EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



lunes, 28 de julio de 2008

FERNÁNDEZ: PASARÁ EL BALÓN PERO NO EL HOMBRE



Pedro Fernández Cantero llegó al fútbol español desde su Paraguay natal fichado por el Barcelona como oriundo en 1967, a sus veintiún años. Una vez en Barcelona no jugó mucho que se diga: en su primera campaña, la 67-68, el míster culé, Artigas, no le dio ni siquiera una oportunidad. Y en su segundo ejercicio como blaugrana disputó un total de siete encuentros, con la particularidad de que en todos menos uno actuó lejos del Camp Nou. Su especialidad era marcar al hombre más peligroso del equipo contrario en unos tiempos en los que casi todos los técnicos diferenciaban bastante entre los partidos de casa y los de fuera, ya que hay que tener en cuenta que entonces no existía la posibilidad de cambiar a un futbolista de campo a lo largo de los noventa minutos. Su único partido ante su público fue precisamente el último como barcelonista y último también de la 68-69. Ya habíamos tenido oportunidad de verlo en Los Cármenes cuando en la jornada cuatro de la 68-69 nos visitó con el Barcelona en un partido que supuso la primera victoria (1-0) de aquella liga en la que el Granada, dirigido por Marcel Domingo, iba a conseguir igualar su mejor clasificación histórica hasta ese momento.

A Granada llegó en la 69-70, convirtiéndose desde entonces en un granadino más. Y su llegada a nuestra tierra fue como parte del pago por el traspaso de Ramoní (no confundirlo con el jugador del mismo nombre que fue granadinista a finales de los cincuenta) al club blaugrana, centrocampista que había pertenecido al Español y había sido internacional en categorías inferiores y que en el Granada apenas jugó. El Barça lo compró a Candi por una cantidad (que no podemos precisar) y dos futbolistas a cambio: Fernández y Juanito, delantero gaditano este último que estuvo dos temporadas en el Granada y jugó muy poco pues siempre estaba lesionado.

Pronto se convirtió Fernández en un jugador muy querido de la hinchada, que siempre premia la entrega total, su principal virtud. Y su aportación en defensa fue clave en el mejor Granada histórico que empezaba a fraguarse. Los que tuvimos la suerte de verlo jugar lo recordaremos siempre como el muro de contención que era, con sus buenas estatura y envergadura, que le hacían pegarse a la estrella más peligrosa del rival de turno hasta aburrirlo en no pocas ocasiones. A este respecto es de destacar el gran marcaje que le hizo a Cruyff en su primera comparecencia en Los Cármenes, en marzo de 1974, en que dejó inédito al astro holandés. A pesar del escándalo “Franco” que supuso aquel partido, hay que destacar la gran limpieza que puso en su labor.

¿Tenía Fernández instinto asesino? ¿Lesionó a media liga española? ¿Fue protagonista principal de numerosos y sonados affaires de finales de los sesenta-principios de los setenta? Un santo no era Fernández, no. Tenía sus “cosillas” y el mostrar bien de cerca los tacos a los contrarios era marca de la casa, tal como se aprecia en la foto. Pero valga en su descargo el detalle de que al menos iba siempre de frente, no se escondía, como sí que hacía su más famosa pareja de “baile”, Aguirre Suárez.

A partir de la llegada a Granada de, Aguirre Suárez, se van a suceder los escándalos y empieza la leyenda negra del Granada CF, pero ya antes había tenido Fernández sus más y sus menos con algún madridista, como se aprecia en la foto y en el texto que la ilustra, de la revista Real Madrid de noviembre de 1970 y referido al partido R. Madrid 3 Granada 2, jornada tres de la 70-71:

«La fidelidad del documento gráfico nos podría ahorrar cualquier comentario. Pero no queremos privar a nuestros lectores de una información más precisa sobre esta jugada y sus antecedentes. El número 6, que confunde la cabeza de Pirri con el balón, es el medio del Granada Fernández. La foto corresponde al partido jugado en el estadio Bernabéu el pasado 27 de septiembre, en el que una vez más se calificó a nuestra delantera de poco eficaz, a pesar de marcar tres goles y de tener que habérselas (sic) con defensores como este Fernández, que, por cierto, tiene su historia. Fernández es paraguayo y ya estaba en el Granada cuando lo entrenaba Néstor Rossi. De Néstor Rossi son estas declaraciones, aparecidas en “El Gráfico”, de Buenos Aires, el 4 del pasado agosto: «Cuando jugábamos con el Real –cuenta Rossi- les hablé a todos (se refiere a los jugadores) con fuerza, diciéndoles que el partido era muy importante, que había que ir con todo. Y con su acento guaraní (Fernández) me contestó: “A Amancio déjemelo a mí, míster...” ¿Sabe lo que le hizo? Le dio un patadón en una rodilla que casi lo mata.» Ahora sí que sobran los comentarios.»

Como se ve, lo de Fernández con Amancio venía de antiguo, seguramente de su época barcelonista. Y es que, aparte de la “leyenda negra” rojiblanca, Fernández tiene también su personal y muy oscura leyenda que le asociará siempre con el nombre de Amancio Amaro, el sensacional jugador gallego tantas veces internacional y del que se puede decir que marcó época, como antes lo hizo Di’Stéfano y después lo haría Butragueño. El escándalo nacional que levantó la fea acción de Fernández sobre Amancio en Los Cármenes, en partido de copa al finalizar la 73-74, casi le cuesta la salida del club rojiblanco. Todavía permanecería en Granada cuatro temporadas más, convirtiéndose en el futbolista que más partidos ha jugado como granadinista en primera división.

Era un jugador todo ardor y entrega, y granadino de corazón, de ese corazón que ponía siempre en todas sus acciones. Aún después de los treinta y seis años transcurridos, todavía veo con nitidez aquel balón suelto que recogió y desde cuarenta metros y con un zambombazo clavó en la escuadra derecha de García Remón, en la portería de la cárcel; me recuerdo viéndolo desde la perpendicular de la portería contraria y cantando el gol decenas de metros antes de que el balón llegara a la red. En aquel disparo iba su alma. Y la vez era un desquite por lo ocurrido en el partido de ida, en el Bernabéu, cuando fue pateado por varios merengues y expulsado en camilla.

Fernández era duro, muy duro, pero a un hincha que no le vengan con ésas. Era de esos jugadores que ya pueden hacer lo que quieran sobre el césped, que los fieles a los colores rojiblancos se lo reconoceremos siempre, porque, en definitiva, qué es el fútbol sino una pelea de corazones. Y para derrochar corazón nadie como Pedro Fernández sobre un terreno de juego.

viernes, 11 de julio de 2008

UN ÁRBITRO "AMIGO"


La tarde del 24 de noviembre de 1968, jornada de estrenos en Los Cármenes, marca un hito en la historia del Granada CF: se inauguraba oficialmente la obra magna del “candidismo”, la tribuna cubierta que suponía aumentar el aforo del viejo campo en varios miles de espectadores; al mismo tiempo se iniciaban los enfrentamientos fratricidas en Primera División entre dos eternos rivales; pero también comenzaba la que se podría considerar una relación (de amor en sus comienzos y de odio al final) entre el Granada CF y un árbitro que a partir de esta temporada y durante algunas más iba a ser el preferido para quienes regían los destinos rojiblancos: por primera vez el trencilla en un partido de los nuestros era Antonio Camacho.

Se trata de un árbitro famoso por sus peculiares y zumbonas maneras de relacionarse con el futbolerismo de la época y porque se vio envuelto en alguna polémica durante las nueve temporadas (entre 1967 y 1976) que ejerció como colegiado de la máxima categoría, en la que incluso alcanzó la internacionalidad. En especial se recuerda un “affaire” que le relacionaba con la adquisición (o regalo por el presidente del Elche, no está muy claro) de un Mercedes matrícula de Cáceres con el que bromeaba el propio Camacho diciendo que se lo había regalado el Colegio Central de árbitros y le había puesto sus siglas. Parece ser que a Candi le cayó en gracia o que eran amigos de antes como colegas que fueron en sus tiempos de jugadores en activo. Porque Camacho fue también portero, aunque nunca pasó de tercera división, y jugó en equipos como Cacereño, Pegaso y Jerez.

En la prensa de la época recuerdo haber leído que Camacho había jugado en el Granada en los años cincuenta, pero no es cierto, nunca llegó a pertenecer a ninguna plantilla rojiblanca. Lo que sí que ocurrió es que en la temporada 58-59 la directiva que presidía Luis Rivas, en una política muy criticada en su día (Entrala dixit) y que abandonaba lo que había sido norma –y de éxito- hasta entonces, incorporó al filial Recreativo, de tercera, jugadores que no eran granadinos, postergando a los de aquí. De esa forma estuvieron a prueba hasta cinco futbolistas que venían todos de Madrid, entre ellos Camacho. Según Ramón Ramos, de todos ellos sólo llegó a fichar por el filial un interior que respondía al nombre de Briones y que no es otro que Antonio Briones, el apagafuegos de los incendiarios banquillos de la era gilista atlética. No obstante, en un partido de viejas glorias jugado en Los Cármenes y del cual no recuerdo ni fecha exacta ni rival, Camacho jugó algunos minutos como portero del Granada sustituyendo a Candi.

El caso es que este trencilla mantuvo buenas relaciones con la directiva de Candi y según Antonio Prieto en su serie Recuerdos y memorias de un club de fútbol, publicada en Ideal entre 2005 y 2006, en al menos una ocasión fue invitado a una reunión privada en casa de un directivo, en la que llegó a lucir (más de broma que otra cosa) la insignia de oro y brillantes del Granada CF.

No se puede afirmar (ni seré yo quien lo haga) que este colegiado ayudara más o menos veladamente al Granada. Pero valga el dato de que entre las temporadas 68-69 y mediados de la 73-74 arbitró en 15 ocasiones en partidos de los rojiblancos, con el balance de seis victorias de los nuestros (una a domicilio), seis empates (tres como local) y sólo tres derrotas (dos como local, ambas ante el Barcelona). Recuerdo un partido contra el Zaragoza en Los Cármenes (0-0 final), en la jornada que inauguraba la 72-73, en el que Camacho señaló casi con el tiempo cumplido un penalti por mano, bastante dudoso y muy protestado por los maños, que los nuestros desperdiciaron. Y también otro partido al comienzo de la temporada siguiente, contra el Gijón, en el que el Granada ganó 1-0 gracias a otro penalti, cuando menos dudoso, que Echecopar transformó en gol. También es reseñable, como anécdota, la tarjeta blanca que mostró a Izcoa (una de las poquísimas que vio en toda su carrera) en el campo del Valencia (0-0) en la jornada 20 de la 72-73, cuando el guardameta vasco se lesionó y le hizo al trencilla este comentario más bien jocoso: «usted que ha sido portero, ¿qué podrá ser lo que tengo?»; Izcoa hubo de ser reemplazado por Ñito y estuvo siete jornadas convaleciente.

El “idílico devaneo” rojiblanco-camachil se torció en la jornada 29 de la 73-74 (07/04/74), en Los Cármenes, cuando en un partido de aquellos de por entonces en que “saltaban chispas” entre el Granada y el Valencia de Di’Stéfano, fue a anular hasta tres goles de los nuestros, que vieron cómo su ventaja inicial de 2-0 quedaba neutralizada hasta el empate a dos. El siguiente partido de los rojiblancos dirigido por Camacho, ya en la 74-75, jornada diez, volvió a poner nervioso a más de uno después de una dolorosa derrota (4-1) en la Romareda. Y más aún dolió el siguiente partido dirigido por este trencilla, que supuso una nueva derrota (2-1), en Elche, jornada 24, que acabó de enfadar a la directiva (es decir, a Candi) y ya no dudó en recusar a Camacho. Para los más jóvenes hay que explicar que la recusación era una facultad de veto que por entonces tenían los clubes de fútbol contra un árbitro cuando entendían que no se había comportado de forma justa sobre el terreno de juego. Así, Camacho ya nunca más volvió a arbitrar a los nuestros. Lo que era al principio una buena relación devino al final en furioso desamor.

La foto, gentileza de un buen granadinista, D. Rafael Doña, tiene fecha de 14 de marzo de 1971, jornada 25 de la temporada 70-71. El escenario, Los Cármenes. Los que están en la instantánea son los equipos titulares de Granada CF y FC Barcelona, más el trío arbitral, el presidente del Granada, Cándido Gómez, y el Doctor Cabot, cirujano catalán especializado en medicina deportiva y al que no pocos futbolistas de hasta los años setenta le deben el haber salvado sus carreras tras lesionarse de menisco, homenajeado con el nombramiento de socio de honor del Granada CF en los prolegómenos del encuentro, aprovechando su visita a Granada como médico que era del club blaugrana. Camacho es el quinto por la izquierda, de pie (el calvo), justo al lado de Dueñas, que dos temporadas después sería jugador rojiblanco. El partido acabó con victoria catalana 0-2, ambos de Rexach casi calcados y muy seguidos, ya en la segunda parte, ante una desguarnecida portería de la cárcel que defendía Blas por lesión de Ñito. Pese a esta derrota, que llegaba a falta de sólo cinco jornadas para concluir el calendario, los nuestros no tuvieron problemas para conservar la categoría en esta temporada de transición hacia el mejor Granada de su historia.

EL POZO AIRÓN


¿No es absurdo que resulte más fácil para un club de fútbol subir a Primera que a Segunda? Que se lo pregunten al Baracaldo, club que tiene el récord de liguillas de ascenso fallidas: hasta en ocho ocasiones ha disputado una liguilla para intentar ascender a Segunda A, con resultado de fracaso en sus ocho citas. O al Gramanet, que le sigue en ese dudoso ranking, con siete participaciones y otros tantos chascos. O a la Leonesa, con seis batacazos de seis. El Alavés en su día necesitó de hasta cinco intentos consecutivos para dar el salto hasta que por fin lo consiguió. Otros equipos como el Castilla, el Burgos o el Jaén también saben lo que es fracasar en distintos intentos para dejar atrás el maldito bronce del balompié español. Algunos otros clubs, tras estrellarse reiteradamente con los play offs acabaron sucumbiendo. Otros, más afortunados (que no mejores equipos), sólo necesitaron un intento para convertirse en clubes de Segunda A. El Granada, con cuatro intentos fallidos, es otra víctima de este absurdo sistema de ascensos.

Y es que, al estar las dos primeras categorías del fútbol español regidas por un organismo distinto al que se ocupa del resto de competiciones, se dan estas cosas. De esta forma el embudo que hay entre la segunda y la tercera (o 2ª B) siempre va a actuar como una lotería, porque más que primar a los equipos que han sido más regulares, lo que hace es que la mayor parte de lo que se ventila (en algunos casos, a vida o muerte) se deje a factores que no se pueden prever, como una buena o mala tarde. Y ese embudo se convierte a veces en una guillotina en la que van a fenecer los vencidos. En cualquier caso, mientras entre ochenta clubes sólo cuatro obtengan premio, a nosotros nos parece algo injusto y la tercera categoría será siempre así un pozo insondable del que es muy difícil escapar. Buscando primar a los campeones de grupo se nos viene una reforma de los play offs, pero para mí que poco va a hacer para evitar que siga siendo muy difícil dar el salto al fútbol profesional.

Naturalmente la LFP nunca va a admitir más miembros en su exclusivo club, que no están los tiempos para alimentar nuevas bocas y el pastel cada vez es menos suculento, pero no estaría de más que un clamor popular o la intervención de algún organismo superior reivindicara una reestructuración de las dos primeras categorías de nuestro balompié. No sé, algo así como reducir a dieciocho los equipos de Primera y crear dos grupos (norte y sur, como fue norma en nuestro fútbol muchos años) del mismo número de componentes. Eso al menos mientras la Segunda B esté como está ahora mismo, de esa forma habría más posibilidades de abandonar la maldita categoría. Por una vez estaría bien que alguien se acordara de los clubes humildes, tan necesarios como los súper poderosos para que esta feria siga siendo lo que es.

En la línea de lo expuesto, no puede uno evitar evocar aquella infernal tarde gris en la que se derretían los sesos, y las lágrimas no llegaban a aflorar porque antes se evaporaban. Aquella aciaga tarde cuyo resultado negativo tanto influyó en los convulsos momentos que vinieron poco después y que casi acaban con el club. La última, por ahora (siempre por ahora), en la que tocábamos la Segunda A para al final sólo cosechar maldiciones a nuestro destino y a esta cruel sinrazón a la que parecemos condenados. Si con: Notario; Torres, Paco García, Tabuenka, Méndez; Jubera, Pascual, Capi, Navarro; Ismael y Huegún, no lo conseguimos, un servidor, de naturaleza más bien pesimista, se dice siempre para sí que sólo la providencia podrá alguna vez ayudarnos a dejar atrás el gafe.

viernes, 4 de julio de 2008

1989 EL TROFEO DE LA FRANJA. EL GRANADA DE JOSÉ ENRIQUE DÍAZ


Las “cosillas” de Murado afortunadamente salvaron la temporada más infumable y tormentosa que un servidor recuerda. Ni antes ni después se puede encontrar en toda la historia del Granada CF un ejercicio tan infame. En los anales rojiblancos siempre se ha destacado como nefasta la 51-52, en la que el club al concluir la temporada oficialmente había descendido a tercera, pero no hay que olvidar que aquel descenso vino como consecuencia de una programada reestructuración de la segunda categoría que de dos grupos pasaría a uno solo, por lo que el descenso afectaba a la mitad de sus componentes; menos mal que esa primera decisión fue posteriormente anulada y continuó la Segunda División durante bastantes años más con dos grupos y así no tuvo el Granada que descender a tercera. Por otra parte, no hace falta referir, puesto que está todavía muy reciente, el descenso administrativo de 2002, que fue por deudas después de una temporada, si no buena, por lo menos tolerable. Pero lo de la 88-89 fue horrible desde cualquier punto de vista. El Granada ocupó casi desde el principio hasta el final puestos de descenso y para recordar algo parecido al pésimo fútbol que se vio habría que haberse remontado a los años de la República, cuando el club estaba recién fundado y venía escalando desde los niveles más bajos del fútbol español.

Pero, después de haber sufrido como nunca, en el verano de 1989 un clima de bonanza pareció venir a consolar nuestras tribulaciones hinchísticas. Con Murado (y su bolsillo) como mecenas y como presidente “in péctore” (ocupando el cargo de vicepresidente de Alfonso Suárez pero llevando de facto las riendas del club) hemos conseguido dejar en un segundo plano las preocupaciones crematísticas que tanto han marcado la historia rojiblanca, sobre todo en los años más recientes. Y además parece que las cosas han empezado a hacerse bien por primera vez en mucho tiempo, y así desde junio se está trabajando en la confección de una plantilla y de un cuerpo técnico de garantías.

Por otra parte, el trofeo agosteño, que andaba de capa caída en sus últimas ediciones, vuelve en ésta, la XVII, a tener un cartel de más enjundia. Junto a los rojiblancos tendremos al Danubio de Montevideo y, una vez más, al CD Málaga.

El primer partido, disputado el 23 de agosto de 1989, enfrentó a los “eternos” rivales Granada y Málaga. La presencia del Málaga era parte del pago de la operación de traspaso la temporada anterior de Ignacio. Se presentaba como equipo de primera, categoría a la que había accedido dos temporadas atrás con Kubala en el banquillo, justo cuando el Granada descendió a 2ª B. En la temporada terminada unos meses antes había quedado decimosexto (de veinte), consiguiendo eludir la promoción (resucitada por un Cádiz de influencias federativas) y conservar la división de honor no sin ciertos apuros, motivados por un calendario que en las últimas jornadas le había enfrentado a Madrid y Barcelona. Con Antonio Benítez en el banquillo, la alineación malaguista fue: Jaro, Chano (Esteban 63’), Ruiz, Villa, Álvarez, Antonio, Matosas, Paquito, “Gallego” González, Lauridsen (Azuaga 59’) y Ángelo. La plantilla era prácticamente la misma de la temporada anterior, en la que sobresalían hombres como Jaro, portero que al año siguiente fichará por el R. Madrid, Lauridsen, internacional danés, el veterano defensa Ruiz, muchos años titular en el At. Madrid, el también defensa veterano y futuro granadinista Antonio Álvarez, el centrocampista Esteban Vigo, internacional hacía varios años, y el ex granadinista goleador Paquito. Sufría la importante baja de Juanito, que se había retirado, y como casi única novedad presentaba al ariete argentino “Gallego” González, que venía con vitola de goleador pero que resultó un completo fracaso y no llegó a cumplir su contrato. Era la sexta vez que los vecinos comparecían en el trofeo. En la temporada a punto de empezar no le fueron bien las cosas, acabando decimoséptimo clasificado y teniendo que jugarse el todo por el todo en la promoción frente al Español. El partido de vuelta se jugó en La Rosaleda y tras una dramática tanda de penaltis en la que por dos veces los malaguistas desperdiciaron sendas ocasiones de decidir, los sucesivos fallos desde los once metros finalmente condenaron al Málaga a segunda división. Con esa fatídica tanda de penaltis quedaba levantada acta de los últimos y definitivos momentos de un histórico en la máxima categoría. Era la cuarta vez que tras jugar el trofeo granadino como primerdivisionista, al concluir la temporada había perdido tal condición. De esta forma y tras cuatro años de sequía volvía la leyenda negra del Trofeo a mostrar su fea cara.



El resultado del primer envite del trofeo 1989 fue de Granada 0 Málaga 0. Los Cármenes registró una entrada cercana a los diez mil espectadores en noche muy calurosa. Según la crónica que firma Nicasio García en Ideal, se pudo ver a un Granada que causó una bastante buena impresión, muy serio, trabajador y bien posicionado, basando su juego en la presión sobre la salida contraria y maniatando así a los hombres de la línea de creación malaguista hasta el punto de no dejarlos maniobrar, en especial el danés Lauridsen, que hubo de ser sustituido. Aunque no hubo goles fue un partido entretenido, sobre todo en su primera mitad.

La alineación granadinista fue: Torrano; Julio (Kike 87’), José Manuel, Mediavilla, Osa; Píriz, Cristóbal (Víctor 67’), Andrés (Choya 81’); Pardina (Rosa 67’), Merayo y Miguel Ángel. Como se observa, de la horripilante temporada anterior había muy pocos de los quince que jugaron, y los nuevos fichajes eran abundantes. Y es que nada más terminar la 88-89 Murado había cerrado la contratación del nuevo técnico, el sevillano José Enrique Díaz, que acababa de completar una magnífica temporada en Segunda B con el debutante Sanluqueño. Este técnico, gran conocedor de la categoría y de lo que necesitaba el equipo, se trajo a un buen número de futbolistas, muchos de ellos muy poco conocidos del común de los aficionados, pero que darían buen rendimiento. Como destacados señala la crónica especialmente a Cristóbal, director del juego rojiblanco, al central Mediavilla y al guardameta Torrano.

El segundo partido del certamen enfrentó al Málaga con el Danubio de Montevideo. Como suele ser norma en este partido intermedio la entrada fue muy pobre (aproximadamente tres mil espectadores) a pesar de que se podía presumir una mayor presencia por el cartel de los contendientes. El fútbol uruguayo, que cuenta con dos títulos mundiales, está dominado por dos clubes que lo ganan prácticamente todo, Peñarol y Nacional. Tras ellos hay otros clubes menos conocidos que son los que consiguen hacerse con los títulos cuando fallan los dos anteriores, como el Defensor, y últimamente también el Danubio. Justamente un año antes de su presencia en Granada, en 1988, había conseguido “la Franja” (así conocido por su uniforme de camiseta blanca con franja diagonal negra) hacerse con su primer título de liga uruguaya (ya en 2004 y 2007 conseguiría dos nuevos campeonatos). Además, en la última Copa Libertadores, de 1989, había conseguido llegar hasta semifinales. Ya no estaba su jugador estrella, Rubén Sosa, que tres años antes había sido fichado por el Zaragoza para después triunfar en el fútbol italiano, pero traía prácticamente el mismo equipo que un año antes le había hecho ganar su primer campeonato, entre los que sobresalían tres internacionales: Gustavo Dalto, Éber Moas, y Edgar Borges.

El Málaga introdujo numerosos cambios con respecto al equipo del partido anterior. Jugaron: Ignacio, Chano, Clemente, Añón (Lauridsen 31’), Ruiz, Gil, Matosas (Jaime 31’), Merino (Villa 46’), ”Gallego” González (José Luis 55’), Azuaga y Esteban. Y por el Danubio, que entrenaba Ildo Maneiro: Baleato, Daniel Sánchez, Kanapkis, Da Luz, Osvaldo, Baldenegro, Juan Gómez, (Vidal 87’), Moas, Rodríguez (Sergio Pérez 73’), Borges y Dalto (Richard 73’). Vencieron los uruguayos por 2-1 a base de imponer su mayor calidad y su juego de toque corto típicamente sudamericano. En general se vio un partido bueno. El 1-0 para los uruguayos lo consiguió al filo del descanso Dalto de gran disparo desde fuera del área. El segundo para los franjinegros lo consiguió antes del cuarto de hora de la continuación, nuevamente Dalto, tras fallo de Ruiz. Faltando diez minutos acortaría distancias para los malacitanos José Luis.

Y como plato fuerte del certamen, así entendido por los doce mil aficionados que asistieron aquel 25 de agosto de 1989, el partido de los nuestros frente a los uruguayos. El Granada jugó con: Antoñito; Julio, José Manuel, Mediavilla, Kike (Víctor 73’); Pardina (Andrés 38’), Píriz, Cristóbal, Rosa (Osa 46’); Merayo y Herrera (Miguel Ángel 46’). Y el Danubio repitió alineación. En las gradas se pudo ver a Montero Castillo, que no hacía mucho había sido puesto en libertad después de pasarse varios meses encarcelado por un asunto poco claro. La crónica de Ideal, que firma Nicasio García, culpa al trencilla Márquez Navarro de gran protagonismo en la derrota rojiblanca (0-2) por la que el trofeo en su XVII edición voló hasta el Estuario del Plata. Y es que -siempre según la crónica de Ideal- dio el árbitro validez al primer tanto uruguayo, de Dalto, pese a que la jugada partió de una clara posición de fuera de juego. Esto ocurría a la media hora de partido y siete minutos después llegaba el segundo y definitivo tanto visitante, un golazo obra de Moas con gran control a centro lateral y remate inapelable. Previamente y cuando todavía era el resultado de empate a cero había el colegiado señalado un penalti muy discutible en contra del Granada que lanzado por Dalto detuvo Antoñito. Además, acabó de cargarse el partido cuando al filo del descanso expulsó a José Manuel por protestar. Y para redondear una pésima actuación ignoró un claro penalti a Pardina ya en la segunda mitad. A pesar de todo, el cuadro uruguayo fue justo vencedor del trofeo pues fue, sin duda alguna, el mejor de los tres contendientes. El Granada volvió a exhibir lo apuntado en el primer choque frente al Málaga: un equipo disciplinado que basaba su juego en la presión en el centro del campo; y a esa línea pertenecían los más destacados: Cristóbal (el mejor en los dos partidos) dirigiendo el juego rojiblanco y Píriz vaciándose y apuntando buenas maneras.



El trofeo 1989 acabó yéndose a Uruguay, pero la impresión general de los dos partidos de los rojiblancos era que se había logrado conjuntar a un equipo luchador, sin figuras pero con lo más necesario para la categoría de Segunda B: hombres experimentados y muy trabajadores y disciplinados junto a jóvenes que apuntaban buenas maneras. El lunar lo aportaba la falta de pegada ya que en los dos partidos no se había conseguido ni un solo gol, aunque oportunidades no faltaron. Además, uno de los delanteros incorporados, Miguel Ángel, no estaba claro que pudiera actuar como rojiblanco porque su anterior equipo, el Marbella, lo reclamaba como jugador propio. Casi fichado estuvo un delantero, granadino de Bogarre, que jugaba en el Villarreal (muy lejos estaban por entonces los amarillos de sus últimos éxitos), Adriano, pero no hubo acuerdo económico a última hora. Por eso las esperanzas estaban depositadas en la recuperación de Gilberto Navarro, que no había podido actuar en el trofeo por estar lesionado desde los primeros compases de la pretemporada.

En noviembre dimite Suárez y se abre la correspondiente campaña para la elección de nuevo presidente. Y ya en enero de 1990, dado que no se ha presentado otro candidato, lo que venía sucediendo de facto se convierte en oficial al ser proclamado José Antonio Murado como nuevo presidente del Granada.

En lo deportivo la temporada, si no se puede decir que fuera buena del todo, sí que fue ilusionante, por lo menos en sus dos terceras partes. Lo apuntado en el trofeo veraniego se confirmó en la liga y así pudimos ver a un Granada casi siempre en los puestos altos de la clasificación. En el último tercio del campeonato se estropeó lo que podía haber sido una magnífica temporada, cuando el Albacete de Floro puso tierra por medio.

Es característico de esta temporada la pérdida de puntos en los últimos minutos de muchos partidos y la falta de un delantero goleador. Gilberto, que venía jugando muy bien y haciendo goles con cierta facilidad se lesionó de gravedad en el ecuador de la liga y no se pudo volver a contar con él. El fichaje de Miguel Ángel Colmenarejo (Miguel Ángel II, puesto que ya contábamos con otro del mismo nombre) no pudo solucionar nada porque su incorporación se produjo ya en la jornada veintiocho.

Hasta la jornada veinticinco el sueño de dar el salto a la categoría de plata fue muy posible. La jornada veinticinco marca un antes y un después en aquel campeonato. Muchos aficionados actuales del Granada recordarán aquel graderío del campo del Albacete bastante coloreado por el rojiblanco de los varios cientos de seguidores granadinistas que vieron cómo aquella tarde se desvanecía gran parte del sueño con la derrota (2-1) que nos trajimos de la ciudad manchega. Lamentablemente por entonces no se había inventado todavía la liguilla a disputar por los cuatro primeros de cada grupo de 2ª B y el triunfo del Albacete de Benito Floro, que en dos temporadas se metió en máxima categoría y que era el germen del que pocos años después sería conocido como “el Queso Mecánico” (séptimo clasificado en su debut primerdivisionista), supuso abrir ya una brecha demasiado importante pues por entonces sólo los campeones de cada grupo tenían premio. Lo que quedaba de liga sobró para los rojiblancos. Desde este partido en adelante se puede hablar de una bajada de brazos de los nuestros, que hasta la jornada treinta y cinco no volvieron a anotarse una nueva victoria, acabando la temporada en el quinto puesto del grupo III de 2ª B.

Como mera anécdota hay que reseñar que a la jornada siguiente a la visita a Albacete, después de catorce años volvieron a Los Cármenes las cámaras de televisión. Canal Sur, inaugurado menos de un año antes, televisó en directo el partido Granada-Jaén. Hasta hace poco ha tenido un servidor entre sus reliquias futboleras la cinta de aquel partido en el que se le podía reconocer, cosa nada difícil pues apenas seríamos unos cincuenta hinchas los que en la grada de la General del viejo estadio sufrimos aquel pésimo encuentro saldado con empate a uno gracias a que el trencilla, a poco del final, sacó fuera del área una falta a favor de los visitantes que claramente había sido dentro. El varapalo de la derrota en Albacete unido al poco cartel del visitante (que estuvo toda la liga en puestos de descenso y acabó cayendo a Tercera) y unido a una tarde ventosa y muy desapacible, hicieron que en Los Cármenes se diera la entrada más floja que servidor recuerde en un partido de los rojiblancos.

Murado no era precisamente un hombre paciente, y a pesar de que en marzo José Enrique Díaz declaraba a la prensa que el presidente le había dicho que sería el míster para el año siguiente «aunque se juntara el cielo con la tierra», sólo dos meses después, en mayo, antes incluso de estar finiquitada la temporada, despidió al sevillano y lo sustituyó por el segundo, José Luis Garre. José Enrique Díaz pleiteó contra el club sin resultado. De esta forma acababa la estancia granadina de un buen entrenador que siempre dio muestras de solvencia y de conocer muy bien lo que se traía entre manos. A pesar de que fue a salir de mala manera dejó buen recuerdo de su paso por nuestra tierra. Quién sabe lo que podría haber dado de sí si hubiera habido paciencia con él o si por entonces se hubiera implantado ya el sistema de liguilla para dirimir los ascensos.

jueves, 3 de julio de 2008

1988 OTROS MARADONAS. NUEVE DE DIECISÉIS


La política excesivamente personalista y de continuos bandazos de la etapa de Alfonso Suárez al frente del Granada CF, y su demostrado desconocimiento del mundo del fútbol profesional, traducido en errores de muchísimo bulto (el fichaje por un dineral de un jugador que no lo valía, guiándose sólo por su apellido, más el cese del gran técnico que fue Peiró, el único que podía haber salvado al equipo), sólo podía acabar como acabó, con la pérdida de la categoría.

Después de la tragedia del descenso a 2ª B la temporada recién terminada, en el verano de 1988 era el club rojiblanco una entidad desmantelada de la que habían huido todos aquellos que pudieron. Así, cuando un año más se presenta el Trofeo en el palacio de Bibataubín, la plantilla casi se puede decir que se ha confeccionado a base de recortes, con futbolistas desconocidos y que no propician precisamente la animación entre la hinchada. Por eso no es de extrañar que a estas alturas, agosto del 88, apenas cuente el club con mil quinientos socios de los que más de la mitad lo son por veinte años, o sea, no pagan. Ha habido desbandada general y los fichajes son: Colás, del Almería; Julio, del Barcelona At.; Kike Peláez, del Albacete; Vicky, del Badajoz; y Andrés Lucero, del Almería. Y no se ha encontrado equipo alguno al que poder endosarle las dos grandes rémoras que suponen (por su alto contrato y su bajo rendimiento) los argentinos Lalo Maradona y Escudero. Para completar una plantilla que nada dice se cuenta con los canteranos muy jóvenes Padial, Chori (que más tarde cambiará su nombre deportivo por el de Molina), Acosta, Estrelli y Campera. Para dirigir el equipo el elegido es Lalo, en su segunda etapa al frente de los rojiblancos. El que en principio iba a ocupar el banquillo era Aguirre Suárez, pero como éste no pudo acreditar su titulación para poder entrenar en España, finalmente se recurrió a Lalo, que en principio era el secretario técnico.

Alfonso Suárez un año antes había manifestado a la prensa que el próximo trofeo veraniego, el XVI, lo disputarían el R. Madrid y el Nápoles, claro que cuando decía esto lo hacía afectado de “maradonitis”. Vueltos a la realidad más pedestre, tendremos que conformarnos con el Rayo Vallecano y con el club Académica de Coimbra.

En el primer partido de la edición de 1988 el Granada venció por 1-0 al Rayo Vallecano con la alineación: Ignacio; Julio, Castillo, Campera, Kike; Vicky (Peso 78’), Choya, Chori, Andrés; Gilberto (Soto 81’) y Estrelli (Lalo Maradona 90’). El equipo madrileño formó con: Férez; Cota (Rodri 46’), Hontecillas, Glaría, Zapatera, Capón, Jesús, Mendiondo, Hugo Maradona, Sánchez Candil (Cid 74’) y Botella. El único gol del partido llegó a la media hora, obra de Gilberto, de cabezazo a centro de Chori. Apenas seis mil aficionados se dieron cita en Los Cármenes. No obstante, el partido fue bueno en líneas generales y pudimos ver a un Granada muy luchador, que presionaba las salidas contrarias y peleaba todos los balones, y al que lo único que le faltó fue materializar alguna más de las varias ocasiones de gol de que dispuso. Lo mejor del cuadro rojiblanco fue el trabajo de sus dos laterales, Julio y Kike, convertidos todo el partido en dos atacantes más. Los aficionados salieron bastante contentos de lo visto y esperanzados ante aquel nuevo Granada. Como se aprecia, en esta noche agosteña granadina volvimos a vivir una mini edición de un partido con los Maradona sobre el terreno de juego, sólo que en esta ocasión faltó el mayor y estrella de la saga, y los hermanísimos vistieron diferentes colores, y, por supuesto, la expectación concitada no se pareció ni de lejos a la que pudimos vivir unos meses antes.

El Rayo Vallecano se presentaba como club de segunda división, pero en la temporada recién terminada se había quedado a un paso de recuperar la máxima categoría después de acabar quinto clasificado y acceder a la promoción porque el tercero (el Castilla) no podía disputarla. En la promoción no pudo superar al Murcia. Con el objetivo del ascenso se acababa de reforzar con un auténtico fichaje bomba, el del inglés Laurie Cunningham, tras su paso por el R. Madrid y el Wimbledon. Otro fichaje estrella es el de el menor de la saga Maradona, “el turco” Hugo Hernán, al que ya tuvimos ocasión de ver en el famoso partido de los tres hermanos contra el Malmoe, en noviembre pasado, que había recalado en el club madrileño cedido por el Nápoles. Aparte, contaba con algunos jugadores cuyo nombre puede sonar a los aficionados, como el guardameta Férez, el centrocampista Capón o el delantero goleador Botella. De la mano del míster Felines, en la liga que está por comenzar conseguirá un magnífico segundo puesto y con él el ascenso a la que será su cuarta temporada entre los grandes. Por cuarto año consecutivo, como vemos, no hay maldición descensora en el trofeo Granada.


En el segundo partido del trofeo de 1988 Rayo Vallecano (Villalvilla; Mendiondo, Madueño (Jesús 69’), Villa, Zapatera, Capón, Cid, Rodri (Cunningham 69’), Hugo Maradona, Sánchez Candil y Botella) y Académica de Coimbra (Valente; Mota, Jorge Costa (Eldon 17’), Joao Mendes, Marcelino, Mito, Barry (Rocha 59’), Rolao, Reinaldo (Marcelo 69’), Tomás (Coelho 77’) y Damas), ante apenas dos mil espectadores, empataron a uno. Antes de echar a rodar el balón se guardó un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del descomunal incendio ocurrido el día anterior en el castizo barrio lisboeta de Chiado. Después de fallar un penalti los madrileños, se adelantaron los lusos a los treinta y cuatro minutos con un magnífico gol obra de Eldon en jugada individual. En la segunda parte, faltando un cuarto de hora para el final, Cunningham centra al área y el defensa Mito hace gol en propia puerta. El partido fue bastante aburrido, como casi siempre ha sido norma en el encuentro intermedio sin presencia local, jugado a medio gas por ambos contendientes y sin apenas ocasiones de gol. Lo mejor fue poder ver al que pareció un magnífico futbolista, el brasileño Eldon, que había vuelto a la Briosa después de militar en el Sportig de Lisboa y otros clubes portugueses. La decepción fue un Rayo que vino exclusivamente a cubrir el expediente y no puso ni un poco de interés en agradar.

El club portugués, cuyo nombre completo es Associação Académica de Coimbra-Organismo Autónomo de Futebol -“a Briosa” para sus fieles- es un histórico club luso, fundado por estudiantes de la prestigiosa universidad de esa ciudad portuguesa, que cuando comparece en el XVI Trofeo Granada acaba de cumplir cien años de existencia. Siempre fue y es un club segundón cuyo más importante logro es un campeonato de la Taça de Portugal y un segundo puesto en división de honor. Pero tanto una como la otra gesta ocurrieron hace ya muchos años (la copa en 1939 y el subcampeonato liguero en la 1966-67). Los sesenta fueron su mejor época y en esa década consiguieron también dos subcampeonatos de copa y hasta tres participaciones en Europa. Pero en agosto de 1988 acaba de perder la máxima categoría y se ha iniciado la que quizás sea la peor época de los de negro (que esos son sus colores), que los va a mantener en segunda durante toda una década. El descenso a segunda ha hecho que ya no estén los únicos jugadores de proyección con que contaba: Pedro Xavier, Cadorin y Germano, y la totalidad del plantel de los lusos nada dice a la prensa y a los aficionados. Era el cuarto equipo del país vecino que disputaba una edición del trofeo veraniego granadino (junto a Os Belenenses, en 1974, Boavista de Oporto, que ganó la edición de 1975 y Salgueiros, en 1984). No era la primera vez que “a Briosa” pisaba el verde de Los Cármenes. En septiembre de 1959 había sido sparring del club rojiblanco en el partido de presentación ante su hinchada que tradicionalmente patrocinaba la Asociación de la Prensa. En aquella ya lejana visita el Granada de Kalmar y de Carranza, Benavídez, Piris, Arsenio..., reciente subcampeón de Espsña, se impuso 3-1 a los de negro. Entrala destaca que los lusos causaron sensación cuando comparecieron en el terreno de juego luciendo unas negras y tupidas capas -en el caluroso verano granadino- de colegiales sobre su equipación deportiva.

Y el festival futbolero se completó con el choque entre Granada y Académica de Coimbra. La alineación granadinista fue: Toni; Julio, Castillo Campera, Leo (Kike 46’); Peso (Chori 46’), Choya, Vicky, Lalo Maradona (Andrés 46’); Martín Criado (Gilberto 33’) y Estrelli. Destacaba la presencia del delantero Martín Criado, recién llegado a Granada cedido del Castilla, al que muy poco se le vio y fue sustituido al lesionarse. Por los portugueses formaron: Valente; Mota, Joao Mendes, Ze Paulo, Marcelino, Mito, Barry (Eldon 28’), Rolao (Marcelo 46’ y éste por Rocha 66’), Reinaldo, Tomás y Dimas. A los veintidós minutos de juego se adelantó el Granada por mediación de Estrelli a pase de Choya. El míster luso Oliveira en este partido como en el anterior dio la nota de originalidad con su “arma secreta” que no era otra que el cambio antes de la media hora de juego del mejor hombre de que disponía, el brasileño Eldon. Y, lo mismo que en el partido contra el Rayo, le salió bien pues el recién ingresado en su primera acción consiguió el empate. Pero antes del descanso volvieron los nuestros a adelantarse en el marcador con un gran remate de cabeza de Gilberto a centro de Estrelli. Los cambios introducidos por Lalo tras el descanso propiciaron que el control del partido por parte del Granada fuera más acusado y nacieran varias oportunidades de golear. Sin embargo fueron los de negro los que consiguieron empatar a cinco minutos del final por medio de Rolao en una sensacional jugada individual.

El empate final a dos determinó que una vez más (la de nueve) los rojiblancos se hicieran con el trofeo, ya que dos día antes derrotaron al Rayo Vallecano. El partido fue bueno y entretenido. Asistieron al mismo unos nueve mil aficionados que se divirtieron y salieron esperanzados ante el juego desplegado por este nuevo Granada de Lalo, el cual a los pocos días declaraba a la prensa que «el Granada será campeón y en 1992 estará en primera».


Lalo no acertó en el verano de 1988 con aquello de que el equipo en el 92 jugaría en primera. Justamente desde ese año el techo rojiblanco no ha pasado de la maldita 2ª B. Pero con no cumplirse ninguna de las optimistas previsiones de Lalo, lo peor es que la temporada que estaba a punto de empezar es, sin lugar a dudas la más infame de la historia del Granada. En 2002 tuvimos que vivir un descenso pero éste no llegó por deméritos deportivos sino por impago de deudas, mientras que en esta 88-89 se vivieron los perores y más angustiosos momentos que uno recuerda en su ya dilatada vida de hincha rojiblanco, y el descenso a Tercera fue algo más que una posibilidad que felizmente se pudo eludir gracias a que en la recta final sí dio el equipo la talla, y también (ustedes disimulen) gracias a alguna cosilla muradiana.

Lalo desde luego no acertó, del mismo modo que no pudo sacar partido de aquella plantilla de dolientes: en la jornada sexta el Granada era colista del grupo IV de segunda B y esto le costaba el cargo. En su lugar Suárez se trae a Pachín y a petición del nuevo técnico refuerza el equipo con el fichaje de un centrocampista que dio buen resultado, Manolo Agujetas. También se puede considerar refuerzo la reincorporación de Merayo, que a pesar de tener contrato en vigor había sido despedido por bajo rendimiento; el leonés litigó en la jurisdicción laboral y hubo de ser readmitido. Pero no lo íbamos a lamentar ya que este delantero es de las poquitas cosas medio salvables de aquel horrible Granada. Por otra parte el buen guardameta Ignacio pasó a mediados de temporada traspasado al Málaga, de primera división.

Mientras Pachín se incorpora o no, el Granada consigue una victoria importante ante el Lorca por 4-0, la primera de los rojiblancos, que se hace esperar hasta la jornada ocho. Lalo Maradona, que no jugaba ni por casualidad con su asturiano tocayo, es utilizado por José Luis Garre y en su primer partido como titular le hace dos goles al Lorca y completa una buena actuación; es esta la única oportunidad (aparte de aquel ya lejano 5-0 al Coruña) que tenemos los granadinistas de pensar que el “hermanísimo” es en realidad futbolista. Pero la victoria ante los murcianos ha sido un espejismo porque el equipo vuelve otra vez a perder hasta a los chinos y a hundirse, y el mediano de los Maradona vuelve también a calentar banquillo.

Como el poeta podría uno decir: «vengo con tres heridas». Así es, tres grandes heridas (son muchas más en realidad) tiene el hincha irredento que uno es grabadas a fuego en su alma de forofo rojiblanco: la primera, el veinticincojota; la segunda el 0-5 ante el Realejos; la tercera es de esta temporada, jornada quince, cuando después de irnos al descanso ganándole 3-1 al Olímpico de Játiva vimos los escasos dos mil que quedábamos cómo en la segunda parte un equipo de zombis vestidos de rojiblanco hacía el más espantoso y descomunal ridículo y perdía 3-5.

Al llegar a la mitad del campeonato el Granada ocupa la penúltima plaza y carga con -7. Es en ese momento cuando empieza a circular con insistencia un nombre en el que los atribulados hinchas rojiblancos atisbamos un rayo de esperanza en medio del gran sufrimiento: Murado, el a la sazón presidente y propietario y “rey Midas” del club Puleva de baloncesto de División de Honor (ignoro si ya se llamaba ACB) ex Oximesa. Su desembarco en Recogidas 35 se produce a partir de la asamblea extraordinaria de 30 de enero de 1989, en la que se le proclama vicepresidente ya que primer mandatario no puede serlo porque para eso es necesario el reglamentario proceso electoral que no se ha llevado a cabo, pero está muy claro que quien a partir de ese momento manda en el club es el empresario del oxígeno. Dos semanas después una nueva asamblea conferirá a Murado plenos poderes para hacer y deshacer, y sucesivas asambleas ratificarán esos plenos poderes. Y una de sus primeras decisiones es deshacerse de los dos futbolistas de la plantilla que más cobran pero que nada aportan, los dos argentinos Lalo Maradona y Escudero, cosa que conseguirá ya en abril. Lo que no consigue es su propósito de que los socios de veinte años renuncien a tal condición a cambio de una insignia de oro del club.

Pero en lo deportivo las cosas siguen de mal en peor. En la jornada 24 cae Pachín y le sustituye Crispi a título de asesor a la presidencia porque como esta misma temporada ha entrenado a otro equipo no puede ser el míster oficial, cargo que ocupará José Luis Garre. Si con Pachín el equipo no carburaba, con Crispi la cosa se pone todavía peor. Sólo cinco jornadas permanece el cordobés al frente del equipo, saldadas con dos empates y tres derrotas. El fantasma de la caída a la cuarta división es ya, tras jugarse la jornada veintinueve (de 38), con el equipo segundo por la cola y con -10, algo que hasta los más optimistas ven que no se va a poder evitar.

Al irse Crispi vuelve al banquillo el técnico que comenzó la temporada, Lalo. Con Eduardo Gómez sí reacciona el equipo y empieza a sumar puntos, pero apenas queda ya margen para enderezar el rumbo. En la penúltima jornada y tras vencer al Cartagena (2-0) en Los Cármenes consigue el equipo abandonar los puestos de descenso directo y acceder al decimosexto. Pero todavía no están los rojiblancos salvados porque el peor 16 de los cuatro grupos de 2ª B desciende también (la diferencia con lo que ocurre ahora es que entonces descendía sin más, sin posibilidad de salvarse en repesca). Sólo queda jugársela a vida o muerte en la última jornada en Marbella, donde una derrota puede volver a meter al equipo en los puestos de descenso e incluso una victoria corta puede no valer, todo dependerá de los otros quintos por la cola. Por eso es necesario ganar y que la victoria sea lo suficientemente amplia, buscando un mejor coeficiente de goles en contra y a favor.

En la “feria del penalti” de Marbella (cuatro se señalaron, de los que tres lanzó y transformó nuestro equipo, récord rojiblanco vigente de penaltis a favor en un partido) el 2-5 final consiguió que se superara el coeficiente del San Sebastián de los Reyes del grupo I y con ello el milagro de la salvación, y por primera vez en aquella horrible temporada tuvimos los granadinistas motivos para sonreír. El Marbella nada se jugaba porque aunque estuvo toda la liga en los primeros puestos ya no podía alcanzar al Levante, que fue el campeón y ascendió pues por entonces no se había instaurado todavía la liguilla de ascenso. Uno es granadinista para bien y para mal, y esto hace que prefiera mirar hacia otro lado cuando de hablar de esta temporada y de este partido se trata. El resultado final estará ya para siempre bajo sospecha y de nada sirve remover lo que pasó o dejó de pasar en la Costa del Sol. Sólo añadir algo que es de dominio público pues se trata de unas manifestaciones del propio Murado realizadas dos años después, en 1991, cuando dijo que en Marbella «hubo que hacer alguna cosita».

La inmensa angustia vivida llegó incluso hasta después de terminada la liga. En los mismos vestuarios de Marbella, una vez finalizado el partido, se vivieron momentos de confusión y ansiedad hasta que estalló la alegría y la celebración, ducha de todos incluida, cuando por fin se pudo confirmar el milagro. La zozobra extrema es lo que más caracteriza esta insufrible temporada, que es para un servidor la peor de la historia del Granada CF.

UN HINCHA YE-YÉ



El paisaje: la Gran Vía recorrida en sus dos carriles por coches que van todos en dirección al Triunfo; las chumberas y la curva del Tambor recortada contra el azul del cielo; unos novios saliendo de la ermita de San Isidro rodeados de parentela y amistades que no les tiran arroz ni nada; las colas ante unas diminutas y enrejadas taquillas rojiblancas abiertas en la cal; los escalones de preferencia y las pilas de almohadillas con el emblema de Cruz Roja; el verde aromático de la hierba; las coca-colas gigantes; el “sky line” desde la portería de la Cárcel, enrojeciéndose las primeras nieves.

La impedimenta: los carnés de librillo; las almohadillas hinchables; el recorte de Ideal con el simultáneo; el transistor.

La banda sonora: «Para toreros Córdoba. Para tarantos las minas. Y para pollos asados: las Bodegas Granadinas»; «Casa Paquito, bragas y sostenes. Ancha de la Virgen 10 y 15»; «¡Vaya! ¡Vaya!... el que no tenga toalla... en Lirola»; «Para maletas Los Madrileños y para bolsos Pastor» (yo no podría asegurarlo pero mi amigo Antonio afirmaba que este último anuncio había sonado a la vez que saltaban al terreno de juego los rivales).

La tarde del 2 de octubre de 1966 vivió un servidor la ceremonia de lo que podría considerar su primera comunión en la fe granadinista. El bautizo ya lo había recibido unos años antes, pero hasta ese día no tomó uno conciencia de lo que es ser hincha de un club. Y es una fecha inolvidable por ser la primera vez que un servidor presenciaba en vivo un partido de Primera División y porque el rival era nada más y nada menos que el Madrid: Betancort; Calpe, Pachín Sanchís; Pirri, Zoco; Serena, Amancio, Grosso, Velázquez y Bueno; con De Felipe en lugar de Pachín y Gento en lugar de Bueno habría estado completo el R. Madrid Ye-yé que cinco meses antes había ganado la sexta Copa de Europa. Por los nuestros jugaron: Ñito, Tosco, Datzira, Zubiaurre; Tinas, Lorenzo; Lara, Almagro, Miguel, Agüero y Vicente. El resultado fue de empate a uno.

Para siempre en los sentidos llevo marcado, además de todo lo dicho, el gol de Rafa Almagro de tiro desde cerca que mediada la segunda parte ponía por delante al Granada; y la euforia de los quince mil (todavía no se había construido la tribuna cubierta) que abarrotaban el estadio; y la potente luz de unos focos que entonces eran gran novedad; y el olor de los puros; y el silencio de la parroquia local cuando el “traidor” Pirri empató; y la alegría de los muchísimos seguidores merengues presentes; y... en fin, todas esas cosas que uno guarda como recuerdos gratos de una buena sesión futbolera, mucho más impactantes para alguien de pocos años y en buena parte “culpables” de que el forofo quede ya para siempre prisionero en su alma de niño y pueda llegar al apasionamiento por este (en el fondo) tonto juego y por unos colores.

En la actualidad, después de más de cuarenta años de hincha rojiblanco y de muchos más tragos amargos que otra cosa, ahora resulta que -para algunos (poquísimos, aunque tengan barra libre en el antepalco)-, un servidor no es granadinista. A lo mejor llevan razón. A veces le da a uno por pensar que está todavía anclado -en esto del hinchismo- en la estética ye-yé y en la ingenuidad que (desde la perspectiva actual se ve muy claro) todo aquello encerraba. Puede ser. Pero a mis años prefiero seguir considerando el fútbol fundamentalmente como un juego, apasionante y muy divertido, pero juego a fin de cuentas, y no me parece sano eso de odiar a quien no comulgue con mi credo y alegrarme con sus fracasos.

CUANTOS MENOS ¿MEJOR?


20/06/08

Este escrito va dirigido al 97 % de los foristas, los cuales, no me cabe ninguna duda, son granadinistas de corazón. Por eso quiero pedirles perdón si algo de lo que he escrito les ha podido ofender. Les aseguro que nunca pensé que esa tontería iba a levantar la polvareda que ha traído. Y lo digo porque, en otras ocasiones, cosas escritas por un servidor que contenían más “hierro” han pasado completamente desapercibidas y no han merecido un mínimo comentario. En cualquier caso, pido perdón y digo que nunca busco molestar a nadie, así que asumo todas las críticas (algunas graciosas: saludos “viejo”) y las respeto, incluso los insultos, que de estos ha habido unos cuantos. Está claro que la culpa es de un servidor, que no sabe hacerse comprender (es muy “lunga” mi falafondinga) y que se ha pasado de listo. Pero ya que no puedo ganármelos, al menos intentaré que no me odien. Francamente, prefiero su indiferencia que su enemiga. Sólo hay un par de cosas en las que nunca voy a darles la razón: no admito que se me tache de antigranadinista ni de haber ofendido a la afición.

Y para el otro 3 % no uno sino mil perdones. Ustedes perdonen por referirme a “su” foro y a “su” equipo. Cada vez quieren ustedes dejar más claro que el club es sólo de ustedes y que no somos bien venidos algunos en su reducido círculo (ves, Nacho, como no puede ser; un abrazo). Pues nada, para ustedes ambos. Si alguna vez consiguen esa unanimidad de pareceres futboleros que parecen perseguir merecerán mi admiración eterna.

«¡¡¡Contra menos fuéramos mejor!!!», así, con tres signos de admiración. Esta desabrida frase viene a resumir lo que en los momentos actuales se vive en el mundo del hinchismo rojiblanco. La frase es el remate de un mensaje que en donde todos sabemos firma uno de esos que se consideran a sí mismos “los más granadinistas del mundo mundial” y va referida al que arriba figura con su nombre y dos apellidos, en el sentido de que gente como yo no es deseable dentro de las filas de la hinchada rojiblanca. Es decir gente “tibia” (en palabra despreciativa de otro de estos auto proclamados campeones del granadinismo). Y digo que resume la situación actual en el hinchismo rojiblanco porque la fe extrema parece ser que es la única valorada por una interesada y cegata junta directiva, la cual, si en lo económico y en lo deportivo todavía puede aprobar e incluso sacar buena nota (ya veremos), sí que hay una asignatura en la que por ahora se merece un cero muy redondo, que es la de la diplomacia. Fomentando el sectarismo que la frase resume perfectamente conseguirán lo que ese santo y a menudo malhumorado varón propugna: cuantos menos sean, ¿mejor?

No tengo ningún inconveniente en debatir en privado cualquier cuestión con quien sea, incluido ese 3%. Abajo tienen una dirección a la que pueden dirigirse y donde si no les gusta lo que pueden leer, al menos podrán hacerse con algunas fotos antiguas granadinitas que a más de uno puede que le gusten. De esa forma espero hacerme perdonar.

EL SOMBRERO DE DI'STÉFANO


La quintilla de la tradicional caroca de tema futbolístico, en este caso del Corpus de 1972, dice: «Un entrenador de fama / pero a la vez muy severo, / puso a los hombres del pito / en contra de diez y “Ñito” / por no quitarse el sombrero». Se refiere a lo que ocurrió en Los Cármenes el 28 de noviembre de 1971, en la jornada 11, en la que el Granada, noveno clasificado, 10 puntos sin positivos ni negativos, recibía la visita del vigente campeón de liga, el Valencia de Alfredo Di’Stéfano. Los valencianos ocupaban el segundo puesto, empatados a puntos con el líder, el R. Madrid, cosa que fue la tónica de toda la temporada que al final acabaron ganando los merengues por sólo dos puntos sobre los ches.

El día anterior al choque el argentino había sido entrevistado por la prensa, quien, entre otras cosas, le preguntó qué pasaría si su equipo acababa derrotado, a lo que el míster che contestó que no pasaría nada, que se quitaría el sombrero en reconocimiento a la superioridad del rival y santas pascuas.

En un partido épico, trabado y muy emocionante, y que pudo ganar cualquiera de los dos, el Granada acabó derrotando al Valencia merced a un solitario gol casi sobre la campana de Barrios. Pero en las declaraciones pos partido D. Alfredo se mostró muy alterado y para nada se quitó sombrero alguno, aun simbólicamente, sino que lo que hizo fue arremeter contra los jugadores rojiblancos y en concreto contra su paisano Aguirre Suárez, al que culpaba de la excesiva dureza de que –dijo- se habían valido los nuestros para ganar el partido.

Se trata del prólogo del nacimiento del sambenito que a partir de esta temporada y durante dos más (las que fue granadinista Aguirre Suárez) perseguirá al Granada CF, ya saben, la “leyenda negra” o fama de equipo leñero, marrullero y feroz. Por su poca trascendencia se puede decir que lo ocurrido aquella tarde fue el prólogo, porque el primer capítulo, ya conocido en toda España y bien difundido por los medios, se desarrollará dos semanas más tarde, en el Bernabéu, cuando una trifulca entre rojiblancos y merengues, en la que participarán casi todos, se saldará con la expulsión de Amancio y Fernández (éste en camilla) y la correspondiente sanción por cuatro partidos para ambos. Leyenda negra (merecida, aunque nos duela) cuyo último capítulo tendrá como protagonistas a los dos mismos jugadores, pero ya después de jugarse la temporada en curso más las dos siguientes, y su escenario será Los Cármenes y en partido de copa.

Yo, que desde la preferencia del marcador vi de cerca el partido aquel contra el Valencia, no recuerdo la excesiva dureza ni las marrullerías de las que se quejaba Di’Stéfano, claro que hay que tener en cuenta que Aguirre Suárez era especialista en el zurriagazo a las higadillas contrarias mirando al tendido y sin que nadie se enterara, salvo, por supuesto, el perjudicado. Sí que recuerdo un campo abarrotado -como fue norma todo el año, el mejor rojiblanco de la historia- de un público enfervorizado que en el anterior envite en el mismo escenario había acabado de subir a los altares a Enrique Porta, que le hizo tres goles al Sabadell. Y sí que tengo muy vivo el recuerdo de la emoción y la gran alegría cuando Barrios remató desde cerca y logró a poco del final el gol de la victoria, con el plus de que esa victoria era ante un grande (aquella temporada ninguno de los grandes se llevó un solo punto de Los Cármenes).

Tras terminar la liga había que disputar la copa y quiso el destino que los dos equipos de aquella tarde volvieran a verse las caras en octavos de final, y que el partido de ida se jugara en Granada en pleno Corpus (justo cuando se exhibía la caroca que ilustra este escrito). Los hinchas granadinistas pudieron desquitarse del no-sombrerazo de D. Alfredo y lo recibieron al grito de “sombrero, sombrero” y con un abundante planeo desde las gradas hasta el césped de aquellos sombreros cordobeses, grises y de cartón, que valían tres duros y que se vendían muy bien en aquellos Corpus del Salón y del Violón (más provincianos pero más auténticos), previos a la “sevillanización” del evento. En un partido muy tenso y plagado de incidentes, con dos jugadores valencianistas que hubieron de ser retirados en camilla y en el que fue expulsado y sancionado Aguirre Suárez, el Valencia acabó ganando el choque (0-1). Para el partido de vuelta no podía jugar Aguirre Suárez, pero de todas formas no lo hubiera hecho ya que Mestalla era (junto al Bernabéu y otros) terreno vedado para el argentino, al que tanto Joseíto como Pasieguito siempre reservaron cuando de jugar en esos campos se trataba. En Valencia el Granada casi consiguió el pase a cuartos, pero al final el resultado de 2-2 supuso su eliminación.

GRANADONA (por José Luis Entrala)


«Es la temporada de la “maradonitis”. Es la historia de un presidente, de una afición y de una ciudad que enloqueció colectivamente con un jugador joven, endeble y desconocido, fichado a golpe de millones y llegado en olor de multitud, única y exclusivamente por ser hermano del genial y fabuloso Diego Armando Maradona. Granada y el Granada CF hicieron un ridículo a nivel mundial sólo contrarrestado por aquel partido inolvidable del 15 de noviembre de 1987 en el que Diego Armando, Hugo y Lalo vistieron la camiseta del Granada entre espasmos y casi orgasmos de satisfacción colectiva. Desde ese momento se inició la caída en picado que culminó con el desastroso descenso a Segunda B batiendo el récord de la peor temporada en Segunda establecido hace 36 años. O sea, que la actuación del Granada en esta liga fue capaz de empeorar aquella calamitosa temporada de 1951-52 en la que sólo la suerte de una reestructuración salvó al club de caer en Tercera. Esta vez no hubo esa suerte y el Granada bajó a esa Tercera que ahora se llama Segunda B.

»La historia de Lalo Maradona ocupó muchas páginas y muchos minutos de radio desde el anuncio de su llegada en septiembre del 87. Alfonso Suárez fue personalmente para negociar su traspaso a Buenos Aires. Regresa triunfalmente con un contrato que liga a Maradona por tres años con el Granada. Nicasio García escribe en Ideal que Lalo cobrará 34 millones de pesetas por esos tres años (a razón de 7, 11 y 16, respectivamente) aunque Suárez asegura que son sólo 20 “kilos”. Diego Alonso, desde los micrófonos de Radio Genil, habla en directo con periodistas argentinos que no dan demasiado relieve a las posibilidades de Maradonita. «Es un chico que recién está empezando. Juega en 4ª división con Boca. Tiene buenas maneras y maneja bien la bola...». Pero Alfonso Suárez y sus directivos están convencidos de haber hecho el negocio del siglo. Y mientras se arreglan los papeles la gente acude a los entrenamientos en masa para ver de cerca al ídolo.

»Todo parece color de rosa cuando el 25 de octubre de 1987 Lalo Maradona debuta en Los Cármenes y el Granada triunfa por 5-0 sobre el Coruña. El delirio popular alcanza su cénit al marcar Maradona un penalti y casi hay desmayos en los minutos finales del partido cuando Lalito remata ¡de cabeza! al poste. José Luis Piñero se atreve a encontrar defectos al nuevo ídolo: «Tiene gran visión de juego mandando el balón al sitio justo. Necesita trabajar mucho más a favor del equipo y tapar al defensa rival».

»Las campanas tocan a gloria una semana más tarde. Es la consagración. En el campo del Rayo triunfa el Granada por 1-2. Maradona impresiona a los muchísimos periodistas presentes y el equipo que entrena Peiró se coloca segundo en la tabla con 5 positivos. Era el 1 de noviembre y hasta ese momento el Granada había ganado cinco partidos, empatado tres y perdido uno. Nadie se acordaba de Ribera, el jugador fichado para ocupar el puesto que ahora ostentaba el argentino y que había venido cumpliendo perfectamente hasta desaparecer de la alineación titular para dejar su camiseta a Maradona.

»Una semana después los ánimos se enfrían un poco tras la victoria a domicilio del Figueras. Pero casi nadie se ocupa de la liga porque se aproxima el acontecimiento del siglo. Lo que realmente puede ser el partido más publicitado a nivel mundial de todos los celebrados en Los Cármenes desde el momento en que Matías Fernández-Fígares inició su construcción.

»El 15 de noviembre de 1987 se enfrentan en encuentro amistoso Granada y Malmoe de Suecia con graderíos a reventar, recaudación de unos 20 millones (según Nicasio García, a pesar de que oficialmente fueron 12.400.000). La presencia de la Televisión Italiana y la TV3 catalana y la siguiente alineación de los locales: Toni; Pedro, Lina, Salva (Ribera), Leo; Choya (Víctor), Delgado (Manolo), Ramón (Espejo); Hugo, Diego y Lalo Maradona. Gana el Granada por 3-2 con goles del propio Lalo, otro en tiro directo de Diego y un tercero de Manolo. Hasta Ideal se volvió loco aquel día y dedica los espacios de honor en primera página al partido: «La saga de los Maradona jugará hoy al completo con el Granada» con lujo de detalles en las tres páginas interiores que narran la llegada del avión especial de Nápoles donde viaja Diego Armando con mujer, hija, madre, hermano y ¡quince personas más! Aquí le espera su padre para así reunir al completo al clan maradoniano.

»En el Hotel Alhambra Palace, Gervasio Elorza les ha reservado ocho habitaciones. Alfonso Suárez se multiplica por mil para atender a los ilustres invitados y está a punto de reventar de satisfacción. Diego Armando Maradona hace honor a su condición de ídolo y al final del encuentro declara que «me he sentido jugador del Granada durante 90 minutos». La directiva en pleno come en La Ruta del Veleta con la expedición maradónica y todos conservan como oro en paño las gloriosas fotos junto al mejor jugador del mundo.

»La verdad es que Alfonso Suárez puede estar satisfecho. Ha traído un jugador que tiene a todo el mundo con la boca abierta y cuyo apellido promete todo. En poco más de un mes ha recaudado 7,5 millones en el partido de presentación de Lalo y 20 en el amistoso del clan. Aunque el avión costó 3,5 millones y los gastos de los numerosos invitados fueron altos, las cuentas arrojan un saldo muy favorable a la economía del club. Y además existe la gran esperanza de un traspaso millonario en cuanto Lalito demuestre todo lo que lleva dentro. El nubarrón de la derrota ante el Figueras no pasa de simple anécdota.

»Pero pasa la euforia y llega la triste realidad. Desde el 1 de noviembre hasta el 17 de enero no vuelve a ganar el Granada. Después de ganar por 3-0 al Santander no hay más triunfos en las cinco jornadas siguientes cuando la derrota en casa ante el Huelva provoca el cese de Joaquín Peiró. Puede que sea casualidad, pero desde el debut de Lalo Maradona el Granada ha conseguido tres victorias, cuatro empates y ocho derrotas. Aquel segundo puesto con cinco positivos ha pasado a ser el lugar 16º con tres negativos.

»Se va Peiró que ha mantenido seis partidos como titular a Lalo Maradona para luego renunciar a él y sacarlo sólo en minutos finales. Llega Ruiz Sosa como revulsivo, saca del ostracismo al voluntarioso Coria y ¡sigue dejando en el banquillo al ex ídolo de la afición! Quedan 15 jornadas a cuyo término el balance no puede ser más desolador; dos triunfos, cuatro empates y nueve derrotas. Los tres negativos se han convertido en ¡once! y sólo el Cartagena queda por debajo de los granadinos en la clasificación final. En los quince partidos dirigidos por Ruiz Sosa el Granada ha marcado sólo seis goles. Una vez más se demuestra que la sustitución de entrenador no sirvió de nada salvo para empeorar la economía del club y hacer el ridículo.

»En cuanto a Lalo Maradona, saldó su primera temporada en el Granada con ocho partidos como titular, de los que sólo jugó cinco completos, y diez salidas al campo en otros tantos encuentros para sustituir a compañeros. Las posibilidades de traspaso, como es natural, no se concretaron aunque se habló en ciertos momentos del interés de un equipo griego. Quien más partido sacó de todo esto fue Guillermo Soria en sus chistes diarios de Ideal. Uno de ellos en la figurada reunión directiva del “Villa Vieja F.C.” donde su presidente, con boina calada, comenta «Con que vengan la suegra y los cuñaos del Maradona ese, nos apañamos». O el que representa cuatro figuras con sus nombres debajo; Diego, Hugo, Lalo y la última, que es el escudo del Granada, con el rótulo de LILA.

»Pero aquel lunes, después de ganar al Rayo, cuando todo era entusiasmo y felicidad, Soria representa a dos personas hablando. Uno pregunta ¿Quién ganó en Vallecas? y el otro contesta apabullante ¡Granadona! La palabra resume un estado de ánimo colectivo y por eso nos hemos permitido copiarla para titular este capítulo.»

Hasta el punto y aparte anterior hemos transcrito literalmente lo que José Luis Entrala escribió para referirse a la temporada 87-88. Se trata de un artículo inédito que el maestro pergeñó en su día para continuar su magnífica Historia del Granada CF que, como sabemos, se interrumpió en la temporada 85-86. No hemos añadido ni quitado una coma.

miércoles, 2 de julio de 2008

ALBOLOTE..., ALBOLOTE...


22/08/07

Vaya por delante que un servidor cree no haber sido justo hasta el momento con quienes rigen los destinos de la nave rojiblanca y no haber cargado las tintas lo suficiente en agradecimiento por habernos sacado del pozo de la cuarta y por haber puesto el mínimo de seriedad necesaria en la gestión de la entidad. Servidor ya celebró “en la plaza del pueblo” y como se merece tan magno acontecimiento y desde ese día quedósele la quijada cercana al prognatismo de tanta sonrisa, de tanta fiesta, de tanta felicidad como la cosa merecía. Reconozco mi error y pido perdón por no haber sacado antes el botafumeiro.

Una vez dicho lo anterior y sin que se me caiga la boina también tengo que decir que aquellos idílicos días de vino y rosas (nunca –repito- lo justamente ponderados) van quedando cada vez más atrás y como el hincha futbolero es, por naturaleza, olvidadizo, caprichoso y mudable en sus filias y fobias hacia las personas (que no hacia unos colores), no puede uno dejar pasar en silencio la última alcaldada: resulta que la emisora más granadinista de todas cuantas pueblan el éter de este cada vez más olvidado solar a la vera de la Penibética ha sido obligada a hacer el petate y llevarse sus pertrechos de cantar (con pasión) las glorias rojiblancas a la intemperie de un estadio que sigue siendo de todos los granadinos, dejando el cálido regazo que venía ocupando desde hace la intemerata para que sea ocupado por espiquers foráneos que seguramente lo dejarán todo perdido de cáscaras de pipas, humazo de tabaco y colillas pisoteadas.

Es que -dicen desde Recogidas 35- no hay sitio y alguien tenía que salir. Y ese alguien es precisamente una emisora humilde, de pueblo, pero con mucho y probado sentimiento rojiblanco, y no otros que llegaron después. Bueno, si la cuestión es que no hay sitio -digo yo- se podría habilitar la de la megafonía, total, para lo que se usa. Para dar las alineaciones y los cambios no creo yo que sea necesario ocupar permanentemente ese espacio. Y para gritar lo evidente, el gol de los nuestros, tampoco me parece a mí que se precise ocupar toda una cabina, a no ser que se considere indispensable que haya una persona cuyo cometido sea despertar a los amodorrados ante lo pobre del espectáculo que ofrece la categoría actual del equipo. Además, antes, tanto las alineaciones como los cambios como las tarjetas y también los resultados de otros partidos se daban por el panel inferior del electrónico y, sigo diciendo yo, se podría recuperar esa ya olvidada función. Incluso me parece a mí que los palcos VIP no están todos ocupados y alguno podría suplir la falta de cabinas, tal como se ha hecho en partidos internacionales. En fin, con buena voluntad todo podría arreglarse.

La cosa más bien parece un castigo al 106.1, por mantener a sus deslenguados comentaristas. Estamos ante otro misil más que parte de Recogidas 35 y viene a engordar la latente guerra con muy poco cuartel que contra todos y cada uno de los medios informativos se empeña Marcus en mantener y atizar, convirtiéndose en un trasnochado Mambrú que, dilapidando unas preciosas energías que podían emplearse en otros menesteres más útiles, sigue viendo espectros con plumilla o alcachofa donde lo único que hay es profesionales (unos con más juicio que otros, como en todos los oficios) tratando de cumplir con su obligación y llevarnos a todos los futboleros lo que se cuece en las marmitas balompédicas.

Servidor no tiene autoridad alguna para dar consejos, pero como aficionado de a pie sí que puede hacer un llamamiento a la cordura y pedir la paz. Que cese ya esta estúpida guerra contra todo periodista o comentarista que osa alzar la mínima crítica a quienes rigen el club rojiblanco. Porque ahí es donde reside el quid de la cuestión: las críticas que se hacen (y se seguirán haciendo; pretender lo contrario es querer poner tranquera al agro, que diría un fisno) no van contra el glorioso, único, incomparable, inmarcesible, galano... bonico, Granada CF, sino contra los mortales que, circunstancialmente, lo dirigen. Y ahí es donde quería yo llegar, porque a menudo ve uno y escucha cosas que no responden a la realidad, como es tomarse una crítica a una muy mediocre gestión deportiva (la de la temporada pasada; ¿o me lo estoy inventando?) como un ataque al escudo, los colores, la afición y hasta el piso que todavía es del club.

No, mire usted. En Granada no hay ningún medio informativo que odie al histórico, como se quiere hacer creer. En todo caso lo que sí que hay es personas con voz propia que aportan cada uno su punto de vista en cuestiones que interesan y que, lógicamente, no puede esperarse que todos comulguen con un pensamiento único. Qué aburridísimo sería el panorama futbolero si hubiera esa unanimidad en pareceres y humos de incensario que parece ser lo único que se persigue desde el palco.

Servidor no ve ninguna mala intensión en ningún medio. Más bien lo que ve es todo lo contrario. Porque hay carnaza donde escarbar y ahondar en alguna que otra herida abierta: ¿qué pasa con esa auditoría que va a tardar más que el Escorial?; ¿qué pasa con el pago de lo que se llama cuota inaplazable que impide el acuerdo con la Seguridad Social?; ¿qué pasa con la prometida ciudad deportiva del club?; ¿para cuándo la conversión en SAD?; ¿qué se va a hacer frente a un personaje de cuyo nombre no quiero acordarme y que no para de dar con los nudillos en el primero derecha y esgrimir una factura? Eso por citar sólo los temas así como más sangrantes. Un servidor, futbolero empedernido y que está “en la honda”, lo que percibe del tratamiento que en general dan los medios al Granada CF es que todos esos temas (todos ellos muy sabrosos y que podrían incomodar algunas posaderas bien apoltronadas) suelen ser obviados por la prensa y si se tocan se hace muy de pasada. Luego, no veo yo por ningún lado esa pretendida campaña de prensa en contra del histórico, sino todo lo contrario, porque a los futboleros lo que nos interesa es que el equipo gane partidos y todo lo demás es secundario.

Albolote, Albolote... (fascista el que te bote). Que no te boten ¡voto a bríos!. Que no tenga el bueno de Palma que trasladarse a sitio distinto del que se ha ganado con una trayectoria impecable, incluida la larga travesía del desierto a la que nos condenaron otros que circunstancialmente (con el apoyo de los que tienen en las asambleas su modus vivendi) rigieron los destinos de lo que debe estar por encima de las personas que van y vienen pero no permanecen.