EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



lunes, 30 de junio de 2008

EL LLANO


En plena Plaza del Gran Capitán, esquina a lo que hoy es Emperatriz Eugenia, existía un solar de no más de cincuenta metros de largo al que conocíamos como campo de Lapetra. También estaba el que llamábamos campo de Funes, que ahora quedaría por la calle Arabial. Otra cancha en la que uno recuerda haber jugado estaba en lo que hoy es el barrio de Los Pajaritos, en terrenos que fueron de la desaparecida estación de los Ferrocarriles Andaluces. Y también había otro campo por la Avenida de Cervantes que creo que fue escenario allá por los años veinte de no pocos derbis locales de aquellos clubes anteriores al Recreativo que no llegaron a tener continuidad. Éstos y algunos más que ahora no recuerdo formaban la oferta futbolera en lo que a instalaciones se refiere cuando servidor empezaba a dejar atrás la infancia. No se puede hablar de campos de deportes sino de descampados ya en las afueras de la ciudad, de hazas caracterizadas por la gran cantidad de piedras que se encontraban en unas superficies alomadas por los surcos donde no hacía demasiado tiempo se habrían recogido sus buenas cosechas de patatas. Tampoco faltaban los cascajos, las basuras y todo tipo de maleza silvestre. Realmente no eran el mejor escenario para aprender una buena técnica futbolística.

Más a mano y como alternativa estaba la placeta del barrio, pero con el gran handicap de tener que estar pendientes de la espada de Damocles que representaban los “guris”, que podían aparecer en el momento menos pensado y dejarte sin balón o llevarte preso si no andabas con ojo.

Pero siempre estaban las tardes de sábado, único momento (aparte de los domingos) libre de obligaciones escolares, para subir al Llano de la Perdiz. Granada, tan privilegiada en bellezas monumentales y naturales tiene otro tesoro, no todo lo valorado que debiera, a sólo dos pasos del centro de la ciudad, el Parque de Invierno, como se le conocía antes, o Parque Periurbano o Dehesa del Generalife, como se le conoce ahora. Auténtico pulmón de la urbe y paraíso de soledad y silencio (si uno acude entre semana) y panorámicas. Y también monte olimpo del deporte más popular.

Qué maravilla aquellas felices tardes de la edad del pavo, aquellos sábados en que nos juntábamos unos cuantos chaveas y echábamos a andar Cuesta de Gomérez arriba para en una hora estar en la cima donde nunca faltaban rivales ni balones para improvisar un partidazo por todo lo alto; y tan alto, más de mil metros sobre el nivel del mar. Algunos, más espabilados, hacían dedo y casi siempre encontraban quien los llevara. Muchas veces, cuando era pleno invierno, no faltaba la niebla y la nieve, y también era frecuente que al ir uno a vestirse después del partido no pudiera abotonarse la ropa al no responder los dedos enteleridos y llenos de sabañones. Pero todo se daba por bueno a esa edad, incluso cabecear aquellos balones de antes que cuando se mojaban pesaban un quintal y te dejaban medio esnoclao, como decía “Elquesabe”.

En una ocasión el puñado de chaveas, ya casi adolescentes, que nos reuníamos desafiamos a un grupo de “puretas” que por allí correteaba. Con el desparpajo autosuficiente propio de la edad pretendíamos humillar a los carrozas y darles un baño. Servidor, a la sazón un teenager con ínfulas de delantero goleador, tuvo que vérselas con un cuarentón más bien panzudo y de buena estatura que formaba en el centro de la defensa contraria. Bien pronto pude comprobar que aquel hombre no era ni mucho menos un tuercebotas sino todo lo contrario, y con una técnica magnífica y muchos recursos sacaba siempre el balón jugado y no daba ni una patada; resultado: mi papel en aquel partido se limitó a ver cómo una y otra vez se me anticipaba y me anulaba por arriba, por abajo, por el norte y por el sur, y servidor literalmente no rascó bola. Pues bien, aquel hombre maduro, lo supimos después, no era otro que el gran Manolo Méndez que con algunos amigos (Pellejero también estaba), lo mismo que nosotros, había aprovechado la tarde del sábado para practicar el fútbol popular que siempre ha ofrecido gratuitamente ese altar balompédico que es el Llano de la Perdiz. Nos metieron tal escardón que nuestro jactancioso orgullo de imberbes quedó algo mal parado.

Y es que en el Llano de la Perdiz era frecuente asistir gratis a más de un partido de viejas glorias. Así pudo uno ver jugar hace no demasiados años a un sesentón Pepe Millán que todavía conservaba buenas cualidades. También hasta hace poco eran asiduos a los partidos de las peñas domingueras otros jugadores que lo fueron todo en el Granada como Vicente Díaz o Castellanos, que uno recuerde.

Últimamente parece que, en lo que se refiere a partidos futboleros populares, anda el Llano algo de capa caída. Claro, la oferta actual de instalaciones es amplísima e incluso el césped en partidos de peñas es algo normal como para tener que trasponer a todo lo alto del monte. Pero, dónde va a parar; los partidos en aquel escenario, con esa luz, con esos paisajes y ese aire limpio de montaña; para servidor no admite comparación. Incluso la cervecilla de después (como el cigarrillo de después), en los quiosquillos al sol, de mostrador y palangana con barra de hielo y conversaciones futboleras, no es equiparable ni de muy lejos al “Aquarius” que te sirve una máquina con palique cibernético.

sábado, 28 de junio de 2008

CUESTIÓN ASTRAL



19/04/06

Metido uno a astrólogo, sin título y sin pajolera idea de estos menesteres, he tenido la errabunda ocurrencia de copiar de alguna de las muchas páginas web que se dedican a la cosa ésta de lo esotérico, la carta astral del club que acaba de celebrar sus primeras bodas de platino. Ahí la tienen ustedes. Entre ese conjunto de símbolos de colorines servidor, a pesar de haber seguido un curso intensivo por correspondencia sobre la materia, lo único que saca en claro es ese triángulo rectángulo, de color rojo, cuyo cateto (con perdón) ascendente termina en Cáncer y el otro pueblerino trigonométrico va directo a Capricornio; ambos “castrohas” siderales partiendo del vértice que marca el que fue a nacer un 14 de abril de 1931 y, por lo tanto, su signo es Aries.

Según los entendidos en estos asuntos, en ese triángulo está contenido poco menos que todo el ya largo andar de esta honorable institución: desde el momento aquél en que el recreativista Tomé agredió al árbitro Canga Argüelles en el madrileño campo del Parral, todavía en tiempos del régimen político que nació el mismo día que el club, hasta el minuto exacto en que el balón iba a ser rechazado por el larguero la tórrida tarde en la que se achicharraron no pocas ilusiones rojiblancas, hace bien poco. En esa carta astral, marcada por la fecha y el lugar del natalicio, se supone que se refleja la imparable ascensión del setentón en sus comienzos y también la decadencia de los últimos tiempos. Y también se supone que se contienen todos los avatares que le esperan en el futuro. Porque lo tiene.

Aun confesándose uno bastante escéptico en todo lo referente a los horóscopos y sus derivados no puede por menos que preguntarse en qué recóndito rincón del pretendido documento se contendrán los once chicharitos al Jerez en un cercado de madera; el gol de César en Castellón; Alberty volando hasta ser derribado y quedarse para siempre; Gojenuri expulsando a González (que no se va); las nueve veces que Candi se tuvo que agachar a por la bola en el Santo Reino; la peliaguda victoria de carne de membrillo; la larga marcha rojiblanca a Madrid a la imposible caza de una copa superlativa. Todas esas cosas que uno no vio pero puede imaginarse. Y también las que sí pudo ver de cerca: la penibética ascensión de la Cuesta de la Reina con la primera en la baca; los cuatro goles de Miguel a los maños magníficos; la escalera de Joseíto con un último peldaño en la división de honor; Guruceta anulando a Porta el gol más legal y más espectacular; el equipo “matagigantes” que humilla cinco veces a Iríbar y se queda con el Pichichi pero a las puertas de Europa; el de los “granaguayos”; el de el miedo escénico en el coliseo por mal nombre conocido por quienes no nos quieren como de “Los Crímenes”; el que da el mejor partido del mundo y se reconcilia con el fútbol ante los merengues; Grande, a las puertas del desierto, batiendo a Puente de maligno cabezazo; las mal celebradas bodas de oro (del que defecó el magrebí, que diría aquél); el viaje de fraternidad a Algeciras que valió la plata; o el no menos platero de Zaragoza; y, en fin, todo lo último que ya conocemos más y de lo que hay poco que conmemorar. En qué pliegue astrológico se esconderán los designios del destino que, según los que de esto saben, todos tenemos escrito en las estrellas.

En esa conjunción de Aries, con ascendente en Cáncer e implicando también a Capricornio algunos privilegiados alcanzan a ver los fundamentos de toda una vida, los hilos secretos que han determinado que la existencia de algo que está muy vivo y se mueve hayan ido y vayan a ir por unos derroteros y no por otros.

Seguramente todas esas cosas están ahí reflejadas, sólo será cuestión de saber interpretarlas. Pero lo que no sabemos es si se podrán adivinar por la posición de los astros las emociones, los sentimientos, las pasiones, el amor a unos colores, todas esas cosas que hacen que el fútbol sea lo que es.

Esperemos que en lo venidero, por aquello de los ciclos cambiantes de la naturaleza, lo que toque en lo que se refiere a conjunciones planetarias sea algo parecido a lo que caracterizó a este bendito club cuando era joven, antes de cumplir el medio siglo de existencia. En ese caso habrán valido la pena tantas tardes y noches, tantas vivencias, tantas lágrimas, tantas decepciones y algunas alegrías (al forofo los gozos siempre le parecen pocos) que uno ha compartido con la institución. Tantas que su cumpleaños lo celebro como si fuera el de alguien de mi familia. Felicidades y, como es obligatorio decir, que cumplas muchos más (y servidor que lo vea) y sea en escalones más altos.

FETICHISMOS ROJIBLANCOS



Mucho se ha escrito sobre qué es lo que tiene el fútbol para apasionar a las masas como lo hace. Posiblemente sea que es un juego muy simple, al menos en apariencia, y tan antiguo en sus fundamentos como la misma humanidad. Y su simpleza aparente hace que todos nos sintamos autorizados para opinar y capacitados para vivir de cerca el juego, como hacíamos casi todos cuando en la infancia jugábamos a la pelota en el recreo o en la placeta y empezábamos a quedar enganchados a esto del balompié y todos sus ritos y sus mitos. Bibliotecas enteras se pueden consultar sobre la cuestión.

Todos -también los carrozas- los que de alguna forma estamos en el mundillo futbolero: futbolistas, técnicos, directivos, plumillas, hinchas y demás personal que se congrega alrededor de este apasionante espectáculo, seguimos siendo unos muchachos a los que de verdad lo que nos gusta es divertirnos, jugar. Parece algo evidente. Cada uno, desde la pequeña o gran parcela que le haya correspondido, lo que hacemos es jugar. Unos desde el mismo terreno y otros desde otros sitios, por ejemplo, desde una cabina, desde la grada o con el pinganillo desde cualquier sitio. Lo que querríamos los forofos más que ninguna otra cosa es que nos dejaran corretear por la hierba y meter goles, sobre todo meter goles. Y he dicho que lo querríamos es jugar, bueno, lo que de verdad de verdad nos gusta es ganar.

El azar tiene en este mundillo, como juego que es, más protagonismo del que desearían los que de él viven, o al menos así parece desde fuera. Pero precisamente ese gran componente de azar puede también explicar por qué el fútbol es el rey mundial de los deportes, por qué apasiona mucho más que otros juegos que se prestan más a la exhaustiva y fría planificación.

Sea como sea y con estas premisas, ¿quién, hincha o protagonista directo del juego, no ha confiado alguna vez en algún tipo de amuleto para ayudar a que nuestros colores ganen su partido? ¿Quién no ha repetido algún comportamiento recordando que eso fue lo mismo que hizo en otra ocasión en la que los nuestros ganaron? Todos nos ponemos de acuerdo en que esto en realidad poco, mejor dicho, nada, va a influir en que el delantero acierte con la portería contraria en vez de estrellar su tiro en la madera. Pero en nuestro fuero interno nos decimos algo así como: -«...por si las moscas, yo me voy a llevar mi llavero y mi bufanda de la suerte y voy a pasar primero por el bar de Pepe, como aquella vez cuando le ganamos al Escalerillas, y voy a entrar por la puerta cinco, no por la siete, y así no veo a ese tío que es un gafe, ¡ah!, y la cervecilla del descanso, y si el partido va mal, pues el cigarro del gol...».

Mi amigo Paco sí que era único en esta cuestiones. En plenos años ochenta y con el equipo ya en Segunda B seguía domingo tras domingo acudiendo a los partidos enfundado en su “minipún” verde furioso, remendado con coderas, y ante el cachondeo de los que allí nos reuníamos decía que el saquito aquel, ya tan demodé, lo había estrenado el mismo día que le cascamos cinco a “el Chopo” y estaba comprobado que traía suerte.

Y qué me dicen del mismísimo Mesones, estatua hierática en la banda una tarde de la que no quiero acordarme, una tarde en la que llovía fuego del cielo ceniciento por el que revoloteaban todos los gafes y el bochorno secaba las lágrimas de tantísimos granadinistas nada más aflorar a sus pupilas; allá estaba D. Felipe impertérrito y con su anorak abrochado hasta el esternón, criando pollos y salamanquesas por lo menos pero seguramente confiando en que su estrella pasaba por una prenda muy poco propia de un clima sahariano.

Animar desde el graderío a los nuestros y esa inocente fe en fetiches y en conductas supuestamente suertudas es la forma de meter goles que tenemos los que no podemos hacerlos de otra forma. Lo dicho, como haberlas, haylas, y teniendo en cuenta que el fútbol es una religión laica, echemos todos mano de nuestros amuletos y fetiches particulares y presentémoslos en el templo ante el tótem de la tribu, a ver si entre todos podemos evitar que volvamos a tener que sufrir en nuestros pobres y asendereados huesos de forofos otro estacazo como los que no hace falta recordar. Porque este año toca que sí.

viernes, 27 de junio de 2008

MADRID SE RINDIÓ



La sonrisa se dibuja en los rostros de los tres granadinistas que aparecen en la foto: González, Nicola y Floro. Y no es para menos ya que acaban de vencer al R. Madrid en su propia sede, Chamartín (el nombre de Bernabéu todavía no lo había adquirido). La instantánea corresponde al Suplemento Gráfico de Marca, de 23 de mayo de 1944, y recoge el partido jugado dos días antes cuyo resultado de 0-2 (0-0 de la ida) suponía que el Granada eliminaba a los merengues y accedía a cuartos de final de la copa del Generalísimo. Es una fecha histórica para el granadinismo pues es la primera vez que el Granada salía triunfante de su visita a Madrid.

Este R. Madrid de posguerra, en el que se alinearon cuatro jugadores internacionales, no es todavía el todopoderoso que conocemos pues hasta este momento sólo contaba en su palmarés con dos ligas, ambas de los tiempos de la República, y tendrían que pasar todavía casi diez años para que consiguiera su tercer título liguero, cuando la llegada de Di’Stéfano lo convierta en el cuadro que arrasa en España y en Europa. Pero esto no quita un ápice de gloria al triunfo granadinista. Ya saben, eso que hace grande al fútbol, ese gran orgullo de la pequeña población que se impone a una grande.

Floro; Millán González; Sosa, Melito, Sierra; García, Trompi, Nicola, Safont y Mas. Estos son los hombres que jugaron y vencieron aquella tarde. Nicola y Safont fueron los goleadores.

Se trata de un Granada en su tercera temporada entre los grandes, la mejor de las cuatro de ésta su primera aparición en la máxima categoría. De la mano del húngaro Esteban Platko, hermano del famosísimo Frank Platko, portero del Barcelona de los años veinte inmortalizado por Rafael Alberti, el Granada C.F. tuvo un comienzo de liga más bien malo, pero al final consiguió la que durante veinticinco años fue su mejor clasificación histórica, un más que digno octavo puesto (de catorce) en Primera División. Marcel Domingo en la 68-69 lograría igualar la marca y tres años después, en la 71-72, Joseíto la superaría con un sexto puesto (en ambos casos en una primera división de dieciséis clubes) y volvería a igualar el nuevo récord dos años después, aunque ya en esta ocasión con una primera de dieciocho clubes.

A pesar del logro histórico no fue un camino de rosas la labor del míster magiar a lo largo de la temporada pues, siguiendo a José Luis Entrala en su magnífica serie publicada en Granada Hoy, 60 Partidos Inolvidables, eran bastantes los aficionados granadinistas que no estaban de acuerdo con sus planteamientos por considerarlos excesivamente conservadores, ya que retrasaba al medio centro y eso de jugar con ¡¡¡tres defensas!!! no gustaba demasiado, faltaba el espectáculo.

El húngaro, fichado precisamente porque su trabajo convenció a la directiva desde que tuvieron ocasión de verlo de cerca al frente del Valladolid en el partido único de promoción con que se salvó la máxima categoría la temporada anterior, era un innovador para la época y para el país, y sus métodos eran un atisbo de lo que después sería práctica general y se conocería como la WM. En realidad, la WM estaba ya más que implantada en Europa desde antes de la Segunda Guerra Mundial, pero en España, por razón de nuestra guerra y el posterior aislamiento, llegó con retraso y, como a menudo ocurre con las innovaciones futboleras, topó al principio con la contestación de gran parte de los aficionados, no sólo granadinistas, para acabar siendo utilizada por todos los equipos.

En cuartos de final el Granada se tropezó con el club que por entonces era intratable en la competición copera, el At. Bilbao. El 6-1 de la ida en San Mamés dejó la eliminatoria más que resuelta y aquí se acabó la aventura en el torneo del KO. Pero ahí queda para la historia la primera vez que los rojiblancos hacían morder el polvo a los de la capital en su propio feudo.

UN EQUIPO DE PRIMERA

01/03/06

El gran Jonny Ruiz en la portería. Por la derecha Jesús María Simón; por la izquierda nrique López “Chiriviki”; ¡qué dos grandes laterales! En el eje de la zaga una pareja, Anyo Morales y Luis Ruiz, que no desmerece a la que formaban Fernández y Aguirre. En la zona ancha otra pareja todo pundonor, la que forman David Contreras y Javier Palma; el uno en tareas, poco lucidas pero muy necesarias, de contención, y el otro en la más vistosa y ofensiva de distribución. Para el interior derecho un todo terreno, Manolo Albendín (ojo a su disparo desde la media distancia). Por la izquierda preferentemente, aunque también puede desenvolverse por todas las parcelas, el gran Baldomero. Arriba manda la juventud más primeriza pero ya con las suficientes tablas: moviéndose entre líneas, Juanjo Medina y en punta Antonio Sánchez.

Se puede hacer otro equipo también de lujo: Javier Feixas; David Rodríguez, Diego López, Juan José Fernández, Fran Espigares; Emilio Morales, Antonio García, Paco Jiménez, Julio Piñero; Juan Prieto y Pablo Quílez. Todos bajo la muy sabia dirección del tándem formado por Lázaro y Javier Blanco. Grandes jugadores todos ellos. El equipo tendría también su presidente y quién mejor para esto que Manu López, que ya tiene mucha experiencia. Y un servidor se reserva el puesto de utillero.

Se trata de un equipo muy bueno, con la necesaria mezcla de veteranía y juventud -la que dicen hace ganadores a los cuadros- en el que se integran firmes promesas junto a otros ya consagrados. Muchos de ellos provienen de la inagotable cantera alboloteña y bastantes tienen en común su gran afición al rizoma de orozuz (no piensen mal, no tiene esto nada que ver con algún vicio inconfesable, aunque se les queden los dientes negros).

Sin duda es un equipo de primera división. En la capital, el fútbol a que estamos condenados es de cuarta, pero al menos hay una parte de él, la que forman los que se ocupan de contárnoslo, que pertenece a una categoría superior. Los spiquers y plumillas deportivos, quién lo pone en cuestión, forman parte también del espectáculo y contribuyen a engrandecerlo. Lo mismo que es necesario un “no futbolista” que ponga algo de orden sobre las canchas, son necesarios también otros que lo más redondo que han visto ha sido una caja de ensaimada, como el panegirista y el amanuense, que den fe de lo que sucedió y, siempre desde su óptica de pobre mortal, no hay que olvidar esto, nos lo cuenten a su manera para que podamos seguir los enganchados a esto del “furbos” metiéndonos en vena las dosis que necesitamos y así el mono no nos estrague. Y por lo mismo que los que hacen posible este tinglado de una forma directa están sujetos a crítica, también lo están -como alguaciles alguacilados- los que indirectamente contribuyen a la farsa en su papel de criticones.

Lo que pasa es que una cosa es criticar al criticón, o sea, poner en duda la valía profesional de los periodistas deportivos, contra lo cual no hay nada que decir; y otra muy distinta es insultar gratuitamente o cuestionar la honestidad, la independencia de criterio, la objetividad, incluso cosas más graves, de la prensa en general y de algunos de los arriba nombrados en particular, sin más razón que lo que se lee o se escucha no satisface nuestro muy subjetivo ego de hincha unidireccional, y esto último sólo merece un olímpico desdén.

Uno recuerda de su niñez unos reportajes en blanco y negro de la única televisión que había, en el programa que se emitía los lunes, «Ayer Domingo», donde pasaban las incidencias de la jornada futbolera en Primera División. Más de una y de dos veces ocurría que para poder ver el gol de Miguel (o de Almagro, o de Eloy...) en un vetusto Pasarón (o Altabix, o El Arcángel..., o en el propio Los Cármenes) había que estar pendiente del televisor y sin pestañear porque, claro, el Granada nunca fue en esta categoría más que cola de león. Era muy frecuente que de los goles en estos partidos pasaran exclusivamente el remate que los producía o que sólo acertáramos a ver ya el balón entrando en la portería y con eso teníamos que contentarnos. Por supuesto no había repetición de jugada alguna. Son tiempos casi prehistóricos. Qué gran contraste con lo actual, con ese despliegue de medios que incluso nos pasan el partido entero cuando aún no han terminado los jugadores de cambiarse de calle o de vez en cuando nos lo ofrecen en directo para que lo podamos seguir desde nuestra butaca sin necesidad de salir al inclemente relente. Y eso que nuestro techo es la tercera división.

He querido con este escrito romper una lanza en pro de los grandes profesionales que en Granada hacen posible la información deportiva de primer nivel que disfrutamos, porque en según qué sitios es muy frecuente leer comentarios dirigidos a algunos de ellos que no escatiman insultos soeces. Repito, en la capital el fútbol que vemos es de cuarta, pero su seguimiento por los medios de comunicación es de primera, por más que en ciertos ámbitos aparezcan comentarios jeremíacos que no estén de acuerdo con lo dicho.

Las formaciones que abren estas líneas no pretenden ser una selección de lo mejor que en nuestra tierra se dedica al ingrato oficio de la información deportiva. Simplemente he incluido a quienes, por considerarlos amigos, sé que no se van a molestar por que invoque su nombre en vano. Por supuesto que en Granada hay mejores profesionales cuyos nombres no se han citado. Solamente se trata de una muestra que puede ser representativa del muy rico mundillo de la información deportiva local desde el punto de vista de alguien muy agradecido a algunos de los nombrados por haberle permitido satisfacer una apasionante vocación tardía que me ha aportado, además de un buen montón de amigos, una visión completamente nueva y distinta de lo que constituye mi locura de siempre: el fútbol.

ABENCERRAJES Y ZEGRÍES


16/02/06

En Sevilla, según una de las imágenes más tópicas que desde allí nos puede llegar, son muy dados a las dualidades irreconciliables. Allí todo quisque es de esto o de lo otro: de tal torero o de tal otro; de esta virgen o de la de más allá; y, por supuesto, del Betis o del Sevilla. Y el cliché popular dice que no es concebible que alguien se muestre tibio en estos aspectos. O se es de uno y contra el otro, o se es del otro y contra el uno hasta la muerte. Al parecer, las dicotomías “filo-fóbicas” también forman parte de su rico folklore local.

En Granada, más provinciana, más aislada del mundo, de una forma bastante cateta no se ha tenido nunca ni el menor reparo en tomar prestadas (vamos, en copiar directamente, para que nos entendamos) tradiciones que han nacido a la vera del Guadalquivir, incluso aunque no viniera a cuento porque ya teníamos las nuestras propias: es lo que ha sucedido con nuestra semana santa y nuestra feria mayor. Así que, ya puestos, algunos no lo han dudado y se han dicho: por qué no copiar también las poses, la parafernalia, el ambiente de enemistad guasona y zumbona, todo lo que conlleva allí la rivalidad extrema entre equipos de fútbol, ahora que, por sus grandes pecados, al equipo de toda la vida le han salido competidores directos. Hombre, puestos a fusilar costumbres festivas ajenas, siempre será mejor reproducir esas peleíllas con las que tan bien se lo pasan los sevillanos, a fin de cuentas primos hermanos nuestros, que importar a estos pagos lo de lanzar una cabra desde un campanario o aquella otra “diversión” por la que un ejército de vociferantes zanguangos (es una mina esto de los sinónimos de Word) trotan delante o detrás de un cuadrúpedo por todo un término municipal.

Así que, por mimetismo, ya tenemos a la escasa parroquia balompédica local dividida en dos bandos. No podríamos decir que esos dos bandos son irreconciliables, por lo menos todavía no se puede decir. Quizás con el paso del tiempo, cuando ya hayan pasado unos cuantos derbis y se hayan despejado algunas de las muchas dudas que todavía le quedan a uno sobre el futuro (incluso el más inmediato) de los dos proyectos de los que nace la dicotomía, podamos hablar de cordiales enemigos para referirnos a dos clubes granadinos. Quizás cuando pasen sólo algunos meses y (ojalá) veamos a alguno o, mejor, a los dos, en otra categoría más mollar, y ya se haya clarificado algo de la situación actual de unos y otros, entonces se pueda hablar, ya sí, de feroces desencuentros entre abencerrajes y zegríes.

Por ahora uno lo único que percibe es una gran fobia hacia el nuevo club, pero proviene de sólo una parte mínima de la afición granadina. Y esa fobia, ese no querer al otro, y que me perdonen los que no coincidan con esta apreciación, nace más de la “pelusa” ante el que, subjetivamente, nos puede privar del afecto materno que de un análisis serio acerca de las “maldades” intrínsecas del neonato. Y proviene, sobre todo (que me perdonen nuevamente esta personal apreciación), de un afán que tiene mucho que ver con una personalidad acomplejada, como es el de imitar gregariamente lo que viene de algún sitio al que se le suponen virtudes que uno reconoce no se dan en nuestros lares.

Por ahora (siempre por ahora) a lo más que llegamos es a mini derbis, que son bonitos y animan mucho, sobre todo en comparación con los demás platos futboleros con que tenemos que contentarnos. Pero claro, en esto como en otras muchas cuestiones, para poder hablar de algo equiparable siquiera de lejos a lo que es normal a la sombra de la Giralda, habría que salvar distancias siderales. La primera y principal es la que nos remite a algo que pasa por ser lo más autóctono de por aquí, es decir, la “grasia al revés”, o sea, la falta de ella. El domingo daba gusto ver las gradas del Nuevo Los Cármenes, con todo su colorido, sus pendones y banderolas, y con su mucho público para lo que es habitual. Con sus dos aficiones animando a sus equipos, siendo reseñable solo un tímido cruce de insultos. Yo les juro que rendiré la plaza (ahí va mi puñal con el que pueden degollar a mi primogénito); que daré los ahorros de toda una vida a su entidad bancaria para que me los custodien; que, como el forofo sin remedio que soy, ya estoy entrenado y veneraré sus colores verdiazules; incluso que me santiguaré cada vez que pase por la carretera de Armilla. Pero, ¡por lo que más quieran! ¡por la Virgen de las Angustias, San Cecilio y los siete varones santos y mártires! (digo con lágrimas en los ojos mientras me echo al coleto cuarto y mitad del bote de aspirinas): ¡NO ME TOQUEN MÁS LAS TROMPETICAS, co... gollos! ¿A qué gran malafollá cum laude se le puede haber ocurrido someter a la afición granadina y a los vecinos de gran parte del Zaidín a semejante tortura de dos horas largas sin tregua?

GUERRAS CIVILES PENIBÉTICAS



06/02/06

Ángel Ganivet en su sabrosísimo relato «Una derrota de los greñudos» nos cuenta su participación activa en una sin par batalla a pedrada limpia en las márgenes del Genil, librada entre chaveas del Realejo y del Matadero. Asimismo, Francisco Izquierdo en su «Operación Chinarral» refiere batallas juveniles más o menos cruentas entre zagalones de barrios “eternos rivales”, en una Granada ya irreconocible. Por mi parte, también podría yo contar aquella vez en que caí prisionero de las “odiadas” hordas enemigas del barrio de la Pescadería tras una escaramuza en plena plaza Bibrambla; la espada de madera que yo mismo había fabricado no resistió ni el primer estacazo de la “Mula Francis”, un tiíllo gordísimo y enorme, un auténtico jayán, capitán del ejército rival y terror de los míos.

Peleíllas infantiles, cosas de críos. Pero algo parecido, aunque ya con un balón por en medio, debían ser los enfrentamientos aquellos de la prehistoria del fútbol granadino entre el Real España y el Español de Granada de los años veinte del siglo pasado. Heroicos tiempos de derbis en algún descampado de las afueras de la ciudad en los que parece ser que a su término solían dispensarse grandes dosis de árnica en las boticas. Precisamente la encarnizada enemistad entre aquellos prehistóricos cuadros granadinos se señala como causa principal de que ambos desaparecieran en 1926.

El tocar fondo, el misérrimo lugar en el panorama futbolístico español de ahora mismo, ha venido a resucitar algo de aquello que se podía vivir hace tantos años. La pena es que la rivalidad entre granadinos vuelva por la caída del histórico y no por el ascenso de otros. En cualquier caso, es buena la rivalidad. Así ninguno de los antagonistas se puede dormir y al final saldremos beneficiados los aficionados a esto del “funbo”. Además, así hay mucho más de qué hablar. Tanto que si no existieran dos rivales tan directos no sabe uno con qué tema de conversación iban a rellenar la mayor parte de su contenido ciertas personas en ciertas tertulias y en ciertos foros, en donde es muy frecuente oír y leer más mensajes acerca de si el contrario es esto o lo otro, si hace aquello o lo de más allá, que glosas al propio bando o comentarios sobre fútbol propiamente dicho .

En cualquier caso, esto da color y sabor a la cosa y, ya que no podemos ver por estas tierras a lo mejor del fútbol nacional (ni a lo mediano), asistimos a por lo menos dos partidos con algo más del pobre colorido habitual en los últimos años. La rivalidad que colorea el gris cotarro balompédico local bienvenida sea. Siempre será preferible esa mini bulla a la desolación que produce asistir a un vacío estadio para echarse entre pecho y espalda un ¿partido de fútbol? contra el Pedrusco o el Menisco F.C., u otro de similar pelaje. ¡Esas tardes-noches de pleno invierno granadino en unas gradas desiertas con sus “chiscates” por los cuatro puntos cardinales! ¡Esas insufribles pachangas contra un equipo de algún sitio que ni viene en el mapa y que encima va y nos gana! Hay que tener más fe que dos batallones alcoyanos para no desertar.

Claro que, como contrapartida al ambientillo, se dan también situaciones que no son muy edificantes que digamos: las que derivan del encastillamiento de algunos en posiciones ultra hostiles frente al otro y su sombra, hasta el punto de que sólo les falta afirmar que el gol del Murcia no lo marcó Aguilar, sino quien todos sabemos. Un servidor siempre ha sido granadinista. Pero granadinista en todo. También en la petanca y en el monopoly, en los índices sociológicos y en los del producto interior, bruto o finolis. El histórico ha sido siempre mi equipo y ojalá lo veamos pronto en categorías superiores. Pero, por más que algunos digan que sólo se puede ser de un equipo, que sólo se puede admitir en estas cuestiones el matrimonio monógamo, y que, además, hay que odiar a muerte al competidor, el cual no tiene más razón de existir que la de acabar con el objeto de nuestra idolatría; a mí me van a perdonar ser un libertino y no estar de acuerdo con esos planteamientos tan radicales y tan castos. Yo insisto en que el amor a unos colores no implica que a otros haya que negarles el pan, la sal y hasta el tenedor, y menos cuando esos otros son también de por aquí. Servidor suspira por que nuestra tierra despegue de la inopia en algo, aunque sea en una cosa tan, en el fondo, intrascendente, tan banal, como el deporte. Si algún granadino consigue salir de alguno de los muchos pozos que decoran nuestro paisaje, por mi parte sólo puede merecer aplausos, y nunca la enemiga.

Y es que la rivalidad que anima el cotarro tiene también su parte negativa, su cruz, en forma de guerra entre granadinos que, por ahora, no pasa de ser verbal y esperemos que sea siempre así, aunque, según qué templos mediáticos futboleros visite uno, no se puede descartar totalmente que no vayamos a tener oportunidad de presenciar cualquier día alguna especie de penibético rosario de la aurora balompédico.

En realidad esos odios caninos al rival –se dice uno para sí- no son otra cosa que miedo a que algún día éste nos supere, nos relegue a un segundo plano. No son otra cosa –sigue uno monologando- que celos. Los mismos dicterios que se oyen y leen contra el nuevo club en según qué sitios son los que se oían y leían contra otro club granadino que se atrevió también a hablar de tú al histórico y hoy parece no contar porque su mala suerte lo llevó a una categoría inferior (por el bien del fútbol granadino, esperemos que retorne pronto por donde solía); y eso que contra este admirable club GRANADINO, modelo en tantas cosas, no cabía la fácil excusa, para justificar tal animadversión, de acusarlo de haberse “colado” en la categoría o de traidoramente haber sido fundado con el único objetivo de finiquitar al setentón.

Quédense las peleíllas para otros con menos años y más energías. Ahora, peinando ya canas (sólo en las sienes y el cogote, eso sí), no estoy para trotar por esas trochas de Dios y sólo deseo ver a mi equipo en algún escalón en el que se le pueda reconocer. Además, los comercios que me abastecían de bastidores de telas con que fabricar las espadas de madera hace ya muchos años que cerraron. Modestamente opino que tanto odio no puede ser bueno para la salud y, por eso, no quiero ninguna guerra contra un vecino que a mí no me ha hecho nada.

martes, 24 de junio de 2008

GOLEADA Y DEBUT


Foto y crónica corresponden a una fecha histórica en la trayectoria rojiblanca. Pertenecen a Ideal del martes 2 de diciembre de 1941 y recogen lo acontecido dos días antes en Los Cármenes, cuando en la jornada diez de la temporada 41-42 el Granada C.F. obtenía su segunda victoria en división de honor y a la vez establecía un récord todavía vigente: el triunfo más abultado de toda su historia en primera división, 8-0 a un Oviedo colista aunque contaba en sus filas con jugadores internacionales -algunos de ellos auténticas viejas glorias del fútbol español- como Zabala, Soladrero, Herrerita y Emilín. La crónica señala que se trató de un partido sin más historia que la de los goles y cita como los más destacados a los integrantes de la medular: Sosa, Bonet y Sierra. Todos los hombres de arriba, componentes de una delantera granadinista clásica entre las clásicas, marcaron aquélla tarde: Marín (dos), Trompi, César (dos), Bachiller (dos) y Liz. Millán y Benítez, en defensa, más Alberty en la meta, completaron el once rojiblanco.

El Granada andaba a estas alturas del calendario pagando su bisoñez en la máxima categoría pues sólo su rival de esta ocasión más el peor Barcelona de su historia ocupaban un puesto por debajo de los rojiblancos. Los veintitrés goles encajados en nueve jornadas ponían nervioso a más de uno y la directiva fue a buscar refuerzos para la meta por estimar que Floro no ofrecía garantías. De esta forma aterriza en Granada una leyenda, un mito local, el húngaro Gyula (Julio) Alberty, que había sido internacional por su país y que había llegado al fútbol español en 1934 para militar en el R. Madrid y pasar, tras la guerra, por el Ferrol y el Celta. Con el magiar en la puerta, a partir de esta jornada comienza el despertar granadinista que le llevará al final a conservar la categoría para satisfacción de todos merced a su décimo puesto (de catorce), a salvo de cualquier contingencia.

Así, esta jornada diez, disputada el 30 de noviembre de 1941, es histórica también por suponer el momento del debut granadinista de este guardameta que todavía hoy sigue siendo considerado uno de los mejores que por aquí pasaron a pesar de que sólo se alineó en catorce ocasiones con el Granada. Quienes tuvieron la suerte de verlo actuar lo recuerdan como un atleta que volaba literalmente, muy seguro, que cuando salía se hacía siempre con el balón y no había quien pudiera frenarlo, y al que no arredraban las acometidas de los recios arietes de la época.

En el mundo del fútbol, donde cuenta tanto lo épico, las hazañas, los héroes románticos, hay gran abundancia de mitos. Además, la figura del portero, su indefensión ante el acoso de los contrarios, es especialmente propensa a convertirse en leyenda. Dos arqueros han alcanzado tal condición de la mano de excelsos juglares como Miguel Hernández o Rafael Alberti.

Alberty, el granadinista, no tuvo quien dejara por escrito testimonio lírico de sus hazañas o desgracias, pero sí que entró para siempre en la epopeya oral granadina pues en torno a su recuerdo se tejieron varias leyendas que siguen vivas en la actualidad (algunas pueriles: ¿se imaginan a un portero encaramado en lo alto del travesaño esperando a que el contrario lance el penalti en contra?). Su prematura muerte, casi sobre el mismo terreno de juego como quien dice, tiene también gran protagonismo en la formación de esas historias en torno a la persona de este futbolista, a quien le chiflaba el zumo de las naranjas con que la afición le obsequiaba reconociéndole así su estima. A los cinco meses de estar entre nosotros unas fiebres tifoideas acabaron con su vida. Parece que la enfermedad se la causó el marisco en mal estado que comió. Otros dicen que lo mató el agua no clorada a la que los granadinos éramos inmunes pero no los forasteros, o sea el “tabardillo”, el “piojo verde” o tifus exantemático, que, se dice, ya en tiempos del asedio a Granada por los Reyes Católicos causó más bajas entre sus filas que las acciones guerreras de los nazaríes. También sobre la causa de su muerte se levantaron algunas leyendas. El caso es que Alberty se puede decir que inauguró una nómina de granadinistas adorados por la torcida rojiblanca que, a lo largo de setenta y cinco años, llega hasta nombres más recientes como Capi o Notario.

NACIMIENTO DE UN MITO


La foto que ilustra este escrito corresponde al partido que se señala como el acta de nacimiento de un mito del fútbol mundial, el de “la Naranja Mecánica”. Como hijo del tiempo en que nació, este nombre se tomó prestado por la prensa asociando el color de las camisetas de la selección holandesa con un film de culto de la época por el que Stanley Kubrick llevó al cine la novela homónima de Anthony Burgess. Hablar de la Naranja Mecánica es hablar también del momento del nacimiento mundial del que se llamó “Fútbol Total”, que básicamente se puede definir como aquel en el que todos atacan y todos defienden; una concepción del fútbol que no es una táctica sino una forma de jugarlo.

De la mano de Marinus Michels la selección holandesa fue la sensación del mundial alemán de 1974, en donde, apoyándose en un grupo irrepetible de jugadores de gran clase y magnífica preparación física, liderado por Cruyff, pasó por encima de selecciones como Uruguay, Argentina y Brasil para caer en la final ante el equipo anfitrión. Cuatro años después, en el mundial de Argentina, volvió a repetir el resultado frustrante al caer nuevamente en la final ante el anfitrión. De esta forma se convirtió en una figura poco satisfactoria como es la del vencedor moral o campeón sin corona, pero mereció pasar para siempre a ocupar un puesto destacado en la historia del Fútbol (así con mayúscula).

En el mundial alemán del 74 Holanda maravilló a los aficionados y revolucionó el fútbol mundial al romper con las encorsetadas tácticas dominantes hasta ese momento, las que derivaban de una WM ya periclitada y que había venido a degenerar en el cerrojazo casi generalizado. Con su juego en el que todos atacaban y todos defendían, con laterales que eran un atacante más y donde el portero también tenía en momentos que defender fuera de su área, con apoyos constantes, desdoblamientos, relevos, presión para recuperar el balón. En definitiva, el fútbol moderno: algo que ahora es usual sobre un terreno de juego pero entonces era novedoso.

La foto corresponde al partido celebrado el 15 de junio de 1974 entre las selecciones de Uruguay y Holanda, con el que ambos conjuntos debutaban en Hannover como integrantes del grupo tres en la primera fase del mundial de Alemania 1974. Neeskens y un siempre expeditivo Montero Castillo chocan en la disputa de un balón. El resultado fue de Holanda 2 Uruguay 0, los dos goles de Rep. La selección uruguaya, dos veces campeona del mundo y que en el anterior mundial había alcanzado un brillante cuarto puesto, en Alemania 74 tuvo un pobre papel, siendo eliminada en la primera fase al conseguir sólo un punto.

Como notarios para dar fe del nacimiento del mito a la vez que lo sufrían en propias carnes, en aquel partido se alinearon con Uruguay los tres únicos granadinistas presentes en este mundial: el citado Montero Castillo, que por entonces ya formaba parte de la plantilla rojiblanca a la que había llegado al principio de esta temporada; Mazurkiewicz, que llegaría al Granada la temporada siguiente; y también otro hombre que dos años después se convertiría en jugador granadinista, Denis Milar, sustituto en la segunda parte de su compañero Cubilla.

lunes, 23 de junio de 2008

PROMOCIÓN INMINENTE


Ipiña y González, como capitanes de R. Madrid y Granada, se saludan en los prolegómenos del partido que el 28 de marzo de 1943, jornada veinticinco y penúltima del calendario de la temporada 42-43, los enfrentará en tan sólo unos minutos.

Un Real Madrid de posguerra, todavía lejos de el de las cinco copas de Europa, sólo consiguió eludir la promoción muy al final esta temporada, y no sin sufrimiento. El que no consiguió eludirla es el club de nuestros amores que, pese a traerse de la capital un empate a dos, a la jornada siguiente, última de la liga, y tras perder en Los Cármenes 2-3 con el Barcelona, se vio condenado a jugarse la división de honor a una carta frente al aspirante al ascenso, el Valladolid.

«El domingo en Chamartín.2-2 El Madrid y el Granada empataron, y sigue para los dos el peligro de un puesto en la promoción». Es el titular de la portada del suplemento gráfico de los martes de Marca de 30 de marzo de 1943.

La promoción era el resultado, temido pero barruntado casi todo el año, de una temporada que comenzaba mal, sobre todo por la ausencia en el recitado de una alineación (y, lo que es peor, en la alineación misma), que es casi himno para todo buen hincha granadinista que se precie, de sus tres últimas palabras mágicas: César, Bachiller y Liz, las cuales constituyen un colofón que puede sonar por lo menos tan poético como el inicio de la misma alineación, la que empieza con Floro, Millán, González; recitado que los aficionados granadinistas de entonces se sabían de carrerilla y que contiene los nombres de los héroes de una formación granadina que dos años antes había llevado al club por primera vez a Primera División y que en su debut primerdivisionista, la temporada anterior, había logrado la permanencia de forma brillante. Esas tres bajas en la plantilla más la retirada de Cholín hicieron que se resintiera bastante el equipo, especialmente en vanguardia. Con el que había sido seleccionador español, Paco Bru, en el banquillo toda la campaña a pesar de los malos resultados, en la primera jornada perdíamos en Granada ante el Coruña, con el show de Uría, “el olvidadizo”, y ya toda la temporada se andaba rondando los puestos bajos para culminar, con cuatro negativos, en el puesto doce, de catorce clubes, el cual se ocupó ininterrumpidamente desde la jornada nueve.

Afortunadamente los dos goles del ariete Nicola por ninguno en contra, en partido único de promoción disputado en Barcelona, según unos en Montjuic y según otros en Les Corts, salvaron la categoría y aseguraron un ejercicio más entre los grandes, magnífico bálsamo con el que los granadinos podían olvidarse, aunque fuera sólo por dos horas cada catorce días, de la realidad gris que era el paisaje y la cotidianeidad de un «tiempo de silencio», de nacional-catolicismo –prietaslasfilasporelimperiohaciadios-, de piojo verde y de hambres.

ÁFRICA EN EL CORAZÓN (Y EN EL CALENDARIO)



31/10/05

Parece ser que en la Federación van a tomar cartas en el asunto de la espinosa cuestión de las eliminatorias Ceuta-Melilla de la Preferente de ambas ciudades que cada año padecen los equipos granadinos más modestos que tienen la esperanza de mejorar su categoría.

La solución que se propone parece que va consistir en que la eliminatoria sea a un único partido en campo neutral, buscando así que no se vuelva a repetir el esperpento de este mismo año, pero se mantiene el ascenso directo para el que resulte ganador de esta eliminatoria. Esto quizás haga que ya no vuelva a haber heridos contusos ni escalabrados, que no haya otra vez tiros cuando se enfrenten ceutíes y melillenses. Pero mirándolo desde la orilla que nos atañe, es decir, desde el punto de vista de los clubes de por estos andurriales, para mí que no se va a solucionar nada pues cada año estaremos en las mismas y desde abril más o menos que es cuando acaba la competición hasta que se dignen eliminarse entre sí los norteafricanos habrá al menos un club granadino que no podrá planificar la siguiente temporada (a veces durante meses), y para más inri ese club será siempre uno que haya realizado una buena campaña y no pueda recoger los merecidos frutos.

Mucho más fácil y además es lo primero que sugiere la lógica, es que el vencedor de esa eliminatoria Ceuta-Melilla no ascienda automáticamente, sino que para ascender a Tercera tenga que superar al que haya ganado la eliminatoria entre segundos de Primera Andaluza. Parece la solución más justa y no supondría mayor quebranto. Además de esta forma se evitaría que equipos que no alcanzan el mínimo standard de calidad accedan a una categoría en la que no llegan ni a la consideración de comparsas pues les cuadra más ese calificativo caído en desuso de “percha de los palos”, y su papel en la tercera andaluza se limita a que los que con ellos se enfrentan busquen alcanzar la goleada más abultada de sus respectivas historias en partido oficial. Lo único positivo es que cada temporada, antes de echar ésta a rodar, ya hay un puesto seguro de descenso y no es para un equipo andaluz. Pero no deja este despropósito de constituir alguna forma de adulterio de la competición.

Cuando se creó esa categoría intermedia, la Primera Andaluza, se estuvo a tiempo de haber instituido una forma de solucionar este problema o, al menos, de suavizarlo. Servidor, aun a riesgo de ser tachado de alucinado, hubiera propuesto que en lugar de la categoría intermedia se hubiera creado un grupo andaluz más de Tercera (mejor aun hubieran sido dos). Razones a favor hay al menos una, y de gran peso: Andalucía es la comunidad autónoma más poblada de España con casi ocho millones de habitantes (casi la quinta parte del total de la población española), pero sólo dispone de cuarenta clubes en esta categoría, es decir, superando en varios millones (de habitantes y de licencias federativas) la población de otras autonomías como Cantabria, Murcia o Asturias, sólo cuenta con un grupo de tercera más que cualquiera de las citadas. Si en población Andalucía supera a cualquiera de éstas en una proporción de entre el 300 y 400% aproximadamente, en clubes de tercera sólo los supera en un 100%. En consecuencia, acceder a la categoría es para los andaluces mucho más difícil que para otros. Y si encima se crea una categoría puente, como la Primera Andaluza, entonces la cosa se pone doblemente difícil, y si, además, hay que estar pendiente de la eliminatoria de dos equipos que ni siquiera son andaluces, apaga ya y vámonos. Basta con preguntar en Peligros (y de rebote en La Chana o en Cúllar-Baza), donde resulta que tras clasificarse segundo en una competición muy dura y después superar al subcampeón del otro grupo oriental no se ha conseguido el muy merecido premio del ascenso. Aquí el calificativo de pozo sí que le encaja bien a la categoría intermedia.

Supongo que razones fundamentalmente políticas, de mantenimiento de los vínculos de españolidad de las llamadas antiguamente plazas de soberanía, son las que hacen que se mantenga el ascenso directo de equipos representativos de las dos poblaciones, españolas cien por cien aunque estén en África. Pero ya que esto es así y no parece que vaya a cambiar, al menos se podría poner a los equipos de Melilla en otro grupo de tercera, como se ha hecho esta temporada con el Melilla de Segunda B al que se ha sacado del grupo IV. También podría diseñarse un plan rotatorio, no sé, algo así como que este año con los equipos manchegos, el que viene con los extremeños, al siguiente con los murcianos, y así sucesivamente. Mientras tanto no habrá más remedio que seguir pendientes de la clemencia o inclemencia de los elementos, los cuales no son precisamente meteorológicos.

NUEVO EN ESTA PLAZA



26/07/05

¿Era necesario crear un nuevo equipo de fútbol en Granada si ya hay uno, cargado de historia y que cuenta con el apoyo mayoritario de la escasa, aunque viva, hinchada que todavía acude al estadio? ¿Los apoyos empresariales del nuevo club deberían haber ido al histórico Granada C.F. de nuestras entretelas? Hay algo que hace esto muy difícil. No hace falta decir lo que todos sabemos. La deuda es astronómica para un club de cuarta división y ya no queda nada más que vender, aparte de que no hay manera de saber a cuánto asciende exactamente esa deuda y lo más seguro es que si esto es así no se sea por accidente ni por imponderables; ¿tan difícil es saber cuánto debe un club?

Todos los granadinistas somos culpables de este desaguisado: los que hicieron la venta (y el gran negocio) del viejo estadio mediante una operación cuya legitimidad todavía se dirime en los tribunales; los que les sucedieron e incumplieron (¿de forma inocente?) la obligación a que se habían comprometido de convertir al club en SAD y dotarlo de unas instalaciones propias; los que vinieron después y desde la más absoluta opacidad nunca dejaron claro qué intereses les movían ni qué tejemanejes (en cajas de zapatos) se llevaban entre manos, terminando por salir de la institución de mala manera. La gestión de todos ellos tiene como denominador común el oscurantismo, lo arcano de qué hicieron con los dineros o qué decisiones tan desacertadas les llevaron a generar tamaña deuda en un brevísimo plazo, razón por la cual agotaron todo crédito y se cerraron puertas de las que podría haber salido alguna ayuda, oficial o no. Encima, todo agravado por un gafe en lo deportivo de dimensiones estratosféricas. Sólo se dieron maña en llevar el déficit del club hasta las mismas cotas en que se encontraba antes de la venta del único patrimonio, pero lo hicieron en un tiempo récord. Y, que cada palo aguante su vela, también los socios y aficionados somos culpables con nuestra pasividad, dando el visto bueno a cualquier engendro presentado en asambleas-ollas de grillos siempre que se ofertara que se iba a poder seguir viendo fútbol en Granada (o más bien un mal remedo).

Con ese negro panorama, cómo se convence a nadie (particular o institución pública) de que, en un acto de heroísmo rayano en la fe propia de los primeros cristianos, destine su peculio a un más que previsible saco sin fondo lastrado por una deuda que obliga de salida a una inversión fuera de toda lógica para un club de cuarta. Un grupo de empresarios ha preferido la tabla rasa de gastar su dinero en un proyecto propio con la sana intención de devolver a Granada al puesto que le corresponde en la cosa futbolera nacional. Están en su perfecto derecho y su propósito, además de ser muy loable, parece ofrecer de entrada lo que más ha faltado al otro lado de la calle: seriedad. Vaya desde aquí mi enhorabuena para los padres de la criatura neonata y mi más ferviente deseo, como granadinista (es decir, amante y seguidor de todo lo granadino), de triunfos que, si llegan, lo serán de toda la ciudad. Y no por desear el éxito para el nuevo club se siente uno menos rojiblanco aunque otros, también en su perfecto derecho, no opinen así.

No es unánime en la afición granadina la alegría por el nacimiento del nuevo club. Hay un sector, pequeño pero muy activo, de seguidores rojiblancos, muy jóvenes la mayoría, caracterizado por su forofismo montaraz, que tiene su santuario en cierto foro de la Red en el que abundan los anatemas contra todo político local que no actúe como sería el deseo de quienes en este foro pululan, así como las maldiciones y los insultos a cualquier plumilla o espíquer que no satisfaga su muy subjetivo hinchismo a ultranza con cualquier comentario que se le ocurra, por muy veraz, acertado y oportuno que éste sea. Es en este sector donde encuentra su mayor oposición el nuevo club. Y alegan los más destacados foristas que la decisión de la RFEF de dar luz verde a la compra de un equipo con traslado a otra localidad supone, además de un acto ilícito, abrir la caja de Pandora y dar paso a que cualquier poderoso pueda hacer lo propio en el futuro con el club que se le antoje; vienen a decir esas voces que de esta forma se mancilla la honra de un deporte incontaminado como es el balompié.

Un servidor, y que no se me ofendan quienes así se expresan, ve en estas opiniones, por lo menos, una gran ingenuidad. Opino que no es que la decisión federativa vaya a suponer la prostitución del deporte y que de esta forma se dé inicio a una nueva era en el fútbol patrio en la que ya, con dinero, se pueda conseguir lo que sea esté o no dentro de los cauces de la deportividad; sino que, como mucho, significará un capítulo más en una larga cadena de «fornicios» tan antigua casi como el mismo fútbol, comenzada allá por los años veinte del siglo pasado que es cuando aparecen los primeros profesionales del balompié en España, antes que la propia liga. Desde entonces hasta la fecha el fútbol ha sido cada vez menos un deporte, o sea, un juego donde lo que prima es la limpia pelea deportiva, para pasar a ser cada vez más un negocio súper profesionalizado cuyo único dios es el poderoso caballero. Y si no ¿por qué está el Granada C.F. donde está?, precisamente por la falta de monetario; ¿por qué ganan ligas el Barcelona y el R. Madrid?, justamente por lo contrario, porque les sobra la pasta gansa para comprar zidanes y ronaldinhos. Lo que ya es normal en otros deportes también muy profesionalizados, la compra de clubes inviables, lo será en breve en el deporte rey, y más cuando, como ocurre ahora mismo, hasta para echar a andar un club de categoría regional hace falta una cantidad de parné que asombraría a cualquiera. Esa decisión ni le va a restar al fútbol un ápice de su poder de apasionamiento para las masas ni significa prostituir el deporte del balompié, no por lo menos más de lo que ya viene estándolo desde hace mucho tiempo.

A quienes de forma tan radical se muestran contrarios a la existencia de un nuevo club granadino yo les diría que se pongan la mano en el corazón y declaren si, en realidad, lo que les molesta del neófito es su presunta ilegalidad o es más bien el barrunto de que en un futuro no demasiado lejano pueda ocupar en el mundillo del fútbol español un lugar por delante del equipo de sus amores. Algo de esto ya lo experimentó en propias carnes el Granada 74 (¡ojo! no el Santander ni el Badajoz, ni siquiera el Mollerusa) en sus dos años de predominio en el fútbol local, cuando en el mismo foro citado se podían leer todo tipo de lindezas dirigidas al club, sus seguidores, sus dirigentes y hasta el barrio en que se enclava, para pasar a ser olvidado y dejado en paz cuando llegaron las vacas flacas.

La afición rojiblanca, la sana afición granadinista, siempre fue otra cosa. Siempre fue un público señor al que no le dolían prendas por aplaudir al rival que nos superara en el terreno de juego. Sin duda el grueso de la afición futbolera granadina se alegra del nacimiento de una nueva oferta que, lo mismo que la llegada de los Sanz, ilusiona a una parte de Granada. Una vez más, felicidades a los esperanzados padres de la criatura y a todo granadino amante del monarca de los deportes.

EL DE LA CARPETA AZUL


El de la carpeta azul,
de mofletes gordinflones,
me causó gran inquietud,
mareo y retortijones.

Al fútbol no quiero ir
porque estoy acojonado,
no puedo animar ni aplaudir:
ese tío me ha apuntado.

El de la carpeta azul,
el de panza prominente,
me apuntó -sin acritud-
junto a diecinueve o veinte

insurrectos, apestados,
herejes y heterodoxos;
pecadores expulsados
del paraíso albirroxo.

El de la carpeta azul,
de carrillos sonrosados
me apuntó en su “pim-pam-pum”
y está uno atribulado.

Me apuntó en su “holliwood”,
me apuntó en su disparate.
Me enfiló su trolebús
y ya ando medio orate.

viernes, 20 de junio de 2008

GUSANILLO FUTBOLERO Y TRADICIONES ACUÁTICAS



13/09/05

Optimista empieza este año la cosa futbolera en esta Graná de nuestros pecados. Y eso está muy bien. Por un lado el histórico tiene entre manos un proyecto que, por el momento, parece sólido y parece que, esta vez sí, acabará de una vez con todos los desaguisados –deportivos y de los otros- que lo han caracterizado, sobre todo desde que malbarató la finquilla y los cubiertos de plata que legó la abuelita. Por otro, nuevo en esta plaza, un segundo proyecto no menos “enganchante” (también por el momento) que promete no tardar demasiado en volver a conseguir que de Granada, nuestra tierra, se hable no sólo para decir que hemos tenido la máxima y la mínima de España en el mismo día (mire usted qué peculiar es este terruño a la vera del Mulhacén) o que algún loco furioso le ha sacado los higadillos a un pobre cristiano que tuvo la mala suerte de tropezárselo.

Dos proyectos ilusionantes que además han echado a andar con resultados muy positivos. La consecuencia inmediata es que se ha despertado el gusanillo futbolero dormido desde hace al menos cinco años. Y mira tú qué bien, nos decimos los que estamos enganchados a esto del “funbo”. Ya tiene uno ganas de que se acabe la pertinaz sequía de triunfos en esta tierra. Ya tiene uno ganas de meterse entre pecho y espalda algo que sea más sabroso que esos tristes encuentros infumables con que nos obsequia más a menudo de lo que es saludable una categoría que sin duda, nos decimos todos, no se corresponde con la de la ciudad. Pero, ¡ay, dolor! ¿realmente es Granada y su provincia, en los tiempos actuales, algo más que una división administrativa de cuarta categoría? ¿Pintamos mucho, pintamos algo, en la sociedad española los granadinos?

Bienvenido sea este doble optimismo aunque, sinceramente, nos parezca demasiado pronto para hablar ya de ascensos. Pero que cunda y que dure muchas jornadas. Y que cuando llegue junio podamos celebrar un ascenso o, como en las ofertas publicitarias, dos mejor que uno, ¿por qué no?

Uno lee en ciertos medios que los aficionados del histórico suspiran por celebrar el ascenso que ya intuyen dándose “el tradicional” baño en la granadinísima Fuente de las Batallas. No quisiera uno aguar una fiesta que ya está pasada por agua por definición, es decir, que su “aquél” consiste precisamente en que se demuestra la alegría concentrándose en algún lugar donde el agua corre fresca y cristalina. Lo que ocurre es que no se puede aquí hablar de tradición alguna. Los ascensos granadinistas que en la historia han sido nunca se celebraron dándose un baño, ni en esa fuente ni en ninguna otra, ni siquiera dándose nadie un mal chapuzón en el Darro, espantando de paso a los gatos que antes no espantaron las hambres. Es, eso de bañarse, una usanza importada de otros lares al impulso de dudosas modas. Lo mismo que se ha importado, a falta de costumbres propias, ese empeño de algunos en enconar una artificial rivalidad entre dos equipos granadinos desatando a la sombra de la Colina Roja una guerra que quiere ser una versión penibética de otras que se dan en las riberas del río grande de Andalucía, entre equipos de fútbol y entre vírgenes con miriñaque. Hay quien dice que lo que pasa es que en Graná no tenemos la “grasia” que se necesita para que estas cosas no tengan ese viso casposo de las malas imitaciones. Sea como sea, un ascenso, o dos, (o tres o cuatro, no hay que olvidar a otros paisanos), es lo que necesita el futbolerismo y el ser granadino, en el más amplio sentido de las palabras; y una vez conseguido, los que así lo quieran, que se bañen si les apetece, aunque ya se hayan bañado este año y, por eso, no lo necesiten.

SALVACIÓN EN MARBELLA



La temporada 88-89 durante mucho tiempo fue considerada la peor de la historia del Granada C.F. y, en cierto sentido aún puede seguir siéndolo pues aunque, como sabemos, en dicha temporada la categoría del club era la de Segunda B mientras que la categoría actual es la de Tercera División, siempre hay que tener presente que el descenso del Granada a esta categoría fue por deudas, no por deméritos deportivos, mientras que en la 88-89 el descenso a la cuarta división del fútbol español fue durante muchas jornadas algo que se pensaba irremediable y en ella nuestro equipo ofreció las más pobres tardes de fútbol que se recuerdan por estos pagos. Al final, muy al final, se pudo salvar la categoría por los pelos y con muchísimo sufrimiento y quizás “algo más”.

En la temporada 1988-1989 el club estaba recién descendido de Segunda A después de un cúmulo de despropósitos en forma de fichajes desacertados que encarecieron excesivamente el presupuesto sin solucionar nada y agravado con la insensatez de no tener la suficiente paciencia con uno de los mejores entrenadores que ha tenido el Granada, Joaquín Peiró, dándosele la baja a mediados de la temporada por culpa de una mala racha de resultados. La marcha del buen técnico no hizo sino empeorar la situación y acabar, como se ha dicho, en descenso a Segunda B.

En el equipo quedaban todavía de la anterior temporada en Segunda hombres como Choya, Toni, Ignacio (traspasado al Málaga de primera a mediados de esta temporada) y los argentinos Escudero y Lalo Maradona, más los canteranos Víctor De la Osa, Peso, Lina, Gilberto y Castillo. Son fichajes de este año Andrés Lucero, Vicky, Kike Peláez, Julio y Martín Criado, más los granadinos Estrelli, Acosta, Padial, Campera, Chori (o Molina) y Leo. Además hubo caso Merayo. Este jugador, que tenía fama de poco disciplinado, había sido apartado del equipo pese a tener contrato en vigor; su caso se vio en Magistratura del Trabajo siendo el club obligado a readmitirlo, cosa que al final no lamentaría. La presidencia la ocupaba Alfonso Suárez y el banquillo Lalo: «el Granada será campeón y en el 92 estará en Primera», declaraba a la prensa un excesivamente optimista Lalo todavía en septiembre de 1988.

Muy lejos de cumplirse las optimistas previsiones de Eduardo Gómez, en octubre, sexta jornada, el Granada C.F. era colista y el equipo evidenciaba una bajísima forma física que propiciaba bastantes domingos que partidos que parecían encarrilados en el marcador al final acabaran en derrota o empate. Así que, después de dicha jornada, tras empatar en casa con el Algeciras, Lalo es cesado. El técnico que se hace cargo del equipo es Pachín, que aterriza pidiendo refuerzos antes que nada. Y los tendrá, con la reincorporación de Merayo y el fichaje de Manolo Agujetas. Con Pachín parece el equipo reaccionar pero enseguida se vuelve a las andadas y la primera vuelta finaliza con el Granada segundo por la cola, con sólo cuatro triunfos por diez derrotas y cinco empates.

Y en estas llega Murado, a la sazón presidente del club de baloncesto Puleva, de la máxima categoría de este deporte. El 30 de enero de 1989 asume la vicepresidencia ya que para ser presidente es necesario un proceso electoral que no se ha hecho, pero está claro que el que manda en el club no es el presidente Suárez sino el vicepresidente el cual recibe plenos poderes de los socios en asamblea extraordinaria de 17 de febrero de 1989. Entre sus primeras medidas está la de pedir la devolución de los carnés de los socios de veinte años (que no consigue) y la de negociar la salida del club de los argentinos Lalo Maradona y Escudero (que sí conseguirá), ambos con contratos astronómicos en lo económico y con rendimiento «subterráneo» en lo deportivo.

Pero el equipo va de mal en peor. En la jornada 24, después de empatar en Los Cármenes con el Nules y seguir ocupando puestos de descenso, es cesado Pachín. Le sustituye Crispi, pero como éste ha dirigido al Pontevedra esta misma temporada dice que, por motivos éticos, no viene de entrenador sino de «asesor de la presidencia». La única diferencia apreciable es que en lugar de sentarse en el banquillo se situaba detrás del mismo en una silla baja, ocupando el banco José Luis Garre. Crispi sólo permaneció en Granada cinco jornadas que se saldaron con dos raquíticos puntos de sendos empates

Vuelve Lalo para la recta final de la competición haciéndose cargo nuevamente del equipo en la jornada treinta, a ocho para el final. Ahora sí parecen reaccionar los rojiblancos, pero la pésima campaña anterior hace que el equipo sólo consiga abandonar los puestos de descenso automático situándose quinto por la cola, posición que no garantiza la permanencia porque de los cuatro grupos desciende el peor decimosexto clasificado. La diferencia con lo que sucede ahora es que entonces no existía la oportunidad de salvación de la repesca en la que juegan entre sí los cuatro quintos por la cola; entonces descendía el que de los cuatro tuviera menos puntos y, en caso de empate, peor coeficiente de goles a favor y en contra.

En la jornada 37 gana el Granada en Los Cármenes al Cartagena. Con este resultado ya sólo falta ganar en la última jornada, en el campo del Marbella, para asegurarse el puesto decimosexto. Como anécdota o escena surrealista de este partido y para reflejar los métodos dictatoriales de que hizo gala el “cuasipresidente” Murado allá va algo que pudimos contemplar con nuestros propios ojos: desde el palco presidencial se dio la orden de que vigilantes jurados retiraran la trompeta a un seguidor del Granada que por aquellos años se situaba en la esquina de la tribuna con la preferencia del marcador del viejo Los Cármenes con el peregrino intento de justificación de que los destemplados trompetazos eran gafe y por su culpa el equipo no ganaba; sólo la rechifla general y la reacción contraria de los espectadores situados en las cercanías en forma de abucheos evitó la confiscación del instrumento. «Sí hombre, la culpa de que bajemos a tercera la tiene el tío de la trompeta»; con estas palabras se defendía el interfecto ante la insistencia de los enviados presidenciales.

Y así llegamos a la jornada 38, última del calendario, con visita a Marbella. El At. Marbella había realizado una muy buena campaña, rondando siempre los primeros puestos de la tabla. Pero en esta temporada no se había implantado todavía el sistema de liguilla a disputar por los cuatro primeros de cada grupo y sólo ascendía automáticamente el primero de cada uno, así que el Marbella en esta jornada no se jugaba nada porque ya no podía alcanzar la primera plaza, que fue para el Levante. El Granada además de necesitar la victoria precisaba que ésta fuera amplia y aún así tampoco podría respirar tranquilo hasta no conocer los resultados de los decimosextos de otros grupos. El resultado final fue de 2-5 para el Granada, con él se pudo esquivar un descenso cantado. En lugar del Granada descendió el San Sebastián de los Reyes, por peor coeficiente. La salvación se celebró en el vestuario casi como un ascenso, no sin incertidumbre pues en medio de la emoción y los nervios no se sabían muy bien los resultados de otros campos ni los números de los demás equipos.

En este partido hubo algo, cuando menos, raro. Ya en la semana precedente, en Marbella, se hablaba de arreglo. Al descanso perdía el Granada 1-0 y en esos momentos estaba descendido. Pero las crónicas hablan de un Granada desmelenado en la segunda parte en la que tres de sus goles llegaron de penalti (tres penaltis a favor de los rojiblancos en un partido supone un récord histórico), muy claros eso sí, hasta poner el marcador en 1-5 a falta de diez minutos. Marcaron Kike dos (ambos de penal), Merayo dos (uno de penal) y Víctor

Pedro Peso, en la actualidad entrenador y hombre fuerte del equipo de su pueblo, Huétor-Tájar, de la Preferente granadina, fue doblemente protagonista de aquel duelo. A Peso le hicieron dos de los tres penaltis que sirvieron para llevar el marcador de 1-0 a 1-5, y él sostiene que los dos fueron muy claros: en uno de ellos el defensa contrario cortó con la mano una penetración suya; en el otro fue claramente trabado por detrás al pisar área.

Otro canterano protagonista de aquel encuentro, Lina, que con casi cuatrocientos partidos de rojiblanco ostenta el récord de encuentros disputados por un jugador del Granada C.F, coincide con Peso en que, si hubo algo que se salga de la estricta deportividad que debe imperar en un choque futbolístico, los jugadores que lo disputaron no sabían nada ni nadie les dijo nada; ellos hicieron su trabajo y fueron los primeros sorprendidos por lo bien que salió todo.

La duda sobre la legalidad de aquella victoria salvadora siempre quedará flotando sobre la conciencia de los granadinistas que, por otro lado, de esa forma pudimos por fin sonreír después de una temporada para olvidar. Cualquiera que haya jugado al fútbol, aunque sea en la placeta de su barrio, sabe que cuando viene un delantero con el balón controlado siempre es más fácil frenarlo dándole a la pierna que al balón, pero precisamente por eso se inventó el penalti, como medio de impartir justicia y compensar al habilidoso frente al tuercebotas; con esto lo que quiero decir es que los penaltis de este encuentro pudieron ser muy claros, pero eso no despeja dudas sobre si hubo o no hubo algo «bajo cuerda». ¿Fueron los millones de Murado los que evitaron la debacle? Es ocioso hoy planteárselo. En cualquier caso, al final lo que importa es que gracias a esta victoria se salvó satisfactoriamente la peor temporada de la historia del Granada.

lunes, 16 de junio de 2008

SE CANTABA (DESAFINADO) EL ASCENSO


La temporada 1978-1979 supone, por ahora (seamos optimistas), la última gran oportunidad de que ha dispuesto el Granada C.F. para retornar a Primera División. En este ejercicio el Granada fue durante bastantes jornadas líder del único grupo de Segunda División, pero un desfondamiento final muy inoportuno, la ausencia de algunos hombres básicos y alguna que otra circunstancia sospechosa alejaron a los nuestros de culminar con el ascenso una temporada en la que durante gran parte de ella todo apuntaba a que ése sería el desenlace.

En lo extradeportivo (la cruz) ya por entonces empezaba a ser algo inquietante la deuda acumulada por el club, hasta el punto de poner en entredicho su continuidad. Al empezar la temporada la presidencia la ocupaba Salvador Muñoz, hombre que dimitió para dejar paso a su vicepresidente, Manuel Anel. La importante losa dejada por Candi fue incrementada por sus sucesores en bastantes millones y al concluir esta temporada se hablaba ya de una deuda cercana a los doscientos kilos.

En lo deportivo (la alegre cara) en la plantilla quedaban todavía de la máxima categoría, perdida sólo dos años antes, Benítez, Puente, Angulo, Izcoa, Santi y Calera solamente, ya que al finalizar la temporada anterior habían causado baja hombres como Fernández, Falito, Denis Mílar y Lis. Los fichajes más destacados de esta temporada son los de Pepe González e Insfrán, ambos del Zaragoza (aunque el segundo había ya actuado dos temporadas antes como cedido). Pero la principal nota de esta plantilla es que en ella había bastantes granadinos: junto a los ya citados (Puente, Angulo y Calera) fueron titulares este año Gerardo Castillo, Fali, Francis y Jorgoso; y también había en la plantilla otros granadinos que apenas jugaron, como Orihuela, Pepito y Aranda. Otros hombres destacados eran el uruguayo Édison, Antonio Díaz Vaquerizo, Serrano y el goleador canario José Luis, que con sus diecinueve goles fue un pilar básico en la trayectoria rojiblanca. Era entrenador el marroquí, ex granadinista de los cincuenta, Ben Barek.

Faltando sólo cinco jornadas para el final y tras derrotar al Getafe en Los Cármenes (5-0) el Granada era líder con cuarenta y dos puntos y ocho positivos, a un punto del Elche, a dos de Málaga y Betis, y a tres de Almería y Valladolid. Todo estaba dispuesto para celebrar el quinto ascenso a primera, para lo que bastaría quedar en uno de los tres primeros puestos que daban ese derecho de forma automática. Además el optimismo era justificado pues los rivales que quedaban en casa eran de la zona baja y había algún enfrentamiento entre rivales directos, por lo que se pensaba que con ganar los dos partidos de Los Cármenes, ante Jaén y Tarrasa bastaría para ascender. Pero pasó algo a lo que ya estamos tristemente demasiado acostumbrados: sendas derrotas en las salidas a Málaga y Pamplona y en Los Cármenes no se pudo pasar del empate ante Jaén y Tarrasa (los dos descendieron). Con todo, aún se pudo llegar a la última jornada con opciones, era cuestión de ganar en el campo del Betis y que el Valladolid no ganara en el campo del ya descendido Ferrol.

El tropezar con un club sevillano y salir malparado en momentos decisivos es también una de las notas negativas de la historia rojiblanca que se ha repetido más veces de las que nos hubiera gustado. No se puede afirmar rotundamente que en ésta, como en otras ocasiones, no hubiera algo bajo cuerda, algo que no se puede confesar, faltan pruebas y éstas no se van a poder aportar nunca nos tememos, pero lo que sí que es un hecho es que el Betis en esta temporada ya había hecho valer sus influencias federativas obligando a repetir un partido que había perdido contra el Jaén y que en terreno neutral cordobés consiguió ganar, y gracias a esos dos puntos llegó también a esta última jornada con opciones de ascenso. Así que una vez más los hados quisieron que el Granada y el Betis se enfrentaran con todo en juego: el que saliera vencedor de aquel último duelo de la temporada ascendería a primera.

Casi veinte años justos después de la proeza copera rojiblanca compareció el Granada en el Villamarín y antes del descanso consiguió adelantarse con gol de José Luis de magistral lanzamiento de golpe franco. En el descanso parece ser que algún bético de pro y de muchos posibles, muy aficionado él a hacer visitas a los vestuarios en los intermedios, tuvo una charla con alguien; sin especificar quién o quiénes serían esos “alguien”. No sabemos lo que allí se dijo o se dejó de decir ni si esto tuvo algo de repercusión en el resultado final. Seguramente nunca lo sabremos. Pero como forofo irredento y, por tanto, propenso a creer en brujas y fuerzas sobrenaturales para explicarnos las desgracias de nuestros ídolos, uno da por sentado que una vez más triunfó el poderoso caballero y el pobre tuvo que hacer el petate y largarse con el rabo entre las piernas y el amargo sabor de la derrota. Hasta faltar aproximadamente media hora el Granada fue equipo de Primera, pero en ese momento nefasto llegaron casi seguidos los goles béticos de Benítez y Hugo Cabezas que acabaron con las ilusiones granadinistas. La temporada finalizó con el Granada en sexta posición, a dos puntos de la tercera plaza, la que ocupaba el Betis que junto a Almería y Málaga configuraron una terna de ascenso totalmente andaluza. Sirva como cuasi consuelo saber que de todas maneras al final aun con la victoria el equipo no habría ascendido (salvo que esa victoria hubiera sido por más de tres goles) porque el Valladolid superaba al Granada por mejor coeficiente y el ascenso hubiera correspondido a los albivioletas, que vencieron en su último partido. Después de una gran temporada y de habernos llegado durante muchas jornadas a nuestras pobres y vapuleadas pituitarias de forofos ese apetitoso aroma de la máxima categoría del fútbol, al final nuevo batacazo y ya nunca más, hasta la fecha, la afición granadinista ha visto tan de cerca el reingreso entre los grandes.