EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



miércoles, 22 de febrero de 2012

550 MINUTOS


Granada 2 Real Sociedad 0

25 de octubre de 1970

Estadio Los Cármenes, casi lleno, veinte mil espectadores en tarde soleada. Partido correspondiente a la jornada siete del campeonato de liga de Primera División 1970-71

Granada CF: Ñito; De la Cruz, Barrenechea, Aguilera; Santos, Fernández (José 69’); Lasa, Juárez, Barrios, Fontenla y Vicente (Blayet 76’)

Real Sociedad: Esnaola; Gorriti, Martínez, Ormaechea; Seín, Lema; Urreisti, Silvestre (Corcuera 46’), Araquistain (Arambarri 46’), Mendiluce y Boronat

Goles: 1-0, min. 10, Vicente; 2-0, min. 63, Vicente
 
Árbitro: Carreño, valenciano. Buena actuación excepto por la no señalización de un penalti a Juárez

540 minutos llevaba Esnaola imbatido en la liga de primera iniciada seis jornadas atrás. En esas seis jornadas nadie había sido capaz de hacerle un gol al portero donostiarra. Ni el Madrid ni el Valencia (que sería campeón) habían podido marcar, y el Sevilla, por entonces tercero, además había caído derrotado en Atocha. Seis partidos, dos victorias y cuatro empates (todos a cero), tres goles a favor por ninguno en contra, colocaban al equipo vasco cuarto en la clasificación.

Pero aquí el récord de Esnaola duró nada más que diez minutos, que fue lo que tardó el Granada en marcar el primer gol, obra de Vicente, que empezaba así a perfilar una de las mejores actuaciones que se le recuerdan. Vicente acabó con la marca de un potente y magnífico remate desde la frontal recogiendo un rechace tras jugada de Lasa por la derecha y su acierto le valió embolsarse allí mismo, sobre el césped de Los Cármenes, el billete de mil pesetas que la peña Café Andaluz había prometido al jugador del Granada que fuera capaz de batir a Esnaola. Ya en la segunda parte volvió a marcar de otro remate al aprovechar un balón suelto tras otra jugada de Lasa. Vicente González Sosa, paradigma granadinista del jugador de clase, de los que pueden marcar el tempo de un partido, y rey de las asistencias que son medio gol, se estrenaba sin embargo esta temporada como goleador y lo hacía al más puro estilo de ariete oportunista, aprovechando sendos rechaces.

El maestro Vicente, más maestro que nunca, nos obsequió aquella tarde con un partido redondo en el que fue la gran estrella rojiblanca en la conducción de su juego de ataque. El mejor de los veintiséis. Cuando Vicente salía con ganas del vestuario (que no siempre era así, sobre todo lejos de casa) solía dejar para el recuerdo inolvidables lecciones de buen fútbol, goles y victorias rojiblancas bien disfrutadas desde las gradas, que es lo que ocurrió esta tarde. Una semana antes ya había sido el jugador decisivo para que el Granada derrotara al Las Palmas, lo que unido a esta victoria colocaban a los de Joseíto en la mitad alta de la tabla. Su retirada del terreno, sustituido por Blayet, mereció una de las más atronadores generales y largas ovaciones hacia un granadinista que se hayan podido oír en Los Cármenes.

A pesar del fin de su imbatibilidad, el guardameta Esnaola tuvo una magnífica actuación y con sus grandes intervenciones evitó más de un gol en contra. El hidalgo (según Fernández de Burgos en Ideal) público granadino despidió a Esnaola con una gran ovación y en todas las publicaciones futboleras mereció el vasco la máxima nota.

Este Granada de Joseíto 1970-71 pasaba desde este partido a ocupar posiciones medias de la clasificación que ya no abandonaría hasta su final, completando una temporada plácida en la que nunca peligró la permanencia. Estaba empezando a forjarse el gran cuadro que a la temporada siguiente y con pocos retoques alcanzaría su mejor clasificación histórica en Primera.

miércoles, 8 de febrero de 2012

UNA FIESTA FUTBOLERA


Granada 2 Málaga 0

24 de noviembre de 1968

Estadio Los Cármenes, lleno, veintidós mil espectadores con presencia de más de cinco mil malagueños en tarde soleada y fría. La banda municipal interpretó el himno nacional. Partido correspondiente a la jornada 10 de Primera División 1968-69 designado media jornada económica

Granada CF: Ñito; Martos, Barrenechea, Lorenzo; Santos, Barrachina; Lara, Noya, Miralles, Ferrando y Vicente

CD Málaga: Goicoechea; Montero, Arias, Vallejo; Benítez, Migueli; Aragón, Jorge, Cabral, Fleitas y Martínez

Goles: 1-0, min. 41, Vicente; 2-0, min. 70, Miralles

Árbitro: Camacho, del Colegio Castellano. Perfecto arbitraje

Casi desde el mismo momento de la fundación de los clubes Granada CF y CD Málaga, nacidos con muy poca distancia en el tiempo y con los nombres de Recreativo Granada y Malacitano, se puede hablar de encarnizada rivalidad granadino-malagueña. En las hemerotecas encontramos crónicas de partidos de los años de la República en los que, antes y durante su transcurso así como a su finalización, había algo más que palabras dentro y fuera del terreno de juego y de los recintos deportivos, tal era el apasionamiento con el que estos partidos se vivían. En ese sentido destaca el choque de 18 de noviembre de 1934 que dirimieron en el campo de las Tablas y por el que ambos contendientes ascendieron a Segunda por primera vez en sus cortas historias. Los aficionados de uno y otro equipo lo “celebraron” lanzándose mutuamente, no bolas de la mucha nieve caída sobre Granada, sino pedruscos que hicieron que más de uno acabara en la casa de socorro.

A la altura de los sesenta seguían siendo los boquerones nuestros más directos rivales, pero ya no se puede hablar de un especial encarnizamiento ni los choques frente a los de la ciudad vecina daban para la crónica de sucesos más allá de algún incidente aislado, ni siquiera cuando lo que se ventilaba era algo tan importante como la máxima categoría, como habíamos tenido ocasión de comprobar en la promoción de 1966.

Este partido de noviembre de 1968 es de estos últimos, es decir, no hubo pedreas, pero fue como otros muchos Granada-Málaga una gran fiesta del fútbol, llena de colorido y de pasión, aunque sin incidentes, y tiene además la particularidad de ser el primero que los eternos rivales jugaron militando ambos en primera división. El recién ascendido Granada, con Marcel Domingo en el banquillo, había comenzado bastante mal la liga, pero cuando en la jornada diez le tocaba jugar contra el Málaga acababa de encadenar dos victorias seguidas, frente al Zaragoza y a domicilio en Elche (con accidentado viaje de vuelta que hubieron de completar los rojiblancos en auto-stop), y la visita del eterno rival supondrá la tercera consecutiva que dejará al Granada en la mitad de la clasificación. Por su parte, el Málaga de Otto Bumbel, cuya máxima estrella era el paraguayo oriundo goleador, Fleitas, hijo de granadino (o eso afirmaba él), a pesar de que descendería a segunda al finalizar la temporada, había comenzado muy bien, con goleadas a At. Bilbao y Valencia, y marchaba en los puestos altos, por lo que el partido era de claro pronóstico visitante y acompañando a los blanquiazules vinieron varios miles de malacitanos.

El campo se llenó a rebosar y como en otras ocasiones de previsible lleno hasta la bandera, se construyó una provisional rampa de acceso a General junto al marcador. Esta misma tarde se inauguraba la tribuna alta añadida por Cándido Gómez y construida en un tiempo récord. La nueva tribuna, que había costado ocho millones de pesetas, aumentaba el aforo del campo en cinco mil localidades y ya había entrado en uso en los dos partidos caseros anteriores ante Barcelona y Zaragoza, ambos con concurrencias superiores a los veinte mil aficionados. Con presencia de la banda municipal que interpretó el himno nacional, y del Diamante Rubio en indumentaria futbolístico-torera, en los prolegómenos recorrió el terreno de juego una pancarta con la leyenda «Como en Elche hemos ganao, los boquerones san’asustao». Antes, esa misma mañana, había tenido lugar la solemne inauguración oficial de la nueva tribuna, con misa en la explanada del estadio y bendición de la instalación seguida de imposición por el “divino” Ricardo Zamora de la insignia de oro y brillantes a Candi y rematada con un piscolabis para todos los presentes.

Para redondear la histórica jornada, el Granada venció a los de la Costa del Sol derrochando pundonor, que fue su mejor arma a lo largo de una temporada que finalizaría con el logro de igualar su mejor clasificación histórica hasta ese momento. El primer gol lo marcó Vicente al recoger un rechace a tiro de Noya, y el segundo fue obra de Miralles, también de oportuno remate tras una jugada embarullada en la meta malaguista, “gol del cojo” este segundo pues el ariete rojiblanco estaba renqueante desde la primera mitad. Los visitantes, con Migueli como su mejor elemento, fueron superiores la primera media hora y se acercaron con peligro pero tropezaron con un Ñito en plenitud. Hasta el arbitraje de Camacho fue perfecto en la otoñal tarde granadina, iniciando así una relación de amor-odio que culminará varias temporadas después con la recusación del trencilla internacional.

Mientras granadinistas y malaguistas se retiraban del terreno, éste empezaba a ser ocupado por los jugadores del Recreativo y del Imperio de Albolote, que a modo de epílogo y para que no decayera la fiesta nos obsequiaron a continuación (a los pocos futboleros de pro que nos quedamos a verlos) con un gran partido de 1ª Regional Preferente en el que los del filial se impusieron 4-2.