EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



sábado, 14 de junio de 2008

¡QUÉ MALAJE, MI ARMA!



Nuevo salto en el tiempo que nos lleva a la temporada 1966-67, con un Granada recién retornado a la máxima categoría del balompié patrio tras de la mano de Kalmar conseguir en mayo de 1966 superar al eterno rival malagueño en una emocionantísima promoción. Magnífico colofón a su presencia en Granada, con este ascenso se despedía del corazón de los granadinistas un hombre muy querido por la afición y considerado uno de los mejores técnicos que por aquí pasaron. El húngaro Jeno (o Janos) Kalmar ya había conducido a los rojiblancos, seis años antes, al subcampeonato copero y ahora devolvía al Granada a Primera tras un “largo periodo” (se dijo por entonces, ¡pobrecillos de nosotros!) de cinco temporadas en segunda.

De las cuatro presencias de los rojiblancos en la máxima categoría ésta es la más fugaz pues se reduce a este único ejercicio que además supone para un servidor su bautizo como espectador de fútbol de primera. Eventos destacables de esta temporada tenemos los granadinistas de corazón unos cuantos: sin ir más lejos, en la 66-67 un jugador local, Ñito, llegó a alinearse, como sustituto de Iríbar, en la segunda parte de un partido amistoso disputado en el recién inaugurado Manzanares (después Vicente Calderón) en las filas de una selección española formada ad hoc para un partido homenaje al infortunado jugador del At. Madrid, Martínez. Asimismo en esta temporada, por primera vez en la historia del club rojiblanco, el estadio de Los Cármenes se convierte en plató al televisarse en directo en abril de 1967 el partido de la segunda vuelta en el que el Granada se impuso 2-1 al Elche, con narración de Matías Prats.

Para que esta retransmisión televisiva fuera posible, a principios de campaña se había dotado al recinto de la carretera de Jaén de la necesaria iluminación eléctrica. Precisamente el estreno en partido oficial de las cuatro torres de iluminación no pudo ser mejor ya que en un encuentro para el recuerdo el Granada dio todo un baño de juego y goles a un equipo puntero de la época, el Zaragoza de «los cinco magníficos» (Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra), 6-2 con goles de Miguel (cuatro), Agüero y Vicente. Comienzo de temporada espectacular para los rojiblancos que una semana antes habían conseguido arrancar un más que meritorio empate (1-1) en el Insular de Las Palmas.

El banquillo lo ocupaba el que fuera en los cincuenta portero de la selección, Ignacio Eizaguirre, que ya había entrenado al Granada dos años antes en sustitución de Millán. La plantilla se confeccionó con los titulares que habían conseguido el ascenso: Barrenechea, Tosco, Sande, Lorenzo, Tinas, Santos, Eloy, Miguel, Flores y Rafa Almagro; con las bajas del guardameta Otero, que decidió retirarse, y el traspaso al Zaragoza del segundo de la saga González. Para reforzar vienen en ese año a Granada hombres como Ñito, Manolín, Datzira, Zubiaurre, Lara, Agüero y el canario Vicente, con el cual no se pudo contar en la segunda vuelta porque su gran clase hizo que se fijara en él un club de la solera mundial del Peñarol de Montevideo (que acababa de ganarle la Intercontinental al R. Madrid Ye-yé) y allí se había marchado traspasado por D. José Bailón. Durante el ejercicio también se produce la incorporación desde el Recreativo de Barrachina.

Desafortunadamente el gran inicio de liga no tuvo continuidad y el Granada pronto se vio relegado a los puestos de la zona media-baja de la clasificación. Al llegar el final de la liga regular, los siete negativos de su casillero hacen que el Granada acabe en el decimocuarto puesto por lo que ha de intentar conservar la categoría en la promoción, bien frente al Betis o bien frente al Gijón, como aspirantes a dar el salto a Primera. Lo que ocurre es que el otro equipo que tiene que luchar por evitar el descenso es el Sevilla. Ante la perspectiva de un enfrentamiento bético-sevillista con la Primera en juego, circunstancia que sería la primera vez que se diera en sus respectivas historias y que después no se ha dado, vuelven a planear los fantasmas. Al Granada, el feo de esta historia, le toca bailar con la más fea. ¿Y quién es ese adefesio?: no lo duden más, el hueso que depara la “suerte” es el Betis de los Ríos, Antón, Quino, Pepe González y Rogelio (entre otros). La palabra suerte nos hemos permitido entrecomillarla porque para el hincha granadinista la cosa está muy clara: las autoridades del Régimen evitaron un enfrentamiento bético-sevillista en el que podían verse chamuscadas por las más que previsibles chispas y centellas que ese duelo con la máxima categoría en juego podía deparar. No se puede asegurar tal cosa. En Adiós a Los Cármenes, de Ramón Ramos se recogen unas declaraciones de José Bailón, presidente por entonces, en las que afirma que el sorteo fue perfectamente limpio y sin ningún tipo de componendas. Es igual, nadie podrá convencer al forofo de que una vez más hubo algún tipo de felino preso que perjudicó a los nuestros. Mucho más asequible era el otro posible rival, el Gijón, con el cual no tuvo ningún problema el Sevilla.

Antes de jugarse la promoción vuelve al Granada Vicente, al deshacerse su traspaso al Peñarol obligado por una extraña norma federativa de la que no tenemos noticia de que en alguna otra ocasión haya sido aplicada y según la cual no se podía traspasar a un club extranjero a un jugador español que fuera seleccionable. Vicente, pese a que lo mereció más que sobradamente, nunca pudo lucir la elástica nacional, pero los granadinistas recuperamos al que es considerado como uno de los mejores futbolistas que han vestido de rojiblanco en toda época. A pesar de este magnífico refuerzo, al llegar los rojiblancos a la hora de la verdad reciben dos auténticos baños de un Betis formado con hombres de mucha calidad y en plena forma (2-0 en Sevilla y 0-1 en Granada) que le indican a la hinchada granadina que ha llegado la hora de despertar y que ya no es persona grata entre la “aristocracia del fútbol español” (gracias Ramón), porque las cosas son como acaban, no como empiezan.

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