EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



martes, 8 de diciembre de 2015

MAZURKIEWICZ, UN GRANADINISTA DESCONOCIDO




            Ladislao Mazurkiewicz Iglesias, en su tiempo considerado el mejor portero del mundo, es un nombre muy conocido de todo el futbolerismo por haber jugado más de ochenta partidos con la selección charrúa y haber participado en tres mundiales, Inglaterra 1966, México 1970 y Alemania 1974. En el de 1970, el Mundial del “jogo bonito” en el que Uruguay acabó cuarta, fue designado mejor portero e incluido en el once ideal del certamen. En ese campeonato mundial, aparte de su gran actuación que acabó de consagrarlo, fue Mazurkiewicz protagonista involuntario de uno de los dos famosísimos “no goles” de “O Rei”, Pelé, con aquella jugada en la que sin tocar el cuero fintó la desesperada salida fuera del área del guardameta uruguayo para encarar la portería desguarnecida, un clásico del que sigue siendo considerado el mejor Mundial de todos los celebrados, tan clásico como la otra genialidad de Pelé en México 70, que tampoco fue gol, con disparo desde el centro del campo a la portería del checo Viktor.
También es muy conocido Mazurkiewicz por su gran palmarés como jugador de club: tres ligas uruguayas con el que fue el equipo de sus triunfos, el Peñarol, más una Copa Libertadores y una Intercontinental (ganada al R. Madrid Ye-yé en 1966).
Lo que ya no es tan conocido es que esta figura legendaria del deporte jugó en el fútbol español.
Fallecido recientemente, su desaparición fue noticia de difusión mundial en todos los medios dedicados al fútbol, que volvieron a exponer su sobresaliente palmarés como golero internacional. Lo que uno ha echado de menos en ese maremágnum de necrológicas es que en una buena parte de ellas han olvidado (o lo ignoraban) incluir que entre septiembre de 1974 y febrero de 1976 Mazurkiewicz militó en un club español. Seguramente si su periplo hispano hubiera transcurrido enrolado en uno de los grandes de nuestro fútbol no se habrían olvidado de este dato, pero resulta que mientras estuvo entre nosotros perteneció a un club modesto, al Granada CF. Además, no se puede decir que le acompañaran precisamente los éxitos mientras fue granadinista.
            Natural de Piriápolis, departamento de Maldonado, donde nació en 1945, debutó con los aurinegros de Peñarol con sólo 18 años y desde ese momento se hizo con la titularidad indiscutible. También indiscutible sería su presencia en la selección uruguaya a partir de 1966, sin haber cumplido aún los 21. Tras militar siete temporadas en el equipo carbonero pasó al fútbol brasileño, y del club Atlético Mineiro de Belo Horizonte lo fichó el Granada CF en septiembre de 1974, tan sólo tres meses después de disputar su último Mundial, el de Alemania 1974.
            «Mazurkievitz (sic), internacional uruguayo, nuevo portero del Granada», titula su sección deportiva el diario Ideal de 12 de septiembre de 1974. Desde la temporada anterior, 73-74, por primera vez desde hacía bastantes años se permitía a los clubs españoles fichar jugadores extranjeros, pero se limitaba su número a dos por equipo, y en esas fechas el Granada ya tenía ocupadas esas dos plazas con el también uruguayo Montero Castillo y con el austriaco Parits, así que Mazurkiewicz, de ascendencia polaca por parte de padre y española por parte de madre (del pueblo coruñés de Riacho) ingresó en nuestro fútbol como oriundo, es decir, como hijo de españoles y ciudadano español a efectos legales, con pasaporte y DNI. Un mes después, en octubre, llegaba a Madrid “Mazurka” desde Montevideo y en algún diario nacional se afirmaba que había fichado por el Valencia por 300.000 dólares (casi 17 millones de ptas.). Pocos días después aterrizaba en Granada y se incorporaba por dos años a la disciplina del club rojiblanco, dirigido técnicamente por Joseíto. Como compañeros de demarcación contaba el Granada por entonces con Izcoa y con Pepe Navarro. Lo que costó su fichaje no lo sabemos con exactitud, pero parece que finalmente la operación quedó cerrada en 8 millones.
En primera instancia su documentación como hijo de españoles fue mirada y remirada en busca de irregularidades pues en esos momentos estaba en pleno apogeo la polvareda que levantaron los clubes vascos en contra de los falsos oriundos, que por entonces eran legión en el fútbol español. Por esa razón no obtuvo el plácet de las autoridades federativas hasta un mes después, ya en noviembre, cuando Izcoa era el portero menos goleado de Primera División.




Sus características más destacables como guardameta eran las propias de un gran golero: muy bueno bajo palos, grandes reflejos y una gran seguridad en las salidas y los despejes. Pero de esas cualidades, los granadinistas sabemos más por lo que pudimos ver por TV, cuando defendía la celeste o la aurinegra, o por lo que leíamos en los muchísimos textos que de Mazurkiewicz nos hablan, que por lo que pudimos comprobar mientras defendió los colores rojiblancos.
Por fin su debut como granadinista se produjo en la  competición que se llamó Liga Andaluza, campeonato de reservas que la 74-75 llegaba a su cuarta edición y que disputaban los equipos andaluces de Primera (Betis, Málaga y Granada) y Segunda (Sevilla, Córdoba, Huelva y Cádiz), más el Linares de Tercera. El 18 de diciembre de 1974, en Los Cármenes el Granada derrotó al Córdoba 2-1. Era aquella una liga no oficial que se empezó a jugar en 1971 y llegó hasta 1976, con partidos que se jugaban entre semana y servían para que los suplentes se reivindicaran y para hacer todo tipo de probaturas. Se trataba de un partido no oficial, casi como un amistoso, pero la presencia del uruguayo en la alineación titular del Granada convocó a un buen número de hinchas que al final se fueron como habían llegado, es decir, sin ver prácticamente parar a Mazurkiewicz porque los cordobeses apenas inquietaron su portería salvo en la acción de su único gol en la que, por cierto, no estuvo muy afortunado el uruguayo.
Continuó Mazurkiewicz jugando casi de forma exclusiva en esta liga andaluza porque en el primer equipo seguía Izcoa cuajando buenas actuaciones que no aconsejaban su relevo. Y como nota común a sus intervenciones en esta competición menor se puede hablar de que el uruguayo seguía siendo un desconocido para los aficionados porque aquellos partidos no daban mucha oportunidad para el lucimiento. Así hasta que en la jornada 20 y tras salir el Granada goleado 4-0 del Insular entendió Joseíto que se imponía el cambio de arqueros. De esta manera, el 16 de febrero de 1975, en Los Cármenes y con visita del Español, se produjo por fin de forma oficial su debut en nuestro fútbol. Pero ocurrió que en un partido muy malo y que acabó en empate a cero los delanteros españolistas tampoco prodigaron el disparo y se puede hablar de que Mazurkiewicz volvió a quedar inédito.
A la jornada siguiente tocaba viajar a Vigo y en Balaídos fue el Granada derrotado 3-0. Mazurkiewicz volvió a ocupar la meta rojiblanca y, según las crónicas, quizás se le podría reprochar algo en sólo uno de los tres goles encajados. En esta ocasión los delanteros contrarios sí lo sometieron a un trabajo continuo, pero como el partido se jugó muy lejos de Granada y por entonces no se televisaban todos, como ahora, el caso es que los granadinistas volvimos a quedarnos sin ver en acción al crack uruguayo.
Joseíto después de la derrota ante el Celta puso otra vez a Izcoa y ya no volvió Mazurkiewicz a alinearse en un partido oficial. A la temporada siguiente, con Miguel Muñoz de entrenador, una de sus primeras decisiones fue la de cortar a Mazurka, por lo que nuevamente nos quedamos los hinchas granadinos sin poder apreciar sus cualidades de gran arquero. Finalmente, en febrero de 1976 se volvió al Peñarol, ahora traspasado por el Granada, que así recuperó parte de lo invertido en este portero de fama mundial que no tuvo suerte en su corta aventura española. Sólo dos partidos es su bagaje en el fútbol patrio.
Todo hace indicar que sus intenciones no eran ni mucho menos las de pasar furtivamente por nuestro país sino todo lo contrario, que lo que quería era echar raíces aquí ya que mientras estuvo en nuestra tierra se asoció con su compañero de equipo, Luis Oruezábal, para poner a medias un restaurante. El restaurante abrió sus puertas en 1975 con el nombre de “Chikito, uno de los apodos con que era conocido Mazurkiewicz por ser algo corto de talla para su profesión de guardameta. Desde ese año su alias es en Granada sinónimo de buen comer y de granadinismo.


domingo, 22 de febrero de 2015

EL ONCE FANTASMA



Para solicitar un ejemplar firmado y dedicado por el autor dirigirse a jlramostorres@gmail.com (20 €)
 

                Los primeros pasos del Granada CF se cuentan en este trabajo, en el que se contienen los avatares por los que atravesó la entidad entre 1931 y 1936, y como telón de fondo los acontecimientos ciudadanos ocurridos en Granada en unos años especialmente revueltos como son los de la II República Española.

                Si quieres un ejemplar de EL ONCE FANTASMA firmado y dedicado por el autor, solicítalo en jlramostorres@gmail.com (20 €)
 
 

viernes, 20 de febrero de 2015

GRANADA-MÁLAGA, UNA CORDIAL RIVALIDAD


Chiste de Miranda sobre el Malacitano 1 Recreativo 2 de 10/12/33
 

            Granada y Málaga, como corresponde a vecinos bien avenidos, siempre fueron cordiales rivales, y no sólo en lo estrictamente deportivo. Ahora mismo la rivalidad granadino-malagueña ya poco se parece a lo que fue. Los tiempos son muy distintos, también las mentalidades y la urbanidad. Pero en los anales históricos del Granada y del Málaga hay abundante material de donde extraer sabrosos relatos de enfrentamientos (usado aquí el término con bastante propiedad) entre los equipos representativos de ambas ciudades que a la vez pueden servir para retratar la realidad de la sociedad del momento en que ocurrieron.

 

            Así, acudiendo a las hemerotecas, constatamos que el denominador común de los primeros partidos entre granadinos y malagueños de la historia es la abundancia de incidentes que se ocasionaban, dentro y fuera de los terrenos de juego, de modo que muchas veces las reseñas de aquellos partidos están a caballo entre la crónica deportiva y la de sucesos. Es este un fenómeno que se da en prácticamente todos los choques (vuelve aquí a emplearse con propiedad el término) granadino-malacitanos de los años treinta. Posteriormente, conforme avanzamos en el tiempo y va evolucionando la sociedad española, van también descargándose de ferocidades los partidos entre unos y otros hasta llegar a la paz total y a la cordialidad (casi fraternidad, se podría decir) de los tiempos actuales.

 

            Cronológicamente, los primeros escarceos entre granadinos y malagueños con un balón redondo por enmedio ocurrieron en los años veinte del siglo pasado. Por aquellos años en Granada la rivalidad futbolera no traspasaba los límites de la ciudad. Era una fiera rivalidad de andar por casa que ejercían dos clubes locales que respondían a los nombres de Real España y Real Español. El primero de ellos tiene cierta significación en la historia del fútbol malagueño puesto que junto al Málaga FC estrenó el que por muchos años fue el principal recinto deportivo malacitano, el campo de los Baños del Carmen. El 23 de agosto de 1922 Málaga FC y Real España inauguraron oficialmente este campo situado casi sobre la misma playa, que fue el mejor con el que contó Málaga hasta la construcción en 1941 de La Rosaleda. En tremendo palizón (escardón decimos en Graná), 11-1 a favor de los locales, acabó aquel partido inaugural. Por su parte, el otro equipo granadino con significación en la década de los veinte, el Real Español, tras proclamarse campeón granadino frente a su rival España, participó a finales de 1924 en el que se llamó torneo de tercera categoría, lo que le llevó a enfrentarse con clubes de otras provincias, entre ellos el Málaga FC y el CD Malagueño.

 
Formación del Recreativo que venció 2-0 en Los Cármenes al Malacitano el 27/10/35
 


            Los dos clubs granadinos de los felices veinte no sobrevivieron a la década. Su lugar en las preferencias deportivas vino a ocuparlo a partir de 1931 el Granada CF, que fue fundado en ese año con el nombre de Recreativo Granada e inscrito en el campeonato de liga instituido tres años antes, en donde empezó a competir en la categoría 3ª Regional, el quinto y más bajo nivel por entonces. Al nuevo club le fue muy bien desde el principio y sólo dos temporadas después ya militaba en categoría nacional, Tercera División.

 

            De esta forma, en la jornada segunda de la temporada 1933-34 del grupo 6º de tercera, subdivisión B (integrado únicamente por Recreativo, Malacitano y Jerez, por renuncia del Ath. Almería, que pasó a jugar en el grupo levantino), asistimos al nacimiento oficial de la larga rivalidad Granada-Málaga. Esto ocurrió el domingo 10 de diciembre de 1933. Ese día, sobre el césped del desaparecido campo de los Baños del Carmen, se enfrentaban el recién constituido CD Malacitano (por fusión de Málaga y Malagueño) y el Recreativo Granada. Albarracín; Otilio, Gamero; Chales, Adorna, Cueto; Meri, Tomasín, Casero, Villanueva y Berruezo jugaron de blanco entero por el Malacitano. Tabales; Tomé Carrera; Morales, Itarte, Herranz; Juanele, Gomar, Calderón, Luque y Aguileño, formaban para el Recreativo, con su uniforme de camiseta azul y blanca a rayas verticales (sus colores oficiales) y pantalón azul. Era la primera vez en la historia que Recreativo y Malacitano se enfrentaban, no existía ni siquiera el precedente de un amistoso. Fue un estreno que trajo cola.

 

            El partido lo ganó el Recreativo 1-2, ambos tantos forasteros conseguidos por su estrella, el centro delantero muy goleador Calderón (que después de la Guerra Civil fue malacitanista). Pero este partido tiene mucha más historia por lo que ocurrió, dentro y fuera del terreno de juego, que por la exquisitez futbolera que pudo verse. Las crónicas de los diarios granadinos coinciden en que aquello fue más una batalla que un match deportivo. Según esas crónicas, todo iba bien y sin incidentes hasta que el Recreativo consiguió el 0-2, a algo más de veinte minutos para el final. A partir de ese momento se desataron las hostilidades hacia todo lo granadino, y lo más gordo ocurrió cuando los locales consiguieron su gol, un tanto que el colegiado sevillano Gutiérrez no señaló en primera instancia pero que se vio obligado a conceder ante el tremendo follón que se organizó, con invasión masiva del terreno de juego y agresión al trencilla, que quedó del todo maltrecho y sangrante. En medio de la refriega, el más perjudicado fue el directivo recreativista y delegado Paco Cristiiá, materialmente linchado a paraguazos y bofetadas por una multitud de beniurriagueles descontrolados y ante los que muy poco podía hacer la pareja de números de la Benemérita que como toda seguridad allí estaba presente, que también recibieron lo suyo hasta que fuerzas de Asalto comenzaron a llegar y se pudo restablecer el orden y terminar de jugarse los pocos minutos que quedaban.

 

            Los años de la II República española, los pocos años que alcanzó a imperar aquel régimen democrático, casi nunca fueron lo que se dice pacíficos, tampoco lo eran en la fecha en la que se jugó este partido que inaugura la rivalidad granadino-malagueña. Así, los graves incidentes ocurridos en Baños del Carmen estuvieron en realidad en consonancia con la situación que en gran parte de España se vivía en aquellos precisos momentos, ya que la victoria de las derechas en las elecciones de mediados de noviembre de 1933, que da inicio al llamado Bienio Negro, motivó que a partir del 9 de diciembre se convocara por los sindicatos anarquistas una huelga revolucionaria en gran parte del territorio nacional y volvieran a arder conventos e iglesias por toda la piel de toro, como había ocurrido dos años antes. Concretamente en Granada fueron incendiados varios templos albaicineros.

 

            Menos de un mes después de este partido, el 31 de diciembre, volvieron a verse las caras los dos contendientes en la jornada cuarta y última de aquella cortísima liga, ahora en Granada, en el destartalado y minúsculo campo de tierra que se conoció con el nombre de las Tablas, por estar construido entero en madera de chopo, que fue el primer campo del Recreativo Granada, antes de levantarse Los Cármenes. El Recreativo volvió a imponerse a su rival (3-1) y quedó campeón de grupo, accediendo a fase de ascenso a Segunda División en la que no tuvo suerte. Las crónicas de que disponemos de aquel evento no reseñan incidentes de gravedad. Sí que los hubo a la temporada siguiente, en la fase previa de ascenso en que tomaron parte granadinos y malagueños, tanto a la ida en Málaga como a la vuelta en Granada.

 

            La rivalidad Granada-Málaga, como queda dicho, existió desde el mismo momento en que ambos clubes se vieron las caras. Pero otra constante es que, para acentuar aún más esa rivalidad, sus destinos parecieron ir de la mano también desde ese primer momento, de modo que el primer ascenso a Segunda División de sus respectivas historias tiene la misma fecha: 18 de noviembre de 1934, en el campo de las Tablas, en el partido que cerraba la fase de ascenso con que se inició la temporada 1934-35 y que disputaron nuestros dos protagonistas en unión de Jerez y Onuba. Ganó el Recreativo 2-1, pero tanto los locales como los visitantes ascendieron esa misma tarde como primero y segundo clasificados, dándose la curiosidad de que los dos terminaron empatados en todo, tanto en puntos como en golaveraje particular como en número de goles a favor y en contra, aunque el Malacitano fue el campeón por los resultados de sus partidos contra otros equipos. A pesar de la celebración deportiva, a la terminación de aquel partido, con Granada en gran parte cubierta de nieve, hubo pedradas por doquier, lesionados camino de la casa de socorro y abundantes carreras delante de guardias de Asalto.

 

 

martes, 10 de febrero de 2015

LA CÓLERA DE AGUIRRE




            Dicen de él que era la encarnación del mal sobre el terreno de juego, que no tenía piedad con los contrarios y que para simplemente hablar con él o cruzárselo por la calle había que ir prevenido con canilleras. Una ilustre pluma de la cosa futbolera le atribuye incluso la responsabilidad última del episodio de conflictividad que experimentó el fútbol español a principios de los años setenta, y dice de él que su aterrizaje en la piel de toro  fue la causa principal de que algunos “angelitos” defensas de por entonces se asilvestraran y así diera comienzo una etapa de excesiva dureza en el balompié patrio. Hay hasta una web que lo define como el prototipo del jugador violento, y añade que tenía dos apellidos y pegaba en proporción por cada uno. Esa misma web realizó hace algún tiempo una encuesta para establecer una clasificación de jugadores argentinos de todas las épocas que se hubieran destacado por su dureza, con el resultado de que quien ocupó el primer puesto del ranking de raspadores, a mucha distancia del siguiente, fue quien nos ocupa, Ramón Alberto Aguirre Suárez (Ceballos, provincia de Tucumán, 18/10/1944-La Plata, 29/05/2013).

             Exageraciones aparte, hay que decir que esa no precisamente ejemplar fama de Aguirre Suárez es merecida y fue ganada a pulso. Primero en su tierra, en el club Estudiantes de la Plata, con el que formando parte de una quinta irrepetible de futbolistas, “La tercera que mata” (de la que también formaban parte Bilardo y Verón entre otros) y de la mano de Osvaldo Zubeldia, ganó tres copas Libertadores y una Intercontinental, y a la vez se convirtió en más de una ocasión en huésped de Villa Devoto, destino previsto por el presidente de facto de la República Argentina, general Onganía, para los deportistas contumaces que se distinguieran por su juego recio. En la lóbrega gayola de Devoto, que ya había visitado Aguirre Suárez en ocasiones anteriores, en unión de algunos de sus conmilitones purgó durante treinta días los excesos cometidos sobre el césped de la Bombonera bonaerense en el partido de vuelta de la final Intercontinental de 1969, frente al Milán, legendario (pero no en el buen sentido de la palabra) partido aquel sobre el que han corrido auténticos ríos de tinta y al que corresponde una foto que explica y resume lo que allí pasó y que ha dado varias veces la vuelta al mundo, la del delantero franco-argentino del Milán Combin, deshecho, ensangrentado, literalmente para el arrastre tras experimentar en carnes propias las “carantoñas” de Aguirre Suárez y compañía.
 
 

En 1971 el Granada pagó siete millones al equipo pincharrata por la ficha de este defensa ya convertido en leyenda, y a su primer entrenamiento en Los Cármenes acudieron varios miles de hinchas. Eran tiempos de ley seca en el que estaban prohibidos los futbolistas extranjeros, por lo que su ingreso en el fútbol español lo fue por la puerta falsa de la oriundez, con una documentación postiza de hijo de emigrantes navarros (más concretamente de “Osasuna”) y nacionalidad paraguaya, aunque compañeros de equipo de por entonces llegaron a verle exhibir hasta cinco pasaportes diferentes, según cuenta Ramón Ramos. Aquel tipo de regular estatura, morocho y con rasgos mestizos, que afirmaba contar veinticinco primaveras si bien a simple vista se le apreciaban algunas más, se convirtió inmediatamente y durante tres años en insustituible en el Granada CF, en su puesto de líbero o defensa de cierre, último defensor por detrás de la línea de tres y que no marcaba a nadie en concreto, posición de apagafuegos hoy en desuso pero que en aquellos años era de las más importantes en cada equipo.

 Tecleando en Google las palabras Ramón Alberto Aguirre Suárez obtenemos 1.740.000 resultados. Y es que estamos ante un futbolista de fama mundial aunque, claro, esa nombradía la ganó más por sus facetas negativas que por sus virtudes futboleras. Que también las tenía. De eso podemos dar fe los hinchas granadinistas que tuvimos la suerte de verlo vestir la rojiblanca durante tres temporadas, entre 1971 y 1974, que coinciden (71-72 y 73-74, sexto en Primera División) con las mejores clasificaciones históricas del Granada CF hasta el momento.     

 En el fútbol español acrecentó su fama leñadora, principalmente tras sus actuaciones frente al Valencia y frente al Madrid. El valencianista Forment y el madridista Santillana podrían asegurar que la leyenda no era ni mucho menos inventada ni estaba magnificada. Y esa funesta fama se hizo extensiva a todo el equipo del Granada CF de los primeros setenta, recordado también de forma injusta más por los affaires que ocasionaron algunos de sus integrantes que por el buen juego que realizaba. En España Aguirre Suárez volvió a dar que hablar bastante más por “sus cosas” que por su buen hacer, olvidando que también abundaron las tardes de juego elegante y con toque de clase del argentino, que defendía con contundencia en unión de su más famosa pareja, el paraguayo Pedro Fernández, pero que también sacaba desde atrás muy bien jugado el balón para que entre el cordobés Rafa Jaén y el canario sabio Vicente construyeran grandísimas jugadas de ataque aprovechando las subidas por la derecha del lateral De la Cruz, el segundo internacional A de toda la historia del Granada (desde Millán en 1945), y la gran velocidad de Lasa y la pillería de Porta para hacer goles a pares, aprovechando la pelea con los defensas de Barrios. Con Joseíto en el banquillo el Granada quedó sexto en la 71-72, su mejor clasificación histórica (repetida dos años después), y ganó en Los Cármenes a todos los grandes.

            Recientemente ha fallecido este mito del fútbol mundial. Poco antes de su muerte la revista As Color publicó un excelente y conmovedor reportaje donde podemos ver a un descangallado y fané Aguirre Suárez campaneando la vejez, enfundado en una camiseta negra en la que destaca la silueta azul de un toro y debajo se lee Granada, a la que añora y quiere volver de visita. Los últimos años de su existencia fueron un calvario para el argentino, años de soledad y de penurias físicas y también económicas. Un accidente cerebrovascular sufrido hace siete años le obligó a cerrar su negocio, el bar Granada, en la esquina de las calles 6 y 48 de La Plata, y lo recluyó en su domicilio al paralizarle su mitad derecha. En el momento de la entrevista apenas puede valerse con la ayuda de un bastón y ni siquiera puede hablar con los autores del reportaje.

            El denominador común de las muchísimas necrológicas que se le han dedicado ha sido que todas han resaltado su fama de killer, de terror de los delanteros contrarios, y han abundado los calificativos en esa línea, sobre todo los que lo han definido como un futbolista excesivamente rudo, y sobre esto al menos los granadinistas tenemos algo que decir.

            Los granadinistas nos orgullecemos de la importante parte de nuestra historia que llena Aguirre Suárez y siempre le estaremos agradecidos por su entrega en defensa de nuestros colores y por hacernos ver un Granada ganador, independientemente de los métodos que usara, que tampoco él los inventó ni era el único que los practicaba. El propio Aguirre podría haber hecho suya aquella letra del viejo tango: Se dice de mí que soy fiera, que camino a lo malevo, que soy chueca y que me muevo con un aire compadrón… Pero lo que nadie podrá decir de Aguirre Suárez, al menos mientras jugó en el Granada, es que fuera un defensa rudo. Rudo no era. Aguirre Suárez podría ser sucio, incluso violento, y abusar del que se llama juego subterráneo, el que casi ve sólo el que lo sufre, especialmente si, como pasaba, no había veinte cámaras de televisión en cada partido, pero no era ni mucho menos un defensa tosco.

 

jueves, 13 de marzo de 2014

LAS MÚSICAS DE FIDEL DEL CAMPO




El fútbol bien jugado es un arte y artistas pueden ser considerados algunos virtuosos del balón. Pero refiriéndonos a lo que clasícamente se ha entendido y se entinde por arte, hay unos pocos nombres vinculados a la historia del Granada CF que destacaron en facetas artísticas fuera de las estrictamente balompédicas. Son nuestros "artistas": Larrabeiti, jugador del Granada entre 1957 y 1963, tenor que en más de una ocasión actuó en las emisoras de radio locales y también cantó en la boda de algún compañero o en alguna otra ocasión señalada, aunque no sabemos si llegó en algún momento de su vida a dedicarse al canto de forma profesional. Por su parte, el fino y ciéntifico interior de los cuarenta que era Cesáreo Bachiller tocaba bastante bien el piano y recitaba sonatinas de Rubén Darío, pero, que sepamos, sus cualidades artísticas sólo las exhibió en alguna concentración pre partido y para espantar el aburrimiento. También Ricardo Martín Campos, el presidente del primer ascenso a Primera, en su juventud hizo sus pinitos literarios y poéticos en una revista quincenal que fundó junto a otros en 1918 con el ganivetiano nombre de Idearium, y que llegó a poner en circulación unos pocos números. Más modernamente podemos citar a Pepe Mel,  jugador granadinista entre 1993 y 1995, que es un novelista de éxito. Ahora que como artista universalmente reconocido y vinculado a la historia rojiblanca tenemos a Gabriel Morcillo, presidente (el tercero, tras Julio López y Enrique Carmona Ros) entre julio de 1932 y marzo de 1934, famosísimo y cotizado pintor para el que llegó a posar el mismísimo Franco en persona y uniforme de almirante de la mar oceána de opereta, con charreteras, bicornio emplumado y laureada autoconcedida.

Menos conocido es el que encabeza este escrito según caricatura de Miranda, Fidel del Campo, portero granadinista (recreativista) entre 1933 y 1935 y músico profesional después de colgar los guantes. Fichado en abril de 1933 por recomendación de Manolo Valderrama y para afrontar la segunda fase o liguilla por la que el Recreativo, que jugaba en 2ª Regional Preferente, buscaba el ascenso a Tercera División, ascenso que acabaría alcanzando. Su debut se produjo en una fecha muy señalada en la historia granadinista, la de 23 de abril de 1933, que fue cuando el Recreativo (el Granada CF) estableció el récord todavía vigente de su más amplia victoria en partido oficial, 11-0 al Jerez en el campo de las Tablas, también la única vez que nuestro equipo ha conseguido una cifra de goles de dos dígitos en un solo partido. Su mejor actuación recreativista se dio también precisamente contra el Jerez, pero en la vuelta, en el campo Domecq (la mejor de su carrera según el propio Del Campo), en el último partido de aquella liguilla, donde las grandísimas paradas del valenciano lograron evitar la derrota y así pudo el Recreativo terminar segundo (por detrás del Antequera), pero con derecho a ascender a Tercera, donde jugaría a la temporada siguiente.

Gerónimo Fidel del Campo García, valenciano de Ayora, llegó a Granada ya algo veterano procedente del Madrid (nada de Real en aquellos años republicanos), con el que apenas jugó puesto que tenía por delante nada menos que a Zamora. En el Recreativo tampoco se prodigó demasiado, sólo cuatro partidos de la 32-33 a pesar de que perteneció a nuestro equipo hasta 1935, pero es que si en el Madrid Zamora le había cerrado el paso, en Granada otro tanto le sucedió y a partir de su segunda temporada siempre fue suplente del pequeño gran Tabales. Después de desvincularse del Recreativo en 1935 se quedó por estas tierras y se estableció en Baza (donde una calle lleva su nombre) como director de su banda municipal de música. En Baza vivió y en su equipo jugó, pero no de portero sino de delantero centro, que esa fue su demarcación antes de colocarse bajo los palos según contó en entrevista para Ideal.

Fidel del Campo era aparte de gran futbolista un sobresaliente compositor. Cuando llegó a nuetra tierra ya tenía a sus espaldas una considerable obra musical a base de la música de moda por entonces: fox-trots, valses, pasodobles, chotis y alguna zarzuela, y a los pocos meses de su llegada, el 6 de julio de 1933, estrenó en el paseo del Salón, en un concierto de la banda municipal, el pasodoble «Corazón de oro», dedicado al presidente recreativista en esos momentos, Gabriel Morcillo Raya. Más tarde, ya después de nuestra guerra, fue autor de la banda sonora de al menos (que sepamos) dos películas españolas, cuyo programa de mano aquí insertamos: «El 13.000», de Ramón Quadreny, de 1941, y «Cuando pasa el amor», novelón de Pérez y Pérez llevado al cine por López de Varcálcel en 1942.

 

lunes, 4 de noviembre de 2013

PRESIDENTE VIRTUAL



Aterrizado D. Lorenzo Sanz en Granada en jet privado y recibido en olor (era plena canícula) de multitud, se reunió acto seguido con el muy deprimido granadinismo para exponer, urbi et affectio, qué le había traído a este profundo rincón del profundo sur peninsular: venía, no buscando pelotazos económicos, sino sólo en pos de hacer realidad las ilusiones de las buenas gentes; para ello estaba dispuesto a aportar o avalar lo que fuese necesario con el fin de celebrar con nosotros el ascenso en la plaza del pueblo (¿A qué plaza y a qué pueblo se referiría D. Lorenzo? ¿Le traicionó acaso el subconsciente?).

Desde que un mes antes se anunció que don Lorenzo Sanz quería involucrarse en la gestión de los destinos del por entonces muy hundido Granada CF, había subido la expectación entre la escuálida hinchada rojiblanca como hacía tiempo que no se veía. Es que eran ya tres años seguidos vegetando en el cuarto nivel del fútbol español y teniendo que comparecer en aldeas perdidas y en estadios que ni merecen ese nombre, y mientras tanto le habían surgido al Granada CF de nuestras entretelas competidores directos en su propia casa que querían arrebatarle una primacía en el deporte provincial que venía ya durando más de setenta años.

En cualquier caso, parte de lo prometido aquel memorable día de julio de 2005 se cumplió, y un año después celebrábamos el ascenso a Segunda B con la euforia que la cosa merecía, aunque en esa celebración no estuviera D. Lorenzo. Porque el patriarca de la saga se involucró sí, pero, hombre muy ocupado como es, ese involucramiento lo fue más en la parte económica. Para lo demás nos dejó a su dilecto hijo Paco.

Con Lorenzo Sanz estirando su bolsillo y con Paco Sanz gestionando la entidad, el Granada recuperó gran parte de su perdida identidad, lo primero de todo y principal, la afición, que volvía al calor de los inmediatos triunfos futboleros aunque éstos fueran modestos.

No obstante, uno se atrevería a decir que el encargo paterno nunca fue plato del total gusto de D. Francisco. Así parecen sugerirlo determinados aspectos de su comportamiento mientras fue máximo dirigente rojiblanco. El primero es que para regir al club nunca se estableció por estos pagos, prefirió hacerlo desde la comodidad de su domicilio madrileño y venir a Granada a ver los partidos y en alguna otra ocasión puntual. Por otra parte, tampoco pareció tener nunca muchas ganas de remangarse y arrimar el hombro en su nuevo tajo, un oficio que tiene ciertos gajes de despachos y pasillos, reuniones y sonrisas, discursos y mil gaitas y pejigueras, que a determinadas personalidades pueden hacérseles insufribles; un oficio que conlleva como exigencia fundamental el comportarse con diplomacia y representar a toda una colectividad -no sólo a una fracción- de forma seria y educada.

Justo lo contrario de lo que exhibió D. Paco en su aventura como gestor deportivo a la vera de la Alhambra. Desde casi el primer día se peleó con la práctica totalidad del colectivo granadino que se dedicaba a la información deportiva pues la más mínima crítica a cualquier aspecto de su gestión se traducía enseguida en el veto al plumilla o al medio en cuestión, al que no se atendía y al que no se trasladaban comunicados; hasta asistimos a una infantil pataleta traducida en la descabinización de una emisora de radio local por mantener comentaristas lenguaraces. D. Paco no quería codearse con según qué gente, pero sobre todo no quería complicaciones. Parecía encontrarse a sus anchas sólo entre los elogios incondicionales (e interesados) y de esta forma llegó un momento en que únicamente se relacionaba con una camarilla de aduladores con la que se comunicaba desde su casa de Madrid a través de Internet. Bajo el alias “Marcus”, era mucho más divertido mantener activos varios frentes de batalla y repartir a diario diatribas contra cualquiera que no estuviera en su onda y no manifestara una rendida admiración: periodistas, políticos, empresarios y hasta el Tato. Qué bien se lo pasaban Marcus y varios de sus directivos, secundados por su camarilla de pelotas, ejerciendo de forofos furibundos y jugando en la Red a ver quién la tiene más larga (la fe rojiblanca, naturalmente). Era un presidente virtual, como arriba nos lo pinta el Dr. Tapia, lejano, ausente, poco o nada propenso al diálogo y a buscar el entendimiento.

Para esa forma de ser y de actuar, ese distanciamiento, ese continuo guerrear, esa prepotencia, en Graná tenemos una palabra sonora y concluyente: malafollá (más que un pavo al trote, que se dice; claro que, en cuestiones malafollísticas, el que esté libre de culpas...). Y tales dosis de malafollá -para este mirón de la historia- sugieren lo ya apuntado, que D. Paco ejerció de presidente rojiblanco sin vocación alguna, a regañadientes.

Al principio no importaban demasiado las veleidades malafondísticas del virtual presidente, mientras las remesas monetarias madrileñas llegaban con regularidad todo marchaba bien y todo era optimismo, y hasta parecía que se planificaba con cabeza con vistas al futuro. Pero cuando las cosas vinieron mal dadas sólo le quedó como alternativa marcharse y ahí os quedáis, que no era concebible todo un señor Paco Sanz mendigando apoyos, y además de que no estaría ni por asomo en su pensamiento buscarse más complicaciones, a quién iba a recurrir, con la cantidad de enemistades que se ganó a pulso. La crisis económica acabó con el idilio, postró de rodillas sobre el césped de Los Cármenes a los futbolistas y quebrantó más de una adhesión inquebrantable.

Lo que había empezado muy bien vino a terminar muy mal. Antes de los cuatro años desde el aterrizaje de D. Lorenzo y en mitad de una temporada desapareció de la escena el apellido Sanz. Y fue al marcharse cuando nos despertamos a la cruda realidad. Gracias a Sanz habíamos por fin dicho adiós a la maldita Tercera División, pero esto no había salido gratis ni muchísimo menos: el sanzismo consiguió un récord muy difícil de igualar como fue el de casi duplicar la deuda del club -que ya era bien gorda- en el muy corto periodo de tres años y medio. Herido de muerte quedó el Granada CF cuando se acabó el sanzismo. Sólo el milagro Pozzo-Pina, con la intermediación de Cuerva, vinieron a remediar el estropicio.

domingo, 6 de octubre de 2013

POR MESONES O POR ALHÓNDIGA


El chiste de Soria en Ideal, 16 de junio de 1983, presenta la nota curiosa en cuanto a su publicación de aparecer entre el anuncio de la contratación como entrenador del Granada del míster Felipe Mesones para la siguiente temporada y el desmentido de dicha contratación, noticias aparecidas el día antes y el día después respectivamente al momento en que el dibujo ve la luz. La confirmación del fichaje del técnico argentino para la 83-84 se publicará ya el día 18 y hasta final de mes aparecerán los primeros fichajes de cara a la nueva campaña en segunda.
En lo futbolero se vivía un buen momento por entonces. El club estaba recién ascendido a Segunda División después de acabar campeón del grupo II de 2ª B. Sólo dos años se había tardado en recuperar la categoría de plata y se pensaba que la peor época histórica del Granada CF -hasta ese momento- había sido afortunadamente muy pasajera y podíamos darla definitivamente por zanjada.

Así podía haber sido pero -no hace falta decirlo-, en el fútbol, si a lo deportivo no acompaña lo económico es difícil que las buenas perspectivas puedan durar demasiado. Y es que en el Granada recién retornado a segunda soplaban aires de gran crisis a pesar del logro deportivo.

El año 1983 empezó con la venta del estadio de Los Cármenes a la empresa Inonsa por 425 millones con los que acabar con las deudas del club, cercanas a los 300, que tanto venían lastrando su marcha (noticia que se publicaba casi simultáneamente a la del incendio del palacio Arzobispal y a la de la muerte en Méjico del “mago” Gaspar Rubio, ex granadinista como jugador y entrenador). Inonsa se encargaría inmediatamente de la construcción del nuevo estadio, en la carretera de Málaga, que llevaría el nombre del, a la sazón, presidente del Granada CF, Cándido Gómez Álvarez. Pero antes de una semana la operación -ya cerrada- quedó sin efecto porque el nuevo plan de urbanismo de la ciudad reducía bastante la edificabilidad del solar del viejo campo y su valor por esa razón era mucho menor. Empezó así una larga polémica en prensa que enfrentó a Candi con el alcalde Antonio Jara y en la que se posicionaron determinadas fuerzas vivas del granadinismo, como se refleja en el segundo chiste de Soria que, aunque se publicó dos años después, puede ilustrar muy bien lo que se vivía en el Granada en este convulso 1983.






El quedarse sin los ingresos de la venta con los que ya se contaba y ante la urgencia de tener que liquidar a corto plazo la deuda de algo más de cien millones con la entidad Bancreco (Banco de Crédito Comercial) decidieron a Candi a poner en marcha en febrero la operación “Socios de veinte años”, por la que tres mil aficionados debían adelantar sus cuotas de las siguientes 20 temporadas. Aunque fueron bastantes menos de esos tres mil, con sus aportaciones (y con la hipoteca de buena parte de sus ingresos por largo tiempo, claro) pudo el club tirar para adelante y superar una crisis que estuvo cerca de deglutirlo.

El campeonato del grupo 2º recién conquistado y que dio el ascenso directo a Segunda División del Granada de Ruiz Sosa, clausuró con un happy end deportivo la temporada. Pero no fue ésta un paseo militar precisamente. Y si no que lo pregunten a los granadinistas: jugadores, directivos, aficionados y hasta plumillas, que en Sa Pobla, Mallorca, temieron por su integridad cuando una auténtica harka de beniurriagueles y tensamaníes baleares saltó de las gradas al terreno de juego y cargó contra liniers y árbitro, a los que dejó maltrechos (nueve meses de clausura de su terreno de juego le cayeron), y de camino alguno más recibió las “caricias” de los energúmenos. Todo lo motivó la victoria del Granada, 1-2 al Poblense de Serra Ferrer, que dejaba muy al alcance el ascenso.

Dos semanas después, en Lorca, una nueva victoria rojiblanca significó dar caza al líder Algeciras y acariciar la Segunda. En Lorca no hubo estacazos como en Sa Pobla, pero la denuncia de intento de soborno por parte del ínclito e inefable presidente-consorte y entrenador lorquí, Moreno Manzaneque, dio lugar a una investigación de la que no se sacó nada en claro, pero que mientras sí o mientras no sembró la incertidumbre entre la hinchada. En algún medio nacional incluso se dio la noticia de que el Granada no sólo no iba a ascender sino que además sería descendido a Tercera por tramposo.

Soria se sirve de un juego de palabras en el chiste que encabeza este escrito: hay que ascender a primera por Mesones o por Alhóndiga (y hasta por Puentezuelas); quizás esa huida hacia adelante pueda suponer el remedio a los muchos y profundos males que amenazan la nave rojiblanca.