EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



sábado, 3 de marzo de 2012

GOL Y PERMANENCIA


Granada 1 Valencia 0

27 de abril de 1958

Estadio Los Cármenes, lleno, diecisiete mil espectadores en tarde primaveral. Partido correspondiente a la jornada veintinueve y penúltima del campeonato de liga de primera división 1957-58

Granada CF: Piris; Vicente, Méndez, Larrabeiti; Pellejero, Baena; Jaco, Ramírez, Navarro, Rius y Manchón

Valencia CF: Goyo; Fernando, Quincoces, Mestre; Piquer, Sendra; Mañó, Fuertes, Ricardo, Walter y Seguí

Goles: 1-0, min. 43, RIus

Árbitro: García Fernández. Buena actuación

En la temporada del retorno a primera después de doce larguísimos años, a falta de sólo seis jornadas el Granada del argentino Alejandro Scopelli marchaba cómodamente colocado en el puesto décimo de la clasificación y a cinco puntos de los puestos de compromiso, que esta temporada se circunscribían exclusivamente a los dos últimos de la clasificación (15 y 16), que descendían de forma directa. Dos años antes se había suprimido la promoción (volvería a instaurarse la siguiente temporada), por lo que la permanencia estaba prácticamente asegurada a pesar del -4 del casillero rojiblanco. En Los Cármenes se habían escapado muy pocos puntos y aunque lejos de Granada solo se habían obtenido tres, todo hacía indicar que no se iba a sufrir demasiado para quedarse entre los grandes,

Pero todo se complicó con las cuatro derrotas consecutivas que vinieron a continuación, en especial la sufrida en casa ante el Osasuna y la de Nervión en la jornada 28 ante un rival directo como era el Sevilla. Así, al llegar a la jornada veintinueve y penúltima, el colchón de cinco puntos había adelgazado hasta quedarse en uno solo sobre el vicecolista Valladolid y dos sobre el farolillo rojo Jaén, de manera que era imprescindible la victoria o de lo contrario muy poco habría ya que hacer porque después sólo quedaba visitar el Camp Nou.

El rival no ayudaba mucho, nada menos que el Valencia, que aunque había estado toda la temporada luchando en el grupo de cabeza, a estas alturas ya sólo aspiraba al subcampeonato porque el título había quedado para el Madrid o el At. Madrid. Una derrota suponía con casi toda seguridad el descenso. Incluso hasta una victoria podía no valer según qué resultados se dieran en los partidos de rivales cercanos, El Granada y seis equipos más luchaban por no descender al llegar a las dos últimas jornadas de esta 57-58 y ninguna de las dos plazas de descenso estaba todavía adjudicada. Por eso, como en otras ocasiones comprometidas, la directiva de Luis Rivas acordó retirar a los futbolistas del mundanal ruido y llevárselos a Lanjarón cuatro días antes.

Las buenas aguas serranas dieron resultado. Según Fernández de Burgos para Ideal, el Valencia hizo un fútbol más ligado, técnico y vistoso, pero el Granada llegó siempre con más peligro y puso más brío, velocidad y ansias de gol, resultando justo vencedor merced al solitario gol conseguido al filo del descanso tras una perfecta jugada por la derecha del internacional chileno Ramírez, fichado hacía poco más de un mes pero jugando por primera vez ante su público, culminada con un soberbio remate de Rius (momento que recoge la foto). Antonio Rius Tárrega, valenciano de Alacuas -“patapalo” para algunos porque sólo utilizaba la izquierda-, el grandísimo y pundonoroso futbolista de los goles decisivos clavó el balón en la red che con un enorme trallazo de los que siempre se recuerdan. El gol produjo una explosión de júbilo entre la sufrida hinchada que pudo oírse a varios kilómetros.

La segunda parte fue larguísima y angustiosa. Abundaron las lipotimias en las soleadas gradas, y hasta un espectador hubo de ser atendido por la Cruz Roja al tragarse la colilla de un cigarro que fumaba, según la crónica de Fernández de Burgos. El Granada supo sujetar a Ricardo (Pichichi compartido esta temporada) y al no menos peligroso Walter, y sufriendo pero derrochando pundonor en todos sus hombres aguantó hasta el final. Con los dos puntos la permanencia estaba asegurada ya que, frente a otras situaciones similares de la historia granadinista, en esta ocasión cualquier posible combinación de resultados en la jornada que quedaba era favorable al Granada. Al día siguiente fue celebrado el logro rojiblanco como si de un ascenso se tratara y Scopelli firmó la renovación de su contrato por otra temporada más.

miércoles, 22 de febrero de 2012

550 MINUTOS


Granada 2 Real Sociedad 0

25 de octubre de 1970

Estadio Los Cármenes, casi lleno, veinte mil espectadores en tarde soleada. Partido correspondiente a la jornada siete del campeonato de liga de Primera División 1970-71

Granada CF: Ñito; De la Cruz, Barrenechea, Aguilera; Santos, Fernández (José 69’); Lasa, Juárez, Barrios, Fontenla y Vicente (Blayet 76’)

Real Sociedad: Esnaola; Gorriti, Martínez, Ormaechea; Seín, Lema; Urreisti, Silvestre (Corcuera 46’), Araquistain (Arambarri 46’), Mendiluce y Boronat

Goles: 1-0, min. 10, Vicente; 2-0, min. 63, Vicente
 
Árbitro: Carreño, valenciano. Buena actuación excepto por la no señalización de un penalti a Juárez

540 minutos llevaba Esnaola imbatido en la liga de primera iniciada seis jornadas atrás. En esas seis jornadas nadie había sido capaz de hacerle un gol al portero donostiarra. Ni el Madrid ni el Valencia (que sería campeón) habían podido marcar, y el Sevilla, por entonces tercero, además había caído derrotado en Atocha. Seis partidos, dos victorias y cuatro empates (todos a cero), tres goles a favor por ninguno en contra, colocaban al equipo vasco cuarto en la clasificación.

Pero aquí el récord de Esnaola duró nada más que diez minutos, que fue lo que tardó el Granada en marcar el primer gol, obra de Vicente, que empezaba así a perfilar una de las mejores actuaciones que se le recuerdan. Vicente acabó con la marca de un potente y magnífico remate desde la frontal recogiendo un rechace tras jugada de Lasa por la derecha y su acierto le valió embolsarse allí mismo, sobre el césped de Los Cármenes, el billete de mil pesetas que la peña Café Andaluz había prometido al jugador del Granada que fuera capaz de batir a Esnaola. Ya en la segunda parte volvió a marcar de otro remate al aprovechar un balón suelto tras otra jugada de Lasa. Vicente González Sosa, paradigma granadinista del jugador de clase, de los que pueden marcar el tempo de un partido, y rey de las asistencias que son medio gol, se estrenaba sin embargo esta temporada como goleador y lo hacía al más puro estilo de ariete oportunista, aprovechando sendos rechaces.

El maestro Vicente, más maestro que nunca, nos obsequió aquella tarde con un partido redondo en el que fue la gran estrella rojiblanca en la conducción de su juego de ataque. El mejor de los veintiséis. Cuando Vicente salía con ganas del vestuario (que no siempre era así, sobre todo lejos de casa) solía dejar para el recuerdo inolvidables lecciones de buen fútbol, goles y victorias rojiblancas bien disfrutadas desde las gradas, que es lo que ocurrió esta tarde. Una semana antes ya había sido el jugador decisivo para que el Granada derrotara al Las Palmas, lo que unido a esta victoria colocaban a los de Joseíto en la mitad alta de la tabla. Su retirada del terreno, sustituido por Blayet, mereció una de las más atronadores generales y largas ovaciones hacia un granadinista que se hayan podido oír en Los Cármenes.

A pesar del fin de su imbatibilidad, el guardameta Esnaola tuvo una magnífica actuación y con sus grandes intervenciones evitó más de un gol en contra. El hidalgo (según Fernández de Burgos en Ideal) público granadino despidió a Esnaola con una gran ovación y en todas las publicaciones futboleras mereció el vasco la máxima nota.

Este Granada de Joseíto 1970-71 pasaba desde este partido a ocupar posiciones medias de la clasificación que ya no abandonaría hasta su final, completando una temporada plácida en la que nunca peligró la permanencia. Estaba empezando a forjarse el gran cuadro que a la temporada siguiente y con pocos retoques alcanzaría su mejor clasificación histórica en Primera.

miércoles, 8 de febrero de 2012

UNA FIESTA FUTBOLERA


Granada 2 Málaga 0

24 de noviembre de 1968

Estadio Los Cármenes, lleno, veintidós mil espectadores con presencia de más de cinco mil malagueños en tarde soleada y fría. La banda municipal interpretó el himno nacional. Partido correspondiente a la jornada 10 de Primera División 1968-69 designado media jornada económica

Granada CF: Ñito; Martos, Barrenechea, Lorenzo; Santos, Barrachina; Lara, Noya, Miralles, Ferrando y Vicente

CD Málaga: Goicoechea; Montero, Arias, Vallejo; Benítez, Migueli; Aragón, Jorge, Cabral, Fleitas y Martínez

Goles: 1-0, min. 41, Vicente; 2-0, min. 70, Miralles

Árbitro: Camacho, del Colegio Castellano. Perfecto arbitraje

Casi desde el mismo momento de la fundación de los clubes Granada CF y CD Málaga, nacidos con muy poca distancia en el tiempo y con los nombres de Recreativo Granada y Malacitano, se puede hablar de encarnizada rivalidad granadino-malagueña. En las hemerotecas encontramos crónicas de partidos de los años de la República en los que, antes y durante su transcurso así como a su finalización, había algo más que palabras dentro y fuera del terreno de juego y de los recintos deportivos, tal era el apasionamiento con el que estos partidos se vivían. En ese sentido destaca el choque de 18 de noviembre de 1934 que dirimieron en el campo de las Tablas y por el que ambos contendientes ascendieron a Segunda por primera vez en sus cortas historias. Los aficionados de uno y otro equipo lo “celebraron” lanzándose mutuamente, no bolas de la mucha nieve caída sobre Granada, sino pedruscos que hicieron que más de uno acabara en la casa de socorro.

A la altura de los sesenta seguían siendo los boquerones nuestros más directos rivales, pero ya no se puede hablar de un especial encarnizamiento ni los choques frente a los de la ciudad vecina daban para la crónica de sucesos más allá de algún incidente aislado, ni siquiera cuando lo que se ventilaba era algo tan importante como la máxima categoría, como habíamos tenido ocasión de comprobar en la promoción de 1966.

Este partido de noviembre de 1968 es de estos últimos, es decir, no hubo pedreas, pero fue como otros muchos Granada-Málaga una gran fiesta del fútbol, llena de colorido y de pasión, aunque sin incidentes, y tiene además la particularidad de ser el primero que los eternos rivales jugaron militando ambos en primera división. El recién ascendido Granada, con Marcel Domingo en el banquillo, había comenzado bastante mal la liga, pero cuando en la jornada diez le tocaba jugar contra el Málaga acababa de encadenar dos victorias seguidas, frente al Zaragoza y a domicilio en Elche (con accidentado viaje de vuelta que hubieron de completar los rojiblancos en auto-stop), y la visita del eterno rival supondrá la tercera consecutiva que dejará al Granada en la mitad de la clasificación. Por su parte, el Málaga de Otto Bumbel, cuya máxima estrella era el paraguayo oriundo goleador, Fleitas, hijo de granadino (o eso afirmaba él), a pesar de que descendería a segunda al finalizar la temporada, había comenzado muy bien, con goleadas a At. Bilbao y Valencia, y marchaba en los puestos altos, por lo que el partido era de claro pronóstico visitante y acompañando a los blanquiazules vinieron varios miles de malacitanos.

El campo se llenó a rebosar y como en otras ocasiones de previsible lleno hasta la bandera, se construyó una provisional rampa de acceso a General junto al marcador. Esta misma tarde se inauguraba la tribuna alta añadida por Cándido Gómez y construida en un tiempo récord. La nueva tribuna, que había costado ocho millones de pesetas, aumentaba el aforo del campo en cinco mil localidades y ya había entrado en uso en los dos partidos caseros anteriores ante Barcelona y Zaragoza, ambos con concurrencias superiores a los veinte mil aficionados. Con presencia de la banda municipal que interpretó el himno nacional, y del Diamante Rubio en indumentaria futbolístico-torera, en los prolegómenos recorrió el terreno de juego una pancarta con la leyenda «Como en Elche hemos ganao, los boquerones san’asustao». Antes, esa misma mañana, había tenido lugar la solemne inauguración oficial de la nueva tribuna, con misa en la explanada del estadio y bendición de la instalación seguida de imposición por el “divino” Ricardo Zamora de la insignia de oro y brillantes a Candi y rematada con un piscolabis para todos los presentes.

Para redondear la histórica jornada, el Granada venció a los de la Costa del Sol derrochando pundonor, que fue su mejor arma a lo largo de una temporada que finalizaría con el logro de igualar su mejor clasificación histórica hasta ese momento. El primer gol lo marcó Vicente al recoger un rechace a tiro de Noya, y el segundo fue obra de Miralles, también de oportuno remate tras una jugada embarullada en la meta malaguista, “gol del cojo” este segundo pues el ariete rojiblanco estaba renqueante desde la primera mitad. Los visitantes, con Migueli como su mejor elemento, fueron superiores la primera media hora y se acercaron con peligro pero tropezaron con un Ñito en plenitud. Hasta el arbitraje de Camacho fue perfecto en la otoñal tarde granadina, iniciando así una relación de amor-odio que culminará varias temporadas después con la recusación del trencilla internacional.

Mientras granadinistas y malaguistas se retiraban del terreno, éste empezaba a ser ocupado por los jugadores del Recreativo y del Imperio de Albolote, que a modo de epílogo y para que no decayera la fiesta nos obsequiaron a continuación (a los pocos futboleros de pro que nos quedamos a verlos) con un gran partido de 1ª Regional Preferente en el que los del filial se impusieron 4-2.

jueves, 19 de enero de 2012

LA NARANJA MANUAL















Granada 2 Rayo Vallecano 0

28 de noviembre de 1976

Estadio Los Cármenes, algo más de tres cuartos de entrada, quince mil espectadores en tarde soleada y de buena temperatura. Partido correspondiente a la jornada trece del Campeonato de Liga de Segunda División, 1976-77

Granada CF: Izcoa; Casuco, Édison, Grande, Gerardo; Oruezábal, Benítez, Santi (Orihuela 90'); Lorenzo, Dueñas y Parits (Quiles 22')

Rayo Vallecano: Alcázar, Anero, Uceda, Fuster, Tanco, Guzmán (Iglesias 54'), Alvarito, González, Rial, Felines y Francisco

Goles: 1-0, min 32, Quiles; 2-0, min 43, Quiles

Árbitro: Urío Velázquez, guipuzcoano. Mostró tarjetas amarillas a los locales Oruezábal, Benítez y Grande, y al rayista Anero. Desastrosa actuación con continuos errores. Al filo del descanso fue alcanzado en la espalda por una naranja lanzada por una mano anónima desde la preferencia del marcador

El descenso de pocos meses atrás no había alterado demasiado las cosas en el seno del Granada CF ni había hecho cundir excesivamente el nerviosismo. El presidente era el mismo y la plantilla con la que echar a andar en la 76-77 prácticamente la conformaban los mismos jugadores de Primera. El único cambio significativo era el del nuevo míster, el uruguayo Héctor Núñez. Todo estaba preparado para que el paso por el segundo nivel del fútbol fuera lo más corto posible.

Pero en cuanto echó a rodar el balón la realidad se mostró muy alejada de lo que estaba previsto y en sólo un mes ocupaba nuestro equipo el farolillo rojo, lo que traía la dimisión del presidente Cándido Gómez, incapaz de soportar las broncas de una hinchada a la que le costaba asumir el papel de colista de Segunda después de haber vivido ocho temporadas consecutivas entre los grandes, una hinchada por otra parte cada vez menos numerosa.

Cuando nos visitaba el Rayo Vallecano, equipo de la zona alta de la tabla, el sillón presidencial acababa de estrenar nuevo inquilino, Salvador Muñoz, que irrumpía con fuerza tras haberse retirado el otro candidato, Ángel Fernández Oliveros, y que como primera medida ponía al día a unos futbolistas a los que se adeudaban varias mensualidades. Se puede hablar de que cuando noviembre de 1976 terminaba, estaba simultáneamente empezando una nueva era en la historia del Granada CF, pero lo que ni el más agorero de los granadinistas podía sospechar es que esa nueva era iba a ser la peor de todas las vividas hasta entonces, y que iba a durar la friolera de treinta y cinco años.

De salida el Granada se topó con un Rayo atrincherado atrás que apenas dejaba resquicios, situación que duró lo que tardó el Granada en marcar. Antes del ecuador de la primera parte Parits tenía que retirarse al sufrir un tirón muscular y su puesto lo ocupaba Quiles, jugador que iba a resultar providencial pues fue el autor de los dos goles de la tarde, el primero al aprovechar el gran fallo del rayista Rial, que quiso ceder a su portero sin apercibirse de que por allí andaba el granadinista, que no desaprovechó el regalo y puso el 1-0 de remate a placer. Poco antes del descanso llegaba el 2-0, obra también de Quiles, de remate cruzado desde la frontal en pared con Lorenzo.

Pero el gran –el triste- protagonista del partido fue el árbitro Urío Velázquez, con sus continuos errores y mostrándose excesivamente meticuloso y anticasero, sobre todo en lo que respecta a su desigual criterio para la distribución de tarjetas de amonestación. La grada, progresivamente caliente ante lo que entendía doble rasero para enjuiciar la labor de unos y otros, acabó por llegar a la exasperación y gran parte del partido transcurrió entre lanzamientos de objetos al terreno y entre abucheos al trencilla, que recibió en su espalda el impacto de una naranja lanzada desde la grada de la preferencia del marcador. Si antes se había mostrado remiso a querer saber nada de lo que ocurría en las áreas, a partir de ese momento ya ni se acercaba, por lo que a poco del final ignoró un claro penalti por mano de un rayista. Al finalizar el partido numerosos hinchas lo esperaban a la puerta de vestuarios, no para felicitarlo precisamente, por lo que tuvo que abandonar el estadio en un Jeep de la Policía Armada.

Que sepamos, el naranjazo a Urío sólo trajo como consecuencia la imposición de una multa al club y el apercibimiento de cierre de Los Cármenes. Pero lo importante fue que con esta victoria consiguió el Granada abandonar el último puesto de la clasificación y tranquilizar algo los nervios. Lo malo fue que enseguida se volvió a las andadas, y las derrotas en Puertollano y en casa ante el Huelva trajeron de nuevo el farolillo rojo y con él la destitución de Héctor Núñez, sustituido durante tres partidos por el técnico del filial, Errazquin, hasta la llegada de Vavá, quien pudo no sin esfuerzos y tras no pocos reveses frenar la que parecía imparable caída hacia un nuevo descenso.

martes, 27 de diciembre de 2011

CAMINO A PRIMERA




Granada 2 Real Sociedad 1
9 de marzo de 1941
Estadio Los Cármenes, lleno, quince mil espectadores en tarde nublada. Terreno con algunos charcos por la lluvia caída. Partido correspondiente a la primera jornada de liguilla de ascenso a Primera 1940-41. Los capitanes de ambos equipos, González y Bienzobas, intercambiaron ramos de flores en los prolegómenos
Granada CF: Floro; Millán, González; Maside, Bonet, Mesa; Guijarro, Trompi, Cholín, Bachiller y Liz
R Sociedad de San Sebastián: Sebitas; Querejeta, Izaga; Fernando, Patri, Simón; Bienzobas, Bidegain, Chipia, Azpiazu y Pedrín
Goles: 1-0, min. 4, Cholín; 2-0, min. 39, Trompi; 2-1, min. 71, Bidegain
Árbitro: Melcón, Colegio Centro. Impecable. Fue despedido con aplausos al finalizar el choque


A las tres y media de la tarde, las peloteras de última hora en las puertas de Los Cármenes hicieron que bastantes se perdieran el golazo de Cholín que abría el camino hacia la victoria rojiblanca y era el primer paso hacia la Primera División con el que un mes después culminaría la liguilla de ascenso que esta nublada tarde empezaba en Los Cármenes y que disputaban los primeros clasificados de los dos grupos de Segunda en la liga recién terminada. El perfecto izquierdazo a la media vuelta del guipuzcoano y ex realista Cholín (“el abuelo” para parte de la afición), a servicio de Trompi, potente, raso y cruzado, tampoco resultó muy visible para el guardameta Sebitas, que sólo se enteró cuando vio el balón dentro de su portería.





El segundo gol llegaba al filo del descanso y fue otro gran gol en el que intervinieron los dos mismos protagonistas del primero, aunque con los papeles cambiados: Cholín sirvió magistralmente a Trompi, quien de tiro cruzado llevó el balón a la red, todo originado por la galopada por su extremo del ilustre veterano “Pirulo” Guijarro, que disputaba su último partido como rojiblanco.
Fue un partido casi completo el que el Granada ofreció a sus seguidores. El único pero estuvo en lo ajustado del marcador final, que debió ser mucho más amplio a favor de los rojiblancos. El Granada superó a su rival en todos los terrenos y en todas las facetas, especialmente en su primera mitad. José Zubeldia para Patria escribe entusiasmado: «Ni la pluma ni el pincel podrían recoger los rasgos y el nervio del juego. Acaso la cámara cinematográfica sería la única que pudiera perpetuar con la precisión de un archivo, toda la gama de combinaciones y genialidades que nuestros jugadores crearon con su inspiración magnífica, y así quedaría retratado para siempre un curso completo de fútbol. No faltó ni los goles de bandera, de los cuales, el primero, se ve tan de tarde en tarde, que hay que hacer esfuerzos de memoria…». Zubeldia destaca especialmente la magnífica labor del trío Floro, Millán, González, así como la gran calidad de Maside, Cholín y Trompi, y el juego “científico” de Bachiller.
El mismo cronista se lamenta de que en la segunda parte se malograran muchas ocasiones de gol porque -y esto es un problema que se viene arrastrando toda la temporada a pesar de la magnífica clasificación- sólo hay «a lo sumo dos delanteros que saben tirar». No obstante, la solución al problema la teníamos ya en casa y se llamaba César. Concretamente llegó de madrugada dos días antes y en el mismo tren que en “solo” treinta y tantas horas condujo a nuestra tierra a la expedición donostiarra en su primera visita histórica a este rincón peninsular:
El gran César Rodríguez era un futbolista leonés de sólo veinte años, pero ya cotizado, que venía cedido del Barcelona y que no jugó esta tarde precisamente por lo precipitado que esto hubiera parecido. Tampoco lo haría al domingo siguiente, con la visita del Castellón. Su debut se producirá ya en la tercera jornada, en el Riazor coruñés, y aunque sólo anotará un gol en toda la liguilla, será ese único gol el que suponga la victoria y quedar campeón de campeones, y el primer ascenso a máxima categoría, en el Sequiol castellonense, una jornada antes de concluir la competición.

martes, 20 de diciembre de 2011

EL EQUIPO QUE VOLVIÓ DEL FRÍO




Granada 8 Levante 1
18 de diciembre de 1949
Estadio Los Cármenes, casi lleno, once mil espectadores en tarde muy fría. Partido correspondiente a la jornada quince del Campeonato de Liga de Segunda División grupo Sur, 1949-50
Granada CF: Candi; Toñín, Millán, Barnet; Almagro, Luiqui; Megino, Trompi, Morales, Fraga y Mas UD Levante: Tur; Dolz, Allepuz, Navarro I; Alday, Navarrete; Sáez, Salvador, Zaragoza, Ortiz y Navarro II
Goles: 1-0, m. 16, Morales; 2-0 m. 34, Morales; 3-0, m. 46, Mas; 4-0, m. 48, Morales; 5-0, m. 60, Megino; 6-0, m. 76, Morales; 7-0, m. 77, Fraga; 8-0, m. 82, Morales; 8-1, m. 89, Salvador
Árbitro: Díaz Argote


El título de esta colaboración así como lo que sigue está tomado literalmente de lo que José Luis Entrala escribió en su magnífica “Historia del Granada CF”, referido a lo que le ocurrió a la expedición rojiblanca una semana antes del partido que nos ocupa:
«El 11 de diciembre de 1949 jugó el Granada en Alcoy. Vuelven en autobús el lunes día 12 y una intensísima nevada bloquea el vehículo en las cercanías del pueblo granadino de Baúl. Es imposible continuar y tampoco se puede retroceder. Los 15 miembros de la expedición son el entrenador Cholín, el masajista Bombillar y los jugadores Candi, Carbelo, Toñín, Méndez, Barnet, Almagro, Sosa, Megino, Fraga, Morales, Luiqui, Más y Trompi. Entre todos deciden, siguiendo las indicaciones del chófer, que la única solución es abandonar el autobús y avanzar a pie, por la nieve, hasta encontrar un cobijo.
»Y así estuvieron ¡tres días y tres noches dantescos! durmiendo en pequeños cortijos de la zona y caminando todo el día, perdidos entre la nieve, sin ropa ni calzado adecuados.
»Paco Más recordaba aquella odisea un día de 1984, 35 años después.
»“Llevábamos andando mucho tiempo, perdidos, sin saber si nos acercábamos o nos alejábamos, hasta que, por fin, vimos un cortijo. Pero allí no nos quisieron recibir. Les dijimos que pagaríamos la comida pero no ponían buena cara. Yo creo que nos tuvieron miedo. ¡Tantos hombres juntos…! Así que de nuevo a caminar por la nieve y, poco después, otra cortijada. Allí sí fuimos atendidos; lumbre, comida…”
»Estaban exhaustos, durmiendo en donde podían y, al día siguiente, vuelta a caminar. Por fin, el jueves llegaron hasta un tren detenido en la vía por la nieve. Lo pudieron abordar y esperar pacientemente hasta que, en la madrugada del viernes día 16, su lentísimo tren rindió viaje en la estación de Granada. Fueron cuatro días de miedo, hambre, frío y desesperación. Pero es viernes y el domingo día 18 hay que jugar en los Cármenes. El Levante espera.»




Desde luego, eran otros tiempos. Las comunicaciones poco tenían que ver con las actuales, pero es que el talante y la pasta de la que estaban hechos aquellos deportistas tampoco parecen asemejarse demasiado a lo de ahora mismo. A nadie se le ocurrió sugerir siquiera el aplazamiento del partido, y así, los mismos hombres con el único cambio de Trompi por Sosa, sin apenas entrenar y después de semejante aventura, fueron capaces de endosarle al Levante una de las mayores goleadas de toda la historia del Granada CF.
El Levante venía como vicecolista y estuvo toda la liga en los puestos bajos aunque no descendió, pero apenas opuso resistencia y desde el momento en que se vio con dos goles de diferencia bajó los brazos y todo resultó excesivamente fácil para los rojiblancos, entre los que destacaron especialmente Morales y Mas, el primero como autor de cinco de los goles en su puesto de ariete, y el segundo como asistente (aunque entonces no se decía así) desde su banda izquierda de al menos cuatro y autor de uno más. Precisamente a estos dos jugadores se les anularon dos goles más que, según las crónicas, fueron legalmente conseguidos.
Juan Morales Rubio, natural de Cieza (Murcia), consiguió aquella tarde cinco goles, una marca personal que suponía igualar la que consiguieran Juanele Castillo en 1933 y Luis Sosa en 1940, y de no habérsele anulado un gol podía haber igualado las que por el momento suponen el mayor número de goles conseguidos en un partido por un granadinista, seis, y que ostentan desde 1933 José Carmona y desde 1942 César. Morales fue un gran delantero centro de magnífico juego aéreo que militó en el Granada cuatro temporadas entre 1946 y 1950, y que, según José Luis Entrala, al principio tropezó con la incomprensión de los aficionados, que lo abucheaban, pero que pronto se rindieron cuando temporada tras temporada marcaba goles en abundancia. Morales es en la actualidad el tercer máximo goleador de la historia del Granada CF, con 61, sólo superado por los 77 de Trompi y los 101 de Rafa.

viernes, 9 de diciembre de 2011

MAGNÍFICOS CINCO + UNO




Granada 6 Zaragoza 2
18 de septiembre de 1966
Estadio Los Cármenes, lleno, dieciséis mil espectadores en tarde-noche calurosa. La segunda parte se jugó bajo iluminación artificial, inaugurando así en partido oficial la nueva instalación. Partido correspondiente a la segunda jornada del campeonato de liga de Primera División 1966-67
Granada CF: Ñito; Tosco, Datzira, Zubiaurre; Santos, Lorenzo; Lara, Almagro, Miguel, Agüero y Vicente
RCD Zaragoza: Yarza; Irusquieta, Santamaría, Reija; Pais, Violeta; Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra
Goles: 1-0, min. 31, Vicente; 2-0, min. 38, Miguel; 2-1, min. 43, Lapetra; 3-1, min. 49, Miguel; 4-1, min. 57, Miguel; 5-1, min. 60, Miguel; 5-2, min. 64, Pais; 6-2, min. 79, Agüero
Árbitro: López Zaballa, del colegio murciano. Buena actuación


En todas las quinielas el resultado más repetido era el “2“ o, como mucho, la “X“. Incluso en el diario deportivo “Dicen“ se había publicado los días previos al partido una caricatura en la que se veía a un jugador vestido con la indumentaria del Granada arrodillado y rezando, y a su lado otro jugador sonriente, éste con la indumentaria del Zaragoza y en la cabeza su “cachirulo“ de mañico, llevando en las manos un saco para guardar los muchos goles que se preveía entrarían en la meta granadinista, todo ello encima de la siguiente cuarteta: «Con los maños en gran forma / que se prepare el Granada / pues, además de perder, / pudiera haber goleada».

Goleada sí que hubo, sólo que fue en la portería contraria a la prevista, lo que a todo el mundo futbolero sorprendió. Y es que el Granada era un recién ascendido mientras que el Zaragoza, que estaba en esos precisos momentos escribiendo las mejores páginas de toda su historia, era el vigente campeón de Copa del Generalísimo y acababa de disputar sólo cuatro días antes el partido de ida de la final de la Copa de Ferias, en el que se había impuesto al Barcelona en el Nou Camp (0-1) con la misma alineación con la que esta calurosa tarde comparecía en Los Cármenes. Esa alineación titular zaragozana de los años sesenta (con una bonita rima incluida) en la que forman hasta siete internacionales, es la mejor de su historia y la que le dio más tiítulos: dos copas de España en 1964 y 1966 (más el subcampeonato en 1963 y 1965) y el título internacional de campeón de la Copa de Ciudades en Feria (1964), antecedente de lo que después fue la Copa UEFA, título que a los tres días de disputarse este partido no pudo renovar al perder en la vuelta en casa 2-4 con el Barcelona. Es el Zaragoza de Fernando Daucik y de los míticos “cinco magníficos“ de su delantera: Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra. O sea, un auténtico hueso para este Granada que apenas tres meses antes jugaba en Segunda y que había dado el salto a Primera ganando la promoción al Málaga.




La primera mitad estuvo más igualada y el primer gol tardó en llegar media hora, pero en la segunda, al encenderse los focos, cosa que ocurría por primera vez en Los Cármenes en un partido oficial del Granada (una semana antes, el 11 de septiembre de 1966, el Recreativo había inaugurado la iluminación empatando a uno con el Linense en el primer partido del grupo XI de 3ª), se encendieron simultáneamente la fuerza y el buen juego al contraataque de este Granada, y Lara, el rubio extremo gaditano de veinte años que apuntaba a figura y por su mala cabeza no llegó, y sus rapidísimas incursiones por la derecha se convirtieron en pesadilla para la defensa zaragozana, incapaz de contrarrestar la que se le venía encima, encajando otros cuatro goles que pudieron ser algunos más. Todo el equipo estuvo muy bien, pero en las crónicas se resalta, aparte del buen papel de Lara y los cuatro goles de Miguel, el gran trabajo en la zona ancha de Mariano Santos en el que quizás fue su mejor partido de los casi trescientos que disputó de rojiblanco.
Es fácil imaginar la euforia que supuso para el granadinismo esta gran e inesperada victoria ante el equipo de moda, victoria que, según las crónicas, fue muy merecida e incluso pudo ser bastante más amplia, y que fue premiada por la directiva de Bailón a razón de 10.000 ptas. por barba que, según José Luis Entrala, algunos corrieron a emplearlas esa misma noche en francachelas hasta las tantas.

«Apoteosis en Los Cármenes: 6-2 al Zaragoza», titula Hoja del Lunes. «Superioridad del Granada que frente a cinco magníficos alineó a once extraordinarios»; «Lo imposible: la sardina se comió al tiburón»; son dos de los titulares de “Patria” en la crónica de este partido que firma José Luis Piñero. «Ya tenemos coco», titulaba por su parte el diario “Madrid”.

Sí, parecía el coco -como decía el diario Madrid- este Granada de Ignacio Eizaguirre que quedaba clasificado en cuarta posición y con el positivo arrancado en la anterior jornada en el campo de otro de los gallitos de la época, el Las Palmas. Pero quedaban todavía por jugarse veintiocho jornadas y lamentablemente la magnífica imagen de los rojiblancos en este partido ya no volvió a repetirse, al contrario, su tono fue bajando a medida que avanzaba la competición y con él los puestos en la clasificación hasta llegar al final y tener que intentar salvar la categoría en promoción. El Betis, muy superior en la ida como en la vuelta, puso fin a la más breve estancia del Granada en Primera.