes redondeados, sin peligrosas aristas, a que obligaba la nueva reglamentación federativa. Jugaron por el Granada B o Amateur: Julio; Toñín, Méndez, Díaz; Ros Tobalina; Megino, Cea, Requena, Sueza y Díaz Cara. Y por el Recreativo: Román; Delgado, Vicente, Morales; López, Felipe; Ríos, Almagro II, Baena, Martin y Pareja.

Cinco días después, en Reyes, hubo un nuevo enfrentamiento “fratricida” en Los Cármenes entre Granada B y Recreativo y hubo también un nuevo palizón blanquiazul, 9-0. Por el B jugaron: Espinosa; Jaime, Méndez, Tobalina: Ros, Montilla; Carbonero, Cea, Requena, Sueza y Díaz Cara. Y por el Recreativo: Quinito (expulsado y sustituido por Vicente cuando ya iban 7-0); Morales, Vicente, Carmona; López, Linares; Ríos, Almagro II, Baena, Sevilla y Pareja. En este partido lo que estaba en juego era dilucidar qué equipo granadino se proclamaría campeón aficionado y pasaría a jugar la Copa frente a conjuntos de otras provincias.

Y si brillante había sido el papel del Granada B en la liga de Primera Regional, en esta competición de Copa de aficionados no lo fue menos. Eliminó sucesivamente a Antequerano, Dos Hermanas y Peñarroya, ya éste en la final, por lo que se proclamó campeón aficionado de Andalucía y como tal pasó a la fase nacional y volvió a alcanzar notables triunfos eliminando al Electrodo, de Madrid, y al Utiel, de Valencia, llegando hasta semifinales donde tropezó con el poderoso FC Barcelona, en el que empezaban jugadores de la talla de Biosca, Bosch, Manchón o Aloy.

Finalmente la existencia de este tercer Recreativo se limita a la temporada 1948-49. Aquel clima de enemistad del principio dio paso al entendimiento y la colaboración, de forma que el efímero Recreativo será la base del que a la temporada siguiente figurará como segundo filial rojiblanco y con el nombre de Granada “C” militará en Primera Regional en la 49-50.



EL FIERO AMARO



En la historia del Granada CF hay dos récords, ambos de dudosa honorabilidad, que ostenta un mismo futbolista: el de haber sido “obsequiado” con la mayor bronca hacia un jugador local en Los Cármenes, y el de haberle sido impuesta por las autoridades federativas la mayor sanción que nunca recibiera un futbolista del Granada.

Hablamos de Amaro, delantero centro gallego (tío de Amancio Amaro) fichado por el Granada para la temporada 1953-54, que venía precedido de fama de goleador después de haber militado en Orensana, Cartagena y Murcia, y precedido también de fama de violento y conflictivo. Su debut de rojiblanco en partido oficial fue afortunado, ante su anterior equipo, el Murcia, al que marcó en el último suspiro el gol que daba la victoria al Granada en la primera jornada y en Los Cármenes. Ya en su debut dejó detalles de su fiereza, que confirmó dos partidos después ante el Alcoyano, con el que provocó incidentes en los vestuarios.

Quizás por eso Manolo Ibáñez, míster granadinista, lo mandó los siguientes partidos a jugar en el filial Recreativo, del grupo sexto de Tercera, donde siguió marcando goles y destacando, y también dando que hablar por su conducta muy poco deportiva, en especial en su partido frente al Betis. Así hasta que en la jornada diez, ante la visita del Linense, vuelve a ser convocado para el primer equipo y se destapa con una gran actuación personal y dos goles, por lo que vuelve a contar para Ibáñez.

Dos jornadas después, en la doce, nos visitaba el Málaga. Los Granada-Málaga siempre fueron algo más que un simple partido de fútbol para convertirse en una especie de plebiscito entre dos ciudades en el que andaba por medio la primacía de una sobre la otra, como corresponde a buenos vecinos. En este caso además había más leña que echar al fuego puesto que los “odiados” boquerones venían como líderes del grupo Sur y el Granada andaba clasificado en el cuarto puesto, a tres puntos, y sus aspiraciones a todo, a estas alturas de la liga, todavía estaban intactas. Así que en un clima de gran pasión y con las gradas a rebosar, en las que había más de cinco mil malagueños llegados en trenes botijo y mil vehículos más, echó a rodar este derbi en el que muy pronto subió aún más de tono la calentura general, cuando, según las crónicas locales, el delantero malacitano Juan fue el que dio primero, lesionando a González de un cabezazo y después a Piris, de un puntapié en el hombro. En ese clima cada vez más caldeado y abundante en juego subterráneo por las dos partes, a poco del descanso Amaro ponía una escalofriante plancha al medio malagueño Serrano, que no había intervenido en ninguna de las varias acciones antideportivas, y le producía fractura abierta de tibia y peroné. Amaro fue expulsado a continuación por el árbitro Casals, pero la pita que recibió mientras se retiraba fue, además de ensordecedora, general, sin distinguir los colores de su camiseta. Rafa marcó el solitario gol que dejaba los dos puntos en casa.

Algunos días después en Ideal se podía leer: «El Comité de Competición en reunión de 10 de diciembre de 1953 impuso, entre otras, la sanción siguiente: Jugadores. Segunda división. Suspender por dos años a Norberto Amaro Domínguez (Granada F.C. (sic)), por acción violenta e intencionada a un contrario, lesionándole gravemente, teniendo además reiteradas notas desfavorables, por haber sido sancionado anteriormente ocho veces por faltas y violencias cometidas; caso de que el jugador lesionado quedase imposibilitado para la práctica del fútbol, se le retirará la licencia (Arts. 102, 103 y 136)».

La víctima, el prometedor joven de 21 años Antonio Serrano Ocaña, natural de Almería y que pertenecía al R. Madrid, que lo tenía cedido al Málaga, ya no volvió a jugar en lo que quedaba de temporada ni en la siguiente. Hasta la 55-56 no volvió a pisar un terreno de juego. Esa temporada volvió por Los Cármenes faltando poco para el final del campeonato, enrolado en el Jaén que con Millán de insustituible en la defensa tenía ya pie y medio en Primera, y arrancó un empate a tres siendo uno de los destacados de su equipo. Al año siguiente jugó en el Jaén en máxima categoría y posteriormente en el Hércules, ya de segunda.

Amaro después de aquella tarde de diciembre de 1953 frente al Málaga no volvió a jugar más en el Granada ni en su filial. Pero al finalizar la temporada 53-54 se benefició de un indulto general que concedió la Federación como homenaje a Zarra y fichó para la 54-55 por el Hércules, recién ascendido a Primera, con el que empezó jugando y goleando para pronto desaparecer de las alineaciones por una lesión y pasar ese mismo año al Levante, de Segunda. Que sepamos, ya no volvió a dar que hablar su vena violenta y su carrera continuó por varios equipos hasta encontrar acomodo definitivo en Cartagena, donde es recordado como uno de los mejores futbolistas que por allí pasaron.