EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



miércoles, 25 de noviembre de 2009

UN DERBI POCO ALIMENTICIO



En la antología de derbis granatensis castizos que los cuatro años de cuarta nos dejaron a los granadinistas también es digno de rememorar, aunque no precisamente por su bondad futbolística, el de 7 de noviembre de 2004, disputado entre el 74 y el Granada.

Desde la caída a los infiernos del histórico hemos asistido las dos temporadas anteriores a derbis más o menos calientes, más o menos cardiacos y de mayor o menor calidad futbolera. En los ya vividos la nota predominante de los mismos ha sido la lucha estrecha por hacerse con la primacía del fútbol local. Nada o poco que ver con el duelo “fratricida” que nos ocupa, porque si en las dos últimas temporadas el 74 andaba rampante y en ambas era claro favorito al ascenso de categoría, cosa que estuvo a punto de conseguir si no hubiera sido por sendos fracasos en las fatídicas liguillas, en esta temporada pintan bastos para los rojillos al haberse acabado los dineros de Marsá y sólo haber podido armar una plantilla de retales, como aquél que dice. Cuando llega este primer derbi, jornada doce, anda el 74 con sólo tres puntos en la clasificación. Sólo ha conseguido una victoria (ante el Santa Fe) y sus otros diez partidos han supuesto otras tantas derrotas. Por su parte el Granada del tándem Gerardo-Maquiles anda rondando los puestos de liguilla pero sin llegar a conectar con ellos y ya ha ofrecido a sus fieles alguna que otra decepción. En lo que sí se parece este derbi a los anteriores es en que se produce en unos momentos en que las relaciones entre ambos clubes están bien tirantes.

Como sabemos, tanto Granada como 74, militando en el grupo IX de Tercera, jugaban sus encuentros como local en Los Cármenes. Pero a finales de octubre de 2004 eran “desalojados” de la instalación municipal para someter el castigado césped a trabajos de regeneración. El equipo de Marsa volvió así a su ciudad deportiva de Almanjáyar mientras que los rojiblancos se mudaban a Maracena. Pero ocurrió que el césped del José Ávila Rojas también en esos momentos era sometido a regeneración y no podía ser utilizado. Marsá buscó infructuosamente un escenario alternativo, por lo que propuso el aplazamiento del choque. Pero Gori, recién aterrizado en el cargo de presidente, optó por la no colaboración pensando que con los tres puntos -que se daban por hechos- podría por fin el equipo entrar entre los cuatro primeros y al mismo tiempo olvidaría la hinchada el mal trago de la derrota ante el Loja en Maracena del domingo anterior. Así que nada de conceder favores al rival. Nada de aplazamiento. El partido había de jugarse donde y como fuera.

De un nervioso Marsá sometido a presión puede esperarse alguna de “sus cosas”, y más cuando sólo unos días antes del partido Marsá presentó denuncia ante la justicia por haber sido amenazado de muerte en un foro de hinchas rojiblancos en Internet. Por todo eso fue D. Carlos a descolgarse con una de sus boutades y decidió que el partido se jugara, sí, en su ciudad deportiva, pero en el duro campo de tierra, señalando el comienzo a las 14 horas y fijando el precio único de 30 euros (un disparate para la época y para la categoría) con que intentar despejar de sus dominios las insignias rojiblancas. Si tirantes andaban las relaciones, después de esto se enconan muy mucho.

Ante no más de trescientos espectadores, casi todos socios del 74 que no pagaban (casi eran más los policías desplegados en prevención de altercados), a la hora y en el escenario previstos se disputó este partido que no pasará precisamente a la historia del fútbol-arte. El resultado fue de victoria local 2-1. Y ganó el casi desahuciado Granada 74 de Manuel Torres Molina porque tuvo suertecilla, pero sobre todo porque le puso más ganas. Es que este Granada de esta gris temporada, a las alturas de calendario de principios de noviembre ya había defraudado muchas esperanzas con su juego rudimentario y deslavazado.

Rafael Lamelas para Ideal y jugando con lo insólito del horario, más propio de almuerzos familiares que de partidos de fútbol, titula: «El “74” celebra su banquete». Y en la crónica del partido dice: «El equipo (el Granada CF) engaña ya a pocos. No es una ensalada a la que le falte algún aliño. Es un refrito quemado, un equipo que vive con la torrija a cuestas. Que se engulle cualquiera que ponga lo mínimo: las ganas, sobre el asador. Un grupo además con cenizo». También dice Lamelas que Gustavo «pecó de gula. Se tragó los dos tantos».

Es tan rico en anécdotas este mini derbi que para colmo, el penúltimo 74, que casi toda la segunda parte la jugó en inferioridad por expulsión de Plata, ganó su partido sin que ninguno de sus jugadores marcara gol. El primero llegó de una falta lejana colgada sobre la portería de Gustavo que cabeceó hacia atrás el central granadinista Sergio y en el que el guardameta pudo hacer algo más. Y el segundo, el de la victoria, ya en el descuento, vino de otra falta lejana colgada al área por Guerra en la que Gustavo, sin que nadie le estorbara, midió mal el vuelo del esférico y con él en las dos manos pero desequilibrado retrocedió dando traspiés hasta golpearse en la cabeza con el poste, lo que le hizo soltar el balón, que acabó en el fondo de su portería. Un gol de vídeos de primera. Con esos dos goles superaba un hundido 74 el que a poco del inicio de la segunda parte consiguiera Labella en remate desde cerca. De poco más que como alimento de la autoestima le sirvió al 74 la victoria, ya que estuvo toda la liga como vicecolista (sólo el comparsa Rusadir resultó más malo) para acabar descendiendo a Primera Andaluza.

lunes, 23 de noviembre de 2009

¿TARIQ O BERROCAL?


21/11/09
¿Tariq o Berrocal? ¿Berrocal o Tariq? Y por qué no los dos. ¿Deben jugar juntos? ¿Hay que quitar a uno para que juegue el otro o es mejor seguir dándole al cordobés sólo los últimos minutos que tan bien está sabiendo aprovechar hasta el momento?
Mi primo Felipe es marino mercante y lleva por esos mares de Dios desde enero y sin saber de su Graná nada más que lo que yo le cuento. De vez en cuando me llama (con un ojo to torsío) y no se acaba de convencer de que no le tomo el pelo y lo que él creía que sería un equipo modesto que lucha por la permanencia se ha transformado en un súper equipo para la categoría, que va líder y además nos está dando partidazos y goles en abundancia. Y cuando ya me manda al guano es cuando le digo que de todo eso es responsable nada más y nada menos que Pina, que en cierta ocasión, hace bien poco, casi sale linchado de Los Cármenes.
Tampoco se cree que en los mentideros balompédicos de lo que más se oye hablar es de eso, de fútbol, y no de otras cosas. Y ahí los sorprendidos somos ya dos, porque hacía tanto tiempo que esto no ocurría que este forofo que suscribe no sabe ya cómo ponerse y si la felicidad será duradera o pronto volveremos a tener que preocuparnos más por temas extradeportivos.
Que las conversaciones de fútbol sean las que mandan es indicativo de que las cosas van bien. Y que dure mucho tiempo.
Ahora hay que redondear la faena. Es decir, el siguiente paso será constituir cuanto antes al club en SAD. Cuando llegue el momento, lo ideal sería que la mayor parte de las acciones las adquirieran los socios, única forma de que el club siga siendo suyo, es decir de todos, pero mucho me temo que no ocurrirá así. Ya en el 97, después de varios meses, la respuesta de los granadinos fue mínima y al final el club acabó en unas únicas manos. Y eso que el capital a cubrir era la décima parte del que seguramente se necesitará en esta ocasión.
La abortada SAD de 1997 quedó en nada por motivos no muy claros, y sobre las consecuencias de aquel chasco se podría debatir largo y tendido, o de pie. Pero lo importante es que al cambiar la naturaleza jurídica de la entidad ya no serán posibles determinadas cosas a las que estábamos muy acostumbrados (unas mejores y otras peores) y, al mismo tiempo, sí que serían posibles otras cosas que uno no se atreve a decir para que no le llamen aguafiestas, y menos en estos momentos de euforia balompédica que tanto tiempo llevábamos esperando.
Que lo que tenga que ser sea. Pero que nos pille en escalones futboleros más propicios.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

URÍA EL OLVIDADIZO



Una ya larga historia como la del Granada CF da para numerosas y variadas anécdotas. La que hoy quiero contar es de todo punto insólita. Que uno sepa nunca en otro campo de fútbol ha ocurrido nada análogo a lo que sucedió en Los Cármenes el día 27 de septiembre de 1942, primera jornada de la temporada 1942-43, con motivo de la visita del Coruña.
El protagonista de este sucedido responde al nombre de Severiano Uría Cano, un delantero centro con fama de goleador, vasco de Lasarte, ya veterano, que debutaba esa misma tarde como jugador rojiblanco, recién fichado del Murcia, de Segunda. La muy importante baja de César, vuelto al Barcelona, quiso cubrirla la directiva que presidía Martín Campos con una pareja de delanteros, Nicola, del Ferrol, que era el llamado a jugar de titular, y este Uría. Pero justo una semana antes de este partido, en un bronco amistoso de pretemporada en Málaga salieron varios de los titulares lesionados y para la primera jornada de liga no se podía contar con ellos.
A la tres de la tarde echó a rodar el balón y desde ese mismo momento, tal como cuenta José Luis Entrala, la parroquia granadinista no salía de su asombro. Y no era para menos. Imagínense a un futbolista que deambula por el terreno desentendido del juego y de sus compañeros, y que cuando le llega el balón lo golpea a la buena de Dios y para donde salga. Y así una vez y otra.
Del asombro se pasó a la bronca generalizada contra este Uría, que además se encaraba -o eso parecía- con el público, todo agravado porque el rival en cuatro minutos conseguía dos goles. Algunos de los presentes seguramente se sentirían avergonzados de lo que pudieron decirle a aquella especie de zombi de rojiblanco en una fiesta tan cristiana y tan granadina como el día de la Virgen. A tanto fue la cosa que el míster Paco Bru primero optó por colocarlo en un extremo, donde al menos no estorbara a sus compañeros, para posteriormente retirarlo del terreno de juego, teniendo que jugar más de media hora con uno menos pues por entonces no se podía cambiar ni siquiera a un portero lesionado. La prensa daba al Granada como favorito pero el resultado fue de derrota. En medio de una bronca de órdago acabó 1-2 este partido ante el Coruña, también como el Granada ascendido por primera vez a la máxima categoría dos años atrás, pero que en su temporada de debut había logrado un magnífico cuarto puesto y contaba en sus filas con dos internacionales, el guardameta Acuña y el defensa Pedrito.
Nunca fue lo suficientemente aclarada cuál fue la razón que llevó a Uría a actuar de “hombre adoquín”, como lo denomina Daniel Saucedo en Patria. Este futbolista, a quien parecían afectarle extraordinariamente los silbidos que se le dirigían desde las gradas, fue sancionado por el importe de media mensualidad y sólo jugó otro partido más como rojiblanco, en Oviedo, donde no repitió el show pero tampoco destacó ni ayudó a evitar la derrota (4-2) de los nuestros en la jornada ocho.
El propio Uría, centro de la atención de la prensa y de los aficionados en los días posteriores, manifestó que no tenía explicación a su conducta, y que el murmullo de los aficionados al nombrarle por su mal juego lo puso tan nervioso que ni siquiera tenía fuerzas para andar y menos aún para ir en busca del balón, «no creía encontrarme en el campo de fútbol ni antes ni después del descanso». Un ataque de amnesia, fue la ambigua explicación con la que se quiso justificar la insólita conducta de Uría.
Tampoco tuvo mayor trascendencia el “olvido” de este jugador pues, goles son amores, a la jornada siguiente los rojiblancos se trajeron los dos puntos de su visita al Torrero zaragozano. De todas maneras, esta fue una temporada que sin ser plenamente mala, hizo añorar a los aficionados la anterior, la primera de división de honor, cuando César, Bachiller y Liz garantizaban fútbol y goles en abundancia. El triunfo ante el Valladolid en la promoción de Barcelona salvó in extremis la temporada.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

CANTARES ROJIBLANCOS




11/11/09

El amigo Emilio Ruiz me manda desde Barcelona un correo (que a su vez le han remitido a él) en el que adjunta un archivo que contiene una canción para que, según dice el texto del mensaje, nos la aprendamos todos los granadinistas y la cantemos, en plan orfeón, en cada partido, como se hace en otros muchos campos españoles y extranjeros. Se trataría de una suerte de nuevo himno con el que animar a la muchachada rojiblanca.

Si prosperara y se convirtiera en himno del Granada CF, vendría a ocupar el número cuatro de los que en la historia rojiblanca han sido. Desde 1940, cuando el maestro Luis Megías, por encargo del presidente Ricardo Martín Campos, compuso en un rato su “Campeón”, pasando por 1956, en que a principios de temporada vio la luz un segundo himno, y llegando a 1976, en que en los prolegómenos de la edición de aquel año del Trofeo Granada se estrenó otro más, tres han sido los himnos que ha tenido el club rojiblanco aunque, siguiendo a Jorge De la Chica en su «Las músicas del Granada», del libro Pidiendo la hora, ninguno de los tres tiene el título de oficial que habría de concederle un acuerdo de la junta directiva, cosa que nunca se hizo.

Incluso cabría hablar de un cuarto himno granadinista, que sería la universal canción Granada, de Agustín Lara, ya que durante el mandato del presidente Salvador Muñoz sus notas acompañaban la salida al terreno de juego de los jugadores rojiblancos.

Desconociendo si la iniciativa de que la coplilla sea conocida de todos ha partido de un grupo más o menos grande de aficionados, uno no quiere entrar a valorar si la nueva canción reúne o no la suficiente calidad artística; en si es o no es lo suficientemente bonita como para merecer la condición de nuevo himno del Granada, que sobre gustos no hay disputa, como dice el dicho. Considero que quien debe dar ese veredicto será la afición. Si la afición, tal y como se dice en el correo de Emilio, la hace suya y la canta mayoritariamente en los partidos del Granada, qué duda cabe que estaremos ante el cuarto himno, oficial u oficioso, que eso sería lo de menos.

Un servidor, hincha a la antigua, se quedó en el ya más que caduco y periclitado “alabín, alabán”, en lo que a animar a mis colores se refiere. Pero, y digo yo, si de animar al equipo con un cántico se trata, por qué aprendernos todos una nueva canción teniendo como tenemos un himno futbolero cargado de la solera que le dan sus 70 años de existencia. Posiblemente serán cosas de viejo, pero para mí que donde se pongan las notas del «Con valor, con entusiasmo y alegría…»…

EL OTRO CRUYFF



De sobras es conocido por todo el mundo futbolero que el primer partido oficial de Joham Cruyff en el fútbol español lo jugó frente al Granada CF. El holandés fue la sensación de la temporada 73-74, en la que, al levantarse la prohibición de fichar jugadores extranjeros, en vigor desde nueve años atrás, llegaron a nuestro fútbol numerosos astros internacionales, pero ninguno como Cruyff, ya considerado por entonces como el mejor del mundo. Con él el Barcelona pudo por fin acabar con una larguísima sequía de catorce años sin ganar la liga. Pero todo comenzó aquel 28 de octubre de 1973, en el incomparable marco futbolero que es el Nou Camp, lleno a rebosar.

Lo que ya no es tan conocido del futbolerismo es que en la biografía del crack holandés hay un segundo capítulo como futbolista del balompié nacional. Y por poco no se dio la coincidencia de que este segundo debut hispano ocurriera también frente al Granada CF.
El 8 de marzo de 1981 Granada (-3) y Levante (+2) se enfrentaron en Los Cármenes en la jornada 27 de Segunda. El rival de los rojiblancos se acaba de reforzar nada y más y nada menos que con Johan Cruyff, que recién llegado de su “retiro dorado” de la poco competitiva liga USA, temporalmente ha vuelto al fútbol español. Una semana antes, el 1 de marzo, jornada 26, ya había debutado y ayudado a la victoria de los granotas frente al Palencia. El Levante podía todavía enlazar con los puestos que daban el ascenso, mientras que a los nuestros les pesaban mucho los tres negativos que arrastraban, que los acercaban a los puestos de descenso.
A sus treinta y cuatro ya no es el que fue pero el solo anuncio del apellido Cruyff convocó en Los Cármenes a más de quince mil espectadores -bastantes más de los habituales esta temporada- a pesar de haberse declarado media jornada económica. Al menos de esta forma pudo la directiva de Manuel Anel pagar algo de lo mucho que adeudaba a la plantilla.

Las comparaciones, según cuándo y cómo, serán todo lo odiosas que se quiera, pero es que las diferencias entre 1973 y 1981 son bien notorias. En octubre de 1973 se vio un gran partido de primera jugado entre el futuro campeón de liga y un equipo puntero que a punto estuvo de clasificarse para una competición internacional; que se jugó con las gradas a rebosar en uno de los mejores estadios del mundo y ocupó portadas incluso de fuera de nuestras fronteras; además se vieron grandes goles (aunque fueran en nuestra contra) y se pudo ver al mejor Cruyff liderando el juego de su equipo, un Cruyff pasador, goleador, rapidísimo, líder, un Cruyff pletórico y en lo mejor de su larga y exitosa carrera. Muy distintas fueron las cosas siete años y medio después.
Este casi segundo debut de Cruyff apenas tuvo historia. Entre los jugadores rojiblancos sobrevivían de aquel partido del Camp Nou de octubre de 1973 Izcoa, Santi y Quiles (éste después de haber militado en el Alavés), más Joseíto en el banquillo, del que previamente había desalojado a Gento. El valenciano Quiles fue el autor del único gol del partido con el que los rojiblancos se hicieron con los dos puntos para evitar ver aumentado un preocupante -3. El único gol, marcado al filo del descanso a la salida de un córner, fue de lo poco reseñable del partido.
Desde luego este segundo Cruyff poco hacía recordar al de sus buenos tiempos. Apenas se le vio en funciones de distribución de juego. La velocidad y el fondo físico, no hace falta decirlo, ya no le acompañaban. Lo que no había perdido era su calidad técnica, por lo que sólo algún lanzamiento y algún que otro medido pase a un compañero fue lo exhibido por el crack holandés en este segundo y menor semidebut español. Esta nueva y breve aventura española de Cruyff se puede decir que no tuvo mucho de particular. Sólo se alineó en nueve partidos y el Levante no ascendió. Sin embargo todavía le quedaban varios buenos años al tres veces balón de oro, que volvió al fútbol holandés, donde añadió a su sobresaliente palmarés tres ligas más y dos copas jugando en Ajax y Feyenoord antes de retirarse en 1984.

El Granada experimentó una ligera mejoría a partir de esta jornada, llegando a encadenar tres victorias consecutivas después de una derrota ante el filial colchonero, de modo que a falta de siete jornadas había conseguido rebajar su cuenta de negativos a sólo uno. Pero en esas siete jornadas restantes sólo fue capaz de sumar dos míseros puntos de otros tantos empates en casa. Sólo uno más hubiera bastado. Posiblemente, cabe decir ahora, desde la distancia que supone el tiempo ya transcurrido, que el mal final de esta temporada era inevitable, teniendo en cuenta los mil problemas económicos y de organización del club y el mal ambiente en un vestuario que no cobraba y que no estaba con su entrenador. Sea como fuere, así es como se escribe la peor historia rojiblanca, y al cumplirse la jornada treinta y ocho el 17º puesto final indicó que a la temporada siguiente los rojiblancos volverían a ocupar un nivel futbolero desconocido por estas tierras desde los tiempos de la República. Desde luego, no fue la mejor manera de conmemorar las bodas de oro de la entidad.

martes, 21 de julio de 2009

EL PENIBETISMO DE FIDEL FERNÁNDEZ



Porque no sólo de fútbol vive el hombre deportista, hoy quiero recomendar una refrescante lectura. Un libro que, aunque tiene los mismos años que el Granada CF, para nada se refiere al deporte del balompié, sino que sus más de trescientas páginas están dedicadas en su mayor parte a otro deporte que para el que suscribe también significa una pasión: el penibetismo o, si así lo prefieren, el deporte del aire libre y las caminatas por las alturas, es decir, el montañismo. No queremos hablar de senderismo o trekking, que son términos mucho más recientes y así como advenedizos. Les falta la solera, la raigambre que sugiere la palabra penibetismo. El autor reivindica –y nosotros con él- este término en contraposición al de alpinismo, puesto que de surcar la Penibética de norte a sur y de este a oeste hablamos.

Se trata de una obra de culto entre los aficionados a la cosa ésta de remontar montañas y descubrir panorámicas hasta el agotamiento. Su nombre: Sierra Nevada, obra que vio la luz en 1931 y que ha sido objeto de hasta cuatro reediciones que tardaron poco en agotarse. Su autor: Fidel Fernández Martínez (Granada, 1890-1942), un eminentísimo doctor en medicina interna que aunque ya había dado a imprenta numerosas obras sobre su especialidad médica y numerosos artículos de prensa, con este libro se estrena en la faceta de literato de tema granadino que posteriormente continuará con otros dedicados a la Alhambra, Boabdil, Fray Hernando de Talavera, Omar Ben Hafsún o Abén Humeya. Sólo su prematura muerte impidió añadir más títulos.

Todas las distintas regiones que forman el macizo penibético están en el libro, sin que falten amenas y muy poéticas descripciones de lagunas y lagunillos, picos y picachos, lomas, peñones, puntales, crestas y mojones, cerros y cerrajones, horcajos y collados, escarigüelas, panderones, raspones, chorreras… y otras muchas sonoras y evocadoras palabras, algunas de las cuales no vienen en el DRAE pero que son de normal uso en nuestra sierra. Por eso incluye el autor un vocabulario de términos serranos con unas treinta entradas. ¿Saben ustedes lo que es un poyato? La palabra poyato (de poyo) no está aceptada (al menos por ahora) por el DRAE, pero según recoge Fidel Fernández en su estupendo libro, es una especie de pequeño vasar que interrumpe horizontalmente el corte vertical de algunos grandes tajos. Y de poyato viene el estar empoyatado (o empoyetado), que se dice de quien (persona o res) se ha adentrado en un poyato y ha llegado a una situación en la que no puede avanzar ni retroceder.

Tampoco falta una exhaustiva descripción de la flora y la fauna penibética ni de los más importantes hechos históricos acaecidos en el Mons Solarium de los romanos, o en el Sulayr de los sarracenos. Y la guinda la pone el doctor Fernández incluyendo varios deliciosos cuentos y leyendas recogidos de labios de manzanilleros o de pastores serranos, como el del misterioso “Pájaro blanco de Vacares” o el no menos inquietante de “La escoba del diablo”.

«Fue en el mes de agosto de 1900 -¡tenía yo entonces 9 años!- cuando mi buen padre me asomó por vez primera a los abismos del Veleta…». Es una frase literal copiada del prólogo con la que el autor viene a evocar el momento en que quedó prendado (enganchado se dice ahora) de la magia que a los que saben buscarla siempre ofrece la montaña. Su señor padre a quien nombra no es otro que D. Gregorio Fidel Fernández Osuna, a su vez también médico granadino de prestigio y enamorado de la Penibética (y abuelo del maestro historiador rojiblanco que es José Luis Entrala Fernández), que fue quien le transmitió el gusanillo serrano. D. Gregorio Fidel fue uno de los fundadores de la mítica Sociedad Diez Amigos Limited, a la que también perteneció D. Fidel, como benjamín de aquel grupo de próceres, auténticos pioneros en la divulgación del tesoro que representa la sierra y germen a su vez de la Sociedad Sierra Nevada, impulsora del primer refugio que se construyó en el macizo, en los Llanos de Otero.

Granada con frecuencia olvida a quienes de alguna manera actuaron como sus benefactores, porque aunque existe en la ciudad la calle Doctor Fidel Fernández, lo que no existe es algún paraje, instalación, albergue, medio mecánico o cualquier otra cosa que evoque en la propia Sierra Nevada a estos y a otros pioneros que abrieron caminos y despertaron conciencias para que nuestra sierra sea lo que hoy es. Quizás cuando dentro de pocos años tenga lugar la Universiada serrana se pueda reparar este olvido.

Sobre el libro Sierra Nevada, de Fidel Fernández, que desde el mismo momento de su primera publicación tuvo una fenomenal acogida, se han escrito innumerables comentarios elogiosos y buenas críticas. Como lector empedernido, especialmente de todo lo que se refiera a Granada, lo que uno puede decir es que se trata de un libro muy ameno que no defrauda, y que se deja leer muy bien incluso por quienes no sientan interés alguno por el penibetismo.

miércoles, 1 de julio de 2009

KALMAR. EL MÁGICO MAGIAR




El día del patrón San Cecilio de 1959, en Los Cármenes, el débil Oviedo empató a uno con la curiosidad de que en los dos goles el último en tocar el balón fue el mismo jugador, el futuro granadinista y granadino Eduardo Gómez, Lalo. Entre una gran bronca hacia el banquillo terminó aquel partido, jornada veinte del calendario de la 58-59, que dejaba al Granada con -4 y a sólo dos puntos de los puestos de descenso directo faltando diez jornadas. Por eso la directiva que presidía Luis Rivas se decidió a dar el finiquito al técnico argentino Alejandro Scopelli, el entrenador del oxígeno. Las dos jornadas siguientes se sentó en el banquillo José Manuel González. Pero a partir de la jornada 23 se hizo cargo del equipo Kalmar. Su debut fue a lo grande, en un partido en el que el Granada endosó al Las Palmas un contundente 4-1. Hubo aquella tarde lo que hoy se conoce como un hattrick, a cargo del gordo Benavídez.

Nada más y nada menos que el húngaro Jeno (Eugenio) Kalmar entraba así en la historia de este modesto club. Se trata de toda una leyenda del fútbol mundial. Antes que técnico fue un delantero bastante goleador dotado de un gran remate de testa que jugó en su país, con el que fue varias veces internacional, y también en el fútbol francés. Pero sus grandes triunfos los consiguió desde el banquillo. El más importante lo obtuvo al frente del mítico Honved de Budapest, que con jugadores como Puskas, Bozsik, Czibor, Grosica o Kocsis ganó varias ligas húngaras y maravilló a Europa con su juego de clara vocación atacante, y que era la base del equipo que se conoció como los “mágicos magiares”, la selección húngara a la que sólo un mal partido en la final ante Alemania apartó contra pronóstico del título de campeón en el Mundial de 1954, que se celebró en Suiza. Al frente del Honved se encontraba Kalmar en 1956, en Bilbao, para disputar la primera eliminatoria de Copa de Europa, cuando estalló la Revolución Húngara contra el estalinista régimen prosoviético. El fracaso del movimiento y lo incierto de la situación que vino después decidió a la mayoría de los integrantes de aquel conjunto a no volver a su país. Algunos se quedaron en España.

Jeno Kalmar, a quien erróneamente se bautizó en la prensa española con el nombre de Janos (por cierto, en Internet hay muchas más entradas buscando por este nombre que por el suyo verdadero) tampoco volvió a Hungría para entrenar en Austria. Y en 1958 ficha por el Sevilla y debuta en el fútbol patrio. Su total desconocimiento del idioma español unido a que el equipo sevillista era por entonces un segundón, luchando por conservar la categoría, le hicieron fracasar en esta su primera experiencia española, con lo que en la jornada ocho de la 58-59 dimitió dejando a los hispalenses en el farolillo rojo. Pero esta misma temporada, como ya se ha dicho, el destino y la destitución de Scopelli le traen a Granada.

Con el carné de Cholín y con González de gesticulante “intérprete”, la sabia mano de Kalmar se nota enseguida. El nuevo míster cambia de posición a algunos futbolistas clave, como Benavídez, a quien hace jugar algo más alejado de las porterías contrarias y por el que debe pasar todo el juego de ataque, y al mismo tiempo “amplía” el terreno buscando la rapidez en banda de dos hombres también en lo mejor de sus carreras como Vázquez y Arsenio. Con sus retoques y con la incorporación del gran Carranza para la recta final de la liga se produce una reacción con la que consigue el Granada quedar a salvo de los puestos de descenso y a punto está también de eludir los de promoción de no ser por la derrota en la última jornada, en el campo del Osasuna, unida a algún resultado sospechoso en otros campos. La promoción no se pudo evitar, pero casi se puede decir de ella que fue un mero trámite, y un Granada arrollador mantuvo la máxima categoría sin problemas frente al Sabadell, que tuvo que esperar dos meses para vérselas con todo un subcampeón de copa.

Terminada la liga y antes de jugarse el todo por el todo en la promoción comienza el trofeo de Copa del Generalísimo, al que llega el Granada en plena forma. La suerte depara rivales de segunda hasta llegar a semifinales. Pero esto no quita mérito a la gran campaña granadinista. El Granada terminó la liga (de la que sólo ocho partidos son de Kalmar) con el balance de 30 goles a favor por 43 en contra en las treinta jornadas que duró. Pero en los diez partidos de copa disputados va a conseguir 31 goles, cifra a la que habría que sumar los seis que se llevó el Sabadell en los dos partidos de promoción (nueve al Elche, recién ascendido a primera; diez al Cádiz; siete al filial del R. Madrid, el Plus Ultra; cuatro al Valencia; uno al Barcelona) y sólo va a encajar diecisiete. La mejor defensa es un buen ataque, reza una máxima futbolera que puede aplicarse plenamente al Granada de Kalmar (para deleite de los granadinistas que tuvieron la gran suerte de verlo) que si antes de su llegada todo lo fiaba a la contención, con Kalmar va a ser un conjunto temible de medio campo para adelante.

Letras de oro merece Jeno Kalmar en los anales rojiblancos. Con él en el banquillo el Granada alcanzó su mayor proeza: subcampeón de España 1959. En la final del Bernabéu, de la que se cumplen cincuenta redondos años, no hubo sorpresa sino que triunfó la lógica y se impuso el Barcelona, equipo incontestable que dirigía otro mito del fútbol mundial, Helenio Herrera, que acababa de ganar también la liga y que es equiparable al del reciente triplete. Pero para la historia queda la proeza del modesto que se sube a las barbas de los grandes. También para la historia queda la gran victoria (3-1) sobre el Valencia (cuarto en la liga) con la que el Granada accedía a la final, desempate jugado en el mismo escenario unos días antes y sobre el que casi todos los historiadores rojiblancos coinciden en que fue uno de los mejores -si no el mejor- de todos los disputados por el Granada en sus ya casi ochenta años de vida.




El Granada de sus buenos años primerdivisionistas mereció en más de una ocasión el meramente honorífico título de equipo revelación. Pero el equipo rojiblanco a pesar de realizar algunas buenas campañas en Primera no pudo nunca darse a conocer fuera de nuestras fronteras en competición oficial. El gran Granada de Kalmar, subcampeón de España de la temporada 58-59, tampoco. Y es que de nuestro Granada se puede decir que hasta cuando lo hace bien no le acompaña la misma buena estrella que a otros a los que, desde nuestra óptica de forofos, creemos que con menos méritos no se les niegan cosas que al nuestro sí. En 1959, al quedar subcampeón de Copa y dado que el Barcelona ya había ganado la liga, es decir, estaba clasificado para Copa de Europa, el subcampeón debería haber accedido a otro torneo organizado por la UEFA. Pero para nuestro infortunio faltaban todavía dos años para la instauración de la Recopa, desaparecido torneo internacional que disputaban los campeones europeos de copa en sus distintos países. Sí se disputaba por entonces la que se llamó Copa de Ferias, equiparable y antecesor de la actual Copa de la UEFA, pero los criterios de clasificación de los participantes no eran como ahora, no la determinaba exclusivamente lo deportivo. Del mismo modo, las dos mejores clasificaciones de la historia rojiblanca, sextos en 71-72 y en 73-74, no supusieron disputar competición internacional porque entonces el sexto se quedaba fuera. Quiere todo esto decir que si en lugar de hace cincuenta años (o treinta y ocho), las mejores prendas del registro granadinista hubieran ocurrido en estos tiempos (y si no que le pregunten a Valencia y Bilbao), el Granada se habría ya asomado a Europa al menos en tres ocasiones.

Jeno Kalmar, por su brillantísimo final de temporada 58-59 fue renovado y con él y casi la misma plantilla el Granada logró la permanencia en la 59-60 sin tener que disputar siquiera promoción. Lo que ocurre es que el equipo empezó bien pero fue bajando en juego y resultados, cosa normal para una plantilla bastante veterana, para acabar salvando la máxima categoría de forma agónica en la última jornada en Los Cármenes ante el Valencia, al que se pudo derrotar merced a un solitario gol de penalti transformado por Benavídez. Terminada la liga se inició la copa, y en esta ocasión no se pudo repetir ni de muy lejos la hazaña de un año atrás, siendo eliminados a las primeras de cambio por el Huelva, de segunda. El presidente Jiménez Blanco “barrió” a casi todos los veteranos de la plantilla y también al míster, que para entonces todavía no había aprendido ni una palabra de español y lo habían cateado en el curso de entrenadores (¡el gran Kalmar teniendo que recurrir a chuletas!). Su no continuidad bien que la íbamos a lamentar a lo largo de la nefasta 60-61.

Hay un segundo capítulo de Kalmar en rojiblanco. Y también en esta ocasión fue muy afortunado su paso por el banquillo. En 1965 lo contrata José Bailón y logra ensamblar un gran equipo de hombres más que de nombres con el que el Granada se sitúa enseguida en el liderato del grupo Sur de Segunda para después cederlo al Hércules pero sin abandonar en ningún momento los puestos altos de la tabla. Hasta llegar a la última jornada en la que el Granada queda segundo y se clasifica para la promoción de ascenso. Ascenso que se ganó en La Rosaleda al Málaga. A pesar de que todo lo aportado por el húngaro a la historia granadinista es sobresaliente, el ascenso de Málaga supone también su adiós definitivo al Granada.

Kalmar se fue al poderoso Español de Vila Reyes, donde también triunfó, consiguiendo un tercer puesto en la 66-67. Era el equipo de la famosa delantera de “los cinco delfines”: Amas, Marcial, Re, Rodilla y José María. Otras aficiones que guardan buen recuerdo del magiar son las del Oporto, Valladolid, Hércules y Málaga (a pesar de lo de 1966). En Málaga se afincó una vez retirado de los banquillos y al club boquerón volvió a prestar sus servicios poniendo su carnet para que Viberti pudiera dirigir al equipo y devolverlo a Primera en la 78-79. En Málaga falleció y allí descansan sus restos.

En 1985 fue entrevistado Jeno Kalmar para Ideal por José Luis Entrala en su domicilio malagueño, y en una emotiva conversación salieron a relucir todas las nostalgias de sus buenos años futboleros y, cómo no, de Granada y de los granadinos, teniendo buenas palabras para todos, porque otra de las cualidades que del húngaro resaltan los que le conocieron es que era ante todo un caballero. Por entonces le faltaba poco para cumplir los ochenta y en aquellos momentos vivía modestísimamente en compañía de su esposa y rodeado de gatos. Pese a haber sido una celebridad del balompié mundial sus últimos años fueron de penurias económicas.

Cincuenta años se cumplen de la hazaña del Granada. Momento adecuado como ninguno para rendir homenaje al capitán que los mandaba. Y bien que lo hacía. Joseíto es el míster rojiblanco que mejores números puede presentar. Pero D. Jeno Kalmar no le va a la zaga y es sin duda el más ilustre de cuantos ocuparon el banquillo rojiblanco.