EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



lunes, 31 de mayo de 2010

NOSTALGIAS BÉLICAS




Un nostálgico del régimen futbolero anterior, léase uno de aquellos apolillados ayatolás del sanzismo que a cambio de las migajas predicaban incesantemente la yihad contra el infiel (o sea, contra cualquiera que no besara por donde pisaba Sanz), me tiene entre sus “amistades” más selectas y se acuerda de éste que suscribe mandándome misivas vía correo electrónico en las que se preocupa por mi salud.

Es uno de aquellos granadinistas de nuevo cuño que –cosas de conversos que deben constantemente demostrar que la fe recién abrazada es inquebrantable- ejercieron de cibernéticos perros guardianes del que fue presidente del Granada, y que saltaban a la yugular de cualquiera que no usase incensario ante el que todo lo iba a arreglar de forma altruista por la única razón de que de pronto un día que paseaba por la calle Serrano vio una luz y se sintió imbuido de fervor rojiblanco. Y sé que es uno de aquellos que formaban la corte celestial (y lamecular) del hijo de D. Lorenzo y disfrutaban de barra libre en el antepalco porque, aunque sus correos los firma “anónimo”, hay métodos para rastrear su procedencia que lo identifican.

Es que hay algunos que como en esos años vivieron la sensación de ser algo en el club y todavía guardan la gorra que les vino de Madrid, no acaban de conformarse con esta calma chicha de felicidad y buenos resultados deportivos que resulta muy aburrida, sin periodistas, empresarios, políticos o simples hinchas a quienes despellejar ni clubes granadinos que hagan la competencia y a los que culpar de todo. Donde se ponga una sabrosa campaña de desprestigio de personas y entidades que se quite esa sosería de tener que hablar exclusivamente de fútbol. Con lo que se divertían entonces ejerciendo de Torquemada, siempre mirando con lupa lo que se decía o se hacía o lo que se dejaba de decir o de hacer, y redactando listas negras (o libretas azules) de herejes que había que quemar en la hoguera o expulsar oficialmente del rebaño de los fieles rojiblancos. Eran tiempos en los que las cosas estaban muy claras: el que no tiraba de botafumeiro para todo lo “marcusiano” es porque se había vendido. ¿Que el club mientras tanto caminaba hacia el abismo?, eso era secundario. Ellos se lo pasaban muy bien ejerciendo de policías e instigadores de las mil y una guerras que el hijo de D. Lorenzo mantenía para que el personal se fijara menos en otras cosas, como un déficit duplicado en un tiempo récord o unas cuentas que no cuadraban.

Todo aquello pasó y lo mismo que otros pocos ungidos del sanzismo, este “amigo” no tuvo más remedio que pasar a un segundo plano, que dejar de sentirse elegido. Y está claro que vivir sin la sensación de ejercer de líder espiritual e ideólogo y tener que hablar exclusivamente de lo deportivo le colma de hastío, así que, añorando aquellos días vuelve a la carga y desentierra el hacha de guerra, aunque sea de la forma tan infantil que ha elegido.

A ti me dirijo, simpático “amigo” ayatola, que te acuerdas de mí y quieres volver a revivir aquel ambiente de crispación que caracterizó al sanzismo para sentirte otra vez inquisidor y guardián de unas recién asumidas esencias rojiblancas. No me castigues (¡mecachis!) por mis veleidades pasadas y no me mandes más anónimos sin texto y con enlaces a anuncios de Viagra. Hombre, agradezco tu deferencia y que me tengas en tus pensamientos y te intereses por mi salud, pero te aseguro que no es necesario, que aunque ya no soy precisamente un niño tampoco estoy decrépito y no necesito de químicas para levantar ninguna parte de mi anatomía. Tu mujer puede dar fe de que no se trata de un farol.

miércoles, 26 de mayo de 2010

500 GOLES



La segunda vuelta de la liga 72-73 se inicia para el Granada con una nueva derrota, 2-0 en Zaragoza, y con la constatación de que a este equipo no es que le cueste aprovechar sus oportunidades, es que no las crea.

También se inicia con la llamada de Jaén por Kubala para una sesión de entrenamientos a primeros de febrero en Madrid. Pero con Jaén ocurre lo mismo que con Porta un par de meses atrás: fueron y entrenaron, se hicieron la correspondiente foto vistiendo la roja, pero su debut como internacionales no llegó a consumarse.

Y así llegamos a otra fecha histórica, la de 28 de enero de 1973. Ese domingo consiguió el Granada la redonda cifra de 500 goles en Primera división. Fue con ocasión de la visita del débil Coruña que dirigía Arsenio, que acabaría descendiendo.

Cuando se juega este partido anda el Granada en el puesto décimo de la clasificación (de dieciocho), con dos negativos después de haberse disputado 18 jornadas, y con 16 puntos de las cinco victorias, seis empates y siete derrotas cosechadas. Es el equipo menos goleador de Primera, con sólo once a favor por dieciocho en contra. Ese puesto décimo fue el que con más asiduidad se ocupó durante la liga, lo que podría indicar que casi toda ella se pasó sin demasiados problemas, lo cual no es del todo cierto y hubo también sus momentos de pesimismo y cierta zozobra. Como ocurre precisamente en los momentos narrados, porque sólo dos puntos nos separaban del tercero por abajo y primero en puesto de descenso, que es precisamente el rival que nos visita, el Coruña. Así que no están las cosas muy bien que se diga, hay nervios y no puede haber confianzas porque el menor tropiezo significaría meterse en problemas. Pero, con todo, lo peor, la tónica de toda la liga, es que el equipo no conecta con la grada, con su juego más bien rudimentario y sus timoratos planteamientos traducidos en un preocupante escaso poder goleador. Qué lejos parecen los felices días de la pasada temporada en la que todos los grandes hincaron la rodilla en Los Cármenes y en la que se podía ver a un equipo de juego alegre y un Porta marcando goles hasta sin querer.

En este contexto, el partido contra el Coruña fue uno más de la, en gruesos trazos, gris temporada 72-73. Un Granada agazapado y que expone muy poco ante un rival que nada dice, un Granada «…que juega agarrotado, lento, sin ideas, con excesiva horizontalidad y, en muchas ocasiones, al paso», tal como escribe en su crónica para Ideal José De Vicente, que añade que «Se respira, pero mal. No hay gravedad, aunque es indudable que la enfermedad existe». Y es que, como es sabido, a lo bueno se acostumbra uno enseguida, y este Granada de Pasieguito, en comparación con el de la temporada anterior, casi sólo se parece en los colores del uniforme, y lo primero que empieza a resentirse es la afluencia a Los Cármenes, donde empezamos a ver claros después de muchos meses.

No fue ni mucho menos un buen partido, pero al menos se ganó y de esa forma se alejaron algo más los fatídicos puestos de descenso. Según la crónica de Ideal, los visitantes fueron mejores en la primera mitad, y a poco de iniciarse la segunda y con el marcador todavía a cero, el árbitro Olavarría les escamoteó un claro penalti. Mejoró algo el Granada en la segunda parte, sobre todo después de ponerse por delante en el marcador, con gol de Quiles de cabeza a centro de Vicente, cosa que ocurrió a los diez minutos, justo en el momento preciso de acallar las protestas que ya habían surgido de las gradas. Era el primero de los goles que el fichaje de esta temporada, Quiles, hacía como rojiblanco.

Lo que hace histórico este partido no fue, como queda dicho, el juego rojiblanco ni la victoria, sino el segundo gol granadino, un gol redondo porque supone el de 500 del Granada en división de honor. Y para tal solemne ocasión qué mejor que un auténtico golazo de antología, un gol puro Porta. En el esquema en dibujo que esta temporada publicaba Ideal en sus crónicas de los martes y que firmaba Moisés Beash se puede apreciar cómo fue el bonito gol: faltando diez minutos para el final Vicente sirve muy bien a Porta a quien deja solo ante el meta coruñés Aguilar, que sale a la desesperada; Porta supera por alto la salida del meta con un toque sutil y corre tras el balón para remachar a gol casi en la misma línea y ante la presión de un contrario, como se aprecia en la foto de Torres Molina.

De esta manera se pudo vencer a un rival directo como era el Coruña, que acabó descendiendo, y ampliar la distancia con los puestos de peligro. El rojiblanco más destacado fue el maestro Vicente, que jugaba uno de sus últimos partidos granadinistas, concretamente el que hacía el número 181 de los 197 que en total llegó a jugar en sus siete temporadas de rojiblanco; pese a que fue titular -como siempre- esta temporada y de que aún le quedaba cuerda, al llegar finales de junio recibió incomprensiblemente la baja. Porta, por su parte, estuvo discreto, a tono con el regular partido del equipo, pero tal como dijo el míster coruñés, Arsenio, «Porta es de los que parece que no hacen nada y, de buenas a primeras, te hace un gol que vale tanto o más que lo que haya hecho otro corriendo incansablemente durante los noventa minutos», acertada definición del goleador aragonés, que todavía podía beneficiarse de la clase de Vicente para asistir balones de oro.

jueves, 20 de mayo de 2010

BASTANTE BETIS



El 27 de diciembre de 1972, aprovechando el descanso navideño de la liga de Primera, volvía el campeonato andaluz a Los Cármenes. Se disputaba la jornada siete, que nos traía la visita del Huelva, de Tercera. Navarro; Zunino, Susi, Moreno; Manolín (Orihuela), Pla; Gruart, Fontenla (Abelenda), Paco (Monchi), Echecopar y Garre, derrotaron 3-0 al débil rival onubense. Apenas se dieron cita en el campo unos cinco mil espectadores en una fría y lluviosa tarde y en un partido bastante anodino sobre un césped en muy mal estado y con grandes charcos. Marcó pronto para el Granada Fontenla. Pero lo poco destacable ocurrió en la segunda parte, en la que Echecopar volvió a maravillar a propios y extraños e hizo dos goles, el primero de penalti cometido sobre él mismo, y el segundo de cabezazo en un rechace.

Como venía siendo norma esta temporada de liga andaluza, la sola presencia de Echecopar era suficiente incentivo para acercarse hasta el campo de la carretera de Jaén. En esta ocasión éramos pocos los hinchas presentes y no vimos precisamente un gran partido, que las condiciones del terreno no eran las más apropiadas pero, igual que otras veces, constatamos que el argentino era un futbolista muy por encima en su juego de cualquiera de sus oponentes y compañeros. Aquella tarde volvió a ser el mejor, marcó dos goles y pudo perfectamente haber hecho al menos otros dos pues otro penalti lo estrelló en el larguero y un gran disparo suyo se fue al poste. Además tuvo también el gran detalle de echar una mano a su joven compañero y debutante Orihuela, a quien, pudiendo él mismo transformar, cedió un claro balón de gol que el granadino desperdició. Después del partido ante el Huelva seguía el Granada de líder, aunque con un partido más que el segundo, el Betis.

Reiniciada la liga de Primera, el siguiente compromiso, jugado el día último del año, traía una nueva derrota por 3-0 en el Camp Nou, un campo en el que nunca los nuestros consiguieron ni siquiera un empate. Y ya el siete de enero de 1973 alcanzaba el Granada una victoria (2-0) en Los Cármenes sobre el Burgos, en el partido que cerraba la primera vuelta. En esa misma fecha y lejos de aquí, en el estadio de Pasarón, en el partido de Segunda Pontevedra-Sevilla, caía fulminado por un ataque cardiaco el futbolista Pedro Berruezo. Cuatro meses más tarde nacería el futuro granadinista del mismo nombre.

Y volvía la liga andaluza. El siguiente compromiso andaluz enfrentó a los dos primeros clasificados, Granada y Betis, en Sevilla. Tenía que haberse jugado el día tres de enero, pero un nuevo aplazamiento hizo que se disputara el sábado trece, aprovechando otro parón liguero en la máxima categoría. En un embarrado Villamarín, que registró una magnífica entrada y con prólogo sentido de condolencia por la reciente muerte del sevillista Berruezo, jugaron: Navarro, Santos, Aguilera, Moreno; Fontenla, Pla; Gruart, Manolín, Paco (Santi), Echecopar y Garre. Al igual que en Málaga, hasta dos veces mandó el Granada en el marcador para ver como su oponente empataba, pero en este caso no pudo obtener nada positivo y acabó encajando la primera derrota (4-2). Manolín abrió el marcador para el Granada, pronto igualado por los verdiblancos, y Echecopar de penalti cometido sobre él mismo hizo el segundo rojiblanco. Los béticos le dieron la vuelta al tanteo en la recta final del encuentro, marcando tres tantos. El mejor granadinista fue una vez más Echecopar. Por los locales destacó un futuro rojiblanco, Pepe González, autor de uno de los goles. La primera derrota significaba también la pérdida del liderato. Betis y Granada abrían la tabla clasificatoria empatados a puntos, pero el mejor golaverage general de los sevillanos, que además habían disputado un partido menos, significaba que los verdiblancos eran líderes a partir de ese momento.

miércoles, 12 de mayo de 2010

BUENA LA ARMÓ BUENO



La liga oficial, la de Primera, llega a la jornada quince el 17 de diciembre de 1972. Es una fecha histórica porque ese día en Los Cármenes, abarrotado con más veinte mil espectadores, asistimos a uno de los escándalos arbitrales más sonoros de los varios vividos en el viejo estadio, equiparable a otros grandes follones provocados por errores arbitrales, como el de la 47-48 (Gojenuri), el de la 57-58 (Ortiz de Mendívil) o el de la 70-71 (Guruceta),o como el que ocurrirá a la siguiente temporada, con la visita del Barcelona y Franco Martínez. Fue un partido del que sólo se jugaron 82 minutos y que tiene un lamentable protagonista, el árbitro Bueno, principal culpable de que el Granada acabara derrotado 0-1 en Los Cármenes por el Atlético de Madrid.

La actuación del colegiado aragonés Bueno Perales mereció largas parrafadas de la prensa, que dijo de él que se le vio falto de facultades, siguió el juego de lejos y estuvo ayuno de criterio y autoridad; anuló un gol legal al Granada para después darlo por válido y nuevamente cambiar de opinión y volver a anularlo; no vio una clarísima mano dentro del área atlética; y administró las tarjetas blancas (todavía no eran amarillas) a voleo y al buen tun-tún. Todos estos cargos, se me dirá, seguro que te los has inventado o los exageras, como forofo granadinista confeso que eres. Pues nada de eso, porque esa relación de errores de mucho bulto que van por delante está sacada de la crónica que en Hoja del Lunes de Madrid firma Víctor Ruiz.

En un partido más bien malo el Granada, diezmado por las lesiones, fue mejor que su adversario y pudo haber ganado pues dispuso de las mejores ocasiones para golear, en especial una tempranera de Porta, quien después de sortear la salida del guardameta Pacheco y disparar a puerta vacía vio como casi en la raya un defensa sacaba el balón. El encuentro parecía encaminarse hacia la igualada sin goles hasta que un fallo de Aguirre Suárez (uno de los pocos que se le vieron mientras fue rojiblanco) propició el único gol que valió del partido, obra de Becerra, cosa que ocurrió hacia el minuto 32 de la segunda parte. A partir de este momento es cuando empieza lo gordo, porque casi en la jugada siguiente Chirri hizo gol tras una melé en el área atlética. El colegiado Bueno pitó en primera instancia fuera de juego, su mano levantada así lo indicaba, cosa del todo errónea pues un jugador atlético más el portero estaban bajo los palos. Reconociendo su error señaló el centro del campo y hacia allá se dirigía, pero ante las protestas forasteras volvió a anular el gol señalando esta vez falta en ataque.

Ahí fue la de Troya, como se dice. Gritos de ¡Guruceta!, ¡Guruceta!, y otros mucho más escatológicos dirigidos al de negro, acompañados de varios cientos de almohadillas de la Cruz Roja, salieron volando de las gradas.

Quedaban por jugarse casi diez minutos y el partido se reanudó después de un parón de más de cinco y cuando todavía no se habían retirado totalmente los muchos objetos caídos al terreno ni éste se había despejado de los empleados que se ocupaban de apartarlos. Con gorrillas por en medio y todo, en un avance granadino, Castellanos dispara a puerta y el atlético Benegas da un manotazo al balón que ve todo el mundo menos Bueno. Si el ambiente estaba caliente, después de ignorar el claro penalti se puede hablar de incendio en Los Cármenes, cuyas viejas gradas se quedan literalmente sin almohadillas y sin nada que pueda servir para hacer puntería con el de negro. Hay incluso varios amagos de saltar a pegarle al colegiado, que resulta finalmente alcanzado de refilón por la coz que le lanza un energúmeno del público, que ha logrado acercase al trencilla.

Los ocho minutos que faltaban no llegaron a jugarse. Bueno Perales, sin color en su rostro, se retiró a los vestuarios después de estos incidentes y ya no quiso volver a salir. De esta forma concluyó un partido en el que el Granada fue mejor, pero perdió ante un Atlético de Madrid que sólo se empleó en defenderse. Acababa así una imbatibilidad del Granada en su estadio y en liga que duraba ya veintiún meses, concretamente desde que el 14 de marzo de 1971 el Barcelona venció 0-2. Con la victoria en Los Cármenes el Atlético de Madrid accedía al liderato en esta 72-73 en la que al final fue campeón. Por su parte, el Granada volvía a contar con dos negativos y perdía dos puestos en la tabla clasificatoria bajando hasta el décimo justo antes del parón navideño.

La directiva de Candi remitió una extensa carta al Comité de Competición dando su versión de los hechos y cargando las tintas sobre el referí, al que responsabilizó de los altercados por su total ineptitud técnica, física y síquica. Y el Comité decidió a los pocos días dar el partido por finalizado con el resultado de 0-1 y multar al Granada por lanzamiento masivo de almohadillas y agresión individual al árbitro, apercibiéndolo de cierre de su estadio. Pero al mismo tiempo sancionó al colegiado Bueno, del que dijo haber apreciado graves errores técnicos, suspendiéndolo por dos meses por haber decretado la terminación del encuentro sin haber antes agotado todos los medios a su alcance para evitarlo.

jueves, 6 de mayo de 2010

FESTIVAL ECHECOPAR



Tras una muy trabajada y mínima victoria ante el Gijón en Los Cármenes y una derrota también mínima en el Insular, jornadas 13 y 14 de Primera, vuelve la liga andaluza que en su sexta jornada trae a Granada al Córdoba, descendido a Segunda y entrenado por Vavá.

El miércoles 13 de diciembre de 1972 hizo muy buen tiempo en Granada, pero el partido se fijó para las cuatro y media de la tarde, cuando muchos posibles espectadores están en sus tareas. Quizás por eso la entrada no llegó ni a la mitad del aforo. De cualquier modo, pasada la euforia de la primera edición parece que ya no hay tanto interés por esta competición no oficial. Este año el Campeonato Andaluz de reservas parece que ya no marcha tan bien como el pasado y se lo tiene un tanto olvidado a pesar de que el Granada también en esta segunda edición gana y golea con facilidad. Y eso que los granadinistas tenemos el gran aliciente de poder ver a nuestro nuevo ídolo ya que en otro sitio no nos dejan verlo. La alineación de Echecopar justifica por sí sola hacer rabona en las obligaciones de cada uno de los hinchas. Y desde luego no nos defrauda el argentino.

El partido puede resumirse en la frase que dijo a la prensa el míster cordobés Vavá: «Ha sido un festival de Echecopar». Vavá, que en un mes será sustituido por Joseíto y que años después entrenará al Granada, reconoció la neta superioridad rojiblanca y no puso ni una pega al resultado de 3-1 con el que su equipo salió derrotado. Por su parte Manolo Ibáñez, que ocupó el banquillo granadinista, dijo que en la segunda parte «les cantamos la traviatta».

Aquel partido contra el Córdoba fue, tal como dijo Vavá, un festival Echecopar. Para mí, que no me perdía un solo partido por entonces, aquella fue la gran tarde del repudiado por la Federación. Marcó dos goles y dio el tercero, y los tres fueron de antología. El primero de “killer” del área, recogiendo un rechace y rematando con maestría. El segundo fue de pañuelos, de golpe franco directo salvando la barrera y clavándola en la escuadra. Pero el tercero mereció ya sombreros y vuelta al ruedo, en una jugada individual maravillosa culminada con balón medido a Santi, que remató a la red también de forma sobresaliente. Seis partidos se habían jugado ya del campeonato andaluz y otros tantos eran los goles que había conseguido el argentino, uno más de los que llevaba el máximo goleador del primer equipo, Porta, en las catorce jornadas disputadas.

Jugaron por el Granada: Navarro; Moreno, Aguilera, Tono (Gerardo); Monchi (Manolín), Pla; Gruart, Santi, Paco (Gregorio), Echecopar y Garre (Abelenda). Aparte del gran aliciente de Echecopar y de que el juego de ambos equipos, como era norma en este torneo andaluz, fue alegre y olvidado de excesivas precauciones defensivas, también servían estos partidos para ver a determinados jugadores fichados este mismo año para el primer equipo y que eran una incógnita. Como vemos en la alineación rojiblanca hay nombres que no suenan mucho, como Tono, Paco o Monchi, aunque a ninguno de los tres se le vio nada de particular. Mucho mejor fue la impresión que dejaron los recreativistas Navarro, Gregorio y Abelenda. Por otra parte hay que destacar el debut de un futbolista por entonces en edad juvenil, Gerardo Castillo, que no desentonó.

Fue sin duda uno de los mejores partidos granadinistas de todos los disputados en las distintas ediciones de la liga andaluza y situó de líderes en solitario a los rojiblancos, con diez puntos y cuatro positivos de las cuatro victorias y dos empates por ninguna derrota. Los inmediatos perseguidores eran el Betis, a dos puntos, y el Sevilla, a tres, aunque ambos con un partido menos.