EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



viernes, 29 de enero de 2016

EL FÚTBOL EN GRANADA DESPUÉS DE LA ESCABECHINA






            En 1939, una vez transcurridos los tres años de supresión de la vida civil que significó la guerra, afortunadamente toca volver a la normalidad. Y dentro de esa normalidad se encuadran todas las actividades de ocio, a las que se entregan los granadinos con entusiasmo. El fútbol es una de ellas y se puede decir que hay hambre balompédica de ver otra vez a la muchachada recreativista llenando las tardes de domingo y escribiendo nuevas páginas gloriosas. Pero el Recreativo estaba en el momento en que la militarada se convirtió en sangrienta guerra civil atravesando la peor época de su corta vida, casi sin directivos ni futbolistas y sin una peseta, y con su futuro más inmediato muy en el aire. Así, se preguntan los futboleros locales nada más terminar la contienda, si el Recreativo volverá por sus fueros o por el contrario, se retomará la situación que lo caracterizaba en la primavera-verano de 1936, cuando las deudas que arrastraba ponían en duda su continuidad. Será ésta una incógnita que no se despejará hasta bien avanzado el verano de 1939.
            Sólo diez días antes de que empezara todo, el 8 de julio de 1936, ajenos a lo que estaba trágicamente a punto de desencadenarse, los integrantes de la junta gestora o comisión ejecutiva que acababan de hacerse cargo del Recreativo cuando nadie quería saber nada de él (Martín Campos, Paco Cristiá y Jerónimo Vida), pensando en la planificación de la temporada venidera, la 36-37, hacían público un largo comunicado a la afición en el que daban a conocer entre otras cosas, que se habían visto obligados a licenciar a la práctica totalidad de la plantilla (sólo quedaban dos jugadores) y que en el club no había nada más que deudas, pero aseguraban que el Recreativo no iba a desaparecer, al contrario, pronto volverían los días de esplendor y en esos momentos se estaba estudiando la ampliación de Los Cármenes.
            Aunque algo pudieran barruntar de lo que se venía encima, puesto que el pronunciamiento que se preparaba era casi un secreto a voces, lo que no podían saber esos escasos directivos que le quedaban al Recreativo era que no habría temporada 1936-37 ni tampoco las dos siguientes.



Ricardo Martín Campos en caricatura de Antonio López Sancho


            Desde esa última nota deportiva aparecida en un periódico granadino el 8 de julio de 1936, los diarios no vuelven a hablar de deporte alguno hasta tres años después, excepción hecha del partido que se jugó en Los Cármenes en 1938, en plena guerra y con fines más propagandísticos que deportivos, en el que un equipo improvisado bajo el nombre de Recreativo jugó contra una selección de la zona franquista.
Es el 14 de mayo de 1939, poco más de un mes después de acabada la guerra, cuando en Patria se puede leer en la sección Mundillo Deportivo que el Ayuntamiento que preside Gallego Burín prepara para las cercanas fiestas del Corpus la celebración de varias competiciones deportivas y entre ellas un partido de fútbol, como venía siendo costumbre cada Corpus desde hacía bastantes años. Se enfrentarán el Sevilla y el Ceuta (finalmente quien vino fue el Betis en lugar del Sevilla). El Recreativo no desaparecerá, dice la misma noticia, al contrario, es este club el que organizará el partido de las fiestas y además está en esos momentos realizando obras de acondicionamiento de Los Cármenes. Recordemos que el Recreativo había licenciado a todos sus jugadores (excepto dos) poco antes del comienzo de la guerra, así que en estos momentos no tiene futbolistas. Por esa razón son dos equipos forasteros los que disputan la Copa Granada.


Recorte de Patria con el anuncio de la celebración de la Copa Granada 1939



            El partido de las fiestas se jugó el viernes 9 de junio y lo ganó 2-1 el Ceuta Sport, de segunda, al Betis, que militaba en Primera División pero no se empleó. Arbitró Bombillar. Poco público acudió a Los Cármenes y según las crónicas el partido fue bastante aburrido.
Pero a pesar de asegurarse en la prensa la no desaparición del Recreativo, tendrán que pasar todavía dos meses de incertidumbres, hasta primeros de agosto de 1939, en que  se pueda leer en Ideal la noticia que se abre con el encabezamiento: «El Recreativo de Granada gestiona su incorporación al deporte nacional». En el cuerpo del breve de Ideal se dice que próximamente se van a reunir los antiguos directivos para cambiar impresiones y llegar a las soluciones más beneficiosas para el fútbol en Granada. Han pasado tres años y las circunstancias son muy distintas. Al menos algo positivo tuvo el conflicto, gracias al parón no desapareció el Recreativo como parecía irremediable en el verano de 1936.
Esa reunión se llevó a cabo el lunes 7 de agosto y de ella salió una comisión para gestionar soluciones ante el importante capítulo económico pendiente (las deudas de los terrenos y de la construcción de Los Cármenes) y otra comisión, ésta deportiva, encargada de confeccionar una plantilla para participar en los campeonatos regionales que darían comienzo en apenas un mes. Los objetivos son en principio modestos para evitar que vuelva a ocurrir lo de antes, cuando el club apenas podía hacer frente al pago de nóminas. A los pocos días un anuncio en la prensa local (Ideal y Patria son los dos únicos diarios) cita en Los Cármenes a todos los futbolistas granadinos interesados, que deben acudir provistos de equipo deportivo completo, a fin de jugar un partido de entrenamiento que sirva para ir seleccionando a los jugadores que integrarán el Recreativo.
La sede del club está en calle San Sebastián 15, en los altos del café Granja Nacional, donde se espera que acudan los interesados en ser socios recreativistas, aunque los que ya lo eran en 1936 sólo tendrán que abonar el recibo del mes de agosto (y los siguientes, claro) a los cobradores que les visitarán a domicilio. Hay hambre de fútbol y ya van varios cientos de nuevos abonados.

Visitantes ilustres
            Mientras poco a poco vuelve la normalidad (futbolera y de la otra) y dentro de la crónica ciudadana que -junto a la futbolística- pretendemos que sea objeto de este trabajo, hay que destacar la profusión de visitantes ilustres que se dieron cita en Granada en la primavera de 1939.
            A los pocos días de terminada la guerra, Granada recibió la visita del llamado Virrey de Andalucía, el general Gonzalo Queipo de Llano en unión de José Millán Astray y sus muchos remiendos. Ambos participaron en la salida extraordinaria de la Virgen de las Angustias (el segundo, que había venido a inaugurar las nuevas viviendas para mutilados de guerra, sólo participó como espectador al encontrarse algo pachucho) que se celebró el domingo 9 de abril en agradecimiento a la Patrona por haber preservado a Granada de la destrucción de la guerra «y del yugo infernal del marxismo», y en la que participaron todas las autoridades locales y provinciales y también desfiló la banda de música de la Legión.


La Virgen de las Angustias pasando bajo un arco de triunfo levantado en la Gran Vía para la visita a Granada de Franco


Después de ser nombrado en la Catedral caballero decano honorario del Cuerpo de Horquilleros de la Virgen de las Angustias, desde el balcón del Ayuntamiento saludó al pueblo una vez terminada la procesión un Queipo ducho en esto de hablar para el público e improvisar frases ocurrentes «…desde esta verdadera casa del pueblo, no casa de bandidos como era antes…». Empezó su discurso alabando las bellezas de Granada y de sus mujeres «…que le quitan el hipo a cualquiera como me lo quitan a mí, a pesar de ser viejo, hasta el extremo de que me han hecho cambiar de nombre y ser, en vez de Queipo de Llano, Que de Llano.» (...) «Habéis pasado una tarde deliciosa con motivo del paseo triunfal de vuestra Patrona por las calles de la ciudad y ahora que venga Queipo de Llano a divertiros, y yo lo hago con mucho gusto». Al día siguiente continuó viaje a distintos pueblos de la provincia y a Almería. Pronto volvió a nuestra ciudad, el 20 de abril, acompañando a Franco en su visita oficial a Granada. Y aún hizo una tercera visita, el 29 del mismo mes, y nuevamente saludó a la población desde el Ayuntamiento aunque en esta ocasión no estuvo tan dicharachero.
Otro ilustre visitante, en su caso sólo como turista, fue el mariscal Petain, el héroe de Verdún, que estuvo en Granada visitando sus monumentos el domingo 7 de mayo y su presencia pasó prácticamente desapercibida para la población.
Y también como turista estuvo en Granada a finales de mayo el Gran Visir del Marruecos español, Sidi Ahmed Gamnia, acompañado de un amplio séquito y luciendo la Laureada de San Fernando que Franco le concedió por su intervención en Tetuán a favor de los sublevados en julio de 1936.

Franco en Granada
Hasta el mismísimo Franco en persona, brazo incorrupto de Santa Teresa y Guardia Mora nos visitó al poco de terminar la guerra. El 20 de abril de 1939, a las 13,15 horas hacía su entrada en la ciudad el Generalísimo proveniente de Motril, siendo recibido en la Cruz Blanca por el alcalde Gallego Burín. La ciudad entera, engalanada con colgaduras, banderas, mantones, colchas, salió a la calle para aclamar al Caudillo, y hasta se levantó en la Gran Vía, en su confluencia con Reyes Católicos, un arco de triunfo de cartón piedra y con adornos florales. En coche descubierto y acompañado de los generales Queipo de Llano, jefe del Ejército del Sur, Fidel Dávila, ministro de la Guerra, y Martín Moreno, jefe del Estado Mayor, Franco se dirigió al Ayuntamiento y desde el balcón central dirigió unas palabras al gentío que dejaba la plaza del Carmen más pequeña que nunca y que se desbordaba por las calles adyacentes, todo entre reiterados ¡franco, franco, franco!  y cánticos de caralsoles y oriamendis, y entre océanos de brazos en alto.


Franco y Queipo de Llano en el balcón del ayuntamiento el 20 de abril de 1939


Por la tarde, con ritmo frenético, visitó la Catedral y la Capilla Real (siendo aquí cumplimentado, entre otros, por el capellán real Francisco Fonseca, que puede ser el que da nombre al fonsecámetro de Ladrón de Guevara) y después la Alhambra, para bajar a la ciudad y entrar bajo palio en la basílica de la Virgen de las Angustias y sin apenas detenerse continuar con la visita a las casas baratas recién construidas a la entrada de la carretera de la Sierra. Vuelta a los coches que a toda pastilla lo condujeron a la cuesta de las Cabezas, en las inmediaciones del pantano de Cubillas, para visitar las fortificaciones del cinturón defensivo de la ciudad durante la guerra, y de ahí otra vez a Granada, a la casa del Chapiz para visitar la escuela de Estudios Árabes. Otra vez a la entrada de la carretera de la Sierra, ahora para depositar una ofrenda ante la cruz de los Caídos. Por fin terminó su agotadora jornada con una visita a la casa de Falange, en la plaza del Campillo, desde cuyos balcones saludó al gentío que lo aclamaba. Pero no había terminado ahí la cosa, todavía le faltaba recibir en audiencia en su residencia granadina, los salones del Ayuntamiento,  a una comisión municipal presidida por el alcalde, que regaló al Caudillo unos pendientes de oro y esmeralda para su señora y una medalla de nácar y brillantes de la Virgen de las Angustias para su Nenuca. Todavía le quedaba recibir a un grupo de damas granadinas. Acto seguido cenó junto a los generales de su séquito y las primeras autoridades granadinas civiles, militares y eclesiásticas. Por fin, a las 23,15 pudo el Generalísimo retirarse a sus aposentos. Desde luego, no se puede decir que no aprovechara bien el tiempo. A las ocho de la mañana del día siguiente abandonó nuestra ciudad camino de Córdoba.
           





sábado, 2 de enero de 2016

PENALTI CERVIÁN



            Habrá pocas personas que lo recuerden porque han transcurrido ya bastantes años y además esta anécdota que quiero rememorar tuvo como protagonistas a dos clubes de los que pintan poco en el panorama futbolero nacional y menos aún pintaban por aquel entonces, militando en el tercer nivel del fútbol hispano, 2ª B, aunque el sucedido no se dio en un partido de liga sino de octavos de Copa del Rey. Fue un suceso curioso que seguramente no habría trascendido más allá de los pocos que lo presenciamos in situ ni habría dado lugar a la polémica que provocó de no ser por la televisión, que retransmitía en directo aquel apestiñado partido de fútbol. El caso es que durante una semana el que se llamó penalti Cervián fue tema de conversación en los mentideros balompédicos de media España y de él se ocuparon numerosos y variados medios de comunicación de difusión nacional.

            Una rotunda y malhumorada frase puede servir de perfecto recordatorio:

            -«¡Me importa un pijo lo que diga Navarrete!».

            Parece incuestionable que quien pronunció estas palabras se crió a la vera del Segura. Y así es. Son palabras textuales de Juan Pereñíguez Pérez, empleado de hostelería en su Murcia natal y árbitro de Segunda B en el momento de pronunciarlas.

            Pereñíguez las dijo la fría tarde-noche del miércoles 17 de enero de 2001 en el nuevo Los Cármenes, en el partido de vuelta de VIII de Copa del Rey (0-0 en la ida) disputado entre dos equipos por entonces en el grupo IV de 2ª B, el Granada y el Guadix. Ambos para llegar a esta ronda habían eliminado previamente a un club de Primera, al Villarreal el Granada y a todo un Valencia líder los accitanos, y esperaban pasar a Cuartos para, con los veinte millones (todavía eran de pesetas) que pagaba la Federación sólo por clasificarse y la previsible buena taquilla que vendría a continuación si tocaba un grande (At. Madrid y Barcelona entraban en el bombo), poder mitigar su malísima situación económica. En el caso del Granada, sus jugadores llevaban dos meses sin cobrar, y su banquillo iba ya por el tercer inquilino, Lalo, sustituto de Manuel Torres Molina que a su vez había sustituido a Ismael Díaz. Faltaba un cuarto, José Ángel Moreno, que relevaría a Lalo. Presidía el partido Manuel Chaves, presidente andaluz, acompañado por el alcalde de Granada, José Moratalla, y el de Guadix, José Luis Hernández.

            El partido, como casi todos los Granada-Guadix de aquellos años, fue bastante espeso y se caracterizó por las escasas ocasiones de golear que se vieron. Jugados los noventa minutos, ninguno fue capaz de marcar, en gran parte debido a la magnífica actuación de los dos porteros, Pindado, del Granada, y Peramos, del Guadix, por lo que después de una prórroga de media hora hubo que recurrir al lanzamiento de penaltis. Y fue precisamente al lanzar el primero de la tanda, a cargo de Cervián, cuando ocurrió aquello que convirtió a este partido en noticia nacional y lo hizo pasar a la historia.

            El lateral izquierdo granadinista -Cervián- conectó un zurdazo, no muy colocado pero sí con gran potencia, que fue repelido hacia arriba por el portero accitano -Peramos- tocando en el larguero y cogiendo gran altura (unos cinco metros) para al caer botar el balón muy cerca de la línea de gol y acabar dentro de la portería por el gran efecto que el rechace en el poste provocó, como se aprecia en el esquema aparecido en Ideal. Gol espectacular y difícil de ver. Y perfectamente válido, el árbitro murciano, Pereñíguez Pérez, así lo decretó sin que nadie protestara. La tanda de penaltis continuó por ambas partes sin más novedad que la resultante de que, una vez lanzados los correspondientes cinco de cada cual, la igualada seguía sin deshacerse ya que granadinos y accitanos marcaron tres y fallaron dos. Cuando iba a comenzar la siguiente tanda, de muerte súbita, fue cuando surgió la polémica, en la que el Guadix a punto estuvo de retirarse en protesta por lo que entendía como una gran injusticia: darle validez al primero de los penaltis lanzados por el Granada.





            Todo lo originó el comentario en la TV pública andaluza, Canal Sur, que retransmitía en directo el partido, del ex árbitro internacional Antonio Martín Navarrete (retirado y también desfasado en su conocimiento de las reglas), que intervenía como comentarista técnico en esta retransmisión. Según Navarrete, desde que el balón había tocado en el césped después de ser rechazado, la jugada había concluido y lo que ocurriera después ya no valía. Esto podría haber sido así hasta 1986, año en que se modificó la norma a causa de una jugada parecida ocurrida en el Mundial 86. El comentario del ex árbitro fue conocido enseguida por todos los que se encontraban sobre el césped del nuevo Los Cármenes, y de ahí la gran protesta de los futbolistas del Guadix.

            Fue en ese momento cuando Pereñíguez Pérez, imperturbable y rodeado de algunos periodistas que le encaraban sus micrófonos, lanzó su lapidaria frase (perfectamente audible a través de las ondas) cargada de casticismo huertano, mientras ordenaba seguir lanzando penaltis a unos y otros hasta que alguno fallara.

            Hubo que llegar hasta el lanzamiento catorce para poder desempatar la eliminatoria, que se decidió a favor del Granada, cuando Pascual acertó pero el accitano Pedro falló.

            «Un error arbitral mete al Granada en cuartos», es el principal titular con el que en primera página Ideal abrió su edición de 18 de enero de 2001. Y continuaba también en titular aunque en letras más pequeñas: «El colegiado Pereñíguez Pérez dio como válido un penalti tipificado como ilegal», todo debajo de una gran foto a color en la que se ve al árbitro murciano rodeado de jugadores accitanos en plena protesta. Pero pronto, al día siguiente, se supo que la decisión del árbitro murciano fue la correcta y vinieron las rectificaciones. En su favor se pronunció el presidente del Comité Técnico de Árbitros y ex colegiado, Victoriano Sánchez Arminio, quien manifestó que «...si los ex árbitros no están al día del reglamento y no lo tienen claro, es su problema, porque la modificación se hizo tras el Mundial 86...».

             El polémico gol fue noticia nacional y dio la vuelta a la piel de toro en una época en la que el Granada era poco menos que un desconocido. Numerosísimas opiniones tanto en contra como a favor de la validez del tanto se sucedieron en muchos medios de difusión nacional al día siguiente, y dieron su parecer varios ex árbitros. El Guadix por su parte protestó formalmente su eliminación en Copa y hasta hubo una manifestación por las calles accitanas en contra de las injusticias que se cometen con los humildes.

            El famoso penalti Cervián trascendió la modestia de sus protagonistas y pasó a la pequeña historia del fútbol español.

sábado, 19 de diciembre de 2015

LA MARADONITIS ROJIBLANCA



            «-Técnicamente es mucho mejor que nosotros dos, sin lugar a dudas, es el más elegante de los tres, es el más dotado técnicamente, lo que pasa es que nosotros le ganamos en condición física, en lo demás nos pinta la cara.»

            Son palabras textuales de Diego Armando Maradona.  Así definía, futbolísticamente hablando, a su hermano Raúl Alfredo (Lalo, el mediano de la saga) en respuesta a preguntas de los plumillas granadinos que lo entrevistaban el 14 de noviembre de 1987 en el hotel Alhambra Palace, la víspera del partido de los Maradona en el que Diego, Lalo y Hugo iban a enfundarse la rojiblanca granadinista y disputar un amistoso contra el Malmoe Sueco.
          

         El Pelusa, en lo mejor de su carrera, en la que todavía estaba muy reciente el campeonato del mundo de México 86 y que acababa de conseguir un doblete de liga y copa italianas,  procedente de Nápoles había aterrizado horas antes en Chauchina en jet privado acompañado de su hermano Hugo, el menor del trío, y de un séquito de no menos de quince personas, con abundante presencia femenina (madre, esposa, hija, cuñadas) que inundaron el vestíbulo del pequeño aeropuerto granadino de colores vivos, cardados y hombreras, una terminal en la que le esperaba el resto del clan, con su señor padre a la cabeza, y que desde varias horas antes aparecía congestionada por la presencia de un sinfín de cámaras de TV y periodistas de medio mundo, y también por varios cientos de curiosos.

            Por primera vez los tres hermanos Maradona iban a jugar juntos un partido. Lo que había hecho posible este hito que tantísima expectación levantó fue la promesa de Diego al presidente del Granada CF, Alfonso Suárez, de venir a Granada y jugar un partido como agradecimiento por haberse fijado en su hermano, el mediano de la saga, Lalo, también conocido como Maradonita, un pibe que recién empezaba en esto del balompié y al que por el momento sólo se le habían visto mínimos detalles de clase en las divisiones inferiores de Boca. El Granada CF, por entonces un recíen ascendido a Segunda División, firmó por tres temporadas a Lalo Maradona y por un total de 34 millones de rubias y añoradas pesetas (un pastón por entonces), aunque a la prensa se le comunicó que el montante de la operación no llegaba ni a la mitad.

            

Según la frase de Diego Armando que abre este escrito, Lalo Maradona era, técnicamente, el mejor de los tres hermanos. Y aunque ahora esto parezca una boludez, en aquellos momentos casi todos los granadinistas habríamos estado de acuerdo con el comentario del Maradona primero. Hasta ese momento, mediados de noviembre de 1987, no existían razones para desconfiar de esa afirmación ya que lo poco que le habíamos visto a Maradonita había sido todo bueno: su debut ante el Coruña, al que le cayeron cinco goles, uno de ellos del propio Lalo, y su consagración un domingo después en Vallecas ante un ejército de medios informativos de todo el mundo, donde el Granada CF se trajo los dos puntos y se encaramó al segundo puesto de la tabla. El sueño de recuperar la primera división pasó a ser considerado como algo más que eso -un sueño- y se convirtió en el tema de conversación preferido en los mentideros granadinistas.

            En medio de este clima de euforia, o sea, en el mejor momento, se encontró la tarde del domingo 15 de noviembre de 1987, aprovechando un parón liguero para llevar a la práctica la idea y promesa de Diego Armando de alinear a los tres hermanos juntos y luciendo los mismos colores. Con Los Cármenes rozando el lleno y presencia de la catalana TV3 que en exclusiva registró el acontecimiento, unos 20 millones de récord (el anterior estaba en poco más de 10, de un partido de Copa con el Sevilla tres años antes) dejó en taquilla el partido de los Maradona (algo más de 12 según fuentes oficiales), en el que, bajo la dirección de Martín Navarrete, el Granada derrotó al Malmoe 3-2. Los tres hermanos jugaron los noventa minutos y ocuparon la vanguardia del ataque rojiblanco, Lalo (con el 10) por la izquierda, Diego (con el 9) en el centro y Hugo (con el 8) por la derecha, y los tres dejaron bien alto el pabellón de su apellido, Lalo y Diego con sendos goles, saludados ambos con coros de ¡Lalo! ¡Lalo! y ¡Diego! ¡Diego!, y el menor, Hugo, el "turco" (a la temporada siguiente también se vino al fútbol español, al Rayo Vallecano), fue la revelación, con su gran velocidad y magnífico regate. Los tres hermanos Maradona jugaron a un altísimo nivel. Fue un espectáculo de los grandes, de los que se guardan largo tiempo en la memoria.

            Al día siguiente los tres hermanos, con Lalo actuando de cicerone, giraron la visita de rigor a la Alhambra y por la tarde se volvieron a Nápoles todos los que de allí vinieron. Pasada la maradonitis lo que quedó fue la inmediata y mucho más terrenal preocupación por el siguiente choque liguero que llevaba a los rojiblancos a Torrepacheco, donde circunstancialmente el Cartagena jugaba sus partidos. Y de tierras murcianas se vino el Granada con una derrota 3-1 con un nuevo gol de Lalo Maradona.


            Ése fue el último gol del argentino en todo lo que quedaba de liga. La triste realidad es que a partir de este momento, Lalo Maradona y el Granada parecieron haber agotado todo su combustible y fueron otros muy distintos. El futbolista cada vez ofrecía menos para el equipo y paulatinamente se fueron reduciendo sus minutos sobre los terrenos de juego, de modo que en toda la segunda vuelta se puede decir que fue suplente. Y el equipo se desmoronó por completo, entrando en una dinámica de derrotas (seis consecutivas) que de los puestos de ascenso pasó en poco más de un mes a rondar los de descenso, en lo que influyó grandemente el bajón en el rendimiento de determinados futbolistas que no daban tanto como podrían haber hecho porque no eran "mimados" crematísticamente, como sí lo era el argentino. El buen técnico Joaquín Peiró fue destituido y su puesto lo ocupó Ruiz Sosa, que no hizo otra cosa que empeorar la situación, de modo y manera que el Granada acabó como vicecolista y descendido a 2ª B antes de jugarse todo el calendario, completando la segunda peor temporada de toda su octogenaria historia, números en mano.

          

  La temporada siguiente en 2ª B tampoco destacó Maradonita y los distintos técnicos que lo dirigieron lo condenaron sistemáticamente al banquillo, hasta que a mediados de temporada se pudo alcanzar un acuerdo para rescindir un contrato astronómico al que el club no podía hacer frente, y a Argentina se volvió Lalo con mucha más pena que gloria.


            ¿Lalo Maradona era ese mirlo blanco que parecía allá por el otoño de 1987?  Más allá del amor fraterno, ¿respondía a la realidad el comentario de Diego Armando sobre su hermano? ¿Estaba justificado viajar hasta Argentina y pagar un riñón por un jugador como los que hay por aquí en abundancia? Obviamente no a todo. Pero claro, esto se vio después y mejor aún se ve ahora, cuando tanto tiempo ha transcurrido. Por el solo hecho de llamarte Maradona nada te garantiza la bondad futbolera, la paupérrima trayectoria balompédica de Maradonita posterior a su aventura granadina bien a las claras lo dice. A toro pasado está clarísimo que el Granada CF hizo un negocio ruinoso con su fichaje, a pesar de lo que dejó en sus arcas aquel partido memorable de mediados de noviembre del 87. Pero en aquellos momentos, en plena maradonitis rojiblanca, y ahí están las hemerotecas para confirmarlo, todo era optimismo y felicitaciones por el gran fichaje granadinista y nadie podía prever el batracianismo en que acabaría convertido.

martes, 8 de diciembre de 2015

MAZURKIEWICZ, UN GRANADINISTA DESCONOCIDO




            Ladislao Mazurkiewicz Iglesias, en su tiempo considerado el mejor portero del mundo, es un nombre muy conocido de todo el futbolerismo por haber jugado más de ochenta partidos con la selección charrúa y haber participado en tres mundiales, Inglaterra 1966, México 1970 y Alemania 1974. En el de 1970, el Mundial del “jogo bonito” en el que Uruguay acabó cuarta, fue designado mejor portero e incluido en el once ideal del certamen. En ese campeonato mundial, aparte de su gran actuación que acabó de consagrarlo, fue Mazurkiewicz protagonista involuntario de uno de los dos famosísimos “no goles” de “O Rei”, Pelé, con aquella jugada en la que sin tocar el cuero fintó la desesperada salida fuera del área del guardameta uruguayo para encarar la portería desguarnecida, un clásico del que sigue siendo considerado el mejor Mundial de todos los celebrados, tan clásico como la otra genialidad de Pelé en México 70, que tampoco fue gol, con disparo desde el centro del campo a la portería del checo Viktor.
También es muy conocido Mazurkiewicz por su gran palmarés como jugador de club: tres ligas uruguayas con el que fue el equipo de sus triunfos, el Peñarol, más una Copa Libertadores y una Intercontinental (ganada al R. Madrid Ye-yé en 1966).
Lo que ya no es tan conocido es que esta figura legendaria del deporte jugó en el fútbol español.
Fallecido recientemente, su desaparición fue noticia de difusión mundial en todos los medios dedicados al fútbol, que volvieron a exponer su sobresaliente palmarés como golero internacional. Lo que uno ha echado de menos en ese maremágnum de necrológicas es que en una buena parte de ellas han olvidado (o lo ignoraban) incluir que entre septiembre de 1974 y febrero de 1976 Mazurkiewicz militó en un club español. Seguramente si su periplo hispano hubiera transcurrido enrolado en uno de los grandes de nuestro fútbol no se habrían olvidado de este dato, pero resulta que mientras estuvo entre nosotros perteneció a un club modesto, al Granada CF. Además, no se puede decir que le acompañaran precisamente los éxitos mientras fue granadinista.
            Natural de Piriápolis, departamento de Maldonado, donde nació en 1945, debutó con los aurinegros de Peñarol con sólo 18 años y desde ese momento se hizo con la titularidad indiscutible. También indiscutible sería su presencia en la selección uruguaya a partir de 1966, sin haber cumplido aún los 21. Tras militar siete temporadas en el equipo carbonero pasó al fútbol brasileño, y del club Atlético Mineiro de Belo Horizonte lo fichó el Granada CF en septiembre de 1974, tan sólo tres meses después de disputar su último Mundial, el de Alemania 1974.
            «Mazurkievitz (sic), internacional uruguayo, nuevo portero del Granada», titula su sección deportiva el diario Ideal de 12 de septiembre de 1974. Desde la temporada anterior, 73-74, por primera vez desde hacía bastantes años se permitía a los clubs españoles fichar jugadores extranjeros, pero se limitaba su número a dos por equipo, y en esas fechas el Granada ya tenía ocupadas esas dos plazas con el también uruguayo Montero Castillo y con el austriaco Parits, así que Mazurkiewicz, de ascendencia polaca por parte de padre y española por parte de madre (del pueblo coruñés de Riacho) ingresó en nuestro fútbol como oriundo, es decir, como hijo de españoles y ciudadano español a efectos legales, con pasaporte y DNI. Un mes después, en octubre, llegaba a Madrid “Mazurka” desde Montevideo y en algún diario nacional se afirmaba que había fichado por el Valencia por 300.000 dólares (casi 17 millones de ptas.). Pocos días después aterrizaba en Granada y se incorporaba por dos años a la disciplina del club rojiblanco, dirigido técnicamente por Joseíto. Como compañeros de demarcación contaba el Granada por entonces con Izcoa y con Pepe Navarro. Lo que costó su fichaje no lo sabemos con exactitud, pero parece que finalmente la operación quedó cerrada en 8 millones.
En primera instancia su documentación como hijo de españoles fue mirada y remirada en busca de irregularidades pues en esos momentos estaba en pleno apogeo la polvareda que levantaron los clubes vascos en contra de los falsos oriundos, que por entonces eran legión en el fútbol español. Por esa razón no obtuvo el plácet de las autoridades federativas hasta un mes después, ya en noviembre, cuando Izcoa era el portero menos goleado de Primera División.




Sus características más destacables como guardameta eran las propias de un gran golero: muy bueno bajo palos, grandes reflejos y una gran seguridad en las salidas y los despejes. Pero de esas cualidades, los granadinistas sabemos más por lo que pudimos ver por TV, cuando defendía la celeste o la aurinegra, o por lo que leíamos en los muchísimos textos que de Mazurkiewicz nos hablan, que por lo que pudimos comprobar mientras defendió los colores rojiblancos.
Por fin su debut como granadinista se produjo en la  competición que se llamó Liga Andaluza, campeonato de reservas que la 74-75 llegaba a su cuarta edición y que disputaban los equipos andaluces de Primera (Betis, Málaga y Granada) y Segunda (Sevilla, Córdoba, Huelva y Cádiz), más el Linares de Tercera. El 18 de diciembre de 1974, en Los Cármenes el Granada derrotó al Córdoba 2-1. Era aquella una liga no oficial que se empezó a jugar en 1971 y llegó hasta 1976, con partidos que se jugaban entre semana y servían para que los suplentes se reivindicaran y para hacer todo tipo de probaturas. Se trataba de un partido no oficial, casi como un amistoso, pero la presencia del uruguayo en la alineación titular del Granada convocó a un buen número de hinchas que al final se fueron como habían llegado, es decir, sin ver prácticamente parar a Mazurkiewicz porque los cordobeses apenas inquietaron su portería salvo en la acción de su único gol en la que, por cierto, no estuvo muy afortunado el uruguayo.
Continuó Mazurkiewicz jugando casi de forma exclusiva en esta liga andaluza porque en el primer equipo seguía Izcoa cuajando buenas actuaciones que no aconsejaban su relevo. Y como nota común a sus intervenciones en esta competición menor se puede hablar de que el uruguayo seguía siendo un desconocido para los aficionados porque aquellos partidos no daban mucha oportunidad para el lucimiento. Así hasta que en la jornada 20 y tras salir el Granada goleado 4-0 del Insular entendió Joseíto que se imponía el cambio de arqueros. De esta manera, el 16 de febrero de 1975, en Los Cármenes y con visita del Español, se produjo por fin de forma oficial su debut en nuestro fútbol. Pero ocurrió que en un partido muy malo y que acabó en empate a cero los delanteros españolistas tampoco prodigaron el disparo y se puede hablar de que Mazurkiewicz volvió a quedar inédito.
A la jornada siguiente tocaba viajar a Vigo y en Balaídos fue el Granada derrotado 3-0. Mazurkiewicz volvió a ocupar la meta rojiblanca y, según las crónicas, quizás se le podría reprochar algo en sólo uno de los tres goles encajados. En esta ocasión los delanteros contrarios sí lo sometieron a un trabajo continuo, pero como el partido se jugó muy lejos de Granada y por entonces no se televisaban todos, como ahora, el caso es que los granadinistas volvimos a quedarnos sin ver en acción al crack uruguayo.
Joseíto después de la derrota ante el Celta puso otra vez a Izcoa y ya no volvió Mazurkiewicz a alinearse en un partido oficial. A la temporada siguiente, con Miguel Muñoz de entrenador, una de sus primeras decisiones fue la de cortar a Mazurka, por lo que nuevamente nos quedamos los hinchas granadinos sin poder apreciar sus cualidades de gran arquero. Finalmente, en febrero de 1976 se volvió al Peñarol, ahora traspasado por el Granada, que así recuperó parte de lo invertido en este portero de fama mundial que no tuvo suerte en su corta aventura española. Sólo dos partidos es su bagaje en el fútbol patrio.
Todo hace indicar que sus intenciones no eran ni mucho menos las de pasar furtivamente por nuestro país sino todo lo contrario, que lo que quería era echar raíces aquí ya que mientras estuvo en nuestra tierra se asoció con su compañero de equipo, Luis Oruezábal, para poner a medias un restaurante. El restaurante abrió sus puertas en 1975 con el nombre de “Chikito, uno de los apodos con que era conocido Mazurkiewicz por ser algo corto de talla para su profesión de guardameta. Desde ese año su alias es en Granada sinónimo de buen comer y de granadinismo.


domingo, 22 de febrero de 2015

EL ONCE FANTASMA



Para solicitar un ejemplar firmado y dedicado por el autor dirigirse a jlramostorres@gmail.com (20 €)
 

                Los primeros pasos del Granada CF se cuentan en este trabajo, en el que se contienen los avatares por los que atravesó la entidad entre 1931 y 1936, y como telón de fondo los acontecimientos ciudadanos ocurridos en Granada en unos años especialmente revueltos como son los de la II República Española.

                Si quieres un ejemplar de EL ONCE FANTASMA firmado y dedicado por el autor, solicítalo en jlramostorres@gmail.com (20 €)
 
 

viernes, 20 de febrero de 2015

GRANADA-MÁLAGA, UNA CORDIAL RIVALIDAD


Chiste de Miranda sobre el Malacitano 1 Recreativo 2 de 10/12/33
 

            Granada y Málaga, como corresponde a vecinos bien avenidos, siempre fueron cordiales rivales, y no sólo en lo estrictamente deportivo. Ahora mismo la rivalidad granadino-malagueña ya poco se parece a lo que fue. Los tiempos son muy distintos, también las mentalidades y la urbanidad. Pero en los anales históricos del Granada y del Málaga hay abundante material de donde extraer sabrosos relatos de enfrentamientos (usado aquí el término con bastante propiedad) entre los equipos representativos de ambas ciudades que a la vez pueden servir para retratar la realidad de la sociedad del momento en que ocurrieron.

 

            Así, acudiendo a las hemerotecas, constatamos que el denominador común de los primeros partidos entre granadinos y malagueños de la historia es la abundancia de incidentes que se ocasionaban, dentro y fuera de los terrenos de juego, de modo que muchas veces las reseñas de aquellos partidos están a caballo entre la crónica deportiva y la de sucesos. Es este un fenómeno que se da en prácticamente todos los choques (vuelve aquí a emplearse con propiedad el término) granadino-malacitanos de los años treinta. Posteriormente, conforme avanzamos en el tiempo y va evolucionando la sociedad española, van también descargándose de ferocidades los partidos entre unos y otros hasta llegar a la paz total y a la cordialidad (casi fraternidad, se podría decir) de los tiempos actuales.

 

            Cronológicamente, los primeros escarceos entre granadinos y malagueños con un balón redondo por enmedio ocurrieron en los años veinte del siglo pasado. Por aquellos años en Granada la rivalidad futbolera no traspasaba los límites de la ciudad. Era una fiera rivalidad de andar por casa que ejercían dos clubes locales que respondían a los nombres de Real España y Real Español. El primero de ellos tiene cierta significación en la historia del fútbol malagueño puesto que junto al Málaga FC estrenó el que por muchos años fue el principal recinto deportivo malacitano, el campo de los Baños del Carmen. El 23 de agosto de 1922 Málaga FC y Real España inauguraron oficialmente este campo situado casi sobre la misma playa, que fue el mejor con el que contó Málaga hasta la construcción en 1941 de La Rosaleda. En tremendo palizón (escardón decimos en Graná), 11-1 a favor de los locales, acabó aquel partido inaugural. Por su parte, el otro equipo granadino con significación en la década de los veinte, el Real Español, tras proclamarse campeón granadino frente a su rival España, participó a finales de 1924 en el que se llamó torneo de tercera categoría, lo que le llevó a enfrentarse con clubes de otras provincias, entre ellos el Málaga FC y el CD Malagueño.

 
Formación del Recreativo que venció 2-0 en Los Cármenes al Malacitano el 27/10/35
 


            Los dos clubs granadinos de los felices veinte no sobrevivieron a la década. Su lugar en las preferencias deportivas vino a ocuparlo a partir de 1931 el Granada CF, que fue fundado en ese año con el nombre de Recreativo Granada e inscrito en el campeonato de liga instituido tres años antes, en donde empezó a competir en la categoría 3ª Regional, el quinto y más bajo nivel por entonces. Al nuevo club le fue muy bien desde el principio y sólo dos temporadas después ya militaba en categoría nacional, Tercera División.

 

            De esta forma, en la jornada segunda de la temporada 1933-34 del grupo 6º de tercera, subdivisión B (integrado únicamente por Recreativo, Malacitano y Jerez, por renuncia del Ath. Almería, que pasó a jugar en el grupo levantino), asistimos al nacimiento oficial de la larga rivalidad Granada-Málaga. Esto ocurrió el domingo 10 de diciembre de 1933. Ese día, sobre el césped del desaparecido campo de los Baños del Carmen, se enfrentaban el recién constituido CD Malacitano (por fusión de Málaga y Malagueño) y el Recreativo Granada. Albarracín; Otilio, Gamero; Chales, Adorna, Cueto; Meri, Tomasín, Casero, Villanueva y Berruezo jugaron de blanco entero por el Malacitano. Tabales; Tomé Carrera; Morales, Itarte, Herranz; Juanele, Gomar, Calderón, Luque y Aguileño, formaban para el Recreativo, con su uniforme de camiseta azul y blanca a rayas verticales (sus colores oficiales) y pantalón azul. Era la primera vez en la historia que Recreativo y Malacitano se enfrentaban, no existía ni siquiera el precedente de un amistoso. Fue un estreno que trajo cola.

 

            El partido lo ganó el Recreativo 1-2, ambos tantos forasteros conseguidos por su estrella, el centro delantero muy goleador Calderón (que después de la Guerra Civil fue malacitanista). Pero este partido tiene mucha más historia por lo que ocurrió, dentro y fuera del terreno de juego, que por la exquisitez futbolera que pudo verse. Las crónicas de los diarios granadinos coinciden en que aquello fue más una batalla que un match deportivo. Según esas crónicas, todo iba bien y sin incidentes hasta que el Recreativo consiguió el 0-2, a algo más de veinte minutos para el final. A partir de ese momento se desataron las hostilidades hacia todo lo granadino, y lo más gordo ocurrió cuando los locales consiguieron su gol, un tanto que el colegiado sevillano Gutiérrez no señaló en primera instancia pero que se vio obligado a conceder ante el tremendo follón que se organizó, con invasión masiva del terreno de juego y agresión al trencilla, que quedó del todo maltrecho y sangrante. En medio de la refriega, el más perjudicado fue el directivo recreativista y delegado Paco Cristiiá, materialmente linchado a paraguazos y bofetadas por una multitud de beniurriagueles descontrolados y ante los que muy poco podía hacer la pareja de números de la Benemérita que como toda seguridad allí estaba presente, que también recibieron lo suyo hasta que fuerzas de Asalto comenzaron a llegar y se pudo restablecer el orden y terminar de jugarse los pocos minutos que quedaban.

 

            Los años de la II República española, los pocos años que alcanzó a imperar aquel régimen democrático, casi nunca fueron lo que se dice pacíficos, tampoco lo eran en la fecha en la que se jugó este partido que inaugura la rivalidad granadino-malagueña. Así, los graves incidentes ocurridos en Baños del Carmen estuvieron en realidad en consonancia con la situación que en gran parte de España se vivía en aquellos precisos momentos, ya que la victoria de las derechas en las elecciones de mediados de noviembre de 1933, que da inicio al llamado Bienio Negro, motivó que a partir del 9 de diciembre se convocara por los sindicatos anarquistas una huelga revolucionaria en gran parte del territorio nacional y volvieran a arder conventos e iglesias por toda la piel de toro, como había ocurrido dos años antes. Concretamente en Granada fueron incendiados varios templos albaicineros.

 

            Menos de un mes después de este partido, el 31 de diciembre, volvieron a verse las caras los dos contendientes en la jornada cuarta y última de aquella cortísima liga, ahora en Granada, en el destartalado y minúsculo campo de tierra que se conoció con el nombre de las Tablas, por estar construido entero en madera de chopo, que fue el primer campo del Recreativo Granada, antes de levantarse Los Cármenes. El Recreativo volvió a imponerse a su rival (3-1) y quedó campeón de grupo, accediendo a fase de ascenso a Segunda División en la que no tuvo suerte. Las crónicas de que disponemos de aquel evento no reseñan incidentes de gravedad. Sí que los hubo a la temporada siguiente, en la fase previa de ascenso en que tomaron parte granadinos y malagueños, tanto a la ida en Málaga como a la vuelta en Granada.

 

            La rivalidad Granada-Málaga, como queda dicho, existió desde el mismo momento en que ambos clubes se vieron las caras. Pero otra constante es que, para acentuar aún más esa rivalidad, sus destinos parecieron ir de la mano también desde ese primer momento, de modo que el primer ascenso a Segunda División de sus respectivas historias tiene la misma fecha: 18 de noviembre de 1934, en el campo de las Tablas, en el partido que cerraba la fase de ascenso con que se inició la temporada 1934-35 y que disputaron nuestros dos protagonistas en unión de Jerez y Onuba. Ganó el Recreativo 2-1, pero tanto los locales como los visitantes ascendieron esa misma tarde como primero y segundo clasificados, dándose la curiosidad de que los dos terminaron empatados en todo, tanto en puntos como en golaveraje particular como en número de goles a favor y en contra, aunque el Malacitano fue el campeón por los resultados de sus partidos contra otros equipos. A pesar de la celebración deportiva, a la terminación de aquel partido, con Granada en gran parte cubierta de nieve, hubo pedradas por doquier, lesionados camino de la casa de socorro y abundantes carreras delante de guardias de Asalto.

 

 

martes, 10 de febrero de 2015

LA CÓLERA DE AGUIRRE




            Dicen de él que era la encarnación del mal sobre el terreno de juego, que no tenía piedad con los contrarios y que para simplemente hablar con él o cruzárselo por la calle había que ir prevenido con canilleras. Una ilustre pluma de la cosa futbolera le atribuye incluso la responsabilidad última del episodio de conflictividad que experimentó el fútbol español a principios de los años setenta, y dice de él que su aterrizaje en la piel de toro  fue la causa principal de que algunos “angelitos” defensas de por entonces se asilvestraran y así diera comienzo una etapa de excesiva dureza en el balompié patrio. Hay hasta una web que lo define como el prototipo del jugador violento, y añade que tenía dos apellidos y pegaba en proporción por cada uno. Esa misma web realizó hace algún tiempo una encuesta para establecer una clasificación de jugadores argentinos de todas las épocas que se hubieran destacado por su dureza, con el resultado de que quien ocupó el primer puesto del ranking de raspadores, a mucha distancia del siguiente, fue quien nos ocupa, Ramón Alberto Aguirre Suárez (Ceballos, provincia de Tucumán, 18/10/1944-La Plata, 29/05/2013).

             Exageraciones aparte, hay que decir que esa no precisamente ejemplar fama de Aguirre Suárez es merecida y fue ganada a pulso. Primero en su tierra, en el club Estudiantes de la Plata, con el que formando parte de una quinta irrepetible de futbolistas, “La tercera que mata” (de la que también formaban parte Bilardo y Verón entre otros) y de la mano de Osvaldo Zubeldia, ganó tres copas Libertadores y una Intercontinental, y a la vez se convirtió en más de una ocasión en huésped de Villa Devoto, destino previsto por el presidente de facto de la República Argentina, general Onganía, para los deportistas contumaces que se distinguieran por su juego recio. En la lóbrega gayola de Devoto, que ya había visitado Aguirre Suárez en ocasiones anteriores, en unión de algunos de sus conmilitones purgó durante treinta días los excesos cometidos sobre el césped de la Bombonera bonaerense en el partido de vuelta de la final Intercontinental de 1969, frente al Milán, legendario (pero no en el buen sentido de la palabra) partido aquel sobre el que han corrido auténticos ríos de tinta y al que corresponde una foto que explica y resume lo que allí pasó y que ha dado varias veces la vuelta al mundo, la del delantero franco-argentino del Milán Combin, deshecho, ensangrentado, literalmente para el arrastre tras experimentar en carnes propias las “carantoñas” de Aguirre Suárez y compañía.
 
 

En 1971 el Granada pagó siete millones al equipo pincharrata por la ficha de este defensa ya convertido en leyenda, y a su primer entrenamiento en Los Cármenes acudieron varios miles de hinchas. Eran tiempos de ley seca en el que estaban prohibidos los futbolistas extranjeros, por lo que su ingreso en el fútbol español lo fue por la puerta falsa de la oriundez, con una documentación postiza de hijo de emigrantes navarros (más concretamente de “Osasuna”) y nacionalidad paraguaya, aunque compañeros de equipo de por entonces llegaron a verle exhibir hasta cinco pasaportes diferentes, según cuenta Ramón Ramos. Aquel tipo de regular estatura, morocho y con rasgos mestizos, que afirmaba contar veinticinco primaveras si bien a simple vista se le apreciaban algunas más, se convirtió inmediatamente y durante tres años en insustituible en el Granada CF, en su puesto de líbero o defensa de cierre, último defensor por detrás de la línea de tres y que no marcaba a nadie en concreto, posición de apagafuegos hoy en desuso pero que en aquellos años era de las más importantes en cada equipo.

 Tecleando en Google las palabras Ramón Alberto Aguirre Suárez obtenemos 1.740.000 resultados. Y es que estamos ante un futbolista de fama mundial aunque, claro, esa nombradía la ganó más por sus facetas negativas que por sus virtudes futboleras. Que también las tenía. De eso podemos dar fe los hinchas granadinistas que tuvimos la suerte de verlo vestir la rojiblanca durante tres temporadas, entre 1971 y 1974, que coinciden (71-72 y 73-74, sexto en Primera División) con las mejores clasificaciones históricas del Granada CF hasta el momento.     

 En el fútbol español acrecentó su fama leñadora, principalmente tras sus actuaciones frente al Valencia y frente al Madrid. El valencianista Forment y el madridista Santillana podrían asegurar que la leyenda no era ni mucho menos inventada ni estaba magnificada. Y esa funesta fama se hizo extensiva a todo el equipo del Granada CF de los primeros setenta, recordado también de forma injusta más por los affaires que ocasionaron algunos de sus integrantes que por el buen juego que realizaba. En España Aguirre Suárez volvió a dar que hablar bastante más por “sus cosas” que por su buen hacer, olvidando que también abundaron las tardes de juego elegante y con toque de clase del argentino, que defendía con contundencia en unión de su más famosa pareja, el paraguayo Pedro Fernández, pero que también sacaba desde atrás muy bien jugado el balón para que entre el cordobés Rafa Jaén y el canario sabio Vicente construyeran grandísimas jugadas de ataque aprovechando las subidas por la derecha del lateral De la Cruz, el segundo internacional A de toda la historia del Granada (desde Millán en 1945), y la gran velocidad de Lasa y la pillería de Porta para hacer goles a pares, aprovechando la pelea con los defensas de Barrios. Con Joseíto en el banquillo el Granada quedó sexto en la 71-72, su mejor clasificación histórica (repetida dos años después), y ganó en Los Cármenes a todos los grandes.

            Recientemente ha fallecido este mito del fútbol mundial. Poco antes de su muerte la revista As Color publicó un excelente y conmovedor reportaje donde podemos ver a un descangallado y fané Aguirre Suárez campaneando la vejez, enfundado en una camiseta negra en la que destaca la silueta azul de un toro y debajo se lee Granada, a la que añora y quiere volver de visita. Los últimos años de su existencia fueron un calvario para el argentino, años de soledad y de penurias físicas y también económicas. Un accidente cerebrovascular sufrido hace siete años le obligó a cerrar su negocio, el bar Granada, en la esquina de las calles 6 y 48 de La Plata, y lo recluyó en su domicilio al paralizarle su mitad derecha. En el momento de la entrevista apenas puede valerse con la ayuda de un bastón y ni siquiera puede hablar con los autores del reportaje.

            El denominador común de las muchísimas necrológicas que se le han dedicado ha sido que todas han resaltado su fama de killer, de terror de los delanteros contrarios, y han abundado los calificativos en esa línea, sobre todo los que lo han definido como un futbolista excesivamente rudo, y sobre esto al menos los granadinistas tenemos algo que decir.

            Los granadinistas nos orgullecemos de la importante parte de nuestra historia que llena Aguirre Suárez y siempre le estaremos agradecidos por su entrega en defensa de nuestros colores y por hacernos ver un Granada ganador, independientemente de los métodos que usara, que tampoco él los inventó ni era el único que los practicaba. El propio Aguirre podría haber hecho suya aquella letra del viejo tango: Se dice de mí que soy fiera, que camino a lo malevo, que soy chueca y que me muevo con un aire compadrón… Pero lo que nadie podrá decir de Aguirre Suárez, al menos mientras jugó en el Granada, es que fuera un defensa rudo. Rudo no era. Aguirre Suárez podría ser sucio, incluso violento, y abusar del que se llama juego subterráneo, el que casi ve sólo el que lo sufre, especialmente si, como pasaba, no había veinte cámaras de televisión en cada partido, pero no era ni mucho menos un defensa tosco.